30 jul. 1999

3.99. APROXIMACIÓN AL REFUGIO LE NELTNER. 30-7-1999.

Imlil bajo el Teserimoute. 2-8-99.

Imlil, Arend, Sidi Chamarrouch y Refugio Le Neltner.

30-07-1999.

Desnivel ascendido 1350 m.

Distancia recorrida 12000 m

Tiempo efectivo 03:30 h.

Sol.

Fácil.

Senderismo.

Agua en una surgencia por encima de Sidi Chamarrouch y en el campamento.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Toubkal procedente de la Oficina de Turismo de Marruecos.
 
            Son las ocho cuando entramos en una callejuela de Imlil, llena de piedras en la que hay algún chiringuito abierto, que nos conduce a una pequeña y terrosa plaza repleta de coches aparcados. Aparcamos allí pues hacia delante solamente hay una calleja estrecha, empinada y llena de gente.

            Enseguida nos asalta el personal. Alguien nos enseña un trilobites pero no le hago caso aunque me gustan. Cerramos el coche y nos vamos con un marroquí que habla con Juan un poco de Español.

            Nos conduce al interior del Hotel del Sol con un salón desvencijado al estilo pueblo español y nos enseña un mapa de escala 1/40000 o por el estilo.

Croquis de la aproximación a Le Neltner. Vía en amarillo.
 
            Le decimos lo que queremos hacer y nos dice que nos guardan el coche en la plaza por 10 dirhans al día, hay un abuelo que se encarga de ello y nos portearán la carga en una mula por 123 dirhans. Se trata justamente de lo que queremos. Le decimos que nos vamos a cenar un poco y que luego le dejaremos la carga ya que a continuación nos iremos para arriba. Parecen buena gente.

            Cogemos el coche, nos volvemos hacia la entrada del pueblo y junto a unas estructuras viejas de hormigón nos disponemos a preparar la cena.

            Un fulano que ya ha abordado a Rosa con unas pulseras nos ha localizado y se pega a nosotros como las moscas a un carnuzo. La pulsera por la que pedía en principio 500 dirhans se queda ya en 20 pero en el regateo quiere alcohol, al final Rosa se queda con la pulsera y él con los 20 dirhans y la lata de Heineken con lo que se marcha al fin con viento fresco.

            Me he cabreado porque  no estoy ni para que nos registren el coche ni para perder el tiempo pues es ya tarde para cenar y partir para arriba lo suficiente que nos permita encontrar un lugar donde vivaquear.

El Poblado de Aremd.
 
            Cenamos ante la concurrencia de la chavalería y terminada la cena, por no dejar que se estropee una manzana,  la parte en cuatro trozos y se los da a los crietes que están jugando a nuestro alrededor. Yo también he picado. Con el segundo trozo ya se ha montado un follón monumental y en lugar de cuatro candidatos son diez o doce por lo que no queda otro remedio que partir los trozos y ni entre Juan y Rosa se pueden hacer con el cirio que montan todos los críos de la comarca a su alrededor.

            -¿Les parto otra manzana para que así haya para todos?

            -Ni hablar. Si sacas otra se pone en fila hasta la madre, que por cierto, está llamando a alguno de ellos. Es una pena, pero hay cosas que no se pueden hacer.

            Recogemos el coche y cambiados ya de ropa volvemos a la plaza.

            El abuelo nos guarda un sitio bajo un nogal y luego con el guía vamos a casa de un “familiar” para dejar la mochila, la caja de comida y la tienda pues con el tiempo que hace hemos decidido vivaquear. Se queda extrañado de la poca carga que le dejamos.

            Volvemos a la plaza, sacamos las mochilas, cerramos el coche y con las mochilas al hombro Juan y yo, Rosa va de dama “consuerte”, nos volvemos calle arriba cuando son las nueve y media pasadas.

Aremd desde el barranco.
 
            Salimos del pueblo situado a 1800 metros de altitud siguiendo la pista que nos han dicho que llega hasta Aremd y despreciamos una salida que parece más directa para el valle. Es mejor ir a lo seguro que experimentar a estas horas. Vamos en dirección oeste.

            Poco más adelante hay otro caserío a la derecha de la pista. Se llama Alrene. Inmediatamente la pista se abre en dos. Cae la noche y llegan las dudas. Así que, decidimos acercarnos al pueblo en el que se oye follón para preguntar.

            Unos que salen del pueblo nos indican la pista de la izquierda cuando esta inicia un fuerte ascenso encaramándose en el potente espolón que baja hasta Imlil y que divide a los dos valles.

            La pista de la derecha, luego lo comprobaremos se va al Tizi’n Mzic y al Refugio Lepiney.

            Hemos visto que enseguida, poco más arriba, acaban las huertas y de allí para arriba solamente queda monte pelado. Por tanto, como las terrazas de la izquierda inmediatamente se quedan muy colgadas, buscamos sitio en las de la derecha antes de que acabe la huerta ya que  la noche cae  a todo trapo.

            Nos quedamos en un trozo de huerta perfectamente horizontal y seca en el que se hallan plantados unos jóvenes nogales.

