25 ago 2010

32a.10. LA AGUJA OESTE DEL SEIN. 25-8-2010.

A derechas la Oeste del Sein.

Campamento de la Virgen Blanca, Refugio de los Plans, Ibón de Pixón, Ibón de los Luceros, Ibonciecho Sur de Leners y Arista Noroeste.
25-08-2010.
Salida 10 h. Llegada 15 h.
Sol.
Fácil.
Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de las Agujas del Sein procedente de Prames. Vía en amarillo.


            La meteorología nos ha maltratado en los Alpes pero vueltos a casa parece dispuesta a compensarnos. En Barcelona nos hace buen tiempo y para la semana del 23 al 29 de Agosto se anuncia un tiempo escandalosamente bueno.

            Es un poco tarde para cumplir con nuestra tradición de vivaquear en algún tresmil pero aprovecharemos para quitarnos el mal gusto de los Alpes  haciendo algún recorrido con cierto sabor.

            El sudeste de Biadós es una zona que no hemos pisado y llevamos tiempo queriendo hacerlo, los recorridos tienen aspecto de ser durillos pero en un par de días o dos días y media algo se podrá hacer.

            Finalmente serán dos días  de tal manera que el el  25 de Agosto de 2010, a las seis de la mañana nos metemos en el coche con la intención de comernos una parte de la comida que nos sobró en Alpes. Madrugando un poco trataremos de subir todo lo que podamos en las mejores condiciones que ofrezca la mañana.

            Pasamos Laguarta de camino a Boltaña y repasando mentalmente lo sobradas que van las mochilas advierto que he olvidado los sacos de dormir. Llevamos tres cuartos de hora de carretera, otro tanto para la vuelta  y tras coger los sacos en casa nos disponemos de nuevo a empezar con la carretera, son las siete y media.

            De Sabiñánigo a Boltaña por el Puerto del Serrablo hay una hora pasada, cinco minutos largos hasta Ainsa, media hora hasta Plan y la Pista de San Juan de Plan a la Virgen Blanca alrededor de 20 minutos. Son las nueve y media pasadas cuando aparcamos junto al Camping en la Explanada de la Virgen Blanca.

            Montamos nuestras mochilas, charlamos con uno de los encargados del camping con el que lo hicimos en la ocasión anterior en que vinimos a Posets, aparco el coche bajo un pino un poco alejado de la polvorienta pista y pasadas las diez nos ponemos a caminar en medio de una mañana espléndida.

Cabaña de los Planes.

            Pasado el Puente sobre el Cinqueta de la Pez el camino arranca desde las inmediaciones del camping para atravesar por un puente de caminantes el Cinqueta de Añes Cruces a 1550 metros de altitud.

            En la orilla izquierda del Cinqueta encontramos una pista que inmediatamente nos conduce a la Cabaña des Plans que se encuentra abierta y perfectamente acondicionada.

            Por la pista, no demasiado transitada y ligeramente hacia abajo por la orilla izquierda del río, avanzaremos en dirección sudoeste algo más de medio kilómetro buscando el inicio de un camino que acorte la larga vuelta que da la pista para introducirse en el Barranco de Pixón.

            Bien acartelado, tomamos el camino del Ibón de la Solana de Pixón que en dirección sur inicia el ascenso del espléndido Pinar del Castiellazo. Un medianamente transitado camino a través del pinar se va elevando paulatinamente permitiéndonos el avance a la agradable sombra de la mañana que está ya crecida en calores.

Suelza y Barranco Sallena.

            Alcanzamos los 1700 metros de altitud al este de una prominencia en la enorme ladera y prácticamente de llano nos acercamos al Barranco Pixón. Hacia atrás contemplamos el barranco de Sallena, de viejos recuerdos, inundado de sol y la espléndida Mole de Punta Suelza.


            El camino va superando pequeños resaltes de granito vestido de verdura mientras asciende por la orilla derecha del Barranco de Pixón hasta ascender el resalte de cierre, algo más consistente, y que cuenta con un complicado camino que termina arrellanándose, y sacándonos al sol donde nos espera plácido el ibón de la Solana de Pixón situado a 2220 metros de altitud.

