17 jul 1989

1.89. LA DOME DE GOUTER NUESTRO PRIMER CUATROMIL EN ALPES. 17-7-1989.

Montblanc y Dome de Gouter desde Chamonix. 31-7-07.

Nid d’Aigle, Refugio de Tete Rousse, Norte de la Aguja de Gouter, Refugio de Gouter y cara norte.
16 y 17-07-1989.
Salida 10 h Llegada 04 h.
Sol.
Bastante fácil.
2 d.
Ascensión.
 Juan Castejón. Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Croquis de la Dome de Gouter procedente de R. Goedeke. Vía en amarillo.

Solo En contadas ocasiones los sueños se convierten en realidad. De esas contadas ocasiones, quizás las más quiméricas que se desechan  por inaccesibles tonterías que vagan en las mentes desocupadas de los soñadores, tocadas por mágico polvo de estrellas, vuelven a ocupar un lugar en nuestra mente.
Volvíamos del Posets quizás un tanto “borrachos” de un tresmil tan gratificante… ¡Y si nos fuéramos al Mont Blanc!... Había pasado un ángel por el coche.
-¡Tú no estás bien de cabeza chaval! Lo normal entre unos aprendices de montañeros  con ni siquiera demasiada experiencia en Pirineos.
Recordamos aquella tarde del verano del 78 en Chamonix, era nuestra primera escapada a Europa por libre. En aquella tornasolada tarde, el Pastor nos enseña entre nubes y claros  el Mont Blanc. Luego sabríamos que eso no era el Mont Blanc sino La Dome de Gouter.
Tenemos en nuestra cabeza el inmenso abismo entre los 3404 metros del Aneto y los 4807 metros del Mont Blanc, nuestra casi inexperiencia en hielo y nuestra enorme ilusión además de unas condiciones físicas decentes.
Fui echando la caña y al final pesqué cuando ya estábamos decididos a echarnos al monte solos: Juan se vendría con nosotros, lo que sería maravilloso pero a la vez traería consigo el martilleante latazo de mi esposísima con sus inevitables “y si os retraso”, “y si…”
El inicio del 87 estuvo ocupado. Por una parte hacemos actividad con intención de alcanzar una forma física aceptable, pues sabemos que nos puede ayudar al éxito del asunto y por otra hay que planificarlo todo sin experiencia ya que, cuanto más rodado esté el tema menos problemas surgirán y sabemos que no han de faltar: planifico el viaje, las actividades, los materiales y las comidas.

Dome y Aguja de Gouter desde Chamonix. 31-7-07.

El viernes 14 de Julio nos metemos en marcha al mediodía con un coche a rebosar. Había terminado la primera fase.
Acampamos en una viña entre Carcasona y Narbona y disfrutamos de una noche de fuegos artificiales pues es la Fiesta Nacional Francesa.
Al día siguiente, temprano proseguimos viaje que resulta largo. Además en Albertville nos queremos marchar a Italia, luego viene un St. Gervais que mejor olvidar y a las siete de la tarde entramos en Chamonix.
Nos instalamos en un camping y cenando antes de anochecer contemplando un premonitorio Mont Blanc al que las nieblas han dejado todo despejado.

Chamonix o no. 

Luego damos un paseo y nos acercamos a la Casa de los Guías de Chamonix para leer lo que queríamos leer: buen tiempo con nieblas en altitud al principio de la tarde para disiparse posteriormente y sin cambios en los próximos tres días.
La mañana del 16 de Julio llega con hora suficiente para estar a las ocho en la parada del autobús que coincide con la entrada del camping. Diez minutos y 10 francos son suficientes para que nos deje junto a la estación del Teleférico de Bellevue que ha partido ya, no sabemos sin con materiales o con personal.
Enseguida montamos tras pagar 19 francos y en unos cortos cinco minutos, salvamos casi 800 metros de desnivel y desembarcamos en la estación terminal del teleférico a 1800 metros de altitud. Chamonix se ha quedado allí abajo. La contemplamos medio bañada por el sol, la mini molestia del cambio de presión y la ansiedad por llegar al Refugio de Gouter.

Montblanc y Glaciar de Bosssons. 9-8-93.

