18 ago. 1990

9-90. LA TRADICION EN LOS INFIERNOS. ARNALES Y PONDIELLOS. 18-8-1990.

La Oeste de Arnales desde Pondiellos. 2-7-07.

Cima Infierno Oriental, Corredor Sur, Collado y Cima de Arnales, Collado de Saretas, Corredor Oeste, Cima de Pondiellos Ibones de Pondiellos, Collado de Pondiellos, Majada Baja, Ibones de Ordicuso y Balneario de Panticosa.
18-08-1990.
Salida 12:15 h. Llegada 12:45 h.
Sol.
Bastante fácil.
2 d.
Ascensión.

Rosa Mª. Martínez y Biola y Mariano Javierre.

Mapa de Arnales procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Mientras bajamos se la Cima del Infierno Oriental, la más baja de las tres cimas con 3076 metros, son las doce y cuarto del 18 de Agosto de 1990, especulamos con la vía de descenso entre el corredor con el riesgo de tirarnos piedras o que nos las tiren los que puedan transitar por encima o la vía próxima al corredor por la que asciende una serpiente multicolor de montañeros.
            Nos metemos directamente al corredor que bajamos con cuidado sumo con las piedras y con la máxima atención en los pasos más complicados ahora en descenso. Se nos lleva media hora sin ningún percance y ya en la entrada del corredor nos vamos hacia el este perdiendo la mínima altura posible en travesía por la pedrera descompuesta en busca del Collado de los Arnales más allá de la brecha que los separa de los Infiernos.

Arnales y Arnales Sur desde la Aguja de Arnales. 19-10-14.

            El ascenso a la misma es relativamente sencillo siguiendo las huellas y pronto alcanzamos la Cima del Pico Arnales con sus 3006 metros de altitud. Será el cuarto y último tresmil del día. Es la una y cuarto.
            Nos hacemos una foto y continuamos. La cresta es metamórfica, aérea y descompuesta, una auténtica joya para el entretenimiento. Decidimos recorrerla pues la Alpina indica acceso al pico por el espolón que desciende hacia el sur en busca del Collado de Saretas.

Arnales desde el collado de acceso de la vía normal. 19-10-14.

             Las facilidades del ascenso se han terminado y vamos salvando dificultades a granel. Me voy adelantando en algunos tramos en busca de buenos pasos pero la conclusión es evidente: esta cresta no es para la cría pero en ella estamos y de ella hemos de salir.
            Lo haremos por un empinado corredor que descubro hacia los ibones de Pondiellos. Por allí, medio despeñados alcanzamos la pedrera y el camino que sobre ella nos lleva al Collado de Saretas. Hemos debido hacer la vía normal al pico pero en sentido inverso.

En la Cima de Arnales. 

            Son las tres menos cuarto cuando junto al minúsculo Ibón del Collado de Saretas nos paramos a comer un poco mientras mis señoras se remojan los pies. Charlamos con una pareja  que se ha parado a comer junto a  nosotros, nos indica el camino al Pondiellos mientras de los Infiernos baja el personal en tropel.

La Arista Cimera de Arnales. 19-10-14.

             Tres  cuartos de hora más tarde tomamos la pedrera de granito del Pico de Pondiellos por su cara oeste y ganamos el amplio y descompuesto corredor que termina en la cresta. Un par de pasos un poco difíciles en la misma que ni siquiera intentamos salvar por otro sitio nos permiten llegar a la Cima del Pico Pondiellos situado a 2917 metros  quince minutos después, son las cuatro menos cuarto.

Arnales y Pondiellos desde el Infierno Oriental. 15-8-07.

            Disfrutamos de la aérea panorámica del pico, hacemos la consabida fotografía y media hora después nos encontramos con los pies en los Ibones de Pondiellos.
            Biola está contenta y nosotros también. Hemos salvado la tradición tresmilista, pero si no nos cambian las marchas y dedicamos más tiempo a la montaña el asunto puede resultar insostenible. Nos gustan tantas cosas y vamos tan aperreados…

En la Cima de Pondiellos.

            A las cinco estamos en la tienda, menudo día de pedreras. Luego descansamos, jugamos, tomo notas, y disfrutamos de la tarde pues hay tiempo para todo.
            Hacemos con Biola el fregote mientras Rosa prepara la cena que tomamos a pleno sol pero al final se nos hará fresco quizás debido al esfuerzo del día que no ha sido mucho sumado con la inquietud que también cansa…
            Estamos solos otra vez y a las ocho y media nos metemos en la tienda, el sol está despidiéndose. Tendremos tiempo para todo relajados de la tensión del día, satisfechos y bien cenados nos dormiremos casi sin querer acunados por los poderosos brazos de los Infiernos, Arnales, Pondiellos y Garmo Negro.

Infiernos Central y Este y Aguja de Pondiellos. 19-10-14. 

