4 ago. 1992

9.92. MONCH Y VUELTA. 4-8-1992.

Detalle de la Sur del Monch. 3-8-92.

Refugio del Monchjoch, Arista Sudeste, Cima del Monch, Refugio y Estación Jungfraujoch.
04-08-1992.
Salida 06:30 h. Llegada 10 h.
Sol.
Fácil.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa del Monch procedente de Bachmann. Vía en amarillo.

            A toda prisa nos quitamos las ropas húmedas y las ponemos a secar, cuerda incluida, si no es el sol al menos que las seque el viento.
            El refugio del Monchjoch situado a 3650 metros de altitud es bastante nuevo y amplio. En recepción nos pasan una cumplida ración de 24 francos por persona y nos indican que deberíamos haber reservado por teléfono: ja, ja, ja.
            Encontramos agua que baja de la Sur del Monch por una tubería de plástico con lo que solventamos nuestro abastecimiento y picoteamos un poco con un vaso de leche.
            Acomodados en el comedor Juan se entretiene con un fumador de pipa, yo prefiero tomar mis notas pero cuando voy a hacerlo advierto la falta de la bolsa en la que llevo la documentación, la información de las actividades y las notas que voy guardando.
            Miraré en vano en las mochilas y concluiré con que las he debido perder en la Jungfrau y espero que si alguien las encuentra me las envíe. A una de las chicas del refugio que habla Español se lo hemos comentado y le hemos dicho que mañana terminábamos por aquí y volvíamos a España.
            Tomo notas en un mantel del autoservicio mientras pasa la tarde. Recogemos los bártulos que no se han secado y se pone a nevar, regalo de las nieblas que han vuelto.
            Hemos tenido suerte pues no son tan frecuentes en Alpes los periodos de buen tiempo tan largos como éste. Se ha cumplido el undécimo día y parece que ya no va más. Nos ha rondado pero no nos ha impedido la marcha prevista. Ahora ya poco mal nos puede hacer.
            ¿Se saldrá Rosa con la suya? Me ha confesado que por ella, ¡ojala llueva! Está harta de montaña de tensión y de nervios.
            Son las siete de la tarde cuando Juan y Rosa calientan la cena  abajo en la entrada a cubierto del ventarrón. La verdad es que el refugio parece estar colocado en el peor sitio del mundo: un collado infernal en el que el sol se marcha a las cuatro de la tarde y donde una pisanieves ha arrimado nieve al casetón donde las guardan.
            Cenamos tranquilamente, se nos hacen las ocho y media y una hora después nos vamos a las literas. Ha dejado de nevar y tenemos por delante media noche por lo que no merece la pena especular, cuando nos levantemos ya se verá.

Parte rocosa de la Sur del Monch tomada a la vuelta hacia el ferrocarril. 4-8-92.

            A las tres de la mañana comienza el 4 de Agosto de 1992 pues pretendemos meterle un buen empentón al viaje de vuelta. Es nuestro último día en Alpes pero nadie mueve. Se han levantado algunos pero debe hacer una noche de perros.
            Continuamos en la cama pues de noche y con la huella borrada por la ventisca poco o nada se puede hacer mientras no amanezca y nuestro cuerpo nos lo agradecerá.
            Se nos hacen las cinco, nadie mueve pero nos levantamos. Está nublado y de momento vamos a desayunar, luego recogeremos y decidiremos.
            Desayunamos al gusto pues vamos muy sobrados aunque yo solamente me tomaré un par de vasos de leche que eso si me pasa.
            Juan y yo decidimos intentar la ascensión ya que tenemos tiempo sobrado para ello. Rosa dice que se queda que no quiere marchar con mal tiempo, sin huella y sin saber bien a dónde va. Preparamos dos breves mochilas mientras esperamos que haya luz suficiente y como esperábamos, Rosa se apunta:
            - ¿No me has preparado nada?
            - Como has dicho que no venías… Anda, abrevia que nos vamos.
            A las seis y media y en la entrada del refugio, los dos montañeros con los que coincidimos ayer nos indican que la vía normal arranca en el Espolón de la Arista Sudeste muy cerca del refugio.
            La mañana está nublada aunque  apacible pero puede suceder cualquier cosa. Somos los primeros en salir del refugio y nos hacemos huella un poco en descenso hasta la base del espolón sur. No ha sido mucha la nieve caída y a estas horas todavía está dura la de debajo.

Arista Sudeste del Monch 4-8-92.

            El espolón rocoso está poco nevado pues el viento se ha llevado la mayor parte de la caída y comenzamos a ganar altura fácilmente pasando junto a un pluviómetro.
            Enseguida superamos un nevero fácil que conserva la huella y al final del mismo alcanzamos la cresta rocosa que sube directamente desde el refugio.
            Unos pasos en roca un tanto  aéreos en la misma cresta pero fáciles nos conducen al inicio del segundo nevero bastante tieso pero con huella.
            El repecho se hace notar pero enseguida cabalgamos sobre la arista somital virando claramente al este. Cresteamos alternando rampas inclinadas con pasajes llanos sobre nieve que tiene una huella asentada sobre el abismo de la cara norte, en busca del merengue somital del Monch envuelto entre nieblas.
            Suerte que la huella todavía aguanta  a esta hora. Si el día va a buenas y sube gente  no les quedará más remedio que hacer nueva huella pues ésta se caerá; vemos el abismo a través de los agujeros de las conteras de los piolets.
            Son las ocho menos veinte cuando ocupamos la minúscula Cima del Monch a 4099 metros de altitud, es la última cima de la serie.
            Hace frío en medio de la niebla. Obligamos a Rosa a pisar la cima  pues se quedaba en un escalón inferior  por miedo a la enorme cornisa que es la cima  pero que a estas horas está firme con estas condiciones y hacemos una triste fotografía.

Descenso del Monch cuando unas horas antes ni lo imaginábamos. 4-8-92.

