28 ago. 2005

22-05. EL PICO COLLADO DE LA RIMAYA EN UN MAL DIA. 28-8-2005.

Pico del Collado de la Rimaya. 12-8-99.

La Besurta, Refugio de la Renclusa, Glaciar de la Maladeta y Pared Norte.

28-8-05.

Salida 17 h. Llegada 14 h.

Mixto.

Bastante difícil.

2 d.

Ascensión.

 Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa del Pico del Collado de la Rimaya procedente de Prames. Vía en amarillo.
 
            Era la última actividad de Agosto y con ella rematábamos nuestro periodo vacacional, ya que Rosa había terminado con todas sus vacaciones. El verano de 2005 había sido interesante puesto que, por fin, habíamos marchado a los Alpes y realizado la travesía de La Berarde a Le Tour. Pero lo que restaba de año suponíamos que iba a dar muy poco juego ya que no dispondría de ningún puente. Por tanto teníamos que ir a Benasque aprovechando la fiesta corta de final de mes.

            El tiempo lo dan “medio medio” pero nada más,  con alguna posibilidad de tormenta. Parecía ese tiempo de verano que casi siempre sale bien y cuya predicción no es más que una cura en salud de los meteorólogos.

            El viernes 27 marchamos a Benasque a las dos y cuarto entre unas cosas y otras. La mañana ha marcado un poco de tormenta y cuando se levanta Rosa decidimos marchar finalmente.

            Antes de meternos en el coche llamamos a la Renclusa y nos dicen que podemos dormir en el refugio; de esta manera eliminamos del equipaje nuestro material de vivac y pasamos de tienda o de la incertidumbre de si puede gotear o no por la noche.

            En poco más de dos horas nos llegamos a Benasque pues se nota el tramo de Ainsa a Campo que ya está abierto totalmente. Subiendo ya hacia La Besurta Rosa habla con Biola que viene a casa en el Autobús pues luego ya no habrá cobertura y a las cuatro y media aparcamos en La Besurta.

            Nos cambiamos de ropa y tomamos el autobús que sale en esos momentos, bueno, yo creo que salen cada media hora como poco. Pagamos 3,5 euros por cada ida y vuelta lo que significa que es un buen servicio.

            La tarde tiene cierta nubosidad que interpretamos como la clásica de desarrollo vespertino y tranquilamente nos vamos hasta el Refugio de la Renclusa situado a 2140 metros de altitud tras subir 220 metros de desnivel ya que La Besurta esta a 1920 metros.

Cubeta Lacustre de Paderna.

            Son las cinco y media cuando nos apuntamos en el refugio, subimos a la habitación, dejamos los bártulos y nos vamos  a la ermita, de camino hacia Paderna. Se trata de la visita de rigor a los ibones.

En Paderna.
 
            Hacemos alguna fotografía, contemplamos los mismos paisajes de siempre y terminamos haciendo los mismos comentarios. No hay demasiados buenos sitios para vivaquear.

            Un rato después nos bajamos por el corredor del sur ya que hemos subido por el del barranco y atravesando la zona de acampada que está completamente libre nos llegamos al refugio.

Capilla de la Virgen de las Nieves en la Renclusa.
 
            En la puerta, nos reconocen la pareja de Zaragoza con la que coincidimos en el área de servicio de la autopista en nuestro viaje a los Alpes. Están haciendo encuestas por cuenta de Prames.

            Nos dicen que el tiempo les salió regular y que no hicieron gran cosa: Pirámide Vincet y la Dome de Neige de los Ecrins pero que les gustó.

            Después de cenar nos juntamos en una mesa a charlar un poco y a entretener a una alemana de Berlín que va con ellos y que tiene muchas ganas de practicar Español

             Son las diez cuando nos empiltramos. En la habitación hay luz y en comedor follón por lo que los últimos en subir a la habitación tardan bastante. Cuando se apaga la luz llega la oscuridad y el silencio que dura poco pues inmediatamente se pone a soplar  un angelito que nos puede dar la noche.

            La noche no nos la da porque al rato y jaleado por el personal, parece ser que sale de la habitación y no se vuelve a saber más del tema.

            A las cuatro y media, algunos nerviosos que vienen a la conquista del Aneto se ponen en pie de guerra y ya no habrá manera de pegar ojo. Nos han dado la noche entre unos y otros de tal manera que Rosa dirá que más nos hubiera valido vivaquear.

            A las seis no es de día pero de eso tienen culpa las nieblas. Nos levantamos al  sábado 28. En media hora recogemos, desayunamos y nos echamos a la niebla pues no le concedemos mayor importancia.

Camino que nos ocultan las nieblas. 31-7-04.
 
            Comenzamos el camino con la frontal pero enseguida se ve lo suficiente sin ella, así que por medio de una inmensa maraña de caminos y citas iniciamos el ascenso de la pared sudoeste del Pico de la Renclusa, ganamos altura a ritmo normal y vamos dejando atrás a algunos.

            Nos vamos acercando a uno de los  desagües del Glaciar de La Maladeta y sobre los 2400 metros de altitud, cuando la mayoría de las sendas se orientan hacia la Cresta de Los Portillones nosotros continuamos en dirección sur por el fondo de la canchalera granítica, con lo que quedamos solos fuera ya del mundanal ruido de los conquistadores del Aneto, aunque el colectivo de las cinco y media de la mañana nos amenice un rato la sesión mientras se acerca, a gritos, a la zona del Portillón.