Ibón de la Solana de Pixón.

Pixón de camino a los Luceros.

            Son las once y media de la mañana cuando disfrutamos de las preciosas imágenes que nos regala el ibón enmarcado entre Rehanzar en la orilla sudoeste y la Solana en la nordeste. Viejos pinos negros tratan de beber en sus orillas y nos recuerdan al Ibón de la Basa de la Mora.

            El camino prosigue un tanto irregularmente por la orilla nordeste del mismo siguiendo la orientación sudeste. Unos metros por encima del ibón encontramos una rama de camino que volviendo hacia el norte se va encumbrando hacia la Punta la Solana. Lo recorremos unos metros pero enseguida volvemos sobre nuestros pasos para buscar el camino que, no transitado por el ganado, encontraremos barranco arriba siguiendo la dirección sudeste.

            En unas pequeñas campas del barranco por el que baja agua nos paramos a almorzar, son las doce del mediodía.

Precioso Ibón de los Luceros.

            Poco después reemprendemos el camino y por terreno bastante llano, vamos girando al nor-noroeste invitados por la arista conformada sucesivamente por la Tuca Rechanzar, el Pico del Turmo y las Agujas de Sein. Enseguida y tras un breve resalte alcanzamos la cubeta en la que se asienta el irregular Ibón de los Luceros situado a 2430 metros de altitud.

            Es la una, hacemos alguna foto y en dirección este abandonamos la cubeta lacustre dejando el ibón al norte.

            Ascendemos ligeramente hasta el borde la cubeta siguiendo el camino que conduce al ibón de Leners pero con intención de abandonarlo  pues no es nuestro objetivo para hoy e introducirnos en una serie de cubetas que se alargan en dirección sudeste por la base de las Agujas del Sein. Terminaremos describiendo un camino a media ladera entre el Ibón de Leners y las agujas.

            Contemplamos el camino que hemos de hacer para alcanzar nuestro objetivo final del día y en un lugar intermedio paramos para comer a la sombra de unas peñas, la sombra se agradece cuando son las dos del mediodía.
Ibonciecho Sur de Leners.

            Media hora después, dejamos las mochilas en un crestón visible entre dos barranquillos que bajan hasta el Ibón de Leners y, en dirección sur, ascendemos una canal que nos deposita en el emplazamiento del Ibonciecho Sur de Leners situado alrededor de los 2600 metros de altitud.

            Pasamos por encima del neverillo que lo alimenta y rodeándolo por su orilla norte proseguimos en dirección sur con el ascenso de una gran pedrera granítica  con materiales de todas las proporciones. Vamos orientados hacia una brecha situada entre el conglomerado de Agujas del Sein  y una cota separada de las mismas y ligeramente al oeste de 2652 metros de altitud.

Ibón del Sein desde la Brecha Oeste de la Aguja Oeste del Sein.

            Sin peso en las espaldas alcanzamos con notable facilidad la brecha desde la que contemplamos al sudoeste el Circo Lacustre del Sein.

            A partir de este punto tomamos la loma-arista granítica en dirección este y nos vamos en un corto ascenso, un poco por cualquier parte, sorteando y pasando bloques de manera que ganamos altura con facilidad echando las manos y alcanzamos la cima de la Aguja Oeste del Sein situada a 2750 metros de altitud, es la aguja más baja de las tres que conforman el conglomerado de las Aristas del Sein.

Ibón e Ibonet del Sein.


Circo Lacustre del Leners.

            Desde aquí contemplamos de nuevo y al sur el Circo Lacustre del Sein con el Ibón y el Ibonciecho del Sein, la diminuta presa de captación de aguas y el Barranco del Seis que se baja hasta San Juan de Plan. Al oeste el redondeado Pico del Turmo, al norte la irregular Cubeta Lacustre de Leners y al este los dos collados que limitan a Pica Sierra, el Pico del Sein con el Ibón Helado de Leners a sus pies y detrás el Macizo de los Eristes. Son las tres y cuarto de la tarde.