            Rosa lleva las suelas de las botas algo desgastadas y le da cosa el descenso, así que se pone los crampones, nos encordamos y para abajo pues cuesta poco y los beneficios de cara a la rapidez en el descenso son seguros.
            Con todo ello no le concedemos ni siquiera un cuarto de hora al último cuatromil  de los Alpes por este año y nos vamos para abajo empujados por el tiempo y por unas condiciones que no acompañan.
            Pasamos el tramo más complicado con absoluta facilidad y el resto será un puro entretenimiento al encuentro del buen tiempo pues dejamos las nieblas ancladas en su reino de los 4000 metros y sin prisa contemplamos el Glaciar de Aletsch que se pierde al sur entre sinuosidades y el valle glaciar lateral al oeste que culmina con el Finsteraarhorn.
            En la cresta rocosa que separa los dos neveros nos cruzamos con una cordada que sube, seguidamente bajamos el último nevero, alcanzamos el dorso rocoso del que el sol está desalojando  la nieve de la noche y pasando junto al pluviómetro alcanzamos el Jungfraufirm.
            Rosa toma mi mochila y se va poco a poco hacia la entrada del Túnel de la Esfinge. Mientras tanto, Juan y yo,  nos volvemos en corto repecho hasta el Refugio Monchjoch. Son las nueve y cuarto.
            Recogemos las mochilas, preguntamos una vez más por la documentación y sin más tomamos la pista del pisanieves. Ni siquiera hemos caminado 100 metros cuando me doy cuenta de que no hemos recogido las cestas de la comida. Volverá Juan mientras me entretengo en contemplar la majestuosidad de la Cara Sur del Monch a cuyos seracs haré una fotografía.

Jungfrau desde la Sudeste del Monch. 4-8-92.

            Nos cruzamos con turistas que en zapatillas van al encuentro de un buen remojón pues la nieve ya está blanda en tan abrigado lugar y con montañeros, algunos hablan español, con mochilas que van hacia el refugio.
            Sentados en los bancos de la entrada del túnel nos entretenemos un poco contemplando los patinazos del personal que llegan en tropel pues parece que los han soltado a todos de golpe.
            Llega Juan, nos vamos para adentro y a medio camino entramos en la muestra científica del complejo sobre glaciarismo. Poco después, no tenemos nada más que hacer, tomamos el tren; son las diez y media.
            En el viaje de regreso ni siquiera nos asomamos a los miradores, es un momento blando y mentalmente blanco.
            En Klein Scheidegg preguntamos por la documentación por si se me hubiera caído en el tren pero nos dicen que acaso en Grindelwald. Luego la Norte del Eiger no será para nosotros envuelta en nieblas. Le haré una foto testimonial.
            A la una menos veinte estamos en Grindelwald, no nos dicen nada de mi documentación, cogemos el coche y nos vamos a un cámping a ducharnos. Lo harán primero ellos y luego yo disfrutaré de una maravillosa ducha con agua caliente y de un afeitado que me hacía falta. Luego nos reuniremos en el coche brillantes como unas coberteras en una víspera de fiesta.
            El día está tristón pero ahora no llueve y nos esperan 1250 kilómetros, eso le salva al mundo de que no nos lo comiéramos entero. Esto se acaba y tenemos conciencia de ello cuando nos metemos en el coche para hacer kilómetros yéndonos por donde vinimos.

La Arista Sudoeste del Monch desde Jungfraujoch y despedida. 4-8-92.

            Curiosamente recuerdo que las dos veces que hemos abandonado Alpes ha sido con mal tiempo, el bueno mientras estábamos arriba.
            Entramos en la autopista en Thun, comemos en un área de servicio Junto a Berna que no visitaremos pues a Juan no le van estas cosas y nosotros la conocemos y luego nos acercamos al Lago Leman que nos recibe brillantemente plateado al cálido sol de la tarde,  casi 90 kilómetros de reflejos ensoñadores.
            Daremos vueltas en Ginebra en busca de la Ruta de Lyon y finalmente entramos en Francia para salirnos de una mala carretera en las proximidades de Nantua y pasar la noche con las tiendas en un enorme prado.
            Dormimos por fin una noche sin la vigilancia atenta ante la siguiente batalla y a las seis nos levantamos a por la última jornada de la campaña. Antes de las siete, desayunados, estamos en carretera.
            Circunvalamos Lyon a buena velocidad, luego en Valence tomamos la carretera que ya conocemos más y paramos a echar un bocado cerca de Pont St. Esprit.
            Nos acercamos al mogollón de la costa. Nimes lo pasamos bien, Mompellier por la autopista que nos saca del lio de Sete y nos deposita en Narbona en un abrir y cerrar de ojos.
            Paramos a comer en un área de servicio de la autopista y ponemos a secar las tiendas que hemos recogido húmedas a la mañana en medio de un impresionante concierto de chicharras. Comemos. Unos italianos nos piden socorro con su nevera que no les funciona pero con estos calores casi les dará lo mismo que funcione o no.

Croquis de los Alpes Berneses. Vía en amarillo.

            Cerca de Toulousse decido salirme de la autopista pues ahora  me está  pegando el sueño. Luego tomaremos la autovía que circunvala la ciudad y por ella, a buen ritmo nos acercaremos al Pirineo.
            Cerca de Tarbes paramos en un área de servicio de un tramo pequeño de autopista, comemos unas frutas, descansamos y nos echamos una ducha de agua pulverizada. Estos fransuás están a todas.
            Luego vendrá la mala carretera y en Lurdes me lio teniendo que volver sobre nuestros pasos. En Louvie otra vez, la verdad es que estoy un poco cansado.
            Cae la tarde cuando entramos de lleno en el Pirineo. Subiendo al Portalet con circulación contraria, paramos a echar un trago de agua fresca en Artouste y a las nueve pasamos la frontera con la radio en marcha a falta de carnet de identidad. A las diez estamos en casa de Juan. Nosotros nos vamos a casa de mi madre en busca de nuestra hija que nos espera con su fiesta particular. Luego iremos a ver a los otros abuelos.
            Todo había terminado en teoría pero en la práctica nada termina. Nos iríamos a la playa a la carrera y luego, en algún momento de reposo mental me vendría todo encima: los trece días convertidos en doce y medio, los 2752 kilómetros hechos,  los 14 cuatromiles subidos sobre los 20 previstos, los 9200 metros ascendidos en siete días y medio de actividad, el buenísimo mal tiempo que disfrutamos y sobre todo los imprevistos. ¿Qué serían los Alpes sin imprevistos? y ¿qué seríamos sin ilusiones…?
            Cuando después de abrir la puerta de la escalera del garaje eché la vista al poster del Cervino que tengo en la pared  se me fue la vista al Hombro y en ese instante pasaron infinitas cosas por mi mente y me sentí grande y a la vez tan poca cosa…
            Juan llevó a revelar sus fotos y sorpresa: nos habíamos  quedado sin sus fotos por segunda vez.
            El 23 de Septiembre me llegó remitida desde Suiza la documentación al completo, la lógica se había impuesto una vez más. Se me ocurre que  para que una cosa se pueda perder en Suiza no quedará más remedio que volver a Suiza. 

