6 dic. 2006

26-06. A MATAPAÑOS POR SAN MARTIN DE LA BAL DE ONSERA. 6-12-06.

Picón y Matapaños por detrás de Amán. 12-10-03.

San Julián de Banzo, Aparcamiento del Barranquillo, Barranco de Bal d’Onsera, Comino de la Viñeta. Ermita de San Martínde la Bal d’Onsera, Collado de San Salvador y Cara Sur. Descenso por el Camino del Burro.

06-12-2006.

Salida 11 h. Llegada 17 h.

Mixto.

Fácil.

Ascensión.

Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Matapaños procedente de Prames. Vía en amarillo.

 
            Dice el refrán que “Si llueve en Diciembre, buen año el que viene.” No sé si se cumplirá porque con esto de los refranes los hay para elegir, pero los pantanos están más llenos que en los últimos años y han anunciado mal tiempo para el Puente de La Inmaculada-Constitución. Así que, el día 6 nos vamos a Guara, aprovecharemos para ver a Jaime, se ha muerto su padre recientemente y recogeremos a Biola que llegará en el Ave.

            En Guara no nos va nada bien pero cómo nos va a ir bien si bajamos cuando hay mal tiempo por arriba. Con frecuencia también lo es malo por allí.

            Cenamos invitados  y como nos acostamos un poco tarde esperamos a que nos despierte el día, a las nueve menos cuarto. Está muy nublado pero eso ya está descontado.

            Nos preparamos tranquilamente pues todo está controlado y nos bajamos hasta Huesca mientras se va abriendo un poco el cielo y luego por Loporzano y Barluenga  nos llegamos hasta San Julián de Banzo.

            Dudamos un poco pero enseguida pasamos el pueblo e inmediatamente después de cruzar el Barranco Barranquillo tomamos una pista a nuestra derecha a la que enseguida le sale otra, de nueva a la derecha y en menos de un kilómetro nos deposita en un pequeño aparcamiento con carteles indicadores a 875 metros de altitud.

            Son las once menos cuarto cuando iniciamos la marcha por una pista que se orienta al nor-nordeste y que casi de llano nos aproxima al cauce del Barranco de Bal d’Onsera al que llegamos en suave descenso cuando la pista se convierte en camino.

            Ya por el cauce del barranco seguimos progresando en dirección nor-nordeste, enseguida un poco por su orilla derecha y luego definitivamente por el cauce que relleno de grabas claras y redondeadas filtra el agua que baja por el barranco. Entre tanto, el barranco se ha estrechado hasta convertirse en angosto  delimitado por crecientes paredones calizos fundamentalmente en la orilla derecha.

            Abandonamos el barranco que se pone de pié y proseguimos por un túnel vegetal en la orilla izquierda del mismo y enseguida alcanzamos una brecha en el camino: la Puerta del Cierzo de cuya pared oeste gotea agua. Ha nevado por la noche y ya se está deshaciendo.

            Aquí comienza a ascender el camino y lo hace con cierta consistencia en cortas lazadas y en dirección norte instalado en el barranco que desagua el Circo Sur de Matapaños.

            Por su orilla derecha alcanzamos un cartel que indica el Camino del Burro por la orilla izquierda del barranco o el Camino de la Biñeta que transita los paredones de la orilla en la que nos encontramos. Y por allí nos vamos.

            Metidos en la pared unos cortos trazos sobre la misma nos conducen a una sirga que asegura el paso de una placa fácil. Alcanzamos un corredor bastante vertical pero que se sube bien puesto que está defendido con una tosca barandilla de hierro.

            Unas viras horizontales nos conducen a otro corredor vertical equipado con otra barandilla y enseguida salimos del vertical de la pared y proseguimos por una senda instalada entre la masa arbustiva de la zona que nos conduce al Collado de San Salvador sobre los 1150 metros de altitud.

            Van a ser las doce y un cartel nos precipita en descenso por un camino bien trazado que en dirección noroeste desciende una pronunciada y lisa ladera caliza hasta que nos deposita en el fondo del Barranco de Bal d’Onsera.

            Hemos bajado con cierto cuidado pero sin problemas alrededor de 100 metros y ya por el cauce del barranco ascendemos suavemente en busca del cierre del circo que se anuncia próximo.

San Martín de la Bal de Onsera.
 
            Son las doce y cuarto cuando alcanzamos el final del circo en el que se asiente la Ermita de San Martín de la Bal d’Onsera, un rústico y delicado cenobio medieval adosado a la pared derecha del circo.

            Hay gente que ha hecho fuego en un hogar bajo del campanario. Ellos se van y nosotros nos parapetamos de la cascada que cae de la parte norte del circo y que pulverizada moja todo lo que se pone a su alrededor zarandeada por el viento.

Hielo en San Martín de la Bal de Onsera.
 
            Almorzamos al tibio sol de la mañana.

            Un cuarto de hora más tarde, hemos disfrutado de la deliciosa soledad del lugar y nos volvemos sobre nuestros pasos para alcanzar de nuevo el Collado de San Salvador.

            En el collado que se convierte en plana loma tomamos un marcado camino que parte en dirección norte hacia Matapaños, pasa junto a los restos de una cabaña y se inclina hacia el barranco para echarse hacia abajo por la orilla izquierda del mismo. Creemos que se trata del Camino del Burro y volviendo unos metros, tomamos unas citas que se orientan hacia el pico e iniciamos el ascenso.

            Las citas se pierden enseguida pero nosotros continuamos el ascenso por un claro carrascal que nos permite progresar con facilidad y en consistente ascenso acercándonos a los paredones del casquete somital del pico.

