3 jun 2012

34c-12. LA JUNQUERA-CABO DE CREUS. ETAPA 3 DE CALA TABALLERA AL CABO DE CREUS. 3-6-2012..

Cala Taballera.

Cala Taballera, Más de Rabasens, Carretera y faro del Cabo de Creus.
03-06-2012.
Salida 06:30 h. Llegada 09 h.
Desnivel ascendido 150 m.
Desnivel descendido
Distancia recorrida7000 m.
Tiempo efectivo 02:30 h.
Nublado.
Es un recorrido de aproximadamente la mitad de una etapa del GR11 que se podría haber añadido a la etapa anterior. El final del GR11 por su parte este, o el principio, según en qué sentido se haga.
No hay agua en este recorrido con la excepción del Restaurante del Cabo de Creus.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre. 
 
Mapa de Cala Taballera al Cabo de Creus procedente de Prames. Vía en amarillo.
 
            Bajo el pinar de Cala Taballera pasamos una noche cómoda y cálida que se nos va en un suspiro y nos despertamos pronto. Mentalmente sabemos que nos espera una jornada corta de camino pero impredecible para recuperar nuestra furgoneta. Son las cinco y media de la mañana cuando comenzamos el 3 de Junio de 2012, está amaneciendo en la cala.

 
            Recogemos, desayunamos tranquilamente, enmochilamos nuestras cosas y nos acercamos hasta la orilla del mar: la cala está preciosa sumida en las luces del amanecer.

            Comprobamos que las medusas han desaparecido y llegándonos a la orilla este, tomamos el caminillo que vimos ayer. Son las seis y media de la mañana.

 
            Algunos hitos de piedras jalonan el camino que tiene borradas las balizas del antiguo GR11 que pasaba por Cala Taballera, pero probablemente con la declaración de Espacio Protegido se marca por el interior alejando a los senderistas de la cala.

 
            Localizamos algunas balizas deficientemente borradas y nos vamos elevando hacia el este para continuar llaneando a la vez que nos vamos alejando de la costa con un camino amplio aunque no demasiado transitado.

Encontramos el GR11. actual.
 
            Sabemos que hay que buscar la siguiente riera situada al este de donde nos encontramos y previamente a bajar al fondo de la misma, alcanzar el trazado actual del GR. para proseguir camino, cosa que así sucederá en un rellano herboso cercano al Mas de la Birba.

Mas Rabasens.

 
 
            Siempre caminando hacia el sol que hoy se trasluce sobre una capa de nubosidad de escaso desarrollo alcanzamos el Mas de Rabasens, transitamos algunas zonas húmedas y atravesamos pequeñas depresiones en busca de la Carretera que viene desde Cadaqués al Faro del Cabo de Creus que ya hemos visto en la distancia.

Tojo.
 
 
Aparece el Cabo de Creus.
 
            Alcanzada la carretera, el camino sigue paralelo y ligeramente al sur de la misma en un continuo sube y baja que a mí me parece una  pérdida de tiempo, hasta que finalmente se incorpora a la misma en la depresión existente entre Cala Colip al norte y Cala Bona al sur.


Senecio marítima.
 
            Luego la carretera asciende ligeramente hasta alcanzar un pequeño aparcamiento de vehículos desde el que un caminillo artificial asciende por el sur hasta alcanzar el emplazamiento del Faro del Cabo de Creus a 78 metros de altitud. Son las nueve de la mañana.


Cala Colip.
 
            Hemos terminado el camino del día: 7 kilómetros con un desnivel de alrededor de 150 metros tras caminar dos horas y media.

Isla Encalladora.

Cala Bona y Cadaqués al fondo.
 
            Al norte, este y sur tenemos el mar con las neblinas del día de entre las que emerge débilmente Cadaqués. Hacemos algunas fotos, deambulamos por los alrededores brevemente y nos llegamos hasta el aparcamiento alto para sentarnos a almorzar y a controlar el movimiento de vehículos prácticamente inexistente.

Roquedo del Cabo de Creus.

Gaviota.
 
            Hay pocos coches aparcados como suponíamos y llega alguno. Sabemos que no es el mejor momento para que los coches vayan para abajo y no hay transporte público.

