31 jul. 1999

5.99. IMOUZZER Y DIEZ. 31-7-1999.

Arista de Imouzzer desde Toubkal.

Toubkal, Arista Norte, Collado Norte, Arista Sur, Cima de Imouzer, Collado Norte de Toubkal, Pico Diez, Ikhibi Norte y Refugio L’Neltner.

31-07-1999.

Salida 10 h. Llegada 13:30 h.

Sol.

Fácil.

Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Croquis de Imouzerr en Toubkal. Vía en amarillo.
 
            Desde la Cima de Toubkal contemplamos especialmente la vertiente norte en la que se centra nuestro inmediato interés. El tema está bastante claro a pesar de la calima reinante.

            Son las diez cuando salimos hacia el norte descendiendo de la meseta somital hasta que ésta se convierte en la arista norte. Bajamos un par de corredores descompuestos, abrigados y bañados por el sol, y siguiendo la fácil arista alcaynzamos el Collado Norte del Toubkal. Se trata de un amplio collado en el que se inicia el enorme corredor que baja, paralelo al que hemos utilizado en el ascenso, el Ikkibi Norte, hasta el lecho en el que se asienta nuestro campo. Calculo que estará situado alrededor de los 3925 metros de altitud. 

Valle de Imlil.
 
            Siguiendo la dirección norte nos encaramamos enseguida en la fina arista, que tras salvar un par de dientes fáciles nos deposita en la cima del Pico Imouzzer a 4010 metros de altitud. Son las once menos cuarto y nos encontramos en el tercer y último cuatromil del día.

            El pico no ha tenido historia, ha sido una trepada sin importancia en la que hemos tenido que utilizar las manos fundamentalmente como apoyos de equilibrio, nada que tuviera que ver con los miedos que despertaba en Rosa las advertencias de Antonio Nalda: “tiene una trepada.” Claro que, ¿qué sería de Rosa sin ningún miedo?

Toubkal desde la Cima de Imouzzer.
 
            Se quedará respirando tranquilamente en la cima con Juan mientras yo me voy cresta adelante pues parece algo más interesante.

            Con la cámara en el bolsillo y trepando y destrepando al trote, me voy hasta otro diente un poco más individualizado que hay en una arista bastante dentada.

Las paredes de Toubkal desde la Arista de Imouzzer.
 
            Se trata de un entretenimiento con el que entro en calor. Voy a la captura de un par de fotos interesantes de la arista y de la rocosa y vertical cara norte del Toubkal.

Cima de Imouzzer.
 
            No tardo ni media hora entre la ida y la vuelta, pero aprovechando el tiempo.

Un poco de ejercicio en la Arista de Imouzzer.
 
            Son las once menos cuarto cuando iniciamos el descenso de la arista que hemos subido para alcanzar el Collado Norte del Toubkal y desde allí tomar el corredor para abajo. Pero desde la punta hemos visto un extraño destello y decidimos ir, de paso, antes de bajar; ya que desde el collado no hay que ganar casi altura y no está alejado de nuestra ruta de descenso.

Un par de bilbaínos en el Collado Norte de Imouzzer.
 
            Nuestro corredor baja en dirección noroeste y nosotros de llano nos vamos un tanto al norte en busca del objeto brillante, que no son otra cosa que los restos metálicos de un avión que se ha debido de estrellar en las proximidades de la cima, pues medio motor se encuentra justo en la pequeña y afilada cima del pico. Ha tenido que producirse el impacto unos pocos metros más abajo y con el impulso, un buen pedazo del motor se ha quedado justo en la punta. La chatarra se extiende por las dos laderas: botas, piezas metálicas, bolígrafos, casquillos de balas, etc. Se debía de tratar de un aparato mediano por la cantidad de restos que hay diseminados y concluimos con que debía de tratarse de un avión militar a juzgar por las balas y casquillos de bala que encontramos. Días después conoceríamos algo de la historia del avión del Pico Diez.

Chatarreros en el Pico Diez.

            Hago una foto a mis socios chatarreando en la punta y nos vamos para abajo, al encuentro de nuestra ruta, descubriendo más y más chatarra y realizando hallazgos “prodigiosos”. Son las doce menos veinte

Restos del avión en el Pico Diez.
 
            Delante de nosotros bajan tres que también se entretienen lo suyo con tan excepcional hallazgo.

            Ya en el camino de descenso, muy marcado por el tránsito, echamos un trago continuando luego para abajo.

Clochetons, Biiginnoussenne y Dedo  de Biiguinnoussene desde Ikhibi Norte.
 