Ibón Helado de Leners.

La Aguja Oeste del Sein.

Pico del Sein, Picasierra. Agujas del Sein e Ibón Helado de Bagueñola.

Una vista más a las Agujas del Sein.

14 ago 2010

5.10. APROXIMACION AL OBERAARGLETCHER. 14-8-2010.

Oberaargletscher.

 Presa de Oberaar  Orilla Norte y Oberaargletcher.
14-08-2010.
Desnivel acumulado 50 m.
Distancia recorrida 5000 m
Tiempo efectivo 02:00 h
 Lluvia.
 Muy fácil.
Camino de la orilla norte del Embalse.
Partiendo del Grimsepass y en un día decente puede ser una actividad de senderismo de indudable interés y belleza con algunas variantes adicionales.
Tener en cuenta que la carretera de Grimsepass a la Presa de Oberaar está regulada por semáforo de paso alternativo para vehículos.
 Agua en los aseos de la Presa de Oberaar, en alguna surgencia de la orilla norte del lago y en el Desagüe del Glaciar de Oberaar.
Juan Castejon, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

 
Mapa de Oberaarsee procedente de Bachmann. Vía en amarillo.

            El sábado 14 de Agosto de 2010 estaba señalado para madrugar, a priori tenía adjudicada una tarea intensa pero, por otras razones, también nos levantamos pronto. Son las seis y diez de la mañana cuando nos ponemos en pie.

            El cielo sigue tristemente encapotado y no llueve de auténtico milagro, incluso quiere hacerlo mientras desayunamos.

            Una hora después, hemos preparado unas ligerísimas mochilas, nos metemos en el coche dispuestos a recorrer de nuevo la Furkasstrase. Raron. Visp y comienza a llover, Brig, Morel, la Bettentalstatión y carretera nueva por esta vez.

            El ritmo es lento pues las prisas por pillar a la mañana despistada ya han desaparecido. La carretera se va elevando en dirección nordeste y pasamos Fiesch y un grupo de pueblos próximos de nombres similares, Munster y Ulrichen.

            Aquí la carretera se abre en dos, recordamos nuestro paso hacia el Nufenenpasss cuando viajábamos hacia la Bernina, pero proseguimos valle adentro por Suiza hasta Gletch.

            En el cruce de carreteras paramos, llueve incesantemente, y nos vamos a la oficina de turismo. El empleado en italiano nos deja claro que la carretera del Grimselpass está cortada 24 kilómetros más adelante del paso, nos indica la posibilidad de utilizar la carretera a la Presa de Oberaar y nos dice que el tiempo no sabe si se puede estropear más, porque no es fácil, pero que va a durar por lo menos hasta el miércoles. Quizá mejor hacia Martigny.

            Estamos un buen rato pero terminamos montándonos en el coche, dejamos a nuestra derecha la carretera que conduce al Furkapass y emprendiendo la conocida carretera que por asciende la vertiente sur del Grimselpass.

            Recuerdamos aquel 92 de camino a Grindelwald  y los apuros de mi viejo coche cargado hasta los topes y corto de potencia. El puerto sería una dura prueba para el.

            Gletch está a 1757 metros de altitud y una serie de largas lazadas nos catapultan entre nieblas al Grimselpasss situado a 2164 metros de altitud. Son las diez de la mañana.
 
Totensee.

            El Totensee está situado en pleno puerto en la orilla sur de la carretera, tiene una pequeña isla, está rodeado de nieblas y en un día soleado puede ser sencillamente encantador. Hoy solamente lo contemplan un par de chobas piquigualdas a las que pongo en fuga intencionadamente por lo que me abroncan en su huida.

            Al oeste del aparcamiento esta la carretera de Oberaar con su semáforo: se puede pasar hacia la presa los primeros diez minutos de cada hora e iniciar la vuelta desde la presa cada media hora después.

            Indecisos nos hacemos un café en el puerto al abrigo de la lluvia y almorzamos un poco. Con ello se nos hacen casi las once y como van a abrir el semáforo nos ponemos en la inexistente cola y enseguida pasamos para arriba. Hoy es un día de poco tráfico.

