Aparcamiento de la Besurta, Refugio de la
Renclusa Glaciar de la Maladeta, Corredor del Collado de la Rimalla y Arista Oeste.
20-05-2026.
Salida 07:45 h. Llegada 16 h.
Sol.
Fácil.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.
Volvemos
de Menorca con los pies fastidiados y la meteorología poco propicia nos invita
a descansar y a ponernos al día en casa que también nos va a ir bien, pero mi
chica no deja de darle vueltas al asunto de Benasque pues no tiene todavía descontado
que este año no va a ser.
Pero
la meteorología se arregla un poco pues siempre que llueve para y aparecen un
par de días propicios y le digo de ir a Benasque y no se hable más. Juan tiene
compromisos familiares pero… iremos solos.
Será
al gusto de mi chica incluso desde el principio ya que ella prefiere ir el día
anterior y dormir en la Besurta sin problema de aparcamiento en caso de llegar
a las ocho de la mañana y tiene razón aunque en esta ocasión habrá gente pero
no problemas de aparcamiento.
De
esta forma el 19 por la tarde marchamos a buena hora, gotea cuando llegamos a
la Besurta sobre las ocho y media pasadas de la tarde, cenamos y nos
empiltramos en la furgo sobre las diez para
pasar una noche excelente y con una temperatura muy decente.
A
las siete menos cuarto del 20 de Mayo de 2026 estamos los dos despiertos y nos
levantamos con una temperatura de 5º centígrados a 1930 metros de altitud, lo
que esperábamos. Preparamos bártulos, desayunamos y a las ocho menos cuarto
comenzamos el porteo en busca de la nieve por el Camino de la Renclusa, no
subimos solos pero quizás el personal haya marchado antes mayoritariamente.
Ascendemos
al sur hasta que alcanzados los pinos vemos la nieve muy cortada salvo la
salida alta que es muy erguida para foquearla y continuamos el porteo que en esta ocasión prolongaremos como los
dos grupos de delante hasta alcanzar la Renclusa tres cuartos de hora largos
después.
Los
alrededores de la Renclusa a 2160 metros de altitud están pelados como no los
habíamos visto nunca, tanto que ni siquiera buscamos la trasera del refugio que
es por donde acostumbramos a proseguir sino que, con los demás, nos llegamos al
Barranco de la Maladeta. Algunos continúan porteando para subir por la zona del
barranco próximo a Paderna y nosotros calzamos los esquís e iniciamos el foqueo
orientados hacia el Pico de la Renclusa al objeto de alcanzar sin demasiados
cortes las fajas que conservan más nieve para entrar en el glaciar.
Tras
un primer resalte en el que uno pone cuchillas, nosotros pensamos que no van a
ser necesarias y nos vamos para arriba. No tendremos cortes pero hemos de hacer
algunos quiebros que no sabemos si recordaremos para la vuelta.
Con
un par de pasillos de nieve nos centramos un poco en el Glaciar de la Maladeta
y aparecen las conocidas palas amplias que en mediano ascenso nos permiten
ganar altura dejando abajo a la Renclusa.
Hay
gente por arriba que podemos seguir pero nosotros tratamos de ganar altura
siguiendo intermitentes huellas de nuestro gusto y buscando los declives más
amables hasta que sobre los 2300 metros quizás un poco pasados aparece nieve
reciente que oculta la vieja manchada y que permite foquear con un poco más de
comodidad ya que no está transformada. Otra cosa será como se deje girar en
descenso pero eso no está en nuestras manos.
Ganamos
altura un poco por medio como acostumbramos hasta que nos ponemos a la altura del Portillón
Inferior y comenzamos a ver el desvío de caminos hacia el Portillón Superior
con Maladeta. A la vez algunas nieblas sueltas que aparecían por las alturas
ganan consistencia y se quieren sentar en el glaciar empujados por el viento
del sur que ya se nota por aquí y con eso no contábamos.
Subimos bastante bien mientras comenzamos a pelear con el viento que empuja racheado y son las once menos cuarto cuando alcanzamos la divisoria de caminos situada sobre los 2900 metros de altitud.
Hay
un nicho de viento que protege un poco de las rachas y allí tomaremos un
cafetito caliente con una pasta pero se nos olvida beber, como siempre. Creo
que hemos subido bastante bien, será porque como hemos entrenado a nivel del
mar…
El
viento se pone pelín peleón para hacernos trabajar pero no es frío. Rosa, un
poco antes de la parada, se ha tenido que detener un par de veces para que no
la tirara pero a mí, poco más arriba me pillará con mal equilibrio y me tirará.
Será de las últimas rachas fuertes pues a partir de entonces amaina bastante y
las nubes se convierten en nieblas volanderas que saltan por encima de la
Arista de las Maladetas.