            Alrededor de las diez de la mañana, una pareja de franceses marcha y me bajan. Mi chica se queda, es un coche pequeño y ni siquiera hemos intentado bajar los dos.

            No hablan nada de Español y con mi pobrísimo francés nos entendemos lo justo para pasar el rato.

            A la entrada a Cadaqués me dejan y tras caminar en ascenso unos metros por la Carretera a Figueras me pongo a hacer autoestop.

            Hay tránsito en ambas direcciones y media hora más tarde me para un francés que va a Francia, tampoco habla Español pero me va de cine pues me deja en la Junquera  a 200 metros de la furgoneta.

            Son las once y quiere gotear cuando me meto en la furgo. Enseguida me llama Rosa y me dice que está en Cadaqués, hay una carrera en montaña de descenso del Faro a Cadaqués y una chica la ha bajado.

            Alrededor de las doce estoy de vuelta en Cadaqués dando por concluida la tediosa e impredecible tarea que conllevan las travesías no circulares y que consiste en retornar al lugar de partida. En esta ocasión ha resultado más fácil de lo previsto y para lo que habíamos dispuesto de casi toda la jornada aunque nos traiga a la memoria la vuelta desde Le Tour hasta Grenoble del 2005.

            En poco más de dos días hemos comprimido tres jornadas y media del GR11. Han sido 63 kilómetros recorridos en alrededor de 20 hora efectivas de camino con un desnivel acumulado de 2750 metros. Nos ha servido para comprobar que el GR11. tiene algo más que la montaña que conocíamos y no ha resultado ni tan tedioso ni tan nefasto como suponíamos a priori. Por lo demás, la exigencia del camino es personal dependiendo tanto del trazado como de los objetivos. Algunos nunca vamos de paseo al monte y, consecuentemente, la soba suele estar asegurada y en esta ocasión no ha sido ninguna excepción.

            Luego nos bajaremos a Rosas: ducha, comida y chaparrón que nos arruinará la tarde tanto allí como en Aiguablava; y como la tarde no acompaña, hacemos carretera hacia Barcelona donde nos espera nuestra hija Biola que ha venido de Cambridge para pasar un par de días en la playa aprovechando la fiesta con motivo de los fastos de la Reina Isabel IIª.

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2 jun 2012

34b-12. LA JUNQUERA-CABO DE CREUS. ETAPA 2. DE VILAMANISCLE A CALA TABALLERA. 2-6-2012.


Comenzando la jornada en el Coll de la Serra donde hemos dormido.
 
Vilamaniscle, Col de la Serra, Ermita de San Silvestre, Collado de les Portes, Llançá, Coll Perer, San Pere de Rodes, Port de la Selva, San Baldiri y Cala Taballera.
02-06-2012.
Salida 06:30 h. Llegada 16:30 h.
Desnivel ascendido 850 m.
Desnivel descendido 700 m.
Distancia recorrida 22000 m.
Tiempo efectivo 07:00 h.
Sol
Fácil.
Se trata de una jornada muy asequible y sin problemas tanto para la reposición de agua como para la adquisición de alimentos.
Agua en Vilamaniscle, Llançá. En Cala Taballera no hay y consecuentemente habrá que contar con ello para acampar allí.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Vilamaniscle a Port de la Selva procedente de Prames. Vía en amarillo.

Mapa de Port de la Selva a Cala Taballera procedente de Prames. Vía en amarillo.

            Hemos tenido finalmente suerte con el lugar para plantar la tienda y la noche se nos pasa en un suspiro. Son las seis menos cuarto cuando estrenamos el 2 de Junio de 2012, en medio de una espléndida mañana recién nacida en la que tratamos de evaluar pequeñas molestias en hombros y pies.

            Hemos pasado tantas noches en una tienda de campaña que no notamos la falta de costumbre a pesar de que últimamente lo hacemos muy poco. Mientras mi chica prepara el desayuno yo desmonto y recojo. Luego desayunamos y enmochilamos nuestras pertenencias y a las seis y media, igual que ayer nos echamos al camino.