            Tenemos claro que hemos perdido el camino y que nos vamos a tener que buscar la vida en un medio tan complicado como es Guara. Mi olfato me dice que hacia el oeste del pico podemos tener una posible subida. Rosa prefiere la amplia loma de la parte este y entre una y otra encontramos un poco transitado camino que parece faldear los murallones superiores a la vez que nos alcanzamos zonas en la que todavía quedan restos de nieve de la noche instalados entre pequeñas pedreras y reducidas masas arbustivas que nos dejan pasar pero nos van remojando.

            Los corredores somitales a los que nos vamos enfrentando no nos ofrecen seguridad de paso mientras que nos vamos aproximando a la zona oeste del pico.

            La vegetación algo mojada nos opone alguna dificultad para el paso y ante la incierta continuación decido volver sobre nuestros pasos y tomar la alternativa propuesta por Rosa.

            La vaga senda nos conduce a la parte este del pico pero se pierde antes de alcanzar ese supuesto fácil acceso limpio de vegetación. Queremos alcanzar una zona más al este de donde nos encontramos y para ello hay que pelear alternativamente con pedreras por las que progresamos bien y con masa arbustivas con las que tenemos algún que otro problema.

            Damos alguna vuelta pero finalmente accedemos a la zona deseada: se trata de una suave ladera vestida de boj de mediana talla alternando con genista hórrida pero el problema que Rosa no ha visto es que está parcialmente cubierto de nieve muy húmeda.        

            Primero damos vueltas de piedra en piedra lo que es un auténtico latazo que no nos evita pisar la nieve y poco después, cansados del asunto decidimos tirar de frente puesto que de cualquier forma nos hartamos de agua de rodilla para abajo.

            Alcanzamos la parte superior de la loma y con ella el caminillo que conduce del Proyectil a Matapaños, contemplamos brevemente el paisaje este con Fragineto, Guara y el Borón mientras nos zarandea el viento que campa por estos lares.

            Nos ponemos los cortavientos y en dirección noroeste nos vamos en suave ascenso hacia el pico en el que se distingue un vértice geodésico siguiendo el caminillo trazado entre la genista en el que encontramos unas huellas.

            A las dos y cuarto de la tarde algo pasadas alcanzamos la cima de Matapaños situada a 1530 metros de altitud en medio de un auténtico vendaval.

            Yo tengo claro de que podemos bajar por la parte oeste del pico. Nos hemos dado la vuelta a la subida cuando estábamos relativamente cerca del collado y lo hemos hecho por no hacer lo que finalmente hemos tenido que hacer y que ha sido atravesar masas arbustivas. Por tanto pasamos junto al vértice geodésico y nos vamos en suave descenso y en dirección noroeste peleando duramente con un viento que nos zarandea continuamente. Sujeto mis gafas con una mano y a Rosa con la otra.

            Bajamos hasta el collado de separación con la Punta Norte y allí localizo un caminillo que compruebo desde la parte superior de una pequeña aguja del collado.

            El caminillo se tira para abajo y se introduce en una masa arbustiva salpicada de inclinadas pedreras que se alargan en un profundo carrascal pero nosotros nos damos la vuelta y alcanzamos en travesía una primera pedrera y con ella nos vamos para abajo.

            Entre la pedrera limpia y el pasillo al final de la misma nos bajamos alrededor de 100 metros de una tacada. Ahora tenemos que faldear un poco hacia el este y lo vamos a hacer con la intención de alcanzar el camino horizontal de la mañana fuera ya de los murallones superiores.

            Bajamos en dirección sur y ya, por debajo del nivel en el que se encuentra el camino, seguimos bajando siempre un poco hacia el este tratando de no alcanzar el fondo del barranco en el que prevemos posibles complicaciones con el bosque, complicaciones que vamos solventando entre pedrera y pedrera.

            Ya tenemos claro que no nos hemos quedado cortados por alguna barrera rocosa y que el Collado de San Salvador está cerca, así que, alcanzamos el fondo del barranquillo y por su orilla derecha buscamos la loma que nos lleve al collado. La vegetación se aclara y encontramos la primera cita.

            Enseguida nos detenemos a comer al sol de la tarde pues son las tres y media. ¡Joder con el Matapaños! Han sido menos de 400 metros pero han resultado peor que si hubieran sido 800. Y es que hay que ser muy jabalí para andar por libre en Guara.

            A las cuatro continuamos para abajo pues la tarde va de camino y todavía queda tajo que no queremos hacer de noche.

            Inmediatamente alcanzamos las ruinas de la caseta en el collado y tomamos el Camino del Burro “al trote”.

            En poco más de diez minutos bajamos un cómodo y muy limpio camino lleno de lazadas hasta alcanzar el inicio del Paso de la Biñeta. Se supone que es el camino que utilizarían la mayoría de los romeros ya que el Paso por el paredón, a pesar de estar muy bien defendido, no es para mucha gente.

            De allí para abajo  nada de particular aparte de un tremendo golpe que me doy en una piedra saliente con mi muslo derecho que meja temblando.

            Al final del barranco nos lavamos un poco, cogemos agua y nos vamos barranco abajo. Hemos de volver unos metros de barranco y tomar el camino por su orilla izquierda que se convierte en pista y nos deposita  en el aparcamiento cuando son las cinco y media de la tarde tras liquidar 800 metros de desnivel.

            El día ha salido mucho mejor de lo que esperábamos a pesar del vendaval de la cima y ahora cuando nos cambiamos junto al coche se empieza a hacer fresquillo. Cae la noche pero hay mucho tiempo para dar una pequeña vuelta por Huesca para contemplar la iluminación navideña que ya está puesta, echar una buena charrada con Jaime, Carol y Yago mientras hacemos tiempo. A las nueve y media recogemos a Biola en el Ave y para casa a seguir disfrutando del puente que va todavía para largo.

 

           

                       

             

               

           

           

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