9 dic. 2005

28-05. LA HIGA DE MONREAL. 9-12-2005.


La Higa de Monreal desde el este. 25-3-06.
 
Pista que parte de Monreal y Cara Norte.

09-12-2005.

Salida 16 h. Llegada 18 h.

Mixto.

Fácil.

Ascensión.

 Mariano Javierre.
 
Mapa de la Higa de Monreal procedente de Repsol. Vía en amarillo.

Desde que a principios del 2001 comenzamos a ir a Pamplona con cierta frecuencia y con motivo de los estudios que iba a realizar nuestra hija Biola en la Universidad  de Navarra, comenzó a llamarnos la atención una impresionante mole que se levantaba en la orilla sur de la carretera a  unos 20 kilómetros de Pamplona, justamente enfrente de Monreal. Se trataba de un enorme tetón que aparecía en la distancia completamente aislado en medio de una planicie sobre la que se asentaba Pamplona.

A mí se me ocurrió que teníamos que subir hasta allí aprovechando cualquier ocasión en la que viajáramos a buscarla con un poco de tiempo, pero a Rosa no le llamaba la atención en absoluto y la ocasión no se presentó propicia. Ya estamos en el 2005, Biola está haciendo el quinto año de carrera y si nos descuidamos terminará sus estudios allí y...

El nueve de Diciembre, viernes, estoy de “extraño puente “con motivo de la Inmaculada Constitución y tengo que ir a buscarla a Pamplona. Mi chica trabaja por la tarde y ya no va más: me voy a la Higa.

Lo de Higa me costó localizarlo en Internet. No podía recabar información por ningún lado y Google me salvó ofreciéndome un poco de información pero no gran cosa. Bueno, tampoco creía yo que fuera excesivamente necesaria, pero a mí me gusta saber un poco, aunque no demasiado, de a dónde voy.

He quedado a las siete y por tanto, he de aprovechar la tarde. Por eso a las dos menos cuarto me pongo en carretera.

El día está soleado aunque un tanto ventoso a partir del mediodía y lo noto en la carretera con algún que otro bandazo interesante y es que en nuestra zona no es demasiado corriente la presencia de viento y yo, al menos, lo extraño cuando hace pues no tengo costumbre.

La Higa desde Salinas.
 
Serán alrededor de las tres y media cuando paro cerca de Monreal para hacer alguna fotografía de la cara este del pico desde la carretera. Aquí y ahora el viento es considerable y las nieblas vuelan alrededor de la cima.

Alcanzo la parte central del pueblo y me voy al sur por una plaza próxima a la carretera. Me lleva al final del pueblo para atravesar el Río Elorz un poco al sur del precioso puente medieval e introducirme en una pista regularmente asfaltada que tiene toda la impresión de ser la que busco. Estamos a 550 metros de altitud.

Me gustaría tener más tiempo pero es la hora que es y dispongo del tiempo que dispongo. Por otra parte no me encuentro con nadie para pedir información y no me queda otro remedio que tomar mis propias decisiones.

En algún momento he advertido la existencia de una indecisa arista un tanto rocosa que ofrece alguna alternativa dentro de un monte generalmente bastante vestido de vegetación que imagino de media montaña con sus consabidas dificultades. También he llegado a pensar que la franja limpia de arbolado bajo la línea de alta tensión que sube hasta la punta podría ofrecer una vía adecuada de ascenso y eso sí, directo pero desde el punto más bajo del pueblo.

Supongo que habrá camino desde el pueblo y trato de localizar algún indicador pero no lo encuentro y decido progresar un poco por una pista,  que indolente,  da un par de enormes lazadas sin ganar prácticamente altura sobre la falda de la montaña. Probablemente el camino que salga del pueblo irá de frente al monte y por eso no lo he localizado. Entro en la ladera de la montaña, paso junto a un desvío y poco más adelante orillo el coche en una vuelta y cogiendo la mochila me echo a caminar pista arriba.

Son las cuatro de la tarde, mi altímetro marca los 675 metros de altitud y voy para arriba sabedor de que la pista, que está muy mal asfaltada pero perfectamente transitable para los coches, me va a aburrir pero no veo nada mejor. Ahora ya de cerca compruebo que mis sospechas eran fundadas: la ladera está muy vestida y no será muy fácil progresar en un medio vegetal tan espinoso y por ende hostil, donde reina la carrasquilla y con tal señora pocas bromas.
 
