11 ago 2005

9.05. DE LA BERARDE A LE TOUR. ETAPA 9. DE LA FOULY A LA CABAÑA DE ORNY. 11-8-2005.

Desde  Pra de Fort por el Barranco de Saleina. Se perfila la Aguja des Clochers.
 
Autobús hasta Praz de Fort en la Fouly, Barranco de Saleina, Col de Chevrettes y Cabaña d’Orny.
11-08-2005.
Desnivel ascendido 1686 m
Desnivel descendido 10 m.
Distancia recorrida. 9000 m.
Tiempo efectivo 03:20 h.
Bastante fácil.
Lluvia.
Una travesía medianamente exigente y de larga duración a nuestro estilo de Alta Ruta exige renuncias.
Hay que renunciar previamente a llevar una serie de materiales que siendo útiles no tienen varios usos. Hay que recortar incluso dolorosamente  aquello que siendo lo mejor pueda ser enemigo de lo bueno.
Pasaríamos bajo las grandes Jorasses pero no serían para nosotros. Habíamos renunciado ya a su ascensión y no a causa del material que podríamos haber dejado en la base del pico con nuestro tercer avituallamiento, mejor imposible; sino porque esa ascensión requiere acometerla en condiciones.
El Gran Combín quedaba en nuestro cuarto día de travesía y fue un éxito. Ahora sería nuestro noveno día y podíamos llegar muy cansados para hacer 2500 vertiginosos metros de desnivel.
Pero las renuncias no siempre se resuelven en  frustraciones. En nuestro caso, la aproximación hubiera sido en un día extraordinario pero a la mañana siguiente, día de la teórica ascensión no hubiéramos hecho cima ya que escasamente podimos alcanzar la Cabaña d’Orny, 1200 metros más baja debido al mal tiempo que llegó sin previo aviso y eso si hubiera sido frustrante. ¡Tenemos suerte!
Agua según época y en diversos lugares del recorrido.
Juán Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.
 
Mapa de la Fouly a Cabaña de Orny procedente de Landeskarte der Schweiz. Vía en verde. Autobús en amarillo.

            La noche está vestida de nubes negras pero como eso es inevitable, entramos en calor a cubierto de un nutrido número de mantas y pasamos una noche deliciosamente reparadora.

            A las seis de la mañana, hora de costumbre, el despertador nos llama: el jueves 11 de Agosto está muy nublado.

            El programa es el programa y a pesar de las nubes nos levantamos, nos aseamos, desayunamos tranquilamente y a las siete de la mañana salimos del albergue con hora suficiente para cruzar el pueblo y llegarnos a la parada del autobús.

Lluvia y nieblas en la Fouly.
 
            Nada más poner los pies en la calle se echa a llover suavemente lo que no impide que sigamos adelante.

            Cuando llegamos a la parada del autobús llueve insistentemente y la mañana está tan cerrada que cuando llega el autobús, un rato después, no nos montamos y dejamos que se marche para abajo.

            ¿Dónde vamos a ir con este tiempo?

            Si bajamos a Praz de Fort no tenemos más remedio que meternos en algún bar o esperar a cubierto en cualquier sitio que pillemos. Tenemos tiempo y podemos dárselo al día a ver qué pasa antes de tomar otras decisiones. Por tanto nos volvemos al albergue y esperaremos allí. No conocemos mejor lugar al efecto

            ¡Con el tiempo en estas condiciones no se puede marchar para arriba!

           Ni siquiera nos subimos a la habitación cosa que podríamos haber hecho perfectamente. Dejamos las mochilas en la entrada, nos quitamos los cortavientos y nos metemos en el comedor a charlar con los de Valladolid que están desayunando.

            También están haciendo el Tour de Montblanc o algo parecido pero lo llevan bastante suave pues utilizan los coches particulares. Hoy tienen poco programa: algo así como bajar hasta Orsieres o por el estilo ya que parte del grupo se marcha pues terminan sus vacaciones. Me da la impresión que tienen mucha más experiencia en el turismo que en la montaña pero me hacen reflexionar a posteriori y fácilmente alcanzar la conclusión de que algún día también se nos acabará  la cuerda a nosotros y tendremos que reconvertir nuestras actividades montañeras, adaptándolas a nuestras nuevas capacidades. A lo mejor entonces cambiamos nuestro placer espartano y solitario  por la compañía relajada y, ¿por qué no gratificante?, si es que alguien se atreve a soportar nuestra memoria magníficamente colmada de experiencias imborrables.

