30 jul. 1992

6.92. POLLUX Y SCHWARZEE. 30-7-92.

Rocoso aspecto de la Cara Sudoeste del Pollux. 30-7-92.

Collado de los Gemelos, Arista Oeste, Cima del Pollux, Collado de la Roca Negra, Glaciar Schwarzee, Glaciar de Gorner y Rotboden.
30-07-1992.
Salida 08 h. Llegada 18:30 h.
Sol.
Dificultad media.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.


Entrada a la Pared del Pollux en la Arista Sudoeste. 30-7-92.

            El Zwillings o Collado de los Gemelos es el collado de Juan que también tiene gemelos. De reducidas dimensiones, no se utiliza como paso entre Italia y Suiza ya que deben existir alternativas mejores. La vertiente suiza es complicadísima aunque la italiana sea amable en la Cabecera del Glaciar de Verra.
            Son las ocho de la mañana del 30 de Julio de 1992 y nos vamos en dirección oeste y en suave descenso en busca de la Arista Oeste del Pollux ya que la este, en su inicio rocosa, no le gusta nada a Juan y además porque Michel Vaucher indica la oeste como la más adecuada.
            Pasamos bajo restos de pequeños aludes, contemplamos la Cara Norte del castor con sus dos zonas, la que hemos bajado nosotros y la que acoge a la vía normal y la conclusión es inmediata e inevitable: en la cima sale un potente espolón que nosotros nos hemos pasado de largo ya que desde arriba era imperceptible con la huella borrada.

El Liskam tras el Col de Zwillings. 30-7-92.

            Contorneamos el comienzo de la Arista Oeste del Pollux e iniciamos el ascenso por un tramo mixto de roca y hielo con escorrentías de agua y una buena rimaya. Enseguida tomamos la arista rocosa en la que el sol le está enmendando la página de la noche, pues la nieve queda reducida a tramos en la sombra o en repisas francas.
            Huy huellas sobre la nieve y tenemos gente arriba que hemos oído en la cresta cuando íbamos a su encuentro. Ahora en dirección este vamos progresando casi por cualquier sitio, la cresta es fácil y suave y está salpicada de trepadas sencillas que se complican un poco con los crampones puestos.
            A vueltas con la cresta encontramos descansando al sol a una montañera y justo encima de ella a sus dos compañeros que están bajando las cuerdas fijas: sorpresa, sorpresita.
            Soltamos las mochilas, nos quitamos los crampones, nos los ponemos en bandolera porque arriba hay nieve y tras echar un trago nos vamos para arriba.

La sorpresa con la Placa equipada del Pollux. 30-7-92.

            Rosa se resiste a pasar la dificultad como siempre y también como siempre va para adelante.
            Una cuerda fija ayuda en una travesía horizontal sobre una laja de 8 ó 10 metros, muy lisa y casi vertical que tiene debajo un “patio feo.” Se pasa fácilmente utilizando la cuerda como pasamanos de tracción.
            A continuación hay que tomar un estrecho corredor que es un diedro vertical con dos bloques empotrados y también equipado con una cuerda fija de 6 ó 7 metros, que permite superarlo con unos pasos medianamente atléticos.
            El bloque superior es una buena repisa pero para uno solamente. Permite contemplar el corredor orientado al este que desciende brutalmente hasta el Glaciar de Zwillings.
            Un tercer tramo de cuerdas fijas de una docena de metros nos permite franquear el último tramo de pared, también vertical y algo rugosa en su parte superior. Lo subimos con Rosa en ensamble mientras Juan asegura.
            La pared termina en un rellano nevado. Hago seguro con mi piolet y sube Juan.

Casquete Somital del Pollux tras la Virgen. 30-7-92.

            Sentados en unas rocas sobre las que hay una imagen de bronce de la Virgen, nos ponemos cómodamente los crampones al amor del sol. Nos quedan 50 metros de nieve dura que hacemos por la huella de los que nos han precedido.
            Subimos en un momento el casquete somital nevado que defiende la Cima del Pollux a 4091 metros de altitud. Son las diez de la mañana y acabamos de coronar la tercera y última cima del día, que por cierto está espléndido y tenemos prisa para terminar lo antes posible el día que estaba programado como de descanso.
            Hacemos una foto y media vuelta para abajo.

La Cara Norte del Castor que hemos bajado esta mañana. 30-7-92.

