26 ago. 2010

32c.10. RECORDANDO LOS PICOS DE ERISTE. 26-8-2010.

La Norte del Gran Eriste desde el Eriste Norte.
 
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26-08-2010.

Salida 09 h. Llegada 17 h.

Sol.

Poco difícil.

Ascensión.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Eristes procedente de Prames. Vía en amarillo.
 
            El sol se levanta poco a poco sobre el horizonte y a las ocho me levanto definitivamente al 26 de Agosto de 2010. Mis chicos se requeman todavía en sus sacos aunque sea brevemente. Luego nos preparamos el desayuno que liquidamos religiosamente y recogemos nuestras cosas en las mochilas.

            Hemos decidido hacer los Picos de Eriste o Bagueñola, son las nueve de la mañana y dejando las mochilas en el vivac tomamos el Corredor Sur para abajo.

            En los Picos de Eriste ya habíamos estado, también en Agosto pero del 2000. En aquella ocasión en la que pasamos “un verano en el Posets”, estábamos acampados en el Ibón de Llardaneta, subimos a las Forquetas, bajamos los dos corredores de su cara sudoeste e hicimos sucesivamente el Norte, el Sur y finalmente el Central para volvernos por idéntico camino a nuestro campamento. La vía fue un tanto artificial y no incluimos variantes porque se trataba de nuestra primera visita al macizo y había primero que conocer un poco.

En el Corredor Sur del Gran Eriste.
 
            El Corredor Sur del Gran Eriste nos acoge vertical, descompuesto y a la sombra de una mañana espléndida. Es suficientemente amplio y fácil y nos deposita en la Brecha Sur del Gran Eriste situada sobre los 3000 metros de altitud.

Eriste Sur.

            Fotografiamos desde allí el Eriste Sur y entrando en el Circo de Bagueña y acompañados por el sol, nos vamos pendiente abajo en dirección sudeste apartándonos mínimamente  de las paredes que conforman la cara este del Eriste Sur y faldeando por debajo de dos neverillos residuales que están acostados en la ladera.

La Este del Gran Eriste.
 
            Alcanzamos un punto bajo situado sobre los 2935 metros de altitud y desde allí nos orientamos directamente en busca del característico corredor que en diagonal rompe las paredes del pico en la parte sur antes de que las paredes se conviertan en pedrera.

Corredor de entrada al Eriste Sur.

            Ascendemos fácilmente la parte alta de la enorme tartera granítica que conforma el circo y superamos las paredes ligeramente al norte del corredor alcanzando la loma superior que conduce a la arista que sube desde la Tuca de Bagueña o Comajuana.

 
            Ya en la arista, nos asomamos al Circo de Barbarisa y en suave ascenso entre bloques muy estabilizados alcanzamos la alargada cima del Pico Eriste Sur situada a 3045 metros de altitud.
 
Ibones Chelaus de Leners.

            Son las diez menos veinte, hacemos algunas fotos “imposibles” debidas a los brutales contrastes de luces entre hondonadas y crestas, contemplamos especialmente el Valle de Barbarisa, confirmamos nuestro inmediato camino y cinco minutos más tarde nos vamos para abajo.

La Sur del Gran Eriste.
 
            Seguimos aproximadamente el mismo camino que a la subida: bajamos la arista, utilizamos el corredor que antes no habíamos hecho, bordeamos un breve resalte intermedio en la pedrera y pasando bajo el neverillo residual  tomamos rumbo hacia la base de la arista este que se muestra contundente en el Eriste Norte.

Eriste Norte.

Precioso ibón o la Sur del Eriste Norte.
 
            Recordamos que se sube fácilmente al pico por la cara nordeste y consecuentemente hemos de atravesar toda la tartera granítica en suave descenso.

            En dirección norte buscamos los materiales más estables y encontramos de todo como pasa siempre, pero la travesía resulta cómoda y más corta de lo presupuesto. Pasamos bajo el Gran Pico de Eriste y el collado de separación con el Eriste Norte  y alcanzamos la base de la pared en la que localizamos algunas manchas de pratenses. Creemos recordar algunos tramos de camino por allí.

            Alcanzamos la base de la pared y por el camino esperado todavía bajamos ligeramente hasta alcanzar la base de la arista este.


            En este punto, situado ligeramente por debajo de los 2900 metros de altitud, tratamos de recordar la lazada que describimos en la ocasión anterior pero nos vamos directamente en busca de un corredor que transita muy próximo a la Arista Este.

            Antes de alcanzar la entrada del corredor hay que ascender la pedrera que conforma la cara nordeste del pico, no es demasiado larga y se sube bien sin carga.
 

            Ya en el corredor que es fácil, empleamos las manos en algún momento y fundamentalmente al abandonarlo con dirección a la cima en la parte alta. Alcanzamos la cima del Eriste Norte o Pico Beraldi situado a 3025 metros de altitud. Son las diez y media pasadas.


Ibón de Millaris.