            Creo que les entran sudores nada más pensar en nuestro programa bastante alejado tanto de sus intenciones como de sus capacidades en la montaña y pasamos un rato agradable.

            Salimos repetidamente a la calle para ver si se produce el milagro esperado y sobre las nueve parece que quiere aclarar un poco, incluso llueve de manera intermitente.

            Los vallisoletanos se van, pues caminar carretera abajo puede hacerse y nosotros nos quedamos especulando sobre los límites temporales de la mañana: seguimos teniendo tiempo pero no indefinidamente. Una cierta mejoría nos invitaría a marchar para arriba aun con riesgo de tenernos que dar la vuelta y la persistencia del mal tiempo nos catapultaría a dar por finalizada la travesía e iniciar la vuelta a casa.

         Sobre las diez almorzamos. Es algo que hay que hacer y mejor hacerlo cómodamente y con tiempo pues no sabemos cómo se puede desarrollar el resto del día.

            Luego, ha dejado de llover, nos marchamos de nuevo al autobús no sabiendo todavía si hasta Praz de Fort o hasta Orsieres.

            En turismo hay una predicción meteorológica favorable para la tarde pero esperando al autobús el cielo sigue muy negro y las nieblas están encima.

             A las once cogemos el autobús que nos cobra carísimo puesto que pagamos 3’1 euros por alrededor de 7 kilómetros y nos vamos para abajo. La carretera está mojada, el ambiente está muy húmedo pero no llueve y contemplamos la amplia entrada del Barranco de Saleina que es el lugar por donde puede discurrir nuestro camino.

            Nos bajamos en el centro de Praz de Fort situado en la orilla izquierda del barranco. Hemos decidido ir para arriba ya que no tenemos nada mejor que hacer.

            Son las once y cuarto cuando tratamos de localizar el inicio del camino. Preguntamos y nos dicen que hemos de volver un tanto al sudeste hasta un puente sobre el barranco y enseguida, qué casualidad, nos cruzamos con los de Valladolid que han venido andando. Nos deseamos suerte y nos alargamos hasta el puente.

            El pueblo está situado sobre los 1125 metros de altitud y hemos comenzado a caminar sobre las once y media,  en suave ascenso por una carretera asfaltada que prosigue tras el puente en dirección sudoeste, también asfaltada y en suave ascenso a través de un área de explotación maderera controlada.

Más arriba del  Plan Baghet hacia el Col Clorettes paso al Glaciar de Orny.
 
            La carretera de montaña se va a largar bastante en mediano ascenso siempre por la ladera de la Orilla Izquierda del Barranco de Saleina.

            Subimos a buen ritmo aprovechando que el tiempo se comporta con nosotros y se nos hace calor, entre otras cosas porque en la primera hora subimos alrededor de 450 metros de desnivel.

Hemos girado hace rato al oeste y tras unas fuertes lazadas alcanzamos unas cabañas de montaña en estado un tanto precario, en un lugar algo sombrío y bastante a desmano donde termina la carretera.

La salida del minúsculo rellano en el que se asientan las cabañas se hace  a través de un tramo ya de camino empinadísimo que sube inmisericorde un vertical lomo granítico bastante pulido que inmediatamente se sumerge en la espesura del bosque.

Suerte que enseguida el camino se arrellana un poco y prosigue bastante complejo progresando a través de un intrincado bosque repleto de arándanos maduros y de envidiable tamaño. Comemos arándanos como jamás pudiéramos imaginar, de tal forma que hemos de terminar por olvidarnos del asunto cuando ya llevamos los dedos de las manos completamente teñidos de morado.

Poco después el camino que ya asciende moderadamente pero sin pausa sale del bosque y se adentra en una amplia e inclinada pradera alpina asentada sobre sustrato granítico y en dirección noroeste.

Contemplamos la amplitud del barranco que empieza a quedarse allá abajo puesto que estamos a la altura de los Hielos más Bajos del Glaciar de Saleina, con permiso de las nieblas que juguetean con el ascensor siempre rondando alrededor de nuestras cabezas, permitiéndonos ojeadas intermitentes a un paisaje ciertamente interesante que incluye a la amplia Cabecera del Glaciar de Saleina y las Rocas del Portalet.

El camino describe amplísimas lazadas y se aproxima a un torrente que baja de la Arista de Chevrettes cuando empieza a gotear suavemente.

A pesar del parón con los arándanos hemos subido a buen ritmo y en la segunda hora de camino ascenderemos 500 metros más. Estamos por encima de los 2100 metros cuando hacemos una parada. Me acerco a por agua al barranco, echamos un buen trago y proseguimos implorando clemencia al tiempo.