Para ver el Comienzo.

3 ago. 1992

8.92.JUNGFRAU. 3-8-92.

La Jungfrau desde Jungfraufirm. 3-8-92.

Estación Jungfraujoch, Jungfraufirm, Espolón Este-Noroeste del Rottalhorn, Rottalsattel y Cara Este. Descenso a Jungfraufirm y Refugio Monchjoch.
03-08-1992.
Salida 08:45 h. Llegada 16 h.
Sol.
Bastante fácil.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Jungfrau procedente Bachman. Vía en amarillo.

            En Tach la tarde está medio-medio. Recogemos el coche, buscamos posibilidades por si acá y terminamos cenando junto a una pequeña capilla  que nos ofrece cobijo en caso de lluvia.
            Cenamos a gusto, celebramos nuestro no éxito, con permiso de Juan, con Sidra y turrón… Rosa propone descansar un día y volver de nuevo al Cervino, a Juan le va bien pues en el Cervino se divierte, pero rechazo tan amable invitación pues no está en programa y no se acaba el mundo por no hacer cima aunque sea el Cervino.
            Alguien dice, o lo he soñado, que lo importante  es que estemos aquí para contarlo y celebrarlo y a lo mejor es verdad, la verdad de nuestras vidas que no son  más que una enorme ilusión. Nos empiltramos pues han llegado las estrellas con tanta celebración.
            El 2 de Agosto de 1992 es otro día. Ponemos a secar los trastos, desayunamos pantagruélicamente  y luego nos vamos al cámping para darnos una ducha. Se trata de un recinto abierto en el que las duchas funcionan con monedas. Juan se ducha como un señor y nosotros tomamos una ducha gélida pues la maquinola nos limpia el dinero sin la contraprestación del agua caliente.
            Luego damos una vuelta por el pueblo que poco tiene que ofrecer y volvemos a nuestro campamento  para comer, tarea en la que se nos hacen las dos y hay que ahuecar el ala de Tach.

Jungfrau desde Kleine Scheidegg. 3-8-92.

            Nos despedimos del valle tras pasar junto al enorme desprendimiento de la ladera izquierda del valle acaecida hará un par de años y pasando Visp nos vamos hacia Brig avanzando junto al Rhone. La ciudad es un infame nudo de comunicaciones más complicado si cabe con el Túnel del Simplón.
            Luego viene Gletsch pasando por la estación  del tren alternativo al Furkapass y nos vamos al Grimselpass ambas carreteras se cierran una buena parte del año debido a la altitud. La carretera es buena pero sube salvajemente a base de vueltas de 180 grados poniendo en prueba al coche.
            Coronado el puerto descendemos brutalmente por una carretera que festonea los dos Lagos Artificiales de Grimsel en los que vierte sus aguas el Glaciar de Aar, pintados de un verde pálido esmeralda en un marco de granito incomparable.
            Pasado Interkirchen, contorneamos el Lago Brienz por el sur utilizando unos cuantos túneles y ni siquiera tenemos que entrar en Interlaken, una carretera nos saca hacia Grindelwald a la que llegaremos sobre las seis de la tarde aunque parezcan las nueve pues la tarde amenaza.
            Se trata de un pueblo grande situado a 1034 metros de altitud y en la parte baja está la estación del ferrocarril donde aparcamos.
            El primer tren de la mañana para el Jungfraujoch  sale a las siete y dieciocho como ya sabíamos, además hay un forfait de ida y vuelta por 77 francos que es un “regalo” condicionado a realizar el regreso antes de las 12 horas pero no dice de qué día. Hay un aparcamiento al otro lado del río que es libre pero no dejan aparcar por la noche.
            Hemos de buscar información meteorológica y campamento. Nos vamos hacia el centro del pueblo y se echa a llover. Las ciudades suizas con muchas calles y pocas casas son delicados laberintos que hay que tomar con paciencia.
            Nos dicen que la Oficina de turismo está cerrada y hasta mañana a las ocho…  Con el coche nos vamos a la parte alta del pueblo ya que por abajo no hemos visto nada. Salimos del pueblo y en el aparcamiento de un restaurante del que parte la gente para ver el Glaciar Superior de Grindelwald, junto a una autocaravana en la que están cenando, haremos lo propio con discreción aprovechando que ahora no llueve.
            Después de cenar tomamos una pista corta que conduce a un promontorio en el que suponemos habrá terreno escurrido en medio de tanta humedad y localizo una cabaña de madera en reconstrucción en la que con las tablas podremos hacer literas y pasar la noche a cubierto sin montar las tiendas. Una vez más pienso que mi buen olfato nos ha salvado.

Detalle de la Eigerband en una parada del Tren Cremallera a Jungfraujoch. 3-8-92.

            Cerca de nosotros termina el Oberer  Grindelwaldgletscher en medio de dos paredones ingrávidos y verticales, son el Weterhorn y el Mettemberg y allá arriba perdido tiene que estar el Refugio Gleckstein en medio de un panorama absolutamente espectacular. Pero llega la noche y con los sacos y las linternas nos vamos a nuestro cobijo ya que la pista está prohibida para coches.
            Iluminados con las linternas improvisamos dos entarimados con unas preciosas tablas que tienen para la reconstrucción. Nos ofrecen una considerable comodidad sobre todo desde la moral que da una noche en seco, a cubierto y contemplando el parte meteorológico por el hueco de una ventana: una maravillosa carpa de estrellas.
            Nos da la salida de la carrera del lunes 3 de Agosto de 1992 los 20 dobles toques de mi casio a las seis de la mañana. Juan y Rosa se suben al coche mientras yo recojo sacos y arreglo las tablas dejando la cabaña como estaba.
            Desayunamos y a las siete menos cuarto nos vamos para abajo, aparcamos donde habíamos previsto y sacamos los forfaits, un regalo por 5400 pesetas comparado con lo que esperábamos pagar por el trenecito.
            Puntuales como relojes suizos partimos para arriba un par de trenes, calculo que seremos alrededor de 500 viajeros. Salimos del valle primero al suroeste para continuar al sudeste. Paramos en Brandegg y luego en Alpiglen para llegar a Klein Scheidegg a 2061 metros de altitud.
            Cambiamos de tren y también de pendiente pues a partir de ahora subiremos a destajo para incorporarnos a la Cara Norte del Eiger. Una espléndida mañana nos permite contemplar un sensacional paisaje alpestre de primera magnitud que incluye la norte de los picos a los que vamos e incluye la mítica, temida y legendaria Norte del Eiger y las fastuosas obras del ferrocarril.