            La noche será más cálida que la anterior,  algo ventosa y cuando nos despertamos dormitamos un rato sabedores de que casi todo está hecho, nos falta el regreso y nos levantamos a las ocho y veinte, con la llegada del sol.
            Hace fresquillo y dando una vuelta alrededor de los ibones pongo en fuga sin querer a un grupo de cinco rebecos que pastaban los praderíos del rellano lacustre.
            Almorzamos, recogemos y a las diez menos veinte nos ponemos en marcha después de que Biola nos haga una fotografía y dejar impecable nuestro lugar de acampada como es nuestra costumbre.

Circo Lacustre de Pondiellos . 19-10-14.

            Veinte minutos después estamos en el Collado de Pondiellos donde volviendo la vista atrás nos despedimos del lugar sabedores de que tardaremos algún tiempo en volver si seguimos fieles a la costumbre de no repetir demasiado si es posible. ¡Hay tanto Pirineo…!

Pico de Pondiellos desde la Aguja de Pondiellos. 15-8-07.

            No encontramos gente hasta la Majada Baja,  gente que no irá muy lejos. Allí tomamos el desagüe de los Ibones de Ordicuso y remontando brevemente alcanzamos los mismos situados sobre los 2120 metros de altitud, allí hay varios visitantes sin prisa. Nosotros nos damos la vuelta enseguida y bajamos tranquilamente mientras que el balneario nos espera allí abajo, abarrotado de gente y vestido con su excepcional traje caliginoso. Llegamos a la una menos veinte.

En nuestro campamento de los Ibones de Pondiellos con Tebarray. 

            No ha llegado todavía el autobús, compramos el prometido helado a Biola y nos cambiamos un poco junto al coche. Enseguida llegaran los abuelos Máximo y Carmen con los que habíamos quedado para comer y pasar la tarde.
            Disfrutamos de una agradable comida bajo un suntuoso pino negro y gozamos después de una dilatada tarde deambulando por el Balneario de Panticosa, lo recorremos todo como no habíamos hecho nunca y es que a veces conoces lo lejano para desconocer lo próximo. Biola no ha parado un momento. ¡Lo que pueden aguantar esta cría!

Ibones de Ordicuso desde el Collado Norte de Peña Gabarda. 18-9-06.

            Luego nos bajamos con el coche hasta la entrada de la Ripera que está tomada por valencianos. ¡Qué injusto es este mundo a veces! Vas a la playa y te saquean en cualquier cámping de mala muerte a cambio de unos servicios africanos. Aquí hay una fuente divina, sombra, llano, un cubierto con mesas, mesas con bancos, el pueblo a tiro de piedra, recogida de basuras, un aseo además del Barranco de los Baños; esto es el corazón del Pirineo Aragonés en medio de un ambiente envidiable, todo por cero pesetas. ¿Quién da más? Empiezo a entender por qué el Pirineo está cada vez más lleno. ¡Que no pase lo mismo que en la playa!
            Cenamos y nos volvemos a casa especulando con el próximo año: tendrá que ser en Ordesa.

Para ver el Comienzo.      

8-90. LA TRADICION EN LOS INFIERNOS. INFIERNO ORIENTAL. 18-8-1990.


Cara Sur de los Infiernos desde el Collado de Pondiellos. 2-7-07.

Balneario de Panticosa, Camino Argualas, Collado e Ibones de Pondiellos, Corredor Sur, Infiernos Central, Occidental, Central y Oriental.
18-08-1990
Salida 15:15 h.
Llegada 12:15 h.
Sol.
Fácil.
Ascensión.

Rosa Mª. Martínez y Biola y Mariano Javierre.

Mapa de los Infiernos procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Llevamos un verano 90 muy ocupado dentro del ajetreo de “hacernos la casa.” Hemos ido a la playa pendientes de lo que dejamos atrás y de lo que esperamos a la vuelta. Volvemos pronto y para nada pues los compromisos se dilatan en el tiempo.
            Allí me lleve un mapa de la alpina y le comento a Rosa el asunto para el primer hueco del programa que se produzca y como nada funciona a tiempo decidimos marchar a los Infiernos el fin de semana del 17 al 19 de Agosto. Me preocupa que no hemos podido andar prácticamente nada con la cría.
            Preparamos unas mochilas cada vez más breves pues la cría se va haciendo mayor por una parte y por otra nos empieza a pesar más el esfuerzo que el placer, lo que no se traducirá de ningún modo en una fin de semana en la indigencia.
            El tiempo está regular y no concuerda con las predicciones pero es por ello por lo que nos arriesgamos con la primera tarde acompañada por la mejoría prevista y más que puntuales recogemos a mamá a las dos y diez, pasamos por casa del abuelo Máximo para acordar en encuentro del domingo y antes de las dos y media estamos en carretera.
            El día está bueno hay algo de circulación pues este verano el Pirineo ha sido masivamente invadido por los turistas pero a cambio las obras está paradas en este largo fin de semana y así nos salvamos de la perdición de los cortes de tráfico programados.

Garmo Negro y Aguja de Pondiellos desde la Majada Alta. 2-7-07.

