26 ago. 2001

4.01. DOME DE NEIGE DES ECRINS. 26-8-2001.

Rimalla en la Dome de Neige des  Ecrins.
 
Cima de la Barre des Ecris, Pic Lory, Brecha Lory, Cara Norte y Cima de la Dome de Neige des Ecrins. Descenso a la Brecha Lory, Glaciar Blanco, Refugio des Ecrins y Pre de Madame Carle.

26-08-2001.

Salida 08 h. Llegada 15 h.

Sol.

Bastante Fácil.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

 
Mapa de la Dome de Neige des Ecrins procedente del ING. francés. Vía en amarillo.

            A la Cima de la Barre des Ecrins, situada a 4101 metros de altitud llega la cordada que hemos adelantado y les dejamos sitio, nosotros siempre compartimos. Charlamos con el que va de último al que hemos conocido y con el que habíamos charlado en el refugio y el guía se ofrece a hacernos la foto de la cima. Algo se ha debido obrar en su interior ya que ahora está muy amable y resulta ahora hasta agradable. Nosotros no hemos tenido problemas ni los tenemos ahora, él sabrá. A lo mejor ha debido reflexionar y quizás haya llegado a pensar que: estos tíos no son unos mataos, van por aquí casi como si se tratara del pasillo de su casa.

Cara Norte del Pico Sin nombre desde el Primer Resalte del Glaciar Blanco.
 
            Con quince minutos escasos tenemos suficiente. Son las ocho de la mañana, nos despedimos y nos vamos de vuelta. Tenemos todavía por delante todo el 26 de Agosto de 2001.

Dome de Neige des Ecrins desde la Arista de la Barre des Excrins.
 
            Volver al Pico Lory tiene una corta historia de cuarto de hora por camino conocido y sin crampones. Desde la cima, a 4086 metros de altitud contemplamos a una cordada que sube por la arista, a la gente que se mueve en el glaciar bajo nosotros y enseguida continuamos con el descenso de la zona más erguida de la arista pero a muy buen ritmo.

Desde la Oeste del Pic Lory la Dome de Neige des Ecrins.
 
            Poco más abajo, en un tramo de paso obligado, de los no demasiados que hay, cedemos el paso a la cordada que sube, algo lenta por cierto y cuando están terminando el paso, por debajo de ellos, nos perdemos arista para abajo.

            La poca nieve que pisamos está bastante soleada y con un tacto más amable que a la subida. Descendemos el resto de la arista siguiendo en ensamble y en el paso de salida me asegura Juan por si acaso no vaya a regalarme algún resbalón inoportuno la repisa de salida.

            No será necesario pues viniendo de roca se puede pasar con presas de manos en la pared que hacen casi prescindibles los apoyos de pies y a las ocho y media aseguro con mi piolet el paso de los socios.

 Rimalla en la Norte de la Dome de Neige des Ecrins. 23-7-95.
 
           Nos ponemos los crampones tranquilamente en la Brecha Lory y continuamos en dirección oeste por la pared superior del glaciar para atravesar inmediatamente la rimalla superior que está muy rota y enseguida alcanzar la cima de La Dome de Neige a 4015 metros de altitud, tercer y último cuatromil del día y también último por este año. Son las nueve menos veinte.

Detalle de la Rimalla en la Norte de los Ecrins.
 
            La cima está concurrida y nos vamos un poco al sur sobre unas afloraciones rocosas para comer y contemplar el paisaje. Charlamos con una pareja de italianos mientras Juan hace algunas diapositivas y nos hacen alguna a los tres.

Espléndida mañana en la Cima de la Dome de Neige des Ecrins.
 
Desde la Dome de Neige  la Barre des Ecrins y el Pic Lory. 23-7-95.
 
            Charlamos también con una pareja de catalanes y media hora después dejamos al personal soleándose en la cima y nos vamos para abajo.

En la Cima de la Dome de Neige des Ecrins. Del fondo venimos.
 
Vamos a almorzar en la Dome de Neige des Ecrins.
 
            Con los crampones puestos vamos a bajar a tren. Pasamos la rimalla más abierta si cabe, aceleramos el paso en la zona batida por los aludes, somos apedreados por alguno que anda por arriba haciendo tonterías, y salidos de la zona de caídas de materiales recuperamos la marcha y continuamos para abajo ahora perdiendo altura consistentemente.

            Son alrededor de las diez de la mañana cuando alcanzamos el rellano glaciar bajo la pared y pasado el límite al que llegan los materiales de avalanchas nos quitamos los crampones y recogemos la cuerda.

Desde la Dome de Neige des Ecrins el Glaciar Blanco.
 
            Echamos un trago con sed pues hace calor en este abrigado lugar y luego tranquilamente continuamos glaciar abajo siguiendo la huella sobre una nieve que empieza a blandear.

            Paramos a contemplar la pared comentando lo complicada que se puede poner debido a la temperatura y al montón de gente que está por arriba todavía y lo que te rondaré. Algunos puentes que hemos pasado bajando estaban complicándose a marchas forzadas. La última grieta que hemos atravesado nos ha exigido un potente salto, y cara arriba será francamente problemática.

            Nos acercamos al refugio y decidimos subir la pared de frente y desde abajo. Será un cuarto de hora de trepada entretenido, buscándonos la vida por cualquier parte. Son las once y media cuando aparecemos en la vertical del refugio.

            Nos descalzamos y con las chancletas nos metemos al refugio. Bebemos con sed, comemos lo que nos apetece, pues llevamos de sobra, aderezado con ese condimento especial que tienen algunos momentos finales  y descansamos un poco al amor de la penumbra del comedor con los relojes vitales medio parados.

            Luego montamos las mochilas, nos despedimos del personal y tras volver a calzarnos tomamos el camino para abajo. Es la una menos veinticinco.

Por debajo del Enorme Rellano del Glaciar Blanco.
 
             El descenso del tramo bajo del Glaciar Blanco es un mero trámite. Hay que bajar y lo hacemos con aire de despedida en un día  climatológicamente extraordinario. Vamos ligeros de ropa y por tanto  con las mochilas llenas aunque no pesen demasiado. Recordamos nuestro descenso anterior un tanto insatisfechos y ansiosos pues nos íbamos al Cervino, hoy nos vamos a casa.

            Terminado el glaciar nos incorporamos a la morrena lateral izquierda del mismo con gentes diseminadas por todo el camino ya que es domingo y hace buen tiempo.