            Las nieblas se han levantado un poco en general pero no tienen el aspecto ni de quedarse abajo ni de marcharse por arriba, nos dejan ver un poco y a esperar a ver qué pasa.

Por encima del Portillón Superior. 31-7-04.
 
            Seguimos ganando altura en dirección sur directos al glaciar que hemos visto un instante. En la primera hora hemos subido 450 metros largos y en la segunda otro tanto. Son las ocho y media y a la orilla inferior del glaciar nos ponemos los crampones y nos abrigamos un poco ya que hemos subido en mangas de camisa. Estamos sobre los 3100 metros de altitud

En un claro instantáneo el moribundo Glaciar de la Maladeta.
 
            El inicio del glaciar está medianamente erguido y es un mar de aguas sobre una frágil capa de hielo viejo. Qué va a ser de los Glaciares del Pirineo si los de los Alpes se calcula que han perdido un 25% de la masa de hielo en los últimos años. Ascendemos de frente hasta encontrar una grieta que sorteamos por un puente a nuestra derecha  y alcanzamos la zona  somital del mismo donde se arrellana y se viste de nieve reciente sobre restos de nieve de la temporada.

El Collado de la Rimalla. 31-7-04.
 
            Pasamos con cuidado las grietas rellenas y alcanzamos el final del Glaciar frente al Collado de la Rimaya. Son las nueve de la mañana.

            El Collado de la Rimaya que está a 3232 no es un collado en el sentido convencional de paso sencillo entre  las dos laderas de una montaña, tampoco es una brecha en el sentido de hueco estrecho y único, a lo sumo es una ligera depresión en medio de una arista absolutamente dentellada y  decididamente intransitable, al que se llega bastante mal por la cara norte y se baja peor por la sur. Nosotros lo sabemos puesto que lo conocemos, se puede pasar de Paderna a Cregüeña pero no se utiliza para paso.
 
Grieta en el Glaciar de la Maladeta.

            Las nieblas nos envuelven de nuevo pero ahora de forma consistente y a duras penas nos permiten localizar  un puente de nieve bueno para franquear la rimaya al este del collado como vía para ascender con relativa facilidad al Maladeta.

            Localizado nos vamos hacia el centro del collado alcanzando la rimaya en la base de la pared, una pared joven, descompuesta y llena de basura que cuanto más avanza la temporada más difícil resulta de subir ya que la nieve cada vez se queda más abajo.

La Noroeste del Pico del Collado de la Rimaya. 22-5-10.
 
            Comemos un poco aunque a Rosa no le apetezca pues en la montaña hay que comer cuando se puede y no cuando se quiere.

            No queremos llegar al collado ya que no conduce a nada, nosotros buscamos o bien la arista oeste o bien algún corredor al oeste del collado que nos permita ganar la arista fuera del collado y más allá de las dos primeras agujas, que completamente descoyuntadas, amenazan la ley de la gravedad.

            En el fondo de una depresión de viento, buscando un poco el abrigo, nos colocamos los chubasqueros ya que se ha puesto a  aguanevar. El día se estropea finalmente.

            Rosa se queda allí mientras yo salgo de la depresión e inicio el descenso por el crestón nevado en dirección oeste. Voy en busca de algún corredor practicable.

Glaciar de la Maladeta desde el Mir. 12-8-99.

            Unos metros más al oeste inicio el ascenso de otra cúpula nevada que se incorpora a la pared y en la base encuentro huellas que se van más al oeste en ascenso.

            ¡Esto es lo que buscaba! Las huellas ascienden la cúpula, se aproximan a la pared y terminan en la rimaya medio taponada. Unos metros más al oeste hay un puente  de hielo viejo que está divino. Al otro lado hay una pared con  posibilidades.

            Vuelvo a por Rosa, pasamos el puente, subimos un corto resalte escalonado de hielo negro muy vertical, nos quitamos los crampones y los dejamos allí mismo junto a los piolets.

            La mañana está fea entre las nieblas y la casi constante precipitación que ahora es de nieve dura pero sabemos que el Pico Collado de la Rimaya está aquí mismo, y también sabemos que el tema puede estar complicado en estas condiciones. A pesar de ello decidimos ir para arriba.

            Empezamos haciendo una sencilla y pequeña ida y vuelta hacia el este para salvar una primera placa vertical y seguidamente dudamos sobre qué corredor de los dos tomamos, optando por el de nuestra derecha.

La cresta hacia el Collado de la Rimaya desde el Cordier. 12-8-99.
 
            Está muy descompuesto en la parte inferior y lleno de tierra negra y húmeda pero con cuidado y buscando repisas ascendemos unos metros. Poco más arriba el corredor se estrecha con una pared de lajas muy lisas en la parte este y un pilar vertical de viejo granito en la zona oeste. Subimos 4 ó 5 metros bastante erguidos y ya con buena roca aunque las presas sean menores y menos abundantes.  El corredor se estrecha un poco más y se pone vertical con muy buen granito. Pero el granito viejo está llano de líquenes y la roca muy mojada pues ahora llueve y no corre nada de viento.

            Mi chica se queda en un nicho mientras yo pruebo un  paso muy largo del que desisto por las condiciones del terreno fundamentalmente  y porque luego hay que bajarlo.