            Desciendo tranquilamente con un ritmo que me resulta muy cómodo y Rosa se queda atrás, lo que le proporciona un pequeño aunque interesante cabreo. Dirá que bajó al trote y yo con las manos en los bolsillos.

            Alcanzaré a los que van delante. Son dos tíos con su guía y uno de ellos va mal. No son montañeros precisamente, más bien tienen el aspecto de un par de domingueros que han ido al monte a tomar el sol.

            Ya en la pedrera del resalte final, el trío se va de frente para abajo al encuentro del camino que baja del Refugio L. Neltner y yo inicio el camino que, a media ladera, nos ha de conducir a nuestra tienda.

            Nada más iniciar la media ladera me siento a esperar la llegada de mis socios.

Corredor Este al Biiguinnoussene bajando del Ikhibi Norte.
 
            ¡Vaya día de bolos que llevamos! No nos ponemos de acuerdo del todo con Juan acerca de las clases de rocas que pisamos y que a mí me parecen metamórficas tanto por los colores como por los fraccionamientos y tipo de meteorización que presentan. Además de este tipo de rocas, absolutamente generalizado, se pueden localizar muestras que presentan detalles claros de intrusismo de gran tamaño, algunas similares a las serpentinas, y en lugares puntuales aparecen claros colores calizos aunque la textura de la roca no sea demasiado caliza a mi pobre entender.

            Juntos ya y prácticamente en horizontal descubrimos el laberinto de zanjas que han hecho en busca de gravas para los refugios y a la una y media llegamos a la tienda  tras casi ocho horas de camino y 1130 metros movidos.

            Comemos como unos señores lo que no hemos comido antes y lo que añadimos incluyendo un poco de ensalada. Todo ello a la suave y tenue sombra de cierta nubosidad de escaso desarrollo que está penetrando puntualmente por el sur.

            Después de comer nos vamos a hacer nuestro aseo personal y una pequeña colada. Rosa y yo nos subimos hasta la cascada para apartarnos del follón y tomamos un baño celestial a pesar de que el agua está algo fresquilla.

            La ropa lavada tendrá tiempo suficiente para irse secando.

            A la vuelta pillamos una cascada con una pareja de españoles que ya han estado antes por aquí, al menos él.

            Luego, junto a la tienda, pongo al día las notas para las memorias y charlamos con otra pareja de españoles. Parece ser que por aquí funcionamos un poco. Los de ahora, recién llegados, son de Castellón; los de antes han subido al Toubkal y les ha costado tres horas.

            Hago un tendedero junto a la tienda pero no cuenta con la aprobación de mi esposísima. De cualquier forma se secará todo pues hace un poco de viento y la temperatura sigue siendo buena.

            A media tarde nos vamos a reconocer con Juan el corredor de entrada del Biiguinnoussene, Juan tenía ganas y a mí me apetece.

            Lo encontramos con facilidad ya que lo hemos visto claramente bajando del Toubkal; y por su orilla derecha, sin bajar hasta el transitable fondo del barranco, tomando por cualquier parte, nos subimos por encima de 300 metros y a buen ritmo, como si no hubiéramos hecho nada por la mañana. Yo me encuentro muy bien y Juan como siempre.

            Ayer Juan se fue a reconocer la parte sur del refugio, vio que el valle se alargaba sin ninguna complicación, también vió lo que era prácticamente evidente desde la tienda: el acceso a la pedrera del Toubkal y consecuentemente con lo que conocíamos, posteriormente decidíamos hacer la actividad del Toubkal en primer lugar para desde allí ver las restantes actividades y podríamos ordenarlas según nuestros particulares intereses.

Visualizado todo el corredor nos asomamos a otro paralelo que sube a un collado entre el Biiguinnoussene y el Afella perteneciente posiblemente a la parte norte de los Clochetons y que nos permite empezar a constatar que estos corredores son practicables en una gran mayoría.

            Sin más nos volvemos para abajo y ya en la pedrera, finalizado el corredor, colocamos unas citas, ya que cuando salgamos el último día será de noche y es preferible no titubear.

            Cuando llegamos al campamento nos damos cuenta que en este rato que hemos faltado se ha llenado de tiendas. Había quedado medio vacío al principio de la tarde y ahora han llegado gentes por un tubo.

            A las siete y media cenamos tranquilamente antes de que les den la cebada a los mulos. Cuando se acerca la hora del pienso, como parece ser que se retrasan un pelín los mulos comienzan a protestar relinchando y organizan un concierto fantástico contagiados unos con otros.

