Playa de Cavallería, Calas Mica,
Binimel-la, Pregonda, Barril, Calderer, Pilar y Sa Bombarda, Aparcamiento de
Algairens y Cala Morell.
07-05-2026.
Desnivel acumulado 750 m.
Distancia recorrida 29000 m.
Tiempo efectivo de marcha 07:45 h.
Mixto.
Fácil.
Cuando te imaginas el Cami de Cavalls
piensas cándidamente en un paseo llanito de cala en cala y eso solamente es
media verdad pues sí vas de cala en cala pero lo de llanito es una trampa
saducea. En nuestra etapa de hoy y aunque
no es fácil estimar creo que habremos acumulado un desnivel cercano a
los 800 metros y eso comienza a ser palabras mayores. La calificación de ser la
zona más dura de la circular es muy justa.
En esta etapa no hay agua y hay que
llevarla. En nuestro caso fueron 9 litros desde Fornells hasta Morell. Fueron
alrededor de 37 kilómetros y tuvimos sobrada pero también hay que decir que
nosotros estamos acostumbrados a pasar con poca agua.
Juan Castejón, Rosa Mª. Martínez y Mariano Javierre.
Son
pasadas las seis de la mañana cuando nos incorporamos del saco ha amanecido,
todo está bastante húmedo como en la mañana anterior, la noche ha sido larga y
hemos dado abundantes vueltas ya que la dureza del suelo se lleva regular con
los huesos de nuestras caderas.
Volvemos
al lugar donde cenamos para preparar el desayuno que liquidamos enseguida y
tras recogerlo todo nos echamos las mochilas a las espaldas y nos ponemos en
camino cuando son las siete menos cuarto con un descenso breve al este para
seguir recorriendo las calas del norte de la isla. Es la zona más natural por
menos transformada de la isla lo que supone también la carencia de servicios.
Enseguida
y a través de un terreno con poca vegetación y algo escabroso alcanzamos la Cala
Mica que atravesaremos para salir de ella por una pasarela tras la que comienza
el primero de los ascensos consistentes de la jornada sobre terreno de escasa
vegetación. Alcanzado un punto alto descendemos
en busca de la Cala Binimel-la a la que llegamos por unas escaleras.
En
las calas no acostumbra a haber balizas por lo que si no ves el camino de
salida puedes embarcarte como nos sucede a nosotros. Tomamos una pista que
inicia un rodeo al arenal de la cala y como no esperamos balizas continuamos
hasta alcanzar un restaurante con un gran aparcamiento.
Vamos,
venimos; volvemos a ir hasta que al final del aparcamiento encontramos un
cartel direccional hacia Cala Pregonda y allí nos reorientamos, encontramos las
pasarelas de madera que no habíamos visto y proseguimos tras una media hora
larga y alrededor de un par de kilómetros ambos inútiles pero eso también
tenemos que afrontarlo pues forma parte de la fricción.
Salimos de la cala remontando una prominencia
que se está haciendo habitual hoy y poco después alcanzamos la Cala
Pregonda con sus edificios blancos en el
extremo norte de la cala a los que no llegaremos ya que un nuevo ascenso nos
lleva a coronar otra prominencia desde la que invariablemente descenderemos en
busca de la Cala Barril, completamente salvaje y pedregosa, mientras
contemplamos los quiebros y recovecos de la costa cerca de la que vamos
avanzando. Son las diez menos cuarto.
En
Cala Barril iniciamos un remonte que será de alrededor de 100 metros y que
termina haciéndose pesado coincidiendo con un rato de sol y calor.
Estamos
recorriendo la zona más dura del Cami de
Cavalls con desniveles sucesivos y considerables en una mañana en que la
humedad y el calor están haciendo mella.
Un
rato después alcanzamos Cala Calderer y comprobamos la justicia del nombre. En
el fondo hay una casita de pescadores con sombrajo y mesa pero solamente
echamos un trago de agua y continuamos con un fuerte ascenso que se hace pesado
y van…
Nos conduce a un dorso estrecho desde el que
visualizamos un aparcamiento distante al que no llegaremos. Poco después y en
la parte alta alcanzamos una caseta de ganado hecha a manera de zigurat de
piedras que es frecuente en toda la isla y junto a ella nos sentamos a echar un
bocado. Son las diez y media.
Nuestras
clavículas se han acostumbrado al peso de las mochilas lo que es un alivio
aunque sigan pesando endiabladamente pero los pies cada vez tienen más
esparadrapos y las molestias son mayores, especialmente los de mi chica que a estas alturas no sabe si le molestan más
las ampollas o los ojos de gallo a pesar de que la callista se los limpió
especialmente para venir y que tratará de mitigar con un ibuprofeno.