De Jungfraujoch a Conkordiaplatz. 3-8-92.

            Una cuarta parada en la base del Eigergletscher a 2320 metros de altitud nos precipita al interior del Eiger. Nos vamos a tirar casi una hora en el túnel en el que hay previstas un par de paradas para el turista: la primera sobre la Eigerwand a 2865 metros de altitud y la segunda en Esismeer a 3160 metros. Salimos en las dos. Unos grandes ventanales al final de las galerías permiten contemplar la Cara Norte del Eiger y los artilugios  que facilitan los rescates  del primer tramo de ascensión y del Glaciar Superior del Eiger.
            Lo que vemos no es particularmente difícil pero algo más tendrá unido a la calamitosa climatología y a la extraordinaria longitud de la pared que imposibilita los rescates a partir de cierta altura lo que le ha conferido el incuestionable carácter de “ogro.”
            A las nueve menos diez paramos en la Estación Término de Jungfraujoch a 3454 metros de altitud bajo la mole de la Esfinje de 3569 metros  en cuya parte superior hay un observatorio astronómico.
            Con las mochilas al hombre y a través de un laberinto de pasillos acartelados veremos las terrazas de un par de restaurantes y algunas cosas más mientras buscamos la salida del Túnel de la esfinge que alcanzamos un cuarto de hora después.
            Son las nueve y cinco cuando salimos al sol de la mañana en la Cabecera del Glaciar de Aletsch. Una rápida ojeada nos facilita la situación y sin más pérdida de tiempo nos lanzamos a la nieve todavía dura a estas horas de la mañana, en busca de una huella que atraviesa el Jungfraufirm en dirección sudoeste, perdiendo algo de altura y no por nuestro gusto, lo que carga un poco más la decisión tomada: hacer hoy el pico largo pues disponemos de todo el día  aunque empecemos a una hora pésima y dejar para el día siguiente el corto que nos permitirá emprender el regreso  ya a media mañana.
            Vamos cuesta abajo al trote y Rosa no muy a gusto gruñe como una jabalina. Paramos a ponernos los crampones pues la chica patina mientras pienso que así querría yo la nieve para todo el día.


El Rottalsattel y la Pared Cimera de Jungfrau. 3-8-92.

            Poco después tocamos fondo y nos vamos en busca del Espolón Este-noroeste del Rottalhorn ya que, a estas alturas de la temporada, las grietas están muy abiertas. Adelantamos a la cordada que nos ha adelantado previamente, superamos la rimaya del espolón que se está poniendo complicada y nos incorporamos al espolón y a la pendiente. Nos encordamos pues los puentes de nieve deben estar ya algo maduros.
            Rosa ve al rato una laja limpia de nieve, se le hacen los ojos una auténtica fiesta y nos dice que no puede más y que se queda. Juan sonríe beatíficamente atragantado con la increíble bola y, claro está, yo solidariamente le digo que también me quedo. De esta rápida y limpia manera abortamos tan pobre intento de deserción y ganamos la parte superior del espolón en dirección sur.
            Un fuerte repecho sobre terreno seguro bajo el Rottalhorn nos hace ganar altura hasta alcanzar la pared sur. Allí hay que iniciar obligatoriamente una peligrosa travesía al oeste bajo las cornisas que penden de la creta que une el Rottalhorn con el Rottalsattel.
            Atravesamos, siguiendo la huella bastante llana los restos de pequeños aludes, todavía seguros a estas horas, hasta alcanzar la base del corredor.
            Cruzamos la rimaya y por fuerte pendiente ahoyada divinamente  alcanzamos el Rottalsattel a 3885 metros de altitud con lo que abandonamos la zona de riesgo de aludes y nos disponemos a afrontar lo que esperamos sea un fácil nevero somital en la Cara Este de la Jungfrau.


En la Cima de Jungfrau con nieblas. 3-8-92.

            Tan pronto como salimos del fondo del abrigado collado recibimos el azote del viento y somos vigilados por las nieblas que están agazapadas en la cara sudeste defendiendo el casquete somital del pico.
            Ese viento es el que ha convertido la nieve expuesta en hielo y que nos va a dar faena durante un buen rato.
            Tomamos unas barras rocosas que afloran sobre la nieve helada y que nos permiten progresar con relativa facilidad pero siempre con cuidado. El viento azota inclemente y resulta además molesto y frío, suerte de que como la pendiente es muy fuerte y estamos metidos en la harina de la cima, nos importa poco.
            De barra en barra, buscándonos la vida como mejor podemos, nos vamos para arriba haciendo alguna que otra travesía y ganamos altura en una pared que se hace larga en medio de un ambiente amenazador. Son 250 metros de desnivel que se hacen largos a pesar de la variedad de técnicas y recursos que empleamos.
            Una travesía  a la derecha nos saca del azote directo del viento pues la cresta sudeste se acaba. La nieve dura se ablanda desapareciendo sobre el espolón rocoso terminal y se hace la luz de entre las tinieblas que amenazadoras hemos dejado atrás.

El Monch desde la Cima de Junffrau.


            Son las doce menos cinco cuando alcanzamos la Cima de la Jungfrau a 4158 metros de altitud. Hemos empleado dos horas y cincuenta minutos en la ascensión.
            Nos desencordamos y nos ponemos por primera vez los anoraks en una cima, la nevera de la niebla va y viene a su antojo.
            Hacemos una foto sin paisaje  pues el día no está ni para delicadas ni dilatadas contemplaciones y a duras penas podemos ver al Eiger entre nieblas. Comemos un poco, echamos un trago y charlamos pues hay tiempo. Mientras y mentalmente me voy despidiendo de los Alpes, mañana será todo muy rápido.

El Rottalsattle desde la Pared Cimera de Jungfrau. 3-8-17.

