6 ago. 2005

4.05. DE LA BERARDE A LE TOUR. ETAPA 4. DE MODANE A PRALOGNAN LA VANOISE. 6-8-2005.



Modane y el valle hacia Polset, primer punto bajo de la travesía.

 

 

Amodón, Chalets de Polset, Gran Planay, Col de Chaviere y Pralognan la Vanoise.

06-08-2005.

Desnivel ascendido 1784 m.

Desnivel descendido 1428 m.

Distancia recorrida 30000 m.

Tiempo efectivo 8:30 h.
 
Mixto.
 
Bastante fácil.

Travesía.

Agua según temporada y en diversos lugares del recorrido.

Los comienzos de una actividad larga en el tiempo siempre resultan incómodos al igual que el primer repecho de la mañana en el monte. Tres o cuatro días después, pasado el pequeño martirio de los hombros, nuestro cuerpo comienza a funcionar como una máquina perfectamente ajustada y engrasada. Estamos en plena forma y, en “estado de gracia”, funcionamos como motos.
 
 Juán Castejón, Rosa Mª. Martínez y  Mariano Javierre.

 


Mapa de Modane al Col de Chaviere procedente de  Didier Richard. Vía en verde.
 
Mapa de Col de Chaviere a Pralognan procedente de Didier Richard. Vía en amarillo.
 

La noche será cualquier cosa menos demasiado larga ya que a las seis menos diez nos ponemos en danza. Hay que aprovechar el sábado 6 de Agosto y ciertamente que tenemos por delante un día interesante. ¡Siempre igual! Y es que me gustan en la montaña que los días sean “interesantes” pues, como dicen, “ir para nada es tontería.”

Enseguida nos damos cuenta de la razón por la que se nos ha hecho calor: está bastante nublado.

La previsión meteorológica no era mala pero... Esperemos que el tema no empeore.

Cuando te pones en la vorágine de una travesía de este tipo, lo importante es avanzar, incluso la meteorología pude llegar a ser un elemento subsidiario, y en nuestro caso es mucho decir ya que vamos en precario pues así lo hemos querido.

Nos aseamos, desayunamos, recogemos  y a las seis y media marchamos del cámping en dirección nordeste y pasando por delante del supermercado en el que compraron ayer alcanzamos la carretera que conduce a Lanslebourg.

Por ella nos llegamos hasta el puente sobre el Río Arc que reconocemos perfectamente por el semáforo y tras veinte minutos de camino nos llegamos a la gravera en cuyas inmediaciones se inicia el camino que nos ha de llevar hasta Amodon.

Pasamos junto a las últimas casas y tomamos un camino que nos va a meter en calores en un visto y no visto, puesto que asciende una pared bastante vertical a través de cortas lazadas en las que han tenido que realizar bastante obra de contención.

Modane y Val Frejus que descendimos ayer desde Amodon.
 
Ascendemos prácticamente en dirección norte y ganamos altura con rapidez en medio de una mañana muy cálida, de tal manera que, enseguida se queda Modane allá abajo y comenzamos a tener perspectiva sobre nuestro camino de descenso realizado ayer por la tarde. Hacemos alguna fotografía aprovechando que hacia el sudeste quiere aclarar algo, incluso se llegará a asomar el sol, pero no será más que un ensayo pues el norte comienza a vomitar nieblas que avanzan hacia nosotros poco a poco.

En cuarenta minutos alcanzamos unos prados llanos en los que hay alguna casa de turismo rural y aparecemos en el final de la carretera y comienzo de la pista nada más pasar Amodon. Allí está la misma autocaravana.

Son las siete y media y estamos ligeramente por debajo de los 1400 metros de altitud. No hemos llegado a dónde pretendíamos pero es lo mismo, ya sabemos por dónde hay que ir para llegar a ese lugar al que queríamos y queremos ir.

Tomamos la pista que en dirección casi este nos lleva enseguida al desvío     al Refugio de l’Orgere que fue el lugar en el que nos indicó la pareja del todoterreno.