            Hay gente aparcada por la carretera pues el Balneario está a tope como jamás lo habíamos visto, aparcamos bajo un minúsculo serval en un lugar imprevisible y a las tres y veinte nos vamos para arriba por la granítica, empinada y archiconocida senda en dirección oeste hacia las Argualas.
            Hemos cogido agua en una de las fuentes del Balneario  que está como un auténtico caldo al igual que las de los regueros que iremos encontrando y subimos a buen ritmo, calculo que 400 metro en la primera hora ya que hemos olvidado el altímetro.
            En hora y media alcanzamos el segundo rellano bajo los Collados de Argualas y Pondiellos hacemos una parada, contemplamos ampliamente un par de somnolientas marmotas y Biola hambrienta se come lo previsto y algo más.
            Quince minutos después continuamos la marcha ya en franca dirección hacia el Collado de Pondiellos superando las paredes por portillón derecho que es el camino  convencional para salvarlo y poco a poco ganamos altura para pasar  a la derecha del campamento que utilizamos hace un par de años.

Llegando a los Ibones de Pondiellos. 

            Biola se aburre y plantea el problema de siempre que solventará Rosa también como siempre. Sabemos que o nos quedamos aquí o hay que llegar a los Ibones de Pondiellos. Yo estoy convencido de que podemos llegar tranquilamente pues hemos empleado dos horas y media hasta aquí a pesar de que el ritmo se ha estropeado un poco en esta última parte.
            Conseguimos motivar a la cría y proseguimos acercándonos al Collado de Pondiellos para encontrarnos a un par de montañero que no tienen demasiada buena pinta pero dudan de nuestras posibilidades cuando estamos ya a cuatro pasos del collado. Nos deseamos suerte  y enseguida  recibimos el saludo del viento. Son las siete menos cuarto cuando tras recibir un bolazo de nieve nos asomamos a la vista de los ibones: ¡Agua va! Hemos empleado tres horas y media en subir 1200 metros, como en nuestros mejores tiempos.
            La imagen que guardamos de los ibones, de las dos veces que los habíamos visto de cerca, es diferente a la que tenemos delante. Lo que hace la memoria. Y del Corredor Sur de los Infiernos no digamos.
            Nos vamos hacia el fondo de la cubeta lacustre por el inestable pedregal en el que se alterna el ígneo granito con los calcinados materiales metamórficos. Me adelanto para buscar algún lugar llano y mullido en la escasa pradera alpina de altura donde poder montar nuestro campamento. Lo encontramos en medio del caos de ibones y frente a la Arista Sudoeste de los Infiernos, lejos del Collado de Pondiellos.

La Brecha de Arnales  y los Infiernos.

            Son las siete y cuarto cuando plantamos la tienda a 2735 metros de altitud, será una noche de altura para Biola. Organizamos el campamento entre los tres y nos preparamos la cena al sol mientras contemplamos la Cara Oeste de los Infiernos con sus inconfundibles, refulgentes y calcinadas marmoleras y nos asaltan las dudas con el corredor que hemos de utilizar y que desde aquí no reconocemos con claridad. Cenamos sobre las ocho y cuarto.
            El lugar es solitario e idílico pero cae la tarde, se va el sol y recibimos inmediatamente la visita de un esperado amigo: el frío. A esta altitud ya es sabido. Pero cenados ya y al abrigo de la tienda tomaremos leche y jugaremos un rato a la escoba.
            Son las nueve y media cuando el día termina y nosotros nos metemos en los sacos. Mis mujeres charlan y yo espero una noche reparadora como agua de mayo. Una bóveda de estrellas nos augura un buen tiempo del que no dudamos para el día siguiente.
            Duermo y dormimos a tramos. Hace frío y la noche se hace larga pero se nos hacen las ocho y media  con la pereza que da el saco cuando el sol que inunda el ámbito de la tienda nos pone en pie al 18 de Agosto de 1990.
            Mientras las señoras preparan el desayuno  me voy a todo trapo a la entrada del corredor, luego me voy por unas huellas 1ue conducen hacia la cara oeste, nada es concluyente.

Detalle del Corredor Sudoeste de los Infiernos. 

            A las nueve, de vuelta, he desayunado y las envío por delante hacia el corredor que no está lejos del Collado de Saretas que concuerda con la idea que guardo de la primera vez que subimos a los Infiernos, a pesar de que recordábamos la pedrera más corta y el corredor más largo. En el caso de que saliera mal la cosa podríamos hacer Arnales por la Mañana y los Infiernos por la tarde.
            La pedrera es larga y conforme la ascendemos vamos encontrando materiales de menor tamaño que la hacen cada vez más inestable. En los Collados de Pondiellos y Saretas hay movimiento así como un ben embarque en Arnales.

El Corredor Sudoeste desde su salida. 2-7-07.

            Poco a poco, sin dificultades y eso sí, con inquietud, alcanzamos la entrada del corredor y nos metemos un poco más convencidos. Nadie por delante y los de abajo no significan nada.
            El corredor es fácil aunque vertical y descompuesto tal y como recordábamos. Pisamos algún pequeño resto de nieve subsistente del invierno y pasamos bajo un pequeño puente de nieve, lo que es un deleite para Biola.