            La pista en dirección este, prácticamente llana, enseguida nos deposita en el Coll de la Serra situado a 260 metros de altitud donde nos recibe el sol y con ella nos vamos para debajo de inmediato y en dirección sudeste tras una potente lazada al norte.
 
Ermita de San Silvestre un lugar idílico para acampar.

            Recorremos un par de kilómetros de pista bastante llanos, rodeados de flores por todas partes y tomamos seguidamente un camino que enseguida nos deposita en la Riera Balleta  y en el rellano en el que se encuentra la Ermita de San Silvestre. Es un lugar estupendo para acampar pero será para otra ocasión.

 
Col de les Portes desde Llançá.
 
            Tenemos algunas dudas para salir hacia arriba ya que las marcas se dan una pequeña vuelta sobre el cauce de la riera, pero iniciamos el ascenso en dirección este y enseguida recuperamos las balizas que nos tienen que llevar al Coll de les Portes sobre una ladera recientemente abancalada y repoblada.

            Se trata de un corto y suave ascenso que como mejor vianda nos ofrece la vista de Llançá al llegar al collado. Desde allí, una pista se va hacia el este en suave descenso y con ella nos vamos para abajo.

Detalle de la flor de la chumbera.
 
            Por la caliginosa ladera, ya a estas horas, nos acercamos hasta las inmediaciones de una escombrera de respetables dimensiones y enseguida entramos en Llançá alcanzando la zona de la estación de autobuses en la que hay una amplia zona ajardinada con fuente.

            Casi son las ocho y media de la mañana, estamos a nivel del mar aunque un tanto distantes del mismo al sudoeste y al que no llegaremos. Echamos un trago, nos ponemos ropa para protegernos del sol y siguiendo las balizas rojiblancas tomamos una calle que se pierde a los pies de la sierra en dirección sudeste.


            Hay un camino que asciende por las inmediaciones de la riera en principio para luego cetear por un lomo en busca del Coll de Perer al que llegaremos tras superar un repecho interesante.

Adiós a Llançá.
 
            Hay una alternativa al GR11. que transita las inmediaciones de la costa y que  más directa y con menor desnivel conduce a Port de la Selva pero nosotros iremos a visitar San Pere de Rodas.

            El Coll de Perer está a 360 metros de altitud y el camino todavía prosigue en ascenso al sudoeste a la vez que nos ofrece bonitas vistas sobre la Marina de Llançá y una buena sombra bajo la que nos quedamos a almorzar. Son las nueve y media.

            Casi somos atropellados por un par de ciclistas y un rato después continuamos el ascenso hasta alcanzar la parte alta de la sierra, lugar donde iniciamos un tránsito prácticamente en horizontal por la cabecera de la misma en el que efectuaremos un arco primero al sur y luego al este, venciendo la tentación de atajar directamente hacia la Ermita de Santa Elena.

Desde el Coll Perer.

San  Pere de Rodas desde la Ermita de Santa Elena.
 
            La pista tontea muy llana pero finalmente nos acerca a las Ruinas de la ermita en las que se está llevando a cabo tareas de excavación, tras cruzar la carretera y el aparcamiento.

            Luego, por una pista encementada junto a la que hay un pequeño jardín botánico llaneamos hasta que alcanzamos el Monasterio de San Pere de Rodas situado a 500 metros de altitud. Van a ser las once de la mañana.


            No vamos a subir hasta el Castillo de San Salvador situado en las inmediaciones de Roda muy próximo a la cima, no tenemos ganas de remontar aproximadamente 200 metros para arriba.
 
Estepa negra de flores blancas.
 
            Localizamos la fuente que se encuentra discreta al norte del monasterio, cogemos un poco de agua algo más fresca que la que llevamos y proseguimos de llano en dirección este al encuentro de la carretera que baja a Port de la Selva hasta alcanzar el aparcamiento de los coches.

            Tomamos un camino que no me convence y tenemos que desandar un poco para encontrar el correcto que en dirección nordeste inicia un descenso directo hacia Port de la Selva atajando repetidamente las revueltas de la carretera.
 
Dolmen de Corredor de Mores Altes.