Les ponen un saco al cuello y ya no los oyes ni respirar. Así que, nosotros que somos sabedores del tema, cuando el más avanzado inicia el concierto, les gesticulamos a los muleros indicándoles que ya es la hora de la cena de los mulos, a lo que ellos sonríen pues algunos llevan ya coincidiendo con nosotros un par de días y con algunos nos conocemos ya.

            Ayer Rosa conectó el teléfono móvil más tarde de la hora, pero hoy lo recuerda a tiempo, de ocho a ocho y la sorpresa es fenomenal cuando suena el teléfono. Rosa no sabe qué hacer. Compró el teléfono cuando Biola se marchaba a Inglaterra  y yo creo que ni siquiera lo ha probado. Al final, con la ayuda de un vecino consigue descolgarlo definitivamente y puede hablar. Es Margarita la que llama.

            -¡Que no sé cómo funciona esto! Es lo que ha oído Margarita  entre cortes.

            Habla con Juan, nos ha debido de llamar ya varios días.

            Yo, que tengo mis teorías acerca del teléfono y la montaña, he mantenido una larga batalla con Rosa y desde luego, yo no he participado en la adquisición; pues resumiendo, la cobertura deja todavía muchísimo que desear mientas que el tema no se generalice y organice vía satélite, y además, el tiempo en la montaña no suele concordar demasiado con las inquietudes de los que permanecen en casa, y consecuentemente, pueden llegar a ser muy negativas las falsas expectativas que se crean en quienes no pueden o no quieren conocer la realidad de la montaña.

            A pesar de todo ello, me produce una enorme ilusión además de una descomunal sorpresa escuchar la llamada, y entiendo que a lo mejor pueda sacar de algún lío, pero sigo siendo, todavía, un gran escéptico y me alejo, desde luego, de ese vulgar consumismo.

            A las nueve y cuarto nos metemos en la tienda dando por bueno el último día de Julio.

Puedes ver la Continuación.

 

4.99. TOUBKAL OESTE Y TOUBKAL. 31-7-1999.

Cima de Toubkal desde el collado oeste del pico.

Refugio L. Neltner, Inkibi Sur, Collado Sudoeste de Toubkal, Toubkal Oeste, Arista Sudoeste y Cima de Toubkal.

31-07-1999.

Salida 06;30 h. Llegada 09:30 h.

Sol.

Fácil.

Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Croquis de actividades en Toubkal.

            La mañana se hace larga pero llega la una de la tarde y con la hora llegan las cargas. Luego nos daremos cuenta que son las once horas locales y que si llegamos a quedar con ellos para subir nos metemos dos horas de espera así, por las buenas. A las cinco de la mañana habría sido curioso.

            La mula que sube nuestra carga ha llevado encima a una cría. Peor para la mula, pues parece ser que como llevaba poco con lo nuestro... Saludamos al mulero, charlamos un poco con él y seguidamente nos vamos a montar nuestra tienda y a organizar nuestro campamento.

            Hay material de sobra. Y si antes he alisado y limpiado de chinas la zona que podía ocupar la tienda, ahora haré una protección para el fogón y una plancha de piedras para no tener que dejar las cosas sobre la tierra. La caja servirá de mesa.

            Poco después de montar la tienda, cosa que ha resultado más fácil de lo esperado pues las clavijas pasaban bastante bien, comemos al sol, un sol que ahora en su punto más alto calienta un poco más, pero el agua fresca lo mitiga casi todo. Son las dos y media y comienza a entrar alguna nube que otra por el sur, son de escaso desarrollo y con ellas se está mejor.

            Después de comer ponemos a la sombra de uno de los plásticos que envolvían la caja de comida y nos vamos a la sombra de una enorme piedra que tenemos en las proximidades del abrigo a pasar la tarde sentados, a tomar notas para las memorias y a mirar un talón de Rosa que le quiere molestar un poco.

            La tarde también se hace larga y nos facilita tiempo para todo. Por ejemplo, para poner a  refrescar un par de latas de cerveza que emparejaremos con una lata grande de aceitunas, haremos nuestro té montañero y no el moruno, prepararemos el isostar para el día siguiente, hablamos con unos vascos cerca del refugio y a las siete empezamos a cenar.

            Las nubes que han ido entrando inconsistentemente parece que quieren tapar el sol con lo que se refresca un poco el ambiente de esta manera.

Croquis de Toubkal Oeste y Toubkal. Vía en amarillo.
 