Nos acercamos a la base de unos paredones verticales orientados al sur y tras describir una amplia lazada, pasamos por su base dirigiéndonos hacia el amplio collado que se perfila muy plano sobre la Arista des Chevrettes.

Aguja de Clochers du Portalet.
 
Vuelve a gotear pero, por suerte para nosotros, no es nada serio y de momento nos respetan las nieblas que se entretienen cubriendo a girones la elegante Aguja de Clochers du Portalet, con lo que tendremos problemas para fotografiarla y nos dejan con las ganas de contemplar la Cabecera del Glaciar de Saleina en el que, a duras penas, podemos localizar el refugio, situado en un emplazamiento extraordinario.

Glaciar de Saleina desde la subida a Orny.
 
Nuestro ritmo flojea un poco a la vez que la llegada al collado se va dilatando. Pero estamos muy arriba y el camino ya en dirección norte describe cortas lazadas hasta situarse en un falso collado que es lo que veíamos desde abajo.

El Desagüe del Glaciar de Saleina.
 
Comenzamos a dejar de ver el valle por el que hemos subido y atravesamos una ondulada zona cubierta parcialmente de verdura  en la que hay algunas buenas zonas para acampar y ya es raro a esta altitud pues estamos sobre los  2500 metros.

En el Col de Chevrettes coincidiremos con el Camino de Champex. Atrás Agujas de Arpettes.
 
Transitamos unos suaves promontorios en ascenso y alcanzamos el Collado de Chevrettes sobre los 2600 metros de altitud cuando ya estamos seguros de que llegaremos a nuestro destino. En la tercera hora hemos subido alrededor de 400 metros sin apresurarnos, lo que no está nada mal.

En un relampagueante claro la Cabaña de Orny.

Las nieblas que parece que se van apartando a nuestro paso nos enseñan la parte alta del Valle d’Orny que es el camino natural para subir hacia el Plateau de Trient saliendo de Champex.

Localizamos en el lomo de una morrena del estrecho valle la senda y en horizontal caminamos hasta la confluencia de caminos. Luego, sin posible pérdida pues está lleno de balizas pintadas, continuamos en ascenso y en dirección este por un transitado camino en el que nos cruzamos con un grupo que baja del refugio.

Lac del Glaciar de Orny bajo las Agujas de Arpette.
 
Pasamos junto a un encantador lago acostado en los paredones de la cara sur de las Agujas d’Arpette y avistamos el Refugio al que llegaremos enseguida tras contemplar la Lengua Terminal del Glaciar d’Orny que llevamos a nuestra izquierda.

La Cabaña d’Orny está al final de nuestro repecho del día, 1686 metros de subida en una tacada y nada más que aproximadamente 9 kilómetros en los que hemos invertido  tres horas veinte minutos de caminar efectivo y sin prisas. Son las tres de la tarde y estamos a 2811 metros de altitud.

Las nieblas siguen cerca ocultándonos parcialmente el paisaje cuando nos metemos en la cabaña, un caserón de considerables proporciones.

Nos abrigamos pues notamos un poco de fresco y en una de las mesas del enorme comedor, junto a la barra de la cocina nos sentamos para comer y beber pues, a pesar de que el ambiente nos ha ido refrigerando y humedeciendo, hemos perdido líquido aunque no se haya notado demasiado.

El guarda nos enseña las habitaciones, los aseos, las costumbres del refugio y un lugar para poder hacer la comida puesto que no hay cocina libre; y controlado el asunto, nos cambiamos de ropa y nos abrigamos más puesto que se nos hace frío.

Hemos colgado las camisas y las camisetas en las cestas vacías de los estantes altos del comedor para que se vayan secando y el guarda que lo ve, muy atento, nos indica un lugar en la planta superior que es la ventilación de la cocina por la que sale aire caliente. La temperatura del refugio no es la más adecuada para que sequen las ropas y allí si que se van a secar.

Hielo del Glaciar de Orny en las inmediaciones del refugio.
 
La tarde se hace larga, el refugio está frío o así nos lo parece, sobre todo la planta inferior de los aseos a la que se accede por un lateral del comedor. Fuera están las nieblas en una tarde que de buena no tiene nada.