Cola Embalse de Grimsel.

            La carretera en contra de lo que suponíamos avanza próxima al Lago de Grimsel que se queda al norte, mientras que va girando hacia el sudoeste. Tendrá alrededor de 4 kilómetros y la estechez de muchos tramos dificulta el cruce de vehículos de ahí su regulación con semáforo.
 
Presas del Embalse de Oberaar.
 
            Tiene una serie de paradas para contemplar el lago de Grimsel y avanza a ratos por debajo o al lado del trazado del teleférico que partiendo del Hospice de Grimsel llega a la Presa del Embalse de Oberaar.

Refugio de Oberaarsee.

            Primero en ascenso y luego casi de llano hasta que alcanza un punto alto a partir del cual inicia un fuerte descenso, pasa junto al Refugio de Oberaar de uso privado y se va hacia abajo hasta el aparcamiento de la Presa.

 
            Sigue Lloviendo para no variar pero un poco pensando que puede ser este nuestro paseo final, nos ponemos las capas y nos vamos primero al edificio de llegada del teleférico e inmediatamente iniciamos la marcha para cruzar la presa.


            En la orilla norte de la misma un camino se orienta próximo a la orilla izquierda del embalse y prácticamente llano se alarga hacia el oeste. Es el camino para alcanzar el Glaciar de Oberaar y por allí entrar hacia el refugio de Oberaar y posteriormente llegar a Konkordiaplatz en el corazón de la masa glaciar.
 
            Un grupo de montañeros, suponemos que abandonando la zona glaciar llega a la presa cuando nosotros vamos a iniciar la marcha. Van calados hasta los huesos.

          Cruzando la presa la echa sin clemencia y el chaparrón se prolongará alrededor de veinte minutos, tiempo suficiente para comprobar que nuestras nuevas botas son cómodas y no se pasan.
 
A cubierto del chaparrón salvaje.

            A medio tránsito del embalse hay un enorme bloque. Pensamos al menos llegar hasta allí pues la lluvia es torrencial y las nieblas bajan hasta los pies del glaciar en las inmediaciones de la cola del embalse. Además en algún momento ya hemos localizado el collado por el que tendríamos que aparecer en otras circunstancias.

            Pero la lluvia quiere aflojar, hacemos alguna foto con cierto humor artificial y proseguimos ya con la intención de llegar al glaciar como sea. Si nos hartamos de agua es igual.

Hacia el Oberaargletscher.
 
            Poco más adelante la lluvia va cesando hasta que nos permite quitarnos las capas cuando alcanzamos la cola del embalse. Allí el camino se baja ligeramente de la ladera y tras atravesar unas placas pulidas por el glaciar se incorpora en ascenso a la morrena lateral  izquierda.
 

La plancha de agua del embalse.
 
            El glaciar tiene dos desagües uno a cada lado y en medio tiene la lengua Terminal abombada, vestida de hielo viejo y negruzco y media cubierta de piedras. Tendremos que atravesar el caudaloso curso de agua de la parte izquierda del glaciar  cosa que haremos por un pequeño y casual estrangulamiento de piedras.


 
            Hemos venido a buen ritmo y alcanzamos el hielo del glaciar tras una hora de camino. Hacemos algunas fotos en una boca de hielo del mismo, yo me daré un corto paseo por el resbaladizo hielo del glaciar y tras esparcir nuestras ilusiones sobre la masa glaciar que se eleva suavemente hacia el oeste al encuentro de las nieblas, damos la espalda al glaciar e iniciamos la vuelta sobre nuestros propios pasos convencidos de que por allí no hubiéramos hecho nada.

De vuelta.

Acederillas en Oberarsee.
 
            Pasada la zona limosa y llana de la cola del embalse vuelve a llover pero será brevemente. Las nieblas se levantan un poco y nos permiten, a las marmotas un intento de soleo, ¡vaya atrevimiento! y a nosotros un camino de vuelta fundamentalmente tranquilo y sin prisas.

Allí se queda aparcado nuestro proyecto.
 