            Hemos ido encontrando cintajos en el ascenso, estamos en el camino, lo sabemos, el paso es por el pilar de nuestra derecha que tiene buenas presas pero sin asegurar y con el granito lleno de líquenes y mojados no es aconsejable aunque justamente encima, el corredor se arrellana y se ve fácil la continuación. Por tanto, nos damos la vuelta, bajamos unos metros y bajo un extraplomo nos sentamos un poco pues sigue lloviendo y aquí tenemos abrigo.

            Va pasando la mañana pero no tenemos prisa. El ambicioso objetivo que teníamos creemos que está listo en estas condiciones. Vamos a aguardar un poco a ver si afloja la lluvia y nos vamos por el otro corredor.

            Un rato después cesa un poco la lluvia y destrepamos con todo cuidado el corredor que hemos ascendido guiados por algunas citas que he dejado estratégicamente.

            Bajamos hasta justamente encima del lugar en el que hemos dejado el material y nos introducimos en el corredor que decía Rosa, ligeramente al este del que hemos empleado.

Se trata de un tramo de pared similar. Cuenta con una parte inferior descompuesta y llena de basura para luego irse limpiando poco a poco y terminar poniéndose vertical con un diedro orientado un poco al este del corredor.

Pico del Collado de la Rimaya desde el Cordier. 12-8-99.

            Es un paso largo en el que hay que utilizar una presa amplia y lisa pero bastante inclinada al vacío. Da “cosa” meter la bota allí para izar casi todo el peso del cuerpo sobre ese resbaladizo apoyo, pero el granito resulta adherente y se sube bien.

            Ayudo a Rosa desde arriba y luego tras un flanqueo un tanto al este, a través de un caos de grandes bloques graníticos un tanto inestables salimos de la pared y  alcanzamos la arista. Allí nos recibe el viento la niebla y la lluvia. ¡Menudo panorama!

            Hacia el este, lo poco que vemos de la arista parece horroroso aunque sabemos que la niebla colabora mucho en estos casos. Hacia el oeste, que es hacia donde vamos hay una cita.

            La arista es afiladísima pero está abierta y ofrece defensa. Progresamos unos metros, faldeamos un pequeño centinela, bajamos a una pequeña brecha y proseguimos por otro trozo de arista afilado pero con buenas presas. Finalmente salimos de otra pequeña brecha hacia la pared sur, ascendemos una laja lisa, muy erguida pero con un escalón intermedio y nos encaramamos  en la laja superior en la que culmina la arista.

Cordier y Rimaya desde Abadias. 23-8-97.
 
Creo que estamos en el Pico Collado de la Rimaya a 3265 metros de altitud. No he estado nunca y por tanto no lo conozco y tampoco hay materiales para que haya monolito cimero. Son las diez y veinte.

            Los dos no cogemos arriba y tengo que fotografiar a Rosa desde un poco más abajo. Hacia el oeste las nieblas no dejan ver nada, hacia el este lo que hemos visto. Bajamos unos metros y en un breve abrigo de la lluvia y el viento nos detenemos y esperamos un poco a ver si levantan algo las nieblas y podemos ver algo.

            Estaremos casi veinte minutos y a duras penas puedo echar una fotografía al Ibón de Cregüeña entre nieblas. Luego ya que nos hemos recolocado las ropas, que Rosa me ha hecho alguna fotografía y comprobado que estamos hartos de agua nos vamos para abajo. Esto se ha parecido al Falisse pero con roca mojada.

            Solamente me anda por la cabeza una cosa, la roca puede estar terrorífica tan harta de agua, o a lo mejor no. Ahora cae agua en condiciones, los pantalones se pegan a las piernas como lapas, el cuerpo lo llevamos seco pero el resto...

            Ahora es el momento de demostrar que en la montaña hay que estar a la altura necesaria empleando todos los conocimientos que te han de permitir con seguridad salir de ella.

            Descendemos  con paciencia y cuidados infinitos, caen piedras de la pared, más o menos cerca, produciendo algunas de ellas alarmante estrépito, yo disimulo y resto importancia al tema aunque la procesión me va por dentro puesto que ha caído una  tan tremenda que Rosa no ha podido reprimir esa pregunta cuya respuesta ya conocía; pero ni siquiera eso nos desconcentra. El paso complicado no lo es demasiado, luego las citas que también he dejado nos confirman  la vía de descenso, dudamos un poco ya al final puesto que hemos dado algunas vueltas entre los dos corredores pero finalmente alcanzamos el material sin un solo resbalón.

¡Bravo chavala! Descender la pared se nos ha llevado algo más de media hora. ¡Ha sido un trabajo duro!

            Nos ponemos los crampones, pasamos la rimaya y nos vamos para abajo.

            Sigue lloviendo pero menos. Lo de la pared ha sido de diluvio entre lo que caía y lo que escupía la pared harta de agua.

Bajando de Maladeta el Collado de la Rimaya y detrás el pico del mismo nombre. 22-5-10.
 
            Bajamos todo lo que podemos por el glaciar convertido en un auténtico torrente. La última lengua está francamente tiesa pero es igual. Debajo nos quitamos los crampones, recogemos los piolets y casi deja de llover. Las nieblas siguen tapándolo todo.

Pico del Collado de la Rimaya de Le Bondidier. 12-8-99.
 
