28 ago. 2010

33-10. CIRCULAR A LOS INFIERNOS. 28-8-2010.

Sur de los Infiernos desde Pondiellos.

Balneario de Panticosa, Mallatas de las Argualas, Collado de Pondiellos, Cara Sur, Infierno Oriental, Infierno Central, Infierno Occidental, Garmo Blanco, Collado de los Infiernos, Ibones Azules, Ibones de Bachimaña y Balneario de Panticosa.

28-08-2010.

Salida 07 h. Llegada 19 h.

Sol.

Fácil.

Ascensión.

Jesús Alastruey y Natalia, Rafa Bosque y Elena, Jose Carlos Ciprián y Silvia, Raúl López y Clara, Miguel Angel, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Infiernos procedente de Prames. Vía en amarillo.

            Vueltos de los Eristes dábamos por finalizado el verano puesto que se terminaban las vacaciones pero me telefonea mi amigo Raúl.

            -Oye, y Clara para hacer… Está preocupado.

            A los Infiernos hemos ido unas cuantas veces desde aquel Octubre del 86 y recuerdo especialmente la del 90 en la que subimos con Biola, nuestra hija: tenía siete años; pero nunca hemos hecho la circular aunque supongo que esa no es la razón. ¿Hay que tener razones para ir a la montaña?

            -Mañana a las seis y media en casa.

            Son las seis y media de la mañana del 28 de Agosto de 2010. Raúl y Clara llegan, nos subimos al coche Rosa y yo y nos vamos para el Balneario de Panticosa.

            A las siete y cuarto estamos a 1650 metros de altitud, bordeando el Ibón de Baños por su orilla este y buscando entre una multitud de caminillos el que pasando por la clásica y vieja fuente se orienta hacia arriba por la orilla izquierda del Barranco de las Argualas resuelto en tumultuosa cascada.

            Un conocido por recorrido camino rompe la profunda cubeta lacustre labrada por los tres glaciares que confluyeron en el lugar y en dirección oeste, vuelta a vuelta por la pared granítica se eleva en busca del primer rellano: es la Majada Baja de las Argualas.

            Dejamos atrás a un nutrido grupo de montañeros que huele a Garmo Negro y dejando a nuestra izquierda la mayor parte del rellano continuamos camino arriba entre los Barrancos de Argualas y Arnales, por praderío alpino salpicado más por el granito que por el pino negro.

 
            Subimos a un ritmo muy decente y vamos ganando altura en busca de un resalte que nos saque definitivamente del falso rellano y nos introduzca en los pedregales de la Mallata Alta. El camino hasta ahora muy transitado e incluso terroso se convierte en indeciso y con variantes puesto que en las zonas de pedriza no es sencillo que se establezcan.

            Nos alcanzan un par de montañeros conocidos de nuestros amigos con los que charlaremos brevemente pues ellos se van al Garmo Negro y enseguida comenzaran en horizontal el faldeo del pico y nosotros proseguimos en ascenso y en dirección noroeste. Nuestro primer objetivo que ya hemos visto desde el momento de la salida es alcanzar el Collado de Pondiellos.

            Hacemos un pequeño descanso y enseguida pasamos por el difícil lugar de uno de nuestros campamentos familiares pues no es fácil encontrar un buen lugar en la Mallata Alta.

            Hemos subido a la sombra durante la primera hora de camino, cosa que nos ha venido de perlas y ahora, al sol, no se sube mal puesto que hemos ganado la suficiente altitud como para que no moleste.
 
            Divisamos el neverillo residual del collado y recibimos el primer soplo de brisa denunciando su proximidad cuando ascendemos por la ladera izquierda del barranco transitando ya materiales metamórficos mezclados con el granito de base.
 
Aguja de Pondiellos y Garmo Negro.

            Son las nueve y media de la mañana cuando van a ser las diez. Hacemos una fotografía vigilados por la Aguja de Pondiellos al sudoeste y por el Pico de Pondiellos al nordeste, y ventilados al “orache” del collado salimos como motos para introducirnos en la Cubeta Lacustre de Pondiellos. Estamos a 2809 metros de altitud y la mayor parte de la subida está conseguida.

            Un camino establecido horizontalmente transita la ladera oeste del Pico de Pondiellos en dirección norte y por allí nos vamos en busca del rellano de las inmediaciones del Collado de Saretas, no sin antes contemplar la metamórfica y poderosa pared sudoeste de los Picos del Infierno adornada por su decidido corredor semiocupado todavía por  neverillos residuales. Arriba está nuestro siguiente objetivo.

Ibones de Pondiellos.

            A media travesía, es el momento de fotografiar los recónditos y encantadores Ibones de Pondiellos con el Midí d'Ossau al fondo, el caminillo indeciso se ramifica pero no es mayor problema alcanzar el pequeño rellano bajo la zona más sur de los picos.

