19 sept 1992

13-92. PUNTA DE LAS OLAS DESDE PINETA. 19-9-92.

La Nordeste de la Punta de las Olas.9-7-15.

Carretera del Valle de Pineta Ladera Norte, Collado de Añisclo, Fajas de las Olas, Cara Sur y Punta de las Olas.
19-09-1992.
Salida 16:30 h. Llegada10:30 h.
Mixto.
Fácil.
2 d.
Rosa Mª. Martínez y Biola y Mariano Javierre.

Mapa de Punta de las Olas procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Se nos ha pasado Agosto y casi Septiembre. No tenemos prisa recién salidos de los Alpes y no nos motiva Biola  que cada día muestra menos entusiasmo por la montaña. Pero a pesar de ello tenemos que cumplir con nuestra tradición tresmilista en compañía de nuestra hija. Ya tenemos ganas de marchar con ella a cualquier pico y en cualquier momento; pero el asunto, me da la impresión, tendrá que esperar de momento.
            Habíamos pensado subir a acampar al Collado de Añisclo desde el Puente de San Urbez, un camino que no conocíamos y que nos permitiría a partir de allí alcanzar la zona superior del Circo de Ordesa; pero sobre el mapa, el camino es fundamentalmente largo y no veo posibilidad de acampar más allá del Barranco de la Fuen Blanca, lo que nos deja tan bajos que no hay más remedio que buscar otra alternativa.

 La subida al Collado de Añisclo desde el Refugio de Pineta. 16-10-10.

            Subir hasta Góriz es posible, pero no es lo más práctico de cara a la continuación del día siguiente. Por lo tanto no queda otra alternativa más que Pineta. Será por allí por donde atacaremos el asunto a pesar de haber sido desechada a priori, fundamentalmente por la kilometrada que había que hacer antes de echarse a andar, ya que el camino pertenece a la GRP. y, consecuentemente, además de estar bien marcado será fácil y lo que es todavía más importante es que nos permitirá acampar a 2500 metros de altitud y eso sí que es un auténtico chollo, justo lo que pretendíamos.
            Llega el viernes 18 de Septiembre de 1992. Rosa sale de trabajar a las dos y media y marchamos a todo trapo. El tiempo está medianucho, fundamentalmente irregular, incógnita que se desvelará poco a poco.
           Vamos por la Guarguera sin circulación y a buen ritmo, luego Boltaña y Ainsa  y con remodelada carretera llegamos a Bielsa a una hora muy interesante. De allí para arriba 10 kilómetros más decentes de lo que recordábamos y 6 más que están bacheando.

Cascada ocasional en el Camino al Collado de Añisclo. 16-10-10.

            A las cuatro y veinte estamos en la Caseta de Información de Pineta donde nos informan regulín regulán y tenemos que volver para atrás, el Mapa de la Alpina o marca otra vía o está muy mal marcada. Por fin aparcamos en un pequeño ensanche con un cartel que indica el inicio del camino y en el que he estado a punto de parar a la ida.
            A las cuatro y media pasadas, cambiados de ropa salimos para cruzar el amplio barranco guiados por buenos hitos. Enseguida aparecen balizas rojas y blancas.
            Iniciamos el ascenso de la pared que es una selva mixta transitada por camino en dirección oeste. Es el final de un amplísimo y largo corredor por cuyo fondo baja un pequeño barranco.

Uno de los últimos resaltes de camino al Collado de Añisclo. 16-10-10.

            El camino asciende consistentemente pero enseguida  inicia una travesía bastante horizontal al noroeste para cambiarnos al corredor de nuestra derecha y que atravesamos inmediatamente para incorporarnos a la cascada que baja por su lado izquierdo; enseguida el camino comienza a ascender de nuevo, esta vez de manera despiadada y sin concesiones, teniendo incluso que trepar en tres pasajes del mismo, lo que nos extraña un poco en una Gran Ruta, aunque no suponga ninguna dificultad para nosotros. La selva se ha aclarado y son más los arbustos que los árboles.
      Nos encontramos con una pareja que baja y que manifiesta incertidumbre sobre nuestras posibilidades, lo que yo traduzco en que nos queda algo de tomate, cosa que ya sabía, pero quién no ha dudado nunca de la competencia de los demás.

El camino se allana entre placas. 16-10-10.

            Poco después la vía se allana y nos conduce, por un amplísimo pastizal de altura, a la cresta del espolón que separa el corredor del que acabamos de salir con el siguiente de nuestra derecha.
            El respiro va a ser breve pues tan pronto como alcanzamos la cresta del espolón el camino se vuelve a empinar abandonando los últimos árboles y discurriendo por pradera alpina a la que, con más frecuencia, le salen calizas ocres.

Detalle del Collado de Añisclo desde Comodoto. 27-1-08.