            Sacamos los sacos, nos hacemos cabeceras con las ropas y nos metemos dentro de los sacos pues vamos a vivaquear con los mosquitos.

            Hace calor y calor más mosquitos igual a infierno. Tenemos que cubrirnos la cabeza con algo, por ejemplo la camisa, pero la sensación de calor aumenta. Dentro del saco no se puede aguantar y sin taparse tampoco. Cada cual se defiende como puede en una noche que resultará pésima como poco.

            Como no duermo tengo tiempo para todo y repaso mentalmente el día: hemos bajado por la mañana 450 metros, luego hemos hecho 364 kilómetros de carretera y ahora habremos subido alrededor de 100 metros. Parecerá que no ha sido gran cosa pero hemos llegado aquí al vivac a las diez y media y sin perder el tiempo, pues ni siquiera durante la hora de la comida, que ha sido larga, también hemos aprovechado el tiempo arreglando y organizando las mochilas.

Sidi Chamarrouch tomada de vuelta como el resto de fotos del día.
 
            En el pueblo que está debajo de nosotros el jolgorio y las risas se prolongan casi indefinidamente. Apagan las luces del pueblo pero no concluyen con la fiesta. Alguien, bastante bueno, debe estar contando chistes en la plaza  y lo debe hacer bastante bien por lo oído. Tenemos tiempo de contemplar una luna llena enorme.

            Menos mal que la noche es corta pues a las cuatro y media la damos por concluida y abrimos el ejercicio correspondiente al día 30 de Julio de 1999, mucho antes de que la luna se esconda y lo hacemos ahora, justamente en el momento mejor de la noche, dormíamos a pierna suelta ante la retirada estratégica de los mosquitos.

            Montamos las dos mochilas y sin desayunar iniciamos el camino en el mismo lugar que lo habíamos abandonado cuando son las cinco de la mañana.

            A la luz de la luna se camina bien por la polvorienta pista que a lazadas va ganando altitud y pasándose al valle más al este en dirección sudeste.

            Alcanzada la parte superior del espolón nordeste que baja del Pico Hadj, tomamos la vertiente del valle al que nos dirigimos y en suave y largo descenso orientado ya al sur nos acercamos a Aremd pueblo situado a 1904 metros de altitud.

            El pueblo nocturnamente oscuro está partido por el barranco  As n’Ait Mizame. El núcleo principal está en su orilla derecha mientras que la pista está en la orilla izquierda, así como también las últimas casas por las que pasaremos una vez que hayamos bajado hasta el cauce del barranco en el que se asienta algo de huerta, cuando abandonemos el pueblo.

            Ya bastante cerca del pueblo se ha incorporado a la pista el camino que sube directamente desde Imlil y que nosotros no hemos tomado. Creo que ha sido un acierto en función de lo agreste del paraje que se adivina más que se ve, pero no lo tengo del todo claro por culpa de los mosquitos.

            Siguiendo la pista ya en las últimas casas oímos y vemos movimiento: están cargando mulas.

            Estos subirán para arriba, pensamos pero… terminamos tirados en medio de la noche  y de la amplia gravera del barranco y sin saber por dónde va el agua.

            Lo que sí tenemos claro es que hay progresar barranco arriba y así lo hacemos tratando de seguir imaginarios caminos que son difíciles de ver sobre gravas y de noche. Son las cinco y media de la mañana, tres y media solares en Marruecos.

            Seguimos adelante dando tumbos, oímos ruidos de cascos  y perdemos el culo en su busca, las caballerías se van elevando por la ladera derecha del barranco saliéndose del fondo. Ellos irán por el camino y nos guiarán.

            Subimos un corto tramo de pedregal morrénico y alcanzamos el marcado y polvoriento camino con aspecto de transitadísimo. Las caballerías van delante.

            Apretamos un poco el paso y alcanzamos a una recua de cinco mulas que suben con dos muleros. Uno de ellos es el que hemos adelantado mientras rezaba bajo la copa de un árbol.

            Las caballerías tienen sus dificultades según los tramos y siempre levantan polvo, un polvo que es mucho peor, evidentemente, que el aroma salvaje que despiden pero nosotros detrás que es lo nuestro. Además van a buen ritmo pues enseguida alcanzan a una pareja de mulas con su mulero, que posiblemente son las primeras  que hemos oído antes.

Otra imagen de Sidi Chamarrouch.
 
            Salidos del primer intento de la pista por abandonar el lecho del barranco, el camino se allana un poco y se acerca cautelosamente y de nuevo al barranco para atravesarlo en un paraje llamado Sidi Chamarrouch a 2310 metros de altitud. Luego nos dirán que allí se encuentra la “roca sagrada.”

            Las mulas pasan por un vado para ellas y nosotros por un puentecillo. Es de noche y con la luna lo único que apreciamos conforme ganamos altura son unas paredes blancas y una gran masa blanca también. Bueno, a la vuelta veremos qué es este asunto.

            Cruzado el barranco el camino describe unas cuantas lazadas empinándose brutalmente a continuación. Las mulas que van bien cargadas renquean lo suyo y finalmente un mulero se queda con una mula que no sube ni para atrás, o paran o la revientan.

