10 abr. 1993

3-93. EL MONCAYO. 10-4-1993.

Vertiente Nordeste del Moncayo. 1-8-08.

Santuario de Nuestra Señora del Moncayo, Base del Circo del Cucharón, y Arista Noroeste.
10-04-1993.
Salida 10 h. Llegada13 h.
Niebla.
Fácil.
Ascensión.

Rosa Mª. Martínez y Biola y Mariano Javierre.

Mapa del Moncayo procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            La Semana Santa 93 cae tarde, en la segunda semana de abril y a pesar de que nos proponíamos ir a la playa terminaremos visitando la zona Noroeste de Zaragoza y algo de Soria.
El tiempo anunciado no ofrece ninguna seguridad pero a pesar de ello incluimos material de montaña por si surgiera alguna oportunidad de subir al Moncayo. Por ello hemos organizado un calendario alternativo que incluso nos puede llevar a Zaragoza de compras con mal tiempo.
            Conocía Tarazona desde aquel Campamento de Magisterio que nos llevó por aquellas tierras allá por Agosto del 71.
            La Mañana del 8, Jueves Santo, visitamos Tauste y Gallur y al oeste aparece una alineación oscura que suponemos como confirmaremos después que se trata de la Sierra de Moncayo y que presidirá todas nuestras andanzas a partir de ese momento y hasta aprenderemos como se viste y desnuda con su característico tocado de nieblas blancas.
            Luego visitaríamos Borja  y Veruela para terminar la tarde del Viernes Santo en Tarazona disfrutando de un día estupendo con procesión incluida, lo que nos hace suponer que al día siguiente tendremos la oportunidad esperada.

Rocas del Cucharón. 10-4-93.

            El sábado 10, hemos dormido en nuestra caravana,  nos despertamos temprano, recogemos, desayunamos, preparamos bártulos y a las ocho y media nos vamos con el coche hacia Agramonte para continuar hasta el Santuario de Nuestra Señora del Moncayo si es posible.
            A ritmo pues no hay circulación transitamos carreteruchas y alrededor de los 1000 metros de altitud encontramos un robledal con el que se mezclan algunas caducifolias para ser sustituido poco después por un consistente hayedo al que le sucederá un pinar ya en las inmediaciones del Santuario que hemos localizado.
            La carretera mala y muy bacheada es sustituida por una pista llena de guijarros puntiagudos que recorremos con cuidado para aparcar junto al santuario a 1620 metros de altitud cuando son las nueve y media.

Las nieblas suben y bajan en el Circo del Cucharón. 10-4-93.

            La mañana fresca, soleada y venteada ahora es francamente infernal con nieblas que bajan hasta las inmediaciones de donde nos encontramos y con rachas huracanadas de viento pero  venciendo resistencias de todo tipo nos vestimos con todo lo que traemos y alrededor de las diez tomamos la senda que arranca a la orilla de la hospedería y que nos han mostrado un par de caminantes.
            Puestos a andar mis señoras conceden que no es tan fiero el león como lo pintan, vamos bien ventilados pero al menos luce el sol intermitentemente por lo que el primer repecho por el que transita un pateado camino nos mete calores y ánimos mientras ascendemos en dirección sudoeste fundamentalmente.
            El primer repecho nos lleva por encima de las rocas próximas al Santuario y que se conocen como el Cucharón. Allí viramos un tanto a nuestra derecha para transitar un bosque en el que se alternan el boj, el abeto y el pino negro ascendiendo al encuentro de las nieblas y al intermitente abrigo del arbolado, aunque más bien podrí decirse que es a los intermitentes y furiosos embates del ventarrón que surge de las entrañas de las nieblas que se encumbran a nuestro paso.

Camino de ascenso hacia Moncayo. 1-8-08.