            De allí para debajo de piedra en piedra aprovechando que nuestras botas adhieren bien sobre el granito, coincidimos con las citas de subida y bajamos al encuentro de caminillos sin importarnos en absoluto perderlos o recuperarlos, ya aparecerá La Renclusa cuando toque. Ha dejado de llover y comienza el tiempo de irse secando.

            Y claro, casi dos horas después de pasar la rimaya aparece el refugio entre nieblas.

            Entramos al refugio y nos ponemos a comer cuando es la una y media. El comedor está algo más de medio, el personal parece ser que se ha dado la vuelta mayoritariamente y los tres franceses nos han dicho que no han hecho “sommet”. Bueno, todos hemos vuelto y algunos no podrían jurar dónde han estado. Al mal tiempo para qué se le va a poner mala cara si ya vale con la suya.

            El comedor está templado, no se nos hace fresco, se está muy bien pero hay que irse para abajo. A las dos y cuarto salimos hacia La Besurta y en el descenso hasta sale un poco de sol.

            Tomamos el autobús a la carrera y a las tres estamos en el coche.

            Luego, a petición de mi chica subimos a contemplar el adefesio de los Baños de Benasque y luego para casa con un poco de sueño debido fundamentalmente al cansancio provocado por la tensión en el descenso de la pared más que por los 1400 metros movidos.

            Antes de las seis estamos en casa. Han caído unas gotas aquí. A nosotros nos han caído más.

             

           

12 ago. 2005

10.05. DE LA BERARDE A LE TOUR. ETAPA 10 Y FINAL. DE LA CABAÑA DE ORNY A LE TOUR. 12-8-2005.

En el Plateau de Trienet con la Fourche, Tete Blanche y el Col de Tour.

Col d’Orny, Plateau de Trient, Col du Tour, Glaciar de Tour y Le Tour.

12-08-2005.

Desnivel ascendido 470 m

Desnivel descendido 1828 m.

Distancia recorrida 14000 m

Tiempo efectivo 05:30 h.
 
Sol.
 
Bastante fácil.

No hay demasiados lugares para el aprovisionamiento de agua pero se sale de refugio y se pasa por otro fuera ya del glaciar.

            Llegado el final, terminada la travesía, sin querer te instalas en la más profunda pasividad, en ese relajo desde el que esperas no sabes qué, miras y no ves, dejando vagar tu mente de manera absolutamente ociosa y en un momento inesperado sonríes tontamente dando gracias al destino que ha propiciado la satisfactoria consecución del proyecto, haciéndote inmensamente feliz una vez más. ¡Bravo chavales!

            Y realmente te sientes incapaz  de realizar cualquier cosa que implique una simple actividad mental.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Orny a Le Tour procedente de Landeskarte der Schweiz. Vía en verde.
 

Glaciar de Orny hacia el Col de Orny.

Hemos bebido tanto líquido que a las dos me levanto al aseo aprovechando que Rosa también lo hace. El cielo está lleno de estrellas y de vuelta a la cama mi mente se va por las alturas sin sueño. ¡Qué bien se está!

A las cinco nos presentamos en el viernes 12 de Agosto y final de nuestra travesía. Es noche cerrada y tranquilamente nos aseamos como unos “dandys”, desayunamos más tranquilamente todavía y lo disponemos todo para la marcha mientras amanece.

Quiere amanecer cuando abandonamos el Refugio de Orny.

A las seis de la mañana salimos del refugio y nos vamos por el caminillo sobre la morrena en dirección este para pasar junto al pequeño lago situado al este del refugio y descendiendo unos metros alcanzar el Glaciar d’Orny. Cuando vamos a entrar al glaciar advertimos que el grupo que va a las Agujas du Tour ha salido en horizontal por otro camino que va también al glaciar pero algo más al este.

Como no tenemos prisa decidimos  en lugar de entrar al glaciar aquí,  ascender de frente la morrena descompuesta e inestable y alcanzar el camino superior. De paso les damos tiempo para que vayan delante mostrándonos el camino por si pudiéramos tener algún problema de orientación en el Plateau de Trient.

Mar de nubes al amanecer por debajo de Orny. Se asoma el Combin.
 
Son poco más de cinco minutos los que empleamos en tomar el camino superior a través de una inestable y empinada pedrera granítica, tras la paradilla correspondiente para recoger los crampones y los piolets que los llevábamos en las manos.

El camino, prácticamente de llano progresa al encuentro del glaciar para incorporarse al mismo alrededor de 800 metros más al este, poco más arriba, dando tiempo a que el sol vaya emergiendo del enorme mar de nubes que colmata los fondos de los valles.

Entramos al glaciar con el grupo delante y progresamos por el mismo lentamente puesto que no queda nieve de temporada y el hielo liso en suave pendiente obliga a buscar presas para los pies.

El grupo se detiene finalmente para encordarse y ponerse los crampones y nosotros, tras ponérnoslos también les dejamos con sus lentas maniobras y marchamos para arriba.

Glaciar de Orny desde el col del mismo nombre.
 
Sorteamos alguna pequeña grieta al entrar sobre glaciar cubierto ya de nieve de la temporada y enseguida alcanzamos el Col d’Orny en su punto más bajo.

Se trata de un amplio y plano collado por el que se accede al amplísimo Plateau de Trient. Son las siete de la mañana, nos encordamos prudentemente, echamos la despedida al Glaciar d’Orny y accedemos al plateau por su parte este a 3098 metros de altitud.
 
