3 may. 2009

16-09. LAS FOYAS DE BRAZATO. 3-5-2009.

Entrando a las Foyas de Brazato.

Balneario de Panticosa y Barranco Tablado.

Desnivel acumulado 750 m.

Distancia recorrida 9000 m.
 
Tiempo efectivo 05:30 h.

Sol.
 
Fácil.

Esquí de travesía

Agua en las fuentes del Balneario  o al cruzar el barranco. En verano tampoco falta el agua en la zona de ibones.

Se trata de una ascensión fácil para principiantes en la técnica del esquí de travesía que, supone un poco más de un paseo con  esquís. Con climatología favorable una delicia.

 Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de las Foyas de Brazato procedente de Prames. Vía en amarillo.

            Es bastante difícil imaginar el ciclópeo trabajo durante el Cuaternario de los glaciares de Argualas, Bachimaña y Brazato para modelar la actual cubeta lacustre en la que se asienta el Ibón de los Baños de Panticosa. Después llegaría Nozar y…pero eso es otra historia.

            Para poder salir del fondo de la cubeta en cualquiera de las direcciones que elijas hay que pagar un ineludible peaje de copiosos sudores y si ha de ser con los esquís en la chepa pues eso.

            Hoy, 3 de Mayo de 2009, puede ser un día que señale el tránsito entre simples paseantes con esquís a  felices disfrutadores del esquí de montaña, que a eso aspiramos.

 
            Son las nueve de la mañana y tras aparcar en las inmediaciones del Gran Hotel a 1650 metros de altitud, nada de hacerlo en la quinta puñeta más bajo de la embotelladora; nos metemos en camino por las escaleras que, pasando junto a la Fuente de San Agustín nos conducen al amplio camino  que nos saca del fondo de la cubeta en dirección este.

            No hemos querido empezar antes puesto que imaginábamos, como así será, la dureza de la nieve matutina, en una ladera orientada al este y abrasada por el sol del día anterior. No conviene exagerar y para novedad ya vale con cargar los esquís en la mochila. Las cuchillas pueden seguir con su sueño mochilero.

            El camino con suaves lazadas y manchas de nieve mezcladas con agua que baja  ya a raudales por el camino, se orienta al  nordeste hasta alcanzar un paravalanachas junto al cruce de caminos de Bachimaña y Brazato convenientemente señalizado. Seguidamente gira al sudeste para enseguida avanzar sobre manchas de nieve medianamente uniformes y aparecer, poco después, las primera huellas de esquís que se aproximan al Barranco Tablato.

            Hay un momento en el que creo recordar que el camino remonta una pala un tanto al nordeste en la que no distingo huellas pero… nos vamos con la mayoría hacia el barranco para progresar por la orilla derecha del mismo, en consistente ascenso y con machas, todavía intermitentes, de nieve.

Con los esquís puestos frente a Foratula.
 
             Ascendemos muy lentamente pues no tenemos costumbre de caminar con las botas de travesía pero vamos para arriba. Nos hemos separado un poco del rumor del barranco y en un punto en el que ya vemos huellas de esquí de descenso, descargamos las mochilas y nos ponemos los esquís. Estamos sobre los 1900 metros de altitud y son las diez y cuarto de una primaveral mañana en la que ya hemos entrado en calor.

            Enseguida la pendiente se suaviza y variadas huellas transitan entre pinos aproximándose de nuevo al barranco en busca de puentes de nieve.

            Dejamos a nuestra izquierda una larga diagonal que permite superar fácilmente el escalón que conduce al Ibón Inferior de Brazato y enseguida atravesamos el Barranco Tablado sobre los 2000 metros de altitud y proseguimos al sur-sureste  por la orilla izquierda del mismo.

La doble Cima de Tablto.
 
            El barranco se allana y se amplia completamente cubierto de nieve y nos ofrece unos amables y maravillosos campos de nieve por los que ir ganando altura con suma tranquilidad, todavía entre majestuosos pinos negros que hoy, si cabe, son más negros aún debido a la insultante luminosidad de la mañana.

            Dejamos atrás los pinos más altos del circo y proseguimos por el fondo del mismo ya en dirección casi sur superando resaltes suaves que alargan el camino y nos acercan a los torreones limítrofes del mismo a los que hemos ascendido tanto en verano como en Invierno: las Puntas de Brazato, Tablato y Foratula.

            Ganamos altura hasta enrasarnos con el lecho del Ibón Inferior de Brazato a la vez que dejamos a nuestra izquierda un amplio y suave corredor que se yergue en el cuarto superior para alcanzar el rellano del Ibón. Detrás aparece la nevada cúpula de la Punta del Puerto.