           Allí el cartel indica: Polset hora y media y como nosotros ya lo conocemos y Rosa no, se lo vamos a enseñar.

            Ascendemos fuertemente por la pista que tiene el aspecto de haber sido arreglada muy recientemente hasta alcanzar un pequeño rellano  situado a 1490 metros de altitud, en el que hay un coche aparcado. Luego continuamos ya en suave ascenso y en dirección este al encuentro del falso collado que se abre al noroeste. Atravesamos en horizontal las pedreras de mármoles y cuarcitas ya conocidas y por agradable camino alcanzamos el espolón herboso en el que se encuentra la casa más baja de La Perriere que es a donde pretendíamos llegar directamente desde Modane. Cinco minutos después estamos viendo la señal dejada sobre una roca del camino, que no ha sido necesaria y recuperamos nuestro primer avituallamiento.

            Son las ocho de la mañana, estamos a 1700 metros de altitud y todo sería especialmente sensacional si no fuera porque las nieblas han ido bajando y el cielo está muy cubierto y amenazante.

            Comemos las naranjas y Rosa se va adelante llevándose el pan y algunas cosillas más,  mientras nosotros acondicionamos el resto de la comida en nuestras mochilas. Nos hemos ahorrado un porteo de aproximadamente 10 kilos a lo largo de 650 metros de desnivel, pero en contra, vamos a tener que portear durante más horas y más desnivel el cuantioso peso de la comida de hoy, pero no nos importa demasiado ya que nos hemos acostumbrado perfectamente al peso de las mochilas sobre nuestros hombros y ya, la diferencia de peso es poco significativa. Lo que nos preocupa es el tiempo.

            Un viejo y encantador camino, prácticamene horizontal o en suavísimo ascenso y en dirección norte, a través de un delicado bosque de alerces, nos va aproximando poco a poco a la zona del  barranco, que es el lugar por donde adivinamos nuestro paso. Quiere gotear pero no tiene aspecto de ser nada serio, de momento.

            Encontramos de nuevo alguna casa de campo en la que nace una pista que irá mejorando paulatinamente en suave ascenso al encuentro de los Chalets de Polset, una zona en el que el valle se amplía y arrellana y a la que llega la carretera  que nace un poco más debajo de Fourneaux ascendiendo por la orilla derecha del Barranco de St. Bernard.

            Enlazamos con el GR 57. y cruzando la pista que se marcha hasta el Refugio de l’Orgere proseguimos en dirección norte por la orilla izquierda del barranco, utilizando un pequeño espolón un tanto erguido por el que el camino asciende perfectamente.

Chalets de Polset desde la parte alta de los mismos.
 
            Vamos ganado altura pues los Chalets de Polset, que están en plena efervescencia de construcción, están a 1840 metros de altitud y a la vez las nieblas se van refaldando con nuestra presencia. Por tanto, mucho mejor. El día lo llevamos bien pero el Col de Chaviere está muy lejos todavía.

Cascada Inferior del Glaciar de Chaviere.

            Tras el resalte ascendemos a media ladera hasta alcanzar un amplio rellano mientras contemplamos las cascadas por las que desagua el Glaciar de Chaviere.

            Casi en el inicio del rellano paramos a echar un buen trago de agua aprovechando una fuente en una zona de surgencias de la parte este.

Cascada Superior del Glaciar de Chaviere desde la Grand Planay.
 
            El camino que transita una zona de pastos alpinos se empina de nuevo para subir un resalte algo más corto que el anterior un poco en dirección nor-nordeste con lo que alcanzamos la Grand Planay situada sobre los 2400 metros de altitud y en cuya parte inferior paramos a comer un poco al abrigo de unas rocas y aprovechando que por el este se quiere traslucir el sol.

Vertiente Sur del Collado de Chaviere desde la Grand Planay.

            Son las diez y en diez minutos nos desocupamos. Vamos bien, no necesitamos descanso y por lo que pueda venir...