            Nos quitamos los crampones  en el mismo sitio y como ya es costumbre, bajo yo delante asegurado por Juan, luego Rosa asegurada por los dos y por último Juan con mi seguro. Conocido ya el paso lo hacemos más deprisa pero con la incomodidad de llevar crampones y piolets de malas maneras.
            Comemos unos frutos secos, echamos unos tragos de Fitoactive nuestra bebida isotónica y nos vamos al trote para abajo cruzando nos con una cordada en la que va un crío de no más de 12 años, que seguramente irán mejor informado que nosotros. Un rato después rematamos pasando la rimaya y ganamos los campos de nieve del Glaciar Superior de Verra.
            Hemos terminado aquel proyecto que barajábamos hace tres años largos. Al final hemos hecho el Castor y el Pollux pero con sendas sorpresas incorporadas. ¿Quién dijo que eran cuestas de vacas?

Pasados el Castor y el Pollux se felicitan ante la Rocia Nera. 30-7-92.

            En suave descenso nos vamos en busca del Collado de la Roccia Nera, Roca Negra, y con ella de fondo les hago una fotografía a mis socios, satisfechos vencedores de la empresa. Son las doce menos cuarto      
            La Roca Negra es una caca metamórfica que se debe escalar con permiso de las pedradas que suelta continuamente la pared. Pasamos junto a ella con prevención y nos vamos para abajo por el Glaciar Schwarzee al encuentro del Refugio Césare e Giorgio Volante que suponemos será de un calibre parecido al del Cristo Delle Vette y digo será porque no le veremos el pelo. Por lo no visto suponemos que estará en la zona oeste del collado bajo el Breithorn Occidental.
            Bajamos 200 metros en dirección norte siguiendo una clara huella por la izquierda del glaciar. Vamos pasando alguna grieta, el glaciar en esta parte es bastante llano pero sabemos que más abajo hay un potente escalón.
            Alcanzamos un punto en el glaciar en el que incomprensible e inesperadamente se pierde la huella. Atravesamos un puente de nieve y nos enfrentamos a una cascada de seracs cuya primera grieta es un paredón de más de 10 metros. Se puede pasar pero ¿qué habrá después…?
            Prudentes como los Reyes Católicos decidimos darnos la vuelta en busca de algo menos emocionante. Nos ayuda a la decisión, la comprobación  de que sobre la huella de bajada estaba la de subida y como la huella era tan clara no hemos advertido tan “insignificante” detalle.

El Pollux desde el Refugio de la Roca Negra tres años después. 27-7-95.

            Empezamos a ascender penosamente sobre una nieve blandísima en busca de superar las grietas más importantes que nos permitan alcanzar el centro del glaciar. Se nos hace eterna la subida sobre todo cuando abandonamos la huella y voy haciéndola con pena infinita: me estoy quedando sin gasolina.
            Por el collado comienzan a asomarse nubes con algo de desarrollo que nos aportan cierta inquietud.
            Alcanzado el centro del glaciar sobre los 3700 metros de altitud, nos vamos en horizontal al encuentro del Espolón Dekalbetterfluh que baja desde la Cima del Pollux en dirección norte. Creemos que allí encontraremos alguna vía que nos baje bastante para abajo; pero lo que encontramos es hielo vivo y casi de inmediato verticalidad que nos conduce a un patatar hermano del que hemos tenido que darnos la vuelta. Además, por fortuna  el lugar nos proporciona perspectiva sobre el glaciar.
            Decidimos volver un  poco sobre nuestros pasos iniciando una travesía, entre dos fuertes grietas, que nos permitirá alcanzar un espolón central del glaciar que tiene un tramo viable.
            Me he recuperado un poco y siguiendo nuestro sistema abro huella sobre nieve profunda facilitada por un pequeño descenso de nuestra trayectoria. Solamente al final un tramo cuesta arriba requerirá una pequeña dosis de coraje.
            Ya en el espolón nos vamos para abajo, algo así como unos 100 metros de nieve blanda salvando alguna grieta y sorteando enormes fosas; pero la vía se acaba, se pone vertical y se sumerge en otro caos de seracs, por lo que hemos de darnos la vuelta de nuevo.
            Paramos a comer un poco ante mi insistencia: de nuevo estoy desfallecido. Devoro unos frutos secos y bebo un poco de Fitoactive. Rosa saca unas barritas energéticas que nos regalaron para probar y las repartimos.
            Estoy convencido de que con el régimen alimenticio que soportamos en relación con el nivel de trabajo que realizamos no es suficiente y debemos comer para mantener tanto las fuerzas físicas como las morales ya que se desmoronan juntas.
            Por otra parte el cielo sigue amenazando, la hora va de corrido y estamos en medio de un suculento embarque. Retrocedemos animados por la esperanza de que al final resolvamos el problema.
            Juan retrocede hacia arriba y busca un paso en la parte alta del espolón nevado, contornea una fuerte grieta y nos espera oteando el negro horizonte; estamos en medio del Glaciar Negro, el Schwarzee.

El Pollux desde el Glaciar del Gorner. 30-7-95.

