3 ago. 2005

1.05. DE LA BERARDE A LE TOUR. ETAPA 1. DE LA BERARDE A ALPE VILLAR D’ARENNE. 3-8-2005.

De la Berarde a Le Tour. Mapa general procedente de Repsol. Vía en rojo.

La Berarde, Plan de Estancons, Col des Cavales y Alpe Villar d’Arenne.

03-08-2005.

Desnivel ascendido 1595 m

Desnivel descendido 1231 m.

Distancia recorrida 16500 m.

Tiempo efectivo 6:30 h.
Mixto.
Algo difícil.

Travesía.

Una travesía siempre comienza con un primer paso. Nunca sabemos luego cual ni cuando fue pero luego ha de venir otro seguido de otro, todos importantes y han de propiciar que puedas dar el último, aunque solamente sea para decir que ya se ha terminado. El disfrute es personal.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de la Berarde a Alpe Villar de Arfenne procedente del IGN. francés. Vía en verde.

            Son las veinte y cuarenta y cinco cuando llegamos a La Berarde.

            ¡Llueve!

            En internet  pude localizar el Centro Alpino de La Berarde, propiedad del CAF y sabemos que está muy cerca de la parada del autobús.

            Nos cobijamos bajo el alero del edificio de la Guardia de Socorro de Montaña, el refugio está al lado, la puerta de entrada está en la parte alta del edificio y allí nos metemos. El guarda nos dice que no hay problema.

            El refugio es uno de esos típicos hostales baratos con habitaciones múltiples para grupos. Son 10 euros por persona pero la habitación está estupenda para nosotros.

             Como no hay cocina libre, el guarda nos calienta  unas manitas de cerdo que están de rechupete. Cenamos en una esquina del comedor no demasiado grande

            En la Casa del Socorro de montaña hay un parte meteorológico en el que se anuncia mal tiempo y como nosotros no podemos hacer nada por cambiarlo nos subimos a la habitación puesto que no tenemos nada mejor que hacer que empiltrarnos. Son las diez y media.

            ¡Ya estamos aquí! No ha sido nada fácil y sería prolijo contarlo. Resumiendo muchísimo el proyecto arrancó en el 2003 y se malogró. Ahora en el 2005 vamos a materializarlo tras un costoso trabajo de determinación de la travesía, localización de mapas, selección de la ruta y división en etapas.

            Somos montañeros de los que se suben al monte su comida y se bajan su basura, utilizando los refugios solamente para dormir, cuando los hay. En una travesía de esta magnitud, calculaba sobre los 250 kilómetros, no solamente cuenta el gramo tanto de comida como de materiales, hay que hacer renuncias casi dolorosas: iríamos sin tienda, sin sacos y sin esterillas, del mínimo material de glaciar no podríamos prescindir y  la comida la repartiríamos en tres depósitos previos: Modanne, Val d’Isere y Cormayeur. Había que ir lo más ligeros posible de peso y de esta manera.

            Disponíamos de 14 días. Emplearíamos dia y medio para el viaje de ida, nosotros siempre vamos en coche, un día para realizar los depósitos de material, 10 días de travesía efectiva y otro día y medio para la terrorífica vuelta, pues las vueltas suelen salirnos terroríficas.

            Le había dado tantas vueltas al asunto que finalmente había conseguido un programa muy concreto y a la vez abierto.

            Salimos de Sabi el 30 de Julio de 2005 a media tarde, dormimos en Nailloux , la noche siguiente la dormimos en Modanne tras haber realizado el primer depósito y el 1 de Agosto, de imborrables recuerdos, dejamos los depósitos en Val d’Isere y Courmayeur y tras volvernos hasta Grenoble tomamos el autobús que nos acaba de dejar aquí en La Berarde en medio de la lluvia.

            Lueve por la noche y llueve a las seis y diez de la mañana cuando intentamos sumergirnos en el martes 2 de Agosto. Las nieblas están a nivel del pueblo de tal manera que ni siquiera admite especulaciones al respecto. Nuestra tarea consiste en esperar que deje de llover. Pasamos la mañana como mejor podemos y la tarde convencidos ya de que el día está perdido definitivamente. ¡Empezamos bien!

Croquis de la Berarde a Modane. Vía en verde y alternativas en rojo.