            Enseguida alcanzamos una cabaña pastoril a cuyo alrededor hay un buen número de vacas pardas. La verdad es que no hemos visto ganado. Debe ser que el turismo da más dinero que la ganadería. Tampoco los chatarreros han trabajado demasiado ya que el camino que recorremos esta sembrado de metralla y de obuses prácticamente enteros y que suponemos pertenecientes a la Segunda Guerra Mundial. Este paso debió de tener importante consideracion a juzgar por los restos que encontramos

Lac de la Partie en Grand Planay.
 
            Un pequeño resalte de verdura nos conduce a la entrada de un amplísimo rellano en el que encontramos a una pareja que ha dormido al abrigo de las rocas. En la parte este del mismo se encuentra el precioso Lac de la Partie al que me acerco para fotografiarlo.

            El rellano finalmente se va llenando de piedras a la vez que va desapareciendo paulatinamente la verdura  para convertirse en un consistente circo metamórfico que se encuentra coronado por unas negras nieblas que nos ocultan el Col de Chaviere.

            A estas alturas de la mañana ya no nos importa el repecho que falta: nuestros cuerpos funcionan como unas máquinas perfectamente ajustadas y engrasadas. Solamente nos falta despegar y casi creo que podríamos intentarlo.

            Ascendemos el amplio corredor metamórfico por su ladera izquierda, lugar por el que transita el camino. Pasamos los dos neverillos residuales de la parte sur y alcanzamos las nieblas y el Col de Chaviere situado a 2796 metros de altitud.

En el Col Chaviere.
 
            Son las once y veinte de la mañana, nos hemos subido 1734 metros de tacada y estamos satisfechos. Nos hacen una foto en mangas de camisa bajo el frío ventarrón que habita en el collado y lo celebramos con un trago de tang.

            Sabemos que hasta la gloria puede tener peros y nosotros tenemos los nuestro, para no ser menos. Por un lado los pies de Juan no están para demasiados trotes y por otro las nieblas, que no nos han impedido avanzar pero nos han privado del paisaje que es a lo que hemos venido a los Alpes.

            Nos abrigamos un pelo pues no tenemos prisas y si a lo mejor levantara un  poco podríamos ver algo pero no va a ser así. Rosa se marcha para abajo por delante y después nosotros hacemos lo mismo para no ser menos.

Vertiente Nort del Col Chaviere y lagunillas dispersas.
 
Descendemos fuertemente la ladera norte del collado por un camino muy pendiente, que con frecuentes lazadas, transita una pedrera metamórfica muy descompuesta. Nos llama poderosísimamente la atención el cúmulo de colores ocre y amarillos del terreno que conforman un paisaje singular ayudado por la extraña distribución de los materiales. Como obra natural resulta ciertamente caprichosa pues difícilmente se puede pensar en una mente capaz de diseñar algo por el estilo.

            El Col de Chaviere tine cierto tráfico pues nos encontramos con gente que está muy arriba y Pralognan queda muy abajo ya que, el Refugio Peclet-Polset está quemado desde este invierno. Enseguida lo vemos con su fantasmagórica imagen renegrida y con sus placas a modo de ventanales que han resistido el fuego.

Mont Coua y Grand Mont Coua.
 
            Ni siquiera nos acercamos al mismo, no merece la pena a pesar de que pasamos muy cerca. Preferimos coger la pista que alcanza el refugio y marcharnos con ella para abajo especulando si está transitada o no.


Refugio de Polset recién abrasado.
 
            Allí se queda el refugio y un poco más arriba las nieblas que nos ocultan la Dome de Polset, la Aiguille de Polset y la Aiguille de Peclet. Hacia abajo el día se aclara y el personal sube aprovechando la pista que enseguida se hace buena aunque siga cerrada al tránsito.

            Sobre los 2200 metros aprovechamos que luce el sol y junto a una cabaña semiderruída a la orilla izquierda del barranco y de la pista nos quedamos a comer. Es la una menos cuarto y ya va siendo hora.

