18 jul. 2013

4.13. RECORRIDO GLACIAR POR EL ALETSCH. ETAPA 4 Y FINAL. DEL REFUGIO KONKORDIA A GRINSELPASS. 18-7-2013.



En Grunhornlucke y una mañana que promete a pesar de todo.
 
Refugio konkordia, Grunhornlucke, Fieschergletscher, Galmigletscher, Oberaarjoch, Oberaargletscher, Oberaarsee y Greimsel.

Desnivel de subida 1200 m.

Desnivel de bajada 1800 m.

Distancia recorrida 24500 m.

Tiempo efectivo 09:00 h.

Mixto.

Bastante fácil.

Travesía.

Nuestra travesía de los glaciares del Aletsch ha sido una travesía eminentemente glaciar en la que durante cuatro días hemos pateado glaciares y en los que, pese a las apariencias hemos movido unos desniveles de 4300 metros subidos y 4600 bajados en 27 horas de camino efectivo. Pero todo esto no puede tomarse en modo alguno como medida ya que el tiempo y las condiciones de la nieve pueden convertir estas cifras en otras distintas y con terminar la travesía nos podemos dar por satisfechos.

Aguan en los Refugios Konkordia, Finsteraar y Oberaar, también en la Presa de Oberarsee y en Grinselpass; además de en algunas escorrentías glaciares según temporada.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

 
Mapa del Aletschgletcher procedente de la ONT de Suiza. Vía en amarillo. 

            La noche será cómoda y larga. Llueve sobre las dos y repetirán los chaparrones a lo largo de la noche lo que me permitirá especular sobre nuestro pobre abanico de posibilidades de continuación. Siempre es bueno tener alguna alternativa.

            A las seis menos cuarto de la mañana llueve. Nadie de la habitación se mueve pero nosotros  tenemos que afrontar el 18 de Julio de 2013. El desayuno nos espera.

            El personal del refugio no ha debido madrugar pues somos de los primeros que bajamos al comedor para desayunar decentemente lo clásico de los refugios y recoger un litro de té caliente por barba, cantidad que, evidentemente, nadie controla pero no es nuestro problema ya que la confusión con uno de los paquetes de comida ya ha sido compensada en cuanto a lo que se refiere al aporte de sales al agua.

            Nos lo tomamos con calma ya que aunque ha dejado de llover, la mañana está medio medio y ya hemos tomado decisiones.

            No subiremos hasta el Jungfraujoch como teníamos proyectado. Se trataba de caminar por el glaciar alrededor de tres horas para alcanzar y recordar los lugares que ya recorriéramos en el 92 y volvernos a Konkordia para recoger bártulos y proseguir hasta el Refugio Finsteraarhorn.

            Lo que pudimos ver ayer desde este privilegiado balcón en el que se asienta el refugio carecía de relieve y no suponía más que una machacona marcha en muy suave ascenso siguiendo una transitada huella que mantienen los que desembarcan del ferrocarril y se llegan al refugio. Con buen tiempo pues serviría para recordar y distraer espléndidamente la vista. En un día como hoy con las nieblas coronándolo todo pues como que no tiene demasiado sentido además de carecer de toda norma medianamente práctica e incluso poderse convertir en la causa de una fallida travesía.

            Con tiempo regular en el mejor de los casos si se confirma la evolución del momento, malo será que no podamos ir de refugio en refugio y eso es lo que vamos a hacer cuando a las siete menos cuarto marchamos en busca de la escalinata que nos permita bajar al glaciar iniciando nuestra jornada.

            Bajamos la escalinata apoyando las manos limpias en el pasamanos que está frío y mojado para preservar de la humedad a los guantes.

            Alrededor de cuatro horas por delante no nos preocupan demasiado contando que habrá huella entre refugios pero tan pronto como llegamos a la pedriza de base enfilamos el Grunneggfirn sin pérdida de tiempo.
 
