6 sept. 2011

48d-11. PUNTA ZARRE. 6-9-2011.


Nordeste de Punta Zarre.

Cima del Falisse, Collado Larre y Arista Este de la Faxa hasta cota 2959. Vuelta al Collado Larre, Ibones Altos de Pecico, Vira Norte de Zarre y Arista Oeste. Descenso a Brecha Este, Ibones Azules, Brecha de Arnales, Ibones de Arnales, Mallatas y Balneario de Panticosa.

06-09-2011.

Salida 10 h. Llegada 18 h.

Sol.

Bastante fácil.

Ascensión.

Mariano Javierre.
 
Mapa de Punta Zarre procedente de Prames. Vía en amarillo.

POR MI PIRINEO DE CELEBRACION Y 4.
 
Bajo la pared del Falisse siguiendo idéntico camino que a la subida y sin ningún problema me llego hasta la mochila que he abandonado en el collado y tras faldear los dos dientes del mismo me siento al sol de la mañana para almorzar un poco. Este 6 de Septiembre me parece que va a terminar cargado y no acaba más que de empezar.

 
Picoteo un poco de todo lo que llevo incluida la inquietud y sobre las diez y media me pongo en marcha bajando por el corredor que quizás sea el peor de los tres por lo lleno de basura que está y alcanzada la pedrera pierdo unos metros hasta faldear por debajo una pared que se incorpora a la arista sudeste del pico, con lo que me sitúo en un punto bajo que calculo estará sobre los 2650 metros de altitud.

En dirección norte  y en mediano ascenso atravieso toda la pedrera que separa las aristas de sur a este y muy próximo a la arista este prosigo un poco más el ascenso utilizando un terreno bastante estable.
 

A continuación me incorporo a la Arista Este de la Faxa y sobre ella me voy para arriba.

La primera sorpresa es que no hay citas aunque pienso que como el tramo es tan tendido y sin ninguna complicación… Solamente encontraré ya en la pared una y eso me preocupa.

Sobre los 2750 metros termina la parte tendida y fácil de la arista y aparece un primer resalte tras el que confluye con la Arista Sur. El terreno está muy roto pero se faldea bastante bien por el norte. Una pequeña brecha me permite cambiar de vertiente y me enseña la zona de placas.

Hay que llegar a una segunda brecha que se veía desde antes de comenzar el primer faldeo, desde la que arranca la pared.

Es un lugar cómodo desde el que me queda claro definitivamente que la vía va a ser problemática.
 

Una placa bastante tiesa y lisa, con un patio de narices tiene una fisura ligeramente en diagonal que permite subir con relativa facilidad los primeros 20 metros. Seguidamente hay que hacer un poco de travesía hacia el sur buscando estrechas repisa y oquedades entre las que ir progresando dentro de un terreno inclinado que tendrá una pendiente por encima de los 60º. Serán alrededor de 50 metros complicados tras los que la pared se acuesta un poco y aunque presenta materiales sueltos se progresa mejor, siempre por la izquierda de la arista.
 

Poco después se vuelve al filo de la arista en un tramo bastante decente por el que gano unos metros rápidos hasta alcanzar un nuevo muro en el que de nuevo por el sur hay que buscar la progresión entre medianos bloques en una trepada algo atlética y prácticamente continuada.

Luego hay que volver a la arista por lo que se superan un par de protuberancias fáciles en una zona en la que la pendiente se ha dulcificado de nuevo.
 

Coronada la segunda protuberancia la arista se arrellana y medianamente aérea progresa hacia el muro somital defendido por un par de gendarmes  que habrá que faldear ineludiblemente ya que están compuestos de placas lisas y verticales a ambos lados.

Avanzo hacia los mismos no fijándome en ellos sino en los posibles faldeos: no los hay en ninguna de las dos vertientes y… no llevo material y aunque lo llevara tampoco proseguiría solo. Conozco perfectamente mis limitaciones y no tengo ningún problema en admitir determinado nivel de riesgo ni en renunciar. Creo que es una fórmula bastante adecuada para ir envejeciendo en la montaña.