            Es la una y media cuando nos proponemos, atravesando la presa, comer junto al coche para contemplar el Embalse y el Glaciar de Oberaar, pero no será más que una vana ilusión pues de nuevo las nieblas bajan, se echa a llover y tenemos que comer a cubierto en las instalaciones del teleférico.
 
No sabemos cuál de los dos es el collado de salida.

            Una hora después, montamos en el coche, hacemos una parada en el Aparcamiento del Refugio de Oberaar y alguna parada más de vuelta, saliendo de la carretera a las tres en punto cuando se abre el semáforo permitiendo una nueva subida de vehículos.

Aguas graníticas en Grimsel.
 
            En Grimselpass comentamos que si bien el rodeo del lago se ajustaba a nuestros cálculos, el tramo de la presa de Oberaar a Grimselpass podía resultar un pelín más largo de lo calculado, dan una hora y cuarto cuando nosotros preveíamos una hora.

            Además había que contar con que hubiera sido necesario bajar a dedo a Gletch y allí tomar el tren para volver  a Bettentalstatión, recoger el coche y volver en busca de mis socios. Con todo ello además de la bajada del glaciar desde el Refugio Finsteraar se habría compuesto una cumplidita jornada.

Hospice de Grimsel.

            Desde la cima del puerto tomamos la carretera en descenso por la vertiente norte y por camino que recordamos vagamente nos llegamos al Lateral Este de Grimsel y tomamos la carretera de servicio al Hospice de Grimsel situado a a 1900 metros de altitud y en la orilla sur de la Presa del Embalse de Grimsel.

            El Hospice de Grimsel es un monumental edificio convertido en hotel y situado en un promontorio que domina el embalse. Perfectamente remodelado junto a sus alrededores, cuenta con aparcamiento tanto cubierto como descubierto y con las instalaciones del Teleférico de Oberaar.

Raterichbodensee entre nieblas.
 
            Se puede bajar hasta la presa y atravesarla para tomar un camino sobre pulidas y verticales placas de roca que conducen a un túnel que permite atravesar una zona absolutamente lisa y vertical para proseguir posteriormente hacia la Cascada de Grimsel que tiene todas las pintas de estar originada por una conducción artificial de agua hasta este embalse.

            Aprovechando que ha cesado de nuevo la lluvia, damos una vueltecilla por el aparcamiento, bajamos hasta las inmediaciones de la presa a través de una escalinata balizada, contemplamos un espectacular conglomerado de cristales de cuarzo blanco y, un rato después desestimando la idea de llegarnos hasta la cascada, montamos en el coche y nos volvemos hasta Grimselpass para parar y fotografiar las esculturas del aparcamiento de motos de la zona sur del puerto.

            Iniciado el descenso hacia Gletch nos cruzamos con una Autobús postal de época y nos llama la atención poderosamente puesto que nos han dicho que no había autobús en Grimselpass. El autobús lleva en la morrera un precioso ramo de flores naturales.

            Llegamos a Gletch y en la estación del ferrocarril hay movida y un tanto extraña, poco natural. El Tren Postal desde esta estación pasa a Italia por el Furkapass y no creemos que esa sea clientela normal.

            Seguimos bajando un poco y vemos gentes aparcadas por la carretera esperando algo. Enseguida vemos humo en el valle y… un tren antiguo de carbón hace el recorrido del Furkapass conmemorando algo que no sabremos pero es todo un espectáculo ver suspirar al tren cremallera por semejantes pendientes echando humo  como solamente recordamos los que hemos visto en nuestra infancia las máquinas de vapor del ferrocarril. Hacemos fotos llenas de humo y celebramos la feliz coincidencia.

            Luego, tranquilamente nos vamos para abajo dejando que la calefacción del coche seque nuestras poco húmedas pertenencias.

            Pasa la tarde y nosotros nos llegamos  a Turtmann cuando son las seis y media.

            Todavía y para hacer hora nos daremos un paseo para visitar la ermita que se encuentra inmediatamente por encima de nuestro campamento y aunque no está muy lejos, se nos hará largo el camino porque de nuevo se echa a llover.

