26 jul 1985

2-85. CANFRANC-ORDESA 85. ETAPA 2. LA SARRA-RESPOMUSO. 26-7-1985.


Ibón de Respomuso. 13-7-05.

La Sarra, Llano Cheto, Barranco e Ibones de Arriel, Collado de Arremoulit, Ibones de Arriel e Ibón de Respomuso.
26-07-1985.
Desnivel ascendido 1050 m.
Desnivel descendido 370 m.
Distancia recorrida 15000 m
Tiempo efectivo de marcha 08 h.
Sol.
Fácil.
En una travesía se suceden las etapas. Hoy nos ha correspondido una corta tras la anterior larga, en un entorno lacustre especialmente espectacular.
Agua en La Sarra, en los Barrancos de Aguas Limpias y Arriel y en los Ibones de Arriel y Reespomuso. No hay problema.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de La Sarra- Respomuso procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            En el picnic de la Sarra, a la luz de las linternas y en el fogón de butano preparamos nuestra cena: una sopa, un bocadillo que traemos de casa y un buen vaso de café con leche con galletas tostadas. Barro con una rama de boj un trozo del refugio junto a una de las paredes y amontono las piedras como protección para el viento que campa por sus respetos mientras Rosa prepara la cena.
           Cenados, preparamos el desayuno y extendemos los sacos sobre el enlosado suelo que ha quedado decente a pesar de que los “dueños del mundo” han hecho fuego dentro y habrá un carretillo de cenizas además del refugio decorado al negro humo.

Camino de Tornadizas hacia el Llano Cheto. 30-6-10. 

            Antes de meternos en los sacos comprobaremos con satisfacción el buen estado de nuestros pies  sabedores de que en ello va el futuro de nuestra travesía.
            El suelo de granito del Pirineo Axil de la mejor calidad ya en la oscuridad se nota duro pero no nos preocupa, el lugar es más que aceptable y suponemos que en “el reino de los justos” no vamos a notar ninguna diferencia con el más mullido de los colchones.

Las delicias del Hayedo de Aguas Limpias. 5-6-07.

            La noche se pasa entre alguna que otra vuelta que certifica la dureza de la piedra.
            Nos despierta la luz de la mañana del 26 de Julio de 1985, a las siete y media pasadas. No tenemos ni demasiadas prisas ni ganas en comenzar la jornada pero hay que ponerse en pie y contemplar una mañana que nada tiene que ver con la noche anterior pues está completamente despejada.

En el Paso del Onso. 5-6-07.

              Desayunamos nuestro vaso de café con leche y galletas, recogemos los sacos, enmochilamos los bártulos y a las nueve menos cuarto nos echamos con miedo las mochilas sobre los hombros pero se puede aguantar. Ayer partíamos de los 1196 metros de Canfranc y hoy de los 1450 metros a los que se encuentra el Puente de las Faixas.
           Por la Orilla Derecha del Aguas Limpias alcanzamos enseguida el Llano de Tornadizas. Entramos en calor y comenzamos a funcionar como si nada hubiera pasado el día anterior. De los hombros no sabemos nada: ¡milagroso!

Cascada Inferior de Arriel. 5-6-07.

            Enseguida alcanzamos el hayedo que poco a poco se espesa oscuramente fresco. El barranco discurre por el fondo de un tajo estrecho y profundo  que se estrecha y acerca en el Paso del Onso para desembocar en el comienzo del Llano Cheto.
            El valle se allana y ensancha y nos detenemos bajo una vieja haya para echar un bocado antes de que el camino se vuelva a empinar como esperamos. Hemos previsto pequeños almuerzos y meriendas a base de embutido o queso con un poco de pan al objeto de completar la  alimentación, para  repartirla un poco por toda la jornada y procurarnos descansos entre periodos de esfuerzo.

Pedrera en la Sur de Arriel de camino a los ibones. 5-6-07.

            Pasan de las diez cuando cruzamos con el camino el Barranco de Arriel y poco más adelante  abandonando el marcadísimo camino principal que marcha a Respomuso volvemos al norte  y superamos el escarpe en fuerte ascenso entre pendientes herbosas y escalones graníticos para alcanzar de nuevo el lecho del Barranco de Arriel. A nuestros pies se ha quedado el Llano Cheto que contemplamos desde una visión inédita para nosotros.

 Ibones de Arriel desde el Desagüe del Ibón Helado. 3-9-13.

            Lo que viene a continuación, además de ser tan empinado como lo anterior, es un pedregal granítico desconsolador correspondiente a la Cara Sur del Pico Arriel. Hemos encontrado trazas de camino que se pierden en el barranco que atravesamos con intención de proseguir en principio por su orilla derecha. El pedregal se empina y se mezcla con toboganes de grava que dificultan un poco más la subida, lo que nos invita a buscar la piedra más gorda que encontramos próxima a la Ladera de Arriel, en dirección a un potente nevero recostado sobre la misma.

Collado de Arremoulit  desde el Ibón Alto de Arriel. 9-8-09.

