24 ago. 2001

2.01. EL GRAN PARADISO Y EL PICO DE LA MADONA. 28-8-2001.

Crresta Sur desde el Pico de la Madona.

Aparcamiento de Pont, Refugio Victor Manuel I, Glaciar del Gran Paradiso, Arista Sur y Pico del Gran Paradiso, Arista Norte y Pico de la Madonna. Descenso por la Arista Sur y mismo camino hasta el Aparcamiento de Pont.

24-08-2001.

Salida 13 h. Llegada 13 h.

Sol.

Bastante fácil.

2 d.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.       


Mapa del Gran Paradiso procedente del IGC. italiano. Vía en amarillo.


            Pasamos junto a la Estació del Teleférico de Lagalb y poco más arriba, junto a un barranco y en un ensanche de la carretera paramos a comer.

            Después vendrá el Berninapass a 2323 metros de altitud y comenzamos el descenso a la vez que comienza a chirriar la pastilla del freno de la rueda delantera. La carretera baja brutalmente 2000 metros en 35 kilómetros.

            En Tirano nos rebajan el testigo de las pastillas de los discos, continuamos hasta el Lago de Commo e inmediatamente entramos en la autovía que bordea al lago por el este en una sucesión de largos túneles en los que cogemos ritmo para compensar tramos anteriores.

            Enseguida llegamos a Lecco lugar donde termina la rama de lago del mismo nombre, cae la tarde y buscamos un sitio para pasar la noche antes del lío de Milan.

            Cuando las estrellas han salido de paseo por el cielo nosotros nos empiltramos con ganas de terminar el día. Hoy hemos acabado la primera actividad en la que hemos metido 2163 metros de desnivel, Juán y yo le hemos echado 400 metros de propina. El Piz Bernina es una montaña con carácter.

            Serán las cinco de la mañana cuando Rosa pretende que nos levantemos. ¡Esta tía quiere que hagamos el turno de la mañana! Pero nosotros nos resistimos heroicamente hasta que al final capitulamos incondicionalmente a las seis menos vente y nos levantamos para comenzar el jueves 23 de Agosto.

            Desayunamos un poco mientras amanece, dándonos tiempo para despedirnos de las estrellas.

            Pasamos Milán bastante bien, luego Santhia e Ivrea. Malas carreteras hacia Aosta que se hacen pesadas y pasar la ciudad es la leche.

Gran Paradiso desde la carretera a Pont.
 
            Vemos el desvío hacia Gressoney-La Trinité, pasamos el desvío hacia Cervinia, y nos encontramos ya próximos a St. Pierre. Allí hemos de tomar el tramo final que nos ha de conducir al Aparcamiento de Pont tras un lío considerable. Son las doce y cuarto llegamos al Aparcamiento de Pont. Los últimos 26 kilómetros se han hecho casi eternos.

            El amplio, aunque no demasiado, aparcamiento está situado a 1960 metros de altitud. Hace un día caluroso y soleado como difícilmente se pueda superar. Sacamos las tiendas, extendemos todo y preparamos las mochilas mientras Rosa va disponiendo la comida.

            Yo voy un tanto acelerado pero es que la mañana me ha probado: el tránsito entre Diavolezza y Pont se ha saldado con 392 kilómetros en los que hemos empleado 10 horas.

            La caseta de información tiene un cartel que indica:“Vengo enseguida.” Bueno, ya se sabe, debía estar puesto desde el principio del verano. Tiene una foto de la arista cimera del Gran Paradiso y nada más de nuestro interés. Juan irá repetidamente en busca de información inútilmente.

            Comemos al sol, terminamos de recoger y a la una y cuarto iniciamos la marcha sin pausa ya que está subiendo bastante gente para arriba.

            En el puente que nos ha de pasar a la orilla derecha del barranco hay un cartel que sugiere, como siempre, consultar si hay plazas en el refugio. Dan un número de teléfono pero no hacemos caso, además de que tampoco podemos hacerlo por lo que mi esposa tiene doble motivo para refunfuñar.

El Aparcamiento de Pont desde el Camino al Refugio Victor Manuel I.
 
            El camino que llanea un poco en dirección sur está trilladísimo y lleno de gente. Adelantamos a algunos enseguida, antes de que el camino  comience a empinarse a la sombra de los alerces.

Cascadas de camino al Refugio Victor Manuel I.
 
            Poco más arriba se empina más, hace calor y vamos sin agua puesto que el camino debe subir junto al barranco.

            El miedo y las dudas pueden más que nuestras convicciones y finalmente Juan se va para arriba a buen paso con intención de adelantar a gente que hemos visto salir delante de nosotros y así tratar de evitar problemas en el refugio. Nos dirá que se ha pegado una buena sudada cuando nos juntemos arriba. Yo me quedo con Rosa, la pongo a su paso y nos vamos para arriba algo más tranquilos que Juan. Adelantamos a un grupo que se nos va a pegar a los talones y somos adelantados por alguno suelto y por un par de franceses de Saint Lary Soulan con los que charlamos un poco.

