29 ago. 1999

9-99. COLLARADA POR ACUMUER. 29-8-1999.

Collarada desde la Sudeste de Collaradeta. 17-9-12.

Acumuer, Churrón Collado de Marañán, Collado de Ip y Cara Sudoeste.

29-08-1999.

Salida 08 h. Llegada 19 h.

Sol.

Fácil.

50 p.

Ascensión.

Aproximadamente 50 socios de GMS. y Mariano Javierre.
 
Mapa de Collarada procedente de Iberpix. Vía en amarillo.
 
            Collarada es, sin duda, el pico que con seguridad, más he visto; y a pesar de ello, quizás sea el que proporcionalmente menos veces he subido. Lo veo desde mi casa, desde Sabiñánigo, desde el colegio donde trabajo, desde cualquier parte. Me sugiere al campanario de la torre de una iglesia pero no solamente eso como podré comprobar, y también sé que desde otras partes presenta perfiles bien diferentes.

            Subimos con Rosa por primera vez, hará la friolera de 16 años, precisamente porque Biola mamaba entonces todavía y tuvimos que bajar a la carrera para que Rosa le diera su ración correspondiente ya que por la mañana mi madre le había dado un biberón. Subimos con Biola por segunda vez y última cuando tenía 10 años.

            En la primera ocasión subimos con el coche hasta el Abrevadero de La Espata  tomando un corredor, un poco al oeste y tras virar un poco más al oeste subir de frente para arriba. En la última ocasión nos subimos con el coche hasta el final de la Pista de la Trapa y tras acampar allí, al día siguiente subimos prácticamente de frente.

            Ahora se va a celebrar la Primera Puyada Popular al Collarada y el domingo 29 de Agosto hay que subir a balizar el camino.

            A las siete de la mañana tomamos el autobús hasta Acumuer. Seremos alrededor de 50 los que nos desmontamos junto a la barrera de la Pista de Bucuesa.

            Comenzamos a caminar a las ocho menos diez. Estamos a 1150 metros de altitud y la mañana está deliciosa. El personal me pregunta dónde está Rosa y qué me ha pasado en la mano.

Los prados de la Orilla Derecha del Puerto de Acumuer. 17-9-12.
 
            En la fuente  del final del puerto junto al Churrón rellenamos las cantimploras de agua, me da la impresión de que no vamos a parar junto al barranco para almorzar con agua, y a partir de aquí, no creo que encontremos agua pues yo solamente conozco una fuente en la zona y no cae cerca de nuestro camino. Son las nueve y veinte pasadas y estamos a 1520 metros de altitud.

            Atravesamos el Aurín para incorporarnos al Barranco del Buxacar que nos ha de llevar directamente al Collado de la Espata o de Marañán.

Por la orilla derecha del barranco hacia el Collado de Marañán. 17-9-12.
 
            Encontramos unas malas y pocas citas hechas, con lo que pensamos que habrá que trabajar de lo lindo, y enseguida comenzamos el ascenso por la orilla derecha del barranco siguiendo un viejo camino, poco transitado y consecuentemente bastante cerrado que atraviesa en ascenso la masa arbustiva que puebla este lado de barranco.

            El primer tercio transcurre al encuentro de la pradera alpina, ha dejado atrás la masa forestal en la que se afinca algún haya y se toma un pequeño descanso pues ha subido con cierta rapidez.

Vertiente Este del Collado de Marañán. 17-9-12.
 
            El rellano del camino nos deposita en el seco lecho del barranco en el que la gente quiere parar a almorzar. Yo me voy directamente hasta el collado. Serán sobre 300 metros de desnivel que hago a buen ritmo, al mío pues subo solo.

            No se me llevará apenas media hora pero entro en calor. El Collado de Marañán está 2041 metros de altitud. Son las 10.

            Poco más arriba está Felipe Narvión haciendo citas. Lo alcanzo y continuamos balizando un tramo de camino que discurre primero por pradera alpina a la que le va apareciendo lapiaz calizo y que en suave pendiente conduce a un visible collado en el contrafuerte sudoeste de Peña Samola Alta.

Collarada y Collaradeta desde el Collado de Marñán. 17-9-12.
 
            Alcanzamos el collado cuando son las once menos cuarto y decidimos esperar pues el personal no se asoma todavía por el Collado de Marañán o Espata. Yo aprovecho para almorzar pues no lo he hecho todavía.

Collaradeta y el Contrafuerte de Samola Baja desde el lapiaz. 17-9-12.
 
            Son las once y cuarto cuando llegan los primeros al lugar en el que nos encontramos. Hay gente que se ha quedado, otros van muy despacio y no todo el mundo pretende ir para arriba.

Collaradeta desde el Contrafuerte de Samola Baja.
 
            Unos pocos continuamos hacia arriba, siempre en dirección norte bajando unos 25 metros al encuentro de un corredor que viene de más abajo y se convierte en pedregoso, empinado y descompuesto para romper una barrera rocosa vertical que también se rompe en otro corredor 200 metros más al oeste, lugar por el que asciende la vía que desde el abrevadero casi llega hasta el mismo Collado de la Espata.

Rellano en la Sudoeste de Collaradeta con las Samolas de cierre. 17-9-12.
 
            Subido el corredor viramos un poco al noroeste y por una plataforma que discurre prácticamente en horizontal por la parte superior de la barrera rocosa contorneamos el espolón sur de Peña Pequeña o Collaradeta y volviendo de nuevo al norte tras un pequeño descenso que algunos hacemos por la pedrera sin bajar al fondo, tomamos un largo y estrecho corredor que se descansa un poco en su mitad y tras subirnos algo más de 150 metros nos deposita en un reducido, plano y cerrado circo contenido entre Collarada y Collaradeta a 2500 metros de altitud.

Collado de Ip.
 
            Frente a nosotros se encuentra el Collado de Ip, alrededor de 100 metros más arriba. Decido subir a mi ritmo y me voy para arriba en dirección al collado por un marcado camino en el que se notan  huellas de agua. Ayer tarde la "pedregada" fue considerable pues dejó el monte blanco y aquí en la sombra hemos encontrado acumulaciones de granizo y es pasada la una del mediodía.

La Sureste de Collarada desde el Collado de Ip.
 
            Desde el collado se contempla el fácil y sombrío corredor, casi todo el día, que sube desde el Ibón de Ip. Allí se vira un poco a nuestra izquierda y primero junto a la arista y luego hacia el centro de la pared nordeste, siguiendo caminos trazados sobre pedrera más inestable cuanto más alta ganamos altura a buen ritmo.
 
El Collar de Collarada 11-8-05.
 