            Serán alrededor de 300 metros de desnivel los que superaremos piedra a piedra de un tirón, lo que nos ha puesto a prueba. No hemos llegado muy sobrados pero nos encontramos bien. Junto al nevero nos comemos un limón con azúcar y descansamos un poco mientras el altímetro señala los 2200 metros.
            Seguimos hacia el norte para terminar el pedregal alcanzando el collado que imaginamos como parte del cerrojo glaciar. Cuál no será nuestra sorpresa cuando la pedrera se allana y se enfrenta a un escalón en la Falda de Arriel, la fosa de los ibones se encuentra al este y nosotros nos hemos pasado.

Ibones de Arremoulit desde el collado del mismo nombre.

            Cambiamos de dirección y continuamos hacia el este por una pedrera en la que se suceden sin descanso lomas y depresiones para avistar enseguida uno de los ibones inferiores. Son las doce y media cuando deambulando por terreno escabroso, pues no hemos querido bajar al camino que recorre los ibones, aparecemos en un pequeño collado desde el que dominamos la mayor parte de la cubeta lacustre.

Arriel y Collado de Arremoulit desde el Collado de Lavedán. 25-9-15.

         Finalmente y una vez que hemos disfrutado de una estampa sencillamente encantadora nos decidimos a bajar. Tiene algo de especial la paz y la soledad que se respira aquí. El recuerdo es imborrable y como todo recuerdo, infinitamente mejor que la realidad, lo que aquí es francamente difícil.
            Levantamos la vista y allí está, escoltado por los Collados de Lavedán y Arremoulit la arrogante Pirámide del Pallas y más a nuestra izquierda otra inquietante pirámide, el afilado y encumbrado Arriel.

Ibón Inferior de Arriel. 14-7-05.

            Recorremos por la orilla oeste el más alto de los ibones al objeto de dejar las mochilas a mano y con las cantimploras, unos frutos secos, los anoraks y el tomavistas nos dirigimos al oeste hacia el Collado de Arremoulit. Es un paseo sin carga por un pedregal, a estas horas ya familiar, que conduce a un inclinado y estrecho corredor que concluye en el collado. Hemos salvado rápidamente el desnivel y estamos a 2440 metros de altitud; es la una y media del mediodía de un magnífico día ventilado por el correspondiente viento de los collados.

De Arriel a Frondiellas nnuestro camino a Respomuso desde la Divisoria de Ministirio. 10-9-08.

            Pasamos a la vertiente francesa y nos protegemos un poco del viento. Hemos llegado hasta aquí para contemplar el Circo de Arremoulit. Allí están los escarpados neveros acostados en la Cara Este de los Arrieles, bajando a beber en los remotos y dormidos Ibones de Arremoulit con su soleado refugio en medio de ellos. En la parte este del circo, escalonado por el Pitón Von Martin está el Pallas.

La Presa de Respomuso coronada por Campo Plano y Llena de Cantal. 30-6-10.

            Echamos un trago con unos cacahuetes y un cigarro y cambiamos de vertiente para contemplar el Circo de Arriel. Enseguida se nos va la vista desagüe arriba del Glaciar de las Frondiellas hasta el Balaitus: enorme, altísimo y enigmático. Luego la Cresta de las Frondiellas nos devuelve a la Cubeta de Arriel y me lo llevo todo con el tomavistas.
            Nos vamos poco a poco para abajo refugiándonos en la magnífica belleza del circo: estamos comenzando a descubrir el Pirineo y nos gusta.

La Casa de EIASA. desde la Presa de Respomuso. 

            Alcanzamos de nuevo las mochilas cuando el reloj marca las tres y es hora de comer. Calentamos una lata de judías que nos sabe a gloria, una lata de sardinas y un nescafé calentito; todo tiene sitio en nuestros estómagos pues de apetito vamos bien.
            Son las cuatro y media cuando nos vamos por la orilla izquierda de los ibones, andando el camino que sigue el desagüe de los mismos hasta la bifurcación que tomamos a la izquierda de los mismos ascendiendo brevemente. El camino nos ha de llevar a media ladera de la soleada Cara Sur de las Frondiellas hasta el Ibón de Respomuso.

Campo Plano y Llena de Cantal desde Respomuso y mucha basura. 

            El camino que recorremos data de la época en la que se realizaron las obras hidráulicas en los ibones. Forma parte de la red de caminos que permitía el acceso del personal y las comunicaciones en tan escarpados lugares. A 2100 metros sigue la trayectoria de un gran canal subterráneo que conduce las aguas de los Arrieles al enorme Embalse de Respomuso. Son 5 kilómetros que se recorren con absoluta tranquilidad disfrutando de una hermosa tarde, de un fin de jornada ya próximo y de las magníficas vistas de la Vertiente Izquierda del Aguas Limpias y de la Zona Sudeste del Circo de Piedrafita.
            Son las seis y cuarto cuando llegamos al Chalet de Aragonesas, en las inmediaciones del Embalse de Respomuso. Sabemos que ha sido forzado y que ahora está abierto. Lo que encontramos es un auténtico desastre. Está destrozado por dentro, le han arrancado alguna puerta, derribado alguna pared, el aseo está lleno de basura, los jergones y los colchones revueltos con escombros, es la manifestación más clara del vandalismo desmedido e inoperante. La cocina está ocupada por unos montañeros a juzgar por los materiales que vemos.