            El camino desciende continua y consistentemente, hace calor sin una sombra en los alrededores y los pies nos duelen a dúo; así que, el camino se nos hace largo sin serlo. Agradecemos la llegada a las primeras casas de Port de la Selva e inmediatamente a la parte oeste de la Playa de la Rivera que vamos a recorrer hacia el este. Son casi las doce y media.

Port de la Selva.
 
            Llegamos a la parte antigua del pueblo junto al puerto y en la oficina de turismo confirmamos alguna de nuestras informaciones. Seguidamente nos vamos hasta un pequeño espigón del puerto y nos sentamos  tranquilamente para pegar un buen remojón a nuestros pies mientras comemos bajo un sol débilmente cubierto que no molesta a la orilla del mar.

 
            Nos lo tomamos con calma ya que nuestros pies requieren un “tiempo” y en el agua están muchísimo mejor que encarcelados en el calzado.

            Hemos aplacado nuestra sed con unas cervezas con limón frescas, hemos comprado agua y se nos hacen las dos cuando nos ponemos de nuevo en marcha sabiendo que nos queda un esfuerzo relativamente corto.
 

            Recorriendo la línea de la costa en dirección norte vamos contemplando las zonas de baño a la vez que rodeamos la Punta de la Cruz en dirección a Cala Tamariu.
 
Cala Tamariu.
 
            En suave ascenso y por las calles de una urbanización costera nos alejamos del agua hasta alcanzar la parte alta del promontorio desde la que volvemos a contemplar la zona del pueblo que hemos transitado. Allí nos orientamos al sudeste para pasar muy altos sobre la cabecera de la Cala Tamariu y proseguir en suave ascenso que a nosotros se nos hace pesado.

            La carretera se ha convertido en pista la recorremos solamente con el deseo de que deje de subir e iniciamos lo que suponemos será el descenso a Cala Taballera.

            La pista finalmente inicia el descenso en media de una zona ganadera pero alcanzar las Ruinas de San Baldiri  se nos hace eterno.

Ruinas de San Baldiri.
 
            Nos cruzamos con un trío que va de travesía en sentido contrario al nuestro y serán a la postre los primeros y los únicos con los que nos encontremos en toda la travesía. Parece ser que el personal no hace mucho esta parte del GR11.
 
            En San Baldiri hemos iniciado un sube y baja que nos lleva a un cruce muy señalizado: al este el GR. continúa al Cabo de Creus y al norte la pista conduce a Cala Taballera, de lo que se deduce que el GR. ya no pasa por la cala.

            Nosotros queremos ir a Cala Taballera y marchamos al norte, ya volveremos mañana o ya se verá. Una familia con niña a la espalda nos dice que hay un rato todavía.

            Llaneamos para alcanzar el Mas Paltré y a buen paso nos acercamos hacia la costa hasta alcanzar un pequeño aparcamiento donde termina la pista. La cala está 100 metros más abajo.

            Hemos dejado atrás las balizas y en la ladera que se incorpora a una pequeña riera hay algunos tramos de camino muy poco definidos y algún hito. Nos vamos para abajo y alcanzada la riera con restos de humedad nos llegamos  al rellano donde se encuentra  la Cala Taballera y donde se asienta un bonito pinar.

            Son las cuatro y media de la tarde cuando atravesamos el pinar y llegamos a una zona de fina hierba, por detrás de la arena de la playa.

 
            Soltamos las mochilas, nos ponemos el bañador y nos vamos a dar un chapuzón. El agua está fresquita, la playa es de piedras desgastadas con muy poca arena y la orilla está llena de medusas así que nos damos un baño corto pero suficientemente refrescante.

            Salimos del agua y nos vamos a las mochilas para poner a secar nuestras sudadas ropas al sol que se quiere esconder al oeste de los pinos, cuando somos gentilmente invitados a compartir la mesa de un grupo de amigos pescadores de Llançá que han venido a pasar el día con sus familias y sus barcas, como vienen haciéndolo casi desde tiempo inmemorial.

            Somos acogidos como si fuéramos conocidos de toda la vida. La caldereta de  raya con patatas está exquisita, comemos y bebemos cuanto nos apetece pues somos porfiados a hacerlo insistentemente. Pasamos una tarde estupenda hasta que sobre las ocho inician la vuelta en sus barcas a Llançá.