            Llevamos agua y tenemos abrigo para el butano, así que, nos vamos a dar nuestra bien ganada comilona que habíamos previsto en los Chalets de Polset.

Glaciar de Rossoire.
 
            Habíamos elegido los avituallamientos para que nos facilitaran una comida abundante y de peso que no deberíamos portear. En el primer proyecto serían cenas, luego ya vimos que serían comidas y que habría que transportarlas algo. La realidad es que la primera ha salido desayuno y ha habido que transportarla bastante a pesar de que estaba colocada algo más delante de lo previsto. A pesar de todo el exceso de peso no ha tenido ninguna trascendencia tal cual lo imaginábamos.

Ahora nos vamos a dar un pequeño homenaje a base de ensalada mediterrránea, fabada, perdices y cerveza. Quedamos como unos auténticos Dioses del Olimpo con el estómago lleno y las mochilas aligeradas de peso, con el mínimo peaje de las latas que machacaremos convenientemente para que no hagan bulto.

Dome de l'Arpont sobre gencianas lúteas.
 
Se nos va con el tema una deliciosa hora que pasamos en la gloria pero nos espera el camino. Continuamos bajando al nor-nordeste por una pista que se arrellana en medio de un valle lleno de verdura, en el que la amplísima ladera este aparece coronada por una serie de agujas entre las que destacan las Domes de Genepy, la Dome d’Arpont y la Dome des Nants, emergentes del colgado Glaciar de Genepy.

Media hora después alcanzamos el emplazamiento del Roc de La Peche. No tiene nada de particular para ser tan caro, ni el lugar ni las apariencias; pero está lleno de parasoles sobre una soleada terraza y la carretera asfaltada llega hasta aquí a 1879 metros de altitud y es un refugio privado.

Domes de Genepy.
 
Pasamos de largo incorporándonos a la carretera, sabedores de que nos quedan media docena de kilómetros que habrá que ir bajando.

Pointe du Vallonet al norte de Pralognan.
 
Lo hacemos tranquilamente teniendo en cuenta la hora que es y pensando más en conservar los pies que en otra cosa pero con ganas de llegar.

Siempre por la orilla izquierda del Barranco de Chaviere pasamos a la otra en el Pont de la Peche y enseguida alcanzamos el Refugio de Le Repojou, también privado. Nos quedamos con las ganas de informarnos de los precios del mismo pero nuestro cansancio y pereza pueden más que nuestra curiosidad.

Aguja de Arcelin y Bosque de Creuset.

De allí para abajo la carretera se acerca a la ampliación del valle, lugar en el que imaginamos Pralognan sin duda, ya que, el valle principal continúa al norte mientras que hacia el este-nordeste asciende otro valle que tiene que ser nuestro objetivo para mañana.

Llegando a Pralognan valle de salida para el día siguiente.
 
Cogemos algunas fresas de la cuneta sin muchas ganas y repitiendo las lazadas de la carretera alcanzamos el rellano de Pralognan la Vanoise y preguntamos por la Cabaña de Isertán.

Preguntamos y no la conocen  pero enseguida una chica nos indica que está en el cámping y nos orienta ya que, aunque está muy cerca del lugar en el que nos encontramos, está un tanto escondido de nuestra vista entre la hondonada del barranco y el Bosque de Isertán que arranca del mismo cámping. Son las cinco menos cuarto.

Entramos en el cámping por la zona del bar y de los juegos y nos dicen que hacia el bosque. Hemos de cruzar el puente sobre el Chaviere y atravesar zonas de acampada hasta que alcanzamos un edificio en la zona sur justamente donde se termina la planicie y comienza la ladera en la que está instalado el Bosque de Isertan.

En recepción nos dicen que no tenemos reserva y seguidamente por teléfono comprueba que la reserva la tenemos en la Cabaña Repojou, esa que habíamos visto bajando hacia aquí y que se encuentra 5 kilómetros más arriba. Con el lío del teléfono en Modane a mí se me terminó por traspapelar el nombre del refugio en el que finalmente nos hacía la reserva.