 

            Se trata de un corredor muy rectilíneo que en dirección este-nordeste se va directamente en busca del Grunhornlucke, un collado que permite el paso hacia un siguiente valle y que viéramos perfectamente desde el momento que alcanzáramos el Aletschjoch sin ninguna duda.

            Hay una huella no demasiado marcada que seguimos sobre nieve sin rehielo y que se va valle arriba  junto a algunas afloraciones rocosas.

            Enseguida alcanzamos el último cordón rocoso, nos ponemos los crampones y nos encordamos aunque ni una cosa ni la otra son estrictamente necesarias pero lo hacemos en previsión de lo que pueda suceder; mejor  ahora que cuando la meteorología nos pueda apurar.
 
 
            Subida la primera rampa suave aparece un rellano amplio que se adorna de una cascada de seracs en la parte este y que nosotros pasaremos más al norte mientras llevamos al noroeste los contrafuertes del Grunneghorn que tan bien fotografiáramos ayer y  las paredes del Fieschergabelhorn al sur que es la culminación de la arista que nace en Konkordia y en la que se asienta el refugio.

            El corredor pierde amplitud y va ganando inclinación a la vez que el sol se quiere asomar por el este mejorando notablemente la mañana. Es el momento en el que te dices eso de por qué habremos cambiado de planes pero sin ninguna convicción. Y es que solamente se puede tomar una opción y hay que olvidarse de las posibles que no se harán realidad.

            Vienen dos cordadas detrás pero no parecen tener prisa lo que confirmaremos posteriormente ya que los perderemos de vista en el collado y nunca más sabremos de ellas. Dejamos dos preciosos circos colgados uno a cada lado, pasamos algunas grietas muy cerradas y afrontamos el ascenso de la parte más estrecha del corredor en la que quiere entrar el sol.

            La pendiente que no pasará de los 30º enseguida se acuesta y se alarga en busca del Grunhornlucke situado a 3280 metros de altitud. Son las nueve menos cuarto. Hemos subido más metros de los previstos en menos tiempo. Esto funciona.

            En el collado nos recibe el sol que se cuela entre nieblas y algo más y se abre ante nosotros una enorme cuenca glaciar que ocupa toda la vertiente este.
 
            Una suave ladera se ahonda poco a poco ofreciéndonos la tentadora opción de bajar de frente al este hasta el enorme rellano que ocupa una buena parte del circo glaciar, el Fieschergletscher pero nosotros no tenemos prisa y preferimos una huella que marcha al nordeste con la presumible intención de dar una buena vuelta por la cabecera norte del circo que no del glaciar ya que desde el norte acude a la cita el Waliserfiescherfirm que ocupa todo el sudoeste del enorme Finsteraarhorn que reina en esta zona glaciar.
 

            Bajamos un primer y suave resalte y aparece ante nosotros un rellano agrietado que nos hace felicitarnos por la opción elegida. Las grietas parecen bastante cerradas pero están perfectamente dibujadas en la nieve de la temporada.

            Para alcanzar el rellano hay un corto paretazo que la huella lo solventa con una diagonal al norte justo en las primeras y únicas afloraciones rocosas en las que se puede coger agua.

 
            Ya en el rellano seguimos rodeando aproximándonos a las paredes del Finsteraarhorn que dormita sumido en las nieblas a la vez que vamos buscando el emplazamiento del Refugio Finsteraarhorn que es nuestro objetivo y que, suponemos no debe estar demasiado lejos.

 
            Enseguida lo localizamos encaramado en la pared al sudeste del Finsteraarhorn.

En este caso se encuentra alrededor de 100 metros por encima del glaciar y se puede acceder por un corredor al noroeste del mismo o por el lomo central, erguido pero limpio de nieve.

            Avanzando prácticamente de llano nos aproximamos  a la base del refugio cuando van a ser las diez menos cuarto. No hemos  comentado nada pero creo que los tres lo tenemos claro teniendo en cuenta que la mañana no pinta mal del todo.