            Encontramos flor de nieve que dejamos para la vuelta a la vez que unas viras calizas se encargan de elevarnos sobre la pedrera y al amparo de unas barras hacemos un pequeño alto para comer un poco de fruta.
            Continuamos después la pedrera que nos va aproximando al collado por terreno sumamente descompuesto y algo pendiente que se arrellanará cuando alcancemos el Collado de Añisclo. Son las ocho de la tarde.
            Allí nos aguardan agazapadas las nieblas rellenando el Fondo del Valle de Añisclo. Localizamos una senda que crestea el amplísimo collado recorriéndola hacia el norte en busca de alguna mancha plana de pradera alpina que nos permita plantar la tienda.

Pineta desde el Collado de Añisclo. 15-8-09.

            El tiempo apremia y en la cresta lo vamos a tener crudo por lo que bajamos un poco encontrando un  lugar bastante mullido pero algo inclinado. Son las ocho y cuarto cuando las nieblas echan sobre nosotros  por lo que plantamos la tienda a todo trapo, desmontamos las mochilas poniendo casi todo a salvo de la humedad. Respiramos tranquilos cenando pues llegar a un collado alto situado a 2435 metros de altitud, desconocido, tarde y con intención de acampar no es de lo más apetitoso a priori y eso que el problema del agua lo habíamos  solucionado subiéndola desde abajo.
           Las nieblas nos meten en la tienda, jugamos a cartas un poco pero la tienda solamente es cómoda para estar acostados y a las diez menos cuarto damos por liquidada la jornada. Estamos en el lugar adecuado y esperamos que el tiempo acompañe.
             Disfrutaremos de una estupenda noche que se nos rompe a las siete de la mañana y se convierte en una luminosa mañana que nos llena de satisfacción.

La Larry, Munia y Robiñera desde el Collado de Añisclo. 15-8-09.

            Desayunamos, preparamos rápidamente las mochilas y a las ocho y cuarto nos vamos cuando justamente está llegando el sol.
            Andamos en busca del collado ganando la altura que perdimos ayer avanzando hacia la Pared Este de la Punta de las Olas.
            Sin ganar la arista me descuelgo a buscar agua. Hay una surgencia de la que espero obtener agua tanto para el día como para la noche, tan necesaria, aunque seguro que encontraremos más arriba.
            Alcanzo a m mis señoras atajando pues ellas han abandonado el collado y comienzan a ascender en busca de una de las dos fajas acerca de las que hemos especulado durante el desayuno y que parten la pared en dirección ascendente permitiendo, suponemos, salvar el impresionante Paredón Sureste de la Punta de las Olas.

Placas bajo la Punta de las Olas.15-8-09.

            Guiado por señales rojas y blancas ganamos la base de la pared en ascenso y pasamos bajo dos escorrentías: Ordesa es el paraíso de la caliza y el agua y localizamos una sirga rota que ayudaría a pasar el corredor  en época de hielo, ahora en estas condiciones no servirá de nada pues quedará enterrada con las primeras nieves.
            Ascendemos fuertemente para introducirnos tras atravesar la base de otro corredor en la faja por la que se eleva el camino: es una enorme laja lisa e inclinada hacia afuera, de entre 10 y 20 metros de ancho practicable, lavada por los hielos y con una inclinación media de 35º a 25º en su segunda mitad en la que hay una sirga de unos 100 metros de larga sujeta en fuertes clavijas. La verdad es que el pasaporte aquí es directo para el cielo.

Pedrera Sur de la Punta de las Olas. 15-8-09.

            Se allana la faja rota por un barranco que nace en la faja superior en la que hay una pequeña sirga que facilita el paso.
            Mi olfato me dice que la faja superior  nos debe permitir el acceso a la cima  sin más rodeos a pesar de que los hitos se vayan a dar la vuelta. Dejaré la mochila y tras comprobar mi suposición vuelvo.

Soum de Ramond desde la Punta de las Olas 15-8-09.

         Subimos la faja más estrecha que la anterior y también más corta. Hay algunos hitos que mejoramos y que nos conducen al inicio de un corredor descompuesto que atravesamos a la vez que la pared que llevamos a nuestra derecha va perdiendo altura hasta desaparecer engullida por una pedrera que se encumbra muy alta.

Navarro o Baudrimont Sudeste desde Rabada. 9-7-15.

            Salimos de la pared e iniciamos el ascenso de la pedrera en dirección norte hasta alcanzar la amplia y plana cresta que se asoma sobre Pineta. Nos conduce a un pequeño resalte final y superado este alcanzamos la Cima de la Punta de las Olas a 3002 metros de altitud cuando son las diez y media de la mañana.

Punta de las Olas desde el Navarro. 9-7-15.

            Hacemos una fotografía, recordamos nuestra anterior estancia en ella y concluimos con que fue la niebla la que no nos permitió perspectiva para el descenso ya que en esta parte no hemos advertido la presencia de hitos.