            Fotografiamos las espléndidas paredes de la Horqueta, contemplamos el Pico de Millares y nos deleitamos con la extraordinaria estampa de la Arista Norte del Gran Pico de Eriste que es donde descansan nuestras mochilas.

Eriste Sur desde el Norte.
 
            Cinco minutos más tarde nos vamos para abajo ligeramente al noroeste del corredor que hemos empleado para subir, alcanzamos la pedrera y por debajo la base de la arista este, lugar en el que tomamos las trazas de camino que transitan bajo las paredes del Eriste Norte.

            Vamos en suave ascenso y poco más adelante abandonamos la base de la pared e iniciamos otra travesía, ligeramente por encima de la descrita en descenso y orientada hacia la brecha entre los Eristes Sur y  Central o Grande.

            Terminamos alcanzando la brecha en fuerte ascenso y junto a la base de las paredes del Gran Eriste que nos ofrecen los materiales más estables ya que la cabecera de la tartera es terrosa y absolutamente inestable.


            Ya en la brecha, cinco minutos de ascenso al sol y sombra nos depositan de nuevo en la cima del Gran Pico de Eriste. Son las once y media cuando sentados en el vivac nos disponemos a almorzar.

            Se hacen las doce del mediodía y tenemos por delante un largo descenso por lo que no dilatamos más la estancia en nuestro vivac de la cima del Gran Eriste. Cargamos con las mochilas y nos vamos a conocer el otro corredor, el de materiales claros que aparentemente un poco más tumbado confluía con el Corredor Norte que fue el que ascendimos.

Iniciando el Corredor nor-nordeste
 
            Unas citas nos introducen en el descenso de la pared de la que emergen dos erguidos crestones que limitan el corredor.

            Amplio, transitado, descompuesto y escalonado en la parte alta, enseguida se estrecha, se inclina y pierde algo de basura aflorando más los materiales de base. Bajamos con cuidado sin ver el final pero por aquí bajaban.
  
            Dudamos cuando nos suponemos en la parte baja del mismo pensando que tenga alguna escapatoria que nos hayamos pasado pues se está poniendo serio.

            El crestón de nuestra derecha tenía algún balcón para asomarse a la pared norte pero ahora  ya es un paretazo muy tieso; el Corredor Norte que llevamos a nuestra izquierda está allí pero la incorporación pasa por descender un zócalo ligeramente extraplomado de alrededor de 4 metros de altura imposible para nosotros y, debajo tenemos el corredor que se ha puesto vertical: estamos a 15 metros de la pedrera del Corredor Norte.

En la parte central del corredor que se pone seria.

            Me he acercado a ver la imposible entrada al Corredor Norte y he arrojado los bastones de mi chica al corredor, vamos a emplear bien las manos.

            Juan baja delante y yo detrás para guiar un poco los apoyos de Rosa que baja la última. Primero es una fisura quebrada de alrededor de 5 metros con pequeños pero buenos nichos que aportan confianza.

            Luego hacemos un poco de travesía hacia la izquierda en una zona verticalmente alomada y vestida con pequeñas presas pero abundantes, es el momento en el que me pongo por debajo de la trayectoria y dejo pasar a mi chica.

La Incorporación al Corredor Norte del Gran Eriste.
 
            Juan guiará los pasos de salida que es un diedro muy quebrado y absolutamente vertical que hemos de hacer con amplios pasos siguiendo la travesía hacia nuestra izquierda y que yo contemplaré desde mi blacón de espera; bueno, contemplar… veo sus cabezas, sus mochilas y alguna mano, el resto me lo imagino y lo descubriré enseguida. Es un descenso de IIIº superior con un excelentísimo granito. Hemos destrepado de cara a la pared y nos hubiera ido de cine una cuerda, pero a pesar de ello pasamos relativamente bien.

            Pasada la sorpresa del día, subo a recuperar los bastones y nos vamos saliendo del Corredor Norte y tomando la amplia pedrera que conforma la Arista Norte del Gran Eriste y que en parte ya subimos ayer.

            En dirección prácticamente norte bajamos contemplando la mayor parte de nuestro camino del día anterior hasta que alcanzamos el inicio del abrupto resalte que tiene la arista.

            Ayer nos preocupaba más la zona somital de la pared y en el resalte no pusimos demasiada atención. Nos pareció que la vertiente oeste, la de Leners que era la que veíamos, era una pared de verdura medianamente transitable. Ahora en la cabecera, no dudamos que se pueda bajar pero igual nos vamos a la vertiente de Millares.

            No nos falla nuestro olfato y en la vertiente este está el camino que desciende la pedrera introduciéndose en el Circo de Millares de camino al ibón. Es más, si tuviera que repetir la subida al Gran Eriste lo haría directamente desde la cabecera del Ibón de Millares sin tocar para nada el Circo de Leners.

 
            Pero nosotros queremos pasar por el Ibón de Leners y devolver la visita a nuestro visitante de ayer noche. Para ello descendemos un tramo de pedrera y faldeamos en suave decenso en busca de la base del resalte que estamos escamoteando.

