13 ago 1987

3-87. TRAVESIA BENASQUE-ORDESA. LA MUNIA 87. 13-3-1987.


La Sudoeste de la Munia. 12-6-04.

Valle y Cabaña de Barrosa, Cuello de Robiñera, Cara Sur, Arista Oeste, Cima de la Munia y descenso al Cuello de Robiñéra.
13-08-1987.
Salida 10:30 h. Llegada 21:30 h.
Sol.
Bastante fácil.
Ascensión.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de la Munia procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Cae la noche cuando nos empiltramos en la tienda, ni siquiera hemos subido a Bielsa, lo único que querremos es descansar y que pase el atroz calor que soportamos en la tienda a salvo de los mosquitos. Yo me encuentro bien pero a Rosa le molesta hasta el roce de los sacos en los pies. Nos dormimos con la esperanza de que un par de calcetines finos y las zapatillas puedan salvar la situación.
            La mañana del 13 de Agosto de 1987 nos sorprende algo más tarde de lo habitual. No tenemos prisas pues las tiendas no abrirán hasta las nueve al menos. Recogemos, desayunamos, enmochilamos y nos subimos a Bielsa que está prácticamente cerrado. Echamos al correo una cinta del tomavistas, localizamos un taxi que nos puede subir hasta la Entrada del Valle de Barrosa como teníamos programado, compramos algo más de lo previsto, fruta y verdura, pues estamos dispuestos a acarrearlo por darnos el gustazo; sabemos que en las travesías las frutas y las verduras son lo que más se acostumbra a echar en falta pues su peso y su conservación desaconsejan su uso.
            Habíamos previsto comer pronto en Bielsa quizás alguna ensalada y algo de pescado fresco con abundante fruta pero hay que cambiar y lo haremos de esta manera no prevista. También compramos los calcetines de algodón y llamamos a casa para que sepan que todo marcha conforme al programa, liquidando, de paso, la calderilla que también pesa pues sabemos que el taxi nos costará cien duros.

Valle y Circo de Barrosa. 2-7-07.

            Son las diez de la mañana cuando nos sentamos en el taxi, un  Land Rover que nos llevará los 8 kilómetro que hay hasta la Entrada del Valle de Barrosa.
        Nos paran en la Aduana, nos piden la documentación y les presentamos los Carnets de la Federación Aragonesa de Montaña pues he cometido el error de no haber puesto los Carnets de Identidad. Todos cometemos errores.
            -Con esta documentación no pueden pasar, ¿no llevan otra?
            -No. Tiene gracia, pienso para mí. Si lleváramos otra ya la hubiéramos presentado.
            Mire usted, venimos desde Benasque y aquí mismo nos metemos por el Barrosa…
            -Sí, pero no pueden pasar.
          -(Ya decidido a todo.) Bueno, ¿qué quiere usted, que pasemos por el monte o qué? pues como podrá imaginarse no vamos a dejar colgada la travesía aquí. Ahora que también se puede usted dar la vuelta, nosotros pasamos por el río y usted no ha visto nada.

Vista atrás en el Valle de Barrosa. 2-7-07.

            -Bueno, eso…
            -Oiga, a ver si ahora nos va a emprender a tiros cuando pasemos por allí enfrente…
            No contesta. Le damos las gracias, arranca el taxi y nos espera un poco más adelante. Pasamos a 10 metros del guardia, nos subimos al taxi e inmediatamente nos deja en la Entrada del Valle de Barrosa.
            El día está caliginoso con una situación anticiclónica de sur y en la Mina nos aligeramos un poco de ropa a cambio de cargar un pelín más las mochilas. Rosa se adelanta un poco para probar las zapatillas pero lo que comprobará será el peso de las botas en la mochila.
            Me entretengo tomando algunas vistas para alcanzarla luego. Me dice que va como los ángeles y respiro confiado pues conozco su tenacidad y resistencia con lo que comienzan a disiparse los negros nubarrones de mi mente. Había llegado a pensar que podría terminarse aquí nuestra travesía por culpa de los pies.

Circo de Robiñera. 

            Continuamos valle adelante sencillamente felices, nos espera al fondo un barranquete y un baño pues para completar vamos bien de tiempo. También al fondo, nítido, preciso, inconfundible y altísimo el Cuello de Robiñera entre el Pico Robiñera a la izquierda  y la Munia a la derecha pero eso es para después de comer, primero habrá que aproximarse a la base de la pared y elegir un acceso u otro ya que la duda ya nos surgió la primera vez que nos acercamos al valle y nadie nos la ha podido aclarar.
            No son las doce y estamos refrescándonos en el Barranco de Barrosa y mientras mi señora se alarga en el tema, yo más breve prepararé la comida con todo eso que en una travesía haría saltar de gozo y alegría a todo el que tenga experiencia en este asunto. Terminamos llorando a moco tendido de puro gozo.
            Hemos descartado ya la vía directa por debajo del Pico Robiñera y estamos en el Refugio Pastoril de Barrosa abierto y lleno de estiércol, en lamentable estado a 1700 metros de altitud cuando es la una y media. Hemos decidido ascender el circo comenzando por nuestra derecha y utilizando una loma arbolada en la vertical de la Munia.