            Especulamos sobre una nueva alternativa en la parte más oriental del glaciar. La cascada pierde potencia y se reduce a un doble escalón bajo el cual la zona firme de hielo gana altura y por allí es por donde vamos a intentar alcanzar el rellano glaciar.
            Juan atraviesa un puente de hielo y nosotros decidimos bordear la enorme grieta. Cuando iniciamos los movimientos, a nuestros pies surge un crujido que nos corta la respiración. Juan contempla el derrumbe de un enorme serac que debía de estar “maduro.” Nosotros no lo vemos pues ha ocurrido en nuestra vertical.
            Disimulo como mejor puedo ante el comentario de Rosa y salimos de allí como motos, la hora así como la temperatura son, como poco, desaconsejables para el tránsito de mercaderías.
            De los dos escalones, el que parecía más fácil y corto, no tiene fondo pues es una enorme grieta. El otro transita junto a un espolón rocoso al que van a morir todas las grietas de esa zona del glaciar.
            No vemos el final pero voy para abajo asegurado por Juan. Alterno nieve con hielo junto a la roca. Busco un lugar en la roca para asegurar y nos reunimos. Rosa baja detrás como una jabalina aprovechando la huella que he abierto y Juan detrás asegurados en una fisura de la roca.
            La incorporación al segundo largo de cuerda es algo complicada, somos tres bueyes con cuerda por todas partes.
            La reunión es similar a la anterior pero sobre una repisa de hielo lo que de alguna forma facilita el inicio del tercer largo.
            Se trata de un largo curioso; atraviesa una fuerte grieta que salvaremos haciendo un buen quiebro en la trayectoria pero al final habrá que ir a ella para poder continuar.
            En su extremo salto con todo el cuidado del mundo sobre un puente de nieve que no sé cómo está y me apoyo sobre el labio inferior de la grieta. He hecho el paso colgado de mis brazos como un guiñapo; si me hubiera fallado el apoyo de los pies creo que no hubiera caído ni 10 centímetros.
            Respiro, me salgo de la grieta y bajo la roca hago seguro con el piolet tras compactar la nieve. La cuerda ha venido justa, tenemos un nudo y nos hemos salvado de tener que deshacer el largo.
            Los socios bajan detrás guiados desde abajo, no hay que abusar ni del seguro ni de la suerte.
            Nos queda un largo de cuerda corto y en horizontal que remataremos saltando la grieta que nos separa de lo que suponemos zona firme de hielo.
            Se me alegra el corazón aunque no estoy exento de cierta preocupación cuando salto la grieta y aseguro a Rosa con cuerda justa y llena de nudos. Son las tres y media, el tiempo en Italia amenaza, pero en Suiza que es a donde vamos sigue claro.

Cuatro horas se ha llevado el Schwarzeegletcher que no olvidaremos fácilmente. 30-7-92.

            Hemos metido casi cuatro horas en pasar la Cascada de Seracs del Schwarzee y todo  para bajar 300 metros de desnivel. ¡Vivir para ver! Será por algo que Schwarzee significa negro.
            Contentos como potrillos recién sueltos, por un campo de nieve bastante firme nos arrimamos al espolón rocoso Dekalbetterfluh y por la nieve de junto a la roca donde van a morir todas las grietas continuamos el descenso del glaciar al trote. Pisamos unas, pasamos otras  y bajamos hasta superar el límite de la nieve hielo y seguir sobre el tramo final de hielo negro del glaciar surcado por infinitos torrentes  de agua que se sepultan en viejas y profundas grietas.
            Daremos bastantes vueltas sorteando obstáculos pero alcanzaremos finalmente la confluencia con el Glaciar de Gorner. Son las cuatro y media. Nos quitamos los crampones y nos desencordamos mientras especulamos con lo que nos queda y la hora en la que baja el último tren pues no necesitamos volver al Refugio Monte Rosa.
            Con los pies hartos pero liberados de los crampones atravesamos el Gorner que parece un pedregal más que otra cosa. Es una experiencia difícilmente imaginable: tierra negra, piedras, arenilla, pozos y mil hilillos de agua, promontorios de hielo negro como camiones descargados en medio del glaciar, barrancos longitudinales… en medio se ha excavado uno de alrededor de 10 metros de profundidad y una treintena de ancho y que nos las vemos para atravesarlo.
            A vueltas con todo esto pasamos una hora entretenida, mejor dicho, casi hora y media. Al final atajamos rectos hacia Gornergrat sabiendo que nos espera un fuerte repecho  sobre una morrena terriblemente inestable.
            Pisamos tierra firme y ganamos altura sobre una escorrentía hasta el camino. Pronto alcanzamos pratenses y tusilago: ¡Qué alegría de jardín! A veces, que poco puede llegar a suponer tanto. Flores, olores y sudores.
            Estamos zurrados de lo lindo y el repecho nos roba el aliento ahora que hemos salido del embarque. Hemos tenido que sacar la fortaleza suficiente para imponernos a la situación, Rosa se ha portado como “una señora” y a todos nos ha ido la procesión por dentro. Pero ahora hay que olvidarlo, que no lo olvidaremos.