            El rellanito guarda, en la parte alta del mismo, neveros residuales  cuyas escorrentías busco. Cogemos agua decididamente helada, casi tanto como el acuarios de Raúl, es el lugar más alto que yo sepa para coger agua y casi nunca falta, hacemos la fotografía del Garmo Negro con su hija la Aguja de Pondiellos y continuamos para arriba por un poco marcado caminillo establecido en la pedrera metamórfica que se eleva paulatinamente para alcanzar la base del corredor que divide la cara sur  de los picos.

            No vamos a subir por el corredor porque además de los neverillos que lo estrangulan un poco hay un trío que va por arriba, es fin de semana y época propicia para zaborreros sin intención despectiva.

            Pasamos por debajo del corredor y nos introducimos en la pared. Vamos a subir al oeste del mismo pero siempre en sus inmediaciones.
 

            La pared que desde el Collado de Pondiellos tiene un aspecto terrorífico está perfectamente escalonada y llena de gradas repisas y viras que permiten una fácil progresión con alternativas diversas. Muy limpia de basura por los aludes de cada temporada ofrece un ascenso de auténtico disfrute.

            Apoyamos las manos por aquí, contorneamos ese escalón por allá, nos asomamos al corredor y ganamos altura muy fácilmente. La parte superior se acuesta paulatinamente y se va llenando de basura pero no es problema estamos llegando al collado de separación entre los Picos Oriental y Central.

            Hemos subido por la ladera perteneciente al Central y en horizontal atravesamos el collado, nos asomamos al norte para ver lo que queda del reducido Glaciar de los Infiernos y en dirección este nos vamos hacia la cúpula de mármoles claros que conforma la primera de nuestras cimas.
 
Infierno Oriental.

            Unos mármoles escalonados permiten un fácil y corto ascenso, no serán más allá de 30 metros, que con algún apoyo de manos nos deposita en la cima del Infierno Oriental situado a 3076 metros de altitud. Son las once y cuarto de la mañana y hemos subido tranquilamente en cuatro horas.

Infierno Central desde el Oriental.

            En la cima hacemos fotos y contemplamos un conocido paisaje que extasía a  nuestros amigos: El Macizo de las Argualas completo y aquí mismo, las Cubetas de Bachimaña, Bramatuero, Azules y Brazato… aquello de allá es el Midí de Bigorre y eso oscuro es Vignemale.

            Sin prisas desandamos camino, volvemos al collado de llegada y ascendiendo la suave y corta loma vestida de materiales ocres alcanzamos la cima del Infierno Central, el más alto de los tres acotado a 3082 metros de altitud cuando la gente está sembrada por los alrededores, pues son las doce menos cuarto, una hora muy decente para estas cimas.

Las Marmoleras y el Infierno Occidental desde el Central. El Midi oscuro de envidia.
 
            Encantados y deslumbrados por las marmoleras proseguimos hacia el oeste por el filo de la cresta que es el lugar más fácil además de adecuado para transitar entre picos y tras admirar la rotundidad de la marmolera que tantas veces hemos contemplado refulgente desde el Formigal por poner un ejemplo, nos llegamos hasta las inmediaciones de la cima oeste y allí nos sentamos para almorzar. Son las doce y cuarto y estamos en el emplazamiento de nuestro vivac de hace tres años.

Azules, Bachimaña, Bramatuero... desde el Infierno Central.
 
            Nos abrigamos un poco y comemos y bebemos relajadamente mientras el personal va y viene.

Frondiellas, Balaitus y Crestas del Diablo.
 
            Contemplamos todo el horizonte de este a oeste y que incluye Ordesa muy oscuro, Tendeñera, ese es Sabocos y toda la Partacua impecablemente iluminada. Aquella depresión entre esas dos bandas rocosas es Bucuesa y allí Escarra, Collarada la del neverillo debajo del collar, la Pala de Ip, Borau, Tortiellas… Aspe…Bisaurín…

            Raúl trata de ponerse en comunicación con el resto del grupo que habrá salido a las nueve y cuarto del Balneario ya que Rafa salía a las ocho del trabajo, pero la cobertura falla demasiado. Nosotros calculamos y decidimos esperarlos un buen rato.

            Llega gente al Infierno Central pero suponemos que primero se irán al oriental.

La Nevera de los Infiernos. ¡Qué poco queda!
 
            Pasada la una decidimos ponernos en marcha para desde la inmediata cima del Infierno Occidental de 3076 metros de altitud contemplar un poco más del paisaje del oeste.

            Allí esta el Pico Tebarray telonado por la inconfundible y emblemática estampa de las Frondiellas, Balaitus, Crestas del Diablo, Cambalés y las Faxas. Esa loma es las Marmoleras y allá los Arrieles y el Lurien. Aquí debajo Foratata.