            Llegan los dos que hemos adelantado, uno de ellos con una cara de lata horrorosa y charlamos sobre todo con el alemán que ha estado en el Aneto y en el Teide.
            Como hemos pisado nieve de todas las raleas incluso blandísima los pies mojados se enfrían y creyendo que el asunto de las nieblas parece que va para largo y llevamos tres cuartos de hora en la cima, nos vamos para abajo.
            Descendemos con más cuidado asegurando con la cuerda pero sin utilizar las grandes clavijas instaladas en esta parte de la pared. Nos cruzamos con otra cordada que sube ahora que parece que el tiempo mejora, el viento comienza a amainar y las nieblas quieren disiparse. Montamos algún numerito de salón con mi esposa empeñada en bajar con el culo arrastro pero alcanzamos el Rottalsattel sin más percance.

Desde Jungfraujoch, la Jungfrau, Wengenjungfrau y la Esfinge. 3-8-17.

            Salimos del viento y del hielo y entramos en el calor y en la nieve blanda. Bajamos el vertical y amplio corredor bajo el Rottalsattel y atravesamos a la carrera la zona expuesta a los derrumbes de las cornisas de la cresta hundiéndonos, tambaleándonos cayendo y levantándonos  como si fuéramos una reata de perros polares  tirando de un trineo cargado de riesgo. Un riesgo aumentado si cabe por las vibraciones producidas por las repetidas pasadas de un helicóptero que lleva a turistas de más pasta que pata.
            Sudorosos y fatigados salimos del trance y ya cómodamente continuamos para abajo. Nos quitamos ropa cargando con ello las mochilas y sobre nieve blanda atravesamos las grietas de la mañana y proseguimos siguiendo la huella al encuentro del fondo de la cabecera del glaciar sobre los 3250 metros de altitud.
            Hace calor y el sol campa por todo lo alto, las nieblas y el viento han desaparecido y no queda otro remedio que poner la marcha de resistencia y remontar al encuentro de la Salida del Túnel de la Esfinge.

Llegando al Refugio de Monchjoch. 3-8-92.

            Con resignado esfuerzo nos acercamos al mogollón de los turistas que han subido en el tren y deambulan sobre la nieve blanda, esquían con un telearrastre de juguete a un módico precio o contemplan las evoluciones del helicóptero.
            Son las tres de la tarde, abrasados por el sol debemos ser la atracción del personal.   Bebemos mientras contemplamos la Arista Suroeste de la Jungfrau con el Observatorio de la Esfinge y el Wengen Jungfrau  en primer plano.
            No se está mal descansando pero tenemos prisa pues no sabemos todavía donde está el refugio. Hacemos una foto y por una pista hecha por los pisanieves nos vamos para arriba pasando bajo la Sur del Monch. Allá arriba, al oeste imaginamos el Collado y el Refugio del Monchjoch hacia el que caminamos lentamente.
            Son las cuatro de la tarde cuando ascendemos la rampa terrosa del Refugio del Monchjoch amparado en el Espolón Oeste del Monch a 3650 metros de altitud y contemplamos el collado del que ahora se está marchando el sol.

Croquis de Jungfrau. Vía en amarillo.

            Estamos a cubierto de una jornada que a pesar de haberla comenzado tardísimo la hemos aprovechado  subiendo 1308 metros y bajando 1133 metros de desnivel. Alguna razón tendrá Rosa cuando se queja pero no será cuestión de hacerle caso por si las moscas.

Para ver la Continuaión.

1 ago. 1992

7.92. EL HOMBRO DEL CERVINO. 31-7-1992.

Matterhorn.

Estación Teleférico Schwarzee, Hirli, Refugio de Hornli y Arista de Hornli.
31-07-1992.
Salida 14 h. Llegada 18 h.
Mixto.
Dificultad media.
2 d.
Ascensión.

Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Croquis del Hombro del Cervino procedente de Rihard Goedeke. Vía en amarillo.

            Con los pies hartos de agua pero excarcelados de los crampones y con la mente liberada de un “marrón” indescriptible llamado Schwarzgletcher empezamos a atravesar el Gornergletcher más parecido a un pedregal, o acaso la orilla de un río, que a un glaciar. Pasaremos una hora entretenida. Luego, remontamos cansinamente un transitadísimo sendero que nos ha de conducir a la Estación Rotboden donde hemos de tomar el Ferrocarril de Gornergratt, y muy arriba, el agudo perfil del Riffelhorn nos encuadra a su gemelo, el Matterhorn por su vertiente quizás menos estética. ¡Para allí vamos!

Para allí vamos. 30-7-92.

            El viernes 31 de Julio de 1992 comienza para nosotros a una hora de marqueses.
            -¿Qué tal estáis?
            -¡Bien, bien!
            -Entonces… ¿descansamos hasta mañana o nos vamos esta tarde para arriba?
            -¿Pero dará tiempo…?
            Disponemos de una soleada mañana en Tach para que se vayan secando todas nuestras pertenencias, preparamos las mochilas, comemos “relajadamente” y recogemos.
            Del tiempo no sabemos demasiado pero sigue en general bastante bueno y parece ser que se ha convertido en nuestro incondicional aliado.
            Sobre la una llegamos al aparcamiento de la estación que está lleno y, consecuentemente, he de bajar hasta el aparcamiento inferior situado en frente de nuestro campamento. Volveré por la orilla izquierda del río evaluando las posibilidades de un posible campamento para el caso de que nos falle el conocido.
            A las dos menos cinco, de nuevo,  montamos en el tren para Zermatt. Llegados a la estación, cargamos con nuestras mochilas y nos vamos adelante por la calle principal. Hay que atravesar un pueblo que está animadísimo.
            De camino localizamos un barómetro que nos da una presión muy aceptable para luego llegarnos a la Estación del Teleférico de Schwarzsee donde compramos billetes de ida y vuelta por el módico precio de 24 francos suizos.

Arista de Hornli desde Gornergrat. 26-7-92.

            Una telecabina nos saca del fondo del valle, sobrevuela una multitud de caminillos que pueblan la pradera y nos deposita en la Estación de Furi a 1886 metros de altitud. Seguidamente cambiamos de teleférico y continuamos hasta Furg a 2431 metros de altitud y todavía tenemos que tomar un tercer teleférico, que en un corto recorrido nos deja en la Estación de Schwarzsee a 2582 metros de altitud.
            Son las cuatro y cuarto, desmontamos, arreglamos las mochilas y nos vamos de camino pasando junto al Lago Schwarz que rodeamos por el sur y que tiene cierta movida en sus alrededores.

