8 ago. 2005

6.05. DE LA BERARDE A LE TOUR. ETAPA 6. DEL REFUGIO DE LA LEISSE A SURIER. 8-8-2005.

Macizo de Montblanc desde el Col der la Leisse.

Cabaña de La Leise, Lac de Nettes, Col de La Leisse, Estación de Val Claret, taxí hasta el Lac de La Saut, Embalse de la Sassiere, Col de Rhemes Golette, Glaciar de la Golette, Col de Bassac Dere, Glaciares de la Gliaretta y Vaudet, Refugio Mario Bezzi y Surier.

08-08-2005.

1200 m.

2162 m.

34000 m.

09:30 h
 
Sol.
 
Poco difícil.

Travesía.

Agua según temporada y en casi todo el recorrido salvo en las zonas altas de los Glaciares.

Cabaña de La Leise, Lac de Nettes, Col de La Leisse, Estación de Val Claret, taxí hasta el Lac de La Saut, Embalse de la Sassiere, Col de Rhemes Golette, Glaciar de la Golette, Col de Bassac Dere, Glaciares de la Gliaretta y Vaudet, Refugio Mario Bezzi y Surier.

En una larga travesía medianamente exigente se han de suceder las jornadas y hay que estar preparado para un importante porcentaje de contingencias, especialmente si nos resultan desfavorables. Es la “fricción” que se interpone entre nosotros y la consecución de nuestros objetivos.

El mal tiempo es una de ellas pero no la única. El tiempo meteorológicamente ideal escasea en la montaña.

Hay que contar con la fricción y debemos aceptar las situaciones que nos rodean tratando de asumir su vertiente positiva que la hay, y contra todo aquello que trata de detenerte: avanzar y avanzar.

 Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de La Leisse a Surier procedente de Didier Richard. Vía en verde, taxi en amarillo.
 
La noche no es fresca sino fría y a las cinco y cuarto, cuando nos levantamos, la pillamos oscura y helada. Es lunes 8 de Agosto y hay que comenzar pronto la semana.


Saliendo al aseo con las chanclas pego un patinazo en uno de los escalones de madera y me repelo los codos. Mira que lo sabía pero siempre sucede lo mismo. L


evantas la guardia y... Desayunamos con agua templada en la estufa y enmochilamos los bártulos  mientras se va haciendo de día poco a poco.

A las seis menos cinco dejamos el refugio sumido en el silencia de la madrugada y en dirección norte subimos un pequeño resalte hasta el cierre de una zona lacustre escalonada en la que encontramos un primer lago prácticamente colmatado. Es el Plan de Nettes a 2559 metros de altitud.

La mañana promete a pesar de que las nieblas jalonan parcialmente el horizonte y rellenan los fondos de los valles. Nosotros cogemos ritmo sobre un camino muy suave y en dirección nordeste alcanzamos el Lac de Nettes situado en la ladera sudeste de la Grande Motte. Ayer por la mañana rodeábamos la Grande Casse y hoy le toca a la Grande Motte. Esperemos ver hoy algo más de lo que vimos ayer.

Lac de Nettes cerca del Col de la Leisse.
 
Junto al lago encontramos un par de colchonetas naranja de las que emplean las estaciones de esquí para proteger objetos en las pistas. Las ha debido de arrastrar el viento hasta aquí y algún cachondo las ha colocado juntas como si fueran hamacas playeras perfectamente orientadas al sur. El Glaciar de la Grande Motte se emplea para esquí de verano como comprobaremos enseguida. A las proximidades del camino llega un arrastre aislado  que suponemos remontará a los esquiadores que transitan la ladera sudeste del glaciar, más abrigada que la norte.

El camino hasta el Col de la Leisse se hace un poco largo, más que por el desnivel que es muy poco por la distancia y por las ganas de llegar. ¡Pues no nos queda nada!

Domes de Platieres y de la Sache en la Reserva Natural de Tignes.
 
 Son las siete y cuarto cuando alcanzamos el amplio y llano Col de la Leisse situado a 2698 metros de altitud y al agradable sol de la mañana iniciamos un suave descenso siguiendo dirección nor-nordeste.

Nuestro programa nos debía llevar en suave descenso al Col de Fresse y desde allí, siguiendo dirección nordeste descender, fuera de sendero, a través de las pistas de esquí de La Daylle  hasta la cola del Lac de Chevril, cruzar el río por el primer puente que encontráramos y seguir carretera adelante hacia Tignes hasta encontrar el desvío, en mitad del lago, hacia Le Saut. Tendríamos alrededor de 6 kilómetros de subida por carretera o la posibilidad de atajar un poco en la zona de Le Franchet, antes de los paravalanchas y evitarnos un tercio de carretera.

