15 jul. 2004

18d-04. DE DORVE A TAVASCAN. EL PIRINEO DE LERIDA POR EL GR.11. ETAPA 4. 15-7-2004.

Bajando a Estaón.

Dorve, Collada de la Sierra, Collado de Montcalvo, Estaón, Bordas Nibros, Collado de Lleret, inmediaciones de Lleret, Aineto y Tavascán.

15-07-2004.

Desnivel ascendido 1517 m

Desnivel descendido 1767 m.

Distancia recorrida 19000 m.

Tiempo efectivo 09:00 h.

Sol.

Fácil.
 
Travesía.

 Agua en Dorve, en una masía antes de llegar a Estaón, en Estaón, Debajo del Collado de Lleret y en Tavascán.

 Estaón y Tavascán son dos puntos bajos de la ruta. De los dos hay que salir remontando con gran esfuerzo a pesar de que la alta montaña ya ha desaparecido provisionalmente hasta la entrada a Andorra.

 Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Dorve a Tavascán procedente de Prames. Vía en amarillo.

Es jueves 15 de Julio de 2004, hemos pasado la noche en Dorve, en medio de la soledad de un pueblo abandonado,  nos despertamos y levantamos a las seis y media. Parece ser que tengamos prisa en comenzar la segunda mitad de nuestra travesía, pero no se trata precisamente de eso, lo cierto es que ha hecho una noche estupenda, no hay mojadura y tampoco nada que nos retenga dentro de la tienda.

Desayunamos cómodamente con todo casi recogido y a las siete y cuarto cruzamos el pueblo hacia arriba y siguiendo las balizas rojiblancas vamos ascendiendo en dirección nor-nordeste primero, por algunos prados abandonados sacados de la pendiente, y luego ya por una ladera herbosa que se viste de una genista bastante crecida que nos va a traer alguna que otra complicación. Bueno, la retama unida a una regular señalización del camino.

Perdemos de cuando en cuando el camino, dudamos un poco ya que el matorral no se puede pasar si no es por camino pero al final lo recuperamos y así alcanzamos la Collada de la Sierra situada a 1740 metros de altitud. Son las ocho y media.

En este lugar el camino gira y se orienta al este y por la cabecera de la sierra nos introducimos en el pinar y nos vamos para arriba en suave y constante ascenso.

Hemos subido animados por la sombra hasta el collado y ahora un delicioso camino también a la sombra del pinar nos conduce a la estiva húmeda en la que pasta un rebaño de ovejas y termina depositándonos en las proximidades del Collado de Montcalvo.

Allí nos volvemos a perder continuando por uno de los múltiples caminillos que transitan el ascenso hasta Montcalvo por la arista vestida de viejo pino negro.

Hemos de volver enseguida sobre nuestros pasos, recuperar las balizas y pasar con ellas a la vertiente sur. Por ella y prácticamente de llano alcanzamos finalmente el amplio y herboso collado situado a 2207 metros de altitud y allí nos detenemos para almorzar. Son las diez menos cuarto.

Inicio del descenso desde el Collado de Montcalvo. Fondo Collado de Lleret.
 
Contemplamos una dilatada vista retrospectiva de nuestro camino desde la Ratera pasando por Superespot y el restaurante semicircular y, más abajo, parte del camino de la tarde anterior.

Pasadas las diez alcanzamos el collado y nos vamos un poco al sudeste pero la falta de balizas nos aconseja volver sobre nuestros pasos y tomar a la izquierda del collado el camino que se va a perder para abajo en medio del pinar, evidentemente mucho más seco que el anterior debido a la orientación del mismo.

Al sol de la mañana descendemos en dirección este. Primero fuertemente y luego la pendiente se suaviza, entra en claros de pradera alpina y finalmente pasa junto a una borda donde encontramos una fuente sensacional.

En la parte superior del descenso he adivinado la arista que se convierte en loma en el lugar en que se podría faldear para ir de valle a valle sin pasar por Estaón. No lo vamos a intentar puesto que hemos de comprar pan, pero a pesar del profundo barranco que llevamos a nuestra izquierda el faldeo es de libro.

El camino desciende largamente por una zona de retamas como la de la mañana pero evidentemente mucho más tórrida  y va girando en dirección sur por un camino que bordea un importante paredón sobre el fondo del barranco.