            Ellos, muy pillos, no llevan reserva y quieren saber si nosotros la llevamos.

-¿Y la casa? -Nos preguntan con un buen Español mientras van adelantando.

-No entiendo lo que quieres decir. -Le contesto.- Ya me lo explicarás arriba. -Le digo yo cándidamente pues he comprendido perfectamente su mensaje y de la situación tengo más datos que ellos.

 Subimos una empinada ladera con un barranco a nuestra derecha que se nos queda un tanto hondo. Suerte que solamente tenemos que subir 787 metros de desnivel y que, aunque sea algo arriba, encontramos agua.

            Al fin, Juan ha llegado a las dos y media y nosotros lo hacemos a las tres en medio de un tropel de gente que vuelve de la excursión al Refugio Victor Manuel I.

Nuevo Refugio Victor Manuel I.
 
            El refugio está situado a 2732 metros de altitud. Consta de un edificio nuevo en forma de medio tonel, de considerables dimensiones, con capacidad para 143 plazas y al lado, el viejo refugio con capacidad para 40 plazas. No tengo ninguna duda de que tendremos plazas cosa que nos confirmará Juan de inmediato. No han alojado en la primera habitación del viejo refugio que está estupendamente con baños y aseos en la puerta de al lado y con un vigilante que los mantiene impecables.

            Hemos sudado de lo lindo en la subida  pero son las tres de la tarde  y tenemos tiempo para casi todo: ponemos lo que está húmedo a secar al sol, bebemos abundantemente para reponer líquidos, nos aseamos cada uno a nuestra manera y entre tanto va llegando gente, al final seremos una pequeña multitud que hará cierta la frase: “Mucha gente en todo el recorrido.” Nosotros vamos preparando las mochilas para el día siguiente.

La amiga de las cabras en el Refugio Victor Manuel I.
 
            Sobre las seis y media y aprovechando un rinconcillo en el lado oeste del viejo refugio, acunados por el sol, preparamos el té tranquilamente y luego cenamos dilatada y abundantemente.

            Alrededor de las ocho nos empiltramos en las literas altas que nos han correspondido para “complacencia” de mi señora.

            Rosa anda con su run-run particular por la cabeza imaginando casi todo lo imaginable para la jornada siguiente. El Bernina le ha impresionado de manera poco agradable, según dirá;  jurando que si encuentra otra arista así, se quedará. ¿Se había creído esta tía que iríamos a alguna chocolatería o qué? ¡Que mayor que está mi chica!

            La noche se viste por fin de silencio y a dormir se ha dicho.

            El viernes día 24 llega también para nosotros muy a nuestro pesar, a las tres de la mañana.

            Un grupo de catalanes, discretamente ruidosos se tiran una hora de preparativos y marchan, pero ya, la noche está sacrificada y nosotros, más despiertos que los luceros del alba, nos levantamos.

            En media hora tenemos tiempo más que sobrado  para asearnos un poco y desayunar y a las cinco menos veinte nos echamos a la noche.

            Salimos a la parte norte del refugio que está vestida con un enorme pedregal y adornado por algunas frontales dispersas incorporándose a la morrena glaciar. Juan va delante y Rosa a continuación con las frontales, yo voy detrás al tiento pues no llevo la frontal. No voy mal del todo pues con lo que veo delante de los pies de Rosa me resulta casi suficiente.

            Enseguida se va a hacer calor en una noche cálida y estrellada. Hemos salido a 2732 metros de altitud, deambulamos llaneando cinco minutos y siguiendo las citas que Juan localiza perfectamente en la pedrera iniciamos el ascenso de la morrena lateral izquierda del Glaciar del Gran Paradiso, atravesando pequeñas manchas de verdura en algún tramo pequeño del camino a la vez que viramos al este.

Inicio del Galciar del Gran Paradiso.
 
            En la parte alta de la morrena pasamos a la primera cordada. Poco después, siguiendo por la parte superior de la morrena el camino se allana un poco y adelantamos a otro grupo. Llevamos luces delante destacándose sobre el tenue claro de la nieve todavía en noche oscura.

            Enseguida alcanzamos la nieve y como está un poco dura nos ponemos los crampones cómodamente sentados sobre unas piedras, los piolets ya los llevábamos en las manos.

            Entramos en la nieve y siguiendo la huella nos vamos a subir un pequeño valle nevado que presenta un par de escalones sucesivos al encuentro del glaciar.
 