Grande Motte y Gran Casse.
 
Lo que vimos de la zona el día del avituallamiento resultaba un tanto inquietante entre nieblas y más pensando en una jornada tan larga como la de hoy. La Daylle tan encajonada entre paredes no tenía buen aspecto, la ladera sur del Lac de Crevril era un paredón salvaje y un embarque se podía llevar un tiempo ilimitado. Atajar carretera tanto de rodeo al lago como de ascenso hacia la reserva parecía lógica e interesante pero no dejaba de aportar incertidumbre... La decisión está lista: en las proximidades al Col de Fresse giramos al noroeste e iniciamos el descenso hacia Tignes le Lac.


Lac de Tignes.
 
Los arrastres de La Toviere nos conducen sobre un sombreado camino que desciende bastante a través de una pradera alpina totalmente desprovista de arbolado y nos depositan en la zona en la que arrancan los teleféricos. Se trata de la urbanización de la Estación de Val Claret y hay movida de “tabloneros” al inicio de la jornada veraniega de esquí de glaciar.

Hemos bajado a buen ritmo,  atravesamos la urbanización de frente por donde bajábamos y a las ocho y veinticinco estamos en la puerta de la Oficina de Turismo que abre a las nueve. Frente a la misma hay un par de taxis con sus teléfonos en las puertas. Uno de ellos tiene uno de los números que llevamos y al que llamamos desde el móvil sin obtener respuesta. Preguntamos sin obtener soluciones y finalmente el primer taxi al que hemos llamado nos contesta. Debe vivir muy cerca puesto que nos dice que en diez minutos está en el taxi.

En veinte minutos hemos solucionado el asunto. Un chico joven nos abre el taxi que es un monovolumen, nos ayuda a colocar los bártulos, rasca el hielo del cristal delantero y para abajo.

Kilómetro y medio más abajo alcanzamos el Lac de Tignes que rodeamos por su orilla izquierda, atravesamos al finalizar el lago el núcleo de la población de Tignes le Lac y en dirección nordeste nos vamos aproximando a la depresión del Lac de Chevril.

¡Allí al frente tenéis el glaciar de Rhemes Gollette que es a donde vais! Un minúsculo glaciar refulge muy distante en la parte alta de nuestro horizonte este. Juan se ha puesto a charlar con el mozo que parece majo y conoce la zona bastante bien. Bajamos largamente por la orilla oeste del Lac de Chevril hacia Tignes y, por fin, me aclaro un poco con el lío de Tignes, Val d’Isere, La Daylle, Tignes le Lac y Val Claret.

Pasamos por la plaza de Tignes en la que preguntamos para el avituallamiento y enseguida alcanzamos el empinado inicio de la carretera a Le Saut. Son 6 kilómetros que recordamos perfectamente.

Son las nueve y diez de la mañana cuando el taxi nos deja en el aparcamiento de pequeño Lago de Le Saut, a poco más de 5 metros de nuestro depósito de comida.

Mientras Juan y Rosa sacan las mochilas yo compruebo que el depósito de comida se encuentra en perfectas condiciones, ya que en otro caso no nos hubiera quedado más remedio que bajar con el taxi para abajo y comprar para volver a subir hasta aquí. Pagamos 25’8 euros por 25 minutos de taxi en los que hemos recorrido alrededor de 16 kilómetros y nos despedimos del taxista.

Lac de le Saut. Al fondo la Tsanteleina.
 
Estamos a 2300 metros de altitud, la mañana esta fresquita y sentados al sol sobre una gran roca situada entre el aparcamiento y el Lac de Saut almorzamos tranquilamente.

El día ha ido sobre ruedas, nunca mejor dicho, de momento. Le hemos pegado un recorte de alrededor de 7 kilómetros y nos hemos evitado un descenso de 250 metros y un ascenso de 500 metros. Calculo que hemos ganado alrededor de tres horas en el caso de que la cosa no se nos hubiera complicado; pero todavía es mayor la ventaja psicológica

A las diez menos cuarto, tras distribuir la carga en las mochilas continuamos camino en dirección este, por una pista casi llana que atraviesa la Reserva de la Naturaleza de Le Saut, lugar bastante visitado por personal acompañado para la observación de las marmotas. ¡Tiene tela el asunto!

Embalde de la Sassiere.
 
A buen ritmo nos llegamos hasta el Embalse de la Sassiere cuando son las diez y  media de la mañana. Hemos transitado bajo la cara sur de la Aiguille de la Grande Sassiere.

Hacia el Col de Rhemes Golette.
 