            Después de cenar tomamos la leche, nos vamos a asear un poco de la fuente traemos agua  y a las nueve, seis en Canarias, no teniendo nada mejor que hacer, nos empiltramos cuando ya la nubosidad se ha disipado y se contempla un cielo completamente limpio a excepción de la calima que se observa en la parte baja del valle orientada al norte.

            Para buscar un lugar discreto donde hacer un pis hay que dar una vuelta pues los lugares adecuados están llenos de heces humanas. Se trata ya de la guinda del pastel: la zona de acampar está llena de papeles,  plásticos, cajas, latas, basuras por un tubo, el barranco está bien servido también, hay estiércol  de las caballerías en muchos lugares, residuos y basuras de las obras de los refugios. Solamente faltan las firmas de los animales de dos patas.

            Bajo el suelo de la tienda y en las zonas de apoyo de nuestros cuerpos he colocado cartones que había por allí para aumentar el mullido y con ello el confort; todo lo que he podido pillar a excepción de un trozo de caja de cartón. Me he olvidado de él y una  mula, al parecer hambrienta ella, lo ha emprendido a dentelladas comiéndoselo prácticamente.

            Ahora horizontalmente no se está mal y la temperatura es estupenda.

            La noche pasa bien con un parón a las dos y media. Rosa quiere hacer un pis y hasta yo me levanto. ¡Cómo se nota que estamos bien abrevaditos!

            Pero llegan las seis de mi casio, cuatro de la mañana en Marruecos y arriba: desembarcamos al 31 de Julio, último día del mes y séptimo de actividad.

            Nos vestimos y mientras Rosa prepara el desayuno en colaboración con Juan yo termino de componer las mochilas que ayer ya dejamos a medio preparar. La luna llena nos ilumina con todo su esplendor.

Toubkal oeste desde el Tizi n'Toubkal.
 
            A las siete menos veinte cerramos la tienda y con las mochilas al hombro atravesamos el barranco y nos vamos en dirección este para alcanzar la parte inferior de la enorme pedrera que baja desde el primer resalte del corredor naciente del Collado de Toubkal: el Ikkibi Sur. Vamos hacia su lado más elevado que es dónde se inicia el ascenso de esa pedrera y donde se encontraba ayer por la mañana la cola de la columna a nuestra llegada al campo.

            La luna llena nos permite atravesar en ascenso la pedrera del fondo, y con facilidad tomamos el claro camino que se empina inmediatamente para no perder tiempo.

            La temperatura es estupenda, hemos salido en mangas de camisa y vamos de cine. Bueno, Rosa más arriba se quitará hasta la camisa, pero es que mi señora es de una exageración congénita.

            El ritmo es bueno, lo permite el, firmemente trazado, camino en la pedrera a puro de estar transitado; así que nosotros, dispuestos a aprovechar el día, nos subimos 500 metros en la primera hora con lo que rebasamos el estrangulamiento del primer resalte y nos metemos en un tramo más suave, más estrecho aunque no demasiado, pero que sigue ganando altitud de forma decidida.

Timesguida, Ras y Akioud desde Toubkal Oeste.
 
            Poco más arriba el corredor se amplía convirtiéndose en un circo de más de 180 grados, encontrándose en su parte más baja el collado de separación de las dos cimas de Toubkal a las que vamos. Ha amanecido ya.

            El camino no ofrece dudas de dirección, vamos siempre al este.

            Poco más arriba el collado nos pasa su tarjeta de visita y nos anuncia su proximidad primero refrescándonos un poco y luego ventilándonos con decisión.          

             Pero no es preciso alcanzarlo. Cuando nos encontramos alrededor de los 3900 metros  de altitud, viramos al sur buscando a media ladera la arista próxima que nos ha de conducir a la cima que buscamos. Se trata de un enorme pedregal de tamaño medio, bastante estabilizado por las nieves y que ahora se sube bien.

            Cuando alcanzamos la arista, alrededor de los 4000 metros, recibimos la suave caricia de los primeros y tímidos rayos del naciente sol, pasadas las ocho de la mañana.

            Rosa que invitada por las decididas esencias del collado se ha puesto la camiseta, aminora su ritmo para no escaparse en la ascensión.

En la Cima del Toubkal Oeste con Akioud y Afella.
 
            Junto a la arista o en el fácil filo de la misma pasamos una pequeña antecima  y enseguida atacamos el casquete somital alcanzando el Toubkal Oeste situado a 4030 metros de altitud cuando son las ocho y media de la mañana. Llegamos con luna a nuestro primer cuatromil africano.

            Hacemos fotos y bebemos un trago. Somos unos camellos de montaña, y por tanto capaces de subir montonadas de metros sin beber.