Con las mochilas al hombro recorremos un cortísimo trayecto para alcanzar la Estación de Bellevue en la que cogeremos el tren cremallera que sube desde St. Gervais.
Un cartel anuncia un próximo viaje  a las diez menos cinco, son las ocho y media y se nos ha pasado ya algún tren. La mañana, espléndidamente soleada se acaba de teñir del color del desencanto, pues alguno es tan frágil como inexperto. Tenemos tiempo para todo e incluso para contemplar el Glaciar y la Aguja de Bionnassai con los lentes de la inquietud que dificultan decididamente el disfrute.
Pasa el tiempo, pagamos 20 francos por billete, llega gente y finalmente un tren con cuatro vagones llenos.

 Zona Inferior del Glaciar de Bossons. 9-8-93.

¡Toda esta gente no irá al refugio! Nosotros no hemos reservado en Gouter.
Después de 20 minutos a paso de carga el trenecillo, que ha conectado la cremallera, ha salvado 600 metros de desnivel y nos deposita en el Nid de l’Aigle, un desconsolador pedregal a 2396 metros de altitud. Son las diez y veinte y ha llegado la hora de la verdad.
Dejamos al personal que mayoritariamente se alargará a contemplar el Glaciar de Bionnassai y con las mochilas al hombro nos introducimos en un pedregoso y transitadísimo camino orientado al sudeste y balizado en rojo que enseguida se reorienta al nordeste.

Seracs de Bionnassay desde Nid de L'Aigle. 

Me parece que vamos a sudar de lo lindo pues hay gente que ha salido con más prisas que nosotros y sería conveniente enseñarles las suelas de nuestras botas si se dejan.
Rosa comienza a subir con los gemelos bloqueado quizás por los nervios y la ansiedad. La ponemos delante para que se relaje, coja su ritmo y funcione como ella sabe. Comenzamos a adelantar gente.
Ganamos altura, pasamos junto a la Cabaña del Desert de Pierre Ronde virando al sudeste cuando el camino se allana, lugar aprovechado para la instalación del primer nevero. El camino asciende  entre rodeos por un espolón de la Aguja de Gouter y de nuevo se allana: estamos en el Refugio de Tete Rousse.

Nid de L'Aigle desde Tete Rousse. 

Rosa ya sube como un avión. Son las doce menos diez, el altímetro va bien, estamos a 3187 metros de altitud y hemos subido 800 metros en hora y media escasa. Echamos un trago, picamos algo y respiramos un cortísimo cuarto de hora.
El arranque desde el refugio se inicia en dirección oeste con un paretazo nevado recorrido por un corredor que hemos de atravesar con cuidado y aligerando. Cerca del refugio hemos adelantado a bastante gente y ahora en el nevero seguimos adelantando es un primer paso que requiere cierta atención pues por el corredor suele bajar de casi todo.
Salvado el corredor ganamos la arista norte de la Aguja de Gouter sobre materiales metamórficos medianamente inclinados y en los rellanos y escorrentías se aloja discretamente el verglas. Pero enseguida la arista se pone tiesa, y el camino deja de merodear tirando para arriba sin concesiones, la mochila tira para atrás y los brazos trabajan a tope.

Desde Tete Rousse, la Pared de Gouter. 

Poco después aparecen las clavijas y las sirgas en bastante mal estado. Nos cruzamos con gente que baja y seguimos adelantando a otros que suben con menos ritmo. La arista bien escalonada es fácil y se puede subir un poco por cualquier parte, pero es tan fuerte que nos obliga a hacer continuas paradas para respirar.
Una mochila baja a vueltas por la abrupta pared para perderse en las grietas del Glaciar de Bionnassai, la suerte es que baja sola.
Nos hemos enzarzado en un ritmo infernal, las paradas continuas apenas permiten una mínima recuperación y yo al menos subo con todas las que puedo  y con algunos indeseados espinillazos. Luego el personal dirá que si se le afilaban las yemas de los dedos, que si la mochila se clavaba en los hombros y otras lindezas por el estilo que yo creeré.

Corredor en la Pared Oeste de Gouter, la Bolera, desde el Refugio de Tete Rousse. 

Llegamos al Refugio de Gouter a la una y media pasadas habiendo empleado otra hora y media en subir los últimos 630 metros de desnivel.
Los guardas nos dicen que no hay literas pero que podremos pasar la noche en el comedor: nos inscribimos. ¡Tantas prisas al fin para nada!
El refugio está situado en un lugar inverosímil de la arista a 3817 metros de altitud, contorneando su fachada principal una barandilla que lo defiende del despeñadero. Es grande, metalizado por fuera y su interior está forrado de madera todavía en buen estado.