Croquis de la segunda etapa.  

            Alrededor de la casa hay montones de basura. Bajamos hasta la Capilla de la Virgen de las Nieves junto a la presa y está por el estilo con la salvedad de que al ser un edificio construido en piedra el deterioro es menor pero no queda títere con cabeza: en el interior han hecho fuego y la sacristía está patas arriba. Terminamos preguntándonos por la suerte de males que habremos cometido para merecernos esto: la prueba definitiva de una sociedad enferma. Es la última pincelada de un funesto cuadro pintado por el descontrol y al amparo de éste, la desidia de los constructores de las obras que dejaron la zona convertida en un caos de construcciones ahora destrozadas y un basurero de cables y chatarra esparcida por los alrededores del ibón.
            Hemos encontrado en la capilla a una pareja de Sabiñánigo que quiere ir a los Infiernos. Saldrán antes que nosotros  y por ello nos despedimos para subirnos a terminar la tarde y dormir en el chalet.

Para ver la Continuación.

25 jul 1985

1-85. CANFRANC-ORDESA 85. ETAPA 1. CANFRANC-LA SARRA. 25-7-1985.


Ibónes de Anayet y Espelunciecha desde el Diente de Anayet. 23-7-14

Canfranc Estación, Barranco de Canal Roya, Ibonciechos de Anayet, Ibones de Anayet, Barranco Culibillas, Corral de las Mulas, Sallent y La Sarra.
25-07-1985.
Desnivel ascendido 1350 m.
Desnivel descendido 1050 m. 
Distancia recorrida 22000 m.
Tiempo efectivo de marcha 09:00 h.
Sol.
Fácil.
Se trata de una larga etapa de senderismo que hubiera sido más agradable sin tratar de visitar los Ibonciechos, inexistentes prácticamente, de Anayet. A cambio hacer los 7 kilómetros de carretera en coche ha compensado sobradamente.
Agua  en Canfranc, en el Barranco Canal Roya, en las Surgencias del Ibón de Anayet, en Sallent y en la Sarra. Cuidado con los barrancos por el ganado.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Canfranc-la Sarra procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Salir a la montaña cuando la residencia habitual está prácticamente en la montaña es un proceso normalmente sencillo y breve, con la ventaja adicional de que puedes observar directamente el tiempo que con bastante aproximación vas a tener sin salir todavía de casa.
            Así era la montaña que conocíamos, generalmente a salvo de mojaduras y temporales, evidentemente  bastante cómoda. Una hora de coche nos colocaba en ruta ya no apta para vehículos, lo que no era más que un simple paseo: una hora de coche por la mañana y otra por la tarde, de vuelta salvo alguna ocasional noche pasada en refugio que no era más que la excepción a la regla general.
            El proceso de ir y subir media jornada para pasar la otra media bajando y volviendo, no por asumido dejaba depositada en nuestra mente la idea  de la inestimable pérdida de altura, ¡con lo que costaba ganarla!

La Entrada al Túnel de Canfranc. Recordando. 6-8-11.

            La solución al despilfarro era evidente: la travesía, pero ese peregrino concepto en nuestra reducida experiencia montañera era algo que debía esperar a nuestra maduración en un medio en el que nos estábamos iniciando con evidentes inquietudes.
         Una travesía que discurra por rutas no pateadas con anterioridad y que pretenda contar fundamentalmente con tus propios medios requiere además de experiencia una buena capacidad de organización. Se podría teorizar al respecto pero lo mejor puede ser que cada cual desarrolle sus propias posibilidades.
            Del “querer” al “estar” todo dispuesto dista lo mismo que del dicho al hecho, pero tendríamos tiempo suficiente para fijar una ruta inédita para nosotros en un Pirineo enorme y desconocido también para nosotros, sin demasiadas complicaciones con los medios de transporte y con un tiempo limitado: pretendíamos un amplio desplazamiento entre media y alta montaña y queríamos autoabastecernos.

La Entrada a la Canal Roya. 6-8-11.

            Todo esto, con ser poco nos colocaba en un disparadero para el que no contábamos con suficientes mapas como comprobaríamos después, ganas e ilusión en cantidades tantas como inexperiencia.
            Contábamos con el ferrocarril y un Land Rover que hacía una especie de servicio en Pineta. Vivíamos en Sabiñánigo e iríamos de Canfranc a Pineta en cinco días.
            Reparto de jornadas, ruta a seguir, campamentos, abastecimientos, comunicaciones, comidas, ropas, equipos diversos… un follón bastante considerable, ruta previa que hay que recorrer necesariamente más conociendo que no nos gusta demasiado la improvisación. Aparecen las listas y el peso se convierte en una auténtica amenaza pues me liaría a pesarlo todo y como premio el pasar de 30 a 25 kilos finalmente, todo incluido. Bajar de allí ni nuestros materiales lo permitían, ni la seguridad mínima lo aconsejaba, ni la mínima comodidad lo recomendaba y aun así hubo que renunciar a llevar un segundo piolet, llevaríamos una cuerda de tan solo 9 metros y nos dejábamos en casa mis zapatillas pero nuestra ilusión podía con todo.

