26 mar. 2008

6-08. INVERNAL A COLLARADA EN PRIMAVERA. 26-3-2008.

La Oeste de Collarada.

Barrera Pista a la Trapa, Barranco de Azus, corredor de la Trapa y cara sudoeste. Descenso desde la Trapa por el camino viejo.

26-03-2008.

Salida 07 h. Llegada 16 h.

Sol.

Fácil.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Collarada procedente de Prames. Vía en amarillo.

            Collarada, a pesar de que se ve desde nuestra casa y lo tenemos muy visto, siempre nos llama la atención. A lo mejor no solamente nos llama la atención a nosotros.

            Subíamos al pico por primera vez en el 83 con Biola recién nacida y tuvimos que bajar al trote porque había que darle de tetar. Resulto ser un día “tremendo” especialmente para Rosa, que tuvo un pequeño corte de digestión nada más comenzar a caminar a partir del Refugio de la Espata. Fue tocar chufa y vuelta para abajo con tanta fuerza física como inexperiencia. Collarada siempre nos cobra un buen peaje a todos aquellos que queremos subir.

            Juró no volver jamás pero lo hemos hecho en repetidas ocasiones tanto por la Trapa como por Acumuer, yo incluso hice en una ocasión la Puyada en otro día también “tremendo” pero por razones de la competición. Nunca en condiciones invernales.

Es un pico distante en cualquier tiempo e incluso lejano en invierno con nieve pero nosotros lo llevábamos en mente por lo que las tardías y copiosísimas nevadas de Abril del 2008 nos lo ponen “a huevo”.

El día 23 como es San Jorge nos damos una vuelta desde la cadena de la Pista a la Trapa después de un viaje hasta Laguarta sin las botas de montaña que mi chica ha olvidado en casa y la posterior comprobación en el Somport de que las nieblas llenaban toda la vertiente norte del Pirineo.

Entre unas cosas y otras, pues Rosa ha salido de trabajar a las seis de la mañana, se nos hace la hora del mediodía sin haber comenzado a caminar, pero como no tenemos mejor cosa que hacer…

Lecherines desde el Barranco de Azus.
 
Subimos por el Viejo Camino de Collarada,  que no conocíamos, y que resulta ser muchísimo más corto que la pista. No pasamos, evidentemente, por la Espata y llegados al Refugio de la Trapa nos decidimos a subir el Corredor de la Trapa que está hasta los topes de nieve para llegarnos hasta el Refugio Forestal superior  situado sobre los 1900 metros de altitud. Nos quedamos bajo los casi 1000 metros de desnivel de la cara sudoeste de Collarada.

El descenso lo hacemos por el Barranco de Azus que tampoco conocíamos y también resulta incluso un poco más corto que el camino de subida.

La nieve de los corredores no está suficientemente estabilizada lo que consecuentemente dificulta nuestros proyectos y, por tanto, decidimos subir a Collarada el sábado 26.

Juan se apunta y lo recogemos a las seis y media en su casa.

A las siete y cuarto hemos pasado la barrera de la Pista de Villanúa y tras dejar a los socios con mi mochila un kilómetro más arriba, me doy la vuelta para aparcar el coche fuera de la barrera a 1220 metros de altitud, cuando son las siete y veinte de una mañana sencillamente espléndida.

A buen paso que alterno con algún trotecillo, pues no se trota demasiado bien con las botas de montaña, en diez minutos me reúno con ellos e iniciamos la marcha hacia el Barranco de Azus.

Se trata de una vieja pista, actualmente abandonada y cortada que conduce a unos prados próximos pero que inmediatamente después se empina fuertemente poniéndose prácticamente intransitable para vehículos. Progresa en dirección norte, se arrellana poco después y tras un breve descanso  en el que la pista está cortada por un viejo pino royo caído, se vuelve a empinar al encuentro del Barranco de Azus.

Continuamos con otro repecho y pasamos a la orilla derecha del mismo junto al coche, abandonado hace alrededor de 20 años según nos dijeron  pues las dificultades del camino debieron de ser mayores que la inconsciencia del conductor y allí se ha quedado para “decorar” el paisaje.

Llegando a la Trapa.
 
Luego el camino continúa fuertemente empinado, gira al este y se arrellana próximo a la Trapa.

Ni siquiera nos acercamos al refugio. Pasmos al norte del mismo y tomando la dirección norte nos vamos en busca del Corredor de la Trapa que tiene muchísima menos nieve que el miércoles pasado.

El Corredor de la Trapa.
 
Rebeco enfermo.
 
En la entrada fotografiamos a un sarrio que está ciego y que a duras penas encuentra cobijo junto a unas piedras de la derecha del corredor. Subido el corredor enseguida alcanzamos el Refugio Forestal y allí nos paramos a ponernos las polainas, el piolet y los crampones. Juan los ha dejado en casa y se pone las raquetas. Nosotros las dejamos escondidas en unas afloraciones calizas y así llevamos las mochilas más ligeras.

            Delante de nosotros localizo a un grupo de cuatro y muy arriba a un madrugador que está entrando al corredor.

La Oeste de Collarada desde la Trapa.
 
            Son las nueve menos cuarto cuando nos paramos para equiparnos. Hemos subido muy bien pero tenemos un buen tajo por delante que comienza con una suave pala ya completamente cubierta de nieve dura, de cine para los crampones. La pala nos conduce a la depresión de un pequeño barranco, que atravesamos en ascenso por el fondo, a la vez que alcanzamos a uno de los dos esquiadores que han aparecido por el camino del Refugio de la Espata.