            A pesar de que nuestro ritmo no es fuerte sí que es persistente por lo que vamos pasando a gente y seguimos cruzándonos con más.

            En el barranco próximo al Refugio del Glaciar Blanco echamos un buen trago pues tenemos sed y continuamos pacientemente para abajo. Alcanzamos la lengua terminal del glaciar y agradecemos el frescor que nos proporciona el agua del glaciar. La verdad es que nos encontramos un pelín machacados. De nuevo, y van tres de tres, en poco más de 24 horas hemos movido 2369 metros de desnivel de los que hoy han sido la mayoría, es decir, 1068 metros subidos y 2369 metros bajados y la sensación de desgana que se quiere apoderar de nosotros es similar a la que recordamos del 95.

            Cuesta remontar la casi imperceptible subida que tenemos tras el cruce del barranco hasta las gastadas rocas de la parte superior del escalón final; y costará más todavía bajar hasta abajo, incluso nos llegará a fallar el cálculo horario.

            Con mucha más gente que sube y baja que malagana, lo que ya es decir, descendemos el polvoriento y transitado camino que nos ha de llevar a cruzar el puente del barranco desagüe del Glaciar Negro con nuestro imperecedero recuerdo para Tito y Calvo. Siempre que venimos aquí nos pasa y hoy, desde la cima de La Barre des Ecrins, ha tomado Juan perfectamente el corredor en el que perdieron la vida.

El Rellano del Glaciar Blanco con la Barre des Ecrins y la Dome de Neige.
 
            Son las tres y cinco cuando llegamos al coche. Lo sacamos un poco hacia delante y en su lugar, a la sombra de los sauces cabrunos, preparamos la mesa y disponemos la comida.

            Será una relajadísima comida llena de sensaciones y recuerdos, el día es extraordinario y certificamos que es la primera vez que salimos de los Alpes con tan buen tiempo; además que, con seguridad, hemos tenido el mejor tiempo de todas las veces que hemos venido a Alpes y eso que hemos tenido suerte siempre. Esto dentro de un año tan malo como éste puede haber supuesto el disfrutar de la mejor semana del verano 01, ya que muy lejos quedan la tormenta y las nubes del viaje de ida.

            La cerveza está fría de glaciar y por tanto de vermut para adelante todo marcha sobre ruedas. Comemos al gusto y abundantemente pues la despensa lo resiste y los estómagos lo soportan. Postre, café, pacharán y música: estamos contentos y relajados. ¿Será la experiencia?

            Entre unas cosas y otras, hablamos de lo divino y de lo humano, se nos hacen las tantas. Tendré que llamar al orden a mis socios y a mí mismo pues estamos a 900 kilómetros de casa que a donde queremos llegar.

            Son las cinco de la tarde cuando terminamos de recogerlo todo y nos metemos en el coche. Hay que echar mano de la reserva moral ya que las ganas de conducir brillan por su ausencia.

            Poco después pasamos el Río Durrance y nos pegamos un remojón campanillero

            Cambiados de ropa, frescos y hechos unos brazos de mar nos metemos de nuevo en el coche y a la carretera. Pasamos Embrun y su enorme embalse.

            Cerca de Gap decidimos quedarnos y frente a La Roche des Armadans, en un altozano en el que se alternan pequeñas manchas de pino de repoblación con campos de gramíneas segados, en uno de ellos encontramos un pajar con un pequeño trozo  de una especie de era delante, plana y sombreada y allí nos quedamos.

            Sacamos la mesa y las sillas, abrimos una lata de aceitunas y unas cervezas frescas y allí nos relajamos como dioses en el séptimo día de la creación. No son más de las siete y media.

            ¿De dónde han salido las cervezas frescas? Pues de la combinación de la nevera y la imaginación. Subíamos hacia el Pre de Madame Carle y cuando pasamos junto al alud que llegaba casi a la carretera se me encendió la bombilla. A la bajada podíamos llenar de nieve la nevera, colocar dentro las bebidas y así no tendríamos que depender de los cubitos de hielo de alguna gasolinera.

            Cenamos tranquilamente en la agradable y reconfortante soledad del monte y a los postres descorchamos una botella de sidra  que, por cierto, está helada y brindamos, somos gente de costumbres. Brindamos por nosotros y también por las montañas que tan buenos momentos nos han propiciado, de los otros ya ni nos acordamos, y por los momentos felices que esperamos nos sigan proporcionando.

            Tomamos café y un poco de pacharán. No nos fumamos un puro sencillamente porque no fumamos y recordamos: nos vienen a la memoria momentos similares de pasadas ocasiones a la vuelta del Rimpfischorn, o del Monch, en Martigny, en Tach o en el campo base del Toubkal; momentos en los que te has dicho, casi con plena satisfacción; “misión cumplida.” Ahora cuando escribo  esto, es 14 de Octubre, no puedo dejar de pensar en Pepe Garcés que anteayer día 12 se quedó para siempre en el Daulaghiry y siento una pena tremenda porque no haya podido decir también, “misión cumplida.” O a lo mejor es que yo soy un simple y no puedo comprender que también él lo haya dicho con tanta satisfacción como pena por sus conocidos.

            Plantamos la tienda pronto y nos empiltramos

            Comenzamos el lunes 28  temprano, a las cinco y media, es de noche y la temperatura está estupenda.

            Hay que espabilarse y prestar atención recogiendo la tienda puesto que no se ve prácticamente nada. Menos mal que tengo cierta práctica al respecto.

            Ni siquiera perdemos tiempo en desayunar. Recogemos un poco el coche y nos echamos a la pista e inmediatamente a la carretera entre dos luces pues está amaneciendo. Empezamos la jornada con las luces del coche y sin circulación.

En Serres nos liamos y serán las ocho menos cuarto cuando llegamos a Bollenne, mejoramos la carretera pero aumenta la circulación pues no en vano es lunes.

            Antes de llegar a Nimes paramos a desayunar en una sombra junto a la carretera, ya que hace un rato que no nos sale nada decente para parar. El día está soleado y por aquí, cálido como no puede ser de otra manera.

            Pasamos Mompellier y nos introducimos en la autopista.

            En el área de servicio de Cousán, vieja conocida nuestra, es la  última antes de abandonar la autopista en Narbonne, paramos y almorzamos un poco. Se nos va media hora en el asunto.

