25 jul. 1997

1.97. CHAMONIX A ZERMAT. ETAPA 1: DE ARGENTIERE AL REFUGIO DE ARGENTIERE. 25-7-1997.

Mal porvenir frente al Glacir de Argentiere. 24-7-97.

Chalets de Longman, Glaciar de Argentiere y Refugio de Argentiere.

25-07-1997.

Desnivel ascendido 1200 m.. Desnivel descendido 400 m.

Distancia recorrida 9000 m.

Tiempo efectivo 04:45 h.

Niebla.

Bastante fácil.

3 p.

Agua en las instalaciones de los Chalets de Longman, en el Glaciar de Argentiere según costumbre y época y en el Refugio de Argentiere.

          Para tener recuerdos, que son de las pocas cosas nuestras que nos quedan para siempre; mientras sea posible, hemos de materializar las ilusiones a cualquier precio. El resto, casi todo es efímero.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Argentiere procedente del IGN. francés. Vía en amarillo.
 
            Una travesía comienza siempre con un simple paso afirma sencillamente y con razón David Brett en su obra La Gran Travesía. Pero en la práctica, la cuestión no se resuelve tan sencillamente. La clave puede estar en el cuándo.

            ¿Fue el primer paso aquel que con las capas puestas y el alma llena de dudas nos enfrentaba a la fina lluvia y a la pertinaz niebla en los Chalets de Longman?

            ¿Fue el primero el dado al salir del coche en medio de la amenazadora lluvia para cambiarnos y arreglar las mochilas en la parada del autobús de Argentiere?

            ¿Quizá fue ese que dimos entre decididos y esperanzados para meternos en el coche en Sabiñánigo tras las acostumbradas despedidas?

            A veces puede resultarnos bastante difícil precisar el inicio de algo. Hay que rebuscar  en la caja de los proyectos e incluso hasta en el baúl donde duermen las quimeras e ilusiones para dar con aquel primer vestigio de esa realidad que ya ha sido.

            Cayó en mis manos La Gran Travesía de David Brett y por variadas razones me sedujo poderosamente. Me gustan las travesías más que a un tonto un lápiz, se había quedado el Combin  recordado siempre que pasábamos por el cartel indicador de la entrada del valle, habíamos vuelto de los Alpes por tercera vez con el Cervino en el bolsillo y con olor a despedida,  pero ¿sería ésa la despedida de los Alpes?

            Otro día, peleando incruentamente con el inexorable tiempo derramado, que quién sabe dónde  traspapeló nuestra juventud, abres unos mapas y aparece vivo ese enorme y cigzagueante gusano, reptando fácil entre valles y montañas. Lo comprimes mentalmente y lo seccionas de inmediato. ¿Cómo "estomagar" semejante asunto? Burbujean Vignettes, Valsorey, Chanrrión, Argentiere, Arolla...

            La socia está para pocos trotes, según dice ella, y yo "no quiero guerra, madre, no quiero guerra" y callo.

             Nuestras actividades alpinas van como el mal tiempo en los Alpes Occidentales: de tres en tres cambiando días por años. Del 95 se pasa al 98, pero está tan lejos... Quizá el 97 sería bueno para romper tanta uniformidad que nadie ha preestablecido. ¡Qué leches! El 97 será divino para "darle al loco lo que quiere el loco", ya somos suficientemente mayores como para buscar excusas, amén.

            A finales del 96 hago primer boceto y aparecen los primeros problemas que se unían a los comunes a todas las travesías: transporte y peso.

            Dónde dejar el coche y cómo recuperarlo, el peso y el volumen de la comida para ocho días, el sentido de la travesía…con ello preparé una coctelera en la que incluí el resumen diario de desniveles y distancias en los dos sentidos, el encadenamiento con el viaje de ida, la recuperación del coche, etc., etc… para colmo pasaríamos bajo el Combin…

            Sabía que la clave de la travesía era el peso y que su solución pasaba por dividirlo con el problema Orsieres… si Burg-St-Pierre está más alto que Orsieres y hay carretera entre ellos, eso supone que se trata de un valle suizo y no italiano y por tanto el valle tiene que estar unido por carretera hacia abajo, hacia Martigny… el tema se aclaró de forma inmediata, fue algo así como emerger de un lóbrego corredor al collado desde el que ves, a la luz del sol, medio mundo.

Saussure y el Pastor en Chamonix. 24-7-97.
 
            La travesía seria de L'Argentiere a Zermat.