Para ver la Continuación.

4 ago 1992

9.92. MONCH Y VUELTA. 4-8-1992.

Detalle de la Sur del Monch. 3-8-92.

Refugio del Monchjoch, Arista Sudeste, Cima del Monch, Refugio y Estación Jungfraujoch.
04-08-1992.
Salida 06:30 h. Llegada 10 h.
Sol.
Fácil.
Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa del Monch procedente de Bachmann. Vía en amarillo.

            A toda prisa nos quitamos las ropas húmedas y las ponemos a secar, cuerda incluida, si no es el sol al menos que las seque el viento.
        El refugio del Monchjoch situado a 3650 metros de altitud es bastante nuevo y amplio. En recepción nos pasan una cumplida ración de 24 francos por persona y nos indican que deberíamos haber reservado por teléfono: ja, ja, ja.
        Encontramos agua que baja de la Sur del Monch por una tubería de plástico con lo que solventamos nuestro abastecimiento y picoteamos un poco con un vaso de leche.
            Acomodados en el comedor Juan se entretiene con un fumador de pipa, yo prefiero tomar mis notas pero cuando voy a hacerlo advierto la falta de la bolsa en la que llevo la documentación, la información de las actividades y las notas que voy guardando.
            Miraré en vano en las mochilas y concluiré con que las he debido perder en la Jungfrau y espero que si alguien las encuentra me las envíe. A una de las chicas del refugio que habla Español se lo hemos comentado y le hemos dicho que mañana terminábamos por aquí y volvíamos a España.
            Tomo notas en un mantel del autoservicio mientras pasa la tarde. Recogemos los bártulos que no se han secado y se pone a nevar, regalo de las nieblas que han vuelto.
            Hemos tenido suerte pues no son tan frecuentes en Alpes los periodos de buen tiempo tan largos como éste. Se ha cumplido el undécimo día y parece que ya no va más. Nos ha rondado pero no nos ha impedido la marcha prevista. Ahora ya poco mal nos puede hacer.
            ¿Se saldrá Rosa con la suya? Me ha confesado que por ella, ¡ojala llueva! Está harta de montaña de tensión y de nervios.
            Son las siete de la tarde cuando Juan y Rosa calientan la cena  abajo en la entrada a cubierto del ventarrón. La verdad es que el refugio parece estar colocado en el peor sitio del mundo: un collado infernal en el que el sol se marcha a las cuatro de la tarde y donde una pisanieves ha arrimado nieve al casetón donde las guardan.
            Cenamos tranquilamente, se nos hacen las ocho y media y una hora después nos vamos a las literas. Ha dejado de nevar y tenemos por delante media noche por lo que no merece la pena especular, cuando nos levantemos ya se verá.

Parte rocosa de la Sur del Monch tomada a la vuelta hacia el ferrocarril. 4-8-92.

            A las tres de la mañana comienza el 4 de Agosto de 1992 pues pretendemos meterle un buen empentón al viaje de vuelta. Es nuestro último día en Alpes pero nadie mueve. Se han levantado algunos pero debe hacer una noche de perros.
            Continuamos en la cama pues de noche y con la huella borrada por la ventisca poco o nada se puede hacer mientras no amanezca y nuestro cuerpo nos lo agradecerá.
            Se nos hacen las cinco, nadie mueve pero nos levantamos. Está nublado y de momento vamos a desayunar, luego recogeremos y decidiremos.
            Desayunamos al gusto pues vamos muy sobrados aunque yo solamente me tomaré un par de vasos de leche que eso si me pasa.
            Juan y yo decidimos intentar la ascensión ya que tenemos tiempo sobrado para ello. Rosa dice que se queda que no quiere marchar con mal tiempo, sin huella y sin saber bien a dónde va. Preparamos dos breves mochilas mientras esperamos que haya luz suficiente y como esperábamos, Rosa se apunta:
            - ¿No me has preparado nada?
            - Como has dicho que no venías… Anda, abrevia que nos vamos.
            A las seis y media y en la entrada del refugio, los dos montañeros con los que coincidimos ayer nos indican que la vía normal arranca en el Espolón de la Arista Sudeste muy cerca del refugio.
           La mañana está nublada aunque  apacible pero puede suceder cualquier cosa. Somos los primeros en salir del refugio y nos hacemos huella un poco en descenso hasta la base del espolón sur. No ha sido mucha la nieve caída y a estas horas todavía está dura la de debajo.

Arista Sudeste del Monch 4-8-92.

