30 abr. 2011

26-11. PEÑA MONTAÑESA Y LA TUCA POR CERESA CON NIEBLAS. 30-4-2014.

 
 
Montañesa desde la Collada.
 
La Collada de Ceresa, Corredor Nordeste, Collado de Montañesa, Cima de Montañesa, vuelta al collado, faldeo de las torres por el sur, Arista oeste y Cima de la Tuca. Vuelta por el Collado de Montañesa.

30-04-2011.

Salida 09 h. Llegada 14 h.

Niebla.

Bastante fácil.

Ascensión.

 Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.
 
Mapa de Montañesa procedente de Prames. Vía en amarillo.

            Siempre hay razones para marchar al monte pero de cuando en cuando hay más. Hoy es uno de esos días y a pesar de que el tiempo anunciado es más propicio para hacer salidas con ida y vuelta a casa en el día, nos vamos con la intención de pasar fuera todo el largo fin de semana.

            Es 30 de Abril de 2011 y van a ser las nueve y media de la mañana cuando aparcamos en la Collada a 1548 metros de altitud. Para ello hemos madrugado un poco, pasado la Guarguera en soledad, echado un poco de gasolina en Ainsa por si acaso y llegados a la Espuña nos hemos alargado hasta Ceresa y tomado la pista, que en regular estado y tras alrededor de 5 kilómetros, nos ha depositado aquí en medio de nieblas altas.

Montañesa desde la pista.
 
            Hay un camión del ejército y nos hemos cruzado con un jeep. Están, buscando al montañero de Zaragoza que está desaparecido desde el sábado pasado.

            Un camino perfectamente indicado parte de la misma Collada y se adentra en el pinar avanzando en muy suave ascenso en dirección sudeste. La mañana está estupenda pero hay demasiadas nieblas y evidentemente muchas más de las que esperábamos a esta altitud.


            Por camino conocido pues lo hemos recorrido en un par de ocasiones vamos al encuentro del Corredor Nordeste de Peña Montañesa, en el que nos introduciremos enseguida de iniciada la marcha y en el momento que al pinar  le desaparece el manto verde y se aclaran los pinos bajo el empuje de las piedras calizas.

            En dirección sur avanzamos por la orilla izquierda del amplísimo corredor aprovechando las partes firmes todavía del pedregal, lugar en el que el camino serpentea cómodamente al amparo de los pinos negros que se elevan por la orilla del corredor.

 
            Las nieblas nos velan las paredes que sabemos nos esperan más arriba pero conocedores del asunto ascendemos con el camino siempre por la orilla izquierda del corredor que poco a poco se va estrechando, encontramos un joven sarrio muerto con un golpe en la cabeza y enseguida alcanzamos  el amplio estrangulamiento del corredor, momento en el que el camino se va en busca de unas gradas rocosas por las que ascendemos cómodamente unos metros más.

            Estamos sobre los 1900 metros de altitud cuando finalmente hemos de comenzar el tránsito por los materiales sueltos del corredor, momento en el que divisamos el tercio superior del mismo y comprobamos que no tiene ni una sola mancha de nieve.

            Todavía ascendemos unos metros por un crestón lateral y unos metros pegados a las paredes pero finalmente hemos de hacer una travesía para salir del corredor que muere en las paredes e introducirnos en el ya estrecho corredor que en dirección prácticamente oeste nos ha de llevar al collado.


            Progresamos buscando los materiales más firmes de la orilla derecha del mismo pues se puede elegir camino, todo menos los trillados de descenso por los que la subida es una completa insensatez.

            Las nieblas solamente nos permiten ver las paredes próximas, nos muestran los verticales paredones que defienden la inaccesible parte sur del mismo y haciéndose un pelín pesado nos vamos hacia la parte norte de mismo una treintena de metros más alto que la zona más deprimida.

            Son las once menos veinte cuando alcanzamos el Collado de peña Montañesa situado sobre los 2150 metros de altitud. Débiles rachas de brisa nos permiten localizar un paisaje conocido pero de manera demasiado intermitente nos indican que este no va ser un día para el disfrute visual. Más bien hay que andarse “al loro” en terreno conocido y no moverse si se desconoce.


            Balizas y citas de piedras nos reorientan  al noroeste y ya en la vertiente sur un corredor que se origina paralelo al collado nos eleva unos metros.  Salimos del mismo con algunos apoyos de manos por no buscar mejor camino y alcanzamos el casquete somital del pico en el que un ramillete de sendas nos conducen suavemente a la Cima de Peña Montañesa situada a 2291 metros de altitud.

            Son las once y media de la mañana y sin otra compañía que las nieblas y algunas pequeñas manchas de nieve de la noche anterior nos sentamos a almorzar y a esperar a ver si llegan las voces que hemos oído en el collado y que se iban a buscar la arista oeste.

            Nos abrigamos pues hace fresqui medio sudados y veinte minutos después llega un cuarteto. Son de Graus y charlamos un poco especialmente con uno de ellos casado con una chica de Sabi que conocemos.


            Ellos se volverán al Monasterio de San Vitorián y nosotros nos vamos hacia la Tuca. Son las doce de la mañana cuando nos vamos para abajo  por el camino de ascenso y en a la altura del collado proseguimos corredor abajo en dirección sur. No tiene ningún interés el tema pues solamente vemos una cincuentena de metros a nuestro alrededor pero… la esperanza nunca se pierde.

            Un caminillo lleno de citas nos invita a abandonar el corredor  e iniciar hacia el sudeste el tránsito bajo las agujas que accidentan la arista cuando nos encontramos sobre los 2100 metros de altitud.