En el comedor hacemos lo de siempre: ojeamos revistas, jugamos a las cartas, bebemos, tomamos notas... discretamente y a lo nuestro como siempre. Somos de esos montañeros civilizados que suelen pasar bastante desapercibidos en los refugios, como esos profesionales que, sin armar ruido, reparan la avería y se van casi sin saber ni por donde han venido ni por dónde se han ido.

Col y Glaciar de Orny, las nieblas vienen y van.
 
Esta tarde es un tanto especial. Estamos reconcentrados en el tiempo. Falta tan poco para que nos deje rematar decentemente la travesía y está tan medio medio... Por otra parte esto se acaba ya. Aquello que quedaba tan lejano hace unos días lo tenemos al alcance de la mano, y no digamos si echamos la vista un par de años atrás. Mañana nos espera el Plateau de Trient y la ansiada bajada hasta Argentieres para salir de las nieblas de aquella inolvidable mañana en la que buscando el Col de Chardonet “queríamos escalar la Aguja de Argentieres”.

Nos hacemos un té.

A las siete llueve y nos hacemos la cena al fresco de la primera planta pero nos la cepillamos en el comedor que, posiblemente gracias al calor humano, está templadito.

Va a llover de lo lindo hasta las ocho y media. Rosa intentará en vano hablar con Biola pero no hay cobertura en un lugar donde dicen suele haberla. Al final desiste y nos metemos dentro para tomarnos nuestro vaso de leche bien caliente.

Pagamos 15 euros por la litera y 4 euros de tasa de basura, lo que es un auténtico asalto a mano armada. Luego, nos ha dicho que ya hablaremos y después de cenar nos pregunta que a dónde vamos a ir. Le decimos que queremos pasar por el Col de Chardonet y entonces nos dice que en la Fenetre de Saleina no hay problema pero que en el Col de Chardonet caen muchas piedras, que su compañero de la Cabaña de Trient así se lo ha indicado y que tratan de impedir que pase la gente por allí para que no hayan accidentes ya que, parece ser que últimamente hay muchos.

A nosotros nos pilla en frío lógicamente y nos dice que tenemos una alternativa que nos puede interesar: en el Plateau de Trient en lugar de salir por la Fenetre de Saleina hacerlo por el Col du Tour que no tiene problemas, es equivalente pero en lugar de bajar hacia Argentieres se baja hacia Le tour, un poco más arriba de Argentieres.

Luego, con las linternas comentamos la situación en el mapa y como nosotros lo tenemos claro el guarda se queda ya más conforme. Nos pregunta por la hora de partida y le decimos que nos queremos levantar sobre las seis puesto que es poco tajo para nuestro último día pero se empeña en que tenemos que levantarnos más temprano por el tema de las temperaturas y las grietas. Le decimos, para acabar con el asunto, que bueno. Este no sabe que somos unos españoles de los que procuran pasar los glaciares en las mejores condiciones pero que al final los pasan cuando toca.

Ante esta nueva situación en el que el guarda responsable y profesionalmente nos ha advertido, cualquiera desoye sus advertencias y que luego por cochina mala suerte ocurriera algo. Yo no creo personalmente que caigan tantas piedras pero desde luego que nos vamos por el Col de Tour aunque nos quedemos sin reconocer el embarque de la travesía Chamonix-Zermat.

A las nueve y media nos subimos a la habitación y nos envolvemos en fundas nórdicas puesto que en este refugio no hay mantas.

           ¡Cómo abrigan las fundas nórdicas dichosas! Tan pronto como nos metemos dentro empezamos a entrar en calor.

Puedes ver la Continuación.

10 ago 2005

8.05. DE LA BERARDE A LE TOUR. ETAPA 8: DEL REFUGIO DEFFEYES A LA FOULY. 10-8-2005.

En el Gran Col Ferret.

Refugio Deffeyes, Alpage du Glacier, Cascatas, La Joux, Entrevers y La Thuille. Dos autobuses hasta Courmayeur y otro hasta Arnuva, 27 kilómetros. Refugio Elena, Gran Col de Ferret, La Grance de Ferret y La Fouly.
10-08-2005
Desnivel ascendido 768 m.
Desnivel descendido 1789 m.
Distancia recorrida 30500 m.
Tiempo efectivo 08:30 h.
Sol.
Fácil.
Una Alta Ruta debe tener sus reglas. Fijadas estas, la actividad se debe desarrollar bajo sus premisas. Nosotros las teníamos y actuamos bajo sus condiciones.
Una de ellas postulaba la posibilidad de tomar algún medio de transporte en los tramos de camino coincidentes con carreteras, y los había en los puntos bajos.
No la hicimos efectiva en el ni en el Col de Lautaret ni en el descenso a Modane ni en la llegada a la Fouly; si en cambio en los alrededores de Tignes y de Cormayeur. Economizamos tiempo en recorridos incómodos que nada de interés aportaban a la travesía. ¡Las carreteras son para los vehículos y los caminantes por los caminos!
Agua según temporada y en la mayor parte de los tramos transitados a pie. 
Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

 Mapa de la Thuile a Cormayeur procedente de Landeskarten der Schweiz. Vía en verde, autobús en amarillo.