Llegada al Infierno Central. 

            Poco después el corredor se ensancha, los materiales son gravas pero se acuesta un poco. Estamos saliendo al sol y al collado que separa las puntas este y central. En una hora y cinco minutos nos hemos puesto arriba, son las diez y media de una espléndida mañana de verano.
            Hemos alcanzado la cota más alta del día: la Cima del Infierno Central a 3082 metros de altitud. Como ni siquiera estamos cansados, sin parar nos vamos por la transitada, llana y aérea cresta atravesando las Marmoleras en busca del pico más occidental. Nos encontramos con un montañero con el que Charlamos un poco y le indicamos el descenso por donde hemos subido nosotros o la ruta existente al oeste del corredor.

Marmoleras  de los Infiernos desde el Infierno Occidental. 5-10-86.

            A las once llegamos a la Cima Occidental de los Infiernos con sus 3073 metros de altitud, segundo tresmil del día. Encontramos en la cima una  modesta y preciosa Virgen de las Nieves de piedra artificial. La verdad es que aunque no somos muy religiosos nos emociona un poco.
            Esperamos que permanezca allí  pues no creo que moleste a nadie, aunque no confiamos demasiado  conociendo las auténticas barbaridades que se hacen sobre cualquier objeto depositado en la montaña: ¡Menuda asignatura tenemos pendiente en este país con la educación! Luego llega un grupo de montañeros que nos dice que fue colacada el pasado día cinco.

Con la Virgen del Pilar en el Infierno Occidental.

            Hacemos alguna foto, comemos algunas cosillas, contemplamos el recoleto Ibón de Tebarray, la subida al Collado del Infierno y los reducidos glaciares que defienden la cara norte de estos picos.



Ibón de Tebarray , Tebarray, Llena de  Cantal y Frondiellas-Balaitus. 5-10-66.

            Nos volvemos poco a poco disfrutando del día a pesar de que Biola está protestando por casi todo; es un paseo por la metamórfica cresta que nos lleva al Pico Central y de nuevo, quince minutos después, al Infierno Oriental con sus 3076 metros de altitud. Son las doce y cuarto.

En la Cima del Infierno Oriental.

            Allí nos encontramos con dos franceses majísimos, sobre todo el dicharachero abuelo que con sus 70 años que admiramos, admira a Biola con sus siete; pero la vida es así; una con 7 y el otro con 70 disfrutando de la misma montaña.

Para ver la Continuación.
      

8 jul. 1990

7-90. CIRCO DE MAHIMALA. GRAN MACHIMALA. 8-7-2017.

Desde cerca de Abeille  los Machimalas.

Inmediaciones del Puerto de la Pez, Pico del Puerto de la Pez, Abeille, Marcos Feliu, Pequeño Machimala, Punta del Ibón, Punta Ledormeur,  Gran Machimala, Punta Sabre, Arista Sur y Refugio de Tabernes.
08-07-2017.
Salida 08 h. Llegada 16 h.
Sol.
Bastante fácil.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Machimala proedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Son las seis y media de la tarde. Junto a las escorrentías del Pico de Puerto de la Pez a 2550 metros de altitud disponemos  de una tarde inmensa para montar la tienda, asearnos un poco al sol pues mañana por la mañana no lo veremos cuando nos levantemos, tomar el delicioso sol relajadamente, charlar, tomar notas y hacer la cena.
            A las ocho y media la niebla vuelve a colarse por el Puerto de la Pez pero no nos alcanzará aquí en nuestro abrigado campamento.
            Escuchamos algún partido del mundial de futbol que no nos interesa y a las diez menos cuarto nos empiltramos despidiendo una jornada que evaluaré como desigual.
            La noche es calurosa, me aligero de ropa y la pasaré deliciosamente hasta las siete de la mañana que nos despierta Rosa. Es la única que tiene prisa en este 8 de Julio del 90.

La Cresta del Abeille a los Picos de la Pez.

            En una hora tenemos tiempo suficiente para recoger, desayunar y estar dispuestos para la marcha tras quitarnos la ropa de abrigo del fresquillo de la mañana y salimos al este en busca de la cresta y no directamente para ganar altura por la sombra.
            De cualquier forma la pendiente es fuerte transitando un terreno mezcla de pradera alpina y pedregal metamórfico. Luego desaparecerá la pradera  y aparecerán los neveros que nos llevarán a la cresta pero ya muy arriba cerca de los 3000 metros. Nos hemos subido 450 metros en una hora.
            Echamos un limón con azúcar y tras contemplar los Ibones de Machimala y la cresta que nos aparece en primer plano nos vamos cresta adelante hasta alcanzar enseguida el Pico del Puerto de la Pez con 3020 metros de altitud. Continuamos  superando dientes fáciles hasta que, poco más adelante una potente brecha y dos dientes extraplomados además de bien defendidos nos invitan a descender por la vertiente sur y rodear las dificultades como medio de ganar tiempo ya que, pasar por la cresta, podría resultar cuando menos complicado y lo que tenemos por delante es ciertamente interesante.
            Terminamos perdiendo, como poco, 150 metros delicadamente pasando por la rimaya para trepar de nuevo a la cresta a la que llegaremos en las inmediaciones del Pico Abeille que coronamos inmediatamente. Estamos a 3029 metros de altitud y son las diez. Vamos bien en medio de una mañana suntuosa.