            La vista se vuelve atrás cuando iniciamos el descenso del crestón oeste pues acabamos de recibir un mensaje que les sitúa en el Infierno Central. A mitad descenso del crestón nos hacemos señas. Y en el cuello del crestón en el que nos iremos hacia el noroeste esperamos a que nos alcancen.

            Son las dos de la tarde cuando nos encontramos y nos saludados, conocemos ligeramente al alguno de ellos y a Rafael Bosque que es del pueblo, los demás son de Huesca y alguno tiene raíces en Sabiñánigo y alrededores.

Ibón y Pico Tebarray desde Garmo Blanco
.
            Tras un rato de conversaciones animadas decidimos proseguir el camino, pues nos quedan todavía tres horas largas de fácil camino ya que el camino por los Azules es más largo que por Pondiellos, eligiendo la opción del alto que pasa por encima de la marmolera oeste y se va por la arista norte hasta alcanzar el Garmo Blanco.


            Estamos a 2960 metros de altitud y contemplamos desde aquí lo que hay que ver y que es la preciosa estampa del Pico Tebarray que rivaliza con el inigualable Ibón del mismo nombre a sus pies: la enésima maravilla de metamorfismo de Panticosa-Sallent.

 
            Otra nueva y distendida charrada tras el paso de la cresta en la que ha habido que apoyar un poco las manos y a duras penas nos echamos pared abajo en dirección norte, un poco por cualquier parte, pues se trata de un enorme pedregal metamórfico que tiene un claro objetivo: el Collado de los Infiernos.

            Bajamos por varios lugares, cada cual va eligiendo pues se puede, en algún momento hay que apoyar las manos pero de cualquier forma, siempre fácil alcanzamos el Collado de los Infiernos situado a 2721 metros de altitud. Son las tres de la tarde y el personal picotea un poquillo, son más corredores que montañeros y parece ser que tienen esa costumbre pues no han debido parar demasiado a comer.


            Un rato después tomamos el camino del valle hacia el este y vamos bajando por camino transitado en el que hay todavía algunos neveros de nieve blanda hasta que el valle se arrellana en el asentamiento del Ibón Azul Superior situado a 2420 metros de altitud.

            El personal quiere bañarse y algunos lo hacen. Otros, nos remojamos los pies y disfrutamos del espectáculo que ofrecen los “más valientes” en las frescas aguas del ibón.
 
La Norte de los Infiernos.

            Se hacen las cuatro y media muy pasadas cuando retomamos la marcha para pasar por el Ibón Azul Inferior. Alguno pregunta por el refugio que aparece en el mapa. Pues no hace tiempo que voló el viejo barracón metálico del que solamente queda la cimentación hormigonada del mismo.

            Poco a poco nos acercamos a la cola de Bachimaña Superior y en suave ascenso iniciamos el largo rodeo por la orilla oeste del mismo.

            Les muestro le viejo Refugio Alfonso XIII todavía en pie de camino ante Bachimaña y Bramatuero, contemplamos la profusión de Islas de Bachimaña pues el ibón está muy sangrado y nos acercamos al Bachimaña Inferior especulando acerca de si el nuevo Refugio de Bachimaña está abierto ya o no.

Digitalis purpurea o dedalera a juego con el día.
 
            Situado sobre los 2200 metros de altitud, está cerrado y bastante acabado exteriormente es pie de conversaciones que nos llevarán al desastre de Nozar en el Balneario que nos tendrá ocupados mental y oralmente en el descenso que todavía nos queda.

            Suerte que nos vamos entreteniendo primero la Cascada del Fraile y el Barranco de Labaza, luego con las frambuesas cuando el camino confluye con el Caldarés de Baños que siempre bajará a nuestra izquierda, luego con la breve subida que sabe siempre a rayos.

            Pasamos el conocido rellano vestido de pratenses y de cascada en cascada nos vamos con el barranco, el a la central hidroeléctrica a la que le han adjuntado un teórico centro de alto rendimiento, como si los kilovatios no rindieran suficiente y nosotros  hasta la casa de Piedra que presenta una terraza más concurrida que el más conocido de los zocos árabes, incluso puede ser que haya algún jeque despistado saciando su sed a golpe de jarra de cerveza. Son las siete y media

            Echamos un traguillo, picoteamos un poco, volvemos sobre los recuerdos inmediatos de la jornada y nos descansamos de los 1500 metros de desnivel que nos hemos tragado hoy de manera muy satisfactoria para todos tanto los que van a la montaña de manera ocasional como para los que lo hacemos de manera más sistemática.

            Cae la tarde y nos espera la carretera después de las despedidas y de los deseos de que nos volvamos a ver dónde sea y si fuera en el monte mejor.
 
 
Puedes ver más fotos.
 

 

 

           

           

26 ago. 2010

32c.10. RECORDANDO LOS PICOS DE ERISTE. 26-8-2010.

La Norte del Gran Eriste desde el Eriste Norte.
 