El inolvidable Schwarzeegletcher o Glaciar Negro. 30-7-92.

            Metemos la marcha de resistencia bajo el sol, cuento pasos como si fueran ovejitas, nos entretenemos con una marmota, echamos la vista atrás de cuando en cuando y contemplamos al frente al Cervino con su perfil menos estético.
            Doblamos frente al Rifelhorn, pasamos junto al Rifelsee y en una hora nos llegamos a Rotboden tras meternos 300 metros largos de desnivel.
            Son las seis y media y el último tren ha partido ya a pesar de nuestros esfuerzos por llegar.
            La estación está abierta, aseos, agua corriente y un pequeño refugio. Tenemos comida suficiente así que del mal el menos pues podemos pasar una noche decente aunque psicológicamente estamos frustrados.
            Rosa que tiene oído de cochín flaco dice al rato que oye un tren y efectivamente sube un tren con gente de servicio para el Complejo de Gornergrat y nos dicen que nos bajarán.
            Comemos un poco  mientras esperamos ya que no hemos comido casi nada al estar ocupados en otros menesteres, se enfrían las espaldas sudadas sin la mochila y me tumbo de espaldas sobre el asfalto  caliente de la estación.

Dispuestos a pasar la noche en Rotboden. 30-6-92.

            A las siete y cuarto baja el tren con cuatro gatos. Nos sentamos, nos relajamos y dejamos que discurra el paisaje mientras nuestras mentes campan a su albedrío: este ha sido nuestro previsto día de descanso pues contábamos a lo sumo con tres horitas de bajada del glaciar y estar sentados en el tren cuando comenzara a calentar el sol.
            La broma se ha saldado  con 1180 metros de ascenso, 1980 metros de descenso incluyendo el chollo de la Norte del Castor y cuatro horas subiendo y bajando por el Schwarzee: una burrada de considerables dimensiones o lo que es lo mismo, catorce horas a tope. ¡Vamos bien, chaval!
            En treinta y cinco minutos nos ponemos en Zermat, inmediatamente tomamos el tren a Tach y un microbús nos baja al aparcamiento al que llegamos doce minutos después. Son las ocho y cuarto de la tarde.
            Enseguida y frente al aparcamiento nos llegamos a nuestro campamento en una pista paralela a la carretera donde hay una pequeña explanada con un gran bloque errático. Entre el bloque y la montaña tenemos un lugar discreto para nosotros.
            Sacamos los bártulos del coche, nos cambiamos un poco, Rosa prepara la cena para tirarnos al verde como lobos, luego algo caliente, fruta al gusto y café con leche. Nos pilla la noche en faena.

            Recogemos un poco y nos vamos a probar las delicadezas del colchón mientras el cuerpo aguante pues no tenemos programa  para un mañana que está al caer tan pronto como caigamos nosotros en los brazos de Morfeo.

5.92. CASTOR POR PUNTA FELICK. 30.7-92.

Castor. 28-7-95.

Refugio Quintino Sella, Collado Felik, Punta Felik, Cima del Castor y descenso por la Norte al Collado Zwillings.
30-07-1992.
Salida 04 h. Llegada 08 h.
Sol.
Bastante fácil.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª Martínez y Mariano Javierre.

Croquis del Castor procedente de publicidad. Vía en amarillo.

            En el Refugio Quintino Sella pasamos una tarde dilatada con siesta incorporada, cenamos pronto para dejar sitio en el comedor pues somos unos españoles civilizados y nos acostamos pronto sin miedo a pasar una noche inteminable a pesar de que el follón en el refugio es monumental ya que los italianos le pegan al vino que es un primor. Es un refugio grande, muy visitado y todavía lo están ampliando.
            Rosa me despierta para ir al aseo y advierto desagradablemente que son las  tres de la mañana, hora de levantarnos al 30 de Julio de 1992.

Refugio Quintino Sella. 29-7-92.

            Desayunamos a la carta que es la misma de todos los días, reorganizamos las mochilas ahora que empiezan a ir de capa caída y a las cuatro nos echamos al monte. La noche deslunada se ilumina con las frontales de los socios mientras que yo me sirvo con el resplandor de la nocturna nieve. Siempre me he apañado muy bien con poca luz.
            La huella visible todavía a pesar de la nieve recién caída nos permite seguirla sin duda. Abajo, a nuestra derecha y en el valle aparece una luminosidad que suponemos será de Alagna Valserina. Vamos en dirección norte subiendo lo que bajamos ayer.