Nuestro campamento en el Cuello de Robiñera. 

            La pendiente es fortísima y vamos trazando nuestro camino, algo que goza de nuestras preferencias y no lo podemos negar, con lo que le damos trabajo al altímetro.
            Poco después viramos un poco a nuestra izquierda como si fuéramos hacia el centro del circo a buen ritmo, seguimos intuitivamente la ruta proyectada pues nos encontramos en una parte de la pared, tras salvar un par de resaltes rocosos tan vertical que disponemos de un reducidísimo campo de visión.
            Erramos un poco la vía y cuando nos damos cuenta estamos trepando una pared rocosa con no muy abundantes presas sin saber si tendrá salida tan discreta trampa. La fortuna nos acompaña y con precisa dedicación superamos la pared  con lo que salimos de la verticalidad aunque la pendiente siga siendo valiente.
            Un poco hacia nuestra derecha contemplamos una pared que estará situada entre la Munia y la Pequeña Munia pero nuestras opciones no se presentan hacia allí sino perseverando hacia el centro del circo  por un inestable y caótico pedregal que atravesamos casi en horizontal para alcanzar un espolón más pedregoso que herboso a la vez que se nos va ampliando el horizonte. El valle que se ha dormido muy abajo y que hemos contemplado repetidamente desde algunos miradores excepcionales, se nos esconde con prisa a la vez que las pendientes se moderan.

Arista Oeste de la Munia. 12-6-04.

            Pisamos planos neveros entre un caos de rocas miles de veces trabajadas por hielos y soles y contemplamos, ya a nuestra derecha, las Paredes Cimeras de la Munia: el Cuello de Robiñera frente a nosotros ya es nuestro; mejor dicho, lo compartimos con algunas ovejas que desperdigadas denuncian la presencia de minúsculos rellanos herbosos cuando el reloj marcha las cinco y cuarto.
            Cuando se llega a un collado es normal echar una ojeada de despedida a lo que hemos dejado atrás para asomarnos lo antes posible al otro lado. En esta ocasión cumplimentamos la primera parte de manera muy parcial  pero posponemos la segunda pues nuestra vista  resbala por la cresta  hasta el Collado de la Munia, sigue por las Blancas de la Larry y de pronto sientes  como un golpe seco en tu interior y tus ojos son ineludiblemente arrastrados y secuestrados por una imagen oscura y profundamente tornasolada, aérea, altiva, respetada y deseada: La Norte del Perdido y te quedas quieto como un muerto, contienes sin querer la respiración a la vez que un volcán de recuerdos entra en erupción dentro de tu cerebro. La de veces que en dos años  he bajado el glaciar desde aquella mañana en Góriz, cuando en un claro de la tormenta dijimos adiós al personal del refugio y salimos en polvo hacia el Cañón de Ordesa en lugar de haberlo hecho cuatro horas antes hacia el Cuello del Cilindro.
            -¡Ahí está! (quedamente como con miedo a despertar a ese gigante  que duerme un sublime sueño de dos años.) Luego se amplía la postal con el Marboré, el Cilindro, el Soum de Ramond y la Sierra de las Tucas perdiéndose Pineta para abajo.

La Oeste de la Munia 13-9-13.

            Nos asomamos a la otra vertiente y un brutal tajo en la Oeste de Robiñera  descansa en la Cubeta lacustre de los Ibones de la Larry y en medio, llenándolo todo con una blancura lechosa cual polvo de estrellas encarnación de Vía Láctea: la sahariana calima.
            Acampamos en un lugar de ensueño absolutamente solos a 2850 metros de altitud, con una temperatura envidiable, en un balcón inimaginable, al lado de un diminuto y encantador ibón pirenaico, en un escalón herboso recostado con el Pico Robiñera, con tiempo y descansados. ¿Se puede pedir más?
            Tenemos tiempo para asearnos a conciencia, contemplar el paisaje acercándolo con el Zoom del tomavistas, estudiar el plan a seguir, tomar fotografías y cenar tranquila y plácidamente en bañador. Son las siete y media.
            Es fácil de asumir la escasa calidad de nuestro sedentarismo. Estamos rematando la cena cuando, casi sin querer y de repente, se me ocurre proponer el ascenso a la Munia que tenemos prevista para el día siguiente por la mañana: enorme locura  desde casi todos los puntos de vista dada la hora y el desconocimiento total de la cresta.