            Bajo el casquete somital encontramos una escorrentía de agua de granizo de la tarde anterior que a alguno le va a ir de perlas. Alcanzada la cúpula, un corredor directo y bastante limpio nos permite, con algún apoyo de manos, pasar fácilmente los últimos 100 metros de desnivel. La verdad es que el paretazo tendrá 400 metros de desnivel y sube a destajo.

Cima de Collarada por primera vez. 14-8-83.
 
            A las dos estamos en la cima de Collarada a 2886 metros de altitud. La verdad es que el que llegue allí abajo un poco cascado se le va a atragantar el repecho de buena manera.

            Va llegando el personal. Mientras tanto bebemos, charlamos con el personal y les indico algunas cimas del dilatado horizonte que conozco. Encarnita Lanaspa ha subido mal, pero tenía tantas ganas de subir... Es la que me dirá que Collarada tiene forma de teta desde Sabi y tiene razón.

Collarada desde Collaradeta. 24-6-00.
 
            Doy unas galletas y agua a algunos que han dejado la mochila en el lugar del almuerzo, grave error de principiante, inducidos por algún enterado.

            A las tres menos cuarto iniciamos el descenso. Bajaremos haciendo citas media docena, el resto hasta unos veinte, bastante tienen con bajar sus cuerpos respectivos.

            Bajo el Collado de Ip paramos a reagruparnos un poco. Encima del paredón sobre la grada horizontal lo hacemos otra vez y en el falso collado esperamos de nuevo a pesar de que vamos parando para hacer citas de buen tamaño. Decidimos no parar a comer hasta el lugar del almuerzo donde todo el personal podrá hacerlo.

Una buena parte del recorrido desde Bacún Norte o Espata. 26-6-08.
 
            Son las cuatro y media  cuando alcanzamos el Collado de Marañán y sin parar nos bajamos hasta el lugar donde espera el personal. A las cinco menos cuarto empezamos a comer.

            Una vez comidos reanudamos el descenso encontrando el camino balizado con cintas plásticas con lo que se sigue muchísimo mejor. Tranquilamente alcanzamos el fondo del puerto y en la fuente paramos a coger agua. Son  las seis y el autobús tendrá que esperarnos un buen rato.

            Bajamos la pista ya bastante tarde, por lo que nos libramos del calor que suponíamos para media tarde. El día ha estado sobrado con 1700 metros de desnivel y el trabajo de marcaje que hemos realizado.

            A las ocho pasadas ducha con cuidado por el yeso y fin.

12 ago. 1999

8-99. SAYO Y LE BONDIDIER, LOS OCCIDENTALES DE LA MALADETA II. 12-8-1999.

La Sur de las Maladetas Occidentales.
 
Pico Mir, Pico Sayó Arista Este, Collado Cordier, Pico Le Bondidider, Collado de Alba y Renclusa.

12-08-1999.

Salida 10 h. Llegada 18 h.

Mixto.

Bastante fácil.

Ascensión.

Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de las Maladetas procedente de Prames. Vía en amarillo.
 
            El día 12 de Agosto del 99 no ha hecho más que comenzar.

            Rosa “quiere ver” la anunciada brecha entre el Mir y el Sayó que suponemos aquí mismo.

            Así que, en menos de diez minutos nos despedimos del Pico Mir y siguiendo la arista en dirección este continuamos en descenso hacia el amplio, pedregoso y suave collado que separa a este pico del siguiente.

            Sin ninguna dificultad alcanzamos el nuevo punto de inflexión de la arista tras descender apenas 75 metros. En el collado desde luego que no hay rastros de esa brecha complicada, previamente anunciada y nada sabremos de ella.

Cima Mir. Al fondo Sayó y Maladeta.
 
            Un suave ascenso de 110 metros de desnivel sobre una pedrera granítica corriente nos conduce a la cima del Pico Sayó situada a 3220 metros de altitud, tercer tresmil del día cuando son las diez y media de la mañana.

            La arista continúa hacia el este y se afila inmediatamente: nada que tenga que ver con lo que hemos hecho hasta ahora. Por otra parte, yo estoy lleno de dudas.

            Realmente no sé en que pico estamos a ciencia cierta: la brecha anunciada entre el Mir y el Sayó no ha aparecido, siendo la única dificultad importante de la arista según Juan Buysé que dice, que  la continuación ascendiendo al Sayó ya es fácil, así como la continuación hasta  el Pico Cordier. De allí en adelante se complica para llegar hasta el Collado de la Rimaya.

            Frente a nosotros, sin perder altura prácticamente, tenemos una arista absolutamente dentada y estrecha. Un poco más adelante aparece un diente un poco más importante, luego unos pocos dientes más que conducen a una tramo de arista fácil un poco en diagonal a la dirección que llevamos y en la que tenemos que continuar, y un poco más atrás un pico más elevado, más afilado y más abrazado por las nieblas que para mí, o se trata del Pico Cordier o ya es el Maladeta en cuyo caso…las nieblas no son muy buenas compañeras nunca y menos sobre terreno desconocido.

            Las nieblas van y vienen, no hace muy buen “orache” que digamos pero paramos a comer, a beber y a esperar. De vez en cuando las nieblas se intensifican y en algún momento  hasta casi queremos tener alguna “rayada” de sol, el día está regular y desde luego no apto para principiantes, cosa que desde luego no somos nosotros, o quizás sï y no lo suponemos.

            Hacemos alguna foto, y en plan explorador continuamos adelante hacia el este empezando a funambulear por la dentada arista que no es difícil, requiere reconocer, dar vueltas e ir trepando arriba y abajo en los tres primeros dientes. El siguiente nos ofrece un muro de unos 4 metros formado por una laja con una fisura muy estrecha. En el flanco norte hay una alternativa muy complicada y al sur nada de nada, pues se trata de un paretazo que se pierde allá abajo en el lecho del Ibón de la Maladeta, que no vemos, pues a partir del Collado Cordier, al pedregal sur le va saliendo una pared que a esta altura alcanza la arista que estamos transitando.

El Ibón de la Maladeta desde el Collado Cordier. 2-9-05.
 
            La también anunciada escapada al sur, en el supuesto caso de que este sea el paso difícil, no es precisamente una alternativa que se salve con una pequeña pérdida de metros, hay que perder aproximadamente 150 metros como mínimo que serán con toda seguridad al final 200 metros, para pasar bajo la cota 3000 e iniciar el retorno a la arista pasada esta dificultad y algo más.

Decidimos dar la vuelta por el camino que hemos traído y pasamos ligeramente al sur de cima del Pico Sayó en busca de un lugar en el que la pared pierda potencia o bien alcancemos algún corredor que no se corte y nos baje hasta abajo para acceder de nuevo a la arista más delante de la dificultad que nos ha echado para atrás. Calculo que se nos llevará más de una hora pero tenemos tiempo.