Castor desde el refugio Quintino Sella 29-7-92.

            No voy muy bien pues con poca luz, la nieve nueva lo ha igualado todo, sobre la huella dura de debajo zozobro. A pesar de ello y de que al amparo del viento hay un poco más de nieve, con ritmo regular nos acercamos al Collado Felik regresando de nuevo al reino de los cuatromil metros.
            Nada más pisar el collado viramos al noroeste y comprobamos de paso que nos habíamos confundido por unos míseros 10 metros que no nos permitió ver la niebla.

Suben las nieblas tras el Castor y el Pollúx desde la Oeste de Liskam. 28-7-92.

            Iniciamos la Cresta Sureste de Punta Felik nevada y con huella venteada y visible. Ascendemos poco a poco, la cresta se va afilando y alabeando delicadamente.

Desde Quintino Sella remontando hacia el Collado Felick. 30-7-92.

            La parte suiza del Collado felick donde nace el Glaciar de Zwillngs nos acompaña un rato a nuestra derecha. No ocurre lo mismo con el Glaciar de Felik que nos ha abandonado al abismo de nuestra izquierda.

Llegando al Collado felick. 30-7-92.

            Un afilado resalte en la cresta nos lleva a la Punta Felik. Estamos a 4170 metros de altitud y aunque es un cuatromil, se puede considerar como la antecima del castor.

Arista a Punta Felick. 28-7-95.

            Tras una breve transición en el nivel, continuamos con una cresta imponentemente aérea, algo delicada pues la nieve está helada y cubierta de nieve polvo, decididamente estrecha y bellamente alabeada: ideal para la fotografía y que Juan no perdona. Consecuentemente, perdemos un poco de tiempo con el placer fotográfico y a las seis de la mañana hacemos cima en el Castor tras superar la severidad  del último tramo que defiende al pico.

Montblanc y Gand Combin desde Punta Felick. 28-7-95.

            Estamos en el Castor a 4226 metros de altitud, nuestro segundo cuatromil del día y hace frío en esta salida de sol lo que no invita excesivamente a la contemplación. Por tanto, enseguida superamos la cima, nos vamos para abajo y perdemos las huellas siguiendo la trayectoria de la cresta fronteriza. No se ven trazas de huellas y pensamos que la gente no hará mucho el pico por esta arista y la nieve habrá borrado la poca huella que hubiera.

Arista Sudeste del Castor. 28-7-95.

            Bajamos unos 100 metros y no encontramos rastro de nada. La nieve está muy dura y lo hacemos con cuidado.

Punta Felick desde el Castor. 30-7-92.

            Indecisos vemos una cordada en el Alto Glaciar de Verra que viene hacia la base del Castor y decidimos esperar al sol, en un lugar protegido bajo una enorme grieta, con el fin de que nos indiquen por dónde va la vía normal.

La clásica desde la Cima del Castor. 28-7-95.

            Comemos un poco, bebemos menos pues hace frío y de paso se nos hace larga la media hora que esperamos. Al fin, cuando estimamos que ya debían haber asomado y que si no lo han hecho debe haber sido porque la huella va más al oeste, decidimos buscarnos la vida por nuestra cuenta.
            Abandonamos nuestro lugar de espera y salimos en dirección nordeste en busca de perspectiva. Vamos un poco hacia el centro de la cara norte que, como suponíamos está severamente tiesa.

Punta Felick desde Castor. 30-7-92.

            Describimos una diagonal en busca de unas afloraciones rocosas y llega el momento de deshojar la margarita que, por otra parte, es tarea sencilla ya que las alternativas de descenso que se nos ofrecen, son prácticamente iguales: hay que tomar la pala para abajo.
            Hacemos seguro y de espaldas al valle haciendo presas con la cuchilla del piolet, voy bajando en busca de puntos rocosos en los que se pueda asegurar un poco. Luego los socios viene tras mis pasos.
            Tenemos que hacer una travesía hacia el oeste por una zona mixta de hielo podrido que se las trae. La pendiente estará sobre los 60 grados de inclinación.
            La travesía nos permite acceder a un corredor que desemboca en el collado y por tanto, de frente y para abajo. Salimos de las rocas y del hielo vivo, hacemos un par de largos, se suaviza la pendiente y el hielo se convierte en nieve dura continuando ya cara al valle y en ensamble.

La Pared del Castor que acabamos de bajar desde el Pollux. 30-7-92.

            En el fondo, la nieve ventada lo ha allanado todo y nos hundimos ocasionalmente hasta más arriba de media pierna. Son las ocho de la mañana cuando abandonamos la lóbrega Pared Norte del Castor y salimos al sol de la mañana en el Collado Zwillings o de los Gemelos, Castor y Pollux que, según dice la leyenda, eran dos hermanos mitológicos  que transportados la cielo se convirtieron en la Constelación de Géminis. A los ocho de la mañana estamos a 3848 metros de altitud y nuestro Castor se las ha traído.