En la Cresta Norte de Mahimala. 

            La cima es un amplio y llano caos metamórfico que se afila hacia el este continuando la cresta, cosa que hacemos también nosotros de inmediato.
            La vertiente francesa nos revela sus prodigios pirenaicos: los Lagos de Aguastuertas y el Valle de Claravide con los Ibones de Pouchergues, Ischclots, Caillauas y Nere.
            Una hora después, sobre las once, por cresta afilada aunque fácil superamos enseguida una cota que creo llaman Marcos Feliu sobre los 3050 metros y seguidamente  hacemos el Pequeño Machimala con sus 3061 metros  confirmando nuestro aéreo paseo por encima de los 3000 metros. Vamos a buen ritmo, yo he recuperado la forma física y funciono como un avión: tarde pero en buena hora. Rosa viene medio al trote.
            Delante de nosotros tenemos un par de gendarmes y le Pointe Ladormeur que escoltan la Cara Norte de Machimala, una auténtica pared metamórfica. A las doce estaremos allí y no me equivocaré.
            Se trata de la Punta del Ibón de similar altura a las anteriores y de le Pointe Ladormeur algo más elevada con 3120 metros de altitud.

La Pared del Gran Machimala desde la Punta Ledormeur. 

            Haremos un par de pasos con un poco de cuidado que nos depositan en el bloque empotrado de la brecha y allí se inicia la cara norte.
            Unas clavijas nos indican la vía que no se ve difícil pero que está muy descompuesta. Las mochilas tiran lo suyo para atrás y la trepada requiere sumo cuidado, particularmente en los primeros 50 metros.
            Allí encontramos a una pareja de franceses que van encordados, pasaporte especial al cielo por parejas. Hablan con Juan, quieren hacer la cresta que hemos hecho nosotros, no sé hasta dónde pero tengo mis dudas: aparentemente no llevan material de vivac y al menos nosotros no conocemos refugios próximos. En fin, ellos sabrán y mejor que sepan.
            El final de la pared es fácil. La afilada Cima del Pico Machimala o Schrader es toda nuestra a las doce del mediodía, estamos a 3171 metros de altitud y es el techo de nuestra travesía.

Desde la Cima de Machimala la cresta hecha por la mañana.

            Soltamos las mochilas, admiramos tan dilatado paisaje, comemos, bebemos, hacemos unas fotos y contemplamos entre otros los Macizos de la Maladeta, Vallibierna y el sempiterno Posets.
            A las doce y media nos vamos hacia la Punta Sabre para rematar la cresta ya en descenso. Superamos tres dientes entretenidos y aéreos que están por encima de los 3100 metros de altitud y rematamos en Punta  Sabre y sus 3136 metros.
            -¿Ya no tenemos que subir más?
            -No, hemos acabado ya con los tresmiles.
            -¡Ya era hora!
            Es la una menos diez y sin parar nos vamos para abajo. La pared sur es también vertical y descompuesta, el pico no tenía nada que ver con la imagen que guardábamos.
            Bajamos la pared con cuidado pues los pies acusan el trote que les hemos dado y las yemas de los dedos de las manos van algo afiladas.

Ibones de Machimala desde la Creta del mismo nombre. 

            Nos encontramos con cuatro montañeros que suben y continuamos para abajo en una arista que se hace larga. Al echar la vista atrás el pico parece un tejado de pizarra.
            Le decimos adiós a buen ritmo al ampliarse la cresta que bajamos y convertirse en una serie de pedreras y graveras. Paramos a hacer unas gaseosas antes de entrar en el mullido de la turbera, remojando los pies de paso, en un nevero residual.
            Las turberas darán paso poco después a una crecida pradera alpina que no parece pastada por el ganado. En ella el camino se arrellana siguiendo la dirección oeste y unas señales blancas.
            Nos queda todavía salvar el escalón que lleva al Vado de Machimala donde se encuentra el pluviómetro. Lo hacemos atravesando parajes verdaderamente idílicos integrados por pino negro, pastizal y rododendro florecido: una auténtica delicia para los ojos.

Punta Sabre y Posets desde el Gran Machimala. 

            Son las tres y cuarto cuando pasamos junto al pluviómetro, nos queda media hora. Continuamos por el Camino de la Orilla Izquierda del Cinqueta de la Pez. Pensamos que el camino atravesará el congosto pero no será así, nos “embarcamos” de buena manera, lo que supondrá media hora adicional.
            A las cuatro y diez estamos en el Refugio de Tabernes en el que, a base de la comida que guardamos en el coche lo celebraremos de lo lindo: cerveza, judías, manos de cerdo, café con leche… se nos hacen las seis menos veinte sin enterarnos.

El Vado de Machimala.10-7-01.