Subida a la Aguja de Gouter. 

Tiene un amplio comedor pero me da la impresión de que resulta pequeño para el tráfico que ha de soportar. Cuenta también con una cocina libre y el aseo está en el exterior.
Nos alojamos en una mesa del fondo próxima a la cocina libre y preparamos tranquilamente una comida que entre otras delicadezas incluye los mejores huevos fritos que se pueden comer a casi 4000 metros para celebrar nuestro record de altitud.
Fundimos hielo de la parte trasera del refugio consiguiendo el agua suficiente tanto para la tarde como para el día siguiente y dormitamos, como vacías tazas de café italiano, con cierta pesadez de cabeza, charlamos con un grupo de jóvenes madrileños, departimos mesa con un grupo de italianos y contemplamos las maniobras del helicóptero que sube las cargas que hemos visto en Bellevue.
Las nieblas anunciadas han llegado puntualmente jugueteando de aquí para allá y llenando el refugio a rebosar de gentes que han ido llegando poco a poco.
Bebemos abundantemente, preparamos la cena pronto y la liquidamos pensando en el mogollón posterior. Luego salimos a la calle para dejar sitio cuando las nieblas se disipan y permiten la llegada del sol.

En la Terraza de Gouter. 

Contemplamos los luminosos campos de nieve de la Dome y de la Aguja de Bionnassai pero se hace fresco y nos metemos al rato en el refugio, momento en el que nos anuncian que nos corresponden dos literas para los tres: ¡Premio! Con el follón que hay aquí cualquiera sabe a qué hora se puede acostar uno en el comedor.
Poco después nos empiltramos forrados de mantas aunque no podamos conciliar el sueño en un buen rato. Debe ser la inquietud mental que nos proporciona la siguiente jornada ya próxima. Al final nos ocurre con el sueño lo que a Machado con la primavera: que ha venido y nadie sabe como ha sido. De todas formas, para lo que nos va a durar…
La incidencia más notable de la noche es que a mi seño no se le ocurre otra cosa que  levantarse a hacer un pis y ya estamos arreando los dos a la jodida calle, pues hay una plancha de hielo en el caminillo al aseo que te puede pasaportar a Tete Rousse incluso sin billete. A las dos menos cuarto de la madrugada ya no hay forma de dormir en el refugio, la movida lleva ya un rato en marcha. Echan la luz y… nos levantamos.
El día 17 comienza con un rápido desayuno de lo que habíamos dejado preparado a lo que le añadimos leche caliente e inquietud. No lo podemos evitar. Nos sucede casi siempre y particularmente en esta ocasión.

Vivacs encima del Refugio de Gouter.

Cada cual va a lo suyo que más o menos es lo mismo para todos y el refugio es un auténtico enjambre con un lío monumental. Nos abrigamos bien, nos ponemos los crampones y salimos para afuera.
En la calle más de lo mismo, líos, empujones, cuerdas por el suelo, mochilas. Una de nuestras frontales no funciona y ya empezamos. La arreglo pero durará diez minutos y eso que la pila de petaca va alojada dentro del anorak
Sobre las tres de la mañana tomamos la senda sobre nieve bastante helada para ganar el nivel del tejado del refugio donde hay un rellano con tiendas y así salir del mogollón. Allí nos reunimos e iniciamos la marcha sobre los campos de nieve  de la Dome de Gouter.
La noche está serena y estrellada, la luna se esconde tras la Aguja de Bionnassai y con el lechoso reflejo de esta luz sobre la nieve vamos a caminar bastante bien, tan pronto como nuestros ojos se acostumbren. Yo inicio mi curso de graduación en la especialidad de caminero nocturno sin frontal. Con dos frontales será más que suficiente puesto que formamos parte de un largísimo gusano de luz que camina la noche sobre la nieve.

Aiguille de Bionassay. 