            Viramos ligeramente al sudeste para ganar altura acercándonos a la arista que tiene su origen por encima del refugio y como procedimiento de salir un poco de la subida directa del glaciar ya que presenta un importante resalte intermedio como veremos a la bajada, puesto que ahora es todavía de noche.

            En la primera hora subimos prácticamente 500 metros.

Ciarforón y Becca de Monciair desde el Glaciar de Gran Paradiso.
 
            Próximos a la arista alcanzamos a los catalanes que al final de un pequeño resalte se están encordando. Nosotros seguimos dejando gente atrás en una huella que es cómoda y más ahora que amanece.

            A continuación afrontamos el ascenso de una pendiente fuerte y consistente sobre el glaciar que se aproximará a los 35º en su parte superior con lo que superamos el segundo resalte. Son las siete menos cuarto.

            El camino se arrellana un poco y proseguimos por terreno amplio cercano a la arista que llevamos a nuestra derecha y virando paralela y conjuntamente con la misma nos vamos orientando hacia el norte. Hemos bordeado el glaciar por su orilla izquierda y nos encontramos frente al Pico Becca de Moncorve. La nieve se endurece un poco cuando de nuevo transitamos algunos tramos de pendientes escalonadas y adelantamos a la cordada que llevamos delante.

            Sabemos que el pico no se verá hasta que no estemos sobre los 3800 metros de altitud y el altímetro ya los señala. Tenemos muy próxima, a nuestra derecha, una arista y suponemos que cuando la alcancemos en un pequeño collado al que llega la huella enseguida, veremos al otro lado el campo de nieve terminal que nos deberá conducir al pico.

Vertiente Oeste del Gran Paradiso y el Pico de la Madona.
 
            Subimos los últimos 50 metros, pasamos la rimalla que está bastante cerrada y alcanzamos la arista en el que recibo la agradable caricia del sol en toda la cara que me deslumbra. Cuando recupero la visión; al este, al sol, no está el pico como imaginábamos y una fuerte pendiente se hunde rotundamente hacia abajo. Estamos en la arista cimera... y el pico está aquí mismo. La imagen que un rato antes hemos visto recortándose sobre una roca en el cielo debía ser “La Madonna”, la Virgen que dicen que hay en el pico.

            Debemos estar sobre los 4000 metros ya que nos quedan alrededor de 50 metros de desnivel y este jodido altímetro se ha vuelto a pasar pero varios pueblos.
 
            Como lo que queda ya es todo roca nos quitamos los crampones y más teniendo en cuenta las informaciones que nos anuncian un paso “increiblemente aéreo” del que el catalán nos ha dicho que él se quedó sin subirlo.

            Próximos a la arista y en su lado oeste progresamos entre grandes piedras y diminutas manchas de nieve que conforman un tramo mixto que se sube bien por cualquier parte. Subimos tranquilamente pero con ganas de alcanzar la dificultad anunciada.

Faldeo por el oeste de la Punta de la Madona.
 
            Ya muy arriba, un pequeño corredor nos lleva a la arista que no tiene nada especial, pero a nuestra izquierda una maroma horizontal rodea por el oeste el resalte rocoso.

En la Cima del gran Paradiso.
 
            Nos encordamos inducidos por las informaciones más que por lo que vemos y pasamos el fácil tramo equipado por la maroma que es una vira plana y ancha de unos 10 metros de longitud rodeando el resalte. Luego,  una vira estrecha pero suficiente para apoyar los pies y unas buenas presas para las manos permiten atravesar un pasaje aéreo y vertical sobre la cara este de la arista y por un pequeño corredor alcanzamos la arista conformada por enormes lajas planas y escalonadas que nos conducen sin más a la larga y plana cima del Gran Paradiso a 4061 metros de altitud cuando son las ocho de la mañana.

La arista es sencillamentre espectacular.
 
            Hacemos fotos y contemplamos la cara de sorpresa de mi esposísima que, decididamente, echa pestes de las referencias de las guías. La verdad es que, aun sabiendo que guiar resulta complicado, ya que la montaña es un medio muy cambiante, en este caso ha sido una auténtica pasada.

            Contemplamos desde aquí los tres cuatromiles restantes en la arista sur a la vez que vemos la llegada de los que venían detrás de nosotros al Pico de la Madonna y vemos el Pícolo Paradiso en la arista norte al mismo tiempo que estamos en medio de un dilatado mar de picos desconocidos, ya que lo que conocemos: Montblanc, Combin, Monte Rosa y Cervino quedan al norte un tanto alejados.

Trepada en la Norte del Pico de la Madona.
 
            Quince minutos después y viendo que el personal está  llegando al Pico de la Madonna, desandamos el camino hasta la misma brecha de separación  de los dos picos y llegando a la pared norte decidimos atacarla directamente sin rodear el pico. Se trata de alrededor de 10 metros bastante verticales que tienen un primer paso un poco largo y fuerte pero que una excelente roca en el filo de la arista solucionará satisfactoriamente la escalada que será de IIº con chorrada.