            En la ermita que está abierta y primorosamente cuidada estamos un buen rato esperando que cese la lluvia pero no nos quedará otro remedio que bajar a pesar de la misma.

            Llegados al coche y en vista de que la lluvia persiste, montamos nuestro campamento a cubierto, preparamos la cena y la despachamos como si fuéramos reos de muerte. Luego, sumidos un tanto en el hastío y en la desesperanza de que nuestro signo cambie nos empiltramos con ganas de acabar con el día.

            Llueve insistentemente durante toda la noche y sin parar y la temperatura desciende, lo que tiene un claro significado: ha debido de nevar en altitud.

            Aquí está el comienzo.

             

  

             

 

 

           

13 ago 2010

4.10. PASEANDO DE BETTEN A BETMERALP. 13-8-2010.

Betmersee y Eggishorn.

Bettten, Camino del Domo, Betmeralp y Betmersee. Descenso por el Camino Directo del Barranco.
13-08-2010.
Desnivel acumulado 900 m
Distancia recorrida 9000 m.
Tiempo efectivo 03:00 h.
Nublado.
Muy fácil
Las variables son numerosísimas en la zona y los teleféricos posibilitan todo tipo de combinaciones.
Agua en Betten, en fuentes del camino y en Betmeralp. También en el barranco de descenso.
Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Betmerralp procedente de Landeskarte der Schweiz. Vía en amarillo.

            Tenemos  en Turtmann un lugar discreto al oeste del pueblo donde podemos montar nuestro campamento. Cuenta con un barranquillo de cristalinas aguas, es una zona de escasísimo tránsito y disponemos de un lugar a cubierto para cobijarnos en caso de lluvia. Es más de lo que necesitamos para el poco tiempo que pensamos permanecer hasta comenzar la segunda parte de nuestra travesía.

            De camino hacia Sierre nos detenemos para comer aprovechando que ha cesado la lluvia, aunque la tarde está cargadísima por arriba y muy nubosa por el valle. Son las tres y media  y no tenemos otro objetivo que dejar pasar la tarde. Bueno, dejar pasar la tarde y el día siguiente ya que el hecho de renunciar a hacer la actividad en travesía nos ha regalado un día que hemos de consumir sin adelantar en la actividad puesto que tenemos reservados refugios de altura.

            En Zinal y en Sierre buscamos las oficinas de turismo que anuncian mal tiempo sobre todo en altitud y con tendencia a empeorar.

            Van a ser las seis de la tarde cuando llegamos a nuestro campamento y aprovechamos una rayada de sol pera terminar de secar las capas.

            Juan tratará de reparar con pegamento una de las suelas de sus botas que se ha despegado pero tendrá poco éxito, el poliuretano se va descomponiendo y nos ofrece agarre con las colas de contacto. Entre tanto, vamos haciendo tiempo para cenar pero se pondrá a llover antes de lo conveniente. La tregua del tiempo ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio.

            Cenamos a cubierto y con lluvias intermitentes sobre las ocho y media y con un tiempo tan inseguro decidimos pasar la noche también a cubierto por si las moscas.

            Alrededor de las nueve y media nos metemos en los sacos. La noche será seca y segura en este lugar pero el hormigón bajo nuestras esterillas la hará larga y sobre todo dura para las caderas: nos falta costumbre.

            Alrededor de las siete de la mañana llega para nosotros el viernes 13 de Agosto de 2010 un día con poca historia a priori y con un cielo absolutamente cargado de nubosidad solamente un tanto aclarada por la Zona de Martigny y el Lago Leman.

            Desayunamos tranquilamente, recogemos y nos vamos a marchar a explorar el inicio de nuestro tajo del día siguiente, no tenemos otra cosa que hacer procurando no hartarnos de agua y sobre todo esperar, esperar que el tiempo mejore.

            Charlamos un poco con una francesa que está de vacaciones, le damos agua ya que no tiene y ella, a cambio, toda agradecida, nos regala un mapa de carreteras de Francia que hemos de aceptar inexcusablemente.