Mapa de Cormayeur al Col Ferret  procedente de Landeskarten der Schweiz. Vía en verde, autobús en amarillo.

 Mapa del Col Ferret a la Fouly procedente de Landeskarten der Schweiz. Vía en verde, autobús  amarillo.
Tras una noche buena, infinitamente mejor que la anterior sin duda, aparecemos a las seis de la mañana al miércoles 10 de Agosto. Recogemos y desayunamos con la normalidad acostumbrada y a las siete menos diez, tranquilamente nos echamos a la calle y a la mañana que está muy buena aunque ligeramente nublada.

 Salimos por la parte norte del refugio sin haber consultado el camino pero no nos va a hacer falta, se trata de un transitadísimo camino que alcanza enseguida el collado situado al norte del refugio y se derrumba  materialmente en busca del Rellano del Alpage du Glacier en dirección oeste-noroeste.

Tenemos algunas dudas ya que el desagüe del glaciar va más al oeste tras el Lac de Ruitor, pero enseguida se disipan puesto que tanto nuestro camino como el del barranco se aproximan en el rellano inferior aunque no coincidan de momento.

Precioso Lac du Glacier.

En el primer resalte bajamos alrededor de 350 metros vertiginosos que nos depositan en una cabaña primorosamente restaurada y en perfecto estado a la orilla del Lac du Glacier situado a 2158 metros de altitud. La cabaña  nos llama la atención pero todavía más el lago pues se trata, con cierta probabilidad de uno de los más bellos que hemos visto estos días. El lugar es sencillamente paradisíaco.

La Tercera Cascata.

El camino gira un poco al oeste y se arrellana un poco para aproximarse al barranco. Enseguida nos aparece un desvío hacia la Tercera Cascata. Se trata de una invitación que rechazamos puesto que no sabemos lo que se nos puede ir si nos entretenemos con las cascadas.

Bajo la Tercera Cascata en la Joux.

Enseguida el camino se va para abajo y nos muestra el final de la cascada en medio de un espeso bosque mixto.

Luego el camino baja presto en dirección norte muy bien trazado y nos coloca en uno de los miradores de la Segunda Cascata  que también fotografiamos pero las fotos no saldrán nada decentes.

Continuamos para abajo y encontramos un cartel de obras. Es que se trata de una zona protegida y primorosamente cuidada. El helicóptero ha hecho unos cuantos viajes, algunos hasta el refugio y otros para depositar a los trabajadores del parque que están restaurando y acondicionando el camino.
La Joux y el Pícolo San Bernardo.

Siempre por la orilla derecha del Barranco de Ruitor, alcanzamos la Primera Cascata y enseguida  cruzamos el barranco y llegamos al Caserío de La Joux situado a 1650 metros de altitud.

Hasta aquí llega la carretera asfaltada. Hay un aparcamiento al que llegan los autobuses de línea del valle y el personal parte de aquí para visitar las cascadas ya que, nos da la impresión que muchos de los que suben al refugio para visitar el glaciar lo deben de hacer en helicóptero, a juzgar por los viajes que ha hecho esta mañana, además de que nos hemos cruzado con muy poca gente. El costerón es simplemente salvaje.

Son las nueve menos veinticinco cuando nos vamos carretera abajo comentando y especulando sobre nuestro inmediato futuro. Finalmente decidimos que en La Thuile cogeremos el autobús y nos quitaremos de encima la carretera.

Unos ratos por la carretera y otros por fuera vamos suavemente bajando al encuentro del personal y del tráfico. Enseguida encontramos aparcamientos y campings llenos de autocaravanas que tienen prohibido el paso para arriba. Las hay a granel. Luego alcanzamos una urbanización en la que nos cuesta orientarnos y tenemos que preguntar. Estamos en Entreves y La Thuile está más abajo.

Caminamos por terreno urbanizado en el que se mezclan tanto casas de montaña como naves industriales de variados tamaños, llevamos el barranco a la derecha y reconocemos la carretera que baja del pequeño San Bernardo: entramos a La Thuile situada a 1447 metros de altitud cuando son las nueve y cuarto y el sol se ha abierto paso por entre las nubes.