            Con el coche hacemos la pista tragándonos el polvo de tres que bajan delante y en plan nos tropezamos con un mogollón por el tema de la línea de alta tensión.
            Continuamos después en medio del enorme calor de una tarde auténtica de verano para llegarnos a casa  sobre las ocho y media. Todavía veremos la final de Italia 90 con el triunfo de Alemania contra Argentina.


7 jul. 1990

6-90. CIRCO DE MACHIMALA. CULFREDA. 7-7-1990.


Suelza, Baliniero Culfreda desde Guerreis. 10-7-01.

Refugio de Tabernes, Pluviómetro, Barranco de la Madera, Cauarere, Culfreda, Guerreis, Guerreis Norte y Puerto de la Pez.
07-07-1990.
Salida 17:30 h. Llegada 18:30 h.
Mixto.
Bastante fácil.
2 d.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javieerre.

Mapa de Culfresa procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Pasábamos bajo la Cara este de Machimala en nuestro segundo día de travesía del verano 87. Habíamos dormido en Estós y tras superar el valle por el Collado de Gistain en el que habíamos encontrado una enorme manada der rebecos, nos lanzábamos para abajo hacia las Granjas de Viadós.
            Paramos a la bajada a almorzar frente a un pico poco atractivo fundamentalmente por su, desde este lugar, acolinado, piritoso y rojizo aspecto.
            -Ese es Machimala.
            -¿Es un tresmil?
            -No faltaría más, es un hito importante dentro del Pirineo Axil.
            A pesar de ello, conforme íbamos bajando, el pico se yerguía cada vez más majestuoso y le dimos la espalda al virar al sur siguiendo el ya crecido Barranco de Añes Cruces.
            En el Invierno 89-90 se me ocurrió incluirlo como preparación para los Alpes, era el aldabonazo final de un circo que ofrecía una preciosa cabalgada de altura que era lo que nos interesaba.
            Intentamos recabar información sobre la zona pero era una auténtica desconocida en los ámbitos montañeros que frecuentábamos. El Mapa de la Alpina describía como fáciles un par de tramos pero el resto, la mayoría, era una auténtica incógnita.

Refugio de Tabernes,

            Todo quedó preparado para finales de la primavera del 89 pero unos incipientes granitos en el cuerpo de Biola, era varicela, malograron la marcha.
            El año siguiente está fastidiado, Biola marcha a la Colonia de Inespal en Altafulla y nosotros trataremos de aprovechar la circunstancia. Juan se vendrá para celebrar el aniversario de nuestros primeros Alpes. Estrenará la tienda.
            El viernes 6 de Julio de 1990 quedamos a las dos de la tarde, Rosa sale a las dos y media y es cuestión de iniciar la marcha cuanto antes pues además hay cortes en la carretera y si nos “toca la vespa” se puede fastidiar algo el proyecto.
            A las dos y cuarto salimos a todo trapo hacia la Guarguera en medio de un tórrido día. En Boltaña buena carretera de nuevo para tomar en Ainsa la carretera de los cortes anunciados. Nos salvamos de los primeros pero nos retienen los segundos en el Valle de Gistain, serán diez minutos.
            En San Juan de Plan tomamos la pista que estaba reparada según nos habían dicho pero los 10 kilómetros se nos llevarán casi una hora para depositarnos bajo un soberbio pino en compañía de moscas y tábanos junto al Refugio de Tabernes.
            Estamos a 1700 metros de altitud, son las cinco y media y tras comernos unos bocadillos y enterrar convenientemente una litrona en el Cinqueta de la Pez nos vamos barranco arriba entre el pino silvestre y el abeto blanco que salpican el verde pastizal vestido del encanto y la finura del rododendro florecido.

Machimala desde el Ibonet Glace de en las Planas del Abet. 6-8-08.

            Cruzamos a la orilla derecha en busca del pluviómetro que alcanzaremos en media hora. Hemos subido 100 metros cuando tomamos al oeste el camino por la depresión del Barranco de la Madera no sin antes contemplar al norte  parte del tajo del día siguiente.
            Por fuerte y sombreado repecho voy a saborear plenamente el amargo sabor de mi deplorable estado físico; estoy tan cansado, cosa que ya sabía, que lo voy a pasar bastante mal, el infierno acaba de empezar.
            Mal que bien vamos ganado altura y haciendo camino bajo la justicia de las mochilas. No cederé ante las tentaciones de repetidos descansos que me proponen los socios pues eso podría suponer un pequeño desastre a la sombra del pino negro.
            Una hora después hemos salido del bosque y bebemos del primer arroyo que baja de Picarueta en pleno dominio, nunca mejor dicho, del rododendro: atravesamos un delicado océano de flor que yo no disfruto convenientemente, lo que no deja de ser una pena.
            Por el Puerto de la Madera comienzan a colarse delicadamente blancas nieblas. Estamos lejos de ellas pero suponen una amenaza aunque sea remota: creemos que puede obligarnos a dormir más debajo del collado.

Cima de Batoua, al fondo Ordesa. 