            Alrededor de las ocho y media partimos hacia Raron, Visp, Brig y Morel, lugares recorridos ya en la tarde de la llegada.

            En Morel abandonamos la Furkaestrasse y nos introducimos en una carretera de montaña que gana altura en la ladera norte del valle y en algo menos de 10 kilómetros nos permite llegar a Betten. Son las ocho y media de la mañana y estamos a 1203 metros de altitud.

            En el pueblo hay una estación intermedia del teleférico que sale de Betentalstation al igual que el teleférico directo a Beltmeralp. Nosotros cruzamos el pueblo y al final del mismo, poco más arriba del desvío a Egga aparcamos y nos vamos a dar una vuelta por el pueblo y a tomar alguna decisión: las nubes campan por doquier y a cualquier altitud y nieblas volanderas van y vienen por cualquier parte.

            No merece la pena tomar el teleférico que nos colocaría de inmediato en las nieblas y tras marear largo rato la perdiz y almorzar tranquilamente decidimos subirnos caminando a Betmeralp. Si el día se estropea mucho podamos tomar el teleférico para la bajada.


            En la parte alta del pueblo, justamente donde termina la zona de tráfico rodado autorizado, parte el camino a Betmeralp balizado en rojo y blanco. Son las doce menos diez.


            Inmediatamente se divide en dos y nosotros tomamos el que parte hacia el nordeste en dirección a Domo.

Una delicatesen suiza.

            En camino, no excesivamente transitado se empina enseguida, describe unas lazadas bajo el bosque mixto y enseguida se introduce en una pradera inclinada para ganar la parte alta de la misma en la que hay unas viejas cabañas de madera en precario estado.


            El camino coincide y cruza la carretera que viniendo de Martisberg posiblemente y que  comunica un sembrado de cabañas utilizadas con fines turísticos. Nosotros seguimos el camino balizado que en amplias lazadas va ganando altura siempre al nordeste a la vez que disfrutamos de algunos claros con sol.

            Sobre los 1600 metros de altitud el camino cambia de orientación y volviendo al noroeste llanea un poco, atraviesa otra zona de bosque mixto y enseguida nos enseña el caserío de Betmeralp.


            Hemos de proseguir en suave ascenso orientados por la blanca silueta de la iglesia del pueblo, bueno, del poblado de la estación de esquí y de esta manera el camino se convierte en calle de un pueblo en absolutamente irregular y asentado en una ladera muy abrupta en la parte oeste. Estamos por encima de los 1900 metros de altitud.



            Damos alguna vuelta hasta que alcanzamos la llegada de los teleféricos y poco después la calle que pasando al norte de la iglesia conduce a la zona deportiva en la parte alta del caserío.

            Vamos en busca del Betmersee, lugar por el que ha de pasar nuestro camino de mañana, intuimos su emplazamiento y alcanzamos el lago situado a 2006 metros de altitud cuando es la una y veinte del mediodía.


            El Betmersee es un lago que creemos represado pues han disimulado la presa de su orilla sur con tierras sobre las que se han establecido tanto las pratenses como los edificios de distinta índole. El pueblo es la parte baja de una estación de esquí y de aquí parten arrastres que van a coronar la cresta noroeste que se va elevando paulatinamente al nordeste hasta culminar en el Eggishorn, lugar al que llegan los medios mecánicos más altos.

            La pradera alpina sobre la que se asienta el pueblo está cosida de caminos que van a un lugar y a otro facilitando actividades senderistas. De entre la maraña de caminos hemos de distinguir dos de ellos, uno por cada lado del lago que se elevan paulatinamente por la pared y que alcanzan sobre los 2200 metros de altitud la parte superior de la arista.

            La arista a la que nos referimos es la limítrofe con el Gran Glaciar del Aletsch. Nosotros tendremos que coronarla y de allí bajar al glaciar para atravesarlo al oeste del Eggishorn e introducirnos en el Glaciar de Mittelaletsch. La multitud de caminillos conducen a diversos puntos desde donde se puede contemplar el mayor glaciar de los Alpes.