           Desde la cima contemplamos perfectamente toda la cadena que arranca al sur con el Timesguida y seguidamente hacia el norte el Ras, el Akioud, el Tadart, el Afella, el Plateau de Tazarhrarht y el Biiguinnussene al norte, es decir, la tarea de los tres próximos días. Al nordeste y oscuramente al contraluz tenemos el Toubkal, nos falta únicamente por ver el Imouzerr pero ya lo veremos. Además de todo esto aparecen a nuestra vista un amplio horizonte de montañas desconocidas y grisáceas que se van difuminando hacia este sumergiéndose en la blanquiñosa neblina del desierto.

Paredes de la Sur de Toubkal.
 
            Es una pena que la neblina general que envuelve todo el horizonte mate la profundidad del paisaje que nos gustaría para nosotros, pero qué le vamos a hacer.

Desde el collado entre los Toubkales el tajo de mañana.
 
            A las nueve menos diez iniciamos en dirección este el descenso tranquilamente en busca del Collado Sur del Toubkal situado a 3971 metros de altitud. Se trata de un paseo en el que, plácidamente al sol, vamos perdiendo unos pocos metros, pero a mí me parece que el collado debe de estar un poco más bajo de lo acotado.

            De cualquier forma es igual. Nosotros, cada uno por nuestro lado, vamos a sumergirnos en el mar de sombra, todavía y en la multitud de caminos que surcan la Cara Sudoeste del Toubkal. Más abajo se encuentra un grupo tomándose un descanso.

            La cara que estamos subiendo está medianamente inclinada y se trata de un enorme pedregal bastante asentado por las nieves. Sin prisa pero sin pausa nos vamos para arriba alcanzando de nuevo el sol cuando ya la pared se arrellana próxima a la cima y cuando de la cima bajan tres montañeros.

Cima del Ybel Toubkal.
 
            Son las nueve y media de la mañana cuando alcanzamos la cima del Ybel  Toubkal situada a 4167 metros de altitud, nuestro punto más alto del día y también de la Cordillera del Atlas.

Detalle de la Sur de Toubkal.
 
            La cima es una pequeña meseta ligeramente inclinada hacia el oeste con un desastroso trípode metálico de unos 6 metros de altura, con chapas metálicas hacia su eje central, recubiertas de escritos con pintura hasta de unos “cochinillos” españoles.

Desde Toubkal hacia Imouzerr.
 
            Hacemos fotos de un mismo paisaje y nos ponemos a almorzar.

A la sombra del Trípode de Toubkal.
 
            Poco después llega un cuarteto de vascos con un guía y charlamos con ellos intercambiándonos fotos. Uno de ellos, al menos, ha subido regular pues anda zombi perdido.

Desde Afella Los Diez, Imouzzer, Toubkal y Toubkal Oeste. 1-8-99.
 
 

30 jul. 1999

3.99. APROXIMACIÓN AL REFUGIO LE NELTNER. 30-7-1999.

Imlil bajo el Teserimoute. 2-8-99.

Imlil, Arend, Sidi Chamarrouch y Refugio Le Neltner.

30-07-1999.

Desnivel ascendido 1350 m.

Distancia recorrida 12000 m

Tiempo efectivo 03:30 h.

Sol.

Fácil.

Senderismo.

Agua en una surgencia por encima de Sidi Chamarrouch y en el campamento.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Toubkal procedente de la Oficina de Turismo de Marruecos.
 
            Son las ocho cuando entramos en una callejuela de Imlil, llena de piedras en la que hay algún chiringuito abierto, que nos conduce a una pequeña y terrosa plaza repleta de coches aparcados. Aparcamos allí pues hacia delante solamente hay una calleja estrecha, empinada y llena de gente.

            Enseguida nos asalta el personal. Alguien nos enseña un trilobites pero no le hago caso aunque me gustan. Cerramos el coche y nos vamos con un marroquí que habla con Juan un poco de Español.

            Nos conduce al interior del Hotel del Sol con un salón desvencijado al estilo pueblo español y nos enseña un mapa de escala 1/40000 o por el estilo.

Croquis de la aproximación a Le Neltner. Vía en amarillo.
 
            Le decimos lo que queremos hacer y nos dice que nos guardan el coche en la plaza por 10 dirhans al día, hay un abuelo que se encarga de ello y nos portearán la carga en una mula por 123 dirhans. Se trata justamente de lo que queremos. Le decimos que nos vamos a cenar un poco y que luego le dejaremos la carga ya que a continuación nos iremos para arriba. Parecen buena gente.