Agujas en el Collado de Montañesa.

            Creo recordar que en algún momento el camino se abría: una rama se iba al sur al encuentro del camino de San Vitorián y la otra proseguía al oeste en ascenso hacia la Tuca.

            Localizamos a un grupo de militares que vienen hacia nosotros  desde el espolón oeste de la Tuca, aproximadamente en el lugar por el que ascendiéramos la vez anterior, y tratando de no perder el camino terminamos perdiéndolo,  o al menos así lo suponemos, puesto en busca de proseguir por la base de las paredes lo hacemos hasta terminar encaramándonos en la arista con algún apoyo de manos.

            Puede ser un nuevo camino para nosotros pero para ello habrá que deshacerse del torreón que nos cierra el paso.

            Desde la brecha en la que nos encontramos una estrecha vira se introduce horizontalmente en la cara norte faldeando el torreón y depositándonos en una pedrera medianamente inclinada en la que hay algunas trazas de sendero difícilmente visible por culpa de las nieblas.

            Podemos retornar a la arista por cualquier punto de la pedrera pero la atravesamos en horizontal hasta encontrar un crestón de materiales firmes que nos permite ascender cómodamente y que nos conduce a las inmediaciones de la cima sin dificultad alguna.


            Son las doce y cuarto de la mañana cuando alcanzamos la Cima de la Tuca situada a 2267 metros de altitud.

            Echamos un trago, nos vamos hacia la parte oeste de la amplia y plana cima, contemplamos una manada de sarrios que juega con nosotros al escondite entre nieblas y esperamos a ver si nos toca la moto.

Montañesa desde la Tuca.

            Al rato llega el grupo de militares que ha venido tras nosotros, nos pregunta por la vía normal de ascenso y sintiéndolo mucho no podemos precisarles puesto que las nieblas ni nos permiten dar referencias ni nos permiten ver con seguridad. Son seis pero debajo de la pared, en un abrigo, se han quedado un montón más.


            Alrededor de la una nos vamos para abajo por el mismo camino. El grupo de militares lo ha hecho unos minutos antes y pasada la brecha nos introducimos en la pared sur y pasando junto al abrigo en el que se encuentran alrededor de veinte militares nos vamos para abajo junto a las paredes hasta que alcanzamos el camino que flanquea los torreones por el sur.

Remontando hacia el Collado de Montañesa.
 
            No queda más que seguirlo y enseguida comienza a ascender suavemente para incorporarse al corredor. Nosotros proseguiremos el ascenso por la orilla izquierda del mismo es el que una serie de gradas entre afloraciones de pratenses nos permiten un ascenso cómodo.


            Siguiendo por las gradas nos llegamos a la parte más baja del Collado de Montañesa, lugar defendido por verticales paredones y desde el que no se puede alcanzar la pedrera del Corredor Nordeste.

            Hacemos alguna foto con poca visibilidad, recorremos horizontalmente unos metros sobre las paredes  e introduciéndonos de nuevo el corredor por el que hemos subido alcanzamos la parte alta del collado mientras contemplamos a otro grupo que está rapelando corredores tratando de localizar al montañero desaparecido.

Iniciando el descenso del corredor.

            Seguidamente tomamos la cabecera del Corredor Nordeste de Peña Montañesa y tras atravesarlo hacia su orilla izquierda nos montamos en las pedrizas y nos vamos para abajo tranquilamente.

Paredes del Collado de Montañesa.
 
            Resbalamos todo lo que podemos de pedriza en pedriza, unos tramos son mejores que otros pero saltamos de uno a otro para bajar lo más cómodamente posible.

 
            Pasado el quiebro del estrangulamiento del corredor una enorme pedriza nos permite descender 200 metros por el centro del mismo y nos deposita en el camino ya en la parte inferior del mismo. El corredor tendrá alrededor de 500 metros de desnivel y con nieve se hace de fábula. Este año ha desaparecido totalmente a causa de la falta de nevadas primaverales.


            Las nieblas se han quedado a medio corredor y hacia abajo quiere gotear. Terminamos llegando al coche al trote pues llueve. Son las dos y media de la tarde.

Solana.


Detalle en la Sur de la Solana.
 
            Charlamos con los militares y con un grupo de boisescauts que vuelven de la búsqueda del montañero y tenemos que comer dentro del coche pues no nos apetece nada mojarnos con el programa que tenemos por delante. Vamos a tener tiempo más que suficiente para descansarnos de los 975 metros de desnivel que hemos movido.

            Queremos ir a Cotielleta y para ello, como aquí no tenemos nada que hacer, nos vamos pista adelante hacia el Collado Cullivert.

            Hay 9 kilómetros, de los cuales haremos alrededor de 7 con el coche. Luego y aprovechando que ha cesado la lluvia nos vamos a dar un paseo y a la vez reconocer el terreno.

La pista se convierte en camino y en media hora nos deja en el amplio y verde Collado Cullivert situado a 1450 metros de altitud.

            Hemos visto el pinar que viste el inicio de nuestro camino y el granizo que cubre la loma desde muy abajo. La cabaña cuenta con un grupo que ha venido a pasar el fin de semana pues por esta parte se sube en coche desde Viu.

Prímulas elatior.
 
            Charlamos con uno de ellos que conoce el terreno y sin más nos damos la vuelta; el cielo sigue amenazante y terminaremos llegando al coche al trote pues vuelve a llover.

            Lloverá, granizará… podríamos volver hasta el Refugio de la Fuente la Guega pero nos quedamos aquí.

Para ver más fotos.

 

 

             

    

 

 

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