Ordesa desde la Cima de la Munia. 5-8-98.

            Rosa que es brava como ella sola y con una moral como la copa de un pino asiente y con el anorak sobre la camisa inicia la subida. Entre tanto, yo también me visto, cojo la cámara fotográfica y el tomavistas, lleno la cantimplora y arreo tras ella.
            Subimos en diagonal la ladera, un canchal en el flanco sur de la arista para llegarnos a la misma junto al sombrero: una piedra con dos apoyos y un hueco por debajo del cual accedemos  al primer escalón rocoso: sorpresa. Tenemos que trepar de buena manera y el tomavistas sin funda ni procedimiento de transporte que no sea en la mano, con sus 1500 gramos de peso que no puede ir entre la piel y la camisa queda aparcado en la base de la pared.
            Buscar una vía accesible que nos permita afrontar la situación y encaramarnos en la pared es todo uno. Superado este paso encontramos las trazas de paso que recorren intermitentemente los afilados y a veces dislocados dientes del cresterío: volamos superando dientes que cada uno nos parece el último, trepamos decididamente en repetidas ocasiones y a las ocho y media tras cuarenta y cinco minutos de ascensión  acelerada estamos en la Cima de la Munia a 3134 metros de altitud tras salvar un desnivel de 300 metros que nos separaba de ella y mi señora con el turbo puesto en los pies: las zapatillas.

Desde la Munia así tuvimos que ver el Glaciar de Monteperdido. 13-9-13.

            En esta frontera no nos han pedido  la documentación, algo es algo y por ello en lugar de dialogar con el aduanero entramos con la vista en el Circo de Troumouse desde el Col de la Seda hasta el Pico Montferrant. Es una pena que la luz del día no nos permita una contemplación con el detalle que deseamos, pero ya sabíamos que se trataba de llegar, tocar chufa y bajar. Así lo hacemos tras la foto de la constancia que inmortalizará a un simple par de zapatillas.
            Caemos cresta abajo parejos con la noche, recogemos el tomavistas, nos despedimos del país vecino hasta el día siguiente, que si todo va bien nos reencontraremos en la Brecha Tucaroya y dulcemente nos descalzamos al lado de minúsculo punto plateado que contemplábamos hace cuarenta y cinco minutos desde la cima.

Croquis de la tercera etapa de la travesía.

            Tomamos nuestro vaso de leche en amor y compañía de un cielo indescriptible: hoy estamos más cerca de las estrellas y la luna, esa vieja envidiosa censura decididamente la inolvidable velada. Nos acuna el bucólico tintineo de dulces y remotas esquilas mientras regalada y blandamente  nos desleemos diminutamente en la noche.

Para ver la Continuación.

12 ago 1987

2-87. TRAVESÍA BENASQUE-ORDESA. ESTOS-URDICETO 87. 12-8-1987.


Valle de Estós desde el Puerto de Gistaín. 4-8-06.

Refugio de Estós, Collado de Gistaín, Granjas de Biados, Virgen Blanca, Bordas de Llicierte y Urdiceto.
12-08-1987.
Desnivel ascendido 1600 m.
Desnivel descendido 1050 m.
Distancia recorrida 23500 m.
Tiempo efectivo de marcha 09:15 h.
Sol.
Fácil.
Senderismo.
Hay alguna posibilidad de transporte público tanto al inicio como al final de la travesía pero será conveniente consutar en cada momento.
Agua en los refugios y en los torrentes y ríos del recorrido según costumbre y temporada.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa de Estós a Biadós procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

Mapa de Biadós a Urdiceto procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Nos despiertan a las seis y media de la mañana del 12 de Agosto de 1987. Es de noche todavía y miramos con incertidumbre el cielo pues ha sido un verano tan lluvioso que ni siquiera nos creemos el buen tiempo.
            Desayunamos tranquilamente pues queda mucho día por delante para la “guerra” y presumiendo que tendremos todavía un buen rato de sombra nos cargamos las mochilas en los hombros y se nos despejan dos de las incógnitas importantes que teníamos: no nos molestan gran cosa las mochilas y el cielo está uniformemente despejado.
            Salimos alrededor de las siete, suavemente y por sendero bien marcado y valle arriba, la jornada promete ser entretenida  pero nos hemos recuperado mucho, quedan por delante bastantes incógnitas menores pero con las pilas cargadas llevamos la moral a tope.