Sobre la Cabaña Lacuars dejaríamos el fondo del valle. 6-8-11.

            Todo quedó bastante bien atado menos el tema de los campamentos que con la excepción de una noche en Góriz, el resto podía salir bien o dejarnos a cubierto, bajo un plástico, de la noche y las estrellas.
            Salvaríamos lo mejor que pudiéramos las dificultades familiares: no les gustaba ni un pelo nuestro proyecto y nuestra hija se quedaría en casa de su abuela paterna aunque podía quedarse en cualquiera de las dos.
            Todo quedaría dividido en dos partes: 7 kilos para mi señora y casi 18 kilos para mí, la ropa puesta y sin agua. Cuando el día anterior me eché a la espalda la mochila os aseguro que un ligero escalofrío recorrió mi cuerpo.

Los Ibonciechos Orientales de Canal Roya con más agua que en el 85. 6-8-11.

            El pueblo, sabiñánigo, está en fiestas, nos despedimos de los amigos pues a la vuelta nos marcharíamos a la playa a la carrera, disfrutamos del desfile inaugural de fiestas, bebemos zurracapote de las peñas, pero en medio de tanta algarabía festiva, nuestras mentes están en otros lugares.
            Tras una noche de inquietud, nervios e insomnio el despertador, a una hora prudencial nos llama al 25 de Julio de 1985. Son las ocho, desayunamos, cargamos con las mochilas y nos vamos a la estación cruzándonos con los últimos borrachines de la primera noche de fiestas y con algunos conocidos que nos desean suerte. Sacamos billetes y esperamos la llegada del ferrobús, por una vez, puntual.
            Son las nueve y media cuando arranca el tren y nos sentamos en un mullido asiento de un vagón media vacío. Casi nunca vamos en tren y dejamos que discurra el paisaje entre conversaciones intrascendentes en una mañana típica de Julio en la que el sol va a calentar de lo lindo pues ya lo está haciendo.

El prácticamente colmatado Ibonciecho Oriental de Canal Roya. 6-8-11.

            Dejamos que discurra el tiempo que se nos hace eterno y nos desembarazamos sin apetito de nuestro almuerzo hasta que la Tubería del Embalse de Ip nos anuncia que nuestro viaje está a punto de finalizar.
            Al sol de las diez y media de la mañana de Canfranc nos colocamos las mochilas y abandonamos la estación para tomar la carretera con dirección al Somport. Estamos a 1196 metros de altitud. Nada más terminar el pueblo y a la altura del Túnel Internacional, ahora fuera de servicio, saco el tomavistas e inmortalizo el momento y el garbo de mi señora carretera adelante. Tendré tiempo para considerar lo pesado que se puede hacer el día ya que el suave ascenso de la carretera lo acusan las rodillas. Me consolaré con el fuerte ritmo que lleva Rosa por delante y con el convencimiento de que todos los comienzos son duros.

Ganado en la Rinconada de Anayet. 16-9-04.

            Dejamos a nuestra derecha la Pared de Col de Ladrones y el acceso a Izas para continuar por la derecha del Aragón un poco más hasta que llegamos a la boca del siguiente valle y tras consultar el mapa abandonamos la carretera para introducirnos  en un pequeño bosque de pino silvestre y boj recorrido por un tortuoso camino que se adentra en la Canal Roya con 3 kilómetros de pista
            El camino se acerca al barranco del mismo nombre y por la derecha se encuentra con una vieja pista simada a tramos. Hemos dejado el bosque y la pista se convierte en gravera de rivera con lo que se terminan los anunciados 3 kilómetros. El camino mantiene su ritmo de ascensión y nosotros el nuestro que bastantes esfuerzos nos cuesta.
            Cruzamos el barranco y hacemos un breve descanso junto a un refugio pastoril situado bajo la Punta de las Negras cuando todavía no son las doce. Tomamos la decisión de proseguir al este abandonando el lecho del barranco para incorporarnos por las campas herbosas bajo el Falso Anayet y alcanzar directamente los ibones más bajos.

La Canal Roya desde las pedrizas hacia la Rinconada de Anayet. 23-7-14.

            El panorama ha cambiado, mejor dicho, lo hemos cambiado nosotros y ladera arriba vamos haciendo nuestro propio camino: ganamos altura rápidamente aunque nuestros esfuerzos nos cuesta pues la ladera está francamente empinada, no nos andamos con rodeos y el sol calienta lo suyo. Estamos ansiosos por alcanzar los primeros ibones.
            Superados los 2000 metros vamos virando un poco al sur. Hemos detectado la presencia de una pequeña charca prácticamente desecada y empezamos a tener, como coloquialmente se dice, la mosca tras la oreja.

Camino en la Rinconada de Anayet visto desde la Vía del Sarrio al Diente de Anayet. 23-7-14.