El pueblo se esconde a nuestra derecha y cuando estamos ya en el fondo del valle y no antes, aparece a nuestra vista perfectamente mimetizado con el medio que le rodea.

El precioso Caserío de Estaón.
 
Son las once y media cuando llegamos a Estaón, pueblo situado a 1240 metros de altitud, casi caídos de cabeza en el albergue, que por cierto está cerrado hasta las tres.

El pueblo está medio abandonado en plena fase de reconstrucción turística. No hay gentes ni tiendas por lo que tengo que echar mano de mi astucia.

A unas personas mayores que escucho hablar en un huerto junto a las casas voy a preguntarles por la posibilidad de comprar pan. El señor me pregunta en medio de la conversación si ya han terminado la pista a Dorve, con lo que deduzco que, como en todas partes, se hacen las pistas cuando ya se ha deshabitado el pueblo, que es la mejor manera de hacer país.

La conclusión es que una de las señoras me vende un trozo de pan congelado y a otra cosa. Media hora después salimos del pueblo, carretera abajo hasta el puente del barranco que baja de la Sierra de Camprime, junto al que tenemos que continuar nuestro camino.

Echamos un trago de agua en la sombra del soto del barranco y ya estamos otra vez para arriba. Es el destino de las travesías cuando enlazas dos jornadas. Estaón es el segundo punto bajo de los cuatro infernales que nos vamos a beneficiar.

Subimos por la pista de la orilla izquierda del barranco hasta que esta desaparece definitivamente y se convierte en un, sombreado a trozos y fangoso, camino que va ascendiendo en dirección norte, poco a poco  y  siempre por la orilla izquierda del barranco por cuyas lados se eleva el pinar aunque más por la de la derecha que por la de la izquierda del mismo.

Una hora después, es la una del mediodía, alcanzamos la zona de las Bordas de Nibros a 1480 metros de altitud y a la sombra junto al barranco nos detenemos a comer, a refrescarnos y a descansar un poco tanto del sol del mediodía como del camino.
 
Por encima de las Bordas de Nibros hacia el Collado de Lleret.

Comemos tras hacer un poco de colada. Es una hora que resulta deliciosamente corta y a las dos levantamos la mesa y continuamos por la orilla izquierda del barranco hasta que poco después el camino gira algo más de 90º y en fuerte ascenso se orienta al sudeste para ascender de manera consistente al sol de esta despejada ladera sobre pradera abrasada y nunca mejor dicho, puesto que, pasadas un par de bordas hemos de atravesar un tramo asolado por un incendio.

Hace un calor importante pero todo nos va de cara al objeto de ampliar nuestro adelanto. Además, a estas alturas ya he madurado el final de la travesía: no pasaremos el collado alto para bajar hasta Tor sino que haremos ida y vuelta por Vall Ferrera sin peso y así dispondremos de un valle más transitado y por tanto, con más posibilidades para nuestra vuelta.

Cuando queremos darnos cuenta estamos en el Collado de Lleret a 1830 metros de altitud. Son las tres de la tarde, echamos una visual hacia atrás y nos vamos sin más para abajo.

Descendemos suavemente hasta que el camino conduce a un abrevadero de agua limpísima pero nosotros no estamos para aguas porque tenemos una considerable polca a causa del “jodido móvil” que solamente sirve para dar mal. Es ya el colmo que nos marchemos ocho días de casa y nada más surjan que problemas.

¿El “maldito móvil” al que le tengo un paquete de la leche no servirá para otra cosa?

En el abrevadero nace una pista que vuelta a vuelta a media ladera en dirección casi norte nos baja hasta Lleret, pueblo situado a 1381 metros de altitud cuando son las cuatro y cuarto de la tarde.

En medio de las diversas secuencias de nuestra discursión tengo una percepción maligna: ¿no tendremos mañana que subir el valle que tenemos ahora al frente? Vamos, que casi me jugaría el cuello.

Bajando a Tavascán.
 
El camino se pegará una pasada en dirección nordeste por la orilla izquierda del valle del Río Lladore hasta Tavascán para volver en dirección sudeste hasta alcanzar similar posición en la otra orilla del valle. Hago la foto convencido de que ese será nuestro valle de ascenso a la mañana siguiente.