En el tramo final de subida al Collado de Gistaín. 

            Del Puerto de Gistaín nos separan unos escasos 800 metros de desnivel de los que los primeros 500 son por una marcada senda instalada sobre la pradera alpina que se continúan con un incierto pedregal para convertirse finalmente en una empinada y fina gravera que se subirá con relativa facilidad gracias al sendero trazado en la misma. Se nota el tránsito aunque no sea a estas horas.
            El camino se acuesta sobre la hierba y nos regala la brisa del noroeste que nos permite recuperar la respiración tras el último repecho confirmándonos que estamos en el collado. El altímetro marca 2600 metros.
            -¡Calla y échate al suelo!
            -¿Qué pasa…?  Serán 100…
            -Creo que pasarán de los 200 o 300…
            -¡Qué manada de “sarrios”, rebecos, más preciosa!
       El mullido camino y el viento en dirección contraria han disimulado nuestra presencia a una enorme manda de rebecos que pastan distraída y confiadamente en el praderío que ocupa el collado. Luego, después de observarlos un buen rato nos dejamos ver aunque lo único que produzcamos sea un ligero desplazamiento de los ejemplares más próximos, lo que nos invita a pensar que debe tratarse de una zona de reserva donde los cazadores no los han escarmentado. Nunca habíamos visto tantos juntos.

Vado de Machimala. 3-10-12.

            A las nueve y media dejamos el collado junto al Forau de Gistaín en el que se precipitan las aguas recogidas en el amplísimo rellano del collado y que aflorarán más abajo engrosando al Cinqueta de Añes Cruces y nos detenemos al abrigo del viento para almorzar un poco mientras contemplamos la subida de tres jóvenes por el camino que nosotros hemos de bajar, detrás la imponente Mole de Machimala con su aspecto amable además de inhóspito. Otra vez será.
         El valle hacia la Cabaña de Añes Cruces, orientado de este a oeste está vestido predominantemente por praderío en el que el descenso por camino bien marcado es bastante continuado de tal forma que fácilmente nos vemos en la Señal de Biadós para despedirnos de Machimala y orientarnos claramente al sur continuando valle abajo. Pero ahora el descenso es más leve, el barranco se ahonda y se empieza a advertir la presencia del Posets a nuestra izquierda.
            El sol ya en lo alto está vivo y comenzamos a cruzarnos con excursionistas. Nosotros bajamos con ganas de alcanzar el fondo del valle y pronto aparecerán las Granjas de Biadós tan llenas de actividad. Este valle nos resulta un tanto curioso debido a la importante actividad de los ganaderos que distribuyen el día entre faenar con la hierba en los prados y bordas con el arreo de las vacas de aquí para allá.

Hacia Biadós desde la Virgen Blanca. 

            Entramos en camino conocido y me acerco al Refugio de Biadós para dejar un recado a nuestro amigo Luis, que no se creía nuestra “locura” cuando le contamos al amor de las llamas del hogar de su casa de Plan nuestro proyecto. Le harán llegar la nota a su destinatario.
         Entre tanto, mi esposa que ha marchado por delante pista abajo y que está harta de recorrer ciudades europeas a golpe de plano y es capaz de confundirse yendo de un lado a otro de un simple canto rodado cuando no pone la debida atención, se marca una de las suyas: está bajando con un único horizonte en el Rellano del Campamento de la Virgen Blanca y se marcha hacia el Refugio de Tabernés.
            Bajo hasta el puente, no la veo, la espero,  la busco… teníamos que haber llegado a la vez… por fin, allá baja.  Tendremos nuestra correspondiente marimorena que terminamos en medio del Ejército Español que tiene tomado el Rellano de la Virgen Blanca.
            Aquí y ahora es tanto el calor que hasta yo me decido a ahogar el cabreo en el río que, como imaginaba, acuchilla. Son unos chapuzones relampagueantes, Rosa no tanto a pesar de que lleva los pies un tanto castigados y nunca se precipita pisando gravas descalza.

Montó y el Refugio de Biadós. 17-7-10.

            En bañador y a pleno sol, estamos a 1500 metros de altitud, nos secamos tranquilamente mientras comemos nuestra repetida comida buena para transportar, conservar y con un peso aceptable: sardinas, frutos secos, chocolate, galletas, quesitos y un vaso de café con leche, somos tradicionales y quedamos de cine más después de una hora de descanso total,  lo que se traduce en pereza a la hora de levantar el vuelo.
            Después de comer hemos restaurado con esparadrapo los pies de Rosa pero estoy preocupado porque le he visto poner excesivo cuidado en el descenso que no ha sido precisamente rápido.
            A muy buena hora pues son las dos y media, abandonamos la plana, verde y rumorosa Orilla del Cinqueta de Añes Cruces   para emprender la Ladera Sur del Montó por una pedregosa y soleada pista que clementemente se introduce en un bosque de pino silvestre y fresno de camino a las Bordas de Llicirte. El tiempo parece que se ha estabilizado definitivamente.