Depresión del Plateau de Trient hacia el Col de Balme y Pointe de Orny.

Se trata de una meseta glaciar a la que le calculo sobre 300 hectáreas de superficie ligeramente deprimida hacia el norte.

Refugio de Trient elevado sobre el Plateau de Trient.
 

Inmediatamente comienza el espectáculo que vamos a disfrutar “tranquilamente” luego, ya que nuestro camino no tiene ninguna dificultad y las grietas son perfectamente visibles. Ahora la vista se nos va atropelladamente de un sitio a otro: mira allí... y allí y aquello de allá... Nos olvidamos del camino.

 


Agujas Dorades desde el Plateau de Trient.

 
Hemos dejado debajo y detrás, al este, toda la desconyuntada Arista del Portalet con su impresionante conglomerado de agujas y al sur aparecen los ocres y cálidos paredones de las Agujas Doradas agrupadas en cuatro fantásticos bloques.

Cerca de la Fenetre de Saleina.

Detalle de la Vertiente Oeste de la Fenetre de Saleina.
 
Ganamos suavemente la parte central del Plateau en dirección sudoeste y adivinamos de inmediato la espectacular Fenetre de Saleina, muy oscura todavía en la sombra y un tanto hundida. Seguidamente y al sudoeste las esbeltas torres de La Fourche. Detrás de este zócalo asoman tímidamente, bañadas de luz, las últimas rampas de la norte de las Agujas de Argentieres y de Chardonet.

La Fourche desde el Plateau de Trient.
 
El oeste se inicia con la semilunar Tete Blanche en la que hay una cordada haciendo hielo y los pináculos graníticos que jalonan el Col du Tour, nuestro destino inmediato.

Agujas de la Norte del Col de Tour.
 
Al norte del collado la meseta se va elevando para coronarse sucesivamente con las Agujas del Col Superior du Tour y  las Agujas du Tour y du Pissoir hacia las que evolucionan gentes aparecidas por el Col du Tour.

Depresión hacia el norte desde la parte alta del Plateau de Trient.
 
El norte queda libre para que el glaciar como un inmenso mar se desplome, fuera de nuestra horizontal vista, formando los Glaciares de Grands y Trient y al nordeste las, oscuras al contraluz de la mañana, Petite Pointe d’Orny y la Pointe d’Orny en cuya ladera se sitúa el enorme caserón del Refugio de Trient.

Agujas de Tour desde el plateau.
 
Aquí estamos porque aquí queríamos venir a ver toda esta inigualable maravilla. El día es de esos de los que solamente entran cinco o seis en docena.

Hay una huella no demasiado marcada pero que se puede seguir sin ninguna duda y que suponemos que nos llevará al Col du Tour. Pero aunque se puede llegar enseguida, a nosotros nos va a costar un buen rato pues estamos pegando fuego a nuestras cámaras fotográficas.

El col de Tour.
 
He resistido la tentación de proponer a mis socios alcanzar la Fenetre de Saleina y asomarnos a la cabecera del Glaciar de Saleina  porque a pesar de que no se nos hubiera llevado demasiado tiempo, no he considerado conveniente  perder tiempo siendo que nos espera un largo descenso y nuca se sabe cuánto nos va a costar. Por tanto ascendemos suavemente las finales eses de la huella y alcanzamos el Col du Tour situado a 3281 metros de altitud cuando son las ocho de la mañana.
 
En el Col de Tour.

Nos hacen un par de fotos en el collado pues hay personal vario y cinco minutos después, despedidos del Plateau, nos vamos por el sombreado lado sur del mismo, ya que hay un gendarme que lo divide en dos.

Inicio del descenso del Col de Tour.

La Aguja de Chardonet al este del Col de Tour.
 
Abordamos el descenso de una pared granítica  de grandes bloques por entre los que no va la vía de descenso, que se ha ido por el lado norte; pero no tiene otra complicación más que el tamaño de los bloques que nos va a obligar a pasos un tanto atléticos en una placa final algo lisa para hacerla con los crampones puestos.
 
Todavía es buena hora para pasar grietas.

Vertiente oeste del Col de Tour.

Son alrededor de 30 metros que se llevan su tiempo por culpa de la pereza que nos ha dado volver sobre nuestros pasos. Luego, alcanzamos el glaciar sin rimaya y tras organizar un poco la cuerda nos vamos para abajo en dirección este por un corredor de nieve dura que se va ampliando conforme perdemos altura.

La Norte de la Aguja de Chardonet.
 

El Glaciar de Tour nos va a sorprender agradablemente tanto por sus dimensiones como por su espectacularidad. Enseguida se amplía y nosotros nos vamos por su orilla norte hacia un par de espolones rocosos que bajan de la parte norte del collado. Es la zona en la que mueren las grietas ya que está bastante agrietado.

 


Macizo de Montblanc destrás de la Aguja de Argentieres.

 
Pasamos frente al segundo espolón y nos encontramos de nuevo en medio del glaciar. A nuestra derecha van apareciendo campos glaciares provenientes de las Agujas de Tour y de Pissoir y nosotros continuamos descendiendo ahora en dirección noroeste para, transitando zonas de pocas grietas, progresar hacia la orilla norte del glaciar.
 
Contraluz sobre las Agujas de Genepy.
 
Nieve reciente que tapona grietas en el Glaciar de Tour.
 