Desechamos varios corredores con finales entre imposibles y dudosos y finalmente tomamos uno que nos permite no tener que volver hasta las inmediaciones del Collado Cordier.

            Ya abajo vamos bordeando la pared por su base contorneando el contrafuerte sur del Pico Sayó, transitando por la parte superior de un pequeño nevero.

            Contorneado el espolón trazamos una recta que en suave ascenso a través de tramos fundamentalmente rocosos salpicados con pequeñas manchas de nieve nos ha de llevar a la base de un corredor pedregoso y fácil por el que podemos retornar a la arista pasados los conflictos que hemos abandonado. Hemos desechado tomar un corredor próximo situado unos metros al sudeste del elegido porque aunque se llega por pedrera, se trata de una ese muy empinada y con materiales muy sueltos y pequeños aparentemente.

Pico Le Bondidider desde el Ibón de la Maladeta. 12-8-06.
 
Para llegar a la base del corredor elegido hay un pequeño nevero poco inclinado que hemos de atravesar en una longitud de unos 40 metros. La nieve sin ser abundante se deja hollar suficientemente con el simple paso pero tomo una piedra como siempre que atravesamos un nevero si no llevamos en la mano el piolet.

Faltarán unos 15 metros cuando la nieve blanda desaparece prácticamente y hago huella con un par de patadas. Seguidamente intento hacer otra y resbalo. Instintivamente me intento asegurar con la piedra que llevo en la mano izquierda intentando clavarla en el nevero pero me falla un pelín la suerte. Iba tan tranquilo y confiado que ni siquiera debía llevar bien cogida la piedra de tal forma que el golpe que doy sobre la nieve hielo repercute sobre el dedo medio de mi mano izquierda doblándose con fuerza al impacto hacia atrás a la vez que escucho perfectamente un ruido seco en mi mano. Inmediatamente siento un dolor importante en la palma de la mano.

Estiro con la otra mano los dedos y compruebo que los puedo doblar perfectamente, luego compruebo que en la muñeca no tengo ningún problema, pero tengo un tremendo dolor en la mano.

Me he hecho mal. Tengo plena conciencia de ello y con el paso del tiempo tendré plena seguridad.

Sacamos los piolets pues no falta ya casi nada para alcanzar las rocas del corredor. Doy un par de pasos pero mi mano está muy torpe y nos espera una pequeña trepada en el inicio del corredor.

-Rosa, nos damos la vuelta. No me encuentro con facultades suficientes para vencer ni en ascenso ni mucho menos en descenso las dificultades que pueden surgir por simples que sean.

Son las doce menos cuarto y se nos acaba de escapar la oportunidad de completar la arista desde Alba hasta Aneto, con la excepción de la Punta Oliveras. Pero qué se le va a hacer, la montaña seguirá allí para otra ocasión.

Nos vamos para abajo con mucho cuidado, con un ritmo lentísimo y yo con un nuevo equilibrio de tres patas de un banco con cuatro. Me tomo una aspirina para calmar el dolor, cosa que conseguiré.

He recuperado un poco el ritmo y alcanzamos el Collado Cordier. Me quito la mochila y me voy hacia la cima del Pico le Bondidier.

 Cima de Le Bondidier. 13-8-09.
 
Creo recordar una arista de puro trámite pero saldrá una trepada maja para las condiciones en las que me encuentro. A pesar de ello no tengo problemas y de paso compruebo que apoyando la muñeca no me duele la mano, mano que por cierto se ha inflado y enrojecido un poco.

A la una hago cima en el Pico Le Bondidier a 3185 metros de altitud. Rosa que viene detrás, duda en la arista, se pierde y aparece rebasando la cima a la una y cuarto. Entre tanto yo he hecho la foto que quería.

Se extraña de mi marcha pero yo voy bien y apenas me molesta la mano. A la una y media estamos de vuelta en el collado. Cogemos las mochilas y a media ladera llevando una línea de mínima pendiente alcanzamos el Collado Superior de Alba cuando son las dos de la tarde.

La Sur de Le Bondidider desde Cregüeña. 20-10-07.
 
Bajamos bien la gravera superior y tras atravesar en descenso el nevero superior siguiendo las huellas de ascenso, nos sumergimos en la niebla que aquí en la cara norte está afincada firmemente. No la abandonaremos hasta alcanzar la pedrera plana próxima a la tienda.

A las tres y media llegamos a la tienda, comemos un poco, recogemos, hacemos las mochilas y a las cuatro y media reanudamos el descenso.

Veinte minutos después llegamos a la Renclusa. Hay muy poco personal.

Esperamos al guarda para preguntarle por los picos pues se ha ido a pasear. Pero como no llega y son pasadas las cinco, nos vamos para abajo.

Los Occidentales de la Maladeta desde el Pico de Paderna. 17-5-12.
 
En otros veinte minutos nos llegamos hasta la parada del autobús que llega inmediatamente. Son las cinco y veinticinco.

El autobús nos deposita en el aparcamiento donde hemos dejado nuestro coche y sin siquiera quitarnos las botas, pues no nos molestan a pesar de que hemos movido en conjunto 1725 metros de desnivel por lo menos aunque 400 de subida se hicieron ayer, nos metemos en él y nos bajamos hasta Benasque.

Me parece recordar la cruz roja en la circunvalación pero no será así y habrá que volver, aparcar y preguntar en la farmacia.

Justamente frente a ella está el ambulatorio de la Seguridad Social y compartiendo edificio esta La Maz. Me pongo en principio a la espera del médico de guardia que acaba de entrar con un paciente cuando me da por levantarme para ir a preguntar a La Maz, no vaya a ser que por Muface también me corresponda atención médica.

Un médico muy amable me atiende me dice que ellos atienden a todas las mutualidades deportivas. Yo estoy federado y ellos tienen rayos, conque puedo elegir.

No tengo ninguna duda pues si entro a la Seguridad Social me enviarán a Barbastro pues allí no tienen rayos. Por tanto la decisión está tomada.

Dos radiografías me proporcionan inmediatamente un mes de vacaciones: tengo una rotura espiroidea del tercer metacarpiano de la mano izquierda.

Lo que viene a continuación es sencillo: un par de apretones en vivo para reducir la distancia de separación entre las partes del hueso roto que me hacen ver las estrellas y reducen un poco la inflamación de manera inmediata y diez minutos después estoy rellenando el parte del accidente con la mano enyesada. El doctor Jose Luis Ballestin nos ha recomendado lo que es de rigor en estas ocasiones: tomar algún antiinflamatorio y nos ha desaconsejado que vayamos al día siguiente a hacer el Pico Rusell. Nos despedimos y a la calle.