Llegando al Campamento de la Virgen Blanca. 3-10-12.

            El camino desconocido y no muy claro nos invita antes de virar demasiado al oeste a preguntar en una borda. Nos confirman el Camino a Urdiceto saliendo del sesteo del mediodía y nos invitan a un trago de vino de bota; menean la cabeza al saber lo nuestro y nos desean suerte no sin advertirnos que podemos acabar en Francia a poco que nos descuidemos. Buena gente que echa la siesta al sol acostados sobre las piedras de las paredes de los prados con la cabeza cubierta.
            Seguimos al noroeste por unas lomas verdosas y arboladas, dejamos al sur un profundo y precioso valle y descubrimos a lo lejos la Cabaña de Cubridors. Estamos en un auténtico rompepiernas en el que tan pronto ganamos 50 metros como los perdemos. Vamos animados aunque el sol ajusticia impío.
            La tarde se dilata y el camino comienza a vagar por el Barranco Montarruegos. Echamos nuestras correspondientes “gaseosas de pito,”  sodas en lugar de litines, para matar la sed, el calor, el cansancio, la ansiedad y el aburrimiento. Mientras no acabemos en Francia. Nos salvará que el Puerto de Plan está 200 metros más alto que el de Urdiceto.
            La Cresta de Formigons, además de volver loca a la brújula más pausada pone a prueba nuestra resistencia. Bien se vale que hemos encontrado algún hito.

Valle de Sallena desde el Collado de Urdiceto. 3-10-12.

            Sabemos que momentos como éstos llegan: el altímetro se para, las botas se vuelven de plomo, paras más que andas, tienes la moral por los suelos y no ves solución de continuidad pues para colmo has imaginado el camino por otro lugar.
            Un ligerísimo vientecillo nos saluda cuando la Cresta de Formigons se allana en el Cau y el altímetro marca los 2300 metros. El ibón tiene que estar allí por narices.
            Encontramos a un grupo de una treintena de jóvenes montañeros que están haciendo la travesía en sentido contrario y prácticamente sin equipo por lo que deducimos que la ayuda logística debe ser absoluta y nos confirma nuestra buena  dirección. El eterno camino conduce al Paso de los Caballos desde el que avistaremos el Ibón de la Solana de Urdiceto y alcanzaremos la pista.
            Los 200 metros de pista se hacen infinitos. Son las seis y cuarto de la tarde cuando llegamos al Lago de Urdiceto con lo que termina nuestra segunda jornada.
            -¡Mira, un camión!
            -Sí, y lo bien que estaríamos sentados en la caja, ¡yo con estos pies no tengo ganas de nada!
            -Anda, que si hubiera algún coche… pero estarán llenos, seguro.

Refugio del Collado del Paso del Caballo. 29-8-98.

            De estas lindezas hablamos. Me acerco a la orilla del lago para coger agua y me sobresalta el sonido del motor de un vehículo que no hemos visto pues está detrás de un barracón.
            Subo a todo trapo a la pista, se para…
-¡Vamos, que nos bajan!
            En un instante, recogido lo poco ensanchado y calzada Rosa, estamos sentados en el coche y pista abajo. Son unos trabajadores que realizan reparaciones en la presa y con los que hablamos un poco de todo pues habrá tiempo de sobra hasta para adelantar al camión y dar incontables tumbos en una pista que está infernal.
            Llegados a Bielsa, ellos van más abajo, no aceptan nuestra invitación pues van con prisa, nos dejan en la carretera debajo del pueblo cuando son las siete y poco.

Cetral de Urdiceto. 29-8-98.

            Estamos en Bielsa, mirando al Valle del Cao que era nuestro previsto desayuno para el día siguiente y acampamos sin mirar demasiado entre la carretera y el Cinca, limpiando de maleza el lugar para poder plantar la tienda. El lugar es malo pero sabemos de la dificultad de acampar cerca de un pueblo de montaña en el que cada metro cuadrado es un prado explotable para la obtención de hierba.
            Cenamos con enormes mosquitos librándonos muy bien de que se cuelen dentro de la tienda pues nos podrían dar una noche toledana; luego, casi nos adueñamos del bar del hotel próximo, tomamos unas cervezas, utilizamos los aseos, repostamos agua y después la prensa y un café con leche. Hemos ganado solamente tres horas que suponemos nos costaría bajar por el Ibón del Cao pero los derrotados de hace tan solo tres horas somos unos animados ganadores que llevan una pequeña ventaja  pero nos preocupan los pies de Rosa más teniendo en cuenta que nos esperan platos francamente fuertes.