La pista se va orientando un tanto de la parte este hacia el oeste a la vez que va ganando altura. La tarde es fría pero a todo trapo no se nota gran cosa a pesar de que no me molesta el forro polar.

Algo más arriba me aproximo al tendido de la luz, localizo unas marcas amarillas en la carretera que parecen ser del camino hacia la punta pero desisto de introducirme en el mismo pues tengo mis dudas.

He localizado un rebaño de cabras de enormes y retorcidos cuernos que están podando por alto a las carrasquillas y, a la segunda va la vencida: en otra vuelta de la pista me introduzco al camino.

Enseguida lo pierdo en una ladera caliza sobre la que las cabras han trazado infinidad de ellos. Estoy por encima de los 825 metros de altitud y no me queda otra alternativa que ir para arriba en las proximidades de la afloración rocosa que he localizado desde abajo.

La Cuenca de Pamplona.

Asciendo buscando pasajes limpios que se cierran continuamente por lo que la progresión resulta entretenida conduciéndome continuamente a las rocas.

Poco más arriba las rocas se sumergen en un bosque mixto muy cerrado en el que destacan los bojes musgosos y las carrasquillas talludas que me lo terminan por poner complicado obligándome a progresar a cualquier precio en plan jabalí.

Espero que más pronto que tarde pueda alcanzar alguna de las lazadas de la pista para salir del cirio y poco después aparecen las hayas y se aclara el monte con lo que ya sin ninguna dificultad alcanzo la carretera.

Doy una lazada con la misma, alcanzo el cortafuegos bajo la línea de alta tensión y me introduzco en él para subir más directamente. La verdad es que sube a destajo pero no debo ser el único que lo utiliza a juzgar por los caminillos que encuentro.

La ascensión no es fácil puesto que el terreno está algo húmedo y tanto árboles como arbustos han sido cortados dejando cumplidos tallos y además las ramas no han sido sacadas por lo que el pasillo está bastante enmarañado.

En cuatro ocasiones más atravesaré la carretera y en la última, muy cerca del final ya por la carretera alcanzo la Higa de Monreal o Elomendi situada a 1289 metros de altitud cuando son las cinco menos cuarto.

Sierra de Alaiz desde la Higa de Monreal.
 
En la cima hace frío, corre un fuerte ventarrón y campan las nieblas: todo un sugestivo programa.

Sierra de Izo entre nieblas.
 
Me pongo el cortavientos, el gorro y los guantes y me dispongo a contemplar lo que las nieblas me permitan.

Cadena fronteriza al nordete. La zona del Orhi.
 
El Anie y los alrededores desde la Cima de la Higa de Monreal.
 
            La cima es amplia y en ella hay un enorme edificio del que emerge una potente antena de comunicaciones adornada de abundantes antenas parabólicas a los que el viento azota impío produciendo espectaculares sonidos. Me acerco a la mesa de direcciones, hago alguna fotografía de la Sierra de Alaiz entre la oscuridad de la niebla hacia el oeste, contemplo la cuenca en la que se sitúa Pamplona entre dos luces y luego, rodeando la instalación me acerco a la Ermita del lado este. Está cerrada a cal y canto pero ofrece un cierto abrigo del viento y a una mala se podría saltar la cerca y abrigarse en el porche. Da la impresión, por lo que he podido ver que posiblemente no haya fuentes en esta montaña caliza, por lo que habrá que tenerlo en cuenta, sobretodo en verano.

Sierra de Gongolaz al este de la Higa de Monreal.
 
No es necesario para comer cuatro nueces y una mandarina, intentar una fotografía sobre los aerogeneradores de la Sierra de Izco  y salir para abajo despendolado pues no hay más que viento, frío y nieblas.

El descenso no tiene otra historia que marchar pista abajo bien abrigado y con las manos en los bolsillos para entrar en calor hasta que, tentado de nuevo, me introduzco en el cortafuegos y bajo dos o tres tramos del mismo.

Higa de Monreal en Primavera 25-3-06.
 
Luego, de nuevo pista abajo ya con mejores condiciones ambientales y cuando la tarde va cayendo, alcanzo el coche y fin de una jornada de 600 metros de desnivel. Son las seis y cuarto.

Aspecto invernal de la Higa de Monreal. 26-12-10.
 
Con la calefacción a tope entro en calor carretera de Pamplona. Recojo a Biola a las siete en la universidad y media vuelta para casa. Hoy ni ha sido una jornada agradable como esperaba ni he disfrutado de unos paisajes que sigo desconociendo. Otra vez será. La montaña también tiene estas cosas.