La huella deriva llana hacia el oeste para enseguida virar al sur y empinarse. Nada más ganar el rellanito nos ha recibido el viento, en principio un buen presagio; ahora al amparo del mismo se hace incluso un pelín de calor pero tan pronto como llegar a una zona no resguardada lo notas desagradablemente.
Comenzamos a adelantar gente, algunos van encordados, menos mal que la nieve fuera de la huella está estupenda. Tú a tu marcha le dice repetidamente Juan a Rosa que es la que nos va marcando el ritmo, sobre todo cuando adelantamos otros montañeros.
Seguimos ganado altura en la pared de la Dome a la vez que la brisa se convierte en viento y me pongo el pasamontañas al mismo tiempo que nos ajustamos todos un poco más las ropas.
Las maniobras de este tipo son una auténtica lata porque te tienes que quitar los cubremanoplas y las manoplas e inmediatamente volverlos a poner y eso que no que quitas los guantes finos. A pesar de ello seguimos pasando a gente. Por lo visto, nuestro ritmo, siendo normal, se está convirtiendo en bueno.

Amanece mientras subimos a Montblanc. 

Una cierta claridad se destapa a nuestra izquierda y el viento que ya azota descaradamente me empieza a arrancar moquitilla de la nariz para quedarse sobre los cristales de las gafas y eso que yo no estaba acatarrado. Al mismo tiempo la frontal de Juan, con la pila al aire, se despide también. De cualquier forma ya no son necesarias.
Progresamos tranquilamente pared arriba y enseguida se arrellana para que alcancemos cómodamente la cima de la Dome de Gouter con sus 4304 metros de altitud. Como nos dirá Juan, nuestro primer cuatromil.
No le dedicamos ninguna atención ni lo celebramos de ninguna manera pues vamos en busca de otro objetivo y consecuentemente no nos produce  la satisfacción que nos debería haber producido en otras circunstancias. ¿Pues no hemos venido a los Alpes a hacer cuatromiles?
La cima es un dorso plano que se afila in poco hacia el sur  en dirección al Col de Dome. Aquí el viento es de justicia y la temperatura comienza a ser dura: rondará fácilmente los -12 grados aunque la sensación es más frío todavía.
La nieve que es más hielo que otra cosa difícilmente es mellada por los crampones, especialmente en las zonas azotadas por el viento. La gente encogida sobre si mismo, más bien sin prisa o aparentemente indecisa lo acusa claramente. Ni siquiera miramos el reloj, serán alrededor de las cuatro de la mañana y el día ni siquiera ha empezado.

Para ver la Continuación.

16 jun 1989

4-89. IBONES DE PANTICOSA, XUANS, BATANES OCCIDENTAL Y SERRATO. 18-6-1989.


Arista Sur del Serrato. 5-9-11.

Balneario de Panticosa, Ibones de Bachimaña, Brazato y Lumiacha, Collado del Serrato, Xuans, Batanes Occidental, Serrato, Ibones de la Basa y Labaza y Balneario de Panticosa.
18-06-1989.
Salida 07:30 h. Llegada 18:15.
Mixto.
Fácil.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de los Ibones de Panticosa procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Tenemos que andar a cualquier precio y si es posible en altura, lo que no es excesivamente difícil dentro de la relatividad del concepto de altura.
            La Travesía de los Ibones de Panticosa descrita en el Mapa de la Alpina nos había llamado la atención desde hacía tiempo, pero por una razón u otra la habíamos soslayado; quizás porque parte del recorrido era archiconocido y también porque en la Travesía 85 había sido escenario de un interesante “embarque.”
            Sea como fuere y como una actividad cuyo objetivo fundamental era machacarse cara a los Alpes, decidimos hacerla. Comenzaríamos por el lado suave, haríamos alguna cima en medio y así la convertiríamos en la soba apetecida.


El Caserío de Panticosa. 24-10-17.

            Los preparativos a mediados de Junio no requieren demasiados bártulos y dejaríamos a nuestra hija en su lugar de costumbre pues íbamos a madrugar un poco.
            El domingo 18 de Junio del 89 nos levantamos a las seis y cuarto. Por la ventana habíamos visto que sobre Partacua y Tendeñera hay alguna nubosidad que esperábamos levantara y en media hora estamos en carretera.
            Pronto estamos en Panticosa y encontramos obras en el Escalar que buena falta le hace. No creemos que sea la solución pero menos es nada.


Una de las preciosas Cascadas del Caldarés. 7-8-11.