            Cogemos el coche, nos volvemos hacia la entrada del pueblo y junto a unas estructuras viejas de hormigón nos disponemos a preparar la cena.

            Un fulano que ya ha abordado a Rosa con unas pulseras nos ha localizado y se pega a nosotros como las moscas a un carnuzo. La pulsera por la que pedía en principio 500 dirhans se queda ya en 20 pero en el regateo quiere alcohol, al final Rosa se queda con la pulsera y él con los 20 dirhans y la lata de Heineken con lo que se marcha al fin con viento fresco.

            Me he cabreado porque  no estoy ni para que nos registren el coche ni para perder el tiempo pues es ya tarde para cenar y partir para arriba lo suficiente que nos permita encontrar un lugar donde vivaquear.

El Poblado de Aremd.
 
            Cenamos ante la concurrencia de la chavalería y terminada la cena, por no dejar que se estropee una manzana,  la parte en cuatro trozos y se los da a los crietes que están jugando a nuestro alrededor. Yo también he picado. Con el segundo trozo ya se ha montado un follón monumental y en lugar de cuatro candidatos son diez o doce por lo que no queda otro remedio que partir los trozos y ni entre Juan y Rosa se pueden hacer con el cirio que montan todos los críos de la comarca a su alrededor.

            -¿Les parto otra manzana para que así haya para todos?

            -Ni hablar. Si sacas otra se pone en fila hasta la madre, que por cierto, está llamando a alguno de ellos. Es una pena, pero hay cosas que no se pueden hacer.

            Recogemos el coche y cambiados ya de ropa volvemos a la plaza.

            El abuelo nos guarda un sitio bajo un nogal y luego con el guía vamos a casa de un “familiar” para dejar la mochila, la caja de comida y la tienda pues con el tiempo que hace hemos decidido vivaquear. Se queda extrañado de la poca carga que le dejamos.

            Volvemos a la plaza, sacamos las mochilas, cerramos el coche y con las mochilas al hombro Juan y yo, Rosa va de dama “consuerte”, nos volvemos calle arriba cuando son las nueve y media pasadas.

Aremd desde el barranco.
 
            Salimos del pueblo situado a 1800 metros de altitud siguiendo la pista que nos han dicho que llega hasta Aremd y despreciamos una salida que parece más directa para el valle. Es mejor ir a lo seguro que experimentar a estas horas. Vamos en dirección oeste.

            Poco más adelante hay otro caserío a la derecha de la pista. Se llama Alrene. Inmediatamente la pista se abre en dos. Cae la noche y llegan las dudas. Así que, decidimos acercarnos al pueblo en el que se oye follón para preguntar.

            Unos que salen del pueblo nos indican la pista de la izquierda cuando esta inicia un fuerte ascenso encaramándose en el potente espolón que baja hasta Imlil y que divide a los dos valles.

            La pista de la derecha, luego lo comprobaremos se va al Tizi’n Mzic y al Refugio Lepiney.

            Hemos visto que enseguida, poco más arriba, acaban las huertas y de allí para arriba solamente queda monte pelado. Por tanto, como las terrazas de la izquierda inmediatamente se quedan muy colgadas, buscamos sitio en las de la derecha antes de que acabe la huerta ya que  la noche cae  a todo trapo.

            Nos quedamos en un trozo de huerta perfectamente horizontal y seca en el que se hallan plantados unos jóvenes nogales.

            Sacamos los sacos, nos hacemos cabeceras con las ropas y nos metemos dentro de los sacos pues vamos a vivaquear con los mosquitos.

            Hace calor y calor más mosquitos igual a infierno. Tenemos que cubrirnos la cabeza con algo, por ejemplo la camisa, pero la sensación de calor aumenta. Dentro del saco no se puede aguantar y sin taparse tampoco. Cada cual se defiende como puede en una noche que resultará pésima como poco.

            Como no duermo tengo tiempo para todo y repaso mentalmente el día: hemos bajado por la mañana 450 metros, luego hemos hecho 364 kilómetros de carretera y ahora habremos subido alrededor de 100 metros. Parecerá que no ha sido gran cosa pero hemos llegado aquí al vivac a las diez y media y sin perder el tiempo, pues ni siquiera durante la hora de la comida, que ha sido larga, también hemos aprovechado el tiempo arreglando y organizando las mochilas.

Sidi Chamarrouch tomada de vuelta como el resto de fotos del día.
 