            A buen ritmo facilitado por la escasa circulación nos llegamos a Carcasonne con ganas de tomar el desvío hacia Auterive y Capens. Unos kilómetros más adelante buscamos y encontramos el área de descanso próxima a Auterive, que tan bien conocemos.

            Es la una y media y paramos a comer. Luego pasamos St Gaudens, Montrejeau, Lannemezan y Tarbes.

            Subimos el Portalet y a las ocho y veinte pasamos la frontera cuando ya va cayendo la tarde.

            Paramos en Escarrilla como siempre y echamos el trago que queríamos, ya no nos queda otra cosa que llegarnos hasta el pueblo.

            En casa nos espera nuestra hija con mesa puesta y cena preparada.

            El sábado 1 de Septiembre volvemos al monte para colaborar con la Puyada y al fin de semana siguiente, aprovechando que Rosa sigue de vacaciones y se ha estado recuperando de todos los “turnos” que ha tenido que hacer en los Alpes, nos vamos a la playa para compensar los 6655 metros de desnivel que hemos movido y los enormes montones de satisfacciones que nos han regalado.

            Otro día con las familias cenaremos para “celebrar la vuelta.” ¿Alguien había pensado que teníamos la intención de no volver? Pues no tenemos planes ni nada.

            Después dejaremos correr el tiempo que ese sí que va deprisa, haré cuentas de un recorrido de 3011 kilómetros, en el que  hemos movido 6655 metros de desnivel y hemos hecho 7 cuatromiles más de los que 6 han sido nuevos y van ya 47.

            Luego, el día que el azar señale de entre el infinito calendario; ése, el esperado y por ende deseado; en el que los astros se confabulen para ofrecer placer al populacho, en ése en el que ya creamos que se han agotado todas las posibilidades para la admiración  y la existencia toda de la esperanza más estoica; veremos, por fin, las diapositivas de Juan y lo celebraremos, directamente, por todo lo alto con loas y alabanzas sin tasa ni cuento. Y no es que, como dice el anuncio de la tele, “nos ilusionemos por cualquier cosa”, no; ni mucho menos, es que resulta mucho mejor vivir a gusto hasta reventar de placer que otras músicas celestiales que se puedan ofrecer como alternativas. ¡Diga usted que sí!

Puedes ver el Comienzo.

3.01. BARRE DES ECRINS ESTA VEZ SI. 26-8-2001.

Barre des Ecrins, Pic Lory y Dome de Neige des Ecrins. 23-7-95.

Pre de Madame Carle, Glaciar Negro, Glaciar Blanco, Refugio des Ecrins, Glaciar Blanco, Cara Norte, Brecha Lory, Arista Oeste y Pic Lory.       

26-08-2001.

Salida 13 h. Llegada 08 h.

Sol.

Bastasnte fácil.

2 d.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa des Ecrins procedente del IGN. francés.Vía en amarillo.
 
            Bajados del Gran Paradiso, comemos en un  merendero y nos aseamos en un barranco. Luego por carretera nos acercamos a Turín metiéndonos en la Autopista Tangencial. Hacemos kilómetros en dirección a Susa. Cuando nos queremos dar cuenta llegamos a la ciudad y nos metemos en la autopista que soluciona el valle a base de túneles y puentes.

            Salidas… bueno, bueno; no hay ninguna. Continuamos adelante y un buen rato después aparecerá la primera en San Bertrand Oeste y hay que tomarla, ya que, esta autopista se va hacia el norte en busca del Túnel de Frejus y nosotros queremos ir al oeste en busca del Col de Montgenevre.

            Paramos en un pueblo llamado Oulx encontramos un precioso merendero y allí nos quedamos. Cae la tarde.

            Ponemos a refrescar las cervezas en la fuente, cenamos y montamos las tiendas a oscuras para pasar una noche larga cómoda y cálida al gusto de mi señora.

            Retraso todo lo que puedo el inicio del sábado 25 de Agosto de 2001. Rosa nos prepara un estupendo desayuno en medio de una espléndida mañana y tras recogerlo todo continuamos hacia Montgenevre.

En la parte alta del puerto que se encuentra sobre los 1800 metros de altitud hay pistas de esquí por todas partes y un campo de golf de 18 hoyos  a lo largo de la carretera durante aproximadamente un par de kilómetros de longitud, absolutamente original, abierto y bastante bien cuidado

Los 12 kilómetros de descenso hasta Briançon son vertiginosos pero con muy buena carretera.

Tomamos la salida hacia Gap y enseguida entramos por un desvío a nuestra derecha que nos ha de conducir hasta Vallouise sin necesidad de bajar hasta L’Argentier La Beese. La carretera es estrecha y llena de ciclistas pero como no tenemos ninguna prisa no habrá problema.

 Pasamos La Vallouise y Ailefroide con su enorme área de acampada a ambos lados de la carretera y luego la estrecha carretera, aunque no tanto como nos pareció la primera vez, que nos conduce al aparcamiento del Pre de Madame Carle lugar donde se encuentra el Refugio Cezanne a 1874 metros de altitud. Llegamos a una hora inimaginable puesto que son las diez y media.

Nos vamos hasta el refugio para olisquearlo todo y entramos en el centro de interpretación del parque. Después de buen rato decidimos llamar al refugio haciendo una concesión a mi esposa y teniendo en cuenta que será la noche del sábado al domingo y puede haber llenazo arriba.

Llaman al refugio desde el restaurante y le dicen a Juan que está lleno y ya estamos con las decisiones heroicas a pesar de la celérica y relajada proposición de Rosa: “nos quedamos aquí”, haciendo el pavo, “y subimos al día siguiente.”

Glaciar Blanco y Neiger Cordier desde el Pre de Madame Carle.
 
Yo lo tengo claro. Vámonos para arriba que ya nos harán sitio. Pues no faltaría más; y de subir material para vivaquear, nada de nada. Mi esposa retuerce el morro.

Preparamos las mochilas, comemos como generales y a la una y media iniciamos la marcha al fin por el trillado y conocido camino que en dirección nor-noroeste atraviesa el Glaciar Negro en horizontal y se eleva a lazos sobre la morrena lateral derecha del Glaciar Blanco bajo el gran resalte.

Rosa sube como en todos sus principios de caminata, repitiendo la subida de hace unos años. No nos pasa el tiempo para nada. Luego la cosa cambiará como siempre. La ventaja que tenemos es que vamos tan sobrados de tiempo que ni siquiera nos preocupamos.

Grieterío en el Glaciar Blanco.
 