Para ver la Continuaión.

29 jul. 1992

4.92. LISKAMM. TRAVESÍA ESTE-OESTE. 29-7-92.



El Liskam coronando el Galciar de Grenz desde Rotboden. 26-7-92.

Refugio de Balmenhorn,  Arista Este, Cimas de Liskamm, Arista Oeste, Colle Felick y Refugio Quintito Sella.
29-07-1992.
Salida 06:30 h. Llegada 13 h.
Mixto.
Algo difícil.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Croquis de Liskam procedente de publicidad. Vía en amarillo.

            El 29 de Julio del 92 llega a las tres y media de la madrugada. ¿Cómo nos vamos a mover 13 dentro del Refugio de Balmenhorn?
            Los últimos italianos llegaron tardisísimo. Funden nieve y terminamos con un ambiente cargadísimo, subiendo a dormir al altillo sin ventilación. El calor es insoportable y la sensación de ahogo es indescriptible.
            Abajo, en el minúsculo comedor, duermen  todos los italianos con casi todas las mantas y colchonetas y han cerrado la ventana.
            Protestas y líos tras los que se vuelve a abrir la ventana pero enseguida la vuelven a cerrar.
            Son las diez y media pasadas y como el tema no tiene visos de solucionarse de manera razonable, montamos una marimorena y terminamos bajando Rosa y yo a dormir abajo, Juan se queda y de cuando en cuando, con la cabeza colgando por el hueco del altillo, respira un poco de aire fresco.
            No somos bien recibidos abajo pero Rosa lo zanja de inmediato.
            -¡O me dejas un poco de sitio o te me echo encima!
            El italiano lo entiende de inmediato y Rosa se acuesta con la cabeza sobre el pedestal de una Madonna de tamaño natural que hay en el interior del vivac y con los pies medio encima de otro italiano.

Glaciares de Grenz, Gorner y Schwarzee desde Rotboden. 26-7-92.

            No volverán a cerrar la ventana pues han visto que el tema se podía complicar, pero tanto Juan como nosotros pasaremos una noche toledana. No pegamos ojo pues para colmo hay tormenta con aparato eléctrico por abajo que nos regala una noche espectacularmente discotequera.
            La gente comienza a mover una hora después  y a las cinco estamos todos de pie. Recogemos las colchonetas y las mantas de nuevo en el altillo y entramos por la ventana los bancos y la mesa que hemos tenido que sacar a la calle ya que dentro no había sitio para todos.
            Nos sentamos en una esquina de la mesa y preparamos el desayuno. Juan y yo estamos destrozados. Hemos pasado, yo al menos, la peor noche de nuestra vida y eso que me acuerdo del Abrigo André Michaud.
            No estamos para nada, es la expresión más adecuada. Malbebo el café con leche a duras penas y tragaré con ella un “tanagel”. Me encuentro con ganas de devolver, algo mareado y tengo una enorme sensación de diarrea. Me da miedo el estado en que me encuentro.
            Juan hace pocas garras y dirá que se encuentra por el estilo que yo. Rosa es la única que se salva de la debacle. Nos quedamos sobre la mesa sin ánimo para nada.

Liskam y Castor desde la confluencia de los Glaciares de Gorner y Grenz. 26-7-92.

            Se hacen las seis y media, la gente ha marchado y nosotros, a duras penas, decidimos marchar a ver qué pasa. Si no vamos para arriba iremos para abajo. No tengo ganas ni para cabrearme.
            Salvado el vértigo que me da bajar la cuerda fija y llegados a la nieve, nos encordamos y comenzamos a caminar a las siete menos veinte. Luego recordaré que pernoctar valía 10.000 Liras italianas o 10 Francos suizos y que nos marchamos sin pagar. ¿Sería porque no estábamos para nada, no teníamos ninguna intención de hacerlo o no había lugar para dejar el dinero?

Col de Lis saliendo de Balmenhorn. 29-7-92.

            Partimos casi en horizontal hacia el norte para seguidamente ir virando al oeste en dirección a la Cresta Este del Liskamm que es hacia donde parece dirigirse la movida que sube del Refugio Gnifetti.
            Poco a poco el aire fresco de la mañana nos espabila, no en vano, el Refugio de las Rocas de Balmenhorn o Vivac del Cristo delle Vette se encuentra a 4167 metros de altitud, similar a la del Col de Lis y ahora nos encontramos ligeramente por encima de su nivel.

El Liskam desde la Cabaña Monte Rosa. 26-7-92.