           El espolón rocoso está poco nevado pues el viento se ha llevado la mayor parte de la caída y comenzamos a ganar altura fácilmente pasando junto a un pluviómetro.
            Enseguida superamos un nevero fácil que conserva la huella y al final del mismo alcanzamos la cresta rocosa que sube directamente desde el refugio.
            Unos pasos en roca un tanto  aéreos en la misma cresta pero fáciles nos conducen al inicio del segundo nevero bastante tieso pero con huella.
           El repecho se hace notar pero enseguida cabalgamos sobre la arista somital virando claramente al este. Cresteamos alternando rampas inclinadas con pasajes llanos sobre nieve que tiene una huella asentada sobre el abismo de la cara norte, en busca del merengue somital del Monch envuelto entre nieblas.
         Suerte que la huella todavía aguanta  a esta hora. Si el día va a buenas y sube gente  no les quedará más remedio que hacer nueva huella pues ésta se caerá; vemos el abismo a través de los agujeros de las conteras de los piolets.
         Son las ocho menos veinte cuando ocupamos la minúscula Cima del Monch a 4099 metros de altitud, es la última cima de la serie.
          Hace frío en medio de la niebla. Obligamos a Rosa a pisar la cima  pues se quedaba en un escalón inferior  por miedo a la enorme cornisa que es la cima  pero que a estas horas está firme con estas condiciones y hacemos una triste fotografía.

Descenso del Monch cuando unas horas antes ni lo imaginábamos. 4-8-92.

            Rosa lleva las suelas de las botas algo desgastadas y le da cosa el descenso, así que se pone los crampones, nos encordamos y para abajo pues cuesta poco y los beneficios de cara a la rapidez en el descenso son seguros.
            Con todo ello no le concedemos ni siquiera un cuarto de hora al último cuatromil  de los Alpes por este año y nos vamos para abajo empujados por el tiempo y por unas condiciones que no acompañan.
            Pasamos el tramo más complicado con absoluta facilidad y el resto será un puro entretenimiento al encuentro del buen tiempo pues dejamos las nieblas ancladas en su reino de los 4000 metros y sin prisa contemplamos el Glaciar de Aletsch que se pierde al sur entre sinuosidades y el valle glaciar lateral al oeste que culmina con el Finsteraarhorn.
      En la cresta rocosa que separa los dos neveros nos cruzamos con una cordada que sube, seguidamente bajamos el último nevero, alcanzamos el dorso rocoso del que el sol está desalojando  la nieve de la noche y pasando junto al pluviómetro alcanzamos el Jungfraufirm.
         Rosa toma mi mochila y se va poco a poco hacia la entrada del Túnel de la Esfinge. Mientras tanto, Juan y yo,  nos volvemos en corto repecho hasta el Refugio Monchjoch. Son las nueve y cuarto.
           Recogemos las mochilas, preguntamos una vez más por la documentación y sin más tomamos la pista del pisanieves. Ni siquiera hemos caminado 100 metros cuando me doy cuenta de que no hemos recogido las cestas de la comida. Volverá Juan mientras me entretengo en contemplar la majestuosidad de la Cara Sur del Monch a cuyos seracs haré una fotografía.

Jungfrau desde la Sudeste del Monch. 4-8-92.

            Nos cruzamos con turistas que en zapatillas van al encuentro de un buen remojón pues la nieve ya está blanda en tan abrigado lugar y con montañeros, algunos hablan español, con mochilas que van hacia el refugio.
         Sentados en los bancos de la entrada del túnel nos entretenemos un poco contemplando los patinazos del personal que llegan en tropel pues parece que los han soltado a todos de golpe.
         Llega Juan, nos vamos para adentro y a medio camino entramos en la muestra científica del complejo sobre glaciarismo. Poco después, no tenemos nada más que hacer, tomamos el tren; son las diez y media.
        En el viaje de regreso ni siquiera nos asomamos a los miradores, es un momento blando y mentalmente blanco.
           En Klein Scheidegg preguntamos por la documentación por si se me hubiera caído en el tren pero nos dicen que acaso en Grindelwald. Luego la Norte del Eiger no será para nosotros envuelta en nieblas. Le haré una foto testimonial.
         A la una menos veinte estamos en Grindelwald, no nos dicen nada de mi documentación, cogemos el coche y nos vamos a un cámping a ducharnos. Lo harán primero ellos y luego yo disfrutaré de una maravillosa ducha con agua caliente y de un afeitado que me hacía falta. Luego nos reuniremos en el coche brillantes como unas coberteras en una víspera de fiesta.
          El día está tristón pero ahora no llueve y nos esperan 1250 kilómetros, eso le salva al mundo de que no nos lo comiéramos entero. Esto se acaba y tenemos conciencia de ello cuando nos metemos en el coche para hacer kilómetros yéndonos por donde vinimos.

La Arista Sudoeste del Monch desde Jungfraujoch y despedida. 4-8-92.