Perderé un buen rato con unas ardillas que son las dueñas de un enorme parque a la entrada del pueblo y al final no seré capaz de sacar una foto decente de ninguna de ellas

La Thuile un pueblo turístico levantado a lo largo y alrededor de la carretera que hace de calle principal. Las tiendas están abiertas y la gente pulula por la calle, cada cual a lo suyo.

Nosotros vamos a lo nuestro que consistirá en comprar pan en una panadería al módico precio de 3,3 euros el kilo, comprar carretes de diapositivas para Juan que no resulta fácil y  luego localizar la oficina de turismo, todo de camino. Son las diez y diez de la mañana.

En turismo nos dan los horarios de los autobuses del valle que coinciden con los que hemos visto en la parada de autobuses de La Joux.

La parada de autobuses está enfrente de la oficina y el inmediato sale a las diez y media. Así que, no tenemos mucho tiempo que perder ni nada mejor que hacer aquí que llegarnos hasta el autobús y ponernos en la cola para entrar.

Diez minutos de autobús al precio de 1’2 euros nos sirven para recorrer cómodamente alrededor de 9 kilómetros de una carretera que ya conocemos y que nos parece cada vez más pestífera.

El autobús nos deja en la parada para que tomemos el que sube por el Valle desde Aosta hasta Cormayeur. Hemos de esperar unos minutos que empleamos en charlar con una señora que, sin duda es o ha sido montañera y que interviene delicadamente en nuestra conversación.

Tomamos el autobús previo pago de 1’2 euros otra vez y tras pasar por Pallencieux que fue donde nos equivocamos nosotros en el viaje de avituallamiento, enseguida llegamos a la estación de autobuses de Courmayeur pues han sido alrededor de 5 kilómetros con vueltas y todo.

Macizo de Montblanc desde Cormayeur.

Courmayeur es un hervidero a estas horas y nos confirma nuestro acierto al decidirnos por la opción del autobús. Solamente preguntando en este laberinto se nos hubiera ido más tiempo del que teníamos previsto para hacer el camino.

Sacamos los billetes  por 1’6 euros y esperamos sentados en un banco, charlando con unos españoles que están haciendo el Tour del Montblanc y echando un bocado de pan tierno y un poco de queso que han comprado mis socios en la panadería.

A las once y media montamos en el autobús y continuamos el viaje en medio de una multitud de coches y personas que lo llenan todo. El autobús no va vacío que digamos. Rosa en mi falda, el pasillo de bote en bote, en cada parada entran más y para a cada momento.

Grandes Jorasses desde Planplincieux.

La verdad es que casi hasta Planpincieux se trata de una población prácticamente continua a lo largo de la carretera, alternándose con terrenos de cámping y propiedades valladas completamente. Menos mal que el personal ha ido desembarcando en las paradas tan pronto como nos hemos alejado del núcleo fundamental del pueblo.

Glaciar de Planplincieux y Grandes Jorasses.

El día no está demasiado bien para la fotografía y ya, puestos en el ajo y visto el lío de los autobuses, decidimos no parar hasta el final y acabar así con el tumulto. Por otra parte, entre unas cosas y otras, se nos ha pasado la mañana y no hemos cogido los autobuses para nada: pretendemos aprovechar el resto del día.

Grandes Jorasses desde la Vachey.

A las doce y cuarto llegamos a Arnuva, recogemos el tercer y último avituallamiento que está en perfecto estado, con la bolsa un poco húmeda por fuera pues ha debido de gotear algún poco y perfectamente fresco, la temperatura ha debido de procurar que los alimentos no se calentaran gran cosa, y tras acondicionarlos de cualquier forma en las mochilas nos vamos hacia adelante en busca de un lugar adecuado para comer.

Dora de Ferret en Arnuva.

Tomamos la pista en dirección nordeste por la Orilla Izquierda de La Doire y caminamos en busca de algún pícnic con sombra para comer. El pícnic no aparece pero si encontramos un sombreado lugar en el que el personal desperdigado está comiendo y allí nos quedamos.

 Mientras voy por agua al río mis socios preparan un poco la comida a base de cervezas con aceitunas rellenas, judias con perdiz y naranjas; las latas de ensalada mediterránea las guardamos para más adelante.

Glaciar de Triolet.