            Todavía proseguimos un poco más arriba ya en dirección sur hacia la vertical del Collado Bajo de Brazato, superando la ubicación de los dos ibonciechos de lo alto de las Foyas absolutamente enterrados en la nieve.

Tablato de Piniecho.
 
            Superamos un último resalte hasta la cabecera de una suave loma bajo la pared que defiende el acceso al collado y allí nos quedamos. Estamos a 2400 metros de altitud y son las doce y cuarto.


Quitando pieles en las Foyas de Brazato.
 
            Cien metros más arriba tenemos el Collado Bajo de Brazato y el Collado  de Tablato con Foratula que enlaza con las Puntas de la Foratula que más al noroeste se alarga hasta la Peña de los Baños. Encima de nosotros tenemos las Puntas de Tablato y el Pico Tablato de Piniecho y detrás, escondiéndose de nuestra vista la Peña Brazato y el Pico Brazato pero fuera ya de nuestro circo. Al norte se asoman por encima de la cubeta del lago de Brazato y de los Ibones Altos de Brazato los Picos de Labaza, los del Serrato y detrás todavía sacan la cabeza los Dientes de los Batas y la Peña Xuans. Quedan ya, fuera del valle y al noroeste desde Argualas hasta la Faxa, destacando poderosamente la mole de los Infiernos defendida con el Arnales y el Piedrafita soportado por el contrafuerte del Marmoleras. A sus pies la arista de Bachimaña que te conduce la vista al recóndito discreto y, todavía en obras, Refugio de Bachimaña.

Puntas de la Foratula desde las Foyas de Brazato.
 
Los Infiernos y el Nuevo Refugio de Bachimaña.
 
            Comemos con apetito pues solamente hemos comido una naranja y echado un trago de café con leche en todo el ascenso, mientras somos achicharrados inmisericordemente por un sol de justicia. Estamos solos pues la gente ya ha pasado el valle en descenso.

 
            Media hora después, hemos descansado lo suficiente, nos disponemos  para el descenso con fundadas esperanzas: creemos que por una vez, la primera parte del descenso que nos aguarda no será ni un suplicio más y ni siquiera, en el mejor de los caso, un poco agradable trámite que te permita llegar para abajo.

 
            La nieve esta sencillamente divina para nosotros: giramos como potrillos sueltos, como irrefrenables posesos, de un lado a otro en las amplias laderas vestidas de una nieve completamente transformada. ¡Qué gozada! La gloria celestial tiene que ser algo parecido a esto.

Punta del Puerto sobre el Lago de Brazato.
 
Que maravilla de descenso.
 
            Descendemos dichosa y largamente hasta la entrada en los pinos y como la nieve sigue igualmente transformada aunque un pelín más blanda, trazamos nuestro propio camino por entre el laberinto de los pinos nunca muy lejos del barranco.

Brazato y Tablato desde la entrada a los pinos.

Cascada bajo el Ibón Inferior de Brazato.

Puente de nieve sobre el barranco.
 
            Decidimos aprovechar a tope el descenso por la orilla izquierda del barranco e incluso estamos dispuestos a pasarlo como sea, pero tenemos la fortuna de encontrar un puente de nieve cuando ya debíamos de hacer rebasado casi todos ellos.

            Hemos de remontar unos metros en la orilla derecha del barranco y enseguida alcanzamos una huella de esquís que nos lleva a otra más confirmada que baja de otros puentes superiores.

            Nosotros que, por razones que conocemos, somos muy malos esquiando en nieve virgen, estamos crecidos y terminamos descendiendo hasta las manchas intermitentes de nieve que hemos ascendido al principio de la mañana y que habíamos descontado para hacer andando. Terminamos en el lugar en el que nos hemos calzado los esquís a la mañana. Son las dos de la tarde.
 
Trampas de nieve continuas.

            Tranquilamente rehacemos las mochilas, cargamos los esquís y nos vamos para abajo. La nieve dura de la mañana que se subía muy bien, esta absolutamente soleada y blanda. El descenso se convierte en un suplicio que no empañará en modo alguno el disfrute placentero de la jornada. Mi chica contará algo más de una docena de trampas de nieve y yo por el estilo, cada uno por su sitio pero compartiendo la misma “pejiguera”.
 
Ibón de los Baños de Panticosa.

            Pero como dice el adagio: “No hay mal ni bien que cien años dure...”  Se ha terminado el placer del descenso y también se terminará el martirio posterior del mismo. La nieve se acaba y el camino que a la subida nos parecía tan malo con las botas de suelas rígidas ya nos parece estupendo.

            A las tres y media liquidados los 750 metros de desnivel, llegamos al coche, nos quitamos las mochilas y nos sonreímos felices. ¡Qué gozada, Carlos! 

 

 

             

           

 

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