            La Cresta de Peña Blanca, alargadamente escarpada nos vigila desde la entrada del valle, quizás nos compadezca por nuestra inquietud. Son las dos de la tarde cuando me adelanto en un amplio escalón bastante horizontal en plena ladera y alcanzo una pequeña zona hundida y vestida de abundante vegetación propia de zonas lacustres colmatadas y tras breve conciliábulo decidimos parar a descansar y comer junto al lecho de un menguado barranco. Estamos cansados, acalorados y un poco defraudados pues o no hemos sido capaces de encontrar los Ibones Bajos de Anayet o se han evaporado.
            Comemos con no demasiada gana nuestro bocadillo de tortilla de patatas con jamón, una fruta y un vaso de leche teñida con dos terrones de azúcar, lo más nutritivo y apetitoso por 38 gramos.
            Son las tres menos cuarto cuando tras consultar de nuevo el mapa. El Falso Anayet ó El Diente y el Anayet nos cierran el paso al sur por lo que habrá que marchar un poco al este como procedimiento de alcanzar la Rinconada de Anayet y por ella la cubeta lacustre.

En los Ibones de Anayet.

            Comenzamos a perder altura, atravesamos una pequeña cubeta lacustre recorrida por un barranquillo y nos asomamos al fondo de la Rinconada. Entonces se nos aclara definitivamente la situación. Hay que perder altura en diagonal por una inestable pedrera hasta alcanzar la rinconada en el fondo de la pared por la que baja la cascada y ascender este escalón para alcanzar la Majada de Anayet en la que se asientan los ibones.
            A pesar de nuestros empeños en perder lo mínimo posible tendremos que situarnos en la base de la pared y ascender el zócalo de paredes marrones y grises que escalonadamente la conforman. La ruta es evidente  y nos permite fácilmente superar la pared y ganar los últimos escalones herbosos que son el inicio de la majada en la zona más próxima al Diente de Anayet. Hemos empleado hora y media en un trayecto apresurado que se suponía horizontal a priori.

Iniciando el Barranco de Culibillas. 2-6-07.

            Por fin y a nuestra izquierda localizamos el mayor de los Ibones de Anayet y hacia allí nos dirigimos para llegar a su orilla y soltar las mochilas casi con rabia.
            Rosa se remoja los pies, echamos una gaseosa mientras charlamos con cuatro excursionistas bajo la severa mirada del Diente de Anayet. Algún día subiré, pienso. Mientras, dejo distraídamente que la mirada vague al norte. Entre Peña Blanca y una masa nubosa, elegante, rotundo, firme, solitario e iluminado aparece el Midi de Ossau. Habíamos subido dándole la espalda y solamente por esto ya habría merecido la pena el esfuerzo realizado.
            Inmortalizo al Midi con mi señora junto al Ibón de Anayet con la cámara de fotos, pasamos un rato encantador y nos proponemos volver para acampar con tranquilidad, pero tenemos que remprender la marcha.

El Barranco Culibillas en un final de Primavera florido. 6-6-08.

         Son las cinco cuando comenzamos el descenso del Barranco Culibillas en dirección este, confirmando la trayectoria fundamental de la travesía. Hemos estado por encima de los 2200 metros y nos espera el Corral de las Mulas tras descender alrededor de 600 metros.
            Barranco abajo alternamos tramos de pedregal con otros de praderío llevando a nuestra izquierda la afilada Cresta de la Garganta. Descendemos a buen ritmo animados por la proximidad de la pista que nos ha de seguir llevando para abajo. El praderío está lleno de ganado vacuno. Es una pena que se desperdicien tantos y tantos prados, alimento inestimable para una ganadería que podría ser una importante fuente de recursos para mantener la población en sus valles. Aquí no es el caso.

Anayet bajando hacia el Corral de las Mulas.

            Alcanzamos la pista cuando el sol ya nos acaricia más que molesta y lo agradecemos. Nuestro ritmo se ha ido pausando sin darnos cuenta posiblemente debido a la jornada que llevamos en nuestras piernas.
           
           Caminamos entre ganado y turistas. ¡Se habrá corrido la voz de que el monte es sano y saludable!
        Los hombros nos molestan un poco y se nos hace larga la pista mientras comentamos la posibilidad de que alguno de los coches nos baje hasta Sallent pues caminar 7 kilómetros por la carretera no resultará nada agradable. Pero eso será para mañana pues nuestro plan es acampar en el Corral de las Mulas utilizando el abrigo de la entrada o alguna dependencia.

El Corral de las Mulas ya está cerca. 2-6-07.

            Desistimos de tan tentadora idea pues no creemos que haya nadie que nos pueda coger aunque solamente sea por razones de espacio pero no por ello y a modo de terapia psicológica, en el caso de que bajaran a Rosa al menos que se llevara mi mochila, yo bajaría descargado y así más ligero. Ni que decir tiene que estoy loco por quitármela de encima.
            El Corral de las Mulas está cerrado, el porche tiene un par de dedos de estiércol, el agua está lejos y con tanto ganado es un problema al no conocer las fuentes que las habrá. Un par de kilómetros más abajo está Formigal y alguna posibilidad encontraremos… es momento de tomar decisiones pues son las siete y cuarto.
            Un coche que sube por la pista hacia la carretera nos ayuda a tomar decisiones. Para y nos invita a bajar hasta Sallent, lo que aceptamos de buena gana.

 
El Corral de las Mulas. 14-7-11.

