4 ago. 2005

2.05. DE LA BERARDE A LE TOUR. ETAPA 2. DE L’ALPE VILLAR D’ARENNE AL REFUGIO DRAYERES. 4-8-2005.


Grand Lac desde el Col de Chevalier.
 
Col de Lautaret, Chemin du Roy, Torrente Chevalier, Col de la Pansonnier, Lac y Col des Cerces y Refugio Drayeres.

04-08-2005.

Desnivel ascendido 1009 m.

Desnivel descendido 906 m.

Distancia recorrida 29000 m.

7Tiempo efectivo 10 h.
 
Sol.
 
Poco difícil.

Travesía.

Iniciado el camino, vencidos los nervios que llevan muchos días instalados en tu estómago atenazándolo impíamente, superados los olvidos que ya no tienen solución, el camino se pone delante y hay que caminar sin ansiedades ni incertidumbres, a ser posible. El horizonte es amplio.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Refugio de Alpe Villar de Arenne a le Lauzet procedente del IGN. francés. Vía en verde.
 
Mapa del Col de la Pansonniere a Monte Thabor procedente del IGN. francés. Vía en verde.
 
            El jueves 4 de Agosto comienza para nosotros a las seis y media de la mañana pues, a priori, se trata de un día suave para el que hay previsto buen tiempo y no hemos de transitar glaciares.

Desayunamos, preparamos las mochilas y a las siete y cuarto comenzamos la marcha.

Montaña de Agneoux desde Villar de Arenne.
 
            La mañana está fresca y soleada en las alturas. Hacemos algunas fotos orientadas hacia el Col d’Arsine con  la Montaña des Agneaux y hacia La Grande Ruine, mientras tomamos camino valle abajo en dirección norte pero sin perder altura. Vamos a transitar un camino a media ladera derecha del Valle de La Romanche.

Glaciar de Agneaux.
 
            La ladera que se encuentra vestida de verdura nos ofrece un constante sube y baja tratando de llanear horizontalmente, pero termina finalmente contorneando el Barranco de Colombier y ascendiendo paulatinamente, para atravesar un agreste paraje sobre la Rocher Blanque, alcanzar una preciosa balconada sobre la Cote Belle a 2120 metros de altitud.

Bajando hacia el Col de Lauteret.

            Allí encontramos a una señora muy mayor que descansa y contempla un dilatado paisaje de valle que abarca desde La Grave en la parte oeste, muestra a Villar d’Arene y se alarga hacia el este con la carretera hasta las edificaciones sobre le Col de Lautaret. Nos enseña el profundo y angosto valle por cuyo fondo discurre La Romanche y nos descubre la zona este del Macizo de La Meije con La Pave y el Gaspard en primer plano así como la cabecera del Glaciar de La Meije de todo lo cual levantamos cumplida acta visual.

El Romanche y Villar de Arenne.
 
            Luego iniciamos un suave descenso en dirección este-nordeste, transitando el Sentier de las Crevasses para ir aproximándonos al Col de Lautaret, a ritmo medianamente lento con lo que se alarga el camino del collado al que llegamos finalmente tras unos pocos metros de carretera.

Pic Gaspard y la Meije desde el Col de Lautaret.
 
            Son las nueve de la mañana cuando alcanzamos las edificaciones del amplio collado situadas a 2057 metros de altitud, collado que recordamos vagamente puesto que ya hace algunos años que fue cuando subimos en coche el Galibier desde Briancon.

            Telefoneamos aprovechando de que hay cobertura y en previsión de que luego no la haya.

            Del Collado de Lautaret salimos siguiendo la carretera que serpentea primero al nordeste para girar luego al sudeste en suave descenso.

            Preferimos la carretera al praderío de la orilla derecha del Torrente Guisanne porque todo lo que nos hundamos habrá que remontarlo luego en la orilla izquierda. Así que cogemos ritmo cuesta abajo en medio del constante tráfico de vehículos que suben de Briancón, vamos a vueltas con la misma y pasamos bajo el  larguísimo Paraavalanchas de la Marionnaisse.