Desde la Parte Inferior del Hirli. 31-7-92.

            Un camino transitadísimo sobre el lecho absolutamente destrozado por las máquinas pisanieves de la estación de esquí nos eleva en dirección oeste al encuentro del inicio de la Arista de Hornli.
            No sé muy bien si la tarde esta un tanto neblinosa o es que el Cervino me pesaba mentalmente, pero hay que sobreponerse a eso pues nos esperan 700 metros de desnivel.
            La ruta tiene dos partes, la inferior que discurre al sureste de la arista  hasta alcanzar el Hirli, un potente resalte rocoso en la arista  de Hornli por medio del cual el camino se abrirá paso y una parte superior que evolucionará a la nordeste de la misma en busca del refugio.

Pasarelas metálicas en el Hirli. 31-7-92.

            Unas escalas y pasarelas metálicas nos permiten cómodamente encaramarnos a la rocosa arista para atravesarla y proseguir ya por la vertiente nordeste de la misma dejando tras nosotros la potente proa nacida de la arista y tan característica desde Zermatt.

En la Partte Superior del Hirli. 31-7-92.

            Luego, un  camino  trilladísimo pues la roca está absolutamente triturada, nos va elevando sobre la ladera nordeste. Subimos a buen ritmo y aparece el sol pues la tarde se aclara un tanto, lo que nos permite contemplar con claridad el Glaciar de Zmutt y la parte baja del Glaciar del Matterhorn por debajo de su incorporación a la cara norte.
            El camino sin duda nos conduce a la sempiterna bandera suiza del Refugio de Hornli cuando son las seis menos cuarto de la tarde.
            El Refugio es un viejo caserón situado al lado del Hotel Belbedere cuya terraza está poblada de mirones tomadores de sol.
            Pedimos literas a 16 francos suizos y subiendo, organizamos nuestras cosas y nos salimos a fuera.

Mi Cervino 31-7-92.

            Al sol, desde la terraza, contemplamos en Primerísimo plano al Cervino que nos regala, al contraluz de la tarde,  con su solidez impresionante y su pesada verticalidad definitivamente, todo ello envuelto con el papel de una grave incógnita.
            Somos atracados, al tener que comprar agua pues no hay en el refugio, pensando que esa debe ser una de las contribuciones a pagar por esta montaña y cenamos con la soledad del comedor. Luego comprobamos en el libro del mismo que lo español no abunda, o cosa rara, no han dejado constancia de su paso por aquí y charlamos luego con tres chavales de Barcelona que han hecho el Mont Blanc y todo eufóricos se han venido para aquí de tacada.
            Juan se va a dar una vuelta y nosotros nos empiltramos en las literas. Acunados por las mantas mi esposa revienta. Lleva ya mucho tiempo traumatizada por el Cervino y tiene sencillamente miedo. Ha pasado estos días anteriores bastante miedo también y se lo ha tragado haciendo gala de un estoicismo impensable. Ahora se derrumba purgándolo.
            Impotente intento razonadamente alejar de su mente esos sentimientos, pero no es que no tuviera éxito que eso carece de importancia, lo que conseguirá al fin es que en mi se despierte, más presente si cabe, la idea de haberla traído hasta aquí en forma de responsabilidad culpable, con lo que termina por contagiarme sus nervios; pues como cada quisqui, también yo había soportado mis ratos de tensión e incertidumbre.

Refugio de Hornli y Hotel Belbedere. 31-7-92.

            Pasé, pasamos, una hora toledana que no se si le sirvió a mi esposísima de catarsis, a mí me supuso un flaco servicio. Juan vuelve después de haber localizado la acometida de agua del refugio. Rosa me dirá que durmió poco, yo di muchas vueltas físicas y más mentales. Llegaría a pensar en la jubilación de la montaña y me sentí padre culpable como jamás lo había sentido.
            Las tres de la mañana del Primero de Agosto me pilla fresco y ya había habido movida anteriormente. Nosotros nos hemos propuesto no andar demasiado tiempo de noche en la pared, ya que no es cuestión de extraviarse en la misma con lo que en lugar de ganar tiempo igual lo perdíamos.
            Levantados desayunamos, yo sin gana me bebo la leche, preparamos las mochilas dejando cosas innecesarias en el refugio y tras encordarnos salimos a la noche cuando son las cuatro y media de la mañana.
            Voy detrás sin linterna. En un momento y por buen camino alcanzamos la entrada de la pared y el primer mogollón del día: nos saluda la Arista de Hornli con gente en una cuerda fija que permite salvar fácilmente unos pocos metros verticales y progresar sobre un diedro liso, rematándose el paso con la incorporación al primer corredor, amplio y descompuesto pero bien marcado en el que se alternan algunos trozos de sendero sobre materiales terrosos con algunos pasos de manos sencillos.
            Salvo la circunstancia regular al no poder ver bien las presas pero enseguida podemos contemplar la pared intermitentemente iluminada pues hay bastante gente por arriba y ya hemos adelantado a un par de cordadas.
            Juan ha echado unas voces a los tres catalanes que se nos iban a acoplar cuando nos encordábamos pero no ha obtenido respuesta. No les volveríamos a ver el pelo.
            Subimos un corredor próximo a la cresta y en su parte superior lo atravesamos incorporándonos tras un pequeño flanqueo a otro de similares características que salvamos con algún apoyo de manos. Vamos describiendo en la pared escalones hacia nuestra izquierda.
            Alcanzamos una prominencia y a continuación un nuevo corredor que nos conduce a la arista  para progresar por ella, rodear un par de gendarmes y volvernos a introducir en la cara este en busca del siguiente corredor.
            Empieza a amanecer.
            Llevamos una cordada numerosa  delante de nosotros con un último componente que sube tocado ya. Me animo pues no soy yo solo el que sube mal.
            Se desencuerda, lo adelantamos, hay voces en la pared pues lo llaman y lo veo pues sube detrás de mí: va de rodillas.
            -A este no lo tenemos que dejar pasar, ¡eh! Sube arrastro y va tirando piedras continuamente lo que supone un auténtico peligro.
            Intenta pasar y al final lo consigue y no por mi gusto pero lo cierto es que yo no subo nada bien, me falta el aliento con demasiada frecuencia y trato de descargar el máximo de fuerza sobre los brazos.