Estoy a 2950 metros de altitud, son las doce de la mañana, más allá de los gendarmes hay un muro con muchas opciones pero…

El descenso lo hago siguiendo las citas que he hecho mientras subía y que deshago una a una. Es una arista en la que no debes equivocarte.

La bajada ya conocida se lleva su tiempo ya que hay que poner todo el cuidado del mundo para estar seguro. En la brecha bajo las Placas Inferiores respiro pues llevo el alma un poco cargadita y aligerando el ritmo hago el faldeo inferior y abandono la arista bajo el resalte de entrada.

Me tiro corredor abajo buscando las zonas patinables de la pedrera que no son gran cosa pero me permiten perder metros deprisa y en dirección sudeste. Alcanzado el punto bajo en la pedrera remonto unos metros y me sitúo en el Collado Larre de nuevo.

 
A continuación, ya lo tenía calculado, inicio en suave descenso una travesía uniforme en dirección sudoeste para alcanzar de la manera más económica posible los Ibones Altos de Pecico. Si hay que bajar, que sea lo imprescindible a mí n o me molestan las travesías por pedreras a media ladera.


Atravesar toda la cara sudeste de la Faxa y la parte de la este de las Puntas de Pecico se lleva su tiempo pero finalmente alcanzo el rellano en el que se asientan los dos ibones altos y la atravieso con la vista doblemente entretenida: por una lado busco citas y por otro la vía en medio de la Pared Norte de Punta Zarre que no conozco pues siempre he subido por la cara sur. Es una pena que lo que tiene que venir te mediatice a la hora de disfrutar el presente, la Cuenca lacustre de Pecico se merece un poco más de atención de la que le dedico pero a pesar de ello todavía me agacho a la orilla del ibón más alto y saco una fotografía con la plancha de agua del ibón y la Norte de Punta Zarre.

 
Hay que salir del rellano lacustre situado a 2570 metros de altitud incorporándose a la pedrera granítica de grandes proporciones que rellena la parte sudoeste del circo. Subo orientado por la Brecha Este de Zarre defendida por potentes paredones verticales y a cuya base llega un inestable e inclinado corredor. Desde allí arranca una serie de viras sucesivas que si no me equivoco me permitirán cruzar toda la pared y si no la habremos fastidiado de nuevo.

Localizo un par de citas muy abajo en la pedrera  y luego no encuentro continuación ni en el corredor ni en la entrada de la vira. El tema me preocupa puesto que llevo una mañana con poca “protección espiritual” para mi alma. Pero no pasa nada: me introduzco en el primer corredor que tiene un aspecto muy decente y empiezo a trepar de nuevo. Si algo sé hacer en la montaña es trepar entre otras cosas.

Ibones de Pecico.

No es fácil describir con precisión la vía que acabo de iniciar, sobre todo porque es bastante uniforme y regular no presentando puntos claramente diferenciales.

Hay un primer corredor amplio y medianamente inclinado con el que se sube una treintena de metros fáciles al estar muy bien escalonado aunque con algo de basura metamórfica. Cuando parece que se va a terminar aparece otro tramo similar con presas un poco más pequeñas pero en la misma dirección e igual de inclinado y longitudinal.

Terminando el segundo corredor aparece un minúsculo rellano y una cita: ¡bingo! No habrán querido colocar citas a la entrada por si pudieran inducir a algún error pues las citas se sucederán continuamente.
 

A continuación hay que superar otro corredor ya más estrecho también con bastante basura y que presenta un par de pequeños bloques empotrados que se sube bien medio al sol y a la sombra.

Terminada la primera parte de la vira aparece una continuación que ya he localizado desde abajo y que es una rampa algo más inclinada y compuesta de varios canalones estrechos y paralelos donde las presas son más menudas y las rocas clarean bastante. Es un tramo de alrededor de 40 metros bastante erguidos que no presenta dificultades especiales que no se superen agarrándose bien.

Tras la rampa, y atravesada más de la mitad de la pared llego a una zona en la que no tengo claro si habrá que proseguir hasta la arista oeste o habrá que salir en diagonal hacia la cima por una zona de placas lisas y verticales.

La vira sigue, yo para arriba con ella y las citas desaparecen. En el peor de los casos tendré que desandar un poco y punto.
 