Contorneamos el lago por su orilla norte tras encontrar fácilmente un camino que se desarrolla sobre una especie de pista herbosa. Y superado el lago el camino gira un poco al nordeste para proseguir valle adentro por la orilla derecha del Barranco de la Sassiere.

Ascendemos un largo resalte siempre por buen camino acercándonos a la ladera derecha del valle y ya ganada la altura necesaria, el camino se arrellana, pierde la verdura y transita a través de una morrena lateral muy inestable.

Inicio del Glaciar de Rhemes Golette.
 
Unos metros más adelante hay un grupo que se está poniendo los crampones en el inicio del glaciar. Alcanzamos el glaciar, nos ponemos tranquilamente los crampones y les adelantamos en plena tarea didáctica del guía. Estamos rondando los 3000 metros.

 
Desde el Col de Rhemes Golette los Lacs de Santel y Sassiere.
 
Contorneamos una grieta, saltamos otra que está bastante cerrada y ascendemos el primer resalte un tanto erguido pues subimos de frente. Unos metros más arriba atravesamos un rellano con las grietas cerradas para ascender suavemente el último resalte que nos deposita en el amplísimo Collado de Rhemes Golette situado a 3117 metros de altitud y al que se podría llegar por las rocas de la orilla derecha del glaciar sin pisar el hielo. Es la una menos cuarto.

             Al sur del collado esta la Punta de la Golette  y un poco más al sur La Tsantaleina, al este del collado la Punta Parei y al norte la Pointe de la Travesiere. Nosotros accedemos al collado en su parte norte y cuando nos damos cuenta estamos subiendo a La Travesiere y nos vamos para abajo puesto que nosotros hemos de buscar el Glaciar de la Golette y atravesar su cabecera lo más directamente posible hacia el Col Bassac Dere.

Glaciar de Golette y Punta Parei.
 
Atravesamos el glaciar en dirección nordeste hasta que alcanzamos la zona de grietas cuando el glaciar quiere irse hacia abajo. Desde allí advierto que nuestra dirección es errónea, localizo al oeste del lugar donde nos encontramos el que supongo se trata del corredor que culmina en el Col de Bassac Dere y hemos de cambiar de rumbo.

Avanzamos en dirección oeste, sin perder altura hacia el extremo del glaciar en el que mueren las grietas más o menos paralelas y algo abiertas entre las que transitamos.

Alcanzado el extremo oeste del glaciar tenemos la posibilidad de alcanzar directamente la arista por una pared un tanto erguida y descompuesta como procedimiento de no perder altura o debemos bajar por la orilla del glaciar hasta encontrar el inicio del corredor, que creemos rocoso, y que conduce al Col Bassac Dere.

Optamos por bajar el glaciar en dirección norte por buen hielo, sin grietas pero perderemos algunos metros más de los que nos parecen en principio puesto que serán cerca de los 200.

Algo abajo me adelanto tratando de confirmar el camino a la vez que mis socios reservan un poco sus pies pues el asunto anda jodidillo.

A través de una pedrera metamórfica absolutamente inestable contorneo la base de un espolón rocoso muy vertical que baja de la arista hasta que localizo el corredor. Doy unos pasos en busca de perspectiva y les llamo mientras les espero tranquilamente.

Se trata de un amplio corredor metamórfico muy descompuesto y bastante inclinado que se salva con relativa facilidad gracias a un camino trazado utilizando los materiales más aprovechables del corredor que, orientándose al este-sudeste, asciende por encima de los 150 metros de desnivel y nos deposita entre los bloques que ocupan el Collado de Bassac Dere.

Hay un grupo grande de gente comiendo y descansando en el collado. Nosotros nos vamos sobre las rocas del norte al amparo del viento y nos disponemos a comer cuando son las dos menos diez.

En el Col de Bassac Dere.
 
Hemos subido la carga hasta aquí pero va a merecer la pena comer como unos generales: unas latas de heineken con aceitunas rellenas, dos latas de garbanzos arreglados, dos latas de cordero con verduras y no me acuerdo si no nos colocamos también dos latas de ensalada milanesa. Somos la envidia del collado y yo inmortalizo el banquete aunque Juan no guarde demasiado la etiqueta. Papea con los pinreles al aire no para remojárselos en el plato, no que no es el caso, sino  para que respiren.

Se nos hacen las tres y como la jornada es larga, todavía nos queda tajo para abajo.

Desde Bassac Dere, Gran Paradiso, Becca di Moncorve y la Tresenta.
 
Hemos de bajar el Glaciar de Gliairetta pero no vamos a tocar el hielo. Hay un camino que bordea el lecho helado del glaciar por su ladera derecha y por allí nos vamos para abajo.