Comemos bien a la sombra de los viejos alerces y recibimos la visita de un can que ha olido nuestra comida. Luego, recogemos los bártulos, lo enmochilamos todo y nos disponemos para aprovechar la tarde. Es la una y media.

Rosa se ha ido delante al encuentro del camino y nosotros tras recogerlo todo continuamos tras ella atajando un poco para alcanzar el camino que es una transitadísima pista que asciende suavemente en dirección nor-nordeste.

Cogemos ritmo, empezamos a sudar las judías y alcanzamos a Rosa. bastante arriba pues debe de llevar buena gasolina en el motor.

Petit Col Ferret por encima de Arnuva.

Arnuva está a 1769 metros de altitud y se encuentra al Final de la Carretera  del Valle de Ferret, en la Orilla Izquierda del Barranco la Doire. Atrás al oeste han ido quedando desde el Montblanc hasta el Diente del Gigante, luego las Grandes Jorasses y ahora estamos en la parte Terminal del Circo de Ferret frente a las Agujas de Lexchaus, las de Talefre y la de Triolet al noroeste.

Una potente morrena lateral del lado izquierdo del Glaciar de Pre de Bar se prolonga casi hasta el lugar en que la pista gira más de 90 grados orientándose casi al sur pero nosotros no vamos hasta la vuelta sino que atajamos directamente y nos plantamos en el Rellano del Refugio Elena sobre los 2000 metros de altitud.

El Glaciar de Pre de Bar desde el Refugio Elena.

Nos llegamos a la terraza del refugio y contemplamos desde allí un fastuoso paisaje con los Glaciares de Triolet y de Pre de Bar coronados por la Aguja de Triolet y el Mont Dolent. Son las dos y cinco.

Del Petit Col Ferret a la Arista de Triolet.

            Echamos una visual al refugio que es más un hotel que otra cosa, miramos la predicción del tiempo que lo anuncia bueno y tras hacernos una fotografía nos cargamos las mochilas, pasamos junto a los que están haciendo el Tour de Montblanc que en menos de una hora han dado por finalizada su jornada, y en dirección este nos vamos para arriba.

            Toda Alta Ruta debe contar con alternativas en función del tiempo atmosférico de que se disfrute. La nuestra no tenía demasiadas pues era muy rectilínea pero, quizás para compensar, el final estaba muy abierto, y ahora estábamos en ello.

            Ibamos a abandonar Italia para pasar a Suiza, aunque también podríamos ir directamente a Francia pero no era el caso, y teníamos dos opciones: el Petit Col Ferret que nos podía conducir de una forma muy directa hasta la Fouly y el Grand Col Ferret, un poco más bajo, más transitado y ofreciendo otras opciones. Nosotros habíamos elegido previamente la segunda opción porque, a partir de allí el tiempo decidiría por nosotros.

Mont Dolent y Pointe Allobrogia sobre el Glaciar de Pre de Bar.

            Si el tiempo era pésimo  bajaríamos hasta la carretera y con ella por Ferret, La Fouly y Praz de Fort a Orsieres y fin, autobuses a Martigny, Chamonix y Grenoble. Si el tiempo era mediano bajaríamos a la carretera y remontaríamos hacia el este para pasar por la Combe des Planards y bajar por carretera hasta Bourg St. Pierre donde terminaríamos cogiendo el autobús que baja hasta Orsieres y etc, etc. Y por último, si el tiempo era bueno en altitud bajaríamos hasta la carretera y por ella nos llegaríamos hasta Praz de Fort  para irnos de nuevo para arriba, pasar por el  Plateau de Trient y bajar hasta Argentieres donde cogeríamos el autobús a Chamonix y Grenoble.

            En estos momentos, el tiempo meteorológico y las predicciones permitían cualquiera de las tres y a esta hora del día se trataba de aprovechar la tarde. El refugio Elena era el lugar previsto para pasar la noche, la decisión de tomar autobuses para no hacer carretera nos había propiciado ir con adelanto y nosotros íbamos a adelantar camino y programa con vistas a comprimir casi dos etapas en una.

Gran Combin y nuestra vía en la Chamonix-Zermat.

            A través de un camino trazado sobre la ladera cubierta de pradera alpina un tanto abrasada ascendemos consistentemente en dirección nordeste. Entrados en calor subimos a tren, creo que muy bien y cuando queremos darnos cuenta estamos en el Grand Col Ferret a 2537 metros de altitud. Hemos salido de Elena a las dos y cuarto y son las tres y cinco.