Casi en la orilla, nos queda todavía el muribundo brazo norte por atravesar, nos vamos para abajo por una morrena central que baja en  nuestra dirección, pero no será buena idea ya que, unos metros más abajo se convierte en una vertical y lisa pared metamórfica que nos obliga a volver sobre nuestros pasos y a ponernos de nuevo los crampones.
 
Finalizando el tránsito glaciar en el Refugio Albert I.

En dirección este bajamos el brazo norte del glaciar vestido de hielo viejo ya y justo antes de que se inicie la cascada de seracs salimos del glaciar, nos quitamos los crampones y tomando el camino de la morrena lateral derecha descendemos los últimos 100 metros que se hacen largos y que muy escalonados nos depositan en el Refugio Albert I. Situado a 2702 metros de altitud.

Llegando al Refugio Albert I.

Son las diez y cuarto y en la terraza situada al este del  edificio inferior del refugio recogemos los bártulos y almorzamos tranquila y cómodamente al sol.

Seracs de la Lengua Terminal del Glaciar de Tour.
 
Un helicóptero llega con cargas cuando ya estamos dispuestos a continuar con nuestro descenso. Son las once de la mañana y nos vamos para abajo por el camino que transita la parte superior de la morrena lateral  derecha del glaciar.

El camino está muy transitado y nos cruzamos con gentes que suben y que tienen más aspecto de excursionistas ocasionales que de montañeros. Además baja sin contemplaciones.

La espectacular Morrena Oeste del Glaciar de Tour y la Aguja de Chardonet que se esconde.
 
La explicación es bastante sencilla y comprensible: la gente sube a contemplar la cascada de seracs del Glaciar de Tour pero el primer tramo del desnivel lo hace con un teleférico de la estación de esquí de Le Tour, alcanzando el camino de la morrena en su parte intermedia sobre los 2400 metros y prácticamente en horizontal.

Nosotros bajamos a buen ritmo la segunda parte de la morrena en dirección oeste-noroeste pues se trata de la continuación de nuestro camino a la salida del glaciar, dejando a nuestra izquierda una espectacular cascada de serács que es lo que busca el personal y nos cruzamos con mucha gente que sube acalorada.

 
A partir de la confluencia con el camino que viene por el norte desde el teleférico, bajamos  en dirección este, completamente solos y eso también tiene su explicación como comprobaremos cuando lleguemos abajo: la morrena en concreto es una perfecta flecha que desciende por encima de los 1000 metros de desnivel hasta que desaparece en el vertical paredón terminal del glaciar. Yo creo que no he visto jamás una morrena tan rectilínea y con tanto desnivel como ésta.

Parte terminal de la morrena y Le Tour.
 
El glaciar desaparece hecho espumoso torrente en una fuerte pendiente, pasamos cerca de la captación de agua y seguidamente, la morrena se difumina en un vertical paredón sobre los 1700 metros de altitud.

Si hasta ahora el camino en la morrena bajaba muy consistentemente ahora se va a derrumbar materialmente por la pared. Un camino inimaginablemente vertical practica sucesivas e inverosímiles lazadas sobre una pared de verdura arbustiva que nos recuerda algunos de los pasajes más verticales del camino que va desde Pineta al Collado de Añisclo.
 
Antes de iniciar el último tramo de descenso hacia le Tour.

Con él hacemos una travesía hasta incorporarnos a un pequeño corredor situado un poco más al norte del valle glaciar por el que hemos descendido. Casi abajo nos cruzamos con un montañero, con un chaval jóven sin saber quién le habrá engañado y con un pequeño grupo de excursionistas a los que sencillamente  compadecemos. Había que bajar mucho pero de qué manera hemos bajado. La subida tiene que ser absolutamente salvaje y no la querríamos para nosotros bajo ningún concepto, pensamos ahora que estamos en este lugar y en este preciso momento, desde nuestras almas clementes de montañeros. Mas la realidad se impone a las caritativas especulaciones y  deja latente una maligna pregunta: ¿pero se puede saber que hemos estado haciendo en estos diez últimos días?

Epilobium nuestra flor preferida en los Alpes.
 
Parece ser que estamos rematando la última bajada de nuestra Alta Ruta y abordamos la enorme pradera alpina en la que hay instalados un par de arrastres en lo que debe ser el “baby” de la estación de esquí. Son las doce y media de la mañana cuando entramos en las primeras casas de la Estación de Esquí de Le Tour a 1453 metros de altitud poniendo fin así a medio día en el que hemos subido solamente  470 metros, hemos bajado 1828 metros, hemos recorrido alrededor de 14 kilómetros y hemos caminado efectivamente durante cinco horas y media.
 
Pradeío alpino y Glaciar de Tour.

En la primera calle del pueblo localizamos la casa natal del Guía Croze y al final de la misma está la parada del autobús frente al enorme aparcamiento de la estación del teleférico, ahora lleno a rebosar de coches.

Hay una fuente, un banco y un cartel que nos dice que el próximo autobús será a las trece horas. Tenemos pues, por tanto, media hora para comer un poco mientras esperamos.

Preparamos un poco de agua, bebemos, pero en lugar de comer decidimos marchar andando hasta en pueblo al objeto de intentar comprar pan y así ya podemos encadenar el regreso pudiendo comer, si fuera necesario en el tren o en el autobús en caso de que no tuviéramos esperas intermedias. Grenoble queda muy lejos y si queremos llegar antes de la noche habrá que tener algo de suerte.