Confirmamos el parte meteorológico y a las siete y media al coche que conduciré hasta pasada la Guarguera. Allí lo coge Rosa y para casa, no vaya a ser que me espabilen.

Ahora solamente queda esperar un mes, anular algún compromiso y rumiar  un par de conclusiones: los accidentes se suelen producir por falta de vigilancia, y dar referencias sobre itinerarios es tarea harto complicada ya que las informaciones raramente tienen la precisión necesaria para el que las recibe.

Posteriormente reflexionaré cumplidamente sobre el asunto y seguiré en un mar de dudas y de nieblas acerca de si hicimos también el Pico Cordier y los dientes que escalamos pertenecían ya al conglomerado del Pico del Collado de la Rimaya.

 

7-99. PICO MIR Y PUNTA DELMAS, LOS OCCIDENTALES DE LA MLADETA I. 12-8-1999.

Pico Mir desde Punta Delmás.
 
La Besurta, La Renclusa, Ibones de Paderna, Collado de Alba, Corredor Sur, Pico Mir y Punta Delmás.

12-08-1999.

Salida 18 h. Llegada 10 h.

Mixto.

Fácil.

2 d.

Ascensión.

Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.
 
Mapa de la Maladeta procedente de Prames. Vía en amarillo.


            Habíamos vuelto del Atlas con ese regusto que te dejan las montañas cuando no se cumplen todos los objetivos propuestos y además con ese estado de ánimo con el que no se puede emprender  empresa de ningún tipo, es decir, como si aquí nos hubiera dejado la riada. Se trata de una experiencia de la que querría conocer realmente las causas que conducen a esta situación que experimentamos y no precisamente por primera vez. Yo imagino que algo tendrá que ver la altitud y la presión con el tema. Pero qué se le va a hacer, habrá que conformarse con eso de que “no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista.”

            Mi chica tiene vacaciones y decidimos marchar a Benasque con alguna disparidad de enfoque, pero a Benasque a por dos actividades sencillas y en principio dos días y medio más un sábado desprogramado pues Biola estará nadando en Grañen.

            El miércoles día 11de Agosto del 99  es el último eclipse total de sol del siglo y milenio. Mientras termino de prepara los bártulos por la mañana, observo el eclipse que aquí no llegará a ocultar al sol más allá del 80 %.También es el día del fin del mundo para los fallidos intérpretes de Mostradamus; pero nosotros, poco crédulos, haciendo caso omiso a tales predicciones, nos aprestamos para hacer lo mejor de este mundo  y del que puede venir tras su anunciado fin: irnos al monte.

            Comemos, marchamos Guarguera adelante, en Boltaña veladores a la sombra y en Benasque un pueblo hecho polvo con tanta ampliación, nada que tenga que ver con aquella medalla de pueblo que conociéramos.

            El Plan de Senarta está medio vacío y el Plan de Baños igual. ¿Dónde está la gente?

            Aparcamos en el Plan de Sarra y nada más cambiarnos de ropa llega el autobús: lo hace cada cuarto de hora y subimos solos. Son las seis menos cuarto.

            Son 550 pesetas dos idas y dos vueltas incluyendo la conversación con el conductor. En el valle se quiere el dinero del turista pero sin dar servicios a cambio, con lo que el futuro tiene poco idem.

Cubeta Lacustre y Pico Paderna. 31-7-04.
 
            A las seis y diez nos echamos al monte a 1900 metros de altitud, en dirección sur cruzamos el Barranco de la Valleta y por camino trillado entre turistas y montañeros nos llegamos al Refugio de la Renclusa a 2140 metros de altitud. La tarde está estupenda y subimos relajadamente pues las mochilas no pesan gran cosa.

            Son las siete menos cuarto cuando contemplamos y rodeamos las interminables obras de ampliación del refugio y atravesando el Barranco de la Renclusa por el puentecillo nos vamos hacia el oeste en busca de los Ibones de Paderna que alcanzamos a las siete y diez.

            Se queda Rosa junto al superior mientras yo me voy camino arriba en busca de un lugar menos descarado para acampar, ya que está prohibido.

Poco más adelante, junto al Torrente de Alba, lugar por el que discurre el camino que hemos de llevar al día siguiente, encuentro un buen lugar para acampar a 2300 metros de altitud, más abrigado que el de los Ibones de Paderna en el que acampamos el año anterior.

Pleta de Paderna. 3-7-08.
 
            Plantamos la tienda, preparamos enseguida las mochilas del día siguiente y nos hacemos la cena. Hace fresquillo aquí al inevitable sudor del ascenso con las mochilas a la espalda.

            A las ocho y media nos vamos al otro lado del barranco elevándonos sobre los desprendimientos  del Pico de Paderna. Desde allí contemplamos la Arista de los Portillones, La Maladeta con su glaciar, el Collado de la Rimaya, los Tres Picos Occidentales de la Maladeta, los Dientes de la Maladeta, el Collado superior de Alba y al Arista de Alba. La vista es sensacional pero hace fresco y a las nueve menos cuarto nos empiltramos en el saco para entrar en calor y accedemos a la gloria. Poco después llegará la noche y el sueño al blando tacto de la jugosa pradera alpina y al suave murmullo de las rumorosas aguas del torrente.

            Cuando el despertador toca a las siete menos cuarto del 12 de Agosto ya estamos preparando el desayuno. Es de día, lo que supone un cambio notable con respecto a Marruecos. Queremos aprovechar la luz para que a la vuelta podamos descansar un poco mientras esperamos que a las ocho de la tarde abran la barrera de Vallibierna.

            El cielo está nublado y algunas nieblas se agarran en las cimas de la Maladeta a pesar de que durante la noche ha estado el cielo totalmente estrellado.
 
La Norte de las Maladetas desde Paderna.2-9-10.
 
            A las siete iniciamos la marcha pues no corremos el riesgo de tener que deambular por terreno desconocido y complejo en el que se puede desorientar uno fácilmente, y además espero que se ventile el día.

            En dirección oeste iniciamos el camino para virar inmediatamente al sudoeste atravesando la pedrera granítica en la que confluyen todos los torrentes que bajan de la Zona de Alba. Atravesado el pedregal nos incorporamos hacia el espolón que baja por la orilla izquierda del Torrente de Alba.

            El transitado camino alcanza la pradera alpina y poco más arriba, terminada ésta se orienta al sur al encuentro de la Cresta de Tuca Blanca. Subimos tranquilamente a un ritmo normal  de 400 metros por hora. Las nubes, entre tanto, siguen con su tránsito de oeste a este, no bajando más abajo de los 3000 metros.