Ganamos altura vuelta a vuelta y cruzándonos con mucha gente que camina entre los refugios inferiores, alcanzamos el rellano intermedio bajo el viejo Refugio Tuckett a través de materiales gastados por el glaciar.

Recuperamos ritmo y pasamos a una nutrida cordada, que parece ir para arriba, cuando ya hemos atravesado el desagüe del Glaciar Blanco y ascendemos en dirección norte hacia el Refugio del Glaciar Blanco.

Subimos el segundo resalte tras echar un trago en el rellano del ibón y dejando el refugio a la derecha nos vamos de frente por la morrena lateral izquierda del glaciar al encuentro con el mismo.

Una grieta en el Glaciar Blanco y discreta la Barre.
 
Alcanzamos el glaciar vestido de nieve blanda pero consistente en la huella. Nuestro ritmo ya es bueno. El falsamente plano glaciar tiene un par de pequeños resaltes con la huella un tanto rota. Vamos virando hacia el este.

Recordando nuestro tránsito anterior nos vamos aproximando al refugio que localizo pronto, mientras pasamos a un grupo y nos aproximamos a una pareja que nos precede en el camino.

A las cinco menos cuarto llegamos al Refugio de los Ecrins situado a 3170 metros de altitud. Hemos subido en tres horas y 15 minutos, lo que ha estado bastante bien.

A Juan le dicen que nos darán literas si quedan, pero que en cualquier caso podremos dormir en el comedor.

La tarde es espléndida pero el glaciar vomita su característico frescor que nos invita a buscar un magano más abrigado en la pared sudoeste del refugio a pleno sol, una vez que hemos puesto a secar lo que hemos sudado subiendo.

Llegando al Refugio de los Ecrins.
 
Al sol como los lagartos sobre una losa de hormigón bebemos, ponemos las memorias al día, bueno, lo de Juan es otra cosa; descansamos y recordamos: la vez anterior llegamos mucho más tarde, hacía algo de fresqui y nos metimos directamente al refugio para cenar puesto que ya empezaba a despedirse la tarde.

A las seis y media se esconde el sol tras alguna nube del oeste, recogemos seco todo lo nuestro y nos metemos en el refugio para cenar. El amplio comedor ha sido renovado,  la zona de cocina libre a un lado del comedor está nueva y el mobiliario está como si fuera recién estrenado. El agua debe de estar potabilizada ya que todo el mundo la coge y la bebe directamente del grifo del fregadero.

Teníamos prevista una buena cena ya que no había que portearla demasiado y pasamos hora y media pantagruélica, entre tajadas de pan, sardinas a barullo, quesitos, sopa, ensalada medianamente variada, fruta y café con leche además de chocolate y galletas.

Nunca habíamos reservado plaza en ningún refugio y siempre habíamos tenido sitio. Lo hacemos en esta ocasión atendiendo el ya viejo consejo de casi todos los refugios y nos dicen que está lleno. ¿Estaba lleno para montañeros  que solamente querían pernoctar  y quedaban plazas para otras gentes que fueran a pensión completa? ¿Se reserva a barullo como si se tratara de un hotel y luego si te he visto no me acuerdo?

Hacemos cola para enterarnos de nuestro destino inmediato y nos dicen los guardas que tenemos literas para dormir. Nos adjudican cuatro a falta de tres. La conclusión es lógica e inmediata: nosotros somos montañeros y no turistas. Montañeros de los de siempre que se suben su comida y se bajan su basura, alguno también baja la basura de otros; que no confunde a un refugio con un hotel ni a los turistas con los montañeros, que entiende que el precio de la tarjeta de la federación debe servir para algo más que para prestar cobertura en caso de accidente y que entiende del compañerismo en la montaña.

Al respecto, personalmente ya lo he dicho alguna vez, si un día llego a un refugio y me niegan cobijo, es posible que esa noche no la pase dentro del refugio pero será sencillamente porque la pasaré en la cárcel ya que me habré llevado por delante a algún hotelero. Por otra parte y como fin del tema nos conjuramos con Juan en no volver jamás a llamar a un refugio para reservar alojamiento y amén.

Una larga cola que termina con el pago de 47 francos franceses más 1 franco como tasa ecológica por cada uno y a las nueve nos vamos a nuestras literas.

Estoy un poco preocupado porque después de la cena me ha venido un apretón que por poco tengo que decir eso de “me he cagau.” No me atrevo ni a respirar fuerte. Menos mal que no volveré a saber más del asunto tras la toma de un tanagel.

La noche es cálida dentro del refugio y se llega a hacer calor con lo que el confort se mantiene a base de un escalonado estriptease nocturno.

El domingo 26 de Agosto de 2001llega temprano, a las tres y media, hora a la que ni siquiera han puesto las huellas en el glaciar. Pero no hay problema, los hay más madrugadores todavía que ya reclamarán para que las pongan y si fuera preciso ya las pondríamos nosotros.

Desayunamos y recogemos de manera habitual y a las cuatro y cuarto salimos del refugio. Hay luces en el glaciar.

Nos vamos para abajo en dirección sudoeste por la pared que bajamos la vez anterior y que reconocimos ayer en su parte superior más próxima al refugio. La pared nos conduce a la nieve en un punto muy alto. Está dura y el nevero muy inclinado por lo que no queda más remedio que ponerse ya los crampones.

Se nos va un buen rato con el asunto en un lugar francamente incómodo. De nuevo voy sin frontal y la compartimos con Rosa. Una vez más hemos perdido tiempo con la intención de ganarlo.

La vez anterior creo recordar que bajamos bastante más abajo por la pared y no necesitamos ponernos los crampones para incorporarnos al glaciar.

Sobre la nieve que está muy dura alcanzamos fácilmente  el fondo del glaciar y tomamos la huella en dirección sudoeste guiados por un intermitente gusano de luces. Al paso comenzamos a adelantar gente sobre un glaciar que asciende suavemente al encuentro de la pared, fundamentalmente por su orilla norte, guiados por el Col des Ecrins y en el que no hay grietas de importancia.

Complejo sistema de seracs en la Norte de la Barre des Ecrins tomada a la vuelta.
 
En una hora nos plantamos en la base de la pared que atacamos directamente por la zona centro oeste de la misma ya que la zona oeste está barrida por los aludes que bajan de una cascada de seracs localizada en una altura intermedia de la pared.

La entrada que es un tramo de casi 45º de inclinación está ocupado por dos o tres cordadas que en lazadas cortas moderan la pendiente de la pared. Juan delante marca camino de frente sin cantar “ Asturias Patria queridaaaa” ni nada.