En la Cima del Pico de la Madona.

Pointe de la Gran Casse y Tsantaleina desde el Pico de la Madona.
 
            Son las ocho y veinticinco cuando alcanzamos la cima del Pico de la Madonna de 4058 metros de altitud. En la diminuta cima hay gente alrededor de una imagen de la Virgen de tamaño natural, sobreelevada por un trípode metálico. Es la imagen que hemos visto subiendo y de la que yo he pensado que sería alguna réplica en un pico próximo y fácil para el personal.

Cima del Gran Paradiso o Madonina desde el Pico de la Madona.
 
Desde la Madona el Central y el Roc.
 
            El paisaje es el mismo que desde el pico anterior y, por tanto, tras pedir a unos que llegan por la arista sur que nos hagan una foto, nos marchamos para abajo antes de que la multitud tome el pico.

Paso expuesto en la Este del Pico de la madona visto desde arriba.
 
            Esperamos a que suba una cordada que va asegurando hasta los parpadeos de los ojos y luego, utilizando la estrecha vira, “increiblemente aerea”, pasamos en ensamble y nos vamos para abajo hacia el collado al que llega la huella del glaciar.
El mismo paso desde abajo hacia la Madona.
 
            Próximos al collado y sobre una amplia y llana laja nos desencordamos, recogemos la cuerda y nos ponemos los crampones con toda la comodidad imaginable mientras el personal va pasando para arriba.

            Luego, como la compañía no tiene ningún interés en hacer  los dos picos restantes: El Pico Central y El Roc, y yo no insisto, nos vamos directamente al collado y de allí, por la huella, para abajo. Son las nueve de la mañana.

En la parte inferior del Glaciar del Gran Paradiso.
 
            Hacer el Pico Central de 4015 metros de altitud requiere abandonar la huella y caminar haciendo huella en ascenso a media ladera una veintena de metros  y por rocas fáciles otro tanto hasta la cima. De allí siguiendo la arista nevada había que bajar  alrededor de 50 metros y siguiendo una fina arista nevada en ascenso alcanzar la roca y progresar por ella, aparentemente de forma fácil con algún paso de IIº y alcanzar la cima de El Roc de 4026 metros de altitud. Luego la vuelta más fácil sería volver por el mismo camino hasta el collado de separación de estos dos picos y allí atravesar la rimalla que no está muy abierta  para bajar directamente a la huella 50 metros más abajo por una pendiente de nieve dura  de 40º de inclinación a lo sumo.
 
            El descenso tiene una corta historia de espaldas al sol. En menos de hora y media nos llegamos al refugio y eso que paramos repetidamente a hacer fotografías siempre, más o menos, a contraluz.  Bajamos a buen ritmo, a muy buen ritmo. Bajamos por la huella y atajando por fuera sin contemplaciones, la nieve esta  divina para los crampones.
 
            Al final de la nieve nos quitamos los crampones y en el pedregal próximo al refugio le hago una foto a Rosa con un rebaño de cabras de cuernos largos.

            A las diez y veinticinco llegamos al refugio que, por cierto, está casi desierto a estas horas. Hemos liquidado el grueso de la actividad en un pispas y de manera absolutamente satisfactoria, aunque yo hubiera preferido volver más tarde pero hacer los dos picos que quedaban en la arista.

            Deshacemos las mochilas y las recomponemos tranquilamente mientras almorzamos al suave sol de la mañana que de paso irá secando algunas cosas húmedas por el sudor.

            En mitad del almuerzo pasa el francés de Sant Lary y le pregunto qué tal la casa. Me contestará que bien, que igual que la nuestra. Nos ponemos a charlar.

            Hablamos de los Pirineos y nos dice que para el Ramougn hay que mirar porque existe una vía que cruza toda la pared y que es muy fácil. Al final le pregunto por algún pico guapo y nos contesta que “esto.”

            En el refugio pagamos 15000 liras de cada uno a 0’085 pesetas  la lira, lo que supone un precio aceptable por pernoctar allí y a las once y media emprendemos el camino para abajo. Vamos a una hora estupenda.
Allá arriba se ha quedado el Gran Paradiso.
 
            Bajamos con las manos en los bolsillos y nos cruzamos con una enorme cantidad de gente que sube hasta le refugio para dar una vuelta.

            Ya entrados en el arbolado charlamos con unos españoles y a la una menos cuarto llegamos al coche dando por liquidada una actividad en la que hemos movido 2123 metros de desnivel en 24 horas.

            La oficina de información del aparcamiento sigue cerrada. Montamos en el coche y nos vamos para abajo en busca de un merendero que habíamos visto 3 kilómetros más abajo.

Puedes ver la Continuación.

 

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