            Luego la carretera continúa junto a los túneles de la vieja. Pasamos el de Rif Blanc y estamos con ojo avizor puesto que pronto tendremos que dejarla para tomar un camino a nivel superior.

El Camino del Roy y al fondo el Col de Lautaret y el Galibier.
 
            Los viejos túneles se encuentran cerrados para que no se conviertan en depósitos de basuras y acartelados. Poco más adelante me acerco a leer el cartel junto a uno de ellos y: ¡Bingo! Se trata del Túnel des Vallois pero el cartel resulta especialmente valioso puesto que indica el inicio del Chemin du Roy que es exactamente el que buscamos.

Le Lauzet y atrás Agneaux.
 
            Estamos  a 1882 metros de altitud, son las diez menos veinticinco y no hemos bajado ni un solo centímetro de más. ¡Chapeau!

            Ascendemos algo más de 100 metros de desnivel en dirección nor-nordeste con un  sinuoso camino trazado en medio de un bosque mixto que cubre la empinada ladera y en un punto determinado la última lazada gira al sudeste y el camino se pone prácticamente horizontal. Estamos en el Camino del Rey que de forma paralela a la carretera bajará suavemente hasta los 1925 metros mientras que la carretera se va ahondando hasta llegar a Le Lauzet situado a 1668 metros de altitud. Esta es una de las razones por las que no hemos pasado por el Col d’Arsine, además de que  para llegar al collado había que remontar en primer lugar alrededor de 250 metros. Para bajar todavía 60 metros más ya que Le Casset está a menor altitud que Le Lauzet.

            Se nos hace largo el tramo del camino más por la ansiedad que por otra cosa. Solamente esperamos cambiar de valle y eso se nos va a llevar una hora.

Alpe le Lauzet desde el Camino del Roy.
 
            Son las diez y media pasadas cuando el camino alcanza el final de un espolón herboso sobre la vertical de Le Lauzet y sin perder altura prácticamente se introduce en el Valle del Rif.

            El espolón está coronado por un bosquete de alerces y a la sombra de los mismos nos paramos a almorzar sentados sobre la mullida hierba pastada por el vacuno.

El Valle de Plan Chevalier y la Roche Colombe.
 
            Quince minutos más tarde nos despedimos de Le Lauzet, de la Montaña de Agneoux y del Parque des Ecrins para introducirnos en el Macizo del Thabor. Dejamos el mapa de La Meije y Pelvoux y cogemos el de Nevache y Monte Thabor.

En dirección norte y prácticamente en horizontal proseguimos hasta que alcanzamos una casa en reconstrucción en medio de la ladera y frente a l’Alpe Le Lauzet.

            Tenemos dos opciones: la primera consiste en descender unos metros y tomar el camino que sube desde Le Lauzet y que en dirección casi este va ganando altura suavemente junto al Torrente del Rif para girar posteriormente  hacia el oeste-noroeste y la segunda, que es la que elegimos, consiste en no ceder ni un milímetro de desnivel de manera gratuita. Para ello tomamos un camino que transita por la orilla izquierda del Torrente del Plan Chevalier y por allí nos vamos haciendo una vía más directa para alcanzar el mismo lugar, con la única duda de si arriba en la arista no tendremos que perder algunos metros.

            El vallecillo es de reducidas dimensiones y enseguida se acerca a la arista sur de la Roche Colombe y comienza a ascender violentamente a pesar de lo que encontramos a bastante gente que debe llevar plomo en las botas pues los dejamos atrás a velocidad de vértigo.

            Ascendemos una  empinadísima  pared llena de verdura hasta que alcanzamos la pared rocosa y vertical. Hemos visto desde abajo un oscuro corredor que, muy tieso, se orienta un poco hacia el norte y evidentemente por allí está el paso.

Col de la Pansonniere desde el Gran Lac.

            El corredor es bastante vertical, cuenta con una sirga pero ofrece un paso encajonado y muy fácil de transitar. Subimos a tren, se alarga un poco más de lo previsto pues no en vano tiene alrededor de 100 metros de desnivel con lo que alcanzamos un amable collado situado a 2302 metros de altitud y que, lleno de verdura, nos ofrece un cortísimo y suave descenso hasta el Grand Lac. Son las doce menos cuarto.