            El viaje de ida sería a nuestro estilo, con día y medio hasta Chamonix. Pretendíamos llegar sobre las cinco de la tarde, visitar la Casa de los Guías y proseguir hasta Orsieres o Champex y dejar un depósito de comida para la segunda parte de la travesía. Volveríamos a L'Argentiere  para dejar allí el coche e iniciar la travesía: serían once días: tres de viaje, unos 91 kilómetros o pié con unos 8000 metros de desnivel  para unir  esos dos importantísimos centros de escalada en los Alpes,  permitiéndonos ampliar nuestro conocimiento general de la Cordillera Alpina.

            Fricción es todo ese conjunto de circunstancias previsibles que se escapan del control personal del montañero y que dificultan, oponiéndose, el logro de los objetivos fijados. El montañero debe tomar todas aquellas decisiones que aminoren la fricción, pero deberá ser sabedor de que la habrá y que tendrá que contar con ella. No vamos a llevar sacos ni ración de reserva, eso nos permitirá cierta ligereza… tenemos experiencia y la prudencia necesaria para atravesar glaciares. Nos dirán que hay mucha nieve en Grenoble… 7'5 kilos de comida para la primera parte y 13 kilos para la segunda, lo que supone 2 kilos por día aproximadamente… una cuerda de 50 metros y  8'5 milímetros de diámetro…

            El día 23 de Julio de 1997 está bien, sin tirar cohetes. Hay una cierta calima y el tiempo no está nada seguro: en este aspecto no ha cambiado nada y nos puede ir bien.

            Todo transcurre como siempre y nos metemos en el coche a las dos y media. Hay poca circulación y algunas obras. Hacemos la variante de Auterive y en la variante de Narbonne aparcamos en la misma viña de hace dos años.

Glaciar de Argentiere. 12-8-05.
 
            Son las seis de la mañana del día 24 cuando abandonamos nuestra viña y nos echamos a la carretera con las luces.

            Hay poca circulación incluso al pasar por Sete. En Albertville está nublado y estamos en los Alpes. Los glaciares que estamos viendo nos parecen cubiertos de nieve fresca por su impecable blancura. ¡Con tal de que no haya demasiada!

            A las cinco aparcamos en Chamonix en nuestro lugar acostumbrado. La ciudad está atestada de gente, el día medio-medio, la predicción meteorológica es regular: una presión indecisa, nieblas y tal; y el futuro por el estilo. Nos vamos hacia Suiza. Subiendo el puerto de Montets y frente al Glaciar de Argentiere, que está ahora soleado, hacemos una foto y subiendo la Forclaz pasamos la frontera y nos bajamos a Martigny.

            Nada más bajar el puerto en la rotonda de la entrada del pueblo un cartel nos guía: nos metemos valle adelante hacia el Túnel de San Bernardo para llegar a Orsieres

            Es un pueblo de fondo de valle con cuatro salidas y final de ferrocarril. Lo malo de los valles suizos es que no puede echarse uno en ninguna parte, lo emplean todo y más todavía si está un poco llano. Y dormir encordado es, cuando menos, incómodo.

Valle de Trient. 24-7-97.
 
            El Viernes 25 se estrena lloviendo. En la estación del ferrocarril depositamos dos bolsas grandes en las taquillas y liquidado el tema nos vamos con el coche hacia Champex. Junto al lago, vemos el Telesilla de la Breya que posiblemente podamos utilizar a la vuelta y preguntamos a un señor si por allí se puede ir a Martigny. Nos quiere hacer dar la vuelta para ir a Orsieres pero al final entendemos que también se puede ir de frente.

            Se trata de un descenso brutal e inimaginable. Parece ser que los caminos y luego pistas que iban de casa en casa y de prado en prado han sido asfaltados. No encontramos a nadie. Hay curvas en las que se baja de 6 a 8 metros con peraltes de 2 metros; eso si, un montón de casitas, cabañas, hotelillos, chalets, etc.. ¿Será posible este tipo de poblamiento o de turismo?

            Aparecemos en Sembrancher como si cayéramos escalando. De allí vuelta a Martigny y para arriba de nuevo a L'Argentiere cargados de pesimismo pero nuestra esperanza no ha muerto.

            Serán poco más de las nueve de la mañana cuando paramos en el aparcamiento de la parada del autobús a la entrada del pueblo. En ella, al abrigo de la lluvia nos cambiamos de ropa, arreglamos definitivamente las mochilas y nos vamos a la Estación del teleférico.

            Los teleféricos salen cada media hora, así que no hay problema. El aparcamiento es enorme pero mientras volvemos decidimos dejar el coche donde está, alguien nos ha dicho que de vez en cuando limpiaban alguno.

Desde Argentiere el final de su glaciar. 12-8-05.
 
            Extendemos las tiendas dentro del coche y tras esconder una de las llaves en los bajos del mismo, nos lanzamos a pelear con las mochilas, el tiempo, la distancia y el desnivel; conocidos enemigos de viejas y siempre nuevas lides. Son las once menos cinco.