Sin
que nos resulte tan agobiante como la subida de hace un par de años que la
hicimos al día siguiente de hacer Mulleres, alcanzamos la base del Corredor del
Collado de la Rimaya situado a 2125
metros de altitud. Nos hemos cruzado con tres que ya bajaban y hay un par que
he dejado el material donde nosotros lo vamos a dejar. Son las once y media.
Ponemos
crampones, sacamos los piolets y marchamos a por el corredor que tiene un cono
de deyección con un tamaño nunca visto y vestido con nieve blanda labrada en
tierno. Rosa marcha delante mientras me enrollo con la atadura de un crampón.
La
alcanzo tras cruzarme con uno que baja y me pongo delante para elegir y
reafirmar huellas hasta la parte central que tiene algo de nieve dura pues
algún esquiador que lo ha derrapado ha despojado a ese tramo de la nieve blanda
que viste el corredor. La gente que ha
subido hoy, pocos, han hecho alguna comedia pues no ha advertido que en la zona
soleada de la izquierda del corredor hay una huella perfecta pero un poco
tapada que nos va a ir de maravillas, a
nosotros y a una chavala de acento suramericano que baja y se la dejamos
expedita.
Son
las doce cuando alcanzamos la Salida del Corredor al Collado de la Rimaya
situada a 3230 metros de altitud, Allí nos recibe el viento que está muy
modoso, nos orientamos al este e iniciamos el ascenso del casquete somital del
pico que en la parte alta tiene las rocas forradas de nieve ventada y helada
que me detengo para fotografiar.
A
las doce y cuarto alcanzamos la Cima de la Maladeta situada a 3312 metros de
altitud. Estamos solos, hacemos una foto de cima con algún problemilla,
contemplamos al Aneto vestido de nieve y nieblas y a la cresta del Medio señora
de la zona y un cuarto de hora después nos vamos para abajo tranquilamente.
Descendemos
el corredor de espaldas al valle como siempre siguiendo nuestro guion de hoy y
pasadas la una nos sentamos sobre los esquís para echar un bocado, beber todo
lo que nos apetezca que no es mucho y descansar lo que podamos pues para mí se
ha acabado lo bueno ya que llego aquí demasiado cansado de piernas.
Pasadas
la una y media, hemos recogido y nos montamos en los esquís iniciando el
descenso. La nieve alta no está mal pues no se clava como presuponíamos pero esquiamos algo sentados como siempre y
ya se sabe: mi chica se suelta y yo bajaré haciendo frecuentísimas paradas.
Tratando
de bajar por donde hemos subido incluyendo una incursión por el corredor
erguido entre los dos Portillones nos llegamos a la zona en la que desaparece
la nieve nueva y aparecen frecuentes cortes.
No
localizaremos el pasillo que hemos utilizado para subir y a cambio hemos de
descalzar un corte con una lengua de nieve corta y muy erguida para volver a
calzarnos los esquís y llegar al refugio por nuestro camino habitual de la
parte trasera del mismo que, escaso de nieve, no tiene todavía mas que la
limpia de alrededor del refugio. Son las tres menos cuarto pelín pasadas.
Mientras
Rosa coloca los esquís en su mochila yo me acerco al refugio para que me
confirmen el parte meteorológico para mañana que coincide con el que manejamos.
Un cuarto de hora después no nos molestamos en bajar la parte del tramo
superior que se puede esquiar con algún
cuidado y nos vamos de frente para abajo
con una nieve blanda que amortigua los pasos y hasta igual ganamos tiempo.
Pisando
al máximo la nieve de que disponemos y los tramos de hierba que salen al paso
pues resultan más cómodos que el granito, nos
llegamos a la furgo cuando van a ser las cuatro de la tarde liquidando
la Maladeta de mi Chica con sus 1400 metros de desnivel acumulado. Supongo que
será la última de esta temporada en la que hemos hecho 32 salidas con los
esquís que en un año tan rarito a mí me
parece que no ha estado mal.
Luego, en las
mesas del sombrajo junto al bar que está abierto y que vende cervezas como si
no hubiera mañana, vamos secando bártulos, echamos unas cervezas con picoteo,
charlamos con unos de Zaragoza con los que tendremos al fin conocidos comunes y
damos unas vueltas por los alrededores del aparcamiento, mientras perfilamos
nuestra actividad de mañana que será en el Salvaguardia, tan visible desde
aquí.
Sobre
las siete nos hacemos la cena que liquidamos religiosamente y alrededor de las
ocho, cuando se acaba de marchar el sol nos empiltramos. Había junto al
barranco una titi que andaba en bikini pero nosotros en la furgo tras
ajusticiar al mosquerío nos tendremos que quitar ropas pues hace un calor que a
duras penas mitigamos de esta forma. Y claro, a la una ya estamos despiertos
bebiendo agua pero no nos parece que estemos muy cansados.


