6 sept. 2009

34-09. PIC DE ARDIDEN. 6-9-2009.


La Sudoeste de Ardiden desde cerca de la Brecha de Agudes.

La Fruitiere, Refugio Russell, Brecha des Agudes y Arista Sudoeste. Descenso opcional por el Lac d’Estom.

5 y 6-9-09.

Salida 18 h. Llegada 16 h.

Sol.

Fácil.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.


Mapa de Ardiden procedente del IGN: francés. Vía en amarillo.

            Ni el Cestrede, ni el Garliz, ni el Gran Barbat ni el Arbizon, tenía que ser el Ardiden el que entrara en nuestra agenda por procedimiento tan extraordinario como indeseado. Queríamos ir al Ardiden quizás con la peregrina ilusión de encontrar alguna explicación medianamente lógica para lo inexplicable… ¡Qué infelices!

            El Ardiden es uno de esos picos, que en el Pirineo Francés son legión, que los tenemos relativamente cerca pero que en la práctica están bastante lejos. Esos picos más largos de coche que de camino.

            Dos horas y media largas de coche  del sábado 5 de Septiembre de 2009 nos sitúan en el Aparcamiento de La Fruitiere. La carretera nos lleva por el Aubisque hasta Cauterets que está lleno a rebosar a pesar de que el verano toca a su fin. Allí tomamos la carretera hacia Pont d’Espagne y a medio camino, un desvío perfectamente señalizado nos introduce en una estrechísima carreterucha terminal que en poco más de 2 kilómetros nos deposita en la Hospedería de La Fruitiere a 1371 metros de altitud.
Guingays, Culaus, Cestrede, Pebignau y Labás.

            Son las seis de la tarde cuando iniciamos  por el fondo del valle en dirección sur, un transitadísimo camino que conduce a la marabunta hasta el Lac d’Estom.

            La gente fundamentalmente vuelve en una tarde un tanto agrisada por una levísima capa de nubosidad ahorcada en lo más alto del cielo. El tiempo previsto es bueno.

Labas, Seda y Estibe Aute desde el Valle de Lutour.

            El camino en territorio del Parque Nacional transita la orilla derecha del Barranco de Lutour primero por plano praderío alpino que poco a poco se introduce en un pequeño laberinto de bloques erráticos de granito entre los que se asienta el abeto blanco, un poco más oscuro que de costumbre, valga la paradoja.

            Asciende suavemente, pasa junto a la original e inigualable Cabaña de Pouey Caut y enseguida se bifurca. Abandonamos el camino del fondo del valle y tomamos el que nos ha de llevar al este en busca del Plateau des Agudes.

            El camino al principio llanea paralelo al del fo arándanos, gayubas y frambuesas para alcanzar un rellano de grandes bloques de granito y afrontar un pequeño y último resalte que nos deposita en la zona inferior del Plateau des Agudes en el que se encuentra el Refugio Russell.
Debajo del Plateau Rusell.

ndo del valle pero enseguida describe una amplia lazada y se introduce en el abetar. Luego, lazada a lazada, ya en fuerte ascenso progresa en la ladera rellena de sotobosque de rododendros,

Refugio Russell.

            Son las siete y media y estamos a 1980 metros de altitud lo que significa que hemos subido a nuestro particular ritmo y que dure. La sudada ha sido interesante.

            El Refugio Russell es un sólido caserón de piedra con dos plantas propiedad del T.C.F.: la superior es un dormitorio abuhardillado para una docena larga de personas con colchonetas y mantas y la inferior tiene una entrada que sirve de leñero y un amplio comedor con hogar bajo que en conjunto puede dar cobijo hasta una treintena de personas. Fuera hay una fuente entubada y proveniente del Plateau. Al un lado tiene un anexo cerrado y en el tejado unas placas solares que proporcionarán luz a la noche.

            Hay un numeroso grupo de franceses con los que compartiremos refugio.

            Nos cambiamos de ropa, preparamos la cena, cenamos y terminamos por encender el fuego, servirá para que se sequen las sudadas camisetas. Además traemos leña para no menguar las existencias.

            Alrededor de las nueve y media nos empiltramos todos en la planta superior pues los dos que vivaquean fuera tienen sitio.