            Poco después viendo que la niebla persiste y además va bajando para abajo, decidimos cruzar el Barranco de la Madera y buscar un lugar abrigado del viento que escupe la niebla en los últimos dominios del sol. De cualquier forma la niebla es más rápida que nosotros y nos alcanza antes de que encontremos ese lugar abrigado que vamos buscando y que encontramos poco después junto a unas escorrentías que bajan de Cauarere.
            Nos abrigamos rápidamente pues hace un frío tremendo en comparación con la temperatura que teníamos no hace más de media hora; además estamos sudados y eso nos produce una mayor sensación de frío. Montamos la tienda y nos disponemos a capear la situación. Son las siete y media, estamos a 2250 metros de altitud y habremos perdido en media hora alrededor de 30º centígrados de temperatura. Hacemos un caldo caliente  y tras calentarnos las manos con el vaso caliente,  dejamos el resto de la cena para meternos en el confortable interior de la tienda. Allí, abrigados del viento y vestidos con todo lo que llevamos rematamos la cena a base de queso, embutido, frutos secos y leche mientras la persistente niebla prosigue valle abajo dejando arrociada a la mullida pradera.
            Cuando la niebla quiere nos regala con la encantadora imagen  de la Oeste de Posets y las Espadas. Pasa la tarde y también al fin la nieblas disfrutando de un divino anochecer de luna llena sobre los agresivos y recónditos Picos de Eriste, pero no estamos por la labor, hemos comenzado a entrar en calor y preferimos recordar nuestras  pasadas correrías en el Mont Blanc y la luna llena.
            A las diez y diez nos empiltramos convenientemente. Es todavía de día, sigue haciendo frío pero los sacos lo remedian satisfactoriamente. Me consuelo al calorcillo, pues voy a dormir vestido, pensando que el frío que me tenía congelas las manos ha pasado y que después de un largo sueño reparador del que estoy completamente falto, recuperaré mis fuerzas y podré comenzar a disfrutar que para eso he venido.

Cilfreda desde Cauarere. 

            De la primera tacada se me hacen las seis de la mañana y sin llorar como dice mi amigo Jorge. A las siete y media el sol nos llama, nos despierta y nos levantamos satisfechos, a disfrutar de una espléndida mañana que nada tiene que ver con el atardecer del día anterior.
            Nos aseamos como los señores, desayunamos copiosamente como unos ídem y tras recoger nos echamos las mochilas a las espaldas a las ocho y media  saliendo por fuerte pendiente, no ya en dirección al Puerto de la Madera sino un poco hacia el norte en dirección a Culfreda, alcanzando la cresta una hora después en la Antecima Occidental con un altímetro que señala 2650 metros y que nos la va a jugar.
            Echamos un limón con azúcar cara al sur  y ya por la cresta continuamos contemplando el Valle de Rioumajou apacible y recoleto. No hay mucha ganadería pero las pocas ovejas que vemos son de “alta montaña.”  Encontramos huellas de rebecos y luego una perdiz nival se asusta con nuestro paso.
            Enseguida llegamos a Cauarere, todavía estamos a 2901 metros de altitud. Yo voy sintiendo el peso de la mochila y el peso de mi cansancio del que todavía no me he recuperado.
          
Desde Culfreda Balinier y Balinet.  

            Ante nosotros se extiende una bella y, para mí, desoladora imagen: el Pico Batoua, según Juan, majestuoso y elegante está muy lejos, tanto que me considero incapaz  de tragarme el plato programado para el día y no es que pretendiera terminar la jornada al mediodía ni mucho menos.
            Continuamos cresta adelante y yo al menos con la mente en una quimera.
            Subiendo a Culfreda nos cruzamos con dos franceses y dos españoles serán los únicos seres vivientes que veremos en todo el día.
             En la cima el altímetro  ha descendido y los 3034 metros pasan por un dosmil más. Son las diez y media pasadas, la cresta es alomada, llana y descompuesta, está constituida por materiales metamórficos de oscuras tonalidades que refulgen con el sol.
            Delante de nosotros tenemos un par de promontorios relativamente próximos son las cimas de Batoua de una altura similar a Culfreda, pero el circo sigue.

Cresta de Machimala desde Guerreis.

            Frente a nosotros tenemos un profundo diente que nos obliga a dar un rodeo en descenso de aproximadamente 200 metros antes de afrontar la subida a Balinet que salvaremos por el sur ante su aspecto poco amble cuando menos. Para ello hemos de perder otros 100 metros más por terreno descompuesto pero fácil y una vez alcanzada la base iniciar  el ascenso que nos devolverá de nuevo a la cresta a pesar del duro sol.
            Ya en la cresta que se encuentra ahora más descompuesta nuestros pasos nos llevan a la Cima de Balinier  a 2963 metros de altitud en medio de mi creciente envidia por el elegante y delicado vuelo de un buitre leonado: la moral por los suelos.
            El Puerto de Peguera nos espera allá abajo en el infinito, son 200 metros de desnivel en descenso que calificaré como poco de entretenidos pues se nos llevan una hora cumplida. La cresta, descompuesta y afilada nos obliga a sortear sus continuas dificultades agrandadas por mi pésimo estado de ánimo, con continuos apoyos de manos pues es casi un destrepe.
            La continuación nos enseña unos delicados dientes que habrá que sortear de la mejor manera posible y que se nos puede llevar descaradamente un buen rato. Aquí, al  Puerto de Peguera sobre los 2800 metros de altitud llega un brutal corredor que atravesamos por su parte superior con el vértigo que solamente puede proporcionar el cansancio. Entre tanto Rosa y yo conspiramos de camino a Guerreis sin saberlo.