La Norte de Mir y Delmás desde debajo del Collado de Alba.
 
            Sorprendemos a cuatro sarrios que están haciendo la mañana, levantamos el vuelo de una pareja de perdices nivales, y ya muy arriba y próximos al Pico de Alba, nos orientamos ya directamente hacia el collado bajo el que nos espera un reducido nevero residual que probaremos en su parte inferior: no le queda casi nada de la nieve de temporada y por tanto nos enseña el hielo glaciar.

            Por la zona derecha en la que queda esa poca nieve avanzamos al encuentro de la parte superior del pedregoso e inestable corredor que tras estrecharse desemboca en el Collado Superior de Alba acotado con 3075 metros de altitud, cuando son las nueve de la mañana y el viento que reina en el lugar impide el asiento de las nieblas que son empujadas hacia arriba.

            En el mismo collado una cita nos invita a girar al este tal y como es nuestra intención. La arista que allí nace se pone de pie inmediatamente para culminar con el primer resalte importante que nosotros interpretamos como la Punta Delmás y que he fotografiado antes de llegar al collado.

La Norte de Punta Delmás.
 
            La ladera sur es un enorme canchal que se va encumbrando en busca de las cúspides de la arista. Nosotros, sin pérdida de tiempo, iniciamos su tránsito en ascenso siguiendo dispersas trazas de camino y algunas citas. Sabemos que en media hora estaremos arriba.

            Las nieblas nos respetan y no necesitamos tanto tiempo. A las nueve y veinte hacemos cima en el Tercer Pico Occidental de la Maladeta también llamado Pico Mir, situado a 3185 metros de altitud, un enorme caos de losas totalmente desarticulado.

En la Cima Delmás. Detrás Mir y Sayó.
 
            Allí tenemos, efectivamente al noroeste, la cúspide que he fotografiado desde abajo. Una arista fácil de unos 50 metros de desnivel  conduce a un pequeño collado y desde allí, una trepada fácil buscando camino de paso nos conduce hasta los 3170 metros de altitud de la Punta Delmás. Hemos empleado veinte minutos de cima a cima y estamos en el segundo tresmil de la jornada, cuando son las diez menos veinte.

Desde la Cima del Pico Mir la Ladera Oeste de Sayó.
 
Hacemos una fotografía, confirmo la situación con los Dientes de la Maladeta rompiendo el glaciar del mismo nombre 300 metros más abajo, y sin más nos damos la vuelta por el mismo camino por el que hemos venido, comprobando que no se trata de una vía única y sin poder hacer la foto de la Cresta de Alba sitiada por las nieblas.

            Veinte minutos después recogemos la mochila que al final ha dejado Rosa al iniciar el ascenso, y en la cima de nuevo del Pico Mir hacemos una fotografía con la cruz de hierro que está suelta y colocada entre dos piedras, y echamos un trago.

 

2 ago. 1999

10.99. EL REGRESO DEL CAMPAMENTO LE NELTNER A SABI. 2-8-1999.

Despedida del Circo de Toubkal. 2-8-99.
 
Campamento le Neltner, Sidi Chamarrouch, Aremd e Inlil, Ceuta y Sabiñánigo.

2-08-1999.

Desnivel descendido 1400 m.

Distancia recorrida 13000 m.

Tiempo efectivo 02:30 h.

Sol.

Muy fácil.

Senderismo.

 Agua en la Fuente de le Neltner, en Arend e Inlil.

 Juan Castejón, Rosa Mª, Martínez y Mariano Javierre.

Mapa global del viaje.
 
            ¡Qué buena está la sidra! Lástima que la saboreemos un tanto apresuradamente puesto que el día 2 de Agosto del 99 no ha terminado todavía. Hace calorcillo durante la comida pero no demasiado.

            Una vez comidos empezamos a desmontar el campamento. Monto rápidamente la mochila de Rosa que se va camino abajo cuando son las cinco y veinte.

            Seguidamente nosotros organizamos las cosas, desmontamos la tienda, y montamos las mochilas. Solamente nos queda recoger y llevar a la basura los cartones que teníamos bajo la tienda como mullido y pasar por la fuente para coger un poco de agua, Rosa se ha llevado un poco también.

            A las seis menos veinte alcanzo a Juan que espera en el camino y con la bolsa de la basura en la mano emprendemos el camino con decisión hacia Imlil.

            Nos ofrecen mulas para bajar la carga hasta Imlil pero no vamos a necesitarlas, bastante mulos somos nosotros.

Muleros en Toubkal. 30-7-99.
 
            Rosa nos dirá que ha bajado a buen ritmo mientras le han dejado, ya que se cruza con un grupo y un guía un tanto pegajoso le pregunta cogiéndola del brazo, que si tú ir sola española buena ja, ja, ja, si no tener hombre; pues parece ser que nos debía conocer  de algo, a lo que Rosa le contesta que tiene dos y que bajan a todo trapo.

            Nosotros desde luego que bajamos a todo trapo, andamos cara abajo que ríase usted del correr. Nos vamos alternando en la cabeza para aligerar un poco más.

Cabras del Atlas. 2-8-99.
 
Hemos hecho una pequeña parada para hacer una foto del valle en la que se contempla el Ras, el Tadart, el Akioud y posiblemente el Biiguinnoussene.

            En resumidas cuentas que cazamos a Rosa media hora después y ¡menos mal!, porque el ritmo que llevábamos hubiera terminado por ponerme contra las cuerdas. ¡Joderse con las patazas de Juan!

Sidi Chamarrouch. 2-8-99.
 
            Todos juntos, pues hoy parece que ha sido el día en que la cabra llevaba un cuerno para cada lado, y mucho más relajados aunque a buen ritmo nos acercamos hacia Sidi Chamarrouch, reconociendo el camino que por la noche solamente adivinábamos, hacer alguna fotografía y echar un vistazo a la “Roca Sagrada” que no es blanca sino pintada de cal y las casuchas más próximas al camino chiringuitos de compra-venta y cambio, lo normal para turistas en este país.

Cerca de Aremd.
 
            La tarde se va haciendo más calurosa conforme vamos perdiendo altitud y eso que el sol ya va de baja. Pasamos junto al nogal en el que rezaba el mulero a la subida y junto a la acometida del agua de riego que baja al pueblo por el lado derecho del barranco

Aremd. 2-8-99.
 
            Hacemos una fotografía de Aremd y tomamos la pista ya sin las dudas de nuestra nocturna subida.

Otro detalle de Aremd. 2-8-99.
 
            Enseguida aparece el tortuoso y empinado camino que baja, absolutamente polvoriento, hacia Imlil.

