30 abr 2026

1-81. NUESTRO PRIMER ANETO Y TAMBIEN PRIMER TRESMIL. 15-8-1981.

Los cuatro en la Cima del Aneto.

Aparcamiento de la Besurta, Refugio de la Renclusa, Portillón Superior Glaciar de Aneto y Paso de Mahoma.

15-08-1981.

Salida 18 h. Llegada 16:30 h.

Sol.

Fácil.

2 días.

Rosa Casas, Gabriel Miranda, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa del Aneto procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

En 1981 no íbamos prácticamente a la montaña y lo hacíamos excepcionalmente. Nuestra primera fotografía en la montaña es de Junio del 77 en Bachimaña con nuestros amigos Rosa y Gabriel. Estábamos en Sabiñánigo y alguna remota inquietud nos llevaba de excursión. Teníamos de Santa Orosia cuando comenzábamos a mozear pero esas no cuentan pues eran fotografías de personas y no de la montaña.

No vuelvo a tener fotos de montaña hasta 1981, era la época en que se hacían muy pocas fotos pues con alguna servía para el recuerdo pero de aquel día guardo media docena. ¡Joder que exceso…!

Exceso o premonición. Aquel evento, como se dice ahora, podía ser trascendente y nos pareció que había que documentarlo: era el Aneto.

Nosotros que vivíamos en las puertas de la Montaña y a espaldas de ella, habíamos visto Alpes en Suiza allá por el verano del 88. Eran otras montañas más grandes que los Pirineos en los que habíamos realizado algunas marchas a Ibones con los amiguetes.

Del año 81 recuerdo pocas cosas más allá de que fui portador de la Antorcha Olímpica de la Universiada y que nos compramos una caravana: habíamos pasado de la Tienda de Campaña a la Caravana.

Aquel verano marchamos con la caravana a pasar unos días al Mediterráneo en Valencia. Era a primeros de agosto y nosotros bastante activos por aquel entonces nos debimos de cansar de tanto calor y tanta playa y sobre la marcha cambiamos la playa por la montaña: iríamos a Benasque que yo guardaba imágenes de una guía de Cayetano Enríquez de Salamanca que, entre otros lugares, ponderaba Senarta y de la que bebía con frecuencia.

Volvimos a casa, compramos en Ferrer unas chirucas para Rosa que nos parecían la leche, cambiamos de ropas y el 13 de Agosto de viaje a Benasque paramos en Graus a visitar a José M.ª Lacoma, un buen amigo que andaba levantando la Caja Rural en Huesca por aquel entonces. En su oficina nos dice que el día 15 se conmemoraba el XXV Aniversario de la colocación de la Virgen del Pilar en la Cima del Aneto, que… sube “todo el mundo” y ponen hasta cuerdas fijas…

Una de chicos en el Aneto con Vallibierna al fondo.

“Subirá mucha gente” La frase zumba en mi cabeza mientras subimos a Benasque, aparcamos, compramos un mapa de la Alpina y nos vamos a un bar, creo que era el Sayó, el de las escaleras de entrada desde la calle principal, Benasque era un pueblo.

En aquella época no había móviles pero cualquier establecimiento público que tuviera teléfono te permitía llamar y recibir alguna llamada. Echamos un trago, llamamos a nuestros amigos, les comentamos el tema y acordamos que en un rato nos volvían a llamar. Poco después nos comunican que se apuntan, que llegarán al día siguiente por la tarde y que traerán la tienda de campaña y algo de comida. Nosotros les esperaremos en Senarta.

No teníamos ningún problema. El glaciar no nos preocupaba en absoluto, teníamos ropa y mochilas y como única herramienta cogí un par de ramas de boj de la Pista de Coronas  y me preparé un par de palos que utilizaríamos como bastón y no para espantar grietas.

Solamente teníamos que esperar  a que llegaran el viernes por la tarde y lo hicieron un poco más tarde de lo acordado pues tuvieron algún problema con el R8, pero reunidos en Senarta, hicimos recuento de pertenencias, metimos los bártulos en el coche y nos subimos hasta el final de la pista en la Besurta.