Media hora después
continuamos con un largo descenso por un crestón con vistas que nos terminará
depositando en la Cala del Pilar. A la hora del almuerzo nos hemos cruzado con
un grupo de senderistas y ahora hacemos el descenso conversando con una pareja
que va trotando cuando puede.
La Cala del Pilar
tiene una zona salvaje y otra arreglada con pasarelas y escaleras de madera
pero no perdemos tiempo continuando en busca de Sa Bombarda a la que llegaremos
alrededor de las doce y media. Es muy reconocible pues en su extremo noroeste
tiene la considerable prominencia de Muntanya Mala.
Allí nuestro
camino acaba con la dureza de los remontes continuados, abandonamos la costa y
nos orientamos al sur por el fondo llano de la Canal de Sa Font des Porcs donde
encontramos un clásico y maduro bosque mediterráneo con abundancia de pinos, robles,
acebuches y lentiscos. Es una pista amplia y terrosa que nos compensa de los
dispendios anteriores.
Vamos en busca de
la Font de Sa Teula más por encontrarla que otra cosa ya que llevamos agua
suficiente, pues tenía noticias de que era la única fuente de toda la isla que
no se secaba nunca y estaba hecha de piedra como la mayoría de los pozos con
abrevaderos que vamos encontrando en nuestro camino.
No sabremos
localizarla como tampoco la de Hort Nou un par de kilómetros más adelante
aunque de esta no teníamos ninguna confirmación.
Alrededor de la
una buscamos unas piedras a la sombra y nos sentamos a comer. Nos lo tomamos
con calma y se nos van tres cuartos de hora en un suspiro.
Continuamos al
este siguiendo por el interior en un camino que es una sombreada pista hasta que, sobre las tres menos cuarto,
alcanzamos el Aparcamiento de Algairens algo concurrido y desde el que
continuando por una zona de bosques y terrenos cultivados podemos llegar a la
Cala Fontanelles que cuenta con una especie de varadero hormigonado y allí nos
quitamos las mochilas y nos damos un remojón de pies Entre el camino desde Sa
Bombarda y el ibuprofeno, el tema de mi chica va mejor.
Media hora después,
sobre las tres y media, salimos de la cala junto a una especie de fuente con
agua sospechosa y recorriendo un altiplano siempre al oeste, pasamos junto al
Aljibe de Sa Marina sin uso, mientras que avistamos la Urbanización de Son
Morell a la que llegaremos con el propósito de reponer agua, ya que no
tendremos otra oportunidad hasta llegar a Ciutadella. Son las cuatro y media.
Se trata de una
urbanización de aspecto relativamente reciente en la que preguntamos al primero
que vemos por un super o algo para conseguir agua. Nos dicen que no hay ninguno
abierto y que si acaso en la cala…
La cala está
hundida allá donde Cristo perdió las sandalias y bajamos un montón de escaleras
para alcanzar un chiringuito que tiene gente en su terraza. Es el único que
vemos abierto.
Tomamos unas cañas
frías, compramos tres botellas de agua pues todavía llevamos cuatro litros
largos y contemplamos la diminuta playa hormigonada mientras quiere gotear.
Luego, remontamos
desde el fondo de la cala al encuentro del GR. que hemos abandonado y allí nos
detenemos para visitar las Coves de Cala Morell
que son un conjunto de cuevas excavadas en la roca y utilizadas como monumentos
funerarios que se pueden visitar libremente. Nos pasa por la cabeza que si la
tarde se complica por la lluvia podemos refugiarnos e incluso vivaquear en una
que tiene el suelo muy plano.
Terminada la
visita salimos del caserío con el propósito de ver cómo organizamos nuestro
vivac, pero enseguida el camino abandona Son Morell adentrándose en una
zona carente de posibilidades de nuestro
interés y nos paramos para hacer la cena y ver qué pasa. Son las seis.
Durante la cena
goteará ligerísimamente por lo que nos tenemos que poner los chubasqueros.
Mientras mis chicos la preparan yo me voy a dar una vuelta acercándome a la
última calle de la urbanización junto a la que hemos pasado. Se trata de un
conjunto residencial llamado Els Brucs constituido por pareados y rodeados de
un jardincillo abierto en el que no se ven signos de estar habitados.
Terminada la cena
bajo la lluvia, recogemos a toda pastilla y nos vamos para que lo vean mis chicos: cada par de
adosados tiene un pasillo común cubierto y en uno de ellos colocaremos las
esterillas los sacos y las mochilas y pasaremos la noche a cubierto pues gotea
débilmente y no conocemos la meteo de la zona.
Alrededor de las
ocho nos metemos en los sacos con la confianza de pasar la noche en seco que
eso también cuenta. Tendremos tiempo suficiente para recapitular sobre nuestre
tercera jornada en la que habremos recorrido alrededor de 29 kilómetros y un
desnivel que habrá pasado de los 750 metros. La noche estará muy nubosa y
goteará intermitentemente.