            Sin ganas y contemplando a un matrimonio con una cría que nos llama la atención pues ella va con chancletas playeras y con la cría en brazos pues él parece un moro muy moro, entramos en la umbría de los vetustos nogales y en el frescor del barranco encauzado por acequia hormigonada  cuando llega al pueblo.

Imlil. 2-8-99.
 
            Son las ocho de la tarde y entramos en Imlil a la escucha del teléfono móvil que no tiene cobertura. Hemos bajado en dos horas y cuarenta  minutos, nosotros veinte menos, pero de cualquier forma no ha estado nada mal para ser un día en el que hemos subido 2038 metros y bajado 3445, pero que nada mal.

            El coche está que ni se conoce del polvo que lleva encima. Dejamos las mochilas dentro y nos vamos a dar una vuelta por el pueblo no viendo nada de interés a excepción de unas rosquillas de masa de churros, frita en el acto y que Rosa compra por un dirham y que Juan y yo no queremos probar. Pagamos al abuelo los 30 dirhans acordados por el aparcamiento indicándonos que nos quitemos de encima al pesado de las pulseras que quiere bajarse a no sé dónde con nosotros, cosa imposible ya que nuestro coche sigue yendo a tope.

            Media hora más tarde, tras quitar concienzudamente el polvo del coche con una paletina ancha que ya he traído previendo una situación como ésta, decimos adiós a Imlil y salimos para abajo. Son las ocho y media de la tarde.

            Vamos directamente en busca de un lugar junto al barranco al que podamos acercarnos con el coche para pegarle y pegarnos una buena remojada y pasar luego la noche tranquilamente.

            Los lugares próximos a Imlil pasan pronto y luego bajar al barranco resulta complicado, ya que como no hay casi coches, ¿para qué va a haber bajadas para los coches?

            Dejamos la pista y entramos a la carretera cuando empieza a anochecer ya.

            Poco más adelante aparece un ensanche junto a la carretera. Hay un coche junto al barranco y una bajada al mismo. Yo ni corto ni perezoso bajo al barranco por el paso, lo atravieso y me quedo junto al mismo al otro lado.

            Están lavando el coche y se quedan a cuadros cuando nos ven llegar y como un rayo cruzar el barranco.

            Mientras mis socios se quitan las botas y se remojan las patas pues el barranco baja limpísimo, yo con el cubo le doy un baldeo impresionante al coche y me pego un buen remojón tras quitarme las botas ya que bajado desde el campo ya de corto.

            Tengo un pequeño rifirrafe con mi esposa a la que no le apetece ni un pelo el lugar para acampar pero yo a estas horas no puedo ofrecerle ni el palacio hecho de día ni el rebaño de elefantes. Hay lo que hay y se trata de aprovecharlo por si no lo hubiera mejor.

            Estamos a la entrada de Asni, terminamos de cruzar el barranco y encontramos  en la orilla derecha unas manchas de verde llanas junto a un seto de una propiedad, que a mí me parecen estupendas: cerca y discreto parece el lugar por lo que decidimos acampar allí pues ya es prácticamente de noche. Son las nueve y media pasadas.

Tetuán 3-8-99.
            Montamos la mesa junto al coche y preparamos la cena a la vez que recogemos lo que nos hemos ido quitando.

            Cenamos tranquila y relajadamente disfrutando del fresco de la noche. Luego llega la sempiterna policía. Nos dice que es peligroso quedarse allí. Les diremos poco más o menos que allí nos quedamos a pasar la noche. Que ya somos mayorcitos y que ¿cómo es posible que sea peligroso un país absolutamente controlado por la policía? Pues si no ¿qué leches están haciendo ellos allí? Parece ser que nos han querido hacer miedo como a los niños pero no van a conseguir que ahuequemos el ala.

            Terminan por irse con viento fresco y a nosotros se nos hace idem con la humedad del lugar; así que, liquidadas nuestras más perentorias necesidades, limpiamos de ramillas un trozo de hierba, plantamos la tienda y a las once de la noche estamos horizontales.

            La noche va a resultar estupenda sobre un lecho de arena y hierba medianamente blando y fundamentalmente larga, ya que habrá que levantarse y esperar a que se haga de día antes de salir a la carretera, y eso sucederá a las siete y media de la mañana, hora a la que nos presentaremos al día 3 de Agosto.

            Entre dos luces nos aseamos y desayunamos antes de que salga el sol.

            Relajaditos y hechos unos “brazos de mar” nos metemos al coche a las ocho y media pasadas y nos echamos a la carretera con un solo objetivo: plantarnos en Ceuta  para pasar, al menos, la noche en la estación del ferry en el caso de que se nos escape el último del día. Por ello, carretera y manta.

            Pasamos Asni y en una curva  paramos en un puesto de quincallería con la intención de comprar algún trilobites, solamente hay uno y está pegado. El morito que lo atiende, con más sueño que alma pide 40 dirhans y al final Rosa le dice que 10 o nada montándose en el coche. Carece de interés, únicamente se trata de un recuerdo que guardándolo con todo cuidado envuelto en un paño ya se le rompe. Bueno, en casa lo pegaré yo un poco mejor y a camino.

            Terminado el puerto y antes de llegar a Marrakech paramos para coger media docena de higos chumbos, pues Rosa está empeñada con probarlos. Yo casi no recuerdo su sabor pues hace muchísimos años que los probé pero lo que sí recuerdo son sus pegajosas espinas.

            Juan hace fotos, Rosa se pone morada de espinas y todos tan contentos.

            En Marrakech, como casi conocemos la ciudad, echamos gasolina en la plaza de junto a la muralla y tras pagar con dirhans, pues tenemos suficientes, tomamos sin problemas la salida hacia Casablanca.

Ceuta. 3-8-99.
 
            La carretera mejora y la circulación aumenta pero vamos a muy buen ritmo contemplando las ingentes cantidades (filas de cestos) de higos chumbos. Es la época y lo que yo no sé es que van a hacer con tanto higo pues ni siquiera creo que sean capaces ni de comérselos todos. Pero llegan en este tiempo y no deben tener nada mejor que hacer que pasar el día en la carretera a ver qué venden.

            Pasamos Benguerir y a continuación el desvío al Embalse El Massira. Más adelante atravesamos Settat.  Pasamos a hacer un café en la carretera y luego a continuación tras pasar Berrechid entramos de nuevo en terreno conocido.

Enseguida encontramos la autovía y el desvío al Aeropuerto Mohammed V.

            Por no entrar hasta el centro de Casablanca ya que la circulación a esta hora es importante, decidimos saltarnos la gran ciudad yéndonos por la carretera de Mediouna.