            Nos deslizamos carretera abajo conversando acerca de la montaña pero mi mente está en otro tajo: nuestro programa acaba de cambiar sustancialmente.
            Son las siete y media de la tarde cuando estamos en Sallent donde habíamos programado comprar y telefonear. Estudiamos la situación y decidimos aprovechar la ventaja que tenemos con respecto al programa previsto: compramos unas cosillas también previstas pues a la mañana siguiente las tiendas abrirán tarde para nosotros.
            El asunto del teléfono es un poco más complicado pues están en fiestas y es muy mala hora. Decidimos esperar un poco echando una cerveza y nos acordamos del hermano de Rosa, le comunicamos las novedades y a las ocho y media estamos dispuestos para marchar hacia La Sarra, a una mala tenemos el abrigo de la cola del embalse.

La Sarra a la luz de la mañana. Llegamos ya de noche. 10-9-08.

            Tomamos la vieja carretera que sube a la Urbanización del Formigal en lugar de hacerlo por las huertas. Cualquier abrigo nos puede servir. Poco después abandonamos la carretera y nos vamos por otra que parte a nuestra derecha. Se trata de la Carretera Privada de Aragonesas que es la empresa que explota los lagos de esta zona del Pirineo y que nos introduce en el Valle del Aguas Limpias.
            No encontramos nada, el chalet de la orilla de la carretera está completamente cerrado y por tanto sabemos hasta dónde tendremos que llegar. Estamos cansados física y mentalmente. La nadada ha sido considerable, el sol nos ha machacado lo suyo, cambiar de programa ha alargado nuestra marcha aunque nos beneficiará a posteriori y la inexperiencia nos ha castigado con la inquietud y el nerviosismo. Para completar el cuadro quieren caer algunas gotas y en los 4 kilómetros de la carretera aparecen más cuestas de las esperadas.
            La tarde ha ido cayendo y llega la noche con unas gotas que nos preocupan pues estamos en la pared de la presa. Es solo cuestión de unos momentos. Dejamos a nuestra derecha el edificio de la central y avistamos el oscuro picnic poco más delante de la fuente del final del Embalse de la Sarra a 1450 metros de altitud.

Croquis de la Etapa 1.

            Son cerca de las diez de la noche cuando llegamos a trompicones en una noche oscura. Soltamos las mochilas en el banco de piedra con una idea en mente: mañana no vamos a ser capaces de colocar las mochilas sobre los hombros. Nos parece estar flotando en el aire.
            A pesar de todo estamos satisfechos: hemos superado la primera prueba de fuego, tenemos un techo para dormir y casualmente llevamos adelanto con el programa. El tiempo y nuestros hombros son dos reconocidas amenazas y los pies una incógnita.

Para ver la Continuación.

15 ago 1981

1-81. NUESTRO PRIMER ANETO Y TAMBIEN PRIMER TRESMIL. 15-8-1981.

Los cuatro en la Cima del Aneto.

Aparcamiento de la Besurta, Refugio de la Renclusa, Portillón Superior Glaciar de Aneto y Paso de Mahoma.

15-08-1981.

Salida 18 h. Llegada 16:30 h.

Sol.

Fácil.

2 días.

Rosa Casas, Gabriel Miranda, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa del Aneto procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

En 1981 no íbamos prácticamente a la montaña y lo hacíamos excepcionalmente. Nuestra primera fotografía en la montaña es de Junio del 77 en Bachimaña con nuestros amigos Rosa y Gabriel. Estábamos en Sabiñánigo y alguna remota inquietud nos llevaba de excursión. Teníamos de Santa Orosia cuando comenzábamos a mozear pero esas no cuentan pues eran fotografías de personas y no de la montaña.

No vuelvo a tener fotos de montaña hasta 1981, era la época en que se hacían muy pocas fotos pues con alguna servía para el recuerdo pero de aquel día guardo media docena. ¡Joder que exceso…!

Exceso o premonición. Aquel evento, como se dice ahora, podía ser trascendente y nos pareció que había que documentarlo: era el Aneto.

Nosotros que vivíamos en las puertas de la Montaña y a espaldas de ella, habíamos visto Alpes en Suiza allá por el verano del 88. Eran otras montañas más grandes que los Pirineos en los que habíamos realizado algunas marchas a Ibones con los amiguetes.

Del año 81 recuerdo pocas cosas más allá de que fui portador de la Antorcha Olímpica de la Universiada y que nos compramos una caravana: habíamos pasado de la Tienda de Campaña a la Caravana.

Aquel verano marchamos con la caravana a pasar unos días al Mediterráneo en Valencia. Era a primeros de agosto y nosotros bastante activos por aquel entonces nos debimos de cansar de tanto calor y tanta playa y sobre la marcha cambiamos la playa por la montaña: iríamos a Benasque que yo guardaba imágenes de una guía de Cayetano Enríquez de Salamanca que, entre otros lugares, ponderaba Senarta y de la que bebía con frecuencia.

Volvimos a casa, compramos en Ferrer unas chirucas para Rosa que nos parecían la leche, cambiamos de ropas y el 13 de Agosto de viaje a Benasque paramos en Graus a visitar a José M.ª Lacoma, un buen amigo que andaba levantando la Caja Rural en Huesca por aquel entonces. En su oficina nos dice que el día 15 se conmemoraba el XXV Aniversario de la colocación de la Virgen del Pilar en la Cima del Aneto, que… sube “todo el mundo” y ponen hasta cuerdas fijas…

Una de chicos en el Aneto con Vallibierna al fondo.