            Curiosamente recuerdo que las dos veces que hemos abandonado Alpes ha sido con mal tiempo, el bueno mientras estábamos arriba.
            Entramos en la autopista en Thun, comemos en un área de servicio Junto a Berna que no visitaremos pues a Juan no le van estas cosas y nosotros la conocemos y luego nos acercamos al Lago Leman que nos recibe brillantemente plateado al cálido sol de la tarde,  casi 90 kilómetros de reflejos ensoñadores.
         Daremos vueltas en Ginebra en busca de la Ruta de Lyon y finalmente entramos en Francia para salirnos de una mala carretera en las proximidades de Nantua y pasar la noche con las tiendas en un enorme prado.
      Dormimos por fin una noche sin la vigilancia atenta ante la siguiente batalla y a las seis nos levantamos a por la última jornada de la campaña. Antes de las siete, desayunados, estamos en carretera.
         Circunvalamos Lyon a buena velocidad, luego en Valence tomamos la carretera que ya conocemos más y paramos a echar un bocado cerca de Pont St. Esprit.
           Nos acercamos al mogollón de la costa. Nimes lo pasamos bien, Mompellier por la autopista que nos saca del lio de Sete y nos deposita en Narbona en un abrir y cerrar de ojos.
            Paramos a comer en un área de servicio de la autopista y ponemos a secar las tiendas que hemos recogido húmedas a la mañana en medio de un impresionante concierto de chicharras. Comemos. Unos italianos nos piden socorro con su nevera que no les funciona pero con estos calores casi les dará lo mismo que funcione o no.

Croquis de los Alpes Berneses. Vía en amarillo.

           Cerca de Toulousse decido salirme de la autopista pues ahora  me está  pegando el sueño. Luego tomaremos la autovía que circunvala la ciudad y por ella, a buen ritmo nos acercaremos al Pirineo.
          Próximo a Tarbes paramos en un área de servicio de un tramo pequeño de autopista, comemos unas frutas, descansamos y nos echamos una ducha de agua pulverizada. Estos fransuás están a todas.
           Luego vendrá la mala carretera y en Lurdes me lio teniendo que volver sobre nuestros pasos. En Louvie otra vez, la verdad es que estoy un poco cansado.
        Cae la tarde cuando entramos de lleno en el Pirineo. Subiendo al Portalet con circulación contraria, paramos a echar un trago de agua fresca en Artouste y a las nueve pasamos la frontera con la radio en marcha a falta de Carnet de Identidad. A las diez estamos en casa de Juan. Nosotros nos vamos a casa de mi madre en busca de nuestra hija que nos espera con su fiesta particular. Luego iremos a ver a los otros abuelos.
        Todo había terminado en teoría pero en la práctica nada termina. Nos iríamos a la playa a la carrera y luego, en algún momento de reposo mental me vendría todo encima: los trece días convertidos en doce y medio, los 2752 kilómetros hechos,  los 14 cuatromiles subidos sobre los 20 previstos, los 9200 metros ascendidos en siete días y medio de actividad, el buenísimo mal tiempo que disfrutamos y sobre todo los imprevistos. ¿Qué serían los Alpes sin imprevistos? y ¿qué seríamos sin ilusiones…?
           Cuando después de abrir la puerta de la escalera del garaje eché la vista al poster del Cervino que tengo en la pared  se me fue la vista al Hombro y en ese instante pasaron infinitas cosas por mi mente y me sentí grande y a la vez tan poca cosa…
           Juan llevó a revelar sus fotos y sorpresa: nos habíamos  quedado sin sus fotos por segunda vez.
        El 23 de Septiembre me llegó remitida desde Suiza la documentación al completo, la lógica se había impuesto una vez más. Se me ocurre que  para que una cosa se pueda perder en Suiza no quedará más remedio que volver a Suiza. 

Para ver el Comienzo.

3 ago 1992

8.92.JUNGFRAU. 3-8-92.

La Jungfrau desde Jungfraufirm. 3-8-92.

Estación Jungfraujoch, Jungfraufirm, Espolón Este-Noroeste del Rottalhorn, Rottalsattel y Cara Este. Descenso a Jungfraufirm y Refugio Monchjoch.
03-08-1992.
Salida 08:45 h. Llegada 16 h.
Sol.
Bastante fácil.
Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Jungfrau procedente Bachman. Vía en amarillo.

            En Tach la tarde está medio-medio. Recogemos el coche, buscamos posibilidades por si acá y terminamos cenando junto a una pequeña capilla  que nos ofrece cobijo en caso de lluvia.
            Cenamos a gusto, celebramos nuestro no éxito, con permiso de Juan, con Sidra y turrón… Rosa propone descansar un día y volver de nuevo al Cervino, a Juan le va bien pues en el Cervino se divierte, pero rechazo tan amable invitación pues no está en programa y no se acaba el mundo por no hacer cima aunque sea el Cervino.
            Alguien dice, o lo he soñado, que lo importante  es que estemos aquí para contarlo y celebrarlo y a lo mejor es verdad, la verdad de nuestras vidas que no son  más que una enorme ilusión. Nos empiltramos pues han llegado las estrellas con tanta celebración.
         El 2 de Agosto de 1992 es otro día. Ponemos a secar los trastos, desayunamos pantagruélicamente  y luego nos vamos al cámping para darnos una ducha. Se trata de un recinto abierto en el que las duchas funcionan con monedas. Juan se ducha como un señor y nosotros tomamos una ducha gélida pues la maquinola nos limpia el dinero sin la contraprestación del agua caliente.
      Luego damos una vuelta por el pueblo que poco tiene que ofrecer y volvemos a nuestro campamento  para comer, tarea en la que se nos hacen las dos y hay que ahuecar el ala de Tach.