            La huella se inclina definitivamente hacia la orilla izquierda del glaciar y nosotros la abandonamos, le decimos adiós al refugio y proseguimos en suave descenso en dirección sudeste. ¿Qué íbamos a hacer en el refugio ya con todo el día por delante?

            El Refugio Finsteraarhorn se encuentra a 3048 metros de altitud y nosotros estaremos alrededor de 100 metro más abajo. Tenemos por delante un todavía enorme glaciar que, muy amplio, se alarga en imperceptible descenso hacia el sudeste. Nuestra primera idea es bajar por su orilla izquierda pero la presencia de una gran cantidad de grietas por allí nos invita a proseguir un poco más por el centro e ir probando grietas cubiertas de nieve blanda.

            La verdad es que la tarea es ciertamente desagradable además de que ralentiza nuestra progresión.
 
 
            Elegimos trayectoria en el glaciar por donde mejor nos parece y al rato encontramos unas huellas recientes que parecen provenientes del Refugio Finsteraarhorn, lo que confirma nuestras apreciaciones.

            La huella es reciente, parece de una pareja, recorrerá el glaciar longitudinalmente en dirección sudeste  y nos va a facilitar la tarea sobre manera puesto que comprobamos una trayectoria idónea en el medio en el que nos estamos desenvolviendo. Consecuentemente nos proponemos no perderla a ningún precio puesto que en peor de los casos se puede marchar por el Fieschgletscher para abajo en cuyo caso nos servirá para la mitad del camino al Refugio Oberaarhorn.

            Cogemos ritmo y nos aproximamos a un dorso vestido de hielo viejo con grietas que pasamos bien en descenso junto a unos pequeños cordones de roca suelta. De esta manera nos aproximamos a la depresión que forma el glaciar frente al extremo de la Arista  Sudeste del Finsteraarhorn.

 
            La huella resuelve uno de los problemas que tenía en mente desde que plantee la travesía: se llega hasta el fondo de la depresión y sale de la misma dando un pequeño rodeo alejándose de la orilla izquierda del glaciar.

            A estas alturas ya sabemos que la huella ya no se irá en dirección sur por el Fieschgletscher y que nos ha de conducir al refugio con lo que ha desaparecido una buena parte de la incertidumbre que se va a compensar con el empeoramiento del tiempo.
 
 
            Son las once menos cuarto de la mañana, el sur está muy negro y por el norte bajan las nieblas. Nosotros iniciamos el ascenso de una rama de glaciar que se va a orientar hacia el nordeste. Se trata del Galmigletscher pero poco sabremos al respecto ya que bajan las nieblas y se echa a llover.


            Nos ponemos las capas y seguimos nuestro ascenso sin horizonte en dirección nordeste dejando a nuestra izquierda o norte una cascada de seracs que proviene de un glaciar que suponemos baja de la Vertiente Este del Finsteraarhorn.
 

            Intuimos que nuestro camino gira al norte pero las nieblas no nos permiten ni visión ni consecuentemente orientación.

            El punto bajo del glaciar por el que hemos pasado debía de situarse sobre los 2750 metros de altitud y tenemos que remontar por encima de los 3200 metros de altitud, así que, con la pendiente moderada que estamos subiendo, nos tiene que quedar todavía algo para alcanzar el Oberaarjoch, lugar en el que se asienta el Refugio Oberaar que es nuestro inmediato objetivo en estas condiciones.
 
La Sudeste del Finsteraarhorn.
 
            Nuestro camino se arrellana atravesando una pequeña planicie que conduce a un casi imperceptible lomo proveniente de las paredes de un circo que va girando primero al norte y luego al noroeste. Las nieblas quieren levantar un poco y ya nos tienes más pendientes de los negros paredones que se pergeñan a nuestro alrededor que de las grietas.

            En un momento se levantan ligeramente hacia la zona del Finsteraarhorn pero no es el horizonte que nos interesa precisamente. Nos quitamos las capas y proseguimos.

 
             Al sur, hacia Fiesch está muy negro pero finalmente se nos abre un poco al norte y localizo el refugio colgado en la pared. ¡Bingo!