            Pasadas las ocho me empiltro entre hastiado, conformado y esperanzado puesto que después de cenar hemos salido a la calle y consultado el parte meteorológico. Para mañana anuncian una cierta mejoría.

A las seis de la mañana llueve y las nieblas están en el mismo lugar con lo que el comienzo del día 3 de Agosto, miércoles supone una auténtica contrariedad.

Ya habíamos descontado el contratiempo de ayer dándolo por bueno puesto que no había forma material de recuperarlo, ahora estamos un tanto desesperadillos pero la mente que no para de dar vueltas nos impulsa a levantarnos.

            Son las ocho y media, desayunamos y nos bajamos a consultar el parte meteorológico que sigue anunciando mejoría a la vez que está cesando la lluvia.

            La decisión es unánime: nos vamos para arriba. No sabemos si hasta el Refugio Le Chatelleret o hasta dónde, pero nos vamos.

            Recogemos lo poco que tenemos que recoger, nos despedimos del guarda que ha resultado muy amable y cuando son las diez menos diez abandonamos el refugio.

            La Berarde de encuentra a 1713 metros de altitud en la orilla derecha del Veneon, desagüe natural de los Glaciares de Pilatre y de Chardon, recibiendo por el norte el Torrente de Etancons por el que vierten sus aguas los glaciares de Bonne Pierre, Meije, Gondoliere y Plaret.

La Berarde desde la Norte de la Maye. Estamos en marcha.

            Nuestro camino remonta hacia el norte el Valle de Etancons y por tanto salimos del refugio abreviando de frente al norte en lugar de salir por el camino que transita por la orilla izquierda del barranco.

            Gotea, nos ponemos las capas y proseguimos por un camino que describe lazadas sobre una pedrera granítica en la cara este de La Rochaille. El camino asciende fuertemente, no está demasiado transitado y no tiene aspecto de incorporarse al lecho del barranco pero...

            Poco más adelante, la pedrera se convierte en pared y el camino desaparece en la base de las placas graníticas superiores. Nosotros hemos de faldear hacia el oeste en busca del barranco y para ello utilizamos las gradas realizadas para la repoblación de la ladera con pináceas y nos vamos mojando más debido a la vegetación que a lo que cae del cielo. 

            Alcanzamos una zona de placas bastante verticales que nos cierran nuestra progresión al encuentro del camino en el fondo del valle y hemos de volver unos metros sobre nuestros pasos hasta localizar un lomo verde un tanto libre de arbolado por el que nos vamos descolgando de la pared en la que nos habíamos metido.

            El lomo se convierte en ladera vestida de pedrera granítica cargada de musgos y líquenes pero nos permite descender progresivamente al encuentro del camino en el fondo del valle.

Plan de Estancons después del embarque.

            Alcanzamos el camino en el primer rellano del valle y siguiéndolo por la orilla izquierda del barranco continuamos adelante. Habremos perdido alrededor de 100 metros y se nos habrá ido sobre veinte minutos en el embarque. ¡Empezamos bien!

            Cogemos ritmo paulatinamente dando por bueno el tema y enseguida dejamos a nuestra derecha el desagüe del Glaciar de Bonne Pierre con su cascada que fotografío y nos deslizamos hacia el norte atravesando el Plat des Etancons, una zona fundamentalmente larga que nos introduce valle adentro.

            Poco más adelante el valle se amplía sobre la orilla derecha del torrente hacia la cuenca glaciar de Plaret sobre los 2000 metros de altitud.

Desagüe del Glaciar des Cavales.

            El transitado camino prosigue por la orilla izquierda del torrente ascendiendo suavemente hasta que, sobre los 2100 metros, un puente de madera permite pasar a la otra orilla, la derecha, lugar por el que prosigue el suave camino hacia el Refugio de le Chatelleret.

            Cruzamos el puente y cuando lo hace Rosa, el viento le arrebata la capa que cae al agua. Suerte que se da cuenta Juan pues la capa se sumerge inmediatamente y no nos quedamos sin ella de puro milagro.

            Echamos un trago de agua y observamos que justamente antes del puente el camino se prolonga, mucho menos transitado, por su orilla izquierda precisamente en la dirección que a nosotros nos interesa. Van a ser las doce.

Refugio de le Chatelleret.

            El refugio está a poco más de un kilómetro, se ve perfectamente desde aquí pues las nieblas se encuentran en un nivel inmediatamente superior al mismo y adivinamos el lugar por donde hemos de abandonar el valle para incorporarnos a uno de los valles que nacen en la cara oeste de La Grande Ruine.