Jungfrau desde Kleine Scheidegg. 3-8-92.

            Nos despedimos del valle tras pasar junto al enorme desprendimiento de la ladera izquierda del valle acaecida hará un par de años y pasando Visp nos vamos hacia Brig avanzando junto al Rhone. La ciudad es un infame nudo de comunicaciones más complicado si cabe con el Túnel del Simplón.
            Luego viene Gletsch pasando por la Estación  del Tren Alternativo al Furkapass y nos vamos al Grimselpass ambas carreteras se cierran una buena parte del año debido a la altitud. La carretera es buena pero sube salvajemente a base de vueltas de 180 grados poniendo en prueba al coche.
       Coronado el puerto descendemos brutalmente por una carretera que festonea los dos Lagos Artificiales de Grimsel en los que vierte sus aguas el Glaciar de Aar, pintados de un verde pálido esmeralda en un marco de granito incomparable.
           Pasado Interkirchen, contorneamos el Lago Brienz por el sur utilizando unos cuantos túneles y ni siquiera tenemos que entrar en Interlaken, una carretera nos saca hacia Grindelwald a la que llegaremos sobre las seis de la tarde aunque parezcan las nueve pues la tarde amenaza.
          Se trata de un pueblo grande situado a 1034 metros de altitud y en la parte baja está la estación del ferrocarril donde aparcamos.
           El primer tren de la mañana para el Jungfraujoch  sale a las siete y dieciocho como ya sabíamos, además hay un forfait de ida y vuelta por 77 francos que es un “regalo” condicionado a realizar el regreso antes de las 12 horas pero no dice de qué día. Hay un aparcamiento al otro lado del río que es libre pero no dejan aparcar por la noche.
         Hemos de buscar información meteorológica y campamento. Nos vamos hacia el centro del pueblo y se echa a llover. Las ciudades suizas con muchas calles y pocas casas son delicados laberintos que hay que tomar con paciencia.
            Nos dicen que la Oficina de Turismo está cerrada y hasta mañana a las ocho…  Con el coche nos vamos a la parte alta del pueblo ya que por abajo no hemos visto nada. Salimos del pueblo y en el aparcamiento de un restaurante del que parte la gente para ver el Glaciar Superior de Grindelwald, junto a una autocaravana en la que están cenando, haremos lo propio con discreción aprovechando que ahora no llueve.
            Después de cenar tomamos una pista corta que conduce a un promontorio en el que suponemos habrá terreno escurrido en medio de tanta humedad y localizo una cabaña de madera en reconstrucción en la que con las tablas podremos hacer literas y pasar la noche a cubierto sin montar las tiendas. Una vez más pienso que mi buen olfato nos ha salvado.

Detalle de la Eigerband en una parada del Tren Cremallera a Jungfraujoch. 3-8-92.

          Cerca de nosotros termina el Oberer  Grindelwaldgletscher en medio de dos paredones ingrávidos y verticales, son el Weterhorn y el Mettemberg y allá arriba perdido tiene que estar el Refugio Gleckstein en medio de un panorama absolutamente espectacular. Pero llega la noche y con los sacos y las linternas nos vamos a nuestro cobijo ya que la pista está prohibida para coches.
            Iluminados con las linternas improvisamos dos entarimados con unas preciosas tablas que tienen para la reconstrucción. Nos ofrecen una considerable comodidad sobre todo desde la moral que da una noche en seco, a cubierto y contemplando el parte meteorológico por el hueco de una ventana: una maravillosa carpa de estrellas.
            Nos da la salida de la carrera del lunes 3 de Agosto de 1992 los 20 dobles toques de mi casio a las seis de la mañana. Juan y Rosa se suben al coche mientras yo recojo sacos y arreglo las tablas dejando la cabaña como estaba.
         Desayunamos y a las siete menos cuarto nos vamos para abajo, aparcamos donde habíamos previsto y sacamos los forfaits, un regalo por 5400 pesetas comparado con lo que esperábamos pagar por el trenecito.
         Puntuales como relojes suizos partimos para arriba un par de trenes, calculo que seremos alrededor de 500 viajeros. Salimos del valle primero al sudoeste para continuar al sudeste. Paramos en Brandegg y luego en Alpiglen para llegar a Klein Scheidegg a 2061 metros de altitud.
        Cambiamos de tren y también de pendiente pues a partir de ahora subiremos a destajo para incorporarnos a la Cara Norte del Eiger. Una espléndida mañana nos permite contemplar un sensacional paisaje alpestre de primera magnitud que incluye la norte de los picos a los que vamos e incluye la mítica, temida y legendaria Norte del Eiger y las fastuosas obras del ferrocarril.