Bajando el Glciar de la Gliairetta la Aiguille de la Grande Sassiere.
 
Bueno, para abajo si vamos a ir pero sin prisas. El camino transita la morrena lateral un tanto descompuesta en principio hasta que se aleja del glaciar sobre un espolón rocoso. Desde allí comprobamos definitivamente nuestro error: debíamos haber subido a la Pointe de la Traversiere pues desde el collado solamente habian unos fáciles 220 metros de desnivel de los que ya habíamos subido algunos por la huella. El descenso hasta el Collado Bassac Dere era una ondulación sencilla y limpia de nieve. Nos hubiera resultado más económico de esfuerzo, de tiempo y de peligro, pero en la montaña es muy corriente pagar algún que otro peaje de este estilo.

Detalle de la Oeste de Gran Pardiso.

Bajamos del espolón por camino un tanto indeciso aunque más estable, siempre en dirección oeste-noroeste, pero nos vamos a liar a dar vueltas y más vueltas además de subir de cuando en cuando, suponemos que en busca del camino más cómodo que a nosotros nos resulta absolutamente tedioso por no dar más pábulo al asunto.

Pointe de la Travesiere y Glaciar de Gliairetta.
 
El Glaciar de la Gliairetta se continúa con el de Vaudet terminando por convertirse en un potente torrente que se estrena con una tumultuosa cascada pero nosotros estamos lejos y en medio del más profundo tedio: el Refugio Mario Bezzi está hace tiempo a nuestra vista pero no terminamos de llegar nunca.

Desagüe del Glaciar Vaudet sobre el Refugio Bezzi.
 
Finalmente alcanzamos el rellano herboso en el que se encuentra el refugio a 2284 metros de altitud cuando son las cinco menos cuarto de la tarde hora y lugar en el que concluye teóricamente nuestra larga jornada.

            El refugio está lleno y nos dicen que de ninguna manera podemos pernoctar en el refugio, que la ley les prohibe que haya más personas que plazas. Hablamos con una de las chicas que habla español, le comentamos nuestra situación y creemos que por su parte hubiera hecho alguna excepción, ya que nosotros nos conformábamos con un poco de techo donde fuera y como fuera; pero la que parece ejercer de jefa, a mi juicio una “mala zorra carente de entrañas” y no diré más, se nos sacude de encima diciéndole a la que habla español que nos va a telefonear a Surier, que esta 5 kilómetros más abajo, para ver si hay sitio allí.

A los cinco minutos vuelve diciéndonos que tenemos cama allí.

Hemos hablado con unos españoles que acaban de llegar al refugio y uno de ellos nos dice que “con estos cuadriculados lo tenemos crudo” pero que va a intentar a ver si nos puede colar dentro de su reserva.

No será posible, nos lo imaginábamos y no queda otro remedio que coger las mochilas y arrear para abajo una hora más de camino. Son las cinco y cuarto.

Yo estoy muy mosca y bastante cabreado, tanto que estaba dispuesto a montar un buen cirio en ese jodido refugio, pues me huele muy mal el asunto. Estoy tan cabreado que con toda mi mala leche les dejo toda la basura que llevo en la puerta: si quieren que sea un hotel para turistas que tengan servicios de hotel.

Luego, los muy impresentables que no tienen la más mínima conciencia con los montañeros de verdad, tienen montado un teleférico por el repecho de llegada al refugio, para subir las cargas de lo señoritos que van a hacer turismo de montaña en ese antro de mierda.

 El colmo será cuando nos demos cuenta de que hay un trozo de pista de uso restringido que se utiliza para acercar con coche las cargas hasta la base del teleférico. ¡Será posible tanta basura junta!

Dejamos atrás el refugio, bajamos el primer resalte por la orilla derecha del Barranco de Valgrisanche y poco después alcanzamos la pista en el punto en el que cruza sobre el barranco y al que llegan algunos coches.

Valle del Viento y Glaciar Vuert
 
Los potentes paredones de la ladera izquierda del barranco, hace ya un poco que han ocultado al sol y se nota el  fresco puesto que entra viento del norte. Luego sabríamos que al valle lo llaman Valle del Viento.

Pista abajo mis socios bajan con sus pies como pueden, tratando de no reventar y se hace un pelín largo más por la inquietud que por otra cosa.

Finalmente localizamos un desvío hacia un caserío en el que anuncian algún tipo de hospedería pero enseguida llegamos al puente de la cola del Lac de Beuregard.

A la izquierda del puente vemos un caserío con muy mal aspecto y coches aparcados en su proximidad. A la derecha hay una especie de pequeño caserío y hacia allí nos vamos.