Desde el primer rellano por encima de la Trapa.

El barranco nos conduce a un amplio rellano en el que la enorme pala somital toma impulso. Desde allí localizamos al esquiador que habíamos visto a la entrada del corredor, que ha hecho cima andando, ha bajado el corredor y que ha bajado media pala a vueltas puesto que ha perdido un esquí en un giro. Yo he pensado, pues lo he visto un breve instante, que se le había caído la mochila pero la mochila bajaba acompañada.

Salidos del primer resalte del barranco.
 
Pasamos al esquiador  que llevábamos delante con el que charlo un poco, su otro compañero va más arriba; alcanzamos y pasamos a los cuatro que hemos visto al principio y que están algo dudosos y nos vamos para arriba al encuentro del esquiador de la caída que ha remontado en busca de su esquí y que está sentado descansando del sofocón. Nos dice que solamente se ha quemado un poco un gemelo pues se le ha remangado un poco el pantalón.

A media pala de la Oeste de Collarada.

Vamos un tanto apuradillos, Rosa especialmente pues no sube demasiado sobrada, por el pago al contado del peaje de Collarada, cuando alcanzamos la Piedra. Está casi cubierta de nieve y la recordamos más grande. Son las once menos cuarto y calculo que con tres cuartos de hora estaremos arriba.

Entrando al Corredor Somital de Collarada.
 
Alcanzar la entrada del corredor con su rellano al amparo de la pared izquierda del corredor es ya tarea sencilla. Juan, como no podía ser de otra manera negocia la pendiente con solvencia a pesar de que va con las raquetas.

Casi al sol en el Corredor Sudoeste de Collarada.
 
El corredor tiene a la entrada irregulares huellas mezcladas con algo de material de alud pero enseguida se pone de pie y se alisa. Juan decide dejar las raquetas pues ahora le van regular y yo tallo huellas con el piolet mientras que Rosa va delante tratando vanamente de hacer huellas: no tiene ni fuerza ni hábito. Pero de cualquier manera entre las que aprovechamos y las que tallamos nos plantamos allá arriba en la salida progresando por la parte ya soleada del corredor en el que se hace mejor la huella.

Cima de Collarada.
 
La Sudeste del Circo de Ip.
 
A la hora calculada, como auténticos relojes suizos, transitamos la arista llena de cornisas hacia el norte y alcanzamos la cima de Collarada a 2886 metros de altitud cuando van a ser las once y media.
Espata y Bacún desde Collarada.
 
Preciosa estampa del Ibón de Ip.
 
La mañana es espléndida como el paisaje que desde aquí divisamos. Fotografiamos el entorno próximo de oeste a sur todo cubierto de un impecable traje blanco y nos deleitamos con los juegos de luces y sombras que proporcionan las paredes orientadas hacia el norte.
 
Escarra y atrás Balaitus y Crestas del Diablo.
 
Llega el compañero del esquiador que hemos adelantado en la pala y el adelantado en el rellano y después las dos chavalas compañeras de los cuatro a los que estaban indecisos cuando les adelantamos. Les hacemos y nos hacen unas fotos y charlamos informándoles de los alrededores que tan bien conocemos y es que a estas alturas cuando subimos a un pico nuestra maquineta vomita incesantes cantidades de recuerdos pretéritos de casi cualquier parte: ¿te acuerdas de ese collado que se ve allí?... ¿y de aquella vira de la parte baja de la pared?... pues mira, por allí también parece que haya paso, pero con aquella niebla… Y tu cerebro te coloca en un montón de momentos y lugares que ahora estás contemplando como si se tratara de un espejo que multiplica repetidamente tu imagen.

Cornisas en Collarada.
 
Sentados al delicado sol de la mañana almorzamos tranquilamente disfrutando de un espléndido momento y se nos va casi una hora entre unas cosas y otras.

Cima de Collarada.

Descenso del corredor con mejor nieve.
 
Luego no queda más remedio que bajar ya con mejor nieve el corredor y a la marcheta echarnos pared abajo abreviando antes de que la nieve se ponga demasiado blanda cosa que sucederá alrededor de los 2300 metros de altitud, haciéndose ya pesada cuando nos acercamos a su fin. Nos hemos ido cruzando con gente que sube y es que hay gente para cualquier hora. Hoy debía ser el día especial para los esquiadores de este pico acorde con el poderoso reclamo de su inmaculada cara sudoeste. Dentro de unos días ya será otra cosa.

Dejamos atrás el corredor.
 
En el Refugio Forestal recuperamos las raquetas y poco después, tras bajar el corredor alcanzamos el Refugio de la Trapa sentándonos en la mesa bajo el viejo pino negro a comer como unos señores. Son las dos y cuarto.

Al sol se van secando los bártulos que recogeremos después de comer. Luego, recompuestas las mochilas reemprendemos la marcha por el Antiguo Camino de Collarada francamente descansados pues a la llegada al refugio las rodillas cantaban lo suyo.

Hemos salido a las tres y cuarto y a las cuatro y media llegamos al coche, hoy nos hemos liquidado 1675 metros de desnivel y eso que no estamos entrenados. Y es que lo que se hace a gusto resulta sencillamente posible, incluso fácil

Volvemos a casa sin perder demasiado tiempo con la intención de ducharnos para que Rosa se acueste un poco ya que tenemos cena con los vecinos y ha de ir a trabajar a las seis de la mañana. Pero no hay problema pues ya ha sugerido para mañana por la tarde marchar a dar una vuelta con los esquís después de salir de trabajar a las dos. ¡Esta es mi Chica!

Para ver más fotos.

 

 

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