            Abandonamos el arbolado y nos introducimos en un canchal calizo sobre los 2000 metros de altitud. Recorremos un pequeño rellano y nos incorporamos, siguiendo hitos, al espolón rocoso de nuestra izquierda abandonando el camino que conduce a la Excavación Glaciar del Pozo de San Martín.
            De nuevo un repecho fuerte nos sitúa mediante lazadas en la cresta del meteorizado espolón, expuestos a los intermitentes embates del viento. Divisamos medio perdidos en las nieblas a los dos montañeros que nos preceden mientras que, bien forrados continuamos para arriba a ritmo asequible.
            Poco después, cuando estamos a punto de ser engullidos por las nieblas vemos bajar a un señor mayor en chándal, zapatillas y con un plástico sobre los hombros. Nos paramos un poco con él y nos increpa por llevar a la cría por allí.
            Yo que ya estaba tentado de advertirle de su imprudencia yendo por el monte así y en un día como este, pero que por educación callaba…
            -Más le valdría a usted preocuparse de sí mismo e ir mejor vestido por aquí, parece mentira que a sus años cometa  usted ésta tontería. Luego que hay que jugarse el tipo para ir a buscar a domingueros.
            -Yo he ido mucho por aquí.
            -Usted no tiene ni idea de la montaña, en el mejor de los casos. Esta niña lleva hecha ya más montaña de la que usted es capaz de soñar.

Llegando al Moncayo. 1-8-08.

            He sido algo duro con él a pesar de que me había  propuesto no cumplir con lo que creo debe ser obligación moral de todo montañero: reflexionar sobre las imprudencias.
            Poco más arriba, ya en la niebla, nos encontramos con los dos montañeros que nos dicen que han tocado cima y se vuelven para abajo pues casi no se han podido mantenerse en pie.
            Cinco minutos después alcanzamos el llano superior del pico en medio de un auténtico huracán. Hay grandes hitos de piedras y un abrigo al que conduzco a mis señoras pues tienen algunos pequeños problemas para mantenerse de pie. El viento espolvorea escarcha sobre nuestras ropas. Son las once y media de una mañana que, como poco, es desagradable.

Cima de Moncayo. 10-4-93.

            En estas condiciones  no es probable que cambie el tiempo cesando el viento. Por tanto les hago una foto e intento dar unos pasos por los alrededores, cosa que resulta complicado. Incluso tengo algunas dudas para volver al abrigo y más porque está vacío. Supongo que se les ha hecho frío fundamentalmente por el viento más que por los 2300 metros de altitud y han marchado para abajo.
            Me echo camino abajo y enseguida les alcanzo mientras mi mente se ocupa de la frustración que supone una cima con nieblas en la que no ves nada del paisaje, más en este caso  ya que es absolutamente desconocido para nosotros.
            El Sistema Ibérico es la frontera natural entre Castilla y Aragón. El Moncayo es su cima principal con sus 2313 metros de altitud y según dicen, posee una panorámica, como poco, inestimable. Es una pena que me tenga que quedar de momento con la imagen del Moncayo visto desde los Pirineos. También me viene a la memoria que es la segunda vez que incluimos una ascensión en Semana Santa y por segunda vez nos ha sucedido lo mismo, el Turbón hace un par de años y hoy. Menos mal que no soy supersticioso aunque la contingencia no pasa desapercibida, lo que también puede ser una forma civilizada de superstición.

Hayas en la Dehesa de Moncayo. 10-4-93.

            Nos cruzamos con bastante gente que suben y luego ya en el bosque  tomamos algunos atajos y vamos mejorando de día conforme perdemos altitud.
            Es la una cuando llegamos de vuelta al Santuario, hemos bajado tranquilamente en hora y cuarto. No hemos comido nada y vamos a hacerlo ahora al indeciso sol  y al abrigo del viento en un banco situado en la cara sur de la hospedería. El Santuario es una pequeña capilla adosada a la hospedería y se encuentra cerrado por lo que poco o nada queda aquí por hacer.
            Tras matar concienzudamente el hambre, tomamos el coche y nos vamos para abajo entre el personal que pulula por la zona pues es Sábado de Gloria y las gentes han debido salir al campo para comer en las fuentes de las faldas del Moncayo cosa que quieren hacer a cualquier precio pues llevan hasta la leña y hemos visto parrillas y fuegos a barullo

Monasterio de Veruela. 9-4-93.

            Paramos en alguna fuente, visitamos San Martín de la Virgen de Moncayo y a las tres de la tarde estamos en la caravana. Tarazona y Agreda nos esperan para finalizar nuestras vacaciones.
            Año y medio después, ya en otoño, un pavoroso incendio asolaría una buena porción del Hayedo del Moncayo y es que no se pueden comprar números para una rifa en el caso de no querer que nos toque.