-Oye, Maito. ¿Ves la huella?

-Sí, por aquí va. Lo he visto más claro que el agua a pesar de que es noche oscura.

-No sé, no sé.

Subimos sin concesiones.

-¡Juan! ¿Vas por la huella?

-Sí, sí. Es por aquí.

-Pues yo no la veo. Me parece que éste...

-¡Tira! Tira y calla.

Pasamos como motos. La gente de las cordadas, armada hasta los dientes ve pasar a mis socios de frente y fuera de las huellas y detrás ve a otro que va hasta sin frontal. Alguno se queda mirando: verá como nos perdemos enseguida hacia arriba en la oscuridad de la pared mientras cándidamente jurará que hay gente que va como loca por la montaña.

Dejamos atrás a la multitud y siguiendo fundamentalmente de frente, ya por la huella, acabamos el primer resalte tras el que describiremos un par de profundos lazos para salvar las grietas más bajas, que son enormes.

A continuación y ya siempre a través de una pendiente muy sostenida, terminamos de atravesar la pared hasta su parte este, cuando localizamos a una cordada que cruza más arriba al encuentro de la rimalla y de la Brecha Lory.

Amanece. Suave y persistentemente la luz del sol emerge por el este navegando sobre un inmenso mar de nubes tiñéndolo, poco a poco y delicadamente, con toda suerte de colores imaginables.

Poco más arriba giramos con la huella hacia el oeste de la pared a la vez que la huella se arrellana. Son las seis de la mañana y estamos muy altos.

Continuamos atravesando la zona batida por las avalanchas  del casquete somital de La Barre y circulando fielmente sobre la huella que pasa sobre unas brutales grietas nos llegamos a la rimalla que se encuentra bastante cerrada, aunque el paso no sea demasiado consistente.

La arista hacia el Pic Lory por encima de la brecha.
 
Enseguida alcanzamos la Brecha Lory. Estamos a 3974 metros de altitud, son las seis y media de la mañana y no hay nadie en la brecha: igual que la vez anterior, pero esta vez no vamos a caer en la misma trampa.

Saco la cuerda de la mochila y nos encordamos. Al final vamos a saber qué es lo que hay tras la entrada.

Hemos visto algo de nieve en la arista y decidimos mantener puestos los crampones; además, el paso de entrada es una estrecha y alargada repisa de hielo que conduce a un primer paso de roca largo y vertical: sol y sombra casi siempre como en los toros.

Aseguramos a Juan que sube  10 o 12 metros sobre la pared, luego sube Rosa con alguna dificultad debida más a los crampones que a la propia pared e inmediatamente detrás subo yo. Es un paso de IIº que solucionamos fácilmente.

Nos reunimos y el comentario es inevitable: así que éste es el paso en el que se eternizaba la gente...

Tiro yo delante, Rosa seguirá en medio y Juan detrás a entretenerse con el paisaje y con nuestro baile, unas veces en el filo de la arista y otras ligeramente por debajo de la misma siempre en la cara norte, un baile sencillo a pesar de los crampones. La vía está limpia de basuras, la roca está finamente decorada por las puntas de los crampones y las presas sobradas y firmes por todas partes tanto para pies como para manos.

Pic Lory desde las inmediaciones de la Barre des Ecrins.
 
Atravesamos un corto tramo mixto y acostumbrados ya a los apoyos con los crampones sobre la roca cogemos ritmo y en ensamble nos acercamos a la cordada que nos precede y sin más pasamos por debajo de ellos.

Al pasar saludo al guía que sube con sus clientes y que nos mira.

-¡Hola!

-¿Españoles? Nos ha debido oír hablar.

-Sí, españoles. Le contesto.

-¡Buena cuerda! ¿Eh?

-Buena, buena. Con ésta nos va a sobrar.

-...Je...

No le ha sabido nada bueno que le adelantáramos y muestra su mala educación y su abierto desprecio.

-Si te hace falta ya te la prestaremos. Sigo adelante ya que los socios que vienen en ensamble me pisan los talones.

Nos perdemos por la arista fácilmente ya que a pesar de que está un tanto erguida no presenta especiales dificultades. Nos quitamos los crampones y proseguimos por la arista pues creemos que ya no queda nieve.

En la Cima del Pic Lory a la vuelta.
 
Son la siete y media cuando les digo que ya ha caído el Pic Lory. Estamos a 4086 metros de altitud al sol de una mañana extraordinaria pero los chicos no quieren saber nada de parar por si acaso se enfrían y continuamos adelante por la arista que ahora se arrellana para franquear nuevas y varias brechas pequeñas con excelentes presas.

Cima de la Barre des Ecrins.
 
Quince minutos más tarde alcanzamos la cima de La Barre des Ecrins a 4101 metros de altitud cuando son las ocho menos cuarto.

La cima es una reducida confluencia de tres aristas que conforman el pico. En ella hay una cruz de hierro. Junto a la misma nos quitamos las mochilas y echamos un trago al sol de la mañana que nos ha acompañado y templado durante toda la arista. Juan hace algunas diapositivas, yo no llevo ni cámara.

Bajando hacia el Pic Lory.
 
Barre des Ecrins desde la Cima del Pic Lory a la vuelta.
 
La mañana es espectacular y el paisaje sublime: al norte La Meije y La Grande Ruine detrás de La Roche Faurio, al oeste la depresión de La Berarde al sur muy próximo el Pic Coolidge y la Arista de Coup de Sabre hasta el Macizo de Pelvoux  y rematando al nordeste con la dentada arista de La Grande Sagne.

Roche Faurio desde el Pic Lory,
 
Arista Cimera y Pared Norte de la Barre des Ecrins.
 
Comentamos la facilidad de la arista y la posibilidad de cruzarse o adelantarse en muchos tramos de la misma, algo que, por desconocimiento, nos ayudó a tomar la decisión de irnos para abajo en el 95. Rosa ha subido contenta que ya es decir, mira si lo habrá visto bien. Solamente le queda un pero en la memoria: la arista del Bernina que sigue jurando no hacer nunca más nada parecido... hasta la próxima.

Dome de Neige des Ecrins desde cerca de la Brecha Lory.
 
Mont Blanc desde la Barre des Ecrins.
 