            Vamos entonándonos y recobrando nuestras fuerzas físicas y morales en una mañana en la que el tiempo está sublime. Cogemos ritmo y poco después de alcanzar el nivel por encima del Sitdeckristfelse nos detenemos para ponernos los crampones ya que, por arriba van a hacer falta puesto que la nieve está algo dura.

Liskam desde Punta Dufour. 27-7-92.

              Todo el mundo se para por aquí como para tomar aliento.
         Nosotros reanudamos la marcha y nos dirigimos hacia la cresta este con el propósito de atravesar la rimaya inferior. Lo haremos derivando un poco hacia la vertiente italiana, ya que en la misma arista está muy rota. No hemos sido los primeros que han tomado esta alternativa y que han recuperado inmediatamente la huella por encima de la misma.


Desde el Collado de Lis. 29-7-92.

            Nos empuja el sol por la espalda cuando iniciamos el fuerte ascenso del primer resalte que nos saca ya por los aires. Nos espera un “paseo” fundamentalmente aéreo que acabamos de iniciar con una fina cresta de nieve. Voy delante con un ritmo no muy vivo pero firme. La huella está muy bien hecha y no hay cornisas en este tramo de arista.

Liskam desde la Arista Oeste de Punta Dufour. 27-7-92.

            Superado el primer resalte, la arista se arrellana un poco tomándose un respiro. Estamos a 4335 metros de altitud en el lugar denominado Cima se Scoperta u Hombro Este Nos cruzamos con algunos que se acaban de dar la vuelta e iniciamos el ascenso del segundo resalte, más fuerte que el primero y un tanto en la vertiente suiza, la cara norte.
            La subida es fuerte y la hacemos a tirones cortos para recuperar aire, la pendiente rondará los 50º en algún punto. La huelle sigue muy bien trazada y a salvo de las cornisas que delicadamente se inclinan hacia la vertiente italiana y que, desde más abajo se veían.
            Hemos ganado bastante altura y nos encontramos en la intersección con la arista sur, La Rottennasse. Nos quedan un par de tramos menos inclinados pero extraordinariamente afilados que nos permiten ganar el último tramo ya en la arista somital.

En la Cima este de Liskam después de una noche inenarrable. 29-7-92.

            Son las ocho y media de la mañana cuando pisamos la Cima Este del Liskamm a 4527 metros de altitud. Hemos subido bastante bien, algo impensable tan solo un par de horas antes.
            Echamos un trago y charlamos con unos italianos que nos hacen una foto hacia el oeste en el que aparece el Cervino entre nubes de poco desarrollo.

La Norte del Liskam. 28-7-92.

            Desde la cima contemplamos todo el ramillete de cuatromiles que hemos dejado a nuestras espaldas: Punta Dufour todavía más presente que recuerdo en nuestra memoria, Punta Zunstein y Punta Gnifetti pospuestas para mejor ocasión; Punta Parrots, Ludwighoehe, Balmenhorn y Pirámide Vincet tiernas todavía de ayer y Punta Giordani perdiéndose en la clásica bruma de las tierras del sur. A nuestros pies, bajo la loma que hace la cabecera de la cara norte el Glaciar de Grenz que también subimos ayer.

Detalle de la Norte de Liskam desde Grenz. 28-7-92.

            Es una cima grandiosa, se está de cine, la temperatura es envidiable y el día es de postal,  pero lo que nos impulsa es el futuro. El día se prevee largo y no tenemos mucho tiempo que perder.
            Continuamos hacia el oeste por una cresta que inmediatamente se vuelve a afilar inclinándose hacia abajo. Descendemos  una prominencia nevada bastante erguida y sostenida entre dos interminables vacíos. Tenemos la suerte de que las cornisas son pocas y pequeñas y que la huella, perfectamente trazada, es totalmente segura.

La arista que acabamos de subir vista desde el Ludwigshohe. 28-7-92.

            Nos cruzamos con una cordada y proseguimos en descenso suave hasta el fondo de un collado, silla nevada, entre las dos cimas principales. Hemos bajado algo más de 100 metros, estamos a 4418 metros de altitud, siempre transitando o la arista viva casi continuamente nevada o haciendo ligeros faldeos en la cara norte. La cresta alabeada transita una cúpula nevada amplia que nos conduce seguidamente a un tramo afilado y rematado por un resalte rocoso limpio. Son tres pasos fáciles en roca que con los crampones hay que hacer con un poco más de dificultad, pero nada más, las presas son francas y se asegura fácilmente con la cuerda en cualquier parte.

Los resalttes de la Este del Liskam  con Punta Scoperta. 29-7-92.

            Pasamos el resalte mezclados con dos cordadas que van en sentido contrario en las proximidades de una cruz de hierro. Luego proseguimos por arista nevada ascendiendo una cúpula bastante erguida, es la tercera prominencia de la arista que enlaza las dos cimas principales y enseguida alcanzamos la Cima Oeste del Liskamm a 4481 metros de altitud. Son las diez de la mañana.