            En el Balneario de Panticosa hay un follón de coches aparcados. Debe haber “movida” por arriba. Nos llegamos hasta la Casa de Piedra y a las siete y media comenzamos el conocido Camino de Bachimaña.
            Subimos a buen ritmo, adelantamos a un trío en el primer rellano y atajando en la Cuesta del Fraile dejamos atrás a varias parejas, lo que de paso consigue que saque la lengua Rosa.


La Cuesta del Fraile. 7-8-11.

            Sobre las ocho y media estamos en Bachimaña Inferior. Allí encontramos y adelantamos a un grupo de alrededor de 40 chavales acompañados por sus profesores. Quieren ir a los Azules pues por ellos nos preguntan y compadecemos a los acompañantes.
            La mañana es buena y hace sol en medio de un cielo algo arañado.
       Siguiendo el camino de la Orilla Oeste de Bachimaña Superior rodeamos el ibón mientras comentamos el corredor del día del “embarque.” En la cola del ibón atravesamos el barranco algo arriba y dejando a nuestra izquierda las estribaciones más orientales de Punta Zarre nos vamos ascendiendo en dirección este.


Una buena parte del recorrido. 6-9-11.

            Subimos un poco más de lo necesario y tenemos que bajar otro poco para atravesar el Barranco de la Canal y el Desagüe de Bramatuero y colocarnos en la Presa de Bramatuero Inferior. Son las diez menos cuarto, estamos a 2300 metros de altitud y hasta ahora solamente ha sido un paseo a buen paso.
            Echamos un trago de agua pues se hace calorcillo y continuamos por la orilla izquierda del ibón entre toboganes glaciares graníticos y neveros blandos. Seguimos las huellas de una pareja que va delante y que no logramos ver.


Ibón de Bramatuero Inferior desde el Barranco de Xuans.

            El ibón es grande, no lo habíamos visto entero y de cerca nunca y rodearlo se nos hace largo. Al final ganamos la cola, con el camino cruzamos el barranco y subimos por las Laderas de Paterneille. Ascenderemos los 200 metros de desnivel que separan al Ibón Inferior del Superior de Bramatuero. Son las once cuando llegamos a la presa del Superior.
            El ibón se encuentra medio helado pues no es verano y estamos a 2500 metros de altitud. El refugio está en muy malas condiciones. ¿Qué mal habrá hecho para que lo destrocen? No ofrece mucho más abrigo que la intemperie.


Peña Xuans desde el ibonciecho de siempre. 5-9-11.

            Cogemos agua y continuamos elevándonos en dirección sur hacia el Pico Serrato pasando la indecisa zona de las más orientales de las Charcas de Lumiacha. Ascendemos luego un corto pedregal que nos depositará después en el amplio collado entre Serrato y Xuans y  a 2725 metros de altitud. Son las doce y media.
            Reconocemos nuestra embarcada aunque ya no concuerda demasiado con la idea que guardábamos de ella y prácticamente en horizontal nos acercamos a la parte de collado que une Xuans con Batanes. Allí almorzamos próximos a los dos que nos precedían.


En Peña Xuans, detrás los Dientes de Batanes.

            Dejamos las mochilas y nos vamos al Pico Xuans. Está completamente descompuesto pero su arista este es fácil tras un flaqueo al sur. Alcanzamos la Cima de Xuans a 2857 metros de altitud. Contemplamos los alrededores, hacemos una fotografía con los Dientes de Batanes y seguidamente volvemos sobre nuestros pasos sin más preámbulos pues el cielo se va uniformando poco a poco de gris.
            Empleamos en todo ello poco más de media hora y tal y como hemos decidido nos vamos hacia los Dientes de los Batanes, ascendiendo hacia el sudeste unos cortos neveros que tienen esa nieve que se hunde  cinco maravillosos centímetros. Las nubes siguen jugando con el paisaje pero de momento nos respetan.


En el Pico Serrato.

            Alcanzado el Diente Occidental de Batanes, una brecha nos cierra el paso y a eso no hemos venido. Nos volvemos sin alcanzar las otras cimas puesto que para ello habría que descender un nevero en la pared norte para atacar la cima por el este que parece más accesible.
            Son las dos de la tarde cuando decidimos, para compensar, ascender al Pico Serrato aunque parezcamos a unos canarios en la jaula. Lo vamos a hacer flanqueando un poco por la cara este del pico pues aunque está muy descompuesta es accesible. Hacemos dos bonitos pasos en la cresta y alcanzamos la cima ocupada por dos montañeros que también han subido desde el Balneario pero por el lado corto.
            Estamos a 2888 metros de altitud. Charlamos un rato, nos hacen una fotografía con el Vignemale de fondo y sobre las dos y media iniciamos el descenso  en vistas de que el tiempo empieza a amenazar con más insistencia.