            Al norte debe quedar La Meije acunada en los impenetrables brazos de las nieblas y su espectáculo no va a ser para nosotros. Las nieblas son consistentes pero confiamos en que nos permitirán ascender y, en el peor de los casos, ya sabemos dónde tenemos el refugio. Por lo tanto, nos olvidamos de ir hasta el refugio pues desde allí habría que volver un poco hacia el sudeste y nos vamos desde aquí en dirección nordeste.

            El camino está con citas practicadas con piedras, y ascendiendo con cierta consistencia nos conduce  a la orilla norte del Torrente de Chareirou, lugar por el que la pared tiene un aspecto bastante accesible.

            En la incorporación a la pared coincidimos con el marcado camino que viene desde el Refugio Le Chatelleret y ya, sin ninguna duda y por camino más transitado nos vamos para arriba en fuerte ascenso. Estamos a 2250 metros de altitud.

            Se trata de una amplia pared glaciar en la que se está asentando la vegetación por lo que el camino está perfectamente marcado. Lazada a lazada nos va elevando sobre la pared a la vez que se va incorporando a la zona norte de la cuenca glaciar, lugar en el que desaparece la vegetación y, consecuentemente, los materiales están más sueltos.

            Nos despista un tanto el hecho de que vayamos dejando a nuestra derecha toda la amplísima pared cuando el camino se incorpora a un espolón rocoso para atravesarlo y proseguir por un corredor estrecho y mucho más erguido que lo que acabamos de dejar.

            Además le incorporación al espolón no es precisamente un camino fácil ya que, incluso tiene alguna clavija y los patios son más que interesantes.

            Pensamos que se trata de alguna vía que progresa por la arista por lo que damos la vuelta sobre nuestros pasos y tratamos de buscar horizontalmente el camino en el lugar donde lo habíamos dejado con anterioridad.

            Y es que el camino ni lo habíamos dejado ni aparece a nuestra búsqueda. Una consulta con el mapa nos hace ver que la amplia pared glaciar está dividida en dos por una clara cresta y el camino va al otro lado de la cresta de la que nos hemos dado la vuelta. Estamos sobre los 2550 metros de altitud.
            A veces, las cosas más evidentes son las que nos pasan más desapercibidas pero qué vamos a hacerle. El camino de nuestras dudas está transitado, tiene citas y es uno de  esos que siempre queremos seguir. Por tanto proseguimos para arriba y a buen ritmo pues este corredor está mucho más erguido que el anterior.

            El corredor se ensancha paulatinamente y se convierte en una pared bastante sostenida pero menos que en la zona inferior. Por ella discurre el camino a lazadas amplias y nos permite ganar altitud en dirección nordeste.

            La mañana va pasando, las nieblas parece que quieren huir de nuestra presencia pero no se apartan gran cosa, incluso a veces, nos tratan de engullir pero aunque nunca lo hacen de forma consistente persisten lo suficiente como para hurtarnos el paisaje.

            La pared se arrellana y se sumerge en una pedrera entre granítica y metamórfica de medianas proporciones. Hace un poco de abrigo de la brisa que nos ventila y paramos a comer un poco.

En el Corredor Superior de Cavales.

Llevábamos un rato pensando en hacerlo pero queríamos encontrar agua ya que subimos con muy poca. No la encontramos y decidimos finalmente parar.

             Comemos un poco después de abrigarnos y nos sobra con el litro de agua que llevo. Bueno, nos quedamos todos con sed.

            La parada me viene bien pues yo ya subía un tanto derrotadete. Será poco más de un cuarto de hora que me permiten una cierta recuperación con lo que proseguimos para arriba y yo voy mejor.

            Enseguida nos introducimos en las nieblas y en un rellano en el que se pierde el camino y también las citas. Ya hemos visto los primeros neveros que se incorporan muy erguidos a la pared y nos abrimos en abanico para buscar camino.

            Encuentro citas un poco más a nuestra izquierda y llamo a los socios que están escondidos entre las nieblas. Las citas se inclinan hacia la pared derecha del corredor final que conduce al Col du Clot des Cavales que es lo nuestro.