De Jungfraujoch a Conkordiaplatz. 3-8-92.

            Una cuarta parada en la base del Eigergletscher a 2320 metros de altitud nos precipita al interior del Eiger. Nos vamos a tirar casi una hora en el túnel en el que hay previstas un par de paradas para el turista: la primera sobre la Eigerwand a 2865 metros de altitud y la segunda en Esismeer a 3160 metros. Salimos en las dos. Unos grandes ventanales al final de las galerías permiten contemplar la Cara Norte del Eiger y los artilugios  que facilitan los rescates  del primer tramo de ascensión y del Glaciar Superior del Eiger.
         Lo que vemos no es particularmente difícil pero algo más tendrá unido a la calamitosa climatología y a la extraordinaria longitud de la pared que imposibilita los rescates a partir de cierta altura lo que le ha conferido el incuestionable carácter de “ogro.”
        A las nueve menos diez paramos en la Estación Término de Jungfraujoch a 3454 metros de altitud bajo la mole de la Esfinje de 3569 metros  en cuya parte superior hay un Observatorio Astronómico.
         Con las mochilas al hombreo y a través de un laberinto de pasillos acartelados veremos las terrazas de un par de restaurantes y algunas cosas más mientras buscamos la Salida del Túnel de la Esfinge que alcanzamos un cuarto de hora después.
            Son las nueve y cinco cuando salimos al sol de la mañana en la Cabecera del Glaciar de Aletsch. Una rápida ojeada nos facilita la situación y sin más pérdida de tiempo nos lanzamos a la nieve todavía dura a estas horas de la mañana, en busca de una huella que atraviesa el Jungfraufirm en dirección sudoeste, perdiendo algo de altura y no por nuestro gusto, lo que carga un poco más la decisión tomada: hacer hoy el pico largo pues disponemos de todo el día  aunque empecemos a una hora pésima y dejar para el día siguiente el corto que nos permitirá emprender el regreso  ya a media mañana.
          Vamos cuesta abajo al trote y Rosa no muy a gusto gruñe como una jabalina. Paramos a ponernos los crampones pues la chica patina mientras pienso que así querría yo la nieve para todo el día.

El Rottalsattel y la Pared Cimera de Jungfrau. 3-8-92.

            Poco después tocamos fondo y nos vamos en busca del Espolón Este-noroeste del Rottalhorn ya que, a estas alturas de la temporada, las grietas están muy abiertas. Adelantamos a la cordada que nos ha adelantado previamente, superamos la rimaya del espolón que se está poniendo complicada y nos incorporamos al espolón y a la pendiente. Nos encordamos pues los puentes de nieve deben estar ya algo maduros.
            Rosa ve al rato una laja limpia de nieve, se le hacen los ojos una auténtica fiesta y nos dice que no puede más y que se queda. Juan sonríe beatíficamente atragantado con la increíble bola y, claro está, yo solidariamente le digo que también me quedo. De esta rápida y limpia manera abortamos tan pobre intento de deserción y ganamos la parte superior del espolón en dirección sur.
            Un fuerte repecho sobre terreno seguro bajo el Rottalhorn nos hace ganar altura hasta alcanzar la pared sur. Allí hay que iniciar obligatoriamente una peligrosa travesía al oeste bajo las cornisas que penden de la Cresta que une el Rottalhorn con el Rottalsattel.
            Atravesamos, siguiendo la huella bastante llana los restos de pequeños aludes, todavía seguros a estas horas, hasta alcanzar la base del corredor.
            Cruzamos la rimaya y por fuerte pendiente ahoyada divinamente  alcanzamos el Rottalsattel a 3885 metros de altitud con lo que abandonamos la zona de riesgo de aludes y nos disponemos a afrontar lo que esperamos sea un fácil Nevero Somital en la Cara Este de la Jungfrau.


En la Cima de Jungfrau con nieblas. 3-8-92.