Para ver la Continuación.

11 ago 1987

1-87. TRAVESÍA BENASQUE-ORDESA. PERDIGUERO 87. 11-08-1987.


Perdiguero desde el Hito Este. 13-9-02.

Plan de Baños, Valle y Portal de Remuñé, Ibón de Literola, Collado Obago, Arista Este, Hito Este y Perdiguero, Collado Obago, Valle y Refugio de Estós.
11-08-1987.
Salida 06:45 h. Llegada 20:30 h.
Sol.
Bastante fácil.
Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.

Mapa del Perdiguero procedente de Iberpix. Vía en amarillo.

            Casi nunca se llega a saber,  cuándo un proyecto está ya perfilado, el momento en el que apareció con cierto carácter de posibilidad en nuestra mente. No sabes si fue en esos momentos anteriores al sueño donde tu mente cabalga lúcidamente los más anhelados espacios, o sugerido por una sencilla conversación pendiente abajo de un monte. Será original o no, pero lo que sí está asegurado es que con el tiempo, y todo requiere su tiempo, aquella idea se convierte en un ser querido.
            Como mínimo y después de aquella mañana tormentosa de finales de Julio del 85 en el que se veía frustrada la cabalgada  entre Ordesa y Pineta, el proyecto había nacido con fuerza. El Invierno del 86 lo alimentó y puso término: Benasque.
            Sesiones de mapas para ajustar recorridos y tiempos y comentarios con amigos lo van haciendo más nuestro y más próximo.

Baños de Benasque. 13-10-07.

            Lo más embarazoso de nuestro Pirineo son las comunicaciones: malas carreteras, peores pistas,  ferrocarril en un solo punto y ausencia casi total de líneas de autobús son una auténtica maravilla para la imaginación y  terminar diciendo “esto  son lentejas, si quieres las comes y si no… comes lentejas” La travesía hay que organizarla teniendo estas “gracias” en cuenta y no contando con todo el tiempo del mundo.
            Salimos de nuestro error inicial y decidimos partir de Benasque y vuelta a recalcular, a hacer listas, a pesarlo todo pues la experiencia nos dice que las mochilas serán finalmente un auténtico chollo, llevando primero lo imprescindible, después lo necesario para una interesante autonomía y comodidad, luego lo justo para un sobrio placer,  lo de siempre para el recuerdo y después… no hay después pues nos quedamos sin travesía.
            Otra lista con recortes casi dolorosos pues la batalla entre lo deseable y lo posible está en todo su fragor y al final se impondrá la fría realidad de las distancias y los desniveles que permiten dejar el asunto visto para sentencia.

Cresta de Canaletes y un resalte por debajo de la Pleta des Capellans. 21-8-17.

            El tiempo tormentoso no acompaña, la víspera pesamos las mochilas y la báscula nos martillea con sus 30 kilos a repartir para dos que en una tarde de tormenta  con las esperanzas por los suelos, es mucho peso y los últimos partes meteorológicos nos precipitan para aplazar la travesía y marchar a la playa pues nuestra caravana está preparada.
            Serás quince días de sol, agua, luz, calor y relax con nuestras mentes en mayores altitudes. El tiempo mejora y se estabiliza pues “no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista.” La decisión un acierto.
            Recomponer las mochilas es cuestión de minutos. El tiempo es bueno y salimos para Huesca, a media tarde. Visitamos a nuestro amigo Jaime, dejamos el coche en su casa y nos cargamos las mochilas en una soleada tarde de San Lorenzo pues es 10 de Agosto. Tomaremos el Autobús de Benasque que en tres horas nos llevará hasta allí.

Valle de Remuñé. 21-8-17.

            El cielo se cubre hacia el Congosto del Ventamillo, un accidente de tráfico intrascendente nos detiene media hora en la carretera y se echa la noche encima. En Benasque vamos a buscar el único taxi que hay para que nos suba al Plan de los Baños pero la tienda está a tope  y allí está su negocio. Ni siquiera atendemos demasiado sus explicaciones que no son necesarias  y ligeramente contrariados por no utilizar otros términos, nos echamos a la carretera para llegar andando hasta alguna área de acampada si fuera necesario haciendo autoestop sin siquiera detenernos.
            El destino parece querer compensar nuestros infortunios y a la salida del pueblo, un matrimonio que está hospedado en un cámping,  nos para. Cuando vamos a llegar a Linsoles y sabemos cuál es su destino les decimos que se han pasado y se dan la vuelta dejándonos en la Entrada del Plan de Senarta.