 
            Nos despedimos desde la orilla mientras en nuestras mentes se ha hecho sitio esa preciosa frase de Lluis Llach que dice algo así como: “Que tinguem sort y que la vida ens dongui un camí bien llarc”  La buena gente no es patrimonio de ningún lugar.

Cala Taballera.


            Recorremos la pequeña y delicada cala y luego buscamos un lugar discreto entre los pinos para plantar la tienda pues no está permitido. Alrededor de las nueve y media, nos hemos hecho un vaso de café con leche puesto que entre la caldereta y los demás etcéteras han saciado nuestro apetito, nos ponemos horizontales. Ha sido una jornada con 22 kilómetros, hemos subido 850 metros y bajado 700 caminando efectivamente durante 7 horas.
 
  
 
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1 jun 2012

34a-12. LA JUNQUERA-CABO DE CREUS. ETAPA 1 DE LA JUNQUERA A VILAMANISCLE. 1-6-2012.

Castillo de Requesens desde el este.

La Junquera, Fuente de la Saula, Puig Falguers, Requesens, Riera de Mirapols, Coll de Llusarda, Els Vilars, Fuente Cadecas, Mas de Pils, Coll de Plaja, Sanquirce de Colera y Vilamaniscle.
1-6-2012.
Salida 06:30 h. Llegada 18:30 h.
Desnivel ascendido 1800 m.
Desnivel descendido1650 m.
Distancia recorrida 34000 m.
Tiempo efectivo 09:00 h.
Sol.
Fácil.
Se trata de un recorrido que engloba etapa y media de la GR11 y consecuentemente se hace duro con el calor además del desnivel acumulado que es considerable.
Agua segura en La Junquera, Requesens y Vilamaniscle. Las Fuentes de la Saula y Cadecas me da la impresión de que deben secarse con el avance de la temporada. En Els Vilars hay casas habitadas y… También en el Mesón de San Quirce de Colera.
 Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de la Junquera a Requesens procedente de Prames. Vía en amarillo.

Mapa de requesens a Vilamaniscle procedente de Prames. Vía en amarillo.
 
             Fue allá por el 85 cuando iniciamos el recorrido de la GR11 con una cierta intención de caminar el Pirineo de mar a mar pero, desde luego, jamás pasó por nuestra cabeza el hacerlo de tacada, iríamos haciendo tramos más o menos largos y a nuestra manera.

            En un par de oportunidades completaríamos prácticamente el tramo oscense que nos venía al menos próximo y cómodo. Tiempo después haríamos un tramo del Pirineo Navarro y también hacia el este recorreríamos el Pirineo de Lérida y parte del de Gerona; en total de Rocesvalles a Camprodón.

            Nos quedaba, por tanto, recorrer los extremos y en ello estábamos cuando programamos acabar el tramo este. Luego las circunstancias dictarían su sentencia y el recorrido quedó fijado entre La Junquera y el Cabo de Creus con lo cual aparcábamos, de momento, las etapas de Molló a la Junquera.

            Las malas comunicaciones que suele haber transversalmente en el Pirineo son de sobra conocidas al igual que las consecuencias que conllevan de cara a la realización de este tipo de travesías cuando no son la causa de que el personal huya de ellas. En Alpes sucede lo mismo, también lo sabemos porque las hemos sufrido.

            Pero a pesar de todo, aquello que no te mata te hace más fuerte, estamos en ello y dispuestos para hacer todo lo necesario.

            Hay que echar toda la tarde del jueves 31 de Mayo de 2012 pues la pasamos en la carretera, incluidos 150 kilómetros de obras en la C25. Bueno, podemos con todas ellas y a las ocho y media de la tarde nuestro ton-ton nos deja en la Calle Roselló de la Junquera y no de Gerona que también la hay.

            Localizamos las balizas rojiblancas en un extremo de la misma y misión cumplida, mañana comenzaremos.

            Cenamos y dormimos en la furgoneta y el 1 de Junio llega a las seis menos cuarto de la mañana. Desayunamos, sacamos las mochilas y cerrando la furgo nos echamos al camino, son las seis y media de la mañana. Estamos a 110 metros de altitud.