Lustou desde Guerreis. 

            -¡Qué mal voy!
            -Pues yo… No tendríamos que haber venido. ¡Qué dirá Juan!
            -Oye Juan, nosotros nos vamos a desmontar por aquí, tú continúa si quieres, ya nos encontraremos abajo.
            Discutimos sobre la continuación del circo después del pico al que nos dirigimos que no concuerda con la idea que tenemos del Puerto de la Pez ni con el resto del circo.
Si este de aquí abajo es el Puerto de la Pez yo no veo sentido de continuidad al circo por donde dices.
            -Al menos podemos hacer el pico que tenemos delante y luego ya veremos mientras comemos.
            Asiento como ante un supremo sacrificio. El camino es ahora  una serie indefinida de dientes ascendentes separados por sus correspondientes brechas de respeto que salvamos con la esperanza de que allá arriba vamos a parar a comer y que, en eso coincidimos con Juan, el Puerto de la Pez está cerca.
            Son la dos y media, estamos en la Cima de Guerreis a 2962 metros de altitud. Y ahora se aclaran nuestras dudas: a tiro de piedra tenemos la Cima Norte de Guerreis y a nuestra derecha el Puerto de la Pez de feo aspecto. Saco mi mapa francés de la zona y comprobamos que el pico al que se refería Juan era el Lustou, más al este aparece Arrouyette y el altímetro se ha mojado al menos 75 metros.

Llegando al Puerto de la Pez desde el oeste. 10-7-01.

            Comemos tranquilamente con la moral reconstituida lo que no cenamos ayer en medio de un espléndido día con poca agua y mucha sed. Después de resolver un problema aflora a la conciencia como inminente el problema siguiente: agua. No hemos querido llevar mucha y nos pasa lo de siempre, que se desea una cosa cuando precisamente falta.
            A las cuatro menos cuarto Rosa dice que se queda pero nos acompaña, nos vamos por una cresta que sigue dentada y descompuesta y un cuarto de hora después estamos en la Cima Norte de Guerreis a 2975 metros, la altitud del Pallas o el Cap de Toro. Hacemos un par de fotografías y nos vamos por el amplio, empinado y descompuesto corredor que nos tiene que llevar al Puerto de la Pez. Se trata de una gravera infernal que se baja bien.
            Nuestro problema es el agua próxima al lugar de acampada, ya que agua hemos visto al final de un nevero en medio del corredor que estamos bajando.
            Vemos tan problemática el agua para acampar que decidimos hacerlo en el más Occidental de los Ibones de Machimala pues en la proximidad del puerto no hay ninguna posibilidad de ella.
            Antes de llegar a las escorrentías del nevero de Guerreis  encontramos otra escorrentía en la que saciamos nuestra sed a golpes de “gaseosas de pito”, Rosa se remoja los pies un tanto castigados y Juan escucha el Tour; Perico, como ya es costumbre ha perdido medio minuto.
            El corredor está cortado en su parte inferior y por tanto hemos de atravesarlo para ganar la cresta y por ella buscar algún camino que nos lleve al puerto, lugar inexcusable de tránsito.

Vertiente francesa del Puerto de la Pez. 10-7-01. 

            La cresta, afiladísima, nos ofrece un destrepe por el lado francés que aceptamos como la mejor vía. Nos coloca en el también afilado aunque horizontal Puerto de la Pez salpicado de verdura. Hemos bajado 525 metros de desnivel, estamos a 2451 metros de altitud y desde aquí el ascenso es inimaginable.
            Son las cinco y media. Contemplamos el francés Valle de la Pez verde e inclinadísimo, picoteamos un poco, descansamos las castigadas rodillas por el brutal descenso y disfrutamos un poco que ya era hora.
            Reanudamos el camino atravesando el estrecho puerto por el que nuestros “ilustres picatostes” quieren hacer pasar la Línea Eléctrica Aragón-Cazaril, elección por otra parte “acertadísima” pues así se mancillará uno de los poquísimos valles que quedan medianamente vírgenes en este Pirineo. Solamente queda esperar que Dios no les pague de acuerdo con la bondad de esta obra.

            Vamos ascendiendo una vez que hemos sobrepasado el collado, por la vertiente española en dirección a los ibones, no descartando la posibilidad de encontrar algún lugar para acampar antes de llegar a ellos cosa que conseguiremos junto a unas escorrentías que bajan del Pico del Puerto de la Pez, en unas manchas de verde acunadas al sol de la tarde a 2550 metros de altitud. Son las seis y media de la tarde.