Un nuevo corredor algo inclinado y ligeramente pestoso me permite alcanzar la cresta con lo que me asomo al Circo de Piedrafita. La cresta es vertical y aérea pero no tiene mala pinta en el tramo de arranque. Es lo que hay y para arriba.

Son unos pocos metros verticales, algo descompuestos pero a pesar de ello con muy buenas presas que exigen una escalada atlética. Me recuerdan al tramo final de la Norte de Retona.

Enseguida la arista se acuesta un poco y el paso es más fácil. Conduce a una brecha que no se puede franquear directamente. Hay que bajar unos metros en la vertiente sudoeste dando un pequeño rodeo para remontar pasado el corredor.
 
En medio de la faena me entra un mensaje al móvil, ni ayer tuve cobertura ni hoy hasta ahora. Dejo la trepada, llamo a mi chica y todo en orden enseguida alcanzo la Cima de Punta Zarre situada a 2947 metros de altitud. Son las dos de la tarde. Tenía ganas de conocer esta vía.

 
Punta Zarre no tiene desperdicio por ninguno de los dos lados que conozco y la continuación  hacia Gaurier es de escalada que ya he hecho de paquete, pero lo que tiene inigualable son las vistas que en un día claro como hay me permiten pasar revista a media vida montañera. Se ven hasta los Órganos de Camplong al oeste, Peña Samola al sudoeste, Punta Queba al sur, El Ripera girando al este, los Murallones de la Gatera, la Lie al noroeste… los Infiernos, el Midí d’Ossau, el Piedrafita, Campoplano, Balaitus… y casi todo mi recorrido de estos dos intensos días. ¡Joder que vistas!

Hago fotos, como tranquilamente disfruto del lugar y poco antes de las tres me voy para abajo por la arista este que conozco.

Bueno, creía conocer, pero en realidad no recordaré nada a excepción de la placa de la vira y la peña extraplomada de la Brecha Este y eso que he pasado dos veces.
 

El descenso de la arista que no se hace casi nada por la misma arista me parece fuerte y complicadillo. Tiene una sucesión de corredores bastante erguidos medio herbosos, con materiales sueltos y con mucho patio. No es cómodo de bajar quizás porque no le he subido hace ya años. Hay que ir con mucho cuidado y emplear las manos en condiciones.


Se me hace larga la llegada a la placa fisurada que es de lo más fácil de toda la arista y que se desciende sin ningún problema.

La Piedra extraplomada no está en la base de la placa sino un diente más allá y la travesía por la vertiente sur no la regalan. Creo que se llegaba a la piedra y desde allí para abajo.

Hay un paretazo de unos 15 metros verticales de mal aspecto y sin citas. Yo hago una travesía por medio de la pared siguiendo una vira herbosa en la que encuentro señales de tránsito y en suave descenso aunque bastante aéreo salgo de la pared y me incorporo a la ladera entre herbosa y pedregosa y granítica  que me bajará hasta los ibones Azules.
 

 Bajo buscando camino cómodo y transitando zonas de pratenses que me descansen de tanta piedra, fundamentalmente en dirección sur ya que no voy a llevar el camino tradicional que baja a media ladera hacia la Colla de Bachimaña Superior. Yo quiero pasar por medio de los Ibones Azules como procedimiento de perder la mínima altura posible pues la jornada no va a terminar de cualquier manera.

Consecuentemente, daré alguna vuelta para salir de los resaltes que cortan mi camino pero persistiendo en mi empeño me bajaré alrededor de 400 metros que se me hacen largos no contando con el reloj.
 

No hay nadie en las concurridas orillas del Ibón Azul Superior, se acabó la concurrencia y por supuesto las aglomeraciones, je, je, “Pirineo masificado”.

Rodeo por el sur el Ibón azul Superior cuando son las cuatro menos cuarto y pongo un rumbo interesado que lleve a la Brecha de los Arnales, me quedan los últimos 300 metros de subida de la jornada.

En dirección sur-sudoeste atravieso la parte más irregular de la cuenca lacustre tratando de no gastar fuerzas tontamente hasta alcanzar el barranquillo por el que desagua el Ibonciecho de los Infiernos, es de visita obligada.