            El Col de la Ponsonniere está allí en frente, al norte. Hemos de atravesar una hondonada pastoril absolutamente amable y uniforme, surcada por diversos caminos que pasan por los alrededores de un lago rodeado de verdura.

            Contorneamos el lago por  su orilla este indecisos entre    progresar en ascenso sobre la ladera este del circo o avanzar de frente al collado por las proximidades del barranco que lo alimenta.

            Terminamos haciendo lo de siempre: de frente y sálvese quien pueda. Consecuentemente hemos de atravesar prácticamente de llano todo el fondo del praderío e iniciar el ascenso por cualquier parte ya que no hay ninguna dificultad orográfica a la vista.

            El amplísimo y horizontal collado esta salpicado de gentes multicolores. Parece ser que el camino más suave y transitado es el del lado este del circo que asciende uniformemente para pasar junto a los Lagos de La Ponsonniere.

Una última imagen de la Montaña de Agneaux  detrás del Gran Lac llegando a la Pansonniere.
 
            Rosa asciende de frente, Juan por su izquierda y yo me voy a dar un voltio un poco más al oeste para coincidir los tres un poco al oeste del Collado de la Ponsonniere cuando es la una del mediodía.

            Estamos a 2613 metros de altitud y un fuerte aunque no frío viento nos recibe. Allí coincidimos con el GR 57. que viene del sudeste y con la multitud que no proviene precisamente del valle por el que acabamos de llegar nosotros, esos están retozando en los praderíos de los Lagos de La Ponsonniere a los que no nos acercaremos.

Desde el Col de la Pansonniere la vertiente oeste. 
 
            El GR 57 va a ser nuestro inseparable compañero de viaje durante unos días; por tanto, hemos de vigilarlo y contemplarlo con esmero en situaciones de buen tiempo y si por un casual el tiempo fuera malo, ni os cuento cómo hemos de perder nuestros ojos en él.

Col des Cerces en la vertiente sur del Valle de l'Anee.
 
            Por lo tanto nos montamos en el mismo y nos vamos para abajo en dirección norte a través del Vallecillo de l’Ane para abandonarlo ligeramente un poco más adelante en las proximidades del Lac des Cerces una delicia acuática situada a 2410 metros de altitud. Es la una y media.

Detalle del Lac des Cerces con hierba de algodón.

            Lo contemplamos con auténtico embeleso, lo fotografiamos, echamos un trago al delicioso sol del mediodía y comemos un poco junto a su orilla, lugar donde retoza un personal absolutamente variopinto.
 
Por encima del Lac des Cerces el Col de la Pansonniere.

            Media hora después acabamos el rodeo por su orilla izquierda, giramos un poco hacia el este y ganamos altura suavemente hasta enfrentarnos al collado de destino al que vamos a ascender ya en dirección norte.

            Se trata de un corto desnivel en el que empleamos alrededor de 20 minutos, de tal manera que a las dos y veinte alcanzamos el pacífico y concurrido Col des Cerces a 2574 metros de altitud: el senderismo familiar va entre lagos.

Descendiendo hacia el Lac du Gran Ban, el Pic de la Plagnette.
 
            Desde el collado se adivina la presencia de una cubeta lacustre muy próxima  a pesar del inevitable olor de la multitud que nos rodea. La carretera que pasa por la cima del Galibier queda a 3 ó 4 kilómetros de aquí y a una distancia equivalente del Lac des Cerces, así que, esto está que peta de gente pues creo que la pista llega hasta aquí mismo  hasta el Refugio de Rochilles y el Col de la Pare sobre los 2400 metros de altitud, el lago está  ligeramente por encima de los 2450 metros.

Lac Gran Ban y pic de l'Aigle.

            El lago que está completamente sangrado pues no le queda agua es el Lac du Grand Ban, pero lo que da es pena verlo. Mucho más interesante es contemplar de oeste a este los picos de Aigle, Plagnette y Aiguille Noire.

            Nos acercamos hacia su extremo sudeste y allí giramos 90º y nos orientamos hacia el este. Estamos en la zona de los tres lagos y el siguiente está a 300 metros del anterior.