Peña Xuans faldeando el Ibón de la Basa. 7-8-11.

            Recogemos en el collado las mochilas y nos vamos para abajo a partir del collado de Xuans con Batanes en dirección al Ibón de la Basa.
            Comienza a gotear indecisamente. La bajada es abrupta y discurre por un terreno completamente descompuesto en el que las rodillas lo acusarán inmediatamente.
            Pasamos el ibón por el nordeste sobre un enorme pedregal granítico para dirigirnos hacia los Ibones de Labaza. El goteo se hace más consistente y nos ponemos las capas.


Pico Serrato desde el Ibón de Labasa. 22-4-03.

            Pasamos el canchal situado al este del ibón y la hasta entonces ligera llovizna se convierte en granizada que, menos mal, no va a durar demasiado, poco más de cinco minutos.
            A la altura de los Ibones Inferiores de Labaza. Serrato,  encontramos algunos hitos y las seguimos pues nos dirigen hacia el Balneario tras la segunda granizada ya que la tarde puede perseverar en lo suyo.
            Rosa lleva los pies fastidiados y pensábamos parar en ibón a remojarlos y comer un poco pero pararse con lluvia no es un asunto agradable, por lo que continuamos, poco a poco, para abajo; luego remite algo la lluvia y nos paramos en un torrente ocasional para que se remoje los pies y comemos unos frutos secos.


Dientes de Batanes desde el Ibón de Labaza. 6-7-09.

          Reanudado el descenso enseguida alcanzamos los primeros retazos de pradera alpina, rododendros enebros rastreros, gravas graníticas escalonadas y agua, la lluvia se resiste a abandonarnos. Alcanzamos un casetón de obras sobre los 2200 metros en el camino a los Ibones de Brazato y decidimos pararnos. Son las cuatro de la tarde.
            El refugio es de hormigón armado en una buena parte, le falta la puerta y las ventanas pero al menos no llueve bajo su techo. Colgamos las capas en unos hierros y sobre unas piedras nos sentamos a comer.


Ibón de Labaza. 7-8-11.

            Llevamos mojado el tren inferior y parados se nota la frialdad en pies y piernas. De todas formas no vamos a estar demasiado pues remite la lluvia.
            Veinte minutos después continuamos para abajo con las capas en la mano. El camino es amplio y bien marcado pues se trata de un viejo camino de servicio de obras en los ibones que facilita el tránsito sobre la brutal pared a base de vueltas y más vueltas.


Tremenda jornada de pedregales graníticos. 7-8-11.

            Vuelve a llover cuando alcanzamos el camino que sube a Brazato: ya sabemos por dónde hemos de continuar.
            Al camino le salen caminos, estamos en un laberinto orientado por el Balneario al fondo. Vuelta a vuelta terminamos el camino en el Balneario. Son las seis y veinte. Nos ponemos las zapatillas y nos vamos para abajo comprobando que han marchado ya casi todos los del mogollón de la mañana y encendemos la calefacción para secarnos un poco. La tarde está cerrada.


De camino al Balneario dejamos atrás la Pared de Labaza. 20-11-15.

            Nos hemos dado una considerable soba, nos hemos mojado y nos hemos secado cuando llegamos a Sabiñánigo que se encuentra sumido en una fuerte tormenta. Otra vez nos hemos vuelto a perder en la misma zona pues no hemos hecho todo el camino tal y como pretendíamos. Nos embarcamos en el 85 y lo hemos vuelto a hacer en el 89. ¿Será nuestro destino en esta parte del Balneario?
            Creemos que eso debe acabar y para ello hay una fórmula magistral consistente en patear la zona a conciencia y terminar así con el problema.

3 jun 1989

3-89. IBON DE BERNATUARA Y PUNTA SANDARUELO O GABIET. 3-6-1989.

      
La Oeste de Sandaruelo o Gabiet. 21-6-09.