Hemos llegado a la cima los primeros como el día del Gran Paradiso. No lo pretendíamos pero si nos habíamos prometido que no volvería a pasar lo que sucedió hace seis años. Disfrutamos un rato de una cima que nos había ocupado muchos momentos durante este tiempo.
 
Desde la Dome de Neige des Ecrins la Barre y el Pic Lory que de allí venimos. 23-7-95.
 
 

24 ago. 2001

2.01. EL GRAN PARADISO Y EL PICO DE LA MADONA. 28-8-2001.

Crresta Sur desde el Pico de la Madona.

Aparcamiento de Pont, Refugio Victor Manuel I, Glaciar del Gran Paradiso, Arista Sur y Pico del Gran Paradiso, Arista Norte y Pico de la Madonna. Descenso por la Arista Sur y mismo camino hasta el Aparcamiento de Pont.

24-08-2001.

Salida 13 h. Llegada 13 h.

Sol.

Bastante fácil.

2 d.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.       


Mapa del Gran Paradiso procedente del IGC. italiano. Vía en amarillo.


            Pasamos junto a la Estació del Teleférico de Lagalb y poco más arriba, junto a un barranco y en un ensanche de la carretera paramos a comer.

            Después vendrá el Berninapass a 2323 metros de altitud y comenzamos el descenso a la vez que comienza a chirriar la pastilla del freno de la rueda delantera. La carretera baja brutalmente 2000 metros en 35 kilómetros.

            En Tirano nos rebajan el testigo de las pastillas de los discos, continuamos hasta el Lago de Commo e inmediatamente entramos en la autovía que bordea al lago por el este en una sucesión de largos túneles en los que cogemos ritmo para compensar tramos anteriores.

            Enseguida llegamos a Lecco lugar donde termina la rama de lago del mismo nombre, cae la tarde y buscamos un sitio para pasar la noche antes del lío de Milan.

            Cuando las estrellas han salido de paseo por el cielo nosotros nos empiltramos con ganas de terminar el día. Hoy hemos acabado la primera actividad en la que hemos metido 2163 metros de desnivel, Juán y yo le hemos echado 400 metros de propina. El Piz Bernina es una montaña con carácter.

            Serán las cinco de la mañana cuando Rosa pretende que nos levantemos. ¡Esta tía quiere que hagamos el turno de la mañana! Pero nosotros nos resistimos heroicamente hasta que al final capitulamos incondicionalmente a las seis menos vente y nos levantamos para comenzar el jueves 23 de Agosto.

            Desayunamos un poco mientras amanece, dándonos tiempo para despedirnos de las estrellas.

            Pasamos Milán bastante bien, luego Santhia e Ivrea. Malas carreteras hacia Aosta que se hacen pesadas y pasar la ciudad es la leche.

Gran Paradiso desde la carretera a Pont.
 
            Vemos el desvío hacia Gressoney-La Trinité, pasamos el desvío hacia Cervinia, y nos encontramos ya próximos a St. Pierre. Allí hemos de tomar el tramo final que nos ha de conducir al Aparcamiento de Pont tras un lío considerable. Son las doce y cuarto llegamos al Aparcamiento de Pont. Los últimos 26 kilómetros se han hecho casi eternos.

            El amplio, aunque no demasiado, aparcamiento está situado a 1960 metros de altitud. Hace un día caluroso y soleado como difícilmente se pueda superar. Sacamos las tiendas, extendemos todo y preparamos las mochilas mientras Rosa va disponiendo la comida.

            Yo voy un tanto acelerado pero es que la mañana me ha probado: el tránsito entre Diavolezza y Pont se ha saldado con 392 kilómetros en los que hemos empleado 10 horas.

            La caseta de información tiene un cartel que indica:“Vengo enseguida.” Bueno, ya se sabe, debía estar puesto desde el principio del verano. Tiene una foto de la arista cimera del Gran Paradiso y nada más de nuestro interés. Juan irá repetidamente en busca de información inútilmente.

            Comemos al sol, terminamos de recoger y a la una y cuarto iniciamos la marcha sin pausa ya que está subiendo bastante gente para arriba.

            En el puente que nos ha de pasar a la orilla derecha del barranco hay un cartel que sugiere, como siempre, consultar si hay plazas en el refugio. Dan un número de teléfono pero no hacemos caso, además de que tampoco podemos hacerlo por lo que mi esposa tiene doble motivo para refunfuñar.

El Aparcamiento de Pont desde el Camino al Refugio Victor Manuel I.
 
            El camino que llanea un poco en dirección sur está trilladísimo y lleno de gente. Adelantamos a algunos enseguida, antes de que el camino  comience a empinarse a la sombra de los alerces.

Cascadas de camino al Refugio Victor Manuel I.
 
            Poco más arriba se empina más, hace calor y vamos sin agua puesto que el camino debe subir junto al barranco.

            El miedo y las dudas pueden más que nuestras convicciones y finalmente Juan se va para arriba a buen paso con intención de adelantar a gente que hemos visto salir delante de nosotros y así tratar de evitar problemas en el refugio. Nos dirá que se ha pegado una buena sudada cuando nos juntemos arriba. Yo me quedo con Rosa, la pongo a su paso y nos vamos para arriba algo más tranquilos que Juan. Adelantamos a un grupo que se nos va a pegar a los talones y somos adelantados por alguno suelto y por un par de franceses de Saint Lary Soulan con los que charlamos un poco.

            Ellos, muy pillos, no llevan reserva y quieren saber si nosotros la llevamos.

-¿Y la casa? -Nos preguntan con un buen Español mientras van adelantando.

-No entiendo lo que quieres decir. -Le contesto.- Ya me lo explicarás arriba. -Le digo yo cándidamente pues he comprendido perfectamente su mensaje y de la situación tengo más datos que ellos.

 Subimos una empinada ladera con un barranco a nuestra derecha que se nos queda un tanto hondo. Suerte que solamente tenemos que subir 787 metros de desnivel y que, aunque sea algo arriba, encontramos agua.

            Al fin, Juan ha llegado a las dos y media y nosotros lo hacemos a las tres en medio de un tropel de gente que vuelve de la excursión al Refugio Victor Manuel I.

Nuevo Refugio Victor Manuel I.
 
            El refugio está situado a 2732 metros de altitud. Consta de un edificio nuevo en forma de medio tonel, de considerables dimensiones, con capacidad para 143 plazas y al lado, el viejo refugio con capacidad para 40 plazas. No tengo ninguna duda de que tendremos plazas cosa que nos confirmará Juan de inmediato. No han alojado en la primera habitación del viejo refugio que está estupendamente con baños y aseos en la puerta de al lado y con un vigilante que los mantiene impecables.