            Hacemos unas fotos, contemplamos relajadamente el paisaje y sin más, diez minutos después, entramos en Italia primero en dirección norte para girar enseguida al este con un camino que transita una amplia pradera alpina. Estamos en medio de una montaña amable que se puede atravesar por cualquier parte.

Macizo del Combin desde la Tete de Ferret.

            Hay gente en el camino en cualquiera de las direcciones pues se trata de un tramo del Tour del Montblanc. Al final hemos comprendido que lo que llevan esas reatas de mulas cargadas con bolsas de cuero iguales son las pertenencias de algunos grupos organizados que hacen el Tour cómodamente; eso si, los trekinistas se llevan a si mismos y no sabemos si no se montarán en las mulas en algún momento.

Bajando a Le Peule el Col Chevaux y el Plan de Chaux.

            Nosotros a nuestro ritmo pasamos el primer tramo bastante llano y luego transitamos a buen ritmo el  potente resalte que finaliza en un Gite d’Etape en La Peule. Estamos a 2071 metros de altitud.

            De allí para abajo tomamos la pista que nos baja en dirección norte hasta el Barranco de La Drance de Ferret que cruzamos por un puente junto al aparcamiento a 1840 metros de altitud.

            La pista marcha en suave ascenso hacia el sudeste para irse hacia Les Arss,  Dessus y el Plan de Chaux camino de Les Planards. Nosotros tomamos la carretera en dirección contraria y hacia abajo.

Glaciar de Nouve y Tour Noir desde Ferret.

            Caminamos un poco en dirección nordeste y enseguida llegamos a la aldea de Ferret a 1700 metros de altitud. Echamos un trago en una fuente de una casa junto a la carretera que tiene un estrecho jardín delantero lleno de Edelweis grandes como boinas

            Luego perdemos un poco el tiempo tomando un camino que va coincidiendo con la carretera y finalmente siguiendo la carretera pasamos La Neuve y llegamos a La Fouly cuando son las seis y media.

            Hay que plantearse el buscar un lugar donde dormir y en la Oficina de Turismo nos informan de los autobuses que bajan valle abajo y nos aconsejan el Guite d’Etape Le Dolent cuyo anuncio hemos visto en la carretera a la entrada del pueblo. Así que hemos de dar la vuelta, atravesar de nuevo el pueblo y tomar el caminillo que saliendo de la carretera frente al cartel anunciador, en dos minutos nos deposita en el albergue donde damos  por finalizada la jornada.

            El albergue está vacío y su amable dueña nos atiende diligentemente, nos enseña la habitación y los servios puesto que desconocemos el funcionamiento de este tipo de instalaciones.

            La gente, por lo visto, anda de marcha todavía pues luego irán llegando. Nosotros entre tanto tomamos posesión de nuestra habitación y nos damos una buena ducha además de hacer una minicolada.

            Yo aprovecharé para pedir permiso y recargar la cámara digital que llevo en uno de los enchufes de los sanitarios.

            Luego Juan se va un poco al jardín para recoger los últimos rayos de sol que le sequen el pelo y nosotros tendemos en la ventana.

            A las siete y media preparamos la cena en la habitación y cenamos en la mesa de la misma como unos generales. Podemos bajar al comedor y utilizar además de la cocina la vajilla de la misma pero preferimos quedarnos aquí, bastante abrigados puesto que el albergue está algo fresco en este sombrío paraje y se nos hace casi frío.

            El personal va llegando, entre ellos un grupo de Valladolid que se conoce la marcha. Recordamos que en la Zona del M’Goum había anunciado un Gite d’Etape y es que, aquí en Francia y Suiza, suelen ser bastante frecuentes.

            Pongo al día las memorias e inventarío la jornada. Hemos subido768 metros, bajado 1789 metros, recorrido 30,5 kilómetros y para ello hemos empleado ocho horas y media, con lo que el día no ha sido tan duro como lo preveíamos pero gracias a que hemos hecho en autobús alrededor de 27 kilómetros.

            Además el autobús nos ha permitido llevar unas horas de adelanto que damos por buenas y que nos permiten alguna alternativa para el día siguiente.

            A las nueve y media, todo queda en orden y nosotros ordenadamente nos empiltramos con el objetivo primero de entrar en calor y aprovechar la noche descansando con los puños prietos puesto que si el tema saliera muy bien igual pasábamos de largo en la Cabaña d’Orny.

            La noche está vestida de nubes negras pero como eso es inevitable, entramos en calor a cubierto de un nutrido número de mantas y pasamos una noche deliciosamente reparadora.

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