            La noche resulta cómoda y cálida. Los franceses, madrugadores ellos nos despiertan pero nosotros nos resistimos en los sacos hasta las siete menos cuarto hora a la que, más o menos, ya habrán puesto los caminos para el 6 de Septiembre.

De Ardiden a Chanchou.

            Desayunamos y con las mochilas ligeras puesto que dejamos en el refugio todo lo innecesario nos vamos para arriba.

                        Un marcado camino sobre la pradera alpina que crece salpicada de bloques de granito nos lleva en suave ascenso y dirección este por el Plateau des Agudes que inmediatamente se rellena de pedrera granítica. El camino que frontalmente conduciría al Col Culaus, lejos de atravesarla en dirección este se va a rodearla por su orilla sur para aprovechar una discontinuidad de la misma y girar 90º orientarse al norte y abandonar el Plateau por una ladera herbosa, una antigua morrena glaciar, que enseguida se pone tiesa.

Atrás el Ardiden.

            Desde el Plateau hemos visto el pico al que vamos y la arista este que conduce al Pic Chanchou pero ahora en la base de la pared desaparece el horizonte de picos y también la arista sudoeste que es nuestro objetivo próximo.

            Subido el resalte la ladera se allana y se alarga un poco más clemente. El camino, lleno de citas, hace un poco de travesía hacia el noroeste rematando la pradera alpina e incorporándose a un canchal granítico compuesto de bloques de considerables proporciones, siempre al oeste de un enorme cono de deyección, ocupado por una descompuesta y amplísima pedrera que baja directamente desde muy arriba y que  conforma la cara sur del Ardiden.

Llegando a la Brecha de Agudes.

            A través del canchal ganamos altura hasta alcanzar la base de la pared de la arista sudoeste. Bajo la misma el camino gira un poco hacia el norte para enfrentarse a un amplio e inclinado corredor de verdura en el que hay establecidas una serie de lazadas que conducen fácilmente a la también amplia Brecha des Agudes a 2566 metros de altitud. Son las ocho y media de la mañana.

Resalte de la Brecha de Agudes.

            Desde la brecha contemplamos los dos vallecillos en los que la parte inferior de la cara oeste está dividida por la Tuque des Limouras y unas citas que nos sacan de la brecha para situarnos horizontalmente en la pared.

            La pared oeste del Ardiden es una ladera medianamente inclinada y cubierta de bloques graníticos de entre medianas y pequeñas proporciones hacia la parte central y grandes proporciones en la arista. Puedes elegir camino.

La Sudoeste de Ardiden.

            En las proximidades de la arista, llena de citas, disponemos de un trepada medianamente atlética pero fácil que siempre te ofrece escapatorias hacia el centro de la pared;  fuera de la arista y sobre los materiales de menor tamaño se desarrollan tramos de caminillo más o menos continuo también con citas y bastante transitados.

Ordesa desde la Sudoeste de Ardiden.

            Faldeamos un poco hacia el centro de la pared un primer resalte y tras obtener una perspectiva general de la casi totalidad de la misma volvemos a la arista y proseguimos el ascenso contemplando al paso algunos corredores que  rompen la pared en la vertiente sudeste de la arista, localizando alguno que incluso permite la incorporación a la pedrera de la cara sur del pico.

Un poco de luz sobre la Sudoeste de Ardiden.

            La ascensión es toda igual y subimos a ritmo pues es bien cierto que si quieres no das ni un solo paso de llano. De esta manera, alcanzamos un minúsculo rellano en el que la arista se ensancha y se aloma conformando el casquete somital en el que vamos a encontrar los bloques de mayor tamaño.


            Hay citas por todas partes en un caos de bloques con variadas alternativas. Eligiendo y sin ninguna dificultad especial alcanzamos la cima del Pic d'Ardiden situada a 2988 metros de altitud cuando son las nueve y media de la mañana. Hemos subido en dos horas desde el refugio.

Lac Badet la Sudeste de Ardiden.

            La cima es un amontonamiento de bloques de granito de grandes proporciones pero tiene cuatro aristas perfectamente definidas y un paisaje circular ciertamente interesante. Es una pena la enorme dureza del contraste de luces y sombras de la mañana además de las neblinas de la distancia.

Lacs de Ardiden y el Soum de Naou Costes.