Aparcamos a 1900 metros de altitud, terminamos de montar las mochilas y nos subimos seguidamente hasta el Refugio de la Renclusa con alguna duda que se resolvió fácilmente. Buscar un lugar plano y con hierba no resultó demasiado fácil pero montamos la tienda finalmente junto al barranco, luego cenamos, visitamos el refugio y la Capilla de la Virgen del Pilar y caída la noche nos empiltramos. No recuerdo si teníamos esterillas, creo que no.

A 2160 metros de altitud en una noche cálida, cuatro en una tienda de tres, como que estábamos algo apretujados y lo que sí recordamos es que se nos hizo mucho calor especialmente a Gabriel, nos sobraban los sacos y resultaría complicado dormir un poco. Aquella noche Rosa hizo el Paso de Mahoma un montón de veces, je,je…

Habíamos previsto levantarnos cuando se hiciera de día pero lo que no sabíamos que estábamos junto al camino de subida y claro, tanto las voces de los que comenzaron a pasar sobre las tres de la mañana, cuando ni siquiera habían puesto el camino, como los destellos de las frontales acabaron con una noche de puro trámite en la que cada cual dormitó abrazado a sus respectivas inquietudes.

Al fin, casi agradecemos el follón y nos levantamos cuando se hacía de día, desayunamos un poco de leche con algo de mojar, montamos las mochilas y nos echamos al camino con gentes que iban por delante y por detrás. Son las seis de la mañana.

Gabriel con San Marcial rodeado de las chicas.

Rosa llevaba un jersey de lana, unos pantalones tiroleses de pana, medias y gorro también de lana y un anorak fino, Gabriel y Rosa llevaban pantalones de pana, calcetines de lana con botas y unos chubasqueros y yo llevaba un jersey fino y unos pantalones de pana con un chubasquero que ni siquiera me puse y una gorra, además nuestros bastones de boj. La comida y el agua así como la ropa que nos quitábamos iba en tres mochilas.

Del camino hacia el Portillón Superior que no había que buscar sino seguir a los de delante, recuerdo muchos bolos de granito y que subíamos sin problemas pues teníamos costumbre de caminar, era una capacitación que nos venía de serie.  No sé por qué llevando a nuestra izquierda la Arista de los Portillones pasamos de largo el Portillön Inferior y sorteamos alguna mancha de nieve adelantando gente, tenemos tanto temple como inexperiencia en la montaña a pesar de ser medio montañeses.

Los Ibones de Paderna y la Renclusa se quedan muy abajo y por delante aparece el Glaciar de la Maladeta, nos dirán.

Charlábamos con la gente y en algún momento coincidimos con un montañero catalán que conocía el terreno y con el que llegamos al Portillón Superior.

- ¡Ese es el Aneto!

- No jodas, ¡Ese…!

Nosotros creíamos que sería algo que requiriera un impagable esfuerzo y lo teníamos allí mismo.

Nuestro acompañante  invitó a las chicas a una rodaja de limón con un terrón de azúcar como si fuera un elixir mágico y compartimos un poco de chocolate. En algún momento tuvimos que avisar a uno que llevaba piolet y que nos recriminó con incierta autoridad por no llevar materiales adecuados, que cuidara que nos iba a sacar algún ojo, pero sin más.

A Rosa, sus cletas nuevas le estaban cobrando el peaje en forma de ampollas pues siempre ha tenido los pies delicados para las botas, pero de cualquier forma pisamos hormigas sobre el glaciar sin problemas, un glaciar que se extiende a partir del Portillón Superior  y que recorreremos en diagonal sobre una huella que se camina bien pues está bastante pisada.

En la Misa del XXV Aniversario de la Virgen del Pilar en el Aneto. 

Atravesamos la mayor parte del glaciar y nos acercamos a las rocas de la Cresta Oeste hasta que alcanzamos una deliciosa cubeta de hielo en cuyo fondo azulea una amalgama divina de hielo y agua. Se trata del Ibón Helado de Coronas y esa imagen no se me borrará jamás de la memoria.

            A partir de allí la huella se empina un poco pero el sol y las botas de los que llevamos delante han dejado una huella cómoda de transitar en la que aparecen escalones en alguna parte un poco más tiesa. Nos plantamos arriba con garbo Rosa con siete u ocho ampollas.

Del Paso de Mahoma con la cruz detrás no recuerdo más que nos echamos sin más para pasarlo, teníamos buenas manos para agarrarnos a esas piedras, no nos importaba gran cosa lo que hubiera debajo y llegamos a la cima en tres horas y media pues eran las nueve y media de la mañana.