Tuca de Ixeia, Posets y Portal de Remuñé desde Mall Barrat. 21-8-17.

            Mientras decidimos si bajamos a acampar o proseguimos andando hasta el Plan de los Baños, una pareja de jóvenes nos para y nos deposita suavemente  en la Parte Alta del Plan de los Baños, ellos están acampados muy abajo y nosotros marcharemos para arriba… menos mal que somos gente medianamente educada y damos las gracias antes de salir del coche.
            Buscamos un claro en medio del bosque de tiendas y caravanas acampadas en torno a un potente foco de luz, plantamos nuestra tienda en medio de la concurrencia infantil, nos comemos nuestro preparado bocadillo y nos quieren invitar pero nuestro contento es mayor que nuestro apetito. Preparamos el desayuno mientras les comentamos nuestro proyecto y nos desean suerte pues la vamos a necesitar, piensan y pensamos.
            Bajo un cielo de nubes  que dejan traslucir para nuestra esperanza, el tenue rutileo de algunas estrellas, nos metemos en nuestra tienda con cierta sonrisa de agradecimiento por nuestro destino y la inquietud anhelante por el futuro. Nos arropan los conversaciones, intrascendentes para nosotros, de nuestros vecinos.


Valle de Remuñé desde el Portal de Remuñé. 16-8-04. 

              Son casi las seis de la mañana del 11 de Agosto de 1987. Ahora es nuestra hora.
            Desayunamos sin apetito, recogemos la tienda y nuestros enseres y sigilosamente abandonamos nuestro primer campamento. Cuando llegamos a la carretera echamos la vista al plan que sigue oscuro y dormido. Una hora de asfalto después estamos en la Entrada al Valle de Remuñé iluminado por el sol que para nosotros es como un pájaro que recién nacido vuela a ras de tierra acompañado para nuestra suerte de un cielo bastante azul. Cojo con el Tomavistas el Plan de Están y la Entrada a Remuñé  mientras mi esposa marcha valle adelante decidida. Son brevísimos metros empinados que nos recuerdan la jornada que nos espera, que como suelo decir yo, será valiente. Hemos despegado a 1500 metros, la Cima del Perdiguero se ve lejos y apenas se puede imaginar uno al Refugio de Estós.

La Este del Perdiguero. 18-7-09.

            Avanzamos por la orilla izquierda del barranco por camino conocido del año pasado pues nuestra amiga Rosa tenía ceguera especial con el Perdiguero y habíamos ido a estirar la nariz por el valle que hasta hace relativamente poco era raramente conocido y por demás encantador. Ahora nos guías la Forca de Remuñé aunque el valle no tiene pérdida.
            Hay un abrigado nevero en la zona de los ibones aunque se trata de un rellano en el que sestea vagamente el barranco,  el sol se emboza entre grises y uniformes masas nubosas y la brisa que va valle abajo nos pone los anoraks para almorzar.
            Hemos previsto un desayuno ligero para unirlo a un pequeño almuerzo a mitad de mañana haciéndolo coincidir con un rato de descanso: un poco de pan con algo de embutido y queso, somos paniceros y qué le vamos a hacer.

El Perdiguero desde uno de nuestros campamentos en el Ibón Blanco de Literola. 16-8-04.

            Se nos va cerca de media hora sin darnos cuenta entre especulaciones de por dónde vamos a continuar ya que no lo conocemos y la documentación consultada tampoco lo indicaba. De cualquier forma se trata de una ruta poco transitada como comprobaremos.
           Atacamos por la derecha del barranco en dirección al centro para dejar la Forca a nuestra derecha. La subida se realiza por un pedregal granítico del que conocíamos de vista los primeros 400 metros de desnivel. Pasados estos, enseguida seguiremos por terreno mixto con nieve blanda
            Hemos encontrado a un par de alemanes y a un grupo de franceses cuando alcanzamos el Portal de Remuñé vigilados por el Perdiguero. De aquí al Collado Obago nos queda una faena corriente de la orografía pirenaica: hay que bajar hasta la Cubeta de los Ibones de Literola, por encima de los 100 metros de desnivel que resultarán, cuando menos entretenidos, para tomar el espolón sur que arranca en el Collado Obago y recuperar la altura perdida cuando menos. Total que estamos a 2800 metros y en una hora delicada: mala para comer y no demasiado buena para proseguir pues habíamos  determinado dejar aparcadas las mochilas y hacer el pico sin peso ya que llevábamos seis horas con ellas a las espaldas y se empezaban a notar además de que era camino de vuelta.