            La pedrera se inclina y encontramos hasta huellas recientes sobre materiales muy descompuestos, incluso terrosos, que nos indican que estamos en el camino correcto. El corredor es muy erguido y nos viene muy bien las huellas húmedas y recientes.

            Sabemos que la llegada al collado se puede hacer por medio de un nevero muy erguido y encajonado en un estrecho corredor o a través de la zona rocosa de la derecha del corredor nevado en el que debe haber instalada una vieja sirga.

Roche Meane y entre nieblas la Grande Ruine.

            Subo delante ahora y me tropiezo con un trozo de sirga rota y oxidada lo que confirma fehacientemente que nuestra ruta es correcta y nos quita la presión de unos paredones absolutamente verticales y coronados de múltiples agujas de fiero aspecto. Estamos cerca de los 2950 metros de altitud

            Poco más arriba el corredor se estrecha y nos muestra la zona de rocas a la derecha del mismo. Se trata de una pared bastante erguida y bastante escalonada que se orienta ligeramente al norte. En la base de la misma empezamos de derecha a izquierda para ir al lugar donde arranca la vieja sirga.

            No utilizamos ninguno de los dos trozos sucesivos pero nos marca la vía a seguir que conduce a un estrecho corredor con algún bloque empotrado.

Cabecera del Glacier del Clot des Cavales.

            Nosotros nos salimos a la pared de la derecha del corredor vestida con presas pequeñas sobre unas lajas bastante lisas que nos permiten una segura progresión a la vez que las nieblas nos abandonan y podemos ver la luz del sol.

Arista Sur del Col del Clot des Cavales.

            Luego, volvemos al corredor que se amplía tras los bloques empotrados y se llena de basura metamórfica en la que, progresando con cuidado, subimos los últimos metros y alcanzamos la Brecha del Col du Clot des Cavales a 3158 metros de altitud. Son las tres menos veinticinco.

            Al este está el día bastante claro con nieblas muy movedizas al oeste las nieblas siguen siendo persistentes pero no nos preocupan ya: estamos donde queríamos estar, cansados pero muy contentos, solamente de pensar en nuestras miserias de unas horas antes.

Vertiente Este del Col del Clot des Cavales.

            Hacemos algunas fotos, localizamos el Refugio Du Pave, visualizamos la mayor parte de nuestro próximo descenso y nos vamos para abajo. Delante de nosotros hay un grupo que está iniciando el descenso de un tramo glaciar. Son los que han hecho las huellas que hemos localizado perfectamente.

            Hay que descender alrededor de 30 metros por terreno metamórfico descompuesto hasta alcanzar la parte superior del Glaciar del Clot des Cavales. Vamos a ver si podemos pasar sin ponernos los crampones.

            Nos vamos un poco en horizontal hacia la parte norte del glaciar y por la rimaya superior que está taponada progresamos hasta que nos damos cuenta de que son unos pocos metros vestidos de hielo viejo pero lo suficientemente erguidos para bajarlos muy mal a pelo. Así que no hemos tenido que pisar el Glaciar des Cavales pero en el du Clot des Cavales no nos va a quedar otro remedio que utilizar el material que llevamos al efecto.

            Juan viene detrás y nos alcanza cuando ya estamos poniéndonos los crampones y sacando los piolets. Cuando llega le enseño otro piolet que me acabo de encontrar en el extremo norte de la rimaya que es donde nos encontramos. No debe llevar muchos años en el glaciar pero por nosotros allí se va a quedar unos cuantos más, estamos en el comienzo de la travesía y no es cuestión de echarlo a las costillas.

Cara Norte de Roche Meane.

            Con los crampones puestos descendemos el resalte glaciar en dirección este al encuentro de la trayectoria descrita por los que van delante de nosotros. Serán alrededor de 100 metros de desnivel en un glaciar moribundo y sin grietas en la zona por la que transitamos, la masa glaciar se recuesta sobre la parte sur del circo en descenso del Pico Sur des Cavales, el Col de la Grande Ruine y La Roche Meane, arista que fotografiaremos repetidamente por estar espectacularmente coronada de agujas y también porque como no hemos visto nada en toda la mañana nos llama la atención cualquier cosa fuera de la niebla.

Pico Norte des Cavales.