            Sentados tranquilamente en la cima contemplamos los delicados Lacs d’Ardiden situados al nordeste, una de las vías utilizadas para la ascensión al pico; al norte y en el valle la población de Cauterets; al oeste toda la arista que separa el Valle de Gaube con el de Lutour con especial atención a los recónditos y altísimos Lacs de Estibe Aute, dejando de teloneros los Macizos desde  Balaitus al Argualas; al sur hay un tomate de la leche: todo el macizo de Vignemale, la vertiente sur del Valle d’Ossoue con  La Seda, el Labas, el Estom Soubiran, el Mall Arrouy y el Cestrede; y al este, aquí debajo el precioso Lac de Badet y la Arista al Chanchou en la distancia los perfiles fronterizos de Ordesa desde Gabietos a Astazus, el Circo de la Munia iniciando el contraluz y los azulados y oscuros perfiles del Macizo de Cap Long cerrando ya al nordeste con la inconfundible estampa del Midi de Bigorre.

            Estamos tres cuartos de hora en la cima y cuando llega el grupo de franceses que salió del refugio cuando nos levantábamos nos vamos para abajo. Son las diez y cuarto.

Casquete Somital de Ardiden.

Por encima de la Brecha de Agudes.

            Si durante el ascenso reflexionamos fundamentalmente, en el descenso que hacemos tranquilamente, vamos escudriñando la pared y tratando de localizar algún nefasto lugar en el que podría ser lógico un accidente. No hay nada lógico a partir del extravío del camino en el descenso de este pico sin nieve y sin nieblas y cualquiera que haga esta vía concluirá en que aparentemente se puede subir o bajar por cualquier parte de la pared oeste, que no hay pasos obligados y que solamente la mala suerte pudo ser la causa del fatal accidente en el que perdió la vida nuestra amiga Rosa. Había llegado su hora y estaba haciendo lo que le gustaba. Solamente el destino nos ha gastado una mala pasada.

Vertiente Oeste de la Brecha de Agudes. 

Culaus, detrás Estom Soubirán y Labas.

            Sentado, de vuelta en la Brecha des Agudes y contemplando la pared del Ardiden no sería capaz de explicar la tremenda mezcla de sentimientos que ensombrecen mi ánimo y me hacen sentir absolutamente impotente y minúsculo. Hay que bajar, como mínimo para honrar el ímpetu y la entereza que ponía Rosa en todo lo que hacía, ya que ella no pudo. Y no dejamos nada allí, ya se nos había quedado algún jirón de nuestra alma en este lugar, entonces desconocido.

            El descenso no tiene historia. Por el mismo camino alcanzamos el refugio Russell, echamos unos tragos de agua, recogemos todo nuestro material  y a la una menos cuarto continuamos el descenso al encuentro del Barranco de Lutour.

            Nos cuesta alrededor de media hora bajar hasta las inmediaciones del puente sobre el barranco. Hemos decidido darnos una vuelta hasta el Lac d’Estom.

            Por el puente pasamos con el camino a la orilla izquierda del Lutour y proseguimos hacia el sur primero prácticamente de llano hasta que alcanzado el resalte en el que hay establecido un delicioso abetar, proseguimos el medianamente empinado camino a la vez que vamos contemplando las sucesivas cascadas en las que vigorosamente espumea el barranco.

Lac de Estom y atrás Labas y Seda.

            Hace calor y se nos hace un pelín larga la llegada al lago pero es que son 250 metros de desnivel, un poco más de lo esperado, cuando alcanzamos el Lac d’Estóm situado a 1804 metros de altura. Son las dos de la tarde.

            El lac es sencillamente delicioso a pesar de que tiene unas considerables dimensiones y está abarrotado de visitantes y no hablemos de los multicolores parasoles del refugio  hostellería. Es una pena que las nortes de Labas y La Seda estén un tanto difuminadas por la luz del mediodía.

            Media hora más tarde y un tanto cansinamente emprendemos el descenso todo al norte y con el piloto automático puesto. Bajamos en medio de una auténtica marea que sube y baja a nuestro alrededor.
Cabaña Pouey Caut.

            Hacemos una brevísima parada junto a la  viejísima Cabaña de Pouey Caut de estructura caprichosamente semicilíndrica y a las cuatro estamos poniendo fin a una actividad en la que hemos movido 1875  metros de desnivel. Nos queda un largo regreso en coche pasando por el Aubisque y la pesadilla del sueño hasta que lleguemos a nuestra casa sobre las ocho de la tarde.



           

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