            Del plateau glaciar en el que nos encontramos arranca un corredor que girando un poco se orienta al norte en busca del Oberaarjoch, el paso que buscamos. Son las doce y media y el tema ha ido realmente bien.
 
 
            Con un cierto cansancio propio del relajo del momento ascendemos el corredor siguiendo la ya característica nieve blanda del día ahora en ausencia de grietas.

            Un cuarto de hora después alcanzamos el Oberaarjoch situado a 3233 metros de altitud. Se trata de un amable collado, bastante amplio y dominado por el Refugio Oberaar que se sitúa 50 metros más arriba en las paredes del noroeste del collado.

            Para acceder al mismo hay que elevarse sobre la nieve que viste el collado, y tomar una vira inclinada y amplia que suponemos conduce a un tramo corto de escalinatas; pero antes de subir decidimos alargarnos unos metros para tener perspectiva sobre la vertiente este del mismo que será nuestra continuación pues creemos que desde el refugio no será muy fácil que veamos el glaciar de descenso del día siguiente.

 
            Al instante se asoma el Oberaarsee y unos pocos metros más adelante todo el Oberaargletscher que es nuestro último de la travesía.

            El glaciar ni tiene resaltes, ni cascadas y el embalse está increíblemente cerca. Estamos en el collado que viéramos entre nieblas hace tres años y no hay ni sorpresas ni añadidos; así que, pasamos de refugio y nos vamos para abajo: ¡nada nos va a parar!

            Tenemos hambre, pero como corre una fresca brisa proveniente del este preferimos bajar unos metros y tras alcanzar un poco de abrigo nos paramos a echar un bocado, es la una del mediodía.

            Un cuarto de hora después reemprendemos el descenso en medio de un caos de viejas huellas que relajadamente se van para abajo por cualquier parte pues el glaciar está muy cubierto de nieve y tan apenas se aprecian grietas.
 
 
            Vuelve a llover, nos ponemos de nuevo las capas y continuamos con un buen ritmo. El glaciar se articula en cinco suaves y consecutivos resaltes que bajamos sin compasión, el Oberarsee nos espera.

            Nos cruzamos con una cordada que pacientemente inicia el ascenso del glaciar y a los que compadecemos sin acordarnos de que nosotros llevamos todo el día en similares condiciones.

            Ya muy abajo la nieve de temporada empieza a escasear y aflora el hielo viejo en ausencia prácticamente de grietas con lo que el descenso sigue siendo benigno pero no se ha terminado. El glaciar resultará bastante más largo de lo que nos ha parecido desde arriba.
 
 
            Conocemos el glaciar visto de abajo a arriba y sabemos que habrá que tener cuidado con el origen del barranco hasta el que llegamos en aquella mañana torrencial de hace tres años. La cordada ha entrado al glaciar por la derecha del mismo pero nosotros nos vamos a la izquierda alargando el hielo cuanto nos es posible.
 
 
            Ya muy abajo nos quitamos los crampones y las polainas, son las dos y media,  y entramos en la morrena buscando los caminillos de los paseantes que suben a contemplar el glaciar. Enseguida estamos en terreno que recordamos adornado por originales citas hechas con capricho inusual. Cruzamos el naciente barranco y por su orilla izquierda nos vamos hacia la Cola del Oberaarsee cuando una vez más deja de gotear. No lo hará más y ya era hora.
 
 
            Son las tres menos diez y con el camino que bordea el embalse por su orilla izquierda nos separamos del mismo ganando un poco de altura sobre el nivel de las grisáceas aguas amayencadas de granito y a través del praderío  nos vamos de flor en flor: nomeolvides, botones de oro, ínulas, saxífragas, campanulas, lotus... una auténtica eclosión salidos del imperio mineral del Aletsch.
 
Preciosa ínula en el Oberarsee.
 
            Hasta quiere salir el sol cuando nos fotografiamos junto al gran bloque del camino recordando.