Los precios que cobran aquí son similares a los del Roc de La Peche, según he leído en el tablón de anuncios de recepción. Deben tener las sábanas bordadas en oro,  así que le damos las gracias y nos vamos.

La primera idea es hacer dedo pues nos ha dicho que no hay autobús y no  podemos marchar para arriba con los pies que lleva Juan. Ya hemos tenido bastante día, pero no lo vemos muy claro: primero no es muy fácil que nos cojan ya que son las cinco pasadas y el tráfico lógico es el de descenso, segundo somos tres y a la vez es prácticamente imposible y por último a Juan no le apetece gran cosa eso del dedo; si fuera el de Monteperdido, no te digo.

Decidimos finalmente buscar algún lugar para vivaquear pues para tomar un taxi tenemos tarde.

La zona nordeste del cámping coincide con el final de unas pequeñas pistas de esquí que se elevan hasta el Mont Bochor. Se trata también del lugar por el que tendremos que continuar mañana hacia arriba. En el claro de la pradera comprobamos que no hay carretera ni pista puesto que va por la orilla derecha del Barranco de la Glere y muy colgada, ya que parte la zona más hundida de Pralognan.

Indican una zona de escalada y nos subimos por un camino muy empinado a la vez que poco transitado para ver si allí hubiera algo de nuestro interés. Subimos algo más de 50 metros de desnivel pero allí no hay nada para nosotros.

De vuelta dejamos a Rosa que cuide las mochilas y nos vamos, cada uno por su lado, a buscar. Yo me voy por una pista que rodea al cámping a través del Bosque de Isertan, se trata de un bosque viejo de alerces y lo poco que veo está húmedo, a pesar de que hay incluso un posible abrigo en la roca para el caso de lluvia.

Juan marcha hacia las pistas de esquí y dice que hay una especie de pícnic y que bajo un viejo alerce...

Se trata de una zona de multiactividad. Los guías tienen una especie de pista americana para entretener a los críos con cuerdas, tirolinas y cosas por el estilo. Unos metros más arriba hay un pequeño pícnic con mesas y una terraza desde la que se contemplan las evoluciones de un grupo en una vía ferrata que atraviesa sobre unas espectaculares placas la elegante Cascada de La Fraiche.

Preguntamos a un joven que parece conocer la zona y nos dice que hay dos posibilidades de llegar al Col de la Vanoise una por la carretera que va colgada al otro lado y da mucha vuelta y la otra, más directa, por el camino que sale desde aquí. Es por dónde han bajado ellos y es de andar. No nos dice nada de refugios ni lugares para acampar, el Col de la Vanoise queda lejísimos para nosotros y la decisión está tomada: nos olvidamos del taxi y del refugio y nos quedamos aquí a pesar de que el tiempo no está nada seguro.

Nos remojamos los pies y procuramos que Juan se descanse los suyos que están en un estado lamentable. Vamos dejando que discurra la tarde y que se vaya evaporando el personal que sale a dar una vuelta desde el cámping, es sábado por la tarde y viene a ver a los escaladores o baja de regreso. Al paso que organizamos, subimos agua de un barranquillo próximo y preparamos un poco todo para la cena y el suelo para el vivac.

Juan se decide por fin y me deja que le cosa las ampollas de los pies dejándo en cada una un trozo de hilo a modo de drenaje. Así, cuando las cubra con esparadrapo la cura le puede durar hasta que se le regenere la piel nueva, es lo que solemos hacer nosotros.

Le propongo a Juan coger algún autobús hasta Val d’Isere, buscar algún refugio y quedarnos por allí un par de días para que se recuperen un poco los pies y me dice que ¡mañana ya veremos! Mañana nos dirá que ¡bueno...¡ y finalmente algo así como ¡que si a eso habíamos venido! ¡No te jode!

Rosa, también tiene alguna cosilla en sus pies pero yo creo que más por solidaridad que por otra cosa. Yo no tengo pies, no estoy cansado, no me molesta la mochila ni me duele nada a excepción de la muela que roña de cuando en cuando; ¡Soy de plástico!