Gran Eriste, Corredor Sur, Cara Este, Eriste Sur, Rellano de Bagueña, Cara Nordeste, Corredor Nordeste, Eriste Norte, Rellano de Bagueña, Corredor Sur, Eriste Norte, Variante al Corredor Norte Arista Norte, Ibón de Leners, Ibón de Millares, Valle de Millares y Biadós.

26-08-2010.

Salida 09 h. Llegada 17 h.

Sol.

Poco difícil.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Eristes procedente de Prames. Vía en amarillo.
 
            El sol se levanta poco a poco sobre el horizonte y a las ocho me levanto definitivamente al 26 de Agosto de 2010. Mis chicos se requeman todavía en sus sacos aunque sea brevemente. Luego nos preparamos el desayuno que liquidamos religiosamente y recogemos nuestras cosas en las mochilas.

            Hemos decidido hacer los Picos de Eriste o Bagueñola, son las nueve de la mañana y dejando las mochilas en el vivac tomamos el Corredor Sur para abajo.

            En los Picos de Eriste ya habíamos estado, también en Agosto pero del 2000. En aquella ocasión en la que pasamos “un verano en el Posets”, estábamos acampados en el Ibón de Llardaneta, subimos a las Forquetas, bajamos los dos corredores de su cara sudoeste e hicimos sucesivamente el Norte, el Sur y finalmente el Central para volvernos por idéntico camino a nuestro campamento. La vía fue un tanto artificial y no incluimos variantes porque se trataba de nuestra primera visita al macizo y había primero que conocer un poco.

En el Corredor Sur del Gran Eriste.
 
            El Corredor Sur del Gran Eriste nos acoge vertical, descompuesto y a la sombra de una mañana espléndida. Es suficientemente amplio y fácil y nos deposita en la Brecha Sur del Gran Eriste situada sobre los 3000 metros de altitud.

Eriste Sur.

            Fotografiamos desde allí el Eriste Sur y entrando en el Circo de Bagueña y acompañados por el sol, nos vamos pendiente abajo en dirección sudeste apartándonos mínimamente  de las paredes que conforman la cara este del Eriste Sur y faldeando por debajo de dos neverillos residuales que están acostados en la ladera.

La Este del Gran Eriste.
 
            Alcanzamos un punto bajo situado sobre los 2935 metros de altitud y desde allí nos orientamos directamente en busca del característico corredor que en diagonal rompe las paredes del pico en la parte sur antes de que las paredes se conviertan en pedrera.

Corredor de entrada al Eriste Sur.

            Ascendemos fácilmente la parte alta de la enorme tartera granítica que conforma el circo y superamos las paredes ligeramente al norte del corredor alcanzando la loma superior que conduce a la arista que sube desde la Tuca de Bagueña o Comajuana.

 
            Ya en la arista, nos asomamos al Circo de Barbarisa y en suave ascenso entre bloques muy estabilizados alcanzamos la alargada cima del Pico Eriste Sur situada a 3045 metros de altitud.
 
Ibones Chelaus de Leners.

            Son las diez menos veinte, hacemos algunas fotos “imposibles” debidas a los brutales contrastes de luces entre hondonadas y crestas, contemplamos especialmente el Valle de Barbarisa, confirmamos nuestro inmediato camino y cinco minutos más tarde nos vamos para abajo.

La Sur del Gran Eriste.
 
            Seguimos aproximadamente el mismo camino que a la subida: bajamos la arista, utilizamos el corredor que antes no habíamos hecho, bordeamos un breve resalte intermedio en la pedrera y pasando bajo el neverillo residual  tomamos rumbo hacia la base de la arista este que se muestra contundente en el Eriste Norte.

Eriste Norte.

Precioso ibón o la Sur del Eriste Norte.
 
            Recordamos que se sube fácilmente al pico por la cara nordeste y consecuentemente hemos de atravesar toda la tartera granítica en suave descenso.

            En dirección norte buscamos los materiales más estables y encontramos de todo como pasa siempre, pero la travesía resulta cómoda y más corta de lo presupuesto. Pasamos bajo el Gran Pico de Eriste y el collado de separación con el Eriste Norte  y alcanzamos la base de la pared en la que localizamos algunas manchas de pratenses. Creemos recordar algunos tramos de camino por allí.

            Alcanzamos la base de la pared y por el camino esperado todavía bajamos ligeramente hasta alcanzar la base de la arista este.


            En este punto, situado ligeramente por debajo de los 2900 metros de altitud, tratamos de recordar la lazada que describimos en la ocasión anterior pero nos vamos directamente en busca de un corredor que transita muy próximo a la Arista Este.

            Antes de alcanzar la entrada del corredor hay que ascender la pedrera que conforma la cara nordeste del pico, no es demasiado larga y se sube bien sin carga.
 

            Ya en el corredor que es fácil, empleamos las manos en algún momento y fundamentalmente al abandonarlo con dirección a la cima en la parte alta. Alcanzamos la cima del Eriste Norte o Pico Beraldi situado a 3025 metros de altitud. Son las diez y media pasadas.