El camino que ni siquiera entra en Lleret prosigue al nordeste por un camino colgado en la brutalmente inclinada ladera, practicado para ir de pueblo a pueblo sin pasar por el fondo del valle principal. Como todos esos caminos, tan pronto sube como baja pero nunca va de llano puesto que busca los tramos más favorables en medio de la pendiente. Pero nosotros nos hemos dado cuenta de la jugada y estamos cansados y aburridos con el trazado del GR. en esta parte, lo que va a convertir un camino interesante ciertamente en algo evidentemente penosos.

Al final, cerca ya del hastío en camino se decide a bajar y pasar por Aineto a 1220 metros de altitud. Y el camino prosigue tras atravesar un pueblo cimentado entre la roca metamórfica y el abismo en medio de la vertiginosa pared.

Hay que perder todavía 100 metros de desnivel que se hará a través de un inimaginable camino en medio de la pared. Encontramos a un pastor que cuida su rebaño de cabras a las que ha debido de sacar seguro de accidentes y charlamos. Nos dice que el GR. está muy mal trazado, nos confirma nuestro presentimiento sobre el camino para el día siguiente  y nos dice que a Andorra se puede llegar en un día de marcha y no dando tanta vuelta como da el GR.

Ha sido guarda forestal y nos sugiere ascender hasta el Puerto de Boldís y sin bajar a Areo, pasar a Andorra más al oeste del Collado de Baiau que es a donde vamos nostros; a lo que yo le contesto que con fotocopias de mapas no se puede arriesgar uno a hacer variantes desconocidas.

Nos despedimos, nos desea buen viaje y nos aconseja caminar fuera de las horas de sol y llevar un palo, “la tercera pierna.”

Enseguida llegamos a Tavascán situado a 1120 metros de altitud cuando son las seis y cuarto.

Puente Románico en Tavascán.
 
En el pueblo, que no hay cobertura, telefonea Rosa desde un bar a casa, dando instrucciones definitivas a nuestra hija al respecto del problema surgido. Luego nos sentamos a la sombra de una terraza, pedimos unas cervezas con limón y pasamos cuentas de la jornada recién liquidada: la cuarta etapa que ha sido más corta pues solamente hemos caminado alrededor de 19 kilómetros pero ha sido particularmente intensa puesto que hemos subido 1517 metros y hemos bajado1767 metros. Claro que, once horas dan cumplidamente para todo eso.

Poco después dejo a Rosa con su cerveza y me voy en busca de lugar para acampar. Pretendo hacerlo, si es posible, junto al camino continuación más que buscar al principio o al final del pueblo puesto que entre el río y la carretera no espero que haya muchos espacios adecuados.

 El camino es prácticamente vertical en la ladera izquierda del valle. Hay unos huertos en ese lado del río pero o están regados o con la hierba sin cortar y muy poco discretos. Por lo tanto hay que ir un poco para arriba y enseguida encuentro unas fajas abandonadas, muy estrechas, con hierbas altas y algo inclinadas pero una de ellas tiene un pequeño trozo casi plano junto a una pequeña higuera que nos cubre de las vistas del pueblo y allí nos podemos quedar.

            Vuelvo a la terraza y no teniendo nada mejor que hacer, llenamos nuestros recipientes de agua fresca de la fuente y nos vamos a nuestro lugar de campamento que no gusta a mi chica, como ya podría imaginar, pero que limpio de unas ramas secas y tras pisotear concienzudamente la larga hierba y cortar con la navaja unas tiernas ramas de rosal silvestre queda bastante decente para nuestros intereses. Lo único que no puedo evitar es la compañía de los mosquitos que nos darán algo de tarea y las hormigas que parece ser han encontrado en Rosa un delicioso manjar.

Esquema Etapa 4.
 
            Son las siete y media pasadas cuando nos disponemos a hacer la cena y a cenar tranquilamente mientras contemplamos a los críos del lugar con sus juegos en la zona deportiva que hay frente a nosotros.

            Nos hacemos nuestro vaso de leche y aprovechando que el follón de la gente menuda ha desaparecido y que el lugar es muy discreto, plantamos la tienda con cuidado de no compartirla con gusano o insecto alguno y tras recogerlo prácticamente todo dentro de la misma, nos introducimos nosotros también.

            Hace calor tanto como fuera pero ahora podemos descansar ligeros de ropa. Satisfechos y relajados nos dormimos sobre las nueve y media, antes de que se haga de noche, con el benéfico propósito de aprovechar la mañana del día siguiente.

Puedes ver la Continuación.

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