Cae la tarde sobre Monte Rosa desde el Refugio de Hornli. 30-7-92.

            La vía en la Arista de Hornli es una sucesión de corredores escalonados hacia la izquierda de la marcha. El peligro está en la gente que se encuentra en el mismo corredor por encima de ti, los demás no son problemáticos hagan lo que hagan. La gente va armada hasta los dientes, una auténtica herrería en marcha. ¿Será esto una guerra y nosotros no nos hemos enterado?
            No han pasado ni siquiera diez minutos cuando el que nos ha adelantado, lo estaba viendo, desprende unas piedras. Juan las oye y esquiva algunas pequeñas intentando parar una más grande. Rosa está escalando agarrada con las manos a las presas de una laja por lo que no ve nada y yo que he visto la piedra le pego un tirón del forro polar apartándola un poco hacia la derecha del corredor. La piedra bajaba directamente a su cabeza y le alcanza la mano derecha que no ha soltado de la pared y luego una rodilla, todo lo que no se había podido apartar de la trayectoria de caída.
            Parece ser que ha habido suerte por esta vez, solamente ha sufrido una fuerte contusión en la mano. El impresentable del gachó ni ha avisado que tiraba piedras  ni se interesa por el asunto. Rosa dice que está bien, que bueno… Yo me pongo muy nervioso, estoy cabreadísimo, le digo de casi todo. ¡Mira que lo había dicho!
            Vamos para arriba a adelantarles como sea, debajo de ellos no podemos ir.
            Al adelantarle le doy un cursillo intensivo de español a voz en cuello, no dice ni pun y todavía no sé cómo no nos enganchamos de la pechera. ¡Vamos para arriba, vamos!
            Se suceden corredores más o menos descompuestos pero siempre fáciles, alternándose con largos en los que aparecen lajas relativamente sencillas con buenas presas. La vía no tiene ya pérdida, está machacada y con frecuencia se puede progresar un poco por cualquier parte pues las dificultades son equivalentes y los adelantamientos relativamente sencillos.
            El ritmo es bueno sin más y a pesar de ello sigo subiendo mal. Llevo muchos ratos fundido con la esperanza de recuperar las fuerzas y el ritmo. Voy a fuerza de brazos pues no puedo con las piernas.
            Pasamos una serie de repisas que nos incorporan a la pared para tomar a continuación un corredor que nos devuelve a la arista  hacia un gendarme que contorneamos al paso.
            Por abajo aparecen algunas nieblas apelmazadas sobre el Glaciar de Furg mientras yo estoy sumergido en mi calvario particular. Rosa se da cuenta  a pesar de que disimulo y espero.
            Superamos unas lajas salpicadas de pequeñas repisas y aparecemos bajo una potente rampa muy erguida que superamos haciendo seguro con la cuerda. Luego viene un tramo próximo a la cresta a la que nos asomamos para ver una parte de la cara Norte.

En la Cabaña Solvay. 1-8-92.

            La Rampa erguida es la Laja Mosseley, tristemente famosa por atribuírsele  importantes accidentes, pero inmediatamente estamos en la Cabaña Solvay a 4003 metros de altitud. Son las siete de una mañana que está mejor por arriba que por abajo. Hemos subido  750 metros pero me encuentro como si hubiera subido 1000 metros más.
            En la cabaña hay unos italianos que nos ofrecen una galleta que aceptamos.          Deberíamos parar para comer, beber y descansar como dice mi cuerpo, aunque mi espíritu que le contradice una vez más me empuja a seguir para arriba al objeto de dejar atrás gentes igual a peligros y no hacer demasiadas colas en las cuerdas fijas.
            La Cabaña Solvay tendrá alrededor de 20 metros cuadrados, es de madera y dentro tiene mesas, bancos, literas, colchonetas, mantas y un radioteléfono. No le concedemos tiempo.

La Tete del Cervino desde la zona de Solvay. 1-8-92.

            Dejamos atrás a seis italianos y proseguimos para arriba por una pared que resulta algo monótona pero con las trepadas un poco más continuadas pero con similar dificultad que no pasará mucho del IIº. A pesar de ello para mí cada vez son más difíciles  pues voy absolutamente fundido.
            Cada vez paramos más frecuentemente y más rato, no doy más allá de media docena de paso y ya estoy hecho polvo. No sé qué futuro me espera.
            A trancas y barrancas alcanzamos el primer nevero cubierto de nieve dura que nos conduce a la cresta y al abismo de la Cara Norte. Desde aquí casi todo queda allá abajo. Pasamos sin asegurar en los piquetes de hierro que hay colocados al efecto. Poco después otro nevero que subo mejor pues los pasos son más uniformes, nos retorna de nuevo a la cresta. Estamos llegando al Hombro del Cervino cortado verticalmente sobre la norte del pico.
            El hombro se transita por la misma cresta y desde aquí se ve ya el tramo más erguido equipado con cuerdas fijas y que permite el acceso al casquete somital nevado.
            Voy tan mal que cualquier simple paso me resulta un suplicio.
            -Socios, yo me quedo. Subid vosotros que os espero aquí. No tengo ganas de arrastrarme más para arriba.
            -¡Pero si no son todavía las nueve de la mañana!
            -¡Yo también me quedo!
            -Anda, ¡no seas tonta y sube!
            Lo siento por Rosa pero la decisión está tomada. Animamos a Juan que tiene ganas de subir y se termina uniendo a una cordada de catalanes que hemos alcanzado al principio del Hombro.
            En  medio del Hombro del Cervino a casi 4300 metros de altitud nos quedamos. Sentados sobre una pequeña repisa, al tenue abrigo del solecillo y no a salvo de las piedras que pueden remover las cordadas que pasan por encima de nosotros tratamos de comer y de beber un poco con cierta dificultad. Nos abrigamos con todo lo que llevamos pues sudados, enseguida se hace frío.

Descansando en el Hombro. 1-8-92.