Ibón de Millaris.

            Fotografiamos las espléndidas paredes de la Horqueta, contemplamos el Pico de Millares y nos deleitamos con la extraordinaria estampa de la Arista Norte del Gran Pico de Eriste que es donde descansan nuestras mochilas.

Eriste Sur desde el Norte.
 
            Cinco minutos más tarde nos vamos para abajo ligeramente al noroeste del corredor que hemos empleado para subir, alcanzamos la pedrera y por debajo la base de la arista este, lugar en el que tomamos las trazas de camino que transitan bajo las paredes del Eriste Norte.

            Vamos en suave ascenso y poco más adelante abandonamos la base de la pared e iniciamos otra travesía, ligeramente por encima de la descrita en descenso y orientada hacia la brecha entre los Eristes Sur y  Central o Grande.

            Terminamos alcanzando la brecha en fuerte ascenso y junto a la base de las paredes del Gran Eriste que nos ofrecen los materiales más estables ya que la cabecera de la tartera es terrosa y absolutamente inestable.


            Ya en la brecha, cinco minutos de ascenso al sol y sombra nos depositan de nuevo en la cima del Gran Pico de Eriste. Son las once y media cuando sentados en el vivac nos disponemos a almorzar.

            Se hacen las doce del mediodía y tenemos por delante un largo descenso por lo que no dilatamos más la estancia en nuestro vivac de la cima del Gran Eriste. Cargamos con las mochilas y nos vamos a conocer el otro corredor, el de materiales claros que aparentemente un poco más tumbado confluía con el Corredor Norte que fue el que ascendimos.

Iniciando el Corredor nor-nordeste
 
            Unas citas nos introducen en el descenso de la pared de la que emergen dos erguidos crestones que limitan el corredor.

            Amplio, transitado, descompuesto y escalonado en la parte alta, enseguida se estrecha, se inclina y pierde algo de basura aflorando más los materiales de base. Bajamos con cuidado sin ver el final pero por aquí bajaban.
  
            Dudamos cuando nos suponemos en la parte baja del mismo pensando que tenga alguna escapatoria que nos hayamos pasado pues se está poniendo serio.

            El crestón de nuestra derecha tenía algún balcón para asomarse a la pared norte pero ahora  ya es un paretazo muy tieso; el Corredor Norte que llevamos a nuestra izquierda está allí pero la incorporación pasa por descender un zócalo ligeramente extraplomado de alrededor de 4 metros de altura imposible para nosotros y, debajo tenemos el corredor que se ha puesto vertical: estamos a 15 metros de la pedrera del Corredor Norte.

En la parte central del corredor que se pone seria.

            Me he acercado a ver la imposible entrada al Corredor Norte y he arrojado los bastones de mi chica al corredor, vamos a emplear bien las manos.

            Juan baja delante y yo detrás para guiar un poco los apoyos de Rosa que baja la última. Primero es una fisura quebrada de alrededor de 5 metros con pequeños pero buenos nichos que aportan confianza.

            Luego hacemos un poco de travesía hacia la izquierda en una zona verticalmente alomada y vestida con pequeñas presas pero abundantes, es el momento en el que me pongo por debajo de la trayectoria y dejo pasar a mi chica.

La Incorporación al Corredor Norte del Gran Eriste.
 
            Juan guiará los pasos de salida que es un diedro muy quebrado y absolutamente vertical que hemos de hacer con amplios pasos siguiendo la travesía hacia nuestra izquierda y que yo contemplaré desde mi blacón de espera; bueno, contemplar… veo sus cabezas, sus mochilas y alguna mano, el resto me lo imagino y lo descubriré enseguida. Es un descenso de IIIº superior con un excelentísimo granito. Hemos destrepado de cara a la pared y nos hubiera ido de cine una cuerda, pero a pesar de ello pasamos relativamente bien.

            Pasada la sorpresa del día, subo a recuperar los bastones y nos vamos saliendo del Corredor Norte y tomando la amplia pedrera que conforma la Arista Norte del Gran Eriste y que en parte ya subimos ayer.

            En dirección prácticamente norte bajamos contemplando la mayor parte de nuestro camino del día anterior hasta que alcanzamos el inicio del abrupto resalte que tiene la arista.

            Ayer nos preocupaba más la zona somital de la pared y en el resalte no pusimos demasiada atención. Nos pareció que la vertiente oeste, la de Leners que era la que veíamos, era una pared de verdura medianamente transitable. Ahora en la cabecera, no dudamos que se pueda bajar pero igual nos vamos a la vertiente de Millares.

            No nos falla nuestro olfato y en la vertiente este está el camino que desciende la pedrera introduciéndose en el Circo de Millares de camino al ibón. Es más, si tuviera que repetir la subida al Gran Eriste lo haría directamente desde la cabecera del Ibón de Millares sin tocar para nada el Circo de Leners.