Apenas caminamos diez minutos, entramos al pueblo, no vemos tiendas pero si una parada de autobús y al autobús que llega inmediatamente.

Montamos, pagamos 1,5 euros y nos sentamos hasta Chamonix.

Por allí teníamos que haber salido.
 
Viajamos con el vacío relajo del momento y con la minúscula inquietud que proporciona la inmediata vuelta. Me entretengo tontamente contemplando la videoprogramación de paradas del autobús mientras espero poder hacer alguna fotografía al Glaciar de Argentieres.

El autobús para en el pueblo justamente en frente del lugar en el que dejamos el coche y que rescatamos para marchar hasta Bourg St. Pierre cuando hicimos la Chamoniz-Zermat. Yo hago la fotografía pero saldrá con reflejos del cristal.

Luego, el autobús lo recorre todo, pasamos por el aparcamiento del teleférico que sube hacia el glaciar para luego enfilar hacia Chamonix.

En Chamonix va de un lugar a otro pero nosotros no sabemos dónde nos interesa parar para quedar cerca de las estaciones. Finalmente cuando ya vuelve hacia el centro nos bajamos.

Es la una y veinte, hace calorcillo en un tremendo día de sol y tenemos que comprar además de localizar las estaciones de tren y de autobuses.

No nos saben indicar la estación de autobuses pues parece que preguntamos a turistas y entramos a comprar en un super muy próximo al centro.

El cajero del super tampoco sabe gran cosa por lo que decidimos seguir los carteles de la estación de ferrocarril. ¡Cómo se nota que a Chamonix siempre vamos en coche particular!

Después de un considerable paseo llegamos al recinto de la estación del ferrocarril pero merece la pena puesto que allí también esta la estación de autobuses.

No hay autobuses a Grenoble. Me parece raro que no haya aunque sea con trasbordo en Albertville pero... En la estación del ferrocarril no hay problema, los billetes son algo caros puesto que hemos de pagar 27 euros cada uno, no hay nada más rápido; sale a las cuatro y diez, tenemos que hacer algún trasbordo y al final nos entra en la cabeza que llega a Grenoble a las nueve de la noche. ¡Será posible!

Por tanto, tenemos tiempo para comer tranquilamente.

Busco alrededor de la estación y enseguida localizo los jardines de una iglesia reformista. A Rosa le parece un poco raro, pero allí comeremos tranquilamente y a la sombra sobre la hierba de alrededor de la misma.

Son algo más de las dos de la tarde y tenemos comida suficientemente sobrada. Hemos comprado pan y fruta, así que, nos despachamos a gusto. Hasta nos hacemos un poco de nescafé aunque Juan no quiere en modo alguno, no sabemos si para no ponerse nervioso o para que no le quite el sueño por la noche.

Comidos, Juan se va a dar una vuelta por el centro pero a mí no me apetece moverme con la mochila, pues se me han ido las apetencias de caminar y prefiero quedarme tranquilamente en la sombra.

Juan hará lo de siempre, es decir: Casa de los Guías, visita a Saussure y repaso a alguna tienda de material deportivo de la calle Mayor. Nosotros a las cuatro menos veinte cargamos con las tres mochilas, nos acercamos tranquilamente a la estación que está aquí mismo y nos sentamos en un banco de la sala de espera junto a las mochilas.

Instalados en la pasividad más profunda dejo vagar mi mente, y mientras mis ojos se posan en cualquier objeto o persona de nuestro alrededor, mi mente da gracias al destino que ha propiciado la satisfactoria consecución de nuestro objetivo, permitiéndome ser inmensamente feliz una vez más. ¡Bravo chavales!

Llega Juan y nos vamos al andén pues hay bastante personal.

A las cuatro y diez pasadas montamos en el tren que llega algo lleno pero a pesar de ello tenemos asiento hasta San Gervais. Allí vamos a hacer nuestro primer trasbordo, no sin antes comprobar que se trata de un tren chu-chú y que además de parar hasta donde no está escrito en el libro de ruta, va a velocidad de caracol.

El tren está caliente, algo sucio y no hay agua en los aseos.

A instancias del revisor bajamos del tren, cambiamos de andén y esperamos unos minutos para tomar un segundo tren.

Se trata ahora de un tren compartimentado que va bastante vacío y en el que vamos a disponer de un compartimento para nosotros solo.

Nada más ponerse en marcha nos vamos al aseo. Rosa se pega un mal remojo y se marcha para afuera pues le da cosa el tema. Yo me quedo, me vuelvo a cerrar por dentro y me dispongo a pegar un lavado como un angel: cuerpo, piernas, pies, cabeza y alas.

Hay agua abundante, el aseo está limpio y hay papel suficiente para complementar a nuestra pequeña toalla y dejarlo limpio y recogido posteriormente.

Llama el revisor un par de veces y no me corto un pelo. Le grito que está ocupado y si vuelve a llamar le abro y se lo digo en las narices.

Salgo tranquilamente cambiado de ropa y hecho un brazo de mar y no es necesario que le explique nada al revisor que lo ha entendido perfectamente.

Mis socios no me imitan, ellos sabrán por qué, a pesar de que eso sea algo corriente en los tiempos que corren. Además el precio que nos han cobrado por el billete debía incluir el baño.