            Las nubes están establecidas uniformemente a partir de los 2300 metros, por debajo el día es agradable aunque incierto y suponemos que en la cuenca glaciar la nubosidad estará asentada desde un poco más abajo.

            Echamos un bocado en un banco de la orilla oeste del lago contemplando intermitentemente la elegante estampa del Eggishorn asediada por la nieblas y desestimamos el hecho de remontar la ladera para, con bastante probabilidad, no ver con claridad la continuación de nuestro posible camino de mañana, cada vez más improbable.

            La decisión la tenemos rondando por nuestras mentes pero no nos atrevemos a formularla en voz alta: nos resulta bastante dura pero finalmente la terminaremos de rumiar.


            El tiempo va a peor de cara al fin de semana y con perspectivas de prolongación; nosotros tenemos que permanecer los cinco siguientes días por encima de los 3000 metros de altitud sobre un glaciar que conocemos muy poco y en su parte norte, la primera mitad teniendo como base un refugio libre y la segunda en dos refugios guardados con reserva a los que el tiempo puede, incluso, impedirnos llegar; coronar el Aletschhorn es una temeridad con estas circunstancias en las que descartamos la existencia de huella y estas altísimas temperaturas… Mi chica dirá: “Bueno, ya sabemos por donde empezaremos el año próximo”.

            ¡Adiós travesía del Aletsch! El tiempo incluso eliminará la quimera de dejar la primera parte y recorrer parte de la segunda comenzando por el final.

            Son las dos, hemos tomado de postre un poco de chocolate con mucha resignación y nos vamos para abajo. Tendremos tiempo de reprogramar los días venideros.


            En la parte baja del pueblo tomamos intencionadamente otro camino para bajar a Betten. Será un camino orientado al sur-sudeste que muy vertical transita por las inmediaciones del barranco que baja de Betmeralp. También está balizado en rojo y blanco y perfectamente indicado incluso está más transitado que el que hemos utilizado para la subida.

            Es un camino de descenso muy directo que en un momento cruza con una pista que se orienta al este de la ladera de Riederalp.

            En uno de los pocos tramos que hacemos de pista localizo unos pocos de robellones que evidentemente recogemos, son media docena pero en la sartén pueden estar divinos.

            El camino cruza el barranco muy abajo y por su orilla izquierda se introduce en los estrechos y abancalados pradillos próximos al pueblo, que alcanzamos justamente por el camino que hemos desechado en el momento de abrirse al inicio del ascenso. Son las cuatro de la tarde.

            Nuestro inmediato objetivo es bajarnos hasta Brig y localizar la tienda de montaña que nos han indicado para comprarnos botas, una de las mías también se empieza a reír y hagamos lo que hagamos, pues eso.

            Nos cuesta un tanto encontrar la tienda. Vemos algo para media montaña pero no tienen el 45 que necesita Juan. Nos dirán que nos la reservan en su otra tienda de Visp y para allí nos vamos, es nuestro camino de vuelta a Turtmann.

            Compramos botas, consultamos de nuevo la meteorología y empezamos a darnos cuenta que la decisión recién tomada puede ser un gran acierto.

            Son las siete y media cuando llegamos de nuevo a nuestro campamento en Turtmann que va a resultar todavía más asiduo del que tuvimos en Tasch, que ya es decir.

         En medio de una tranquila cena en la que contemplamos las evoluciones continuas de la nubosidad a alturas relativamente bajas, tomamos la decisión para el día siguiente: nos subiremos hasta Grimselpass para recorrer el Oberaarsee y el Glaciar de Oberaar y el Grimselsee al objeto de conocer el final de la actividad que no vamos a realizar. Y si el día lo permitiera le enseñaríamos a las botas nuevas su primera lección de glaciar.

            Tampoco plantamos las tiendas y a las nueve y media nos empiltramos a cubierto. La nubosidad es consistentemente amenazadora.

            Los 900 metros de desnivel movidos no impedirán que todavía notemos la dureza del cemento en nuestras caderas, más pensando en que no hemos disfrutado, por razones obvias, de un agradable paseo por un medio alpino de incuestionable belleza.

             Para ver la continuación.