            Vamos a caminar de oeste a este con el sol en los ojos y el contraluz en las fotos y lo hacemos a la sombra y en dirección este. La calle se convierte en camino ascendente  que nosotros pretendemos recorrer sin perder de vista las balizas pues sabemos de los inconvenientes que procura la pérdida de las mismas más en un terreno absolutamente desconocido y en una etapa que hemos programado larga.

            Es nuestro primer contacto con el Bosque Mediterráneo nacido del granito del Parque Natural de la Albera. Un granito muy meteorizado que cubre los caminos de arenilla.

            En suave ascenso, nos espera arriba el Puig Falguers, vamos girando al nordeste a la vez que comprobamos la presencia de balizas rojiblancas que nos acompañarán en toda la travesía. El sinuoso camino enseguida nos presenta su capa vegetal compuesta fundamentalmente de alcornoques, tojos y genistas en flor.

 
            Entre trozos de pista en pésimo estado y caminillos alcanzamos la Fuente de la Saula de la que mana agua en medio de un merendero con bastante basura y desde el que vemos fugazmente la Ermita de Santa Lucía a la que no llegaremos puesto que unas escaleras nos sacan hacia el norte.

 
            Luego, un tramo de camino que difícilmente se abre paso en medio de la vegetación nos lleva hacia arriba y salimos al sol hasta que, a través de un tramo de monte desbrozado alcanzamos la cima del Puig Falguers situado a 778 metros de altitud. Es el punto más elevado de la travesía que acabamos de empezar.

 
            Son las ocho y cuarto cuando cambiamos de ladera y entramos en terreno metamórfico y aclarado que nos lleva a unos pequeños rellanos herbosos en las inmediaciones de un collado al  que llega la Pista de Requesens.

 
            Pista abajo nos vamos suave y largamente por un firme pizarroso y en perfecto estado que me recuerda a la del Ibón de las Saleras contorneando todos los barranquillos de la Sierra de las Canals y agradeciendo los tramos sombreados por orientación.

 
            Serán alrededor de 4 kilómetros los que nos depositan en Requesens, un  lugar prácticamente abandonado  que cuenta con unas viejas instalaciones ganaderas y un mesón que está cerrado. Estamos a 500 metros de altitud y son las nueve y media de la mañana.

            Sabemos que hay agua, vemos un depósito de hormigón, unas conducciones y en la pared del mesón localizo un grifo con agua.

 
            Almorzamos bajo un viejo alcornoque mientras que llega la mesonera que nos indicará la fuente situada al sudoeste y nos confirma la dudosa existencia de agua hasta Vilamaniscle, descartada la Fuente del Ferro que encontraremos inmediatamente al continuar el camino ya que se trata de aguas ferruginosas.

 
            Media hora más tarde proseguimos camino en descenso suave  contorneando una serie  de rieras por las que baja agua y que en dirección este nos permite contemplar la espléndida estampa del Castillo de Requesens.

 
 
            El camino desciende hasta alcanzar un nuevo barranco o riera y a través de un bosque  bastante cerrado se eleva poco a poco por la derecha del barranco en busca de la cabecera de la sierra en el Collado de la Dona Morta para orientarse al sur en busca del Collado de Llusarda, de nuevo a 700 metros de altitud desde el que creemos localizar el Canigó y al fondo, al este el Golfo de Rosas en medio de una neblina que malogra el paisaje distante.

            Luego el camino se va para abajo en dirección sur alcanzando una pista que seguiremos para abajo.

            Visitamos el precioso Dolmen de Corredor del Roure próximo a la fuente que no localizaremos y proseguimos para abajo desoyendo las repetidas indicaciones de la presencia más o menos próxima de diversos monumento megalíticos y otra fuente en la que localizamos una mesa con bancos.

            Luego llaneamos sobre un a reseca pista que se alarga entre el calor del mediodía y que termina por depositarnos en Els Vilars una pequeña aldea en medio de la reseca ladera.

            Son las dos menos cuarto y entre cansados y acalorados nos detenemos a la sombra y nos sentamos a comer, a descansar y a beber: hace calor y llevamos abundante agua, incluso para la contingencia de no llegar a Vilamaniscle, aunque está como un meado.