La Silla del Liskam y la Punta Oeste. 29-7-92.

            En la cima coincidimos con gente, comemos un poco, bebemos y charlamos. Nos hacen una foto y contemplamos un paisaje similar al de la otra cima desde un lugar espectacularmente privilegiado a caballo entre los Glaciares de Lis y de Grenz. Hacia el sur, el primero no queda demasiado hondo, pero el de Grenz… Mientras tanto, advertimos  con cierta preocupación el creciente desarrollo nuboso que rebosando de los fondos de valle italianos se va subiendo hacia las puntas.

En la Cima Oeste de Liskam. La nubosidad va creciendo. 29-7-92.

            Cuando hemos llegado a la cima salía una cordada que iba en nuestra dirección. La gente que está con nosotros va en sentido contrario, así que, poco después continuamos para abajo por una arista afilada y sinuosa pero moderadamente inclinada al que se une a modo de remate el Castor hasta que alcanzamos unas afloraciones rocosas. Se trata de la Punta Secundaria  Oeste del Liskamm acotada con 4447 metros de altitud.
            Nosotros continuamos bajando ahora de manera más consistente y con un ritmo muy bueno, sobre todo ahora que las hostilidades atribuidas al Liskamm están a punto de concluir. Una de las más bellas aristas de nieve de los Alpes es conocida como el “Devorador de hombres” debido a las múltiples y repetidas tragedias que hicieron del pico triste historia.

Suben las nieblas por detrás del Castor y el Pollux. 29-7-92.

            La nieve se ablanda, la arista se ensancha, la pendiente se acentúa pero se baja de cine a la caza de la cordada de delante. Nos espera el Castor y la creciente nubosidad que lo está sitiando.
            Adelantamos la cordada, pasamos lateralmente una prominencia nevada y enseguida llaneamos en las proximidades del Collado Felick a 4061 metros de altitud e inmediatamente nos engullen las nieblas.
            Paramos un momento, dudamos con la multitud de huellas del collado para proseguir con las que nos parecen más firmes. Las nieblas han venido tan deprisa que en el rellano, inmediatamente antes de alcanzar la profusión de huellas, no hemos tomado referencias.
            Bajamos un poco y luego un poco más. Hacia delante la huella baja firmemente y a mí me huele mal desde el principio. Creo que ya habíamos perdido toda la altura que debíamos perder.
            Decidimos esperar a la cordada de detrás y para ello nos detenemos. El guía es sudamericano y excepcionalmente nos contesta y nos confirma nuestras sospechas: no vamos por aquí al Castor, y desde luego, ya sabemos a dónde vamos. Abajo está el refugio Quintito Sella. ¡¿Qué hacer?!

Desde la Este del Liskam. 29-7-92.

            Las nieblas se cierran por arriba, volver a subir 150 metros para arrriba no es problema, localizar la vía de ascenso hacia el Castor suponemos que tampoco, pero ¿a dónde vamos en estas circunstancias si pensamos que nos puede suceder lo mismo que nos acaba de pasar?
            Hay un rellano glaciar  bajo nosotros al sudeste del Castor y frente a la cabecera del Alto Glaciar de Verra. Bajamos alrededor de 50 metros  y en unas rocas de la cresta este de Punta Perazzi, nos sentamos  a reconsiderar el asunto, son las once y cuarto y tenemos tiempo incluso de volver al Castor en el supuesto caso de que las condiciones meteorológicas mejoren.
            Estamos sobre los 3875 metros de altitud, hemos perdido alrededor de 200 metros y el Refugio Quintito Sella está otros 200 metros más abajo.

Liskam llegando a la Cima del Ludwigshohe. 28-7-92.

            El paso directo al Zwillingsjoch, el Collado de los Gemelos por el Glaciar de Verra es imposible y la cara sur del Castor es sencillamente impresionante. La alternativa se esfuma y las nieblas siguen asentadas por arriba.
            Continuar con la actividad en estas condiciones es completamente desaconsejable tanto más cuanto que no poseemos información meteorológica; hemos de hacer un par de picos que aunque los anuncian fáciles no conocemos y además debemos de localizar un vivac de característica similares al de Balmenhorn.
            El asunto no tiene futuro y tras un buen rato de espera decidimos abandonar la actividad y bajarnos hasta el refugio Quintito Sella para pernoctar.
            El descenso del Glaciar Felick con nieve blanda se hace pesado pero a la una del mediodía llegamos al refugio situado a 3620 metros de altitud, finiquitando una jornada que no ha sido más que media, aunque impensable esta madrugada, ascendiendo casi 500 metros y bajando el doble.
            La tarde es larga y mañana será otro día.

Para ver la Continuación.