            A las tres y media cruzamos sobre la pared de la presa entre paseantes vespertinos y llegados al aparcamiento nos sentamos a comer junto a los aseos. Todavía no se ha terminado la jornada. Estamos a 2310 metros de altitud.

            Comemos con apetito mientras secamos un poco los enseres húmedos y tras reordenar un poco nuestras mochilas a las cuatro y diez nos ponemos de nuevo en marcha. Tenemos por delante alrededor de 5 kilómetros de carretera que afrontamos cuesta arriba ya que ttas pasar por el Albergue de Oberaar gana algunos metros más para llanear a continuación colgada sobre el Embalse de Grimsel.

 
            Subimos tranquila y relajadamente sabedores de lo que nos queda y con los piolets en la mano por si montamos en algún coche que nos baje a Grimselpass. Se trata de una carretera de uso alternativo y regulado por semáforos que permiten el paso cada hora.
 
El Final del Unteraargletscher en Grimsel.
 
            Iremos por la mitad de la carretera cuando hago dedo a un monovolumen que va vacío. Me para a mí y luego a mis dos socios. Va recogiendo estudiantes que están de prácticas en la zona y que terminan por llenar el coche. Nos dejan en Grimselpass con lo que terminamos nuestra travesía a las cinco de la tarde pero con un día de adelanto. Hoy hemos fundido dos etapas en una reafirmando nuestra vieja costumbre. Todavía nos queda cuerda.
 
 
            Allí está el Totensee medio helado a 2160 metros de altitud y los recuerdos que nos trae de aquella lluviosa mañana de hacerle la puñeta a una atrevida chova.

            Hay una parada de autobús y hacia ella se van mis socios. Yo me quedo en la derecha de la carretera y saco el dedo. Sabemos que más arriba de Gletsch las comunicaciones son muy escasas cuando no inexistentes.

            Inmediatamente me para un pik-up y me monto en la caja. Junto a un cortacésped bajaré hasta Ulrichen. La pareja de italianos me desean suerte, ellos se marchan a Airolo.

            Para llegar a Fiesch todavía utilizaré tres coches más. Me paran dos amables señoritas, una de las cuales me deposita en la entrada del Parking de Fiesch cuando son las seis de la tarde. Ha sido un rato entretenido practicando Inglés: “My car is in Fiesch.” “I have to return to look for my friends to Grimselpass.”  Y algunas lindezas por el estilo como que  “We begun this morning of Konkordiaplatz.”

            No pierdo tiempo. Me cojo una manzana  y marcho carretera para arriba bendiciendo mi buena suerte pues hay una kilómetrada hasta Grimselpass.

            Además de una kilometrada, la carretera asciende continuamente  y se chupa un puerto clásico de los Alpes en el que la furgo casi pide el botijo.

            Estoy a punto de llegar cuando mi chica me llama al móvil. Son las siete de la tarde cuando los recojo. Han pasado el rato en el interior de la parada de autobús que es una pequeña oficina de turismo con vistas a la carretera por donde aparezco yo. Me dirán que se les ha hecho fresqui y que no había autobús con lo que lo del autoestop era obligado.

            Bajamos hacia Fiesch recordando la oficina de turismo y el tren de carbón que nos amenizara aquella tarde y que llenara de humo todo el valle.

            Echamos gasolina pues llevo la furgo seca y en un lago artificial en una zona de recreo próxima a Fiesch nos paramos para poner a secar nuestras pertenencias y cenar en el amplio aparcamiento.

            Llega la noche y como no está permitido dormir en la zona nos bajamos a Fiesch a nuestro conocido lugar y allí nos pondremos horizontales para finalizar nuestra jornada restañando las heridas que han producido los 1200 metros subidos y los 1800 bajados. Hemos liquidado la Travesía por los Glaciares del Aletsch felizmente aunque tres años después de lo esperado. Nos espera el Alphubel. 

En los días siguientes seguimos en Alpes si quieres Alphubel. 

La actividad comenzó Aquí.

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