            Ha parado la llovizna, las nieblas siguen bajas, las mochilas no pesan demasiado y el piolet en la mano no se nota frío. Llegamos al aparcamiento del teleférico por tercera vez, sacamos billetes hasta los Chalets de Longman por el módico precio de 40 francos de los de cinco duros el franco y nos subimos al andén de salida.

            A las doce menos veinte parte el teleférico. En tres minutos y medio nos saca de los 1250 metros de L'Argentiere y nos deposita en la estación intermedia de Longman a 1950 metros de altitud. Fuera está la niebla y llovizna sobre personal indeciso. Nosotros también lo estamos.

            Se nos presenta la alternativa de echarnos a andar en busca del Refugio de Argentiere o tomar de nuevo el teleférico hasta la estación término de Grandes Montets. Las dos alternativas tienen ventajas e inconvenientes.

Lo que se ve de Montblanc desde Chamonix. 24-7-97.
 
            Nosotros, cada uno por nuestro lado, llegamos a la conclusión de que es mejor salir de aquí andando que partir de allá arriba a 3233 metros, ya que si la niebla nos lo pone complicado, será más fácil volver a Longman que a Grandes Montets. También creemos que la ruta al refugio estará más transitada desde aquí que desde arriba, y además, saliendo desde esa altitud podemos encontrar más fácilmente hielo que ascendiendo hasta los 2772 metros a los que se encuentra el Refugio de Argentiere.

            Son unos momentos complicados mentalmente en los que cada cual se guarda lo suyo y especula consigo mismo en busca de razones para tomar una decisión algo razonada, valga la redundancia. Vamos al aseo. Salimos a mirar nada y no vemos nada.

            La poca claridad del momento la aporta razones o sinrazones, vaya usted a saber, tales como que no hemos hecho más de 1000 kilómetros para hacer turismo de salón, que el sillón-bol se ha quedado en casa, en su sitio; que malo será que con huella hecha no podamos alcanzar el refugio, no veremos nada del grandioso paisaje que queríamos ver pero a lo mejor  mañana, con esos vientos altos que predicen, nos dejan echar alguna ojeada y continuar con la travesía, que si nos humedecemos un poco ya nos secaremos... Sea como fuere nos ponemos las capas con cierta rabia contenida.

            ¿Qué quiere Rosa, que no se atreve a plantear con claridad y lógica?

            ¿Qué querríamos todos?

            ¿Qué queremos?

Saliendo de los Chalets de Longman.
 
            Damos el primer paso con las mochilas al hombro empujados por ¿ilusiones?, ¿esperanzas?, ¿deseos?, ¿Quién nos empuja? Será la voluntad la que dicte nuestro destino.

            El teleférico nos ha subido en dirección sudeste y partimos por la ancha pista, recién arreglada  por cierto, en dirección este al encuentro del glaciar. Ascendemos suavemente en medio de  una, también suave, llovizna que será pertinaz, metidos en la niebla. Nos cruzamos con un grupo que baja atajando, a una pista siempre le salen atajos.

            Les hago una foto a mis socios echándole  a esta salsa un tanto agria un poco de humor. Saldrán más nieblas que glaciar al fondo.

            Nos dura la pista como una hora. Hacemos la última curva a nuestra derecha y 100  metros más adelante termina saliéndole un camino que se orienta al sur, a través de una empinada morrena bastante vestida de vegetación. Sigue lloviznando intermitentemente y nos estamos alejando del glaciar.

            Ganamos altura rápidamente, encaminados, y esperamos que en cualquier momento nos lleve, de alguna forma, al acceso del glaciar.

            Poco después perdemos las citas cuando la vegetación ya ha desaparecido y comenzamos a transitar los primeros neveros en los que no encontramos las huellas  que esperábamos encontrar. Dudamos.

            Buscamos citas y huellas pero no las encontramos. Dudamos más todavía. Estaremos por encima de los 2600 metros pues no me fío del altímetro con este tiempo y decidimos faldear hacia el este al encuentro del glaciar.

            Lo que encontramos es una pared de hielo vivo con una fuerte pendiente lo que nos indica que estamos demasiado arriba en este circo que se inicia por este lado con la Aguja de los Grandes Montets y la Aguja Verde.

            Juán confirma sus dudas poco más adelante y nos detenemos a echar un bocado. No serán más de cinco minutos para comer algunos quesitos, unos frutos secos y echar un trago de agua. Nos vamos para abajo a ver dónde hemos perdido el camino.

            Enseguida transitamos lugares conocidos, vamos bien de orientación y luego vienen las citas.