            Reconduzco a alguna cordada que viene a buscar nuestro abrigo, alguna que otra se da la vuelta desde allí… ¿qué pasa hoy que esto parece una procesión?
            Al final caigo en la cuenta de que hemos acertado la quiniela difícil, la de ningún acierto: hoy es sábado y por tanto fiesta, comienza Agosto por lo que es pleno verano y es el 1 de Agosto la Fiesta Nacional Suiza. ¡No te digo! Cuando elaboré el programa conocía estos detalles pero en modo alguno era capaz de imaginar una situación tan concurrida.
            El helicóptero comienza al rato a dar vueltas, las nieblas toman de cuando en cuando el ascensor y nos envuelven. Han debido advertir que estamos parados y esperan alguna señal por nuestra parte para sacarnos de la pared.
            Rosa tiene ganas de acabar con esta historia pero le preocupa el descenso de los neveros.
            Tendremos tiempo para todo, sobre todo para contemplar a caballo de la arista en este pináculo el Glaciar de Zmutt a un lado y al otro el glaciar de Furggen que vomita continuamente nieblas hacia arriba.
            A nuestros pies, una arista irreconocible desde aquí serpentea en un imposible escorzo cual si fuera un descuartizado ofidio. Ni siquiera se ve la cabaña Solvay. Haré una fotografía absolutamente irreal.

El Cervino desde la Nadelgratt. 20-7-89.

            Unas chobas piquigualdas destrozan la ley de la gravedad con las térmicas de la arista. Pero sobre todo tengo tiempo para pensar y recorrer mentalmente todos esos recovecos que nos han depositado aquí:
            He llevado un régimen alimenticio insuficiente, hoy he desayunado sin gana la leche bebida.
            No hemos descansado lo suficiente de la soba de Monte Rosa, deberíamos habernos quedado en Tach el día previsto.
            La noche en blanco, la pedrada, los nervios subsiguientes, la prisa, venga, venga… He metido la pata hasta la ingle… Pensaba que me iba a comer el mundo y con el primer bocado me atraganto… ¿A dónde ha ido a parar mi resistencia?... ¿Dónde está la confianza que tenía en mí mismo?...
            El Cervino es una montaña distinta a todas las que hemos hecho hasta ahora. Había que subir 1218 metros lo que suponía un desnivel normal para nosotros. Rosa también contaba con estar en la punta en tres horas ya que nosotros subimos mejor pendiente que largo. No somos escaladores y no estamos acostumbrados a estar un montón de horas en una pared como caracoles, lo nuestro es que estamos aquí y dentro de una hora allá, no aquí mismo. De cualquier forma parece  ser que esta montaña, mi montaña, no va a ser para mí. ¿Cualquiera piensa en volver aquí desde mi frustración?...

Frontal de la Arista de Hornli. 26-7-92.

           Ahora todo ha terminado…
            Pero no es cierto, hay que bajar, nos esperan los teleféricos y Grindelwald.
            Se hace largo, Juan tarda, hay cambio de tiempo y suben las nieblas con mayor asiduidad, se hace frío… pero finalmente creo verlo en las cuerdas fijas.
            A la una nos reunimos, nosotros con los crampones puestos. Han hecho cima, nos encordamos y nos vamos para abajo.
            Los primeros paso son torpes en la cresta no sé si estoy más entumecido que bloqueado. Llega el primer nevero y pasado el vértigo inicial me salva.

En el descenso del Cervino bajo el Hombro. 1-8-92.

            Al final del nevero inferior nos quitamos los crampones e iniciamos el largo descenso de roca. Al principio, un tanto inseguro, desciendo  algunos tramos de espaldas al valle y tengo cierta dificultad con los apoyos en pasos que son evidentes. Rosa baja medio asegurada como procedimiento para que navegue. Enseguida cogemos seguridad y ganamos ritmo, adelantamos a una cordada y alcanzamos la Cabaña Solvay.
            Nos metemos dentro no para descansar que creo que no es demasiado necesario sino para que coma un poco Juan y terminamos comiendo un poco todos y echando unos buenos tragos de agua ya que, bajando, no se nos hará demasiada sed.
            Enseguida nos vamos para abajo dejando la Solvay que esta noche tendrá buena compañía. Yo estoy ya como siempre. ¡Ya era hora!
            Desandamos la vía que hemos subido esta mañana guiados por los arañazos de los crampones y los cintajos. Ahora nos guiamos, no sé si más por la vista que por el olfato: el personal ha debido subir con la tripa floja.

Un claro en la Arista de Hornli desde debajo de Solvay. 1-8-92.

            Las nieblas, al revés que a la mañana, se quedan por arriba y nos respetan. Bajamos a muy buen ritmo pero a pesar de ello a Rosa se le hace largo y tratamos de engañarla como mejor podemos como procedimiento para que persista en el ritmo. De cualquier forma, estamos casi abajo cuando adelantamos a los catalanes que rapelan uno de los corredores.
            Un último corredor está ocupado con otra cordada que no sabemos si suben o si bajan, les adelantamos por fuera con un paso casi de hombros y cuando nos quieren dejar paso ya estamos agarrados a las cuerdas fijas de salida. Son las cinco de la tarde, Juan le pasa su mochila a Rosa que se va de largo camino abajo mientras que nosotros nos llegamos a la puerta del Refugio de Hornli y nos desencordamos. Hemos bajado desde el hombro en tres horas y media.
            Echaré una última ojeada al Cervino con mi mente en marcada división de opiniones y me tiraré para abajo junto a la hoguera que han preparado los del refugio para celebrar la Fiesta nacional.
            Rosa baja atajando y al trote, yo atajo todavía más y Juán que ha entrado a recoger las documentaciones que hay que depositar en el refugio ineludiblemente, lo hace al galope. Nos encontramos en el rellano próximo al cambio de vertiente en la arista, son las cinco y cuarto y sabemos que el último teleférico arranca a las seis.
            Me detengo para hacer una cita con ocho piedras, una por cada miembro de nuestras familias y me cuesta alcanzarles de nuevo pues bajan escopeteados.

Salidos de la Arista de Hornli. 1-8-92.

            Ya muy abajo aflojamos el ritmo sabedores de que no tendremos problemas de hora, pasamos junto al Lago Schwarz y subimos el último repecho que nos deposita en la estación cuando son las seis menos cuarto.
            No aparecen los billetes en nuestras mochilas y el empleado de la estación nos da unas prisas injustificadas puesto que no partiremos hasta un cuarto de hora después.
            En cuarenta minutos estamos en Zermatt vestida de fiesta, pero como no estamos invitados, posiblemente por no llevar la vestimenta adecuada, pasamos de la fiesta y nos largamos hasta la estación. Nos espera Tach y luego Grindelwald.

Para ver la Continuación.