            Nos quitamos los crampones enseguida y continuamos en dirección nordeste descendiendo el resalte glaciar superior sembrado de rocas perfectamente pulidas por el hielo. Vamos en dirección al Refugio du Pave, situado al lado del lechoso lago en el que muere el glaciar del mismo nombre y que, por cierto, no podemos contemplar ya que queda totalmente secuestrado por las nieblas. Si desde Le Chatelleret nos hemos perdido la sur de La Meije, desde aquí nos perdemos la sur de La Pave y del Gaspard.


Refugio de Pave.

            Alcanzamos la morrena lateral izquierda y en ella el camino que nos va a permitir bajar hasta el valle dejando enseguida, colgado allá arriba, el Refugio Pave.

Arista Oeste del Pico Norte des Cavales.

            Bajamos tranquilamente contemplando el paisaje y bebiendo pues aunque la mañana ha sido ciertamente húmeda no por ello hemos dejado de perder líquido aunque aparentemente no se haya notado demasiado.

            La morrena se alarga y nos muestra el camino directo al refugio para luego ensancharse y convertirse en ladera sobre la que se asientan paulatinamente las colonizadoras.


Glaciar des Cavales.

            Luego coincidimos con el Torrente del Clot des Cavales y alcanzamos la Cabaña del Pichettes que se encuentra cerrada a cal y canto, cuando el valle se arrellana y el torrente serpentea entre fresca verdura a 2300 metros de altitud.

Col de la Grande Ruine y Roche Meane.

            Contemplamos a nuestra derecha el profundo valle por el que  desagüa el Glaciar de la Plate des Agneaux a la vez que vamos dejando atrás la ignota mole de La Grande Ruine.

Glaciar Norte de la Grande Ruine.

            El descenso se hace largo  pues el valle que en su parte baja se orientaba al este va girando paulatinamente al nordeste hasta alcanzar un punto bajo situado sobre los 2000 metros.

            Todavía nos queda un tramo final en el que el camino remonta hacia lo que suponemos será el Refugio de L’Alpe de Villar d’Arene. El ascenso lo hacemos lentamente y entre dudas de si estará allí nuestro destino del día o si por el contrarío tendremos que descender más sobre el valle.

Refugio de Alpe Villar de Arenne.

            Son las seis menos veinticinco cuando llegamos al refugio que está situado a 2077 metros de altitud en un pequeño rellano pastoril a media ladera de la cara sudoeste del Combeynot.

            Mientras Juan pide posada yo me doy una vuelta por los alrededores en los que hay algunas edificaciones de uso pastoril para ver como está el tema por si tuviéramos problemas en el refugio.

            No me encuentro cansado y sí, en cambio, satisfecho por la consecución del objetivo del día que se ha saldado finalmente con el ascenso de 1595 metros  y el descenso de 1231 metros, unos pocos más de los calculados en principio, lo que no deja de ser normal en la montaña.

            También la distancia recorrida ha sido un poco mayor de la calculada. Habremos recorrido alrededor de 16’5 kilómetros. Para todo esto hemos empleado seis horas y media de tiempo real de camino, lo que ha coincidido con el tiempo previsto, al que hay que sumar la media hora larga entre los dos embarques y los alrededor de 45 minutos entre las cuatro paradas que hemos hecho. Creo que hemos parado poco pero es nuestra manera de marchar y así nos va bien.

            El refugio es un enorme caserón en muy buen estado al que se llega con facilidad desde los aparcamientos superiores del Pont d’Arsine, se trata de un refugio del CAF. Y nos hacen un precio de socios, 6’75 euros.

            En uno de los lados del amplio comedor hay un fregadero con encimera de inoxidable para poder preparar la cena. Nosotros tras subir a la habitación y recoger un poco nuestros pertrechos hacemos buen uso del interior del refugio y reposamos mientras bebemos. Fuera se hace fresco y no porque la tarde esté fresca sino como consecuencia del día de actividad que ahora ha cesado.

            Sobre las siete de la tarde cenamos y sobre todo bebemos. Luego tendré tiempo de sujetar con alambre que llevo uno de los crampones que se le ha roto a Juan casi al final del glaciar. Yo creo que quedará firme para el resto de la travesía o, al menos, así lo espero.

            Satisfechos y relajados disfrutamos del descanso  y de la sobremesa de tal forma que se nos hacen las diez pasadas cuando nos vamos a dormir. Bueno, a dormir es un decir puesto que a mí me va a costar un montón coger el sueño. Será una noche de descanso en la que nos cuesta coger el sueño. La “maquineta” no para.

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