            Se levanta un poco de viento sobre la morrena y deja de lloviznar. Luego alcanzamos el camino y un rato después llegamos a la pista sin haber encontrado el acceso al glaciar.

            De momento se me ilumina la bombilla. Me adelanto por la pista hasta el monolito en el que a la subida hemos visto el cartel que anunciaba el mirador del glaciar. Perpendicular al cartel y tapado por éste, ya que se encuentra en su parte trasera, está la flecha indicadora del Refugio de Argentiere. Son las tres de la tarde, estamos a 2338 metros de altitud  y hemos echado dos horas de propina. ¡Menudo estreno de travesía!

            Les grito: ¡Vamos, que es por aquí!

            Bajamos por un tramo de morrena muy inestable y en cinco minutos estamos en el glaciar. Respiramos sobre la huella en la nieve.

            Pero dura poco la alegría en casa del pobre. Poco después desaparece la nieve y aparece hielo vivo donde se pierde la huella. El glaciar se agrieta peligrosamente, y a la derecha, saliendo hacia la roca en un tramo de nieve se vuelve a ver la huella.

            ¿Será de entrada o hay que abandonar el glaciar? La lógica riñe con la realidad: en ese grieterío no habrá forma de pasar, por lo tanto, vamos para afuera. Enseguida aparecen citas rojas y blancas, una sirga en unos tramos de roca muy pulidos por el glaciar y una lisa y vertical pared en la que hay instalada una escalerilla de hierro bastante larga.

Montblanc desde Argentiere. 12-8-05.
 
            Debemos estar en el buen camino pensamos. Y efectivamente salidos de la escalerilla vuelven las marcas de pintura y la niebla.

            El camino asciende bastante por la roca y luego empieza a atravesar neveros cada vez más continuados, siempre en ascenso y con marcas que de momento se pierden. ¡Ya estamos otra vez!

            La huella sigue para arriba y con ella nos vamos. Poco después localizo unas huellas varios metros por debajo de donde nos encontramos, cuando ya empiezo a estar mosca otra vez. Juán insiste en ir para arriba y seguimos subiendo y de qué forma. Sí que es cierto que hay muchas huellas, pero ya no sabemos si son de subida o de descenso, o si las hemos hecho incluso nosotros. Hemos descrito una semicircunferencia desde la entrada al glaciar y estamos, si he de fiarme de la impresión que tengo, en un lugar bastante próximo al que estábamos a las dos de la tarde.

            Juán tira un poco más para arriba. Acabaremos en Grandes Montets a este paso, pienso, cuando de momento se abre un pequeño claro en la niebla y se ve abajo la huella atravesando el glaciar en dirección sudeste hacia el Refugio de Argentiere.

            Localizamos un enorme bloque de roca en medio del glaciar por si se cierra demasiado la niebla, y tiramos para abajo sobre nuestras propias pasos en busca de aquellas huellas que había localizado antes en el glaciar, como si tuviéramos miedo de que se pudieran borrar antes de alcanzarlas. Nos clavamos sobre nieve blanda y profunda, la huella desciende un par de repisas nevadas y se adentra en el lecho glaciar un tanto en descenso hacia la parte central. Vuelve a gotear y nos ponemos por enésima vez las capas.

            Alcanzada la huella vamos a empezar a padecer los efectos de la nieve blanda, cosa a la que no le habíamos prestado atención hasta que el falso llano glaciar nos regala con sus severas dimensiones.

            Vuelven las nieblas pero la huella nos sigue guiando. ¡No está lejos ni nada el bloque rocoso! Lo dejamos a nuestra derecha cuando la huella se decide a atravesar completamente el glaciar. Suponemos que nos llevará al refugio, la dirección parece correcta.

Día de Santiago llegando al refugio de Argentiere.
 
            Salimos del glaciar y enfilamos una morrena lateral con tramos firmes y con otros inestables. Subimos con pocas ganas entre abundantes y variadas trazas de caminos muy pisados. Se hace larga la subida en la morrena y Juan se adelanta unos metros. Entonces, de improviso, aparece la oscura silueta del Refugio de Argentiere de entre la niebla.

            Hemos metido una hora desde que hemos localizado la huella en el glaciar hasta llegar al refugio y eso que hemos venido bien.

            Nos hace una foto Juan con las capas del día y en la terraza cubierta del lado sudoeste colgamos piolets, crampones y capas para que se sequen al viento que corre. Estamos a 2772 de altitud y son las seis de la tarde. Hemos estado seis horas dando vueltas en la jaula de la niebla como unos vulgares gorriones de canalera; pero aunque tenemos el tren inferior un tanto mojado, estamos donde queríamos estar.

Puedes ver la Continuación.

 

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