El tren más que despacio es que primero para bastante y segundo se va a dar una tremenda vuelta hasta Annecy para luego bajar hacia Grenoble.

Yo tranquilamente y relajado repaso un poco por encima los diez días de travesía que globalmente me han dejado un grato sabor a pesar de que ahora lo contemple como bajo los efectos de la anestesia y me parezca hasta un poco irreal.

La tarde va pasando y el tren se ha ido llenando conforme nos aproximamos a Aix Les Bains que es el lugar donde hemos de hacer nuestro segundo trasbordo.

Al llegar a la estación, de nuevo nos dan prisa para que cambiemos de tren pues parece ser que vamos con un poco de retraso. La verdad es que no tardamos un verbo en montar en  el otro tren y además los revisores son los que se han cuidado de que no nos confundiéramos ni retrasáramos  y así pudiéramos perder el enlace.

El nuevo tren tiene mejor aspecto y parece más rápido aunque no se emplee a fondo. Ni siquiera entramos a los compartimentos  pues nos quedamos en los asientos laterales de la zona de equipajes y tránsito. Allí pasaremos la última hora de nuestro viaje especulando si llegará o no a la hora prevista pues está empezando a anochecer cuando transitamos por la zona en que llegamos a Grenoble pero por carretera.

Finalmente a las nueve el tren para en la estación de Grenoble. Estamos donde queríamos estar pero por la hora en que hemos llegado a Chamonix yo hubiera jurado que tendríamos que haber llegado antes a Grenoble.

Hubiera sido preferible haber podido salir a la carretera de día para alejarnos lo suficiente de la ciudad y buscar un lugar discreto para acampar antes de que cayera la noche pero una cosa son los deseos y otra suelen ser las realidades.

Cogemos nuestras mochilas, salimos de la estación y desandando el camino de la ida alcanzamos la plaza del puente que sigue en obras y enseguida nos llegamos a la calle en la que está aparcado el coche tras comprobar que el supermercado de la Explanada ya está cerrado.

El coche está tal y como lo dejamos. Huele un poco a la fruta y verdura que dejamos pero se irá tan pronto como lo ventilemos un poco.

Metemos las mochilas, lo saco con cuidado pues lo deje arrimado a tope a la pared y tras montarse los socios, salimos adelante en busca de los carteles de Valence. Son las nueve y media y ha caído ya la noche. Estamos en nuestro viaje de vuelta que terminaremos 24 horas después.


Va por nosotros y por las montañas que nos proporcionan muchos más placer que sufrimientos y nos hacen tan felices.
 
EPILOGO.

Han sido 10 días de actividad, bueno, 9 días y medio.

Hemos caminado efectivamente durante setenta horas y quince minutos mas una hora y treinta minutos invertidos en recuperar los avituallamientos lo que nos aproxima a una media diaria de siete horas y cuarto. El tiempo total incluidos descansos se ha aproximado a las ocho horas y cuarenta y cinco minutos diarios de media.

Hemos recorrido 237’5 kilómetros lineales mediante cálculo por compensación sobre los mapas, lo que nos lleva a una media diaria de casi 24 kilómetros. En la realidad habrán sido bastantes más. Me atrevería a estimar que nos habremos acercado a los 30 kilómetros.

Hemos ascendido 12974 metros de altitud y bajado 13136 metros lo que supone una media 1297 metros subidos y 1313 metros bajados cada día. Posiblemente estas cifras serán sensiblemente superiores, pero así se suele calcular.

Además han sido 2162 kilómetros de coche, 229 kilómetros en tren para realizar el viaje y 46’5 kilómetros entre taxis y autobuses evitándonos la carretera dentro de la travesía. En total han sido 14 días y medio que se han pasado en un suspiro a pesar de ser nuestra estancia más larga en Alpes.

Y todo esto para recorrer de la manera más económicamente posible en cuanto a tiempo y esfuerzo la distancia entre La Berarde y Le Tour, lo que no es más que un insignificante trocito de la Cordillera de Los Alpes, aunque a nosotros nos haya parecido algo importante y nos haya llenado de satisfacción.

  Y pasta, pues no ha llegado a 400 euros. El placer es difícil de valorar y en ningún caso resulta gratuito.

Posteriormente localizaré en Internet algunas direcciones y enviaré algunos correos de agradecimiento a los guardas de la Cabaña de La Leisse y al guarda de la Cabaña d’Orny. También le enviaré mis “agradecimientos más expresivos” a la  guardesa del Refugio Bezzi por ser absolutamente impresentable.

Finalmente me queda por envíar un agradecimiento a la azafata de la Oficina de Turismo de Modane. Si logro su dirección lo haré para Navidad.

Por lo demás, los Alpes 05 están prácticamente liquidados.

Luego… allí estará, además de en nuestra memoria; aguardando que algún día sea rescatada, sacada del pasivo sueño de armario, para reavivar la llama del fuego eterno de nuestra alma, en el que nuestra mente volverá a cabalgar montañas y montañas de sacratísimo placer, profundos, caleidoscópicos y delicados valles de inequívoca satisfacción y eternos e infinitos horizontes decididamente bellos, llenos de esa belleza que te pinta sin querer una deliciosa sonrisa en la cara.

Y volveremos a soñar pues sabemos que la montaña siempre nos estará esperando. Si la montaña es un sueño, ¡Que nadie me despierte!

Para ver más fotos.