            Una zona de placas y bloques grandes de granito nos permiten hacer un faldeo elevado y así no tener que remontar prácticamente nada para alcanzar de nuevo la arista en un pequeño rellano de la misma donde de nuevo aparece la verdura y trazas de caminillo  por el que abandonamos el Circo de Millares y nos introducimos en el Circo de Leners.
 
Los dos corredores del Gran Eriste.

            La continuación es un largo faldeo de otro resalte de la arista que se alarga hasta las inmediaciones de la salida del ibón en la que hay una diminuta pared de retención y debajo las barracones provisionales de las obras.

            Por terreno inclinado y a veces hasta incómodo el camino se larga en una ladera con entrantes y salientes  que pasamos en suave descenso hasta la orilla del Ibón de Leners donde cogemos agua para beber, hemos tenido suficiente hasta ahora con la que cogimos en la subida.

            Estamos a 2520 metros de altitud, va a ser la una y media cuando fotografiamos el circo desde la presa y seguidamente “los tres pavos de la cima” nos ponemos a charlar con los trabajadores que están haciendo un casetón de piedra para protección de una válvula.

            Cinco minutos después tomamos el camino que en dirección nordeste pasa junto a dos cabañas completamente en ruinas y comunica el Ibón de Leners con el de Millares. Se trata de un viejo camino realizado en la época de las obras en los ibones ya que los dos están ligeramente represados. Transita una ladera de granito muy pulida por el glaciar y describe abundantes lazadas conformando un camino muy llano apto para el tránsito de caballerías utilizadas en el transporte de materiales.

Punta de Millaris desde el ibón del mismo nombre.
 
            Pasamos junto a un par de charcas prácticamente colmatadas y alcanzamos la orilla sudoeste del Ibón de Millares a 2350 metros de altitud. Son las dos de la tarde, mi chica se pega un remojón en el ibón mientras que nosotros nos remojamos los “pinreles”.

            Comemos contemplando el Circo de Millares y el largado ibón adornado de verticales y severas paredes en su orilla sur.

            Son las tres menos cuarto cuando nos ponemos en marcha atravesando la derruida pared de retención del ibón. Parece ser que se ha abierto un amplio hueco con el propósito de dejar el nivel del agua embalsada similar al natural. Pero ya puestos, podrían derruirla completamente, algo que sería muy sencillo y así se le devolvería a la naturaleza su propio esplendor.

Tozal Blanco.

            Luego el camino desciende al norte dejando el Tozal Blanco  al sudeste, yo no sé porqué lo de Blanco pero…, y se va a confluir con el camino principal del Valle de Millares que une Biadós con el Collado de Eriste y que es parte del GR11.

            Abandonamos el granito y nos introducimos en el metamorfismo del valle. El camino recorrerá la orilla derecha del mismo siempre por debajo del tremendo y brutal paredón de las Espadas, tan vertical como oscuro.
 
Matameriendas.

            Muy transitado se introduce enseguida entre las masas más altas de pino negro y se torna reseco y un tanto tedioso al calor del mediodía.

            Atraviesa una pequeña silla herbosa en la que hay unos enormes bloques en plan “okupa” y de nuevo se inclina para abajo apróximándose al barranco de Millares  en la zona de la Cascada de Millares por debajo de la que aparecen unas preciosas placas metamórficas verticales.

            El camino siempre en dirección noroeste desciende a una confluencia de barrancos característica y sale de la misma en suave ascenso para tirarse de nuevo para abajo a la sombra de los pinos para alcanzar el praderío de la parte baja del valle que confluye con el Cinqueta de Añes Cruces poco más abajo. El praderío está muy reseco.

Tuca Barrau que hace la presentación y la despedida.
 
            Avistamos las Granjas del Biadós cunado el camino se arrellana. Poco después nos invitará a remontar ligeramente y paralelo al río para pasarlo por el puente y por su orilla izquierda tomar el camino principal del Valle de Añes Cruces que se convierte en pista en las inmediaciones del Refugio de Biadós cuando van a ser las cuatro y media de una tórrida tarde.

            Enseguida abandonamos la pista y tomamos el camino que baja al Rellano de la Virgen Blanca y que desciende de frente entre el río y la pista. Un cuarto de hora más tarde pasamos junto al camping y nos llegamos al coche.

            A la sombra de unos pinos junto al ya Cinqueta, que ya ha reunido sus dos componentes, nos cambiamos de ropa, nos remojamos los pies y nos echamos una cervecita a temperatura de agua de barranco. Son las cinco menos cuarto y nos hemos pulido en dos días 2200 metros de desnivel.

            Luego coche, pista, carretera. A las siete y media estamos de nuevo en casa. Nos hemos resarcido del mal tiempo en los Alpes y despedimos nuestras vacaciones de verano como está mandado: Rosa comienza a trabajar el lunes y nosotros el miércoles.

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