Hito Este del Perdiguero y Perdigueret desde la Cima del perdiguero. 12-6-05.

            Con un cielo gris y ligeros como plumas sin peso continuamos la ascensión por el ya familiar pedregal del espolón sur. Subimos por cualquier sitio pues es piedra grande con lo que se facilita la progresión aunque requiere un generoso esfuerzo.
            Saludamos a una pareja de montañeros, parecen padre e hijo; debe ser en el promontorio del Hito Este del perdiguero y enseguida alcanzamos la Cima del Pico Perdiguero a 3221 metros cuando el reloj está cerca de las dos de la tarde.
            Respiramos pues son ya 1800 los metros subidos que pesan lo suyo a pesar de ser el primer día de marcha. El paisaje está un tanto cerrado  pero a pesar de eso podemos ver la Cresta de los Portillones, el Ibón de Oo, el Macizo de la Maladeta, la Depresión de Cregüeña y el Valle de Estós con el Posets como testigo. Pasamos media hora en la cima contemplando los alrededores y tomando vistas y fotos. El Posets descubierto se resiste lo suyo.

Valle de Estós. 6-9-13.

            Desandamos la cresta yéndonos un poco al este y contemplando el Ibón de Literola espléndidamente azul que es blandamente navegado por un agonizante y desmoronado nevero.
            Son las cuatro de la tarde cuando, recogidas las mochilas buscamos un reguero con agua y nos disponemos a comer. No tenemos demasiado apetito pero estamos un poco tocados. Sardinas, quesitos y un vaso de leche acompañados por el viento que se ha levantado nada más llegar al collado, lo que es interpretado como una buena señal.
            Ajusticiada toda la comida nos disponemos para lo que prevemos como un largo descenso. No nos equivocábamos: el descenso no será largo, se nos hará interminable, cierto es que bajamos con ritmo lento.

Ibón de la Escrpinosa, Cresta de Gargallosa y Perdiguero.13-7-16.

            Poco a poco han dejado de doler los hombros y ahora molestan las rodillas denunciando con descaro la paliza. Nos detenemos en el Ibonciecho del Perdigueret buscado personales alivios de la fatiga: yo me limito a descansar. También se puede tomar un recuperador baño helado entre remotos sonidos de tintineantes esquilas.
            La Cabaña del Turmo se convierte en una pesadilla pues caminamos con acentuada malagana. Para colmo y en una barrera rocosa en el límite del roquedo con la pradera alpina nos embarcamos con unos arriesgados pasos en lugar de perder un poco de tiempo buscando el camino que, por cierto, estaba al lado. Llegamos a la pradera enfadados con nosotros mismos por cabezudos.
            Un joven acampado que tampoco conoce no nos aclara nada  y proseguimos con un considerable descenso hacia el barranco que rumorea muy profundo. Pasamos junto al Sistema de Turmo.

Aguja de Bardamina y Pinaré llegando al Refugio de Estós.20-7-09.

            Cuando alcanzamos el Barranco de Estós está la tarde caída y con nuestra maltrecha moral, un tanto recompuesta continuamos valle arriba, sabedores de que el final de nuestra larga etapa está próximo.
            Avistamos finalmente el Refugio de Estós entre dos luces a 1850 metros de altitud. Nos queda una cuesta que se nos hará interminable y llegaremos a las ocho y media de la tarde después de más de trece horas de marcha.
            En el Refugio de Estós pedimos inmediatamente literas pues además de que no tenemos demasiadas ganas de montar la tienda nos permitirá descansar un poco más ahorrando algo de tiempo.

Croquis de la primera etapa de la travesía.

            Se trata de un hotel más que un refugio de montaña y ya es hora de que se hagan las cosas bien donde se puede hacer bien, está bastante concurrido pues colma muchas aspiraciones montañeras. Nos colamos en la cocina libre donde nos preparamos nuestra cena pasada por el butano: dos platos calientes y un vaso de leche ídem.
            Mi señora se tomará una “reconfortadora” ducha con agua del tiempo que a mí me arruga hasta el ombligo, me libraré yo de esos placeres acuosos tanto como de hacerme pipí en la litera. Prefiero asearme racionalmente y por partes mientras ella alerta al refugio con sus chillos y resoplidos bajo la ducha.
            Luego nos perdemos en la segunda planta del refugio, acompañados de una de las guardas, en medio del follón monumental que impera por allí, nuestro rollo es otro. Son las diez y cuarto y probablemente, aunque se caiga todo el Posets acompañado de las Espadas sobre el refugio, igual ni nos enteramos.

Para ver la Continuación.