“Subirá mucha gente” La frase zumba en mi cabeza mientras subimos a Benasque, aparcamos, compramos un mapa de la Alpina y nos vamos a un bar, creo que era el Sayó, el de las escaleras de entrada desde la calle principal, Benasque era un pueblo.

En aquella época no había móviles pero cualquier establecimiento público que tuviera teléfono te permitía llamar y recibir alguna llamada. Echamos un trago, llamamos a nuestros amigos, les comentamos el tema y acordamos que en un rato nos volvían a llamar. Poco después nos comunican que se apuntan, que llegarán al día siguiente por la tarde y que traerán la tienda de campaña y algo de comida. Nosotros les esperaremos en Senarta.

No teníamos ningún problema. El glaciar no nos preocupaba en absoluto, teníamos ropa y mochilas y como única herramienta cogí un par de ramas de boj de la Pista de Coronas  y me preparé un par de palos que utilizaríamos como bastón y no para espantar grietas.

Solamente teníamos que esperar  a que llegaran el viernes por la tarde y lo hicieron un poco más tarde de lo acordado pues tuvieron algún problema con el R8, pero reunidos en Senarta, hicimos recuento de pertenencias, metimos los bártulos en el coche y nos subimos hasta el final de la pista en la Besurta.

Aparcamos a 1900 metros de altitud, terminamos de montar las mochilas y nos subimos seguidamente hasta el Refugio de la Renclusa con alguna duda que se resolvió fácilmente. Buscar un lugar plano y con hierba no resultó demasiado fácil pero montamos la tienda finalmente junto al barranco, luego cenamos, visitamos el refugio y la Capilla de la Virgen del Pilar y caída la noche nos empiltramos. No recuerdo si teníamos esterillas, creo que no.

A 2160 metros de altitud en una noche cálida, cuatro en una tienda de tres, como que estábamos algo apretujados y lo que sí recordamos es que se nos hizo mucho calor especialmente a Gabriel, nos sobraban los sacos y resultaría complicado dormir un poco. Aquella noche Rosa hizo el Paso de Mahoma un montón de veces, je,je…

Habíamos previsto levantarnos cuando se hiciera de día pero lo que no sabíamos que estábamos junto al camino de subida y claro, tanto las voces de los que comenzaron a pasar sobre las tres de la mañana, cuando ni siquiera habían puesto el camino, como los destellos de las frontales acabaron con una noche de puro trámite en la que cada cual dormitó abrazado a sus respectivas inquietudes.

Al fin, casi agradecemos el follón y nos levantamos cuando se hacía de día, desayunamos un poco de leche con algo de mojar, montamos las mochilas y nos echamos al camino con gentes que iban por delante y por detrás. Son las seis de la mañana.

Gabriel con San Marcial rodeado de las chicas.

Rosa llevaba un jersey de lana, unos pantalones tiroleses de pana, medias y gorro también de lana y un anorak fino, Gabriel y Rosa llevaban pantalones de pana, calcetines de lana con botas y unos chubasqueros y yo llevaba un jersey fino y unos pantalones de pana con un chubasquero que ni siquiera me puse y una gorra, además nuestros bastones de boj. La comida y el agua así como la ropa que nos quitábamos iba en tres mochilas.

Del camino hacia el Portillón Superior que no había que buscar sino seguir a los de delante, recuerdo muchos bolos de granito y que subíamos sin problemas pues teníamos costumbre de caminar, era una capacitación que nos venía de serie.  No sé por qué llevando a nuestra izquierda la Arista de los Portillones pasamos de largo el Portillön Inferior y sorteamos alguna mancha de nieve adelantando gente, tenemos tanto temple como inexperiencia en la montaña a pesar de ser medio montañeses.

Los Ibones de Paderna y la Renclusa se quedan muy abajo y por delante aparece el Glaciar de la Maladeta, nos dirán.

Charlábamos con la gente y en algún momento coincidimos con un montañero catalán que conocía el terreno y con el que llegamos al Portillón Superior.

- ¡Ese es el Aneto!

- No jodas, ¡Ese…!

Nosotros creíamos que sería algo que requiriera un impagable esfuerzo y lo teníamos allí mismo.

Nuestro acompañante  invitó a las chicas a una rodaja de limón con un terrón de azúcar como si fuera un elixir mágico y compartimos un poco de chocolate. En algún momento tuvimos que avisar a uno que llevaba piolet y que nos recriminó con incierta autoridad por no llevar materiales adecuados, que cuidara que nos iba a sacar algún ojo, pero sin más.

A Rosa, sus cletas nuevas le estaban cobrando el peaje en forma de ampollas pues siempre ha tenido los pies delicados para las botas, pero de cualquier forma pisamos hormigas sobre el glaciar sin problemas, un glaciar que se extiende a partir del Portillón Superior  y que recorreremos en diagonal sobre una huella que se camina bien pues está bastante pisada.