            Se hace un poco de calor y el ritmo es lento con tanta circulación terminarán por hacerme larga la incorporación a la autopista en medio de tanto camión.

            Ya en la autopista cogemos nuestro ritmo de 140 kilómetros por hora, pasamos  Mohamedia y Bouznica que es el lugar del área de servicio donde pernoctamos en el viaje de ida, y nos llegamos a Rabat cuando va a ser la una.

            En algún momento me despisto y no veo el indicador de autopista para Kenitra. Cuando me doy cuenta estamos entrando ya a Rabat: me he debido pasar la circunvalación de la capital.

            Se acaba la autopista y entramos en una de las avenidas de la ciudad capital del estado que está concurridísima. Avanzamos muy lentamente debido a la densísima circulación deteniéndonos continuamente en los semáforos: es la hora del mediodía. La calle, de la que ni soñamos salirnos, atraviesa la ciudad en dirección a la costa y no vemos ningún cartel direccional. Nosotros lo que queremos es salir a la otra parte de la ciudad y allí ya nos orientaremos.

            En un semáforo, un golfillo se pone más pesado que de lo que decía la cuenta hasta que me cabreo. Al fin nos deja en paz casi a la brava.

             Son las dos de la tarde y se nos ha ido una hora con el embarque de Rabat.

            Continuamos en una autopista, casi desierta, a nuestro acostumbrado ritmo. Tan desierta que ni siquiera vemos peatones cruzarla andando como a la ida.

            A las tres y cuarto paramos para comer en un área de servicio, no tiene árboles, pero  la pared trasera de la gasolinera proyecta una estupenda y fresca sombra sobre la amplia, nueva y limpia acera. Allí nos vamos a colocar. El coche lo aparcamos al lado y el paisaje se completa con una fresca brisa que convierte al momento y al lugar en simplemente delicioso, dadas las circunstancias, teniendo cierto cuidado con los platos de plástico que quieren volar.

            Juan y Rosa se van a comprar agua y cocacola frescas: Beberemos a gusto.

En el ferry. 3-8-99.
 
            A las cinco menos cuarto nos ponemos de nuevo en marcha.

            Los kilómetros de autopista que nos quedan son pocos y a pesar del calorcillo que hace, posiblemente sea el día de más caluroso que hemos tenido, se terminan pronto.

            Seguimos a partir de Larache con una carretera regularcilla que recordamos con obras de autopista a su alrededor, al encuentro del desvío, que esperamos a nuestra derecha, pues ya lo vimos a la ida, hacia Souk el Arba Ayacha. Ya tomamos nota convenientemente a la ida de no acercarnos a Tánger ni por recomendación médica.

            Son las siete cuando pasamos Tetuán prácticamente sin tocar la ciudad y la carretera, cada vez con más circulación se aproxima a la playa, nos hemos debido de ir a la costa, pues en el mapa había una carretera que iba directa a Cabo Negro. Lo cierto es que se trata de una zona turística importante. Es, desde luego, la primera que vemos y se cumple siempre lo mismo: entre la carretera y la playa se suceden hoteles de categoría, villas y urbanizaciones bastante finas y cerradas. Hay mucho portero, mucho verde y mucha gente en plan playero: Marruecos en bañador.

            Conforme nos alejamos de Tetuán se va empeorando el aspecto de playa y sus alrededores. Cuando nos acercamos a la frontera, la playa es rocosa y con poquísima arena negra y la vista del Peñón al frente. Van a ser las ocho de la tarde cuando entramos a las “instalaciones aduaneras.”

            La frontera es como un mercado marroquí: un enorme tumulto. Inmediatamente nos asaltan los cómplices de la policía de aduanas y nos ofrecen los conocidos documentos a rellenar con los datos personales, otra vez con la misma mandanga.

            Rellenos los papeles, aparcado el coche en un lado, se queda Rosa en él y con Juan y el paisa nos vamos para la aduana

            El paisa nos dice que hay mucha gente y que un trabajo rápido necesita una propina. Le preguntamos que cuánto es la propina y después de pensárselo nos dice que 100 dirhans.

            Le decimos que ni hablar, que eso no es una propina, es una limpieza de bolsillo.

            Al fin, tras algunas dudas le decimos que a tope 50 dirhans. Los toma con los pasaportes y los documentos rellenos y nos acercamos a una ventanilla sin gente.

            Presenciaremos la corrupción funcionarial más descarada que pueda imaginarse, algo que nosotros no éramos capaces de imaginar, algo difícil de creer. El paisa pasa por la ventanilla toda la documentación con el billete de 50 dirhans debajo. El funcionario la coge y lo levanta un poco, ve lo que hay y se lo devuelve todo. No es suficiente para sobornarle.

            El paisa nos devuelve la documentación y nos dice que tendremos que hacer cola allí, las otras ventanillas, algunas incluso sin cola no son para turistas extranjeros.

            Se va, pensamos nosotros, para intentar alguna martingala más y nos quedamos con Juan en la cola hablando con algunos españoles que están padeciendo la diligencia funcionarial de la aduana: la cola no avanza, sencillamente porque adentro están de brazos cruzados. No queremos imaginar lo que habrá pasado en los días de fin de mes, pero o cambia esta situación o puede explotar en cualquier día.

            Al rato nos damos cuenta de que el paisa no vuelve y nos percatamos de que se ha debido pirar con nuestra pasta ya que no se le ha vuelto a ver el pelo. Se queda Juan en la cola mientras yo me voy en su busca.

            Doy una vuelta bastante larga pero infructuosa, no se le ve el pelo a pesar de que miro hasta tras el muro de la playa.

            Pongo al corriente a Rosa de la situación y me dice que han intentado llamar por teléfono pero que se ha cortado la llamada antes de descolgar.

            A continuación me quedo yo en la cola y se marcha Juan en su búsqueda, con más suerte, lo encuentra negociando con otros y lo emprende.

-Así que, ¿ tú qué servicio nos prestas? ¿Te querías quedar con el dinero por la cara o qué?

            El paisa lo debe ver clarísimo y antes de que el cirio llegue a mayores le devuelve a Juan los 50 dirhans haciéndose el descomido y queriendo dar a entender que no quería saber nada más sobre el tema. Juan lo pone para pelar antes de darse la vuelta para la fila, que por cierto, sigue igual: en un cuarto de hora han diligenciado dos pasaportes.

            Pero el destino nos salva. Llega otro funcionario, corta la cola en dos, abre una ventanilla que no parece utilizarse habitualmente y de pone a trabajar, “a trabajar.”

            En cinco minutos diligencia cuatro pasaportes y en un par de minutos los tres nuestros y sin sudar.