              Tan pronto como salimos del fondo del abrigado collado recibimos el azote del viento y somos vigilados por las nieblas que están agazapadas en la cara sudeste defendiendo el casquete somital del pico.
              Ese viento es el que ha convertido la nieve expuesta en hielo y que nos va a dar faena durante un buen rato.
            Tomamos unas barras rocosas que afloran sobre la nieve helada y que nos permiten progresar con relativa facilidad pero siempre con cuidado. El viento azota inclemente y resulta además molesto y frío, suerte de que como la pendiente es muy fuerte y estamos metidos en la harina de la cima, nos importa poco.
            De barra en barra, buscándonos la vida como mejor podemos, nos vamos para arriba haciendo alguna que otra travesía y ganamos altura en una pared que se hace larga en medio de un ambiente amenazador. Son 250 metros de desnivel que se hacen largos a pesar de la variedad de técnicas y recursos que empleamos.
            Una travesía  a la derecha nos saca del azote directo del viento pues la cresta sudeste se acaba. La nieve dura se ablanda desapareciendo sobre el espolón rocoso terminal y se hace la luz de entre las tinieblas que amenazadoras hemos dejado atrás.

El Monch desde la Cima de Junffrau.

            Son las doce menos cinco cuando alcanzamos la Cima de la Jungfrau a 4158 metros de altitud. Hemos empleado dos horas y cincuenta minutos en la ascensión.
            Nos desencordamos y nos ponemos por primera vez los anoraks en una cima, la nevera de la niebla va y viene a su antojo.
            Hacemos una foto sin paisaje  pues el día no está ni para delicadas ni dilatadas contemplaciones y a duras penas podemos ver al Eiger entre nieblas. Comemos un poco, echamos un trago y charlamos pues hay tiempo. Mientras y mentalmente me voy despidiendo de los Alpes, mañana será todo muy rápido.

El Rottalsattle desde la Pared Cimera de Jungfrau. 3-8-17.

            Llegan los dos que hemos adelantado, uno de ellos con una cara de lata horrorosa y charlamos sobre todo con el alemán que ha estado en el Aneto y en el Teide.
            Como hemos pisado nieve de todas las raleas incluso blandísima los pies mojados se enfrían y creyendo que el asunto de las nieblas parece que va para largo y llevamos tres cuartos de hora en la cima, nos vamos para abajo.
            Descendemos con más cuidado asegurando con la cuerda pero sin utilizar las grandes clavijas instaladas en esta parte de la pared. Nos cruzamos con otra cordada que sube ahora que parece que el tiempo mejora, el viento comienza a amainar y las nieblas quieren disiparse. Montamos algún numerito de salón con mi esposa empeñada en bajar con el culo arrastro pero alcanzamos el Rottalsattel sin más percance.

Desde Jungfraujoch, la Jungfrau, Wengenjungfrau y la Esfinge. 3-8-17.

            Salimos del viento y del hielo y entramos en el calor y en la nieve blanda. Bajamos el vertical y amplio corredor bajo el Rottalsattel y atravesamos a la carrera la zona expuesta a los derrumbes de las cornisas de la cresta hundiéndonos, tambaleándonos cayendo y levantándonos  como si fuéramos una reata de perros polares  tirando de un trineo cargado de riesgo. Un riesgo aumentado si cabe por las vibraciones producidas por las repetidas pasadas de un helicóptero que lleva a turistas de más pasta que pata.
        Sudorosos y fatigados salimos del trance y ya cómodamente continuamos para abajo. Nos quitamos ropa cargando con ello las mochilas y sobre nieve blanda atravesamos las grietas de la mañana y proseguimos siguiendo la huella al encuentro del fondo de la cabecera del glaciar sobre los 3250 metros de altitud.
            Hace calor y el sol campa por todo lo alto, las nieblas y el viento han desaparecido y no queda otro remedio que poner la marcha de resistencia y remontar al encuentro de la Salida del Túnel de la Esfinge.

Llegando al Refugio de Monchjoch. 3-8-92.

            Con resignado esfuerzo nos acercamos al mogollón de los turistas que han subido en el tren y deambulan sobre la nieve blanda, esquían con un telearrastre de juguete a un módico precio o contemplan las evoluciones del helicóptero.
            Son las tres de la tarde, abrasados por el sol debemos ser la atracción del personal.   Bebemos mientras contemplamos la Arista Suroeste de la Jungfrau con el Observatorio de la Esfinge y el Wengen Jungfrau  en primer plano.
            No se está mal descansando pero tenemos prisa pues no sabemos todavía donde está el refugio. Hacemos una foto y por una pista hecha por los pisanieves nos vamos para arriba pasando bajo la Sur del Monch. Allá arriba, al oeste imaginamos el Collado y el Refugio del Monchjoch hacia el que caminamos lentamente.
            Son las cuatro de la tarde cuando ascendemos la rampa terrosa del Refugio del Monchjoch amparado en el Espolón Oeste del Monch a 3650 metros de altitud y contemplamos el collado del que ahora se está marchando el sol.

Croquis de Jungfrau. Vía en amarillo.

            Estamos a cubierto de una jornada que a pesar de haberla comenzado tardísimo la hemos aprovechado  subiendo 1308 metros y bajando 1133 metros de desnivel. Alguna razón tendrá Rosa cuando se queja pero no será cuestión de hacerle caso por si las moscas.

Para ver la Continuación.