San Nicolás de Bujaruelo, Cabaña Sandaruelo. Ibón de Bernatuara, Cara Noroeste y Arista Oeste. Descenso por la Cara Sur.
03-06-1989.
Salida 11 h. Llegada 17:30 h.
Mixto.
Fácil.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Sandaruelo procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            La última semana de Mayo del 89 había tenido un tiempo bastante inestable sobre todo por las alturas y los partes meteorológicos anunciaban continuidad pero queríamos ir a monte para andar a cualquier precio y para ello dejamos el sábado a nuestra hija Biola en casa de mi abuela y si la mañana del domingo salía aceptable…
            La mañana del 3 de Junio  sale bastante mal y nubes de desarrollo cubren el horizonte con la excepción de algunos claros al sur. Se suceden las idas y vueltas de la cama a la ventana y dentro de seis semanas estaremos en Alpes.
            A las ocho y media nos levantamos. Nos está pasando con los claros del cielo  lo que al ojo del amo con el caballo: que se van engordando. Vamos a lo que salga, menudo es Bujaruelo para el tiempo.

Puente de San Nicolás de Bujaruelo. 21-6-09.

            A las nueve y media salimos a todo trapo. Pasado Cotefablo y Linás la cosa se pone fea. Tomada la pista en el Puente de los Navarros y llegados al Puente de Santa Ana comienza a llover fina y pertinazmente: una maravilla de mañana.
            Suben vacas a Puerto, un pastor al que invitamos a subir al coche nos confirma el mal tiempo. Enseguida se desmonta y nos desea suerte un tanto incrédulo. Nosotros para arriba.
            En San Nicolás llueve y el horizonte está cerrado. En el coche tenemos poco que hablar. Nos situamos bajo un cubierto, nos ponemos los pantalones y la capa de agua y a las once cruzamos el puente.
            No llueve demasiado pero el camino es un auténtico barranco. Poco después remite la lluvia y el horizonte parece aclararse para dejar de llover enseguida cuando nos cruzamos con una pareja que baja, serán los únicos del día.

Llegando al Puente sobre el Barranco Lapazosa. 21-6-09.

            Hasta quiere filtrarse el sol entre las nubes pero será el único memento del día. Nos quitamos las ropas de agua y continuamos.
            En la pilona del tendido eléctrico que “decora” el valle y llena los bolsillos de la compañía eléctrica sale un camino a nuestra izquierda que se acerca al Barranco de Sandaruelo. Lo cruzamos y salvamos el desnivel vegetal de hayas, bojes, pinos y tejos alcanzando el Praderío de la Plana de Sandaruelo.
            La hierba está harta de agua y algo crecida e inmediatamente tomamos la loma que surge de la pradera dejando a nuestra derecha el barranco y proseguimos por el camino que marcha valle arriba.

Cabaña Lapazosa. 11-8-12.

            En el barro encontramos alguna huella reciente pero no vemos a nadie. Hacemos camino hasta encontrarnos con el barranco que baja de Crapera donde encontramos a un rebeco solitario que pasta a su libre albedrío y que marcha hacia Bernatuara poniendo tierra de por medio.
            Viramos hacia el noroeste y proseguimos por fuerte pendiente sobre pradera en busca del zócalo metamórfico que asoma 300 metros más arriba: subimos próximos al desagüe del ibón.
            Una marmota a la caza de ese calorcillo del sol que se adivina  y que se cuela por entre las masas nubosas no advierte nuestra presencia hasta que no estamos casi encima de ella. La raptamos de su voluntario encantamiento obligándola a refugiarse en alguna madriguera de la Este de Crapera.
            Alcanzado el zócalo rocoso hacemos una travesía horizontal hacia el este que nos encamina a los Portillones  de la Orilla Sur del ibón de Bernatuara. Entramos por el central y contemplamos el recoleto y ahora helado ibón en el fondo de una cubeta perfecta a 2320 metros de altitud.

La Sur de Gabiet o Sandaruelo desde la Cabaña Lapazosa. 21-6-09.

            Tenemos que  atravesar un nevero inclinado hacia el ibón y para eso tallamos huellas con nuestros piolets pues la nieve no cede en absoluto con nuestras pisadas. Lo rodeamos por el oeste y alcanzamos el Collado de Berntuara a 2336 metros de altitud.          
             Las nubes que se han levantado un poco nos dejan ver el horizonte en la zona de los Tapou, Vignemale, Pic de la Sede y Soum de Aspe. A nuestros pies se abre suavemente el amplio y amable Valle de Canau con el Refugio de Lurdes al fondo.
      Especulamos con hacer el pico o no. Hemos subido a buen ritmo y no es mala hora, consecuentemente, nos vamos para arriba, es la una y cuarto.