Hoy hemos disfrutado de un día campanillero: hemos subido 1784 metros bajado1428 metros, habremos recorrido sobre 30 kilómetros durante ocho horas y media de camino efectivo. Hemos salido de Modane y estamos en Pralognan la Vanoise. Después de todo eso ha a habido que añadir casi una hora de caminar buscando algo para terminar aquí cuando eran ya las seis y cuarto

A pesar de todo disfrutamos de un ratillo de descanso con la moral un poco por los suelos. Después de la jornada que hemos llevado yo creo que nos merecíamos otra cosa.

Pero la montaña es así, como queremos que sea. Nadie nos obliga a ir pero es que a algunos nos llama y cuando oyes esa llamada no puedes desatenderla.

Nos merecíamos hoy algo mejor o no, pues  ya sabemos que si conseguir que mejoren algunas cosas puede resultar francamente complicado, que empeoren está chupado ya que siempre es posible que lo hagan incluso sin necesidad de propiciarlo. Es la conocida Ley de Murphy que no solamente se cumple cuando se cae la tostada untada con mantequilla.

Bajo un corpulento y viejo alerce al que le han podado las ramas bajas hay una plataforma muy plana, con bastante hojarasca de alerce y algunas minúsculas afloraciones metamórficas que me hacen trabajar bastante para alcanzar una cómoda plataforma para tres. Me cuesta un rato seleccionar materiales finos, descartar piedras y ramilla, rellenar y alisar, además de hacer un cordon de piedra como cortavientos,  pero lo que consigo es decente. Juan tendrá una emergente piedra cerca de su cabeza y yo un lomo de ballena cerca de la cadera, así que Rosa en medio no estará muy sola.

A las siete y media cenamos cómodamente sentados alrededor de la mesa, la gente ha ido abandonando el lugar y solamente algunos paseantes se acercan hasta aquí pero finalmente nos quedaremos solos en medio de una tarde que quiere hacerse noche ya, puesto que está medio nublado.

Mientras Rosa friega un poco yo me voy a la zona de multiactividad a ver qué pesco pues no me he olvidado de que, en su día, fui pescador.

Se podría subir hasta un par de colchonetas de esas que se emplean como protección en las estaciones de esquí, una de ellas sería sencillísima de desatar. Por lo menos, el cuerpo estaría bien mullido. Pero encuentro algo que puede ser estupendo: hay un comedero de hierba cubierto que deben emplear para algún borriquillo que tengan los guías, o a lo mejor es de adorno, pues tiene como media paca de heno muy seca y con aspecto de no ser comida.

La recojo con un plástico y me la subo: con ella haré un colchón para la mayor parte de nuestros cuerpos, solamente nos quedarán fuera los pies pero no será problema puesto que dormiremos con las botas puestas. El vivac comienza a pintar algo mejor.

Nos ponemos los dos pares de pantalones, las chaquetas cortavientos y con las mochilas descargadas y colocadas a modo de cabecera, nos acostamos calzados sobre el heno. Rosa además tiene a mano el gorro y los guantes, Juan y yo ni siquiera nos ponemos el forro polar. Por encima de nosotros tenemos un plástico de buenas dimensiones que sujetamos con piedras a nuestro alrededor,  para que no se lo lleve el viento y nos proteja del mismo, de la mojadura de la mañana o de la lluvia si se produce.

Vivac en el Bosque de Creuset de Pralognan la Vanoisse.
 
Son las nueve y media, estamos cómodos, mucho más de lo que pudiéramos imaginar y podemos pasar una buena noche aquí.

Como la noche es cálida se nos hace hasta calor, aunque Rosa dirá que casi se le hizo fresco. Estamos cómodos y dormimos bastante aunque a tramos. Ni se levanta viento ni llueve. ¡Qué más podemos pedir! Nosotros nos conformamos con poco.
 
Croquis de Modane a Valgrisanche.
 

También puedes ver la Continuación.

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