Lac Rond.
 
            Se trata del Lac Rond y en este caso es un lago guapo bien colmado de agua y con un color encantador. Se puede rodear por ambas orillas y nosotros lo hacemos por la sur que es más directa.
 
Detalle de la Plagnete y l'Aigle desde el Lac Rond.

            Hacemos alguna foto y seguimos camino adelante hasta la cola del mismo, lugar en el que pasamos al lado izquierdo del incipiente valle que se inicia aquí con claridad.

Precioso Lac de la Claree.
 
            Se trata de un caos rocoso de enormes proporciones en el que se ven trazas de haber llegado una pista. Unos metros más al este aparece el tercero de los lagos, el Lac de La Claree, un pequeño lago vestido de un delicado verde esmeralda que es el maravilloso encanto de la zona. ¿No ha de haber gente por aquí?

            Estamos sobre los 2425 metros de altitud, la tarde es deliciosa pero a nosotros nos queda tajo y ya es sabido que la obligación tiene que ser antes que la devoción. Es la pena de una travesía como ésta en la que el futuro trabajo te aconseja acabar con la actividad diaria lo antes posible a fin de descansar para la siguiente.

Bajando al Refugio de Drayeres el valle hacia el Col de Muandes.
 
            Hay un par de lagunillas más junto al lecho del Barranco de La Claree pero lo nuestro está en descender un largo camino  que nos ha de llevar, sin prisa pero sin pausa, primero hacia el este y después al sudeste, hasta el emplazamiento del Refugio des Drayeres situado a 2180 metros de altitud.

            Juan se ha ido delante con cierta cautela puesto que hay personal por un tubo. Hasta al ejército nos encontramos de camino. Nosotros llegamos enseguida al refugio son las tres y media.

            La tarde está espléndidamente soleada y la vamos a aprovechar para hacer colada además de  asearnos cumplidamente; en el monte nos aseamos cuando se puede. Luego, en la parte delantera del refugio nos sentamos a descansar, a beber y a comer algunas cosillas para ir haciendo boca, al sol o a la sombra según el gusto y hasta organizaremos un pequeño concurso de lanzamiento de huesos de aceitunas.

            Juan ha llegado con los pies regular. Ayer se puso un solo par de calcetines y se mojó en el primer embarque de la mañana. Cuando terminamos de caminar por la tarde tenía los pies algo recalentados. Hoy, el día ha sido muy seco y le han terminado algo machacados.

            Repasamos el día que hoy se ha desarrollado de manera más convencional. Hemos subido 1009 metros, hemos bajado 906 metros  y hemos caminado aproximadamente 29 kilómetros; para ello hemos empleado ocho horas y cuarto de las que han sido efectivas 7 horas y diez minutos, prácticamente las siete horas que había calculado previamente.

            La tarde está suavemente venteada además de soleada lo que viene bien para que se seque la colada y los calzados. A media tarde se quiere hacer un poco de fresco por lo que hemos de abrigarnos un poco.

            Tenemos tiempo hasta de hacer alguna foto a un par de borriquillos que son la atracción del personal que está por el refugio y que es abundante, ya que por el sur, más arriba de Nevache, la carretera llega hasta el Refugio de Laval situado sobre los 2000 metros de altitud, muy cerca del de Drayeres a donde se llega por una pista de uso restringido.

                        Sobre las siete de la tarde nos preparamos la cena que liquidaremos con religiosa satisfacción. Después nos bajamos en chanclas con Juan hasta Pont de Pierre y reconocemos el inicio del camino para el día siguiente. Se inicia allí mismo y se dirige hacia el amplio valle que hemos visto cuando bajábamos al refugio.

 Sobre las nueve nos empiltramos. Preferimos irnos pronto a la cama para descansar todo nuestro cuerpo, especialmente los hombros.

En la habitación nos va a tocar un roncador profesional. Roncará en todas las marchas y en cualquier clave imaginable: una auténtica joya de la música de viento. Es entonces cuando nos acordamos de la tienda de campaña pero no hay remedio ahora. Al final dormiremos como mejor podamos.

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