            Hemos sudado de lo lindo en la subida  pero son las tres de la tarde  y tenemos tiempo para casi todo: ponemos lo que está húmedo a secar al sol, bebemos abundantemente para reponer líquidos, nos aseamos cada uno a nuestra manera y entre tanto va llegando gente, al final seremos una pequeña multitud que hará cierta la frase: “Mucha gente en todo el recorrido.” Nosotros vamos preparando las mochilas para el día siguiente.

La amiga de las cabras en el Refugio Victor Manuel I.
 
            Sobre las seis y media y aprovechando un rinconcillo en el lado oeste del viejo refugio, acunados por el sol, preparamos el té tranquilamente y luego cenamos dilatada y abundantemente.

            Alrededor de las ocho nos empiltramos en las literas altas que nos han correspondido para “complacencia” de mi señora.

            Rosa anda con su run-run particular por la cabeza imaginando casi todo lo imaginable para la jornada siguiente. El Bernina le ha impresionado de manera poco agradable, según dirá;  jurando que si encuentra otra arista así, se quedará. ¿Se había creído esta tía que iríamos a alguna chocolatería o qué? ¡Que mayor que está mi chica!

            La noche se viste por fin de silencio y a dormir se ha dicho.

            El viernes día 24 llega también para nosotros muy a nuestro pesar, a las tres de la mañana.

            Un grupo de catalanes, discretamente ruidosos se tiran una hora de preparativos y marchan, pero ya, la noche está sacrificada y nosotros, más despiertos que los luceros del alba, nos levantamos.

            En media hora tenemos tiempo más que sobrado  para asearnos un poco y desayunar y a las cinco menos veinte nos echamos a la noche.

            Salimos a la parte norte del refugio que está vestida con un enorme pedregal y adornado por algunas frontales dispersas incorporándose a la morrena glaciar. Juan va delante y Rosa a continuación con las frontales, yo voy detrás al tiento pues no llevo la frontal. No voy mal del todo pues con lo que veo delante de los pies de Rosa me resulta casi suficiente.

            Enseguida se va a hacer calor en una noche cálida y estrellada. Hemos salido a 2732 metros de altitud, deambulamos llaneando cinco minutos y siguiendo las citas que Juan localiza perfectamente en la pedrera iniciamos el ascenso de la morrena lateral izquierda del Glaciar del Gran Paradiso, atravesando pequeñas manchas de verdura en algún tramo pequeño del camino a la vez que viramos al este.

Inicio del Galciar del Gran Paradiso.
 
            En la parte alta de la morrena pasamos a la primera cordada. Poco después, siguiendo por la parte superior de la morrena el camino se allana un poco y adelantamos a otro grupo. Llevamos luces delante destacándose sobre el tenue claro de la nieve todavía en noche oscura.

            Enseguida alcanzamos la nieve y como está un poco dura nos ponemos los crampones cómodamente sentados sobre unas piedras, los piolets ya los llevábamos en las manos.

            Entramos en la nieve y siguiendo la huella nos vamos a subir un pequeño valle nevado que presenta un par de escalones sucesivos al encuentro del glaciar.
 
            Viramos ligeramente al sudeste para ganar altura acercándonos a la arista que tiene su origen por encima del refugio y como procedimiento de salir un poco de la subida directa del glaciar ya que presenta un importante resalte intermedio como veremos a la bajada, puesto que ahora es todavía de noche.

            En la primera hora subimos prácticamente 500 metros.

Ciarforón y Becca de Monciair desde el Glaciar de Gran Paradiso.
 
            Próximos a la arista alcanzamos a los catalanes que al final de un pequeño resalte se están encordando. Nosotros seguimos dejando gente atrás en una huella que es cómoda y más ahora que amanece.

            A continuación afrontamos el ascenso de una pendiente fuerte y consistente sobre el glaciar que se aproximará a los 35º en su parte superior con lo que superamos el segundo resalte. Son las siete menos cuarto.

            El camino se arrellana un poco y proseguimos por terreno amplio cercano a la arista que llevamos a nuestra derecha y virando paralela y conjuntamente con la misma nos vamos orientando hacia el norte. Hemos bordeado el glaciar por su orilla izquierda y nos encontramos frente al Pico Becca de Moncorve. La nieve se endurece un poco cuando de nuevo transitamos algunos tramos de pendientes escalonadas y adelantamos a la cordada que llevamos delante.

            Sabemos que el pico no se verá hasta que no estemos sobre los 3800 metros de altitud y el altímetro ya los señala. Tenemos muy próxima, a nuestra derecha, una arista y suponemos que cuando la alcancemos en un pequeño collado al que llega la huella enseguida, veremos al otro lado el campo de nieve terminal que nos deberá conducir al pico.

Vertiente Oeste del Gran Paradiso y el Pico de la Madona.
 
            Subimos los últimos 50 metros, pasamos la rimalla que está bastante cerrada y alcanzamos la arista en el que recibo la agradable caricia del sol en toda la cara que me deslumbra. Cuando recupero la visión; al este, al sol, no está el pico como imaginábamos y una fuerte pendiente se hunde rotundamente hacia abajo. Estamos en la arista cimera... y el pico está aquí mismo. La imagen que un rato antes hemos visto recortándose sobre una roca en el cielo debía ser “La Madonna”, la Virgen que dicen que hay en el pico.

            Debemos estar sobre los 4000 metros ya que nos quedan alrededor de 50 metros de desnivel y este jodido altímetro se ha vuelto a pasar pero varios pueblos.
 
            Como lo que queda ya es todo roca nos quitamos los crampones y más teniendo en cuenta las informaciones que nos anuncian un paso “increiblemente aéreo” del que el catalán nos ha dicho que él se quedó sin subirlo.

            Próximos a la arista y en su lado oeste progresamos entre grandes piedras y diminutas manchas de nieve que conforman un tramo mixto que se sube bien por cualquier parte. Subimos tranquilamente pero con ganas de alcanzar la dificultad anunciada.

Faldeo por el oeste de la Punta de la Madona.
 
            Ya muy arriba, un pequeño corredor nos lleva a la arista que no tiene nada especial, pero a nuestra izquierda una maroma horizontal rodea por el oeste el resalte rocoso.

En la Cima del gran Paradiso.
 