En la Misa del XXV Aniversario de la Virgen del Pilar en el Aneto. 

Atravesamos la mayor parte del glaciar y nos acercamos a las rocas de la Cresta Oeste hasta que alcanzamos una deliciosa cubeta de hielo en cuyo fondo azulea una amalgama divina de hielo y agua. Se trata del Ibón Helado de Coronas y esa imagen no se me borrará jamás de la memoria.

            A partir de allí la huella se empina un poco pero el sol y las botas de los que llevamos delante han dejado una huella cómoda de transitar en la que aparecen escalones en alguna parte un poco más tiesa. Nos plantamos arriba con garbo Rosa con siete u ocho ampollas.

Del Paso de Mahoma con la cruz detrás no recuerdo más que nos echamos sin más para pasarlo, teníamos buenas manos para agarrarnos a esas piedras, no nos importaba gran cosa lo que hubiera debajo y llegamos a la cima en tres horas y media pues eran las nueve y media de la mañana.

Nosotros nos criamos en la calle sin televisión y nuestros entretenimientos eran juegos en los que habitualmente corrías, saltabas, patinabas sobre el hielo o cualquier cosa deslizante, trepabas a cualquier árbol o saltabas cualquier pared. Las chicas solían jugar prácticamente a lo mismo aunque de forma reducida debido a la tradicional educación recibida. No éramos esquiadores a pesar de que nos lo habían puesto “a guevo” pero teníamos cierta costumbre en manejarnos con nieve ya que las nevadas eran frecuentes todos los inviernos. Nuestra amiga Rosa sí esquiaba algo.

            Con todo ello os puedo asegurar que en el glaciar estuvimos más cómodos y seguros que otras veces con los crampones puestos, poseíamos una forma física impecable y no entrenada, teníamos una competencia natural envidiable para ese medio y con las condiciones de ese día y se había consumado satisfactoriamente la tan llevada y traída  historia acerca de realizar una actividad montañera sin la superación de los académicos pasos intermedios. 

            La realidad es muy terca y años después también sería el Montbalanc nuestro primer cuatromil en Alpes adornado con el Maldito en travesía para seguir lloviendo sobre lo mismo.

Glaciar del Aneto y Cresta del Medio desde la Cima del Aneto.

Había gente ya y bastantes que fueron llegando. Calculo que estaríamos algo por encima de las 100 personas, lo que es una burrada para aquellos momentos, cuando sobre las diez y media o las once de la mañana se ofició una Misa alrededor de la Cruz, de la imagen de la Virgen del Pilar y de una imagen de San Marcial que creo que es el Patrón de Benasque.

Sobre todo contemplamos unos paisajes que nos llamaban poderosamente la atención: los glaciares que rodeaban al pico, el Circo de Coronas, La Cresta del Medio, las Maladetas, el  Vallibierna… unas sublimes imágenes que nos siguen acompañando a pesar del paso de los años. Eso era otra dimensión pero no notamos que nos viniera demasiado grande.

Estaríamos en la cima alrededor de tres horas entre unas cosas y otras; el día estaba espléndido y recuerdo que estuve en camiseta o con el jersey fino que llevaba y no soy especialmente caluroso.

Comemos nuestro bocadillo prefabricado y mapa en mano nos entretenemos contemplando los alrededores generalmente pedregales enormes y glaciares, unas sublimes imágenes que nos siguen acompañando a pesar del paso de los años

Luego sobre las doce y ya de por libre nos fuimos para abajo a ritmo mucho más lento que a la subida pues a Rosa le estaban matando las sentaduras. Las huellas están algo deshechas pero no hay problema pues la nieve está blanda.

De vuelta por el Glaciar del Aneto.

De nuevo en el Portillón Superior echamos la vista atrás: allí se queda nuestro Aneto mientras notamos un cosquilleo en nuestras almas y algo de cansancio que hasta entonces no habíamos notado. Terminaremos el glaciar con los pies hartos de agua y al final se nos hará larga la vuelta.

En la Renclusa recogimos la tienda, reorganizamos las mochilas y nos bajamos al coche, son las cuatro y media, para volver a Senarta. Comimos un poco, luego Gabriel y Rosa marcharon de vuelta a Sabi y nosotros nos quedamos en Senarta.

Al día siguiente subiríamos a Cregüeña pues no era cuestión de desperdiciar un día de vacaciones ya que no estábamos cansados en absoluto, Rosa con chancletas playeras pues estábamos que lo tirábamos.

Después  hemos vuelto, en media docena de ocasiones al menos y por diferentes vías, al Aneto pero nunca hemos subido en tan poco tiempo, lo que me recuerda, en una ocasión, subí desde el Centro de Sabi a Santa Orosia en una hora y treinta y seis minutos y eso que entonces no había carreras de montaña.

¡Eramos unas bestias pardas! De esas a las que, de cuando en cuando, les pasa por la cabeza eso de que la gente va la montaña de cualquier manera. ¡No hay nada nuevo bajo el sol!

Ahora, con el paso del tiempo, casi de una vida en la montaña, no dejo de sonreírme cándida y beatíficamente cada vez que recuerdo esta ascensión y en voz baja no dejo de decirme ¡Bravo chavales!