23 abr. 2010

14-10. PEÑA SOLANA. 23-4-2010.

Peña Solana desde La Espuña. 16-11-08.

Ciresa, Pista a la Collada, Cara Sur y Arista Este. Descenso por el Camino del Turmo.

23-4-2010.

Salida 11 h. Llegada 16 h.

Nublado.

Bastante fácil.

Ascensión.

 Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.
 
Mapa de Peña Solana procedente de Prames. Vía en amarillo.


            Peña la Solana está a la sombra de Peña Montañesa, diríamos que le hace mucha sombra y bien se le vale. Hermana menor de ésta, raramente es visitada y, consecuentemente, su vía de acceso no es precisamente agradable, posiblemente, por eso, por no ser “muy visitada”.
 
Solana y Montañesa desde el Ara. 16-11-08.

            Habíamos estado repetidamente en la Peña Montañesa tanto por el norte como por el sur y la peña Solana nos llamaba poderosamente la atención desde hacía algún tiempo.

Nieblas sobre Solana desde la Guarguera.
 
            La pista que primero estuvo abierta, luego se cerró y había que subir a la Collada desde Ciresa, un interesante esfuerzo que propició el hecho de que la visita quedara sucesivamente pospuesta.
 
Peña Solana desde Ciresa.

            Hoy 23 de Abril de 2010, aprovechando que dan un tiempo regularcillo para otras cosas decidimos emplear la jornada en subir desde el Ciresa: caminaremos por bajo y así podemos evitar el mal tiempo.
 
            La mañana esta parcialmente nublada, con algunas nieblas apelmazadas en los barrancos y en las laderas de la umbría pero no tiene mala pinta cuando, llegados a Ciresa, nos encontramos con la pista abierta al tráfico y limpia de nieve según nos confirman en el pueblo.

            Nos metemos unos metros para arriba y en una vuelta con ampliación aparcamos, cogemos las mochilas y nos echamos a la pista. Son las once de la mañana y estamos sobre los 900 metros de altitud.

            Tenemos por delante de nosotros una larga pista  que entre vueltas y más vueltas nos tiene que llevar, en dirección sudeste, a la Collada, depresión natural entre la Peña Solana y la Peña Montañesa.

Desde la Selva.
 
            Enseguida localizamos balizas naranja que van atajando y con ellas hacemos algunos tramos. Poco más arriba de la fuente de la pista tomamos otro camino del que, poco después, nos daremos la vuelta pues en lugar se progresar hacia el barranco se eleva en dirección contraria, quizás hacia el Tozal de los Pozos. El asunto se salda con un cuarto de hora perdido.

            Proseguimos pista arriba hasta la gran lazada y al final de la misma localizamos de nuevo las balizas naranjas del principio que en su momento despreciamos por las rojas.

            Transitamos el camino cuando nos cruzamos con un grupo que baja por la pista y enseguida alcanzamos la Collada situada a 1552 metros de altitud. Es la una menos cuarto.
 
Solana desde la Collada.

            En el vértice del collado tomamos una marcada senda que en dirección norte atraviesa un corto praderío y se introduce en la genista siguiendo la loma divisoria, pasa junto a un bloque calizo claro y en un minúsculo rellano se orienta horizontalmente hacia la vertiente oeste en lugar de hacerlo hacia la entrada de los corredores lógicos de la pared.

            A retepelo nos vamos unos minutos con el camino, que está recientemente limpiado, pero enseguida volvemos sobre nuestros pasos para retomar nuestra idea original de los corredores centrales de la pared sur, lugar que presenta el aspecto más accesible de la misma.

            No hay camino definido en la ladera vestida de genista hórrida y progresamos en dirección nordeste a través de las zonas más claras en busca de la base de la pared ya en las proximidades de los corredores.

            Hay cinco corredores pero el “bueno” como así será es el central. También es el más directo, el más amplio y el más vestido de todos.

            Pasamos bajo los dos del oeste y cuando en travesía entre vestido sotobosque de boj, pino y enebro alcanzamos el pequeño canchal del corredor central y localizamos un par de citas que nos confirman nuestros presagios.

La Collada desde la parte intermedia de la pared.
 
            El corredor tiene un aspecto algo delicado no por la dificultad que presenta sino porque está muy vestido, los vegetales espinosos deben de ser obviados y los bojes están mojados pero…

            El corredor directo es accesible y aunque un tanto erguido, está lo suficientemente escalonado para que nos vayamos de frente para arriba.

            Siempre buscando pasos fáciles y lo más libres de maleza posibles vamos ascendiendo con algunas dudas, mirando por aquí y por allá siempre en busca del paso más libre que, evidentemente, no aseguran el siguiente.