            Nos encordamos inducidos por las informaciones más que por lo que vemos y pasamos el fácil tramo equipado por la maroma que es una vira plana y ancha de unos 10 metros de longitud rodeando el resalte. Luego,  una vira estrecha pero suficiente para apoyar los pies y unas buenas presas para las manos permiten atravesar un pasaje aéreo y vertical sobre la cara este de la arista y por un pequeño corredor alcanzamos la arista conformada por enormes lajas planas y escalonadas que nos conducen sin más a la larga y plana cima del Gran Paradiso a 4061 metros de altitud cuando son las ocho de la mañana.

La arista es sencillamentre espectacular.
 
            Hacemos fotos y contemplamos la cara de sorpresa de mi esposísima que, decididamente, echa pestes de las referencias de las guías. La verdad es que, aun sabiendo que guiar resulta complicado, ya que la montaña es un medio muy cambiante, en este caso ha sido una auténtica pasada.

            Contemplamos desde aquí los tres cuatromiles restantes en la arista sur a la vez que vemos la llegada de los que venían detrás de nosotros al Pico de la Madonna y vemos el Pícolo Paradiso en la arista norte al mismo tiempo que estamos en medio de un dilatado mar de picos desconocidos, ya que lo que conocemos: Montblanc, Combin, Monte Rosa y Cervino quedan al norte un tanto alejados.

Trepada en la Norte del Pico de la Madona.
 
            Quince minutos después y viendo que el personal está  llegando al Pico de la Madonna, desandamos el camino hasta la misma brecha de separación  de los dos picos y llegando a la pared norte decidimos atacarla directamente sin rodear el pico. Se trata de alrededor de 10 metros bastante verticales que tienen un primer paso un poco largo y fuerte pero que una excelente roca en el filo de la arista solucionará satisfactoriamente la escalada que será de IIº con chorrada.

En la Cima del Pico de la Madona.

Pointe de la Gran Casse y Tsantaleina desde el Pico de la Madona.
 
            Son las ocho y veinticinco cuando alcanzamos la cima del Pico de la Madonna de 4058 metros de altitud. En la diminuta cima hay gente alrededor de una imagen de la Virgen de tamaño natural, sobreelevada por un trípode metálico. Es la imagen que hemos visto subiendo y de la que yo he pensado que sería alguna réplica en un pico próximo y fácil para el personal.

Cima del Gran Paradiso o Madonina desde el Pico de la Madona.
 
Desde la Madona el Central y el Roc.
 
            El paisaje es el mismo que desde el pico anterior y, por tanto, tras pedir a unos que llegan por la arista sur que nos hagan una foto, nos marchamos para abajo antes de que la multitud tome el pico.

Paso expuesto en la Este del Pico de la madona visto desde arriba.
 
            Esperamos a que suba una cordada que va asegurando hasta los parpadeos de los ojos y luego, utilizando la estrecha vira, “increiblemente aerea”, pasamos en ensamble y nos vamos para abajo hacia el collado al que llega la huella del glaciar.
El mismo paso desde abajo hacia la Madona.
 
            Próximos al collado y sobre una amplia y llana laja nos desencordamos, recogemos la cuerda y nos ponemos los crampones con toda la comodidad imaginable mientras el personal va pasando para arriba.

            Luego, como la compañía no tiene ningún interés en hacer  los dos picos restantes: El Pico Central y El Roc, y yo no insisto, nos vamos directamente al collado y de allí, por la huella, para abajo. Son las nueve de la mañana.

En la parte inferior del Glaciar del Gran Paradiso.
 
            Hacer el Pico Central de 4015 metros de altitud requiere abandonar la huella y caminar haciendo huella en ascenso a media ladera una veintena de metros  y por rocas fáciles otro tanto hasta la cima. De allí siguiendo la arista nevada había que bajar  alrededor de 50 metros y siguiendo una fina arista nevada en ascenso alcanzar la roca y progresar por ella, aparentemente de forma fácil con algún paso de IIº y alcanzar la cima de El Roc de 4026 metros de altitud. Luego la vuelta más fácil sería volver por el mismo camino hasta el collado de separación de estos dos picos y allí atravesar la rimalla que no está muy abierta  para bajar directamente a la huella 50 metros más abajo por una pendiente de nieve dura  de 40º de inclinación a lo sumo.
 
            El descenso tiene una corta historia de espaldas al sol. En menos de hora y media nos llegamos al refugio y eso que paramos repetidamente a hacer fotografías siempre, más o menos, a contraluz.  Bajamos a buen ritmo, a muy buen ritmo. Bajamos por la huella y atajando por fuera sin contemplaciones, la nieve esta  divina para los crampones.
 
            Al final de la nieve nos quitamos los crampones y en el pedregal próximo al refugio le hago una foto a Rosa con un rebaño de cabras de cuernos largos.

            A las diez y veinticinco llegamos al refugio que, por cierto, está casi desierto a estas horas. Hemos liquidado el grueso de la actividad en un pispas y de manera absolutamente satisfactoria, aunque yo hubiera preferido volver más tarde pero hacer los dos picos que quedaban en la arista.

            Deshacemos las mochilas y las recomponemos tranquilamente mientras almorzamos al suave sol de la mañana que de paso irá secando algunas cosas húmedas por el sudor.

            En mitad del almuerzo pasa el francés de Sant Lary y le pregunto qué tal la casa. Me contestará que bien, que igual que la nuestra. Nos ponemos a charlar.

            Hablamos de los Pirineos y nos dice que para el Ramougn hay que mirar porque existe una vía que cruza toda la pared y que es muy fácil. Al final le pregunto por algún pico guapo y nos contesta que “esto.”

            En el refugio pagamos 15000 liras de cada uno a 0’085 pesetas  la lira, lo que supone un precio aceptable por pernoctar allí y a las once y media emprendemos el camino para abajo. Vamos a una hora estupenda.
Allá arriba se ha quedado el Gran Paradiso.
 
            Bajamos con las manos en los bolsillos y nos cruzamos con una enorme cantidad de gente que sube hasta le refugio para dar una vuelta.

            Ya entrados en el arbolado charlamos con unos españoles y a la una menos cuarto llegamos al coche dando por liquidada una actividad en la que hemos movido 2123 metros de desnivel en 24 horas.

            La oficina de información del aparcamiento sigue cerrada. Montamos en el coche y nos vamos para abajo en busca de un merendero que habíamos visto 3 kilómetros más abajo.

Puedes ver la Continuación.