            Media hora después hay que sobreponerse a la pesadez de la jornada y proseguir el camino. Lo hacemos hasta alcanzar una riera por la que discurre perezosa el agua.
 

            El camino llanea por la orilla derecha de la misma hasta que alcanza una pista en una revuelta en la que está la Fuente Cadecas.

            Unos metros más adelante atravesamos una riera con gente remojándose e inmediatamente encontramos una carretera por la que  avanzamos en persistente y suave ascenso, a lo largo de unos 5 kilómetros hasta alcanzar las inmediaciones del Mas de Pils.


 
            Allí abandonamos la carretera con ganas y con calor, minados por los esfuerzos de la jornada y nos vamos por una pista a nuestra derecha para cruzar una riera por la que baja agua y allí nos detenemos para remojarnos los pies que nos abrasan.

            Van a ser las cuatro de la tarde cuando arrancamos esperando que el remojón obre algún milagro. Hay ganado en las inmediaciones y ganado en la pista que transitamos hacia el Coll de Plaja; pero nosotros, al llegar al pie de la sierra, tomamos el camino que ataja el recorrido de la pista, pasamos por una fuente en la que tenemos que disputar el agua a las vacas y en fuerte ascenso nos vamos al encuentro de la brisa que denuncia la presencia del collado. Son las cuatro y veinte.

 
            Recorremos el tramo superior de la pista en el Coll de Plaja y al instante nos echamos para abajo por la misma que baja casi al sur.

 
 
            A medio descenso abandonamos la pista por el camino que ataja una enorme lazada y baja directamente hasta el rellano en el que se encuentra el Convento de San Quirce de Colera al que llegamos a las cinco de la tarde sentándonos a descansar frente a la sombra de la ermita mientras contemplamos el convento en restauración.

 
            Sabemos que nos quedan alrededor de 6 kilómetros y van a ser en dirección sur por una carretera llena de pasos canadienses que haremos bajo un solazo de justicia. Nos molestan pos pies y a mí los cuádriceps femorales me pellizcan descaradamente a cada paso.

            Se hace largo llegar al desvío a Rabós y pesado el casi imperceptible repecho que en dirección sudeste, nos ofrece la carretera hasta que nos enseña nuestro punto final.

Preciosa jara que nos alegra un poco la tarde.
 
            En la parte baja del pueblo hay unas huertas que nos pueden ofrecer algún lugar para plantar la tienda y a la entrada del pueblo una fuente. Estamos en Vilamaniscle a 155 metros de altitud. Son las seis y media de la tarde.

            Por la mañana le había dicho a mi chica que se olvidara del mundo negativo que le ofrecía su cerebro y que pusiera su imaginación en las seis de la tarde, o lo que es lo mismo, que dejara que gobernara el camino el piloto automático.

            Han sido alrededor de 34 kilómetros, hemos movido un desnivel de alrededor de 1800 metros subidos y 1650 metros bajados en nueve horas efectivas de camino.

            En la tienda-bar del pueblo nos tomamos la cerveza con limón más a gusto de nuestras vidas mientras recordamos la jornada.

            Media hora después volvemos a la fuente que está en un  lugar discretillo, nos pegamos un cuidadoso remojón y nos hacemos la cena a la sombra de los árboles de la misma, muy tranquilos y relajados.

            Alrededor de las ocho enmochilamos de nuevo y nos vamos para arriba. Mi chica prefiere buscar un lugar camino adelante ya que llevamos toda el agua que queremos.

            No será tarea fácil encontrar un buen lugar de camino al Coll de la Serra en un paraje tan reseco como este. La calle se convierte en pista que asciende al nordeste y buscamos infructuosamente lugares decentes hasta que alcanzamos un rellano desde el que ya se ve el collado, encontramos una mancha horizontal de arena en un ensanche amplio de la pista y allí, sobre los 250 metros de altitud, nos quedamos.

        Montamos la tienda mientras charlamos con un paseante y a las nueve y media liquidamos horizontales la primera jornada que nos ha parecido enorme. 

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