Pero no solamente hay que echarle una fotografía y contemplar su delicada sencillez acunado entre bloques de granito, hay que tocar el glaciar pues es un capricho de verano que me viene de paso.


Pisar dos reducidas placas de glaciar en suave ascenso, con un centímetro de nieve blanda y moribunda es un placer para los sentidos y un ansiado descanso para los recalentados pies que no produce los efectos deseados y no estoy con ganas de descalzarme. Luego, perseverando en dirección sur-sureste me acerco en fuerte ascenso hacia los paredones que defienden la Brecha de los Arnales que separa al pico de la Arista de Bachimaña.

La verdad es que me había propuesto buscar el paso  un poco al este de la doble brecha pero no tengo ganas de darle más vueltas al asunto: me meto en la pared directamente hacia la Brecha Pequeña que es la que tiene el paso, la situada al oeste es imposible para hacerla a mano.

Ni siquiera tomo la fisura que utilizamos cuando descendimos por aquí, estoy un pelín más arriba y no voy a bajar a buscar la entrada, tomo otra y para arriba, hay posibilidades similares en pasos que no llegarán al IIIº.
 
La pared no tendrá más de 20 metros pero yo me paso de frenada y aparezco tres metros por encima de la brecha y eso tiene premio: un par de pasos, los más comprometidos de la pared, serán suficientes para pagar el error.

 
En la brecha, a 2680 metros de altitud me despido de Punta Zarre y tomando la vira herbosa e irregular que recuerdo atravieso la pared en suave descenso y tras desmontarme cómodamente de la misma inicio el descenso final.
 


El Circo de los Arnales es un lugar poco transitado más arriba de los dos ibones. Al Arnales no se va por aquí y la Arista de Bachimaña no suele ser un plato elegido por el personal. Si a esto sumamos que el paso no es nada fácil y que hay un desconsolador pedregal de 400 metros hasta los ibones pues acabose.

Yo voy ya caliente pero a pesar de ello me enzarzo en un descenso energético de piedra en piedra aprovechándome de mis patitas. Es el mejor procedimiento para llegar pronto en dirección sur a las inmediaciones del Ibón Alto de Arnales.
 
 
El ibón resulta difícil de fotografiar entero pues cuando lo ves estás encima de él. Vestido de límpidas y azuladas aguas contrasta con el Inferior poco profundo y a medio colmatar. En la cola del inferior una gran cita marca el final de los paseos del personal que incluso no sabe de la existencia del alto. Son las cinco de la tarde

Lo que si he encontrado ha sido citas en el circo que indicaban camino de subida a la Brecha de los Arnales y no estaban en la ocasión anterior.

Tampoco estaban los recientes para aludes metálicos instalados en la época activa de remodelación del Balneario, ahora paradas hasta no se sabe cuándo.

A la salida del ibón Inferior de Arnales tomo el camino con ganas. Lo había abandonado a las nueve de la mañana debajo del Puerto de Marcadau y la verdad es que después de ocho horas de trajines pedestres se agradece.

Me esperan las conocidas Mallatas Alta y Baja. El camino desciende en dirección sur un tanto alejado de la Orilla derecha del Barranco de los Arnales y yo, una vez más dejo que me cuide mi piloto automático: hará la labor de maravilla.

A pesar de ello no dejo de controlar la entrada al pinar de Pino negro ni de localizar a la menguada manada de yeguas que se reparten por las mallatas.

En la Mallata Baja el camino gira al sudeste y se introduce en la sombra que le propicia la verticalidad de los paredones del Circo del Caldarés de Baños. Bajo a ritmo, fotografío La Cascada de las Argualas con ganas de agua y me llego a la furgo que está a la sombra y descansadísima.

En la orilla del Ibón de los Baños me siento a remojar los 2100 metros de desnivel movidos mientras me tomo una cerveza. Un buen remate para rematar mi viaje de celebración. Han sido dos días intensos: 3800 metros en dos días. No necesito más.

Para ver más fotos.

Si quieres puedes ver el Comienzo.

 

 

 

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