            El ritmo, tras dejar atrás a la mula, vuelve a ser estupendo. Nosotros vamos bien pues Rosa no lleva carga y Juan y yo Poca. Las mulas suben a destajo.

            Superado el espolón este del Aquelzim el camino se arrellana un poco reorientándose según la dirección general del valle y se toma un merecido descanso cuando comienza a hacerse de día.

            Nos encontramos en la entrada de un tramo largo de valle recorrido en su parte izquierda por un camino muy transitado y bastante plano, pero solamente lo parece debido a las dimensiones del valle y a su disposición. Jugamos mentalmente a adivinar dónde se asentará el refugio que no se ve.

Toubkal desde Sidi Chamarrouch.
 
            Estaba apostando porque en el rellano que quiere aparecer al frente se debe estar el refugio, y acierto. Allí se ve una construcción de muy mal aspecto o dos quizá y alguna colorida tienda. Sí, sí, allí está. Van a ser las ocho de la mañana.

             En una surgencia que hemos visto con muy buen aspecto hemos echado un trago y nos llega el sol poco antes de llegar al campamento. Son las ocho cuarenta cuando alcanzamos el lugar en el que se asientan las tiendas de campaña, poco más arriba hay dos edificios en construcción y un casetón que parece ser el Refugio L. Neltner o lo que queda de él. Estamos a 3207 metros de altitud.

            Hay un montón de gente acampada.

            Soltamos las mochilas y nos damos una vuelta rápida con la intención de buscar lugar para acampar.

            Las zonas verdes son engañosas: o están muy inclinadas, o son muy irregulares, o están muy húmedas; hay un abrigo terroso y blando pero tiene demasiada tierra suelta; de los abrigos de suelo plano y duro, protegidos por paredes de piedras hay uno decente y muy amplio: éste es el nuestro. Está en medio de un grupo de tiendas acampadas junto a dos tiendas viejas y grandes. Hay más campamento por mirar pues al otro lado del barranco también hay tiendas, pero aquí nos vamos a quedar ya que está muy cerca del barranco y de la fuente y el lugar está bastante decente.

            Lo primero que reconocemos supuestamente y por la orientación es la subida al Toubkal. Hay una imponente columna de gente en mitad de la empinada pedrera. ¡A buenas horas! Son las nueve. Dejamos las mochilas en el abrigo, sacamos los aislantes y antes de nada nos vamos a recorrer el campamento.

Circo de Toubkal.
 
            La fuente mana abundante y fresquísima, vamos a tener muy buen agua.

            Del Refugio L. Neltner solamente hay un casetón de tablas y chapas pero a ambos lados del mismo están construyendo un par de edificios de piedra, el del este mucho mayor que el del oeste con tres plantas y muchas terrazas, el pequeño parece mucho más sobrio.

            En el casetón hay un letrero de madera con el nombre del refugio y la altitud, una desvencijada mesa con dos bancos de madera  corridos, unas cajas de bebidas a las que les llega el agua del barranco con una manguera, y unas viejas, descoloridas y arrugadas postales, que no son de la zona, a 2 dirhans. ¡Para días las tienen allí! Fuera hay unas tablas y unos viejos esquís.

            En las obras trabajan un montón de gente, traen la arena en mulos de graveras cercanas y la piedra la transportan en carretillos por un caminillo desde la pedrera del este del campo, el hierro para los pilares y las plantas lo traen arrollado con los mulos y aquí lo preparan para encofrar.

            Hay un incesante trasiego de mulas que van y vienen: traen de abajo los materiales para la obra, la comida de los obreros que duermen en las dos grandes tiendas  próximas al lugar que hemos elegido para nosotros, las cargas y la comida de los montañeros que así lo desean.

De camino a Le Neltner.
 
            El ritmo de trabajo no es precisamente alucinante, pero el encargado controla bastante bien, nada que se parezca a la aduana de Ceuta.          

            Por lo demás el asentamiento del campo es un pequeño rellano en medio del valle, no un circo cerrado como imaginaba a priori, y las tiendas están más diseminadas de lo que en principio habíamos visto. Hay un montón.

            Hemos quedado a la una  en el refugio dándoles a los muleros las mismas facilidades que nos ofrecieron a nosotros.  Podríamos haber subido con las cargas a las cinco de la mañana si hubiéramos querido. Todo era posible, pero hemos preferido nuestra libertad para acampar sin ningún tipo de compromiso horario. Ahora nos arrepentimos de que no les hubiéramos dicho de subir antes, pues tenemos una inmensa mañana para no hacer nada.

            El sol calienta pero no molesta demasiado a esta altitud. Rosa decide tenderse sobre la esterilla dentro del abrigo para descansar un poco y yo, también

Inmediaciones del refugio Le Neltner
 
            Tenemos tiempo para descansar de la subida de 1350 metros de desnivel que hemos hecho en tres horas y cuarenta minutos, tiempo para relajarnos, para pensar y planear, para beber de un agua fresca que no se calienta al sol entre las piedras, tenemos tiempo para casi todo.

Puedes ver la Continuación.

           

 

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