Nosotros nos criamos en la calle sin televisión y nuestros entretenimientos eran juegos en los que habitualmente corrías, saltabas, patinabas sobre el hielo o cualquier cosa deslizante, trepabas a cualquier árbol o saltabas cualquier pared. Las chicas solían jugar prácticamente a lo mismo aunque de forma reducida debido a la tradicional educación recibida. No éramos esquiadores a pesar de que nos lo habían puesto “a guevo” pero teníamos cierta costumbre en manejarnos con nieve ya que las nevadas eran frecuentes todos los inviernos. Nuestra amiga Rosa sí esquiaba algo.

            Con todo ello os puedo asegurar que en el glaciar estuvimos más cómodos y seguros que otras veces con los crampones puestos, poseíamos una forma física impecable y no entrenada, teníamos una competencia natural envidiable para ese medio y con las condiciones de ese día y se había consumado satisfactoriamente la tan llevada y traída  historia acerca de realizar una actividad montañera sin la superación de los académicos pasos intermedios. 

            La realidad es muy terca y años después también sería el Montbalanc nuestro primer cuatromil en Alpes adornado con el Maldito en travesía para seguir lloviendo sobre lo mismo.

Glaciar del Aneto y Cresta del Medio desde la Cima del Aneto.

Había gente ya y bastantes que fueron llegando. Calculo que estaríamos algo por encima de las 100 personas, lo que es una burrada para aquellos momentos, cuando sobre las diez y media o las once de la mañana se ofició una Misa alrededor de la Cruz, de la imagen de la Virgen del Pilar y de una imagen de San Marcial que creo que es el Patrón de Benasque.

Sobre todo contemplamos unos paisajes que nos llamaban poderosamente la atención: los glaciares que rodeaban al pico, el Circo de Coronas, La Cresta del Medio, las Maladetas, el  Vallibierna… unas sublimes imágenes que nos siguen acompañando a pesar del paso de los años. Eso era otra dimensión pero no notamos que nos viniera demasiado grande.

Estaríamos en la cima alrededor de tres horas entre unas cosas y otras; el día estaba espléndido y recuerdo que estuve en camiseta o con el jersey fino que llevaba y no soy especialmente caluroso.

Comemos nuestro bocadillo prefabricado y mapa en mano nos entretenemos contemplando los alrededores generalmente pedregales enormes y glaciares, unas sublimes imágenes que nos siguen acompañando a pesar del paso de los años

Luego sobre las doce y ya de por libre nos fuimos para abajo a ritmo mucho más lento que a la subida pues a Rosa le estaban matando las sentaduras. Las huellas están algo deshechas pero no hay problema pues la nieve está blanda.

De vuelta por el Glaciar del Aneto.

De nuevo en el Portillón Superior echamos la vista atrás: allí se queda nuestro Aneto mientras notamos un cosquilleo en nuestras almas y algo de cansancio que hasta entonces no habíamos notado. Terminaremos el glaciar con los pies hartos de agua y al final se nos hará larga la vuelta.

En la Renclusa recogimos la tienda, reorganizamos las mochilas y nos bajamos al coche, son las cuatro y media, para volver a Senarta. Comimos un poco, luego Gabriel y Rosa marcharon de vuelta a Sabi y nosotros nos quedamos en Senarta.

Al día siguiente subiríamos a Cregüeña pues no era cuestión de desperdiciar un día de vacaciones ya que no estábamos cansados en absoluto, Rosa con chancletas playeras pues estábamos que lo tirábamos.

Después  hemos vuelto, en media docena de ocasiones al menos y por diferentes vías, al Aneto pero nunca hemos subido en tan poco tiempo, lo que me recuerda, en una ocasión, subí desde el Centro de Sabi a Santa Orosia en una hora y treinta y seis minutos y eso que entonces no había carreras de montaña.

¡Eramos unas bestias pardas! De esas a las que, de cuando en cuando, les pasa por la cabeza eso de que la gente va la montaña de cualquier manera. ¡No hay nada nuevo bajo el sol!

Ahora, con el paso del tiempo, casi de una vida en la montaña, no dejo de sonreírme cándida y beatíficamente cada vez que recuerdo esta ascensión y en voz baja no dejo de decirme ¡Bravo chavales!

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