            En el pueblo que está debajo de nosotros el jolgorio y las risas se prolongan casi indefinidamente. Apagan las luces del pueblo pero no concluyen con la fiesta. Alguien, bastante bueno, debe estar contando chistes en la plaza  y lo debe hacer bastante bien por lo oído. Tenemos tiempo de contemplar una luna llena enorme.

            Menos mal que la noche es corta pues a las cuatro y media la damos por concluida y abrimos el ejercicio correspondiente al día 30 de Julio de 1999, mucho antes de que la luna se esconda y lo hacemos ahora, justamente en el momento mejor de la noche, dormíamos a pierna suelta ante la retirada estratégica de los mosquitos.

            Montamos las dos mochilas y sin desayunar iniciamos el camino en el mismo lugar que lo habíamos abandonado cuando son las cinco de la mañana.

            A la luz de la luna se camina bien por la polvorienta pista que a lazadas va ganando altitud y pasándose al valle más al este en dirección sudeste.

            Alcanzada la parte superior del espolón nordeste que baja del Pico Hadj, tomamos la vertiente del valle al que nos dirigimos y en suave y largo descenso orientado ya al sur nos acercamos a Aremd pueblo situado a 1904 metros de altitud.

            El pueblo nocturnamente oscuro está partido por el barranco  As n’Ait Mizame. El núcleo principal está en su orilla derecha mientras que la pista está en la orilla izquierda, así como también las últimas casas por las que pasaremos una vez que hayamos bajado hasta el cauce del barranco en el que se asienta algo de huerta, cuando abandonemos el pueblo.

            Ya bastante cerca del pueblo se ha incorporado a la pista el camino que sube directamente desde Imlil y que nosotros no hemos tomado. Creo que ha sido un acierto en función de lo agreste del paraje que se adivina más que se ve, pero no lo tengo del todo claro por culpa de los mosquitos.

            Siguiendo la pista ya en las últimas casas oímos y vemos movimiento: están cargando mulas.

            Estos subirán para arriba, pensamos pero… terminamos tirados en medio de la noche  y de la amplia gravera del barranco y sin saber por dónde va el agua.

            Lo que sí tenemos claro es que hay progresar barranco arriba y así lo hacemos tratando de seguir imaginarios caminos que son difíciles de ver sobre gravas y de noche. Son las cinco y media de la mañana, tres y media solares en Marruecos.

            Seguimos adelante dando tumbos, oímos ruidos de cascos  y perdemos el culo en su busca, las caballerías se van elevando por la ladera derecha del barranco saliéndose del fondo. Ellos irán por el camino y nos guiarán.

            Subimos un corto tramo de pedregal morrénico y alcanzamos el marcado y polvoriento camino con aspecto de transitadísimo. Las caballerías van delante.

            Apretamos un poco el paso y alcanzamos a una recua de cinco mulas que suben con dos muleros. Uno de ellos es el que hemos adelantado mientras rezaba bajo la copa de un árbol.

            Las caballerías tienen sus dificultades según los tramos y siempre levantan polvo, un polvo que es mucho peor, evidentemente, que el aroma salvaje que despiden pero nosotros detrás que es lo nuestro. Además van a buen ritmo pues enseguida alcanzan a una pareja de mulas con su mulero, que posiblemente son las primeras  que hemos oído antes.

Otra imagen de Sidi Chamarrouch.
 
            Salidos del primer intento de la pista por abandonar el lecho del barranco, el camino se allana un poco y se acerca cautelosamente y de nuevo al barranco para atravesarlo en un paraje llamado Sidi Chamarrouch a 2310 metros de altitud. Luego nos dirán que allí se encuentra la “roca sagrada.”

            Las mulas pasan por un vado para ellas y nosotros por un puentecillo. Es de noche y con la luna lo único que apreciamos conforme ganamos altura son unas paredes blancas y una gran masa blanca también. Bueno, a la vuelta veremos qué es este asunto.

            Cruzado el barranco el camino describe unas cuantas lazadas empinándose brutalmente a continuación. Las mulas que van bien cargadas renquean lo suyo y finalmente un mulero se queda con una mula que no sube ni para atrás, o paran o la revientan.

            El ritmo, tras dejar atrás a la mula, vuelve a ser estupendo. Nosotros vamos bien pues Rosa no lleva carga y Juan y yo Poca. Las mulas suben a destajo.

            Superado el espolón este del Aquelzim el camino se arrellana un poco reorientándose según la dirección general del valle y se toma un merecido descanso cuando comienza a hacerse de día.