Ibón de Bernatuara desde la orilla sur. 21-6-09.

            El terreno está algo descompuesto y hay que dar un poco de vuelta para tomar un par de neveros algo arriba porque directamente desde el collado hay una pared elegante. Nos vamos ya a media ladera por la base de la pared norte hasta casi ganar el collado nordeste. De allí para arriba vamos pisando algunas manchas de nieve cuando comienza a nevar suavemente. Luego, por fuerte pendiente y a través de un par de neveros con nieve bastante dura, ganamos la arista oeste tras haber descrito un amplio lazo.
            Encontramos ruta accesible  un poco por el flanco sur de la arista que nos conduce sin problemas a la Cima del Pico Bernatura o Gabiet O Punta Sandaruelo a 2718 metros de altitud. Son las dos y cuarto.
            Sigue nevando con esa nieve característica de altura: copos pequeños y prietos que rebotan sobre las ropas y no mojan. Nos sentamos en el hito de la cima y picoteamos un poco. No estaremos ni siquiera un cuarto de hora y tampoco hace falta puesto que el horizonte está completamente cerrado y la niebla se nos ha echado encima.

Ordesa detrás de Gabiet. 21-6-09.

            Especulamos acerca del camino de descenso. El dilema está en volver por el mismo camino o tirarnos directamente para abajo por la cara sur del pico sin saber cómo estará en la parte final. Decidimos, como siempre, atajar. No podía ser de otra manera.
            Son las dos y media, desandamos un trozo de cresta y llegados al lugar de la decisión nos vamos directamente al sur para abajo con la intención de perder altura hacia el oeste para acortar la pared finalizando como mejor podamos.
            A unos cincuenta  metros alrededor de nosotros se extiende un océano lechoso de nieblas que limita toda nuestra perspectiva, lo que no va a suponer ningún problema de orientación pero nos puede conducir a algún embarque.

Bernatuara, pico e Ibón desde el Hombro Oeste de Gabiet. 21-9-15.

            La pared es extraña: aparentemente terrorífica con 600 metros  de una inclinación sostenida  con una pendiente próxima a los 60 grados con excepción de la base, en la práctica es una auténtica escalera de peldaños naturales de alrededor 60 centímetros de altura por 20 centímetros de ancho que se puede bajar casi por cualquier parte a base de potentes flexiones de piernas. Da lo mismos hacer eses que bajar de frente, son pasos de gigante que hay que practicar medio a saltos entre graveras metamórficas y manchas de pratenses que ocupan cualquier resquicio por minúsculo que sea.
         Bajamos con ritmo suave pues las piernas lo acusan pero deprisa porque el descenso es continuado con la preocupación de que se pueda cortar la pared en cualquier momento sin visibilidad; a la mañana, cuando subíamos, se veía el asunto delicado.

Laladera que bajaremos desde el Collado Este de Gabiet. 21-9-15. 

            En hora y media, tranquilamente  nos bajaremos 700 metros de pared para dejar arriba las nieblas. Sigue nevando y sobre los 1900 metros paramos a comer un poco, será otro cuarto de hora pero realmente es la excusa para beber agua y descansar un poco las rodillas. Luego continuamos el camino e inmediatamente deja de nevar.
            Relajadamente al haber dejado atrás nuestras preocupaciones, continuamos para abajo por la pradera. Llegados a la altura del refugio y paramos a verlo, puede servir como apaño.

Sandaruelo y Pic Blanc de Especieres. 1-8-10.

            A las cinco estamos cruzando el Barranco del Puerto y media hora después en San Nicolás de Bujaruelo absueltos de la preocupación  de haber tenido que dejar el coche abierto ya que habíamos dejado la llave en casa y no lo habíamos podido cerrar.
            Sin pérdida de tiempo echamos los bártulos dentro y nos vamos pista abajo cuando comienza a despejar fuera del valle. Charlamos distendidamente acortando pista y carretera. Estamos satisfechos. Hemos subido 1400 metros en un día que ya dábamos por perdido: esto funciona. Rosa comenta entre inquieta y decidida que el asunto de las escaleras también funciona.