            Le doy las gracias de verdad. Rosa ya ha llegado con Juan que ha ido a buscarla.

Ella tiene un rifirrafe pues se ha quedado un poco en medio pero pasa de todo.

Montamos en el coche y avanzamos hasta el visado de la documentación del coche, tenemos que hacer otra cola pero esta será breve, aunque me creo que si se nos hubiera terminado la carta verde seguro que nos obligan a comprar otra para salir, de comprobar eso si que han tenido tiempo.

            La policía ni nos mira el coche, comprueba los pasaportes y nos da el pase enseguida.

            Inmediatamente la policía española y entramos en España: Ceuta.

            Hemos pasado el vado de desinfección y aparco mientras Rosa y Juan van a cambiar los dirhans que nos han sobrado, son las nueve de la tarde.

            Enseguida nos llegamos a la estación de ferrys. Un funcionario, al ver nuestros billetes, nos conduce y la policía, con perro incorporado nos revisa un poco pero sin más.

            En la taquilla nos dicen que se ha ido el ferry hace cinco minutos pero que nos queda el de los diez de la noche, el último del día.

            No sacamos ni mesa ni sillas, pero abrimos unas latas y picamos de casi todo ya que disponemos de tiempo y de comida sobrada.

Después de cenar, movemos el coche hasta la cola y nos vamos hasta los aseos que están desinfectados con zotal. Ha debido de haber una movida salvaje durante estos días pasados.

Es totalmente de noche cuando dejamos Marruecos y dejamos Africa. Allí se queda un país con sus virtudes y sus defectos, con sus militares y su policía, con su posible felicidad y su basura. No sé qué será de ellos. Espero que no cambien lo mejor que es suyo por lo peor que le podamos ofrecer nosotros, sería un negocio infame. Pero cada vez, a pesar de todo, llegan más pateras en su calvario particular a la conquista personal del brillo deslumbrante de la viaja y ansiada Europa.

            Son las once menos cinco cuando abandonamos el puerto de Algeciras por el puente que une los muelles con la ciudad. Ahora hay que hacer algún kilómetro en busca de una salida cualquiera de la autovía para encontrar un lugar tranquilo donde montar la tienda y pasar la noche.

            A las doce de la noche nos metemos en la tienda, hemos pasado Sotogrande y en un lugar discreto damos por terminado el décimo día de actividad que ha resultado completo, aunque desde luego, no mucho más que cualquiera de los anteriores.

             Nos acostamos tarde y también nos levantamos tarde pues son la siete y diez de la mañana cuando iniciamos el día 4 de Agosto, undécimo día de actividad y último.

            Antes de las ocho estamos en la carretera sin otro fin que llegarnos a casa, de ello estamos seguros.

            En la autovía llevamos un ritmo decente pues hay mucha circulación. Pasamos Marbella, luego Fuengirola y el sol nos da de frente por lo que hay que irse con mucho cuidado.

            En Málaga dejamos a nuestra izquierda la autopista de peaje y en la circunvalación tomamos la nacional 321 que es autovía y que nos lleva hacia Antequera y Loja.

            La autovía no es extraordinaria pues se trata de una zona de media montaña, con repechos, curvas y algún que otro puerto. Luego contemplando Sierranevada, enseguida llegamos a Granada dejándola a nuestra derecha.

            La autovía mejora camino de Jaén. Hace un poco de calor cuando pasamos por La Carolina y los ondulados campos de las Navas de Tolosa y poco después nos entretenemos un poco pasando Despeñaperros.

            Valdepeñas, Manzanares, Madridejos. En Tembleque nos salimos a una vía de servicio y en una chopera con profunda sombra junto a una gasolinera paramos a comer. Es la una y media.

            A las tres menos cuarto nos incorporamos a la autovía a buen ritmo, pues estoy descansado de conducir. Pasamos Ocaña y Aranjuez y nos llegamos a la M-40, la circunvalación de Madrid.

            Hay circulación pero no es problema, en 13 minutos hacemos completa la circunvalación entrando en la Autovía de Aragón: hemos pasado como el viento.

            Pasamos Guadalajara con mucho calor y esperamos que acercándonos a Soria disminuya un poco la temperatura.

            Pasamos Torija con su blanco castillo, luego Medinaceli que nos entretiene con su arco romano perfilado delicadamente sobre el horizonte, luego Santa María de Huerta y su gótico monasterio que casi no se ve ahora desde la autovía, y en Ariza paramos a echar un trago y aprovecho para hacer ejercicios de relajación muscular del tríceps femoral de la pierna derecha que me trae mártir cuando conduzco mucho tiempo seguido. Son las cinco de la tarde.

            Pasamos Calatayud, vemos la avería de un camión que luego oiremos por Radio 5 y a las seis estamos circunvalando Zaragoza. Estamos ya de verdad en nuestra tierra

            A las siete y media llegamos a casa de Juan poniendo fin a un periplo de 4296 kilómetros, de los cuales, los últimos  2853 los he hecho en  las últimas 35 horas. Estoy harto de conducir pues me he venido de esta tacada de Asni a Sabiñánigo parando a dormir únicamente 8 horas.

            Nos capuzamos en la bañera y el caldo que sacamos no se mejora fácilmente. A pesar de que nos lavamos en el río, luego nos remojamos en el área de servicio de la Autopista en Marruecos y después nos aseamos en la gasolinera  de la autovía esta mañana, nos hemos lavado cuanto hemos podido, no ha sido suficiente y asusta el color del caldillo que echamos sobre el blanco de la loza.

            A la mañana siguiente, vueltos ya a la normalidad del aseo comprobaremos que el coche huele a perro muerto al igual que la ropa que hemos traído. Lo de la ropa se arreglará pasándola por la lavadora, serán 5 lavadoras las que incluirán hasta a las mochilas y al coche le pego una limpieza tanto por dentro como por fuera  dejándolo como si Africa no hubiera existido jamás.

            Luego ya, con tranquilidad todo vuelve a su sitio dando rienda suelta a la vida  de los recuerdos que quedan, que los hay y muchos, como siempre. Sobre todo a destacar los 4300 kilómetros hechos, los 8000 metros movidos y los 8 cuatromiles hechos en diez días y medio; la pena de no haber completado totalmente el proyecto con los 3 cuatromiles de M’Goum que vimos pero que no hicimos, las cincuenta y tres mil  pesetas cada uno que hemos gastado en el viaje; la incalificable frontera de Ceuta, vergüenza de un país que quiere europeizarse; la imagen de un continente que no conocíamos, las gentes y la montaña de la que nosotros certificamos su existencia, de esa montaña que continuamente llama a todos aquellos que somos capaces de entender su llamada.

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