            Nos encontramos en la entrada de un tramo largo de valle recorrido en su parte izquierda por un camino muy transitado y bastante plano, pero solamente lo parece debido a las dimensiones del valle y a su disposición. Jugamos mentalmente a adivinar dónde se asentará el refugio que no se ve.

Toubkal desde Sidi Chamarrouch.
 
            Estaba apostando porque en el rellano que quiere aparecer al frente se debe estar el refugio, y acierto. Allí se ve una construcción de muy mal aspecto o dos quizá y alguna colorida tienda. Sí, sí, allí está. Van a ser las ocho de la mañana.

             En una surgencia que hemos visto con muy buen aspecto hemos echado un trago y nos llega el sol poco antes de llegar al campamento. Son las ocho cuarenta cuando alcanzamos el lugar en el que se asientan las tiendas de campaña, poco más arriba hay dos edificios en construcción y un casetón que parece ser el Refugio L. Neltner o lo que queda de él. Estamos a 3207 metros de altitud.

            Hay un montón de gente acampada.

            Soltamos las mochilas y nos damos una vuelta rápida con la intención de buscar lugar para acampar.

            Las zonas verdes son engañosas: o están muy inclinadas, o son muy irregulares, o están muy húmedas; hay un abrigo terroso y blando pero tiene demasiada tierra suelta; de los abrigos de suelo plano y duro, protegidos por paredes de piedras hay uno decente y muy amplio: éste es el nuestro. Está en medio de un grupo de tiendas acampadas junto a dos tiendas viejas y grandes. Hay más campamento por mirar pues al otro lado del barranco también hay tiendas, pero aquí nos vamos a quedar ya que está muy cerca del barranco y de la fuente y el lugar está bastante decente.

            Lo primero que reconocemos supuestamente y por la orientación es la subida al Toubkal. Hay una imponente columna de gente en mitad de la empinada pedrera. ¡A buenas horas! Son las nueve. Dejamos las mochilas en el abrigo, sacamos los aislantes y antes de nada nos vamos a recorrer el campamento.

Circo de Toubkal.
 
            La fuente mana abundante y fresquísima, vamos a tener muy buen agua.

            Del Refugio L. Neltner solamente hay un casetón de tablas y chapas pero a ambos lados del mismo están construyendo un par de edificios de piedra, el del este mucho mayor que el del oeste con tres plantas y muchas terrazas, el pequeño parece mucho más sobrio.

            En el casetón hay un letrero de madera con el nombre del refugio y la altitud, una desvencijada mesa con dos bancos de madera  corridos, unas cajas de bebidas a las que les llega el agua del barranco con una manguera, y unas viejas, descoloridas y arrugadas postales, que no son de la zona, a 2 dirhans. ¡Para días las tienen allí! Fuera hay unas tablas y unos viejos esquís.

            En las obras trabajan un montón de gente, traen la arena en mulos de graveras cercanas y la piedra la transportan en carretillos por un caminillo desde la pedrera del este del campo, el hierro para los pilares y las plantas lo traen arrollado con los mulos y aquí lo preparan para encofrar.

            Hay un incesante trasiego de mulas que van y vienen: traen de abajo los materiales para la obra, la comida de los obreros que duermen en las dos grandes tiendas  próximas al lugar que hemos elegido para nosotros, las cargas y la comida de los montañeros que así lo desean.

De camino a Le Neltner.
 
            El ritmo de trabajo no es precisamente alucinante, pero el encargado controla bastante bien, nada que se parezca a la aduana de Ceuta.          

            Por lo demás el asentamiento del campo es un pequeño rellano en medio del valle, no un circo cerrado como imaginaba a priori, y las tiendas están más diseminadas de lo que en principio habíamos visto. Hay un montón.

            Hemos quedado a la una  en el refugio dándoles a los muleros las mismas facilidades que nos ofrecieron a nosotros.  Podríamos haber subido con las cargas a las cinco de la mañana si hubiéramos querido. Todo era posible, pero hemos preferido nuestra libertad para acampar sin ningún tipo de compromiso horario. Ahora nos arrepentimos de que no les hubiéramos dicho de subir antes, pues tenemos una inmensa mañana para no hacer nada.

            El sol calienta pero no molesta demasiado a esta altitud. Rosa decide tenderse sobre la esterilla dentro del abrigo para descansar un poco y yo, también

Inmediaciones del refugio Le Neltner
 
            Tenemos tiempo para descansar de la subida de 1350 metros de desnivel que hemos hecho en tres horas y cuarenta minutos, tiempo para relajarnos, para pensar y planear, para beber de un agua fresca que no se calienta al sol entre las piedras, tenemos tiempo para casi todo.

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