Se trata de la Trattoría  de Useleres, una especie de bar, no recuerdo bien si con comidas sencillas o no. Unos metros más adelante hay una casona en regular estado y fin. Volvemos a la puerta de la trattoría ya que debe ser aquí donde nos han hecho la reserva.

Enseguida se nos aclara la situación: la trattoría no tiene habitaciones, allí no se puede dormir y Surier está quemado y medio derruído. Allí no ha llamado nadie, otra cosa no hay y es que, sencillamente, se nos han pulido del refugio. ¡Qué listos!

El dueño de la trattoría que no habla español al menos si comprende nuestra situación perfectamente: estamos andando desde las seis menos cuarto de la mañana para encontrarnos ahora como nos encontramos.

Me lleva con su coche hasta Surier, allí está una de sus hijas dando de comer a las cabras ya que el pueblo lo emplean como aprisco y allí no hay sitio ni medio decente para poder pasar la noche. Finalmente, nos ofrece que pasemos la noche en la casa de abajo, está en obras pero está cerrada y con luz eléctrica. Al menos no dormitemos sin nada a la intemperie.

Disponemos de una fuente al lado junto a la carretera y nos dice que podemos extender unas chapas de poliestireno sobre el suelo y dormir sobre ellas.

La solución nos parece aceptable dadas las circunstancias y la damos por buena y  agradecidos.

Son las seis y media pasadas cuando cerramos la puerta de la casa y nos quitamos las mochilas de encima. Ahora se trata de aprovechar de la mejor manera posible todo lo que esté a nuestra disposición.

Hay un par de mesas de trabajo muy sucias pero como llevamos un mantel de plástico no hay problema. Además sobre la otra mesa coloco una de las placas de poliestireno que está limpia pues no ha sido usada y allí apoyamos cosas.

Los techos de las habitaciones no están cerrados por arriba por lo que busco un hueco reducido, debe ser un futuro aseo, le quito algunos pegotes de mortero y dispongo de un par de placas de aislante para cada uno: sobre ellas dormiremos.

En la fuente lavamos un poco los platos y cubiertos del mediodía, cogemos agua y nos lavamos un poco los pies. De vuelta a la casa preparamos la cena y cenamos mientras Juan hace reposo obligado de pies.

Cenamos a gusto aunque no bebemos todo lo que deberíamos, se ha hecho demasiado tarde y la temperatura algo fresca no facilita la tares de beber.

A las ocho nos bajamos a hacer el fregote y entramos en la Trattoría Col du Mon, no tiene aspecto de cerrar y por tanto nos sentamos en una mesa junto al mostrador y pedimos tres cuencos de café con leche y charlamos un poco con los dueños mientras van atendiendo a algún cliente.

Tenemos tiempo para poner un poco al día los apuntes de las memorias y para consultar el mapa de la actividad del día siguiente que no tiene desperdicio.

La leche está deliciosa y se nos hacen las nueve pasadas cuando sin preguntar precio le pagamos con 20 euros y nos despedimos muy agradecidos Nos damos la mano sabedores de que hemos tropezado con un buen italiano, posiblemente para compensar.

A las nueve y media, hemos recogido todo lo conveniente, nos hemos forrado de ropas y nos empiltramos  sobre los aislantes  cubriéndonos con el plástico.

Charlamos. Horizontales sobre la dura superficie del poliestireno charlamos un buen rato de todo lo que nos ha sucedido hoy, de lo que nos podría haber sucedido y de lo que nos queda para mañana.

Hay ha sido un día ciertamente interesante por no mencionar otros calificativos que podamos emplear mañana. Hemos acortado por una parte, alargado por otro y finalmente hemos acabado subiendo 1200 metros, bajando 2162 metros, recorriendo 34 kilómetros y para ello hemos caminado durante nueve horas y media, un poco más de lo proyectado. Pero estamos aquí, una hora más adelante en nuestro programa y lo que es más importante, nos hemos quitado de encima el segundo paso bajo además de complicado y el primero de los días fuertes de la travesía.

Croquis de Val d'Isere a le Tour.
 
Si no hubiéramos tomado el taxi, seguramente habríamos comprimido un poco las pausas y no habríamos empleado mucho más tiempo. La verdad es que el día ha presentado un tiempo ideal para una etapa tan complicada como ésta.

Se nos hacen las diez y media charlando y comprobando que la noche puede ser dura. Y efectivamente el colchón que resulta duro se sumará con que la temperatura bajará hasta casi hacérsenos frío y el resultado será una noche en la que daremos infinitas vueltas pero descansamos y esperamos que los pies se recuperen.

Para ver más fotos.

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