            Los apoyos de manos son frecuentes, los cambios de dirección también pero ascendemos fundamentalmente de manera rectilínea, superando el corredor que se resuelve en una pared bastante erguida pero que al ser amplia ofrece posibilidades diversas.

            Elegimos un crestón un poco al este de la línea iniciada en el corredor y avanzamos hasta el encuentro de algunas pedreras discontinuas en las que localizamos algunas citas cuando la pared se ha acostado bastante.

            El avance no es cómodo puesto que las pedrizas están absolutamente sueltas y tenemos que buscar afloraciones calizas firmes en las que hay que apoyar las manos para facilitar la progresión.
 

            Cerca ya de la cresta nos orientamos un tanto al noroeste y a media ladera alcanzamos la cresta cuando ya viene de algo abajo.


            Un último tramo de subida por una cresta amplia y descompuesta nos sitúa a la vista de la verdadera cima que se encuentra un poco más al oeste ya que se trata de una cresta longitudinal y alargada. Los materiales de la misma son firmes y enseguida alcanzamos la cima de peña Solana situada a 1903 metros de altitud. Son las dos menos cuarto.

 
            El cielo se ha ido cubriendo de nubosidad  estratificada sobre las cimas circundantes y el día es absolutamente gris tanto que no invita al regalo de la vista: por el Collado Culliver ya llueve.

Tuca y Montañesa.
 
            Contemplamos desde la cima la cara norte de las Peñas Tuca y Montañesa, Sestrales, Castillo Mayor y Puntas Llerga y Palomera justo debajo de las nieblas y poco más, Cotiella y Mobisón no están y es una pena.

El Puntón y CastilloMayor.
 
            A nuestra vista queda los desconocidos y deshabitados valles tanto al sudeste como al norte y el valle por el que hemos subido desde el Cinca. ¡Qué grande y desconocido es el Pirineo!

Llerga y Palomera.
 
            Mi chica no quiere jaleo con el descenso y nos vamos tras comer un dulce y echar un trago.

            Desandamos la arista hasta  el punto donde la hemos tomado y proseguimos unos metros más al este también con citas. Luego nos introducimos en la pared y bajamos perdiendo y recuperando citas que están diseminadas por la misma.
 
Bajando un poco por cualquier parte.

            Se puede bajar un poco por cualquier parte y cualquier elección te recuerda que podría haber sido mejor y peor. Finalmente optamos por bajar un poco más al este de nuestra subida en busca de una ruta menos erguida ya que da una media vuelta en la pared para terminar incorporándose a la parte baja del corredor por el que hemos subido. Y allí vemos la cita que nos hemos saltado a la subida y que nos sacaba del fondo del mismo por donde hemos progresado.

Salidos de la pared.
 
            Quieren caer algunas gotas que siembran las claras calizas de manchas grises cuando descendemos por la pedrera de debajo del corredor en la que hay dos espléndidas citas. Vamos directamente hacia la Cabaña de la Collada pues el agua, sin prisa pero sin pausa, viene del este.

            Atravesamos la franja de genista, “arizon” en dirección sur-sudeste y sin ver, pues la conocemos y hemos visto desde arriba, alcanzamos el emplazamiento de la cabaña. Son las tres menos cuarto y gotea débilmente.

            La cabaña pastoril está desastrosa. Han entrado los animales, está llena de estiércol y el tejado está ruinoso. En la zona de la puerta a cobijo de la lluvia comemos.

            La cosa no va a más y alrededor de las tres y media recogemos, nos ponemos los chubasqueros y nos vamos para abajo.

La Sudoeste de Solana desde el barranco de la Bilas.
 
            Vamos a bajar por el viejo Camino del Turmo que transita por las inmediaciones del Barranco las Bilas. Anuncian 55 minutos y tan caro nos remojemos gran cosa.

Peña Solana entre nieblas.
 
            Se trata de un camino que transita el pinar de pino silvestre que recubre las dos vertientes del barranco y que, poco antes de llegar al pueblo muere en una pista que desemboca tras un corto tramo en la principal, justamente en el lugar que hemos desechado a la subida.
 
La primavera de la lunaria antes de que maduren las monedetas.

            Unos minutos  después nos llegamos al coche, con suerte y en seco pues tan pronto como hemos comenzado el descenso ha dejado de lloviznar. No son todavía las cuatro y media.

            Allí se ha quedado la peña Solana, de nuevo entre nieblas y los 900 metros de desnivel que hemos tenido que hacer para pisar su cima. Por delante queda un precioso puente del que hoy era el peor día anunciado meteorológicamente hablando.

  

             

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