 
            Pero nosotros queremos pasar por el Ibón de Leners y devolver la visita a nuestro visitante de ayer noche. Para ello descendemos un tramo de pedrera y faldeamos en suave decenso en busca de la base del resalte que estamos escamoteando.

            Una zona de placas y bloques grandes de granito nos permiten hacer un faldeo elevado y así no tener que remontar prácticamente nada para alcanzar de nuevo la arista en un pequeño rellano de la misma donde de nuevo aparece la verdura y trazas de caminillo  por el que abandonamos el Circo de Millares y nos introducimos en el Circo de Leners.
 
Los dos corredores del Gran Eriste.

            La continuación es un largo faldeo de otro resalte de la arista que se alarga hasta las inmediaciones de la salida del ibón en la que hay una diminuta pared de retención y debajo las barracones provisionales de las obras.

            Por terreno inclinado y a veces hasta incómodo el camino se larga en una ladera con entrantes y salientes  que pasamos en suave descenso hasta la orilla del Ibón de Leners donde cogemos agua para beber, hemos tenido suficiente hasta ahora con la que cogimos en la subida.

            Estamos a 2520 metros de altitud, va a ser la una y media cuando fotografiamos el circo desde la presa y seguidamente “los tres pavos de la cima” nos ponemos a charlar con los trabajadores que están haciendo un casetón de piedra para protección de una válvula.

            Cinco minutos después tomamos el camino que en dirección nordeste pasa junto a dos cabañas completamente en ruinas y comunica el Ibón de Leners con el de Millares. Se trata de un viejo camino realizado en la época de las obras en los ibones ya que los dos están ligeramente represados. Transita una ladera de granito muy pulida por el glaciar y describe abundantes lazadas conformando un camino muy llano apto para el tránsito de caballerías utilizadas en el transporte de materiales.

Punta de Millaris desde el ibón del mismo nombre.
 
            Pasamos junto a un par de charcas prácticamente colmatadas y alcanzamos la orilla sudoeste del Ibón de Millares a 2350 metros de altitud. Son las dos de la tarde, mi chica se pega un remojón en el ibón mientras que nosotros nos remojamos los “pinreles”.

            Comemos contemplando el Circo de Millares y el largado ibón adornado de verticales y severas paredes en su orilla sur.

            Son las tres menos cuarto cuando nos ponemos en marcha atravesando la derruida pared de retención del ibón. Parece ser que se ha abierto un amplio hueco con el propósito de dejar el nivel del agua embalsada similar al natural. Pero ya puestos, podrían derruirla completamente, algo que sería muy sencillo y así se le devolvería a la naturaleza su propio esplendor.

Tozal Blanco.

            Luego el camino desciende al norte dejando el Tozal Blanco  al sudeste, yo no sé porqué lo de Blanco pero…, y se va a confluir con el camino principal del Valle de Millares que une Biadós con el Collado de Eriste y que es parte del GR11.

            Abandonamos el granito y nos introducimos en el metamorfismo del valle. El camino recorrerá la orilla derecha del mismo siempre por debajo del tremendo y brutal paredón de las Espadas, tan vertical como oscuro.
 
Matameriendas.

            Muy transitado se introduce enseguida entre las masas más altas de pino negro y se torna reseco y un tanto tedioso al calor del mediodía.

            Atraviesa una pequeña silla herbosa en la que hay unos enormes bloques en plan “okupa” y de nuevo se inclina para abajo apróximándose al barranco de Millares  en la zona de la Cascada de Millares por debajo de la que aparecen unas preciosas placas metamórficas verticales.

            El camino siempre en dirección noroeste desciende a una confluencia de barrancos característica y sale de la misma en suave ascenso para tirarse de nuevo para abajo a la sombra de los pinos para alcanzar el praderío de la parte baja del valle que confluye con el Cinqueta de Añes Cruces poco más abajo. El praderío está muy reseco.

Tuca Barrau que hace la presentación y la despedida.
 
            Avistamos las Granjas del Biadós cunado el camino se arrellana. Poco después nos invitará a remontar ligeramente y paralelo al río para pasarlo por el puente y por su orilla izquierda tomar el camino principal del Valle de Añes Cruces que se convierte en pista en las inmediaciones del Refugio de Biadós cuando van a ser las cuatro y media de una tórrida tarde.

            Enseguida abandonamos la pista y tomamos el camino que baja al Rellano de la Virgen Blanca y que desciende de frente entre el río y la pista. Un cuarto de hora más tarde pasamos junto al camping y nos llegamos al coche.

            A la sombra de unos pinos junto al ya Cinqueta, que ya ha reunido sus dos componentes, nos cambiamos de ropa, nos remojamos los pies y nos echamos una cervecita a temperatura de agua de barranco. Son las cinco menos cuarto y nos hemos pulido en dos días 2200 metros de desnivel.

            Luego coche, pista, carretera. A las siete y media estamos de nuevo en casa. Nos hemos resarcido del mal tiempo en los Alpes y despedimos nuestras vacaciones de verano como está mandado: Rosa comienza a trabajar el lunes y nosotros el miércoles.

Puedes ver más fotos.

También puedes ver el Comienzo.

25 ago. 2010

32b.10. VIVAC EN LA CIMA DEL GRAN ERISTE. 25-8-2010.

Eriste Norte.

Aguja Oeste del Seim, Circo de Leners, Arista Norte y Corredor Norte.

25-08-2010.

Salida 15 h. Llegada 17 h.

Sol.

Bastante fácil.

Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Eristes procedente de Prames. Vía en amarillo.

            Hemos alcanzado con facilidad la cima de la más modesta de las Agujas del Sein. La Aguja Central no queda lejos, el vertical descenso hasta la brecha es fácil pero luego la parte superior aparece vestida de grandes lajas no auguran nada ni corto ni sencillo. Consecuentemente y sabiendo que este 25 de Agosto de 2010 tiene que terminar en la cima del Gran Eriste, teniendo en cuenta que no conocemos la norte del pico, decidimos abandonar la aguja  y encaminarnos hacia las mochilas: el final del día todavía está lejos. Van a ser las tres y media.
 
Agujas del Sein.

            Descendemos de la aguja en dirección nordeste orientándonos hacia el cierre del Ibón Helado de Leners, gemelo del otro al sudeste: el Ibón Helado de Barbarisa.

Ibón de Leners desde el oeste.

            Desde la loma que conforma el cierre contemplamos el diminuto circo en el corazón de una de las zonas del Pirineo más complejas que conocemos. Solamente nos falta saber que de tres mapas que poseemos, cada uno bautiza y acota a sus anchas y así el tema puede convertirse en infumable.

            Desde la loma una incipiente arista nos acerca en suave descenso hacia el Ibonciecho Sur de Leners pero antes de alcanzar su neverillo de cierre nos vamos para abajo al encuentro del barranquillo que hemos subido antes para recuperar nuestras mochilas que allí nos esperan.

En busca del Corredor Norte del Gan Eriste.
 
            Hemos visto unas citas un poco altas en la parte noroeste del Pico del Sein pero no vamos a subir a por ellas, preferimos faldear por el sur del Circo de Leners en busca de la Arista Norte del Gran Eriste que es la divisoria de los Circos de Millares y de Leners.

            El tema parece más largo que complicado y nos permitirá pasar por unas escorrentías de neveros residuales en los que tenemos agua con seguridad sobre los 2700 metros de altitud, aunque yo hubiera preferido cogerla un poco más arriba de una potente escorrentía que baja por la pared que defiende la arista a la que nos dirigimos. De cualquier forma no hay demasiada diferencia.


            La travesía es un pedregal en el que vamos eligiendo materiales de mediano tamaño y bastante estabilizados dentro de lo que cabe por lo que el avance nos parece más cómodo y rápido de lo esperado salidos de la primera zona de placas lisas y abarrancadas.

            Cargamos 6 litros de agua y proseguimos en ascenso girando con el circo hasta orientarnos al nor-noroeste y pasar por la base de la oscura escorrentía en la que también podríamos haber cogido agua.

            Rebasada la misma y unas decenas de metros más al norte tomamos unas gradas escalonadas con manchas de hierbas que empleando un poco las manos nos permiten superar la treintena de metros de pared  y alcanzar la pedrera que conforma la Arista Norte del Gran Eriste. Son las cinco menos cuarto.

Entrando al Corredor Norte del Gran Eriste.
 
            Nos orientamos al norte y a media ladera por encima de los paredones que acabamos de subir nos vamos en ascenso por cualquier parte todo es igual y todo está lleno de bloques de granito de todas las dimensiones y bastante estabilizados. Nos guía el Corredor Norte en medio de un corredor amplio, claro y soleado situado a la izquierda  y que desemboca en el lóbrego, sombrío a estas horas de la tarde, y empinado Corredor Norte. A la derecha hay otro corredor que desemboca en una brecha que nos parece inadecuada para nuestro objetivo.

            Por el corredor claro de la izquierda hemos visto bajar a un par de montañeros que se han ido arista norte para abajo pero nosotros ascendemos directamente hacia nuestro corredor y ni siquiera nos miramos a la parte baja del otro.
 

            La pared se va poniendo de pie y estrechando para convertirse en corredor sobre los 1900 metros de altitud. El corredor se estrecha enseguida bastante erguido y descompuesto pues está lleno de basura, pero no se complica nunca. Nosotros lo ascendemos primero por su lado derecho y después por el izquierdo siempre buscando los materiales más firmes y los apoyos de manos en las respectivas paredes. Termina por resultarnos un corredor acogedor y fácil que solamente tiene como dato negativo la incertidumbre; no sabemos si es el correcto y en el caso de no serlo tampoco sabemos qué es lo que nos aguardará en la brecha de salida.

            Por el corredor ascenderemos alrededor de 150 metros de desnivel por lo que la brecha de salida tienen que estar ya muy cerca de la cumbre.

Ibón Helado de Barbarisa desde la brecha.

            Desde la brecha se ve una parte del Ibón Helado de Barbarisa pero lo más importante es que al este aparece una pared con muchas posibilidades para nosotros.

            Hay dos opciones con señales evidentes de tránsito: una da un poco de vuelta hacia el sur contorneando un pequeño gendarme y la otra se va directamente para arriba por una pared escalonado y vestida de un granito sencillamente celestial que enseguida se arrellana y descompone un poco para depositarnos en la cima del Gran Eriste. Son las cinco y media y nos ha resultado menos cruento de lo que suponíamos al recuperar las mochilas.

 
            La Cima del Gran Eriste está situada a 3053 metros de altitud y es una arista que se alarga en descenso hacia el norte abriéndose brevemente en dos cortísimas ramas hacia el sur que conformarán el Corredor Sur que es la vía normal de acceso desde el Circo de Bagueña.

            Hemos llegado directamente al hito cimero vestido con deshilachadas banderillas de oración que no sé quien ha puesto de moda y recorremos la arista cimera buscando algún lugar decente donde vivaquear.

            No lo hay y junto al hito cimero tendremos que utilizar una minúscula zona plana, ampliarla hacia el sudeste con abundante granito de las inmediaciones, rellenar horizontalmente con pedreguilla y recubrir la zona de las espaldas y caderas con tierra que extraemos de un lugar próximo en el que la hay. En menos de una hora conseguimos un lugar de vivac fundamentalmente plano pero que tiene un pequeño lomo central de granito madre que habrá que respetar. Prolongamos el hito cimero por dos de sus lados con muretes para defensa del viento y dejamos liquidada nuestra suite.

            Hace una tarde sencillamente espléndida, el sol calienta todavía lo suyo y una tenue brisa que no llega a molestar aplaca los rigores del sol de la tarde.


Arista de las Espadas.
 
            Contemplamos un paisaje medio conocido y tratamos de aclararnos en la compleja zona de Bagueña, Barbarisa, Sein y Leners.

 
            Sobre las siete y media picamos unas aceitunas, nos preparamos nuestra pasta, liquidamos el latón de sardinas, picoteamos algunas menudencias y nos colocamos nuestro vaso de cefé con leche: quedamos como unos generales de división con mando en plaza.

            Sobre las nueve me empiltro el primero y escuchamos la radio, una delicatesen para el lugar cuando de manera inesperada recibimos una visita: llega un montañero con aspecto más de paseante que otra cosa. Es uno de los trabajadores de las obras de la presa de Leners que se ha llegado hasta aquí.

            Charlamos con él mientras cae la tarde y enseguida se marcha, ha de bajar un tramo de arista norte y alcanzar la pedrera norte antes de que anochezca. Parte ya a dos luces.


            Luego sale una preciosa luna llena  acunada en el profundo horizonte este acompañada de un planeta con el que juntos van a hacer la jornada nocturna y poco a poco se abre paso la carpa de mil estrellas que van a cubrir nuestro descanso nocturno, aunque esta noche no sea la mejor para la contemplación de las mismas. Nuestro vivac no va a conocer la noche prácticamente.

Luna llena en Eriste.
 
            La noche es larga pero sobre todo luminosa hasta que la luna avanza y alcanza el sur sobre las tres de la mañana. La esterilla y la mochila debajo de las caderas tratan de amortiguar la dureza y la irregularidad del vivac. A nuestro alrededor, cimas medio iluminadas y profundos valles oscuros en los que centellean remotas y diminutas luces.  

            Escamoteada la luz directa de la luna y soportando estoicamente las oraciones continuas de las banderillas que rezarán toda la noche, de tres a seis se pasa vuelta a vuelta como las chuletas en la sartén  y nunca mejor dicho, pues hace una noche con una temperatura envidiable.
 

            Antes de las seis se comienza a iluminar el horizonte este, anunciando la próxima llegada del día 26 de Agosto de 2010. Pero hay que esperar un buen rato entre que la luna se va cayendo hacia el oeste y el sol apunta hacia el alba y me refiero al Pico del Alba. Ahora se comprende la razón del nombre.
El sol secará los sacos ligeramente humedecidos.

Preciosa luces de la mañana sobre Eriste Sur

            En un momento centellea  rojizo a la izquierda del pico, recibimos su descarada luz y nos acordamos del Balaitus, del Perdido y también del Teide, pero enseguida nos recostamos de nuevo a esperar que el sol seque la humedecida superficie de los sacos de dormir